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domingo, 17 de mayo de 2020

PARÁCLITO

Evangelio Dominical: Espíritu de verdad
José Martínez de Toda, S.J.

Sexto domingo de pascua. Comentario dialogado al Evangelio que se proclama en el Sexto Domingo de Pascua del Ciclo A, correspondiente al domingo 17 de mayo de 2020.  El texto del Evangelio es tomado del libro de San Juan 14, 15-21.  "No les dejaré huérfanos; volveré"

¿Cómo se despide Jesús de sus discípulos?

En la Última Cena Jesús intenta preparar a sus discípulos para su Pasión y despedida. Y les presenta tres grandes regalos:

1er gran regalo: El mandamiento del amor:

-"Si me aman, guardarán mis mandamientos" (v. 15).

No se obedece a Jesús por miedo o por temor. Le hacemos caso y somos leales a sus mandamientos, porque lo queremos. Obedecerle es señal de nuestro amor.

¿Cuáles son los mandamientos de Jesús?

Por supuesto, está el amar a Dios sobre todas las cosas.

Pero, además de ese, Jesús había enfatizado sólo un mandamiento:

-"Un mandamiento nuevo les doy: Que se amen ustedes unos a otros, como yo les he amado... En esto conocerán todos que son mis discípulos, en que se amen los unos a los otros" (13:34-35).

Los mandamientos de Jesús no son como las leyes de la Torá, que se referían a ritos muy concretos: el sábado, el ayuno, las abluciones... Más bien, establecen una vida entera unida a su amor y a la revelación del Padre. No son simplemente instrucciones éticas.

¿Cuál es el segundo gran regalo?

El Espíritu Santo. Jesús dice que les enviará al Espíritu Santo:

-"Yo le pediré al Padre que les dé otro Defensor que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad." Éste es el Espíritu que descendió sobre Jesús en su bautizo. El Espíritu Santo es el agente del cambio en nuestra vida de cristiano y de la Iglesia.

¿Por qué se le pinta al Espíritu Santo como paloma?

Dice el evangelio que en el bautismo de Jesús el Espíritu Santo bajó como una paloma que busca su nido. Allí están presentes las tres divinas personas de la Trinidad:

-El Padre, diciendo con voz poderosa: "Éste es mi Hijo, el Predilecto. Escúchenle".

-El Hijo Jesús, que recibe el Bautismo.

-Y el Espíritu Santo que busca su hábitat y su centro en Jesús, como una paloma que busca su nido. La paloma mensajera puede simbolizar buenas noticias.



Un día ella miró por la ventana de una de sus habitaciones y vio a la paloma haciendo círculos en el cielo. "¡Está vivo!", gritó ella. "¡Mi marido está vivo!".>

También una paloma le sirvió a Noé de señal de que las aguas del diluvio habían bajado.

Pero el Espíritu Santo enviado a los discípulos es algo más que una señal. Significa todo lo que hizo Jesús con ellos, cuando Él aún estaba con ellos antes de su Ascensión. Jesús entonces fue su gran acompañante (o Paráclito) y Él les prometió 'otro' Paráclito: "Le pediré al Padre, y Él les dará otro Paráclito, el Espíritu Santo" (Juan 14, 16).

¿Qué hace el Espíritu Santo? ¿Qué es el Paráclito?

Parakletos puede significar un abogado que lucha a tu favor o un testigo que testifica por tu bien, o una persona que da consuelo, consejo o fuerza en un momento de necesidad. Es como el Defensor, Consejero, Consolador e Intercesor.

¿El Espíritu Santo realmente nos ayuda?

El Paráclito es mucho más que un abogado. Es como un entrenador ('coach') para los atletas. Dejados solos, caen en errores. Pero Él está siempre a nuestro lado para instruirnos y corregirnos, para animarnos y motivarnos. Es como era Jesús con sus discípulos.

En el siglo V hubo un hereje inglés, Pelagio, que negaba el dogma del pecado original y enseñaba que los seres humanos no necesitaban de Dios para cumplir sus mandamientos.

La Iglesia condenó sus enseñanzas, pues nosotros necesitamos siempre la ayuda de Dios, que nos viene a través de la fe, la oración o los sacramentos: "Sin mí ustedes no pueden nada". Todos necesitamos al Espíritu Santo.

¿Qué diferencia hay entre la ayuda que recibimos de Jesús y la ayuda del Espíritu Santo?

Jesús encarnado estaba limitado por el lugar y el espacio, como nosotros. Solo podemos estar en un lugar a la vez, y solo podemos ver un número limitado de gente a la vez. Además, Jesús se movía hacia su glorificación (su muerte y resurrección), y dejaría a los discípulos en la Ascensión. En cambio, el nuevo parakletos (el Espíritu de verdad) se quedará con nosotros para siempre para ayudarnos. Jesús lo describe como 'la verdad' (v. 6), así como aquellos que veneran al Padre, lo deben hacer 'en verdad' (4:23-24).

Los discípulos lo recibieron en Pentecostés.

Pero Jesús continúa actuando como nuestro parakletos en el cielo. "Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2:1).

Mientras tanto Jesús les da el tercer gran regalo.

¿Cuál es ese tercer gran regalo?

Su presencia continúa con nosotros. Jesús les dice:

-"No les dejaré huérfanos; volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero ustedes me verán, y vivirán, porque yo sigo viviendo".

Esto sería en la resurrección. Y hoy nos dice: "El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él".

La iglesia es una comunidad de amor, y ese amor le da gran poder para persuadir al mundo del amor de Dios. La primitiva comunidad cristiana nos sirve de ejemplo, cuando la gente decía de los primeros cristianos: "Miren cómo se aman".

17/05/2020:

viernes, 26 de mayo de 2017

VOLVERÉ

Evangelio Dominical: Espíritu de verdad
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el sexto Domingo  de Pascua, ciclo A, correspondiente al domingo 21 mayo 2017. La lectura es tomada del evangelio según San Juan 14, 15-21

"No les dejaré huérfanos; volveré"

¿Cómo se despide Jesús de sus discípulos?

En la Última Cena Jesús intenta preparar a sus discípulos para su Pasión y despedida. Y les presenta tres grandes regalos:
1er gran regalo: El mandamiento del amor:
-"Si me aman, guardarán mis mandamientos" (v. 15).
No se obedece a Jesús por miedo o por temor. Le hacemos caso y somos leales a sus mandamientos, porque lo queremos. Obedecerle es señal de nuestro amor.

¿Cuáles son los mandamientos de Jesús?

Por supuesto, está el amar a Dios sobre todas las cosas.

Pero, además de ese, Jesús había enfatizado sólo un mandamiento:
-"Un mandamiento nuevo les doy: Que se amen ustedes unos a otros, como yo les he amado... En esto conocerán todos que son mis discípulos, en que se amen los unos a los otros" (13:34-35).

Los mandamientos de Jesús no son como las leyes de la Torá, que se referían a ritos muy concretos: el sábado, el ayuno, las abluciones... Más bien, establecen una vida entera unida a su amor y a la revelación del Padre. No son simplemente instrucciones éticas.

¿Cuál es el segundo gran regalo?

El Espíritu Santo. Jesús dice que les enviará al Espíritu Santo:
-"Yo le pediré al Padre que les dé otro Defensor que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad." Éste es el Espíritu que descendió sobre Jesús en su bautizo. El Espíritu Santo es el agente del cambio en nuestra vida de cristiano y de la Iglesia.

¿Por qué se le pinta al Espíritu Santo como paloma?

Dice el evangelio que en el bautismo de Jesús el Espíritu Santo bajó como una paloma que busca su nido. Allí están presentes las tres divinas personas de la Trinidad:
-El Padre, diciendo con voz poderosa: "Éste es mi Hijo, el Predilecto. Escúchenle".
-El Hijo Jesús, que recibe el Bautismo.

-Y el Espíritu Santo que busca su hábitat y su centro en Jesús, como una paloma que busca su nido. La paloma mensajera puede simbolizar buenas noticias.


Su mujer se sentó por días enteros, sola en su gran casa mirando al cielo y esperando la paloma prometida.

Un día ella miró por la ventana de una de sus habitaciones y vio a la paloma haciendo círculos en el cielo. "¡Está vivo!", gritó ella. "¡Mi marido está vivo!".>

También una paloma le sirvió a Noé de señal de que las aguas del diluvio habían bajado.

Pero el Espíritu Santo enviado a los discípulos es algo más que una señal. Significa todo lo que hizo Jesús con ellos, cuando Él aún estaba con ellos antes de su Ascensión. Jesús entonces fue su gran acompañante (o Paráclito) y Él les prometió 'otro' Paráclito: "Le pediré al Padre, y Él les dará otro Paráclito, el Espíritu Santo" (Juan 14, 16).

¿Qué hace el Espíritu Santo? ¿Qué es el Paráclito?

Parakletos puede significar un abogado que lucha a tu favor o un testigo que testifica por tu bien, o una persona que da consuelo, consejo o fuerza en un momento de necesidad. Es como el Defensor, Consejero, Consolador e Intercesor.

¿El Espíritu Santo realmente nos ayuda?

El Paráclito es mucho más que un abogado. Es como un entrenador ('coach') para los atletas. Dejados solos, caen en errores. Pero Él está siempre a nuestro lado para instruirnos y corregirnos, para animarnos y motivarnos. Es como era Jesús con sus discípulos.

En el siglo V hubo un hereje inglés, Pelagio, que negaba el dogma del pecado original y enseñaba que los seres humanos no necesitaban de Dios para cumplir sus mandamientos.

La Iglesia condenó sus enseñanzas, pues nosotros necesitamos siempre la ayuda de Dios, que nos viene a través de la fe, la oración o los sacramentos: "Sin mí ustedes no pueden nada". Todos necesitamos al Espíritu Santo.

¿Qué diferencia hay entre la ayuda que recibimos de Jesús y la ayuda del Espíritu Santo?

Jesús encarnado estaba limitado por el lugar y el espacio, como nosotros. Solo podemos estar en un lugar a la vez, y solo podemos ver un número limitado de gente a la vez. Además, Jesús se movía hacia su glorificación (su muerte y resurrección), y dejaría a los discípulos en la Ascensión. En cambio, el nuevo parakletos (el Espíritu de verdad) se quedará con nosotros para siempre para ayudarnos. Jesús lo describe como 'la verdad' (v. 6), así como aquellos que veneran al Padre, lo deben hacer 'en verdad' (4:23-24).

Los discípulos lo recibieron en Pentecostés.

Pero Jesús continúa actuando como nuestro parakletos en el cielo. "Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2:1).

Mientras tanto Jesús les da el tercer gran regalo.

¿Cuál es ese tercer gran regalo?

Su presencia continúa con nosotros. Jesús les dice:
-"No les dejaré huérfanos; volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero ustedes me verán, y vivirán, porque yo sigo viviendo".

Esto sería en la resurrección. Y hoy nos dice: "El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él".

La iglesia es una comunidad de amor, y ese amor le da gran poder para persuadir al mundo del amor de Dios. La primitiva comunidad cristiana nos sirve de ejemplo, cuando la gente decía de los primeros cristianos: "Miren cómo se aman".

Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-espiritu-verdad
¿Quién es Dios? http://www.elimpulso.com/opinion/arquidiocesana/arquidiocesana-dios-quien

Ilustración: Dana Mario Wood.

TERCERA PERSONA

NOTITARDE, Valencia, 21 de mayo de 2017
 “Caminando con Cristo”
El Espíritu Santo Consolador (Jn. 14, 15-21)
Joel de Jesús Núñez Flautes 

Los cristianos católicos y la mayoría de los hermanos cristianos separados, manifestamos la fe en Dios Uno y Trino, no así Los Testigos de Jehová que no creen que Jesús ni el Espíritu Santo sean Dios, o iguales al Padre.

Aludo a esto, porque constantemente esta secta protestante, ataca despiadadamente y con grandes errores teológicos esta fe de la mayoría de los cristianos. Nosotros creemos que  el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios; misterio que el mismo Cristo nos ha revelado con su encarnación y venida al mundo y que de modo especialísimo, en este discurso de despedida que recoge el evangelio de San Juan en su capítulo 14, deja claro la presencia de ese Dios trinitario.

Por supuesto, en ninguno de los evangelios aparece literalmente la palabra Trinidad; como no aparece en el pasaje que hoy nos ocupa, pero si aparece desvelado, mostrado, proclamado y conversado por Jesús. Sólo en el texto que hoy meditamos aparece Jesús, hablando de su unidad-identidad con el Padre y del Espíritu Santo como otra persona que viene a consolar.

El Espíritu Santo no es una fuerza, una energía, como lo predican algunos, es la tercera persona de la Santísima Trinidad, el Maestro interior, el Consolador, El Espíritu de la Verdad. Vemos como Cristo al hablar del Espíritu Santo habla de una persona distinta a Él, usa un sustantivo y no un adjetivo para referirse al Espíritu, no dice que sea una emanación o fuerza de Dios; es mucho más que esto.

Es Dios mismo haciendo morada en el corazón de cada cristiano y en la vida de la comunidad de los creyentes que es la Iglesia. Jesús revela, por tanto, a un Dios que viene y quiere morar en el corazón de cada ser humano a través del Espíritu Santo que hace posible la presencia del Padre y del Hijo en la vida del cristiano.

IDA Y RETORNO: Hoy es la Jornada de oración por la paz, justicia y libertad en Venezuela, convocada por la Conferencia episcopal.

Fuente:
http://www.notitarde.com/el-espiritu-santo-consolador-jn14-15-21-/columnistas-del-dia/2017/05/20/1060123
Cfr.
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/buena-nueva-sabemos-amar

lunes, 26 de mayo de 2014

DON EXTRAORDINARIO

NOTITARDE, Valencia, 25 de mayo de 2014
"Caminando con Cristo"
El Espíritu Santo Consolador (Jn.14,15-21)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Los cristianos católicos y la mayoría de los hermanos cristianos separados, manifestamos la fe en Dios Uno y Trino, no así Los Testigos de Jehová que no creen que Jesús ni el Espíritu Santo sean Dios, o iguales al Padre. Aludo a esto, porque constantemente esta secta protestante, ataca despiadadamente y con grandes errores teológicos esta fe de la mayoría de los cristianos. Nosotros creemos que  el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios; misterio que el mismo Cristo nos ha revelado con su Encarnación y venida al mundo y que de modo especialísimo, en este discurso de despedida que recoge el evangelio de San Juan en su capítulo 14, deja claro la presencia de ese Dios trinitario. Por supuesto, en ninguno de los evangelios aparece literalmente la palabra Trinidad; como no aparece en el pasaje que hoy nos ocupa, pero si aparece desvelado, mostrado, proclamado y conversado por Jesús. Solo en el texto que hoy meditamos aparece Jesús, hablando de su unidad-identidad con el Padre y del Espíritu Santo como otra persona que viene a consolar. El Espíritu Santo no es una fuerza, una energía, como lo predican algunos, es la tercera persona de la Santísima Trinidad, el Maestro interior, el Consolador, El Espíritu de la Verdad. Vemos como Cristo al hablar del Espíritu Santo habla de una persona distinta a Él, usa un sustantivo y no un adjetivo para referirse al Espíritu, no dice que sea una emanación o fuerza de Dios; es mucho más que esto. Es Dios mismo haciendo morada en el corazón de cada cristiano y en la vida de la comunidad de los creyentes que es la Iglesia. Jesús revela, por tanto, a un Dios que viene y quiere morar en el corazón de cada ser humano a través del Espíritu Santo que hace posible la presencia del Padre y del Hijo en la vida del cristiano. Por eso, Dios no se encuentra fuera del hombre, sino en lo más profundo de su ser y ahí es donde Dios quiere morar siempre y allí lo debe encontrar el hombre que ha abierto su vida a Él a través de la fe.
En el texto evangélico de hoy, Cristo describe una de las tantas funciones del Espíritu Santo: Acompañar a los discípulos en la ausencia física de Jesús. Por eso, se le llama Espíritu Santo Consolador (Paráclito del griego paraklétos, que significa consolador), porque ocupa desde el momento de la Resurrección de Cristo el papel de Maestro, Guía, Protector y Defensor y es a través de Él que se hace posible que Cristo haga morada en el corazón de cada ser humano que lo acepta como Dios y Salvador.
El Espíritu Santo es el gran don de Cristo resucitado a la Iglesia, a la comunidad de los creyentes que nació del misterio pascual del Señor; es decir, de su muerte y resurrección. La inhabitación del Espíritu Santo en el corazón de cada cristiano es la nueva forma de vivir el Señor resucitado entre sus seguidores para siempre. El Espíritu que resucitó a Jesús de la muerte, vive dentro de nosotros, alienta la  esperanza de nuestra futura resurrección; nos ayuda a entender que sólo en el amor podemos alcanzar la vida eterna que comienza en el aquí de nuestra historia; nos capacita para comprender el lenguaje cristiano de cruz y muerte y nos enseña que la última palabra no la tiene el mal sino el bien, no la muerte sino la Vida que es el mismo Cristo Nuestro Salvador, que muriendo en la cruz destruyó la muerte y el pecado para siempre. Es también el Espíritu de Cristo quien mantiene unida a la Iglesia y la impulsa hacia la aventura de la evangelización por todo el mundo.
El cristiano está invitado constantemente por el Espíritu Santo a ser anunciador de la verdad, de la vida, de la fe, de la esperanza y sobre todo del amor con el testimonio diario de una vida según el querer de Dios y al estilo del vivir de Nuestro Señor, Jesucristo.
IDA Y RETORNO: Para los que vivimos en San Diego, hoy tenemos un compromiso con la democracia, con nuestro Municipio y con el país entero. Necesitamos expresarnos a través del voto y sea cual sea nuestra opción, buscar lo mejor para el bien de todos los que hacemos vida en éste hermoso y pujante Municipio carabobeño. Dios bendiga a San Diego y toda su gente.

Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-que-es-amar#

ALIENTO

El Espíritu de la Verdad
José Antonio Pagola

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.
Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé “otro defensor” para que “esté siempre con ellos”. Jesús lo llama “el Espíritu de la verdad”. ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?
Este “Espíritu de la verdad” no hay que confundirlo con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que “vive con nosotros y está en nosotros”. Es aliento, fuerza, luz, amor… que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.
Este “Espíritu de la verdad” no nos convierte en “propietarios” de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad, escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.
​Este “Espíritu de la verdad” no nos hace tampoco “guardianes” de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y “amar a Jesús guardando sus mandatos”.
Este “Espíritu de la verdad” está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos puede apartar de Jesús. Nos invita abrirnos con sencillez al misterio de un Dios, Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Es cierto.
Este “Espíritu de la verdad” nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se le llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad…
¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en nuestras comunidades el “Espíritu de la verdad”? ¿Quién podrá salvarla del autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada? ¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?

http://odresnuevos.wordpress.com/evangelio-domingos/evangelio-25-mayo-2014/
Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://www.homiletica.org/PDF12/aahomiletica028318.html
Ilustración: William Congdon.

lunes, 30 de mayo de 2011

¿INVOCAR LA FURIA DIVINA?


San Juan, 14: 15-21

En su homilía de ayer, el Padre Simon observó que San Juan insiste en la vida. No queremos a un Cristo muerto, vana sería nuestra fe dijo San Pablo.

Hay una tentación de los apóstoles al no ser aceptados (prender fuego). No habían recibido el Espíritu Santo. Pedimos en ocasiones la furia o destrucción divina. Pero el mensaje de Dios es de vida, esperanza que ha de compartirse con los demás. ¿Cumplimos con los mandamientos de Dios y de la Iglesia?, ésta encabezada por Jesús y cuyo representante visible es el Papa. ¿Acaso no hay debilidades, pecadores, en la Iglesia, como ocurrió con Pedro?.

María estaba con los apóstoles. Hay que responder: Jesús vive. Cumplir con los mandamientos.

Ilustración: Antoni Tàpies

¿SE OCUPA DE LOS POBRES?


NOTITARDE, Valencia, 29 de Mayo de 2011
La promesa del Espíritu Santo (Jn.14,15-21)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este domingo ya nos adentra en la solemnidad de Pentecostés que celebraremos en dos semanas. Jesús, en su Discurso de Despedida, cuando ya estaba cercana su ausencia física entre los suyos (La Iglesia que Él mismo había convocado para anunciar la Buena Nueva del Reino), habla del Espíritu Santo, no como una energía o una fuerza de Dios, sino como una persona, de hecho dice: "Y yo pediré al Padre y les dará otro Paráclito (Abogado, Consolador, Defensor), para que esté con ustedes para siempre. El Espíritu de la verdad a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce". El Espíritu Santo es una persona divina, aquel que desde ahora en adelante morará en la Iglesia y asistirá a los creyentes. Él junto con el Padre y el Hijo forman una unidad perfecta, un solo Dios en tres personas divinas. Misterio que Cristo nos revela en su Palabra y habla de su unidad con el Padre, afirma de Él que es el Hijo eterno de Dios, con derecho a ser amado y obedecido como Dios: "Si me aman, guardarán mis mandamientos" y habla del Espíritu Santo como otra persona que vendrá enviada por el Padre y por Él a su Iglesia y que permitirá la unidad en el amor entre los creyentes y la Santísima Trinidad; es decir, esa comunidad de Amor que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Hay que decir que el evangelio donde más se nombra al Espíritu Santo es en el evangelio de Juan y lo hace el mismo Jesús; en cinco pasajes se habla de la persona del Espíritu Santo, siempre en el marco del Discurso de Despedida (Jn. 13-17). El Espíritu Santo comunicará y ayudará a entender la Verdad enseñada por Cristo, viviendo dentro del creyente hará que siempre su vida esté iluminada por la verdad; por eso, se le llama también el Espíritu de la Verdad.
En el llamado Discurso de Despedida se mencionan cinco tareas que tiene el Espíritu Santo en medio de la Comunidad de los creyentes (La Iglesia) y dentro de cada cristiano: 1. Acompañar a los discípulos en la ausencia física de Jesús. (Jn. 14,16). 2. Recordarles las palabras del mismo (Jn. 14,26). 3. Dar testimonio de él y glorificarlo (Jn.15,26 ; 16,14). 4. Hacer un juicio constante sobre el pecado, la maldad e injusticia del mundo (Jn. 16,8-11). 5. Conducir a los discípulos hacia la Verdad plena, la Verdad que es el mismo Cristo, el mismo Dios. (Jn. 16,13). Como vemos, Jesús habla del Espíritu Santo como una persona distinta de Él, pero al mismo tiempo que mantiene una perfecta unidad con Él y el Padre. Como dice en el texto que hoy leemos "Otro Defensor"; una energía, como si viniera de una central eléctrica, no puede tener las tareas que tiene el Espíritu Santo, ni puede ser llamado como Jesús abiertamente lo llama en su Discurso de Despedida. No es, por tanto, la fuerza de Dios, es la tercera persona de la Santísima Trinidad que Cristo nos revela. Por eso Jesús al final de su estancia física en la tierra dijo: "Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Mt.28,19).
El Paráclito viene a Defender a Jesús, es el testigo que actúa en su defensa y habla en su nombre. Viene a consolar a los seguidores del Divino Maestro, Nuestro Divino Redentor, porque ahora ocupa entre ellos el lugar de Jesús, aunque el mundo no lo vea ni lo conozca, pero quienes siguen a Cristo si lo conocen. El Espíritu Santo es Maestro y Guía de los discípulos de Cristo y por eso también vela y cuida de ellos. El Espíritu Santo es prolongación de la misma presencia de Jesús en medio de sus discípulos.
Jesús, en el evangelio que hoy leemos, no sólo anuncia que se va y enviará al Paráclito, sino que retornará, es la fe que confesamos todos los domingos los cristianos católicos. Estará presente por medio del Espíritu Santo y al final se manifestará totalmente para juzgar a vivos y a muertos.
Podemos decir con toda certeza, que la Iglesia es la Comunidad del Espíritu Santo, sino de manera exclusiva, porque Dios no se agota en un espacio o personas, porque Dios fuera de la Iglesia también se manifiesta e invita a esta Comunidad de amor, de discípulos. Pero, es la Iglesia el espacio natural, común, donde Dios actúa y se hace presente, como lo podemos leer en el Libro de Los Hechos de Los Apóstoles. Vivamos, por tanto, como testigos de esta presencia de Dios Uno y Trino en nuestras vidas.
IDA Y RETORNO: ¿La Iglesia Católica se ocupa de los pobres? Por supuesto que sí, la Iglesia no sólo habla de los pobres, sino que tiene mayoritariamente sus obras para los pobres y en los sitios más pobres o en zonas populares: Ancianatos, orfelinatos, colegios, comedores populares, presencia, ayuda y evangelización a los indígenas, talleres de capacitación para jóvenes desocupados, Cáritas, la mayoría de las parroquias del país y específicamente en Valencia están en zonas populares y cuánto bien se hace no sólo evangelizando, sino llevando y haciendo acción social, inspirada en la enseñanza de Cristo, Nuestro Señor.

Ilustración: Antoni Tàpies