Últimas Noticias, Caracas, 05/11/1998.Domingo Alberto Rangel, Marta Lucía Ramírez, Colombia, Intercambio comercial, Relaciones colombo-venezolanas.
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martes, 16 de octubre de 2018
lunes, 3 de septiembre de 2018
LA GLOBALIZACIÓN Y SUS PUERTAS
Breve nota sobre Venezuela y Colombia
Luis Barragán
Ha sido tormentosa la relación colombo-venezolana a lo largo del presente siglo, por la naturaleza contrastante de sus gobiernos. En un constante hacer y deshacer de los vínculos diplomáticos y hasta consulares, añadida la orden de trasladar los blindados a la frontera, proferida bulliciosa y televisivamente por Chávez Frías, muy poca ha sido la quietud de Caracas de compararla con la paciencia de Bogotá.
Nuestra salida de la Comunidad Andina de Naciones, preferido Mercosur por un régimen de rumbos caprichosos, como inciertos, en el ámbito de la integración regional y subregional, promoviendo sendos aparatos o instancias de una visible y endeble vocación e interés político, dice restarle significación al entendimiento bilateral. La tal revolución bolivariana prefiere a otros vecinos en el Palacio de Nariño, no ahorra epíteto alguno en relación a sus actuales ocupantes y vocifera, acá, la atención dispensada a más de cinco millones de neogranadinos a los que también los tienta huir de la dictadura: ésta los trata como si nunca se hubiesen asimilado al país, compartiendo sentimiento e identidad.
La atención privilegiada que dispensamos, es hacia las fuerzas irregulares del vecino país. E, incluso, muy poco o ninguno ha sido el contacto de sus corporaciones castrenses, las constitucionalmente reconocidas en Venezuela y Colombia, a pesar de actuar en un común ámbito geopolítico que, sencillamente, obliga.
Podrá alegarse que no hay razones para una mínima vinculación entre ambas entidades castrenses, pues, la nuestra la prefiere con las FARC, por ejemplo, aunque haya que esperar un largo tiempo para que hipotéticamente ella asuma el poder. Olvidan que la otrora Cuba, exportadora de la insurrección continental, ya derrotada, trató de normalizar sus relaciones con los vecinos, interpretándose en una ineludible realidad geopolítica, abanicando la posibilidad de reinsertarse en la OEA, hasta que el prospecto Chávez Frías pisó el Palacio de Miraflores, macerando otras condiciones que ya no lucen tan promisorias.
La falla está en las posibilidades que ventiló el Foro de Sao Paulo para una propuesta que ya el petróleo no puede financiar y, marcando un regreso arrepentido a la razón, en los tiempos venideros implicará un vasto reacomodo de factores que, por siempre, se dijeron alternativos, así no revelasen novedad alguna, excepto en el historial autoritario que caracteriza a América Latina. El problema reside en la sustentación material, de esos factores, agotada la vía de Obredecht, abierta la puerta maldita de la globalización, no otra que la delincuencial, para el descrédito de la puerta bendita de una era que tarda en llegar definitivamente en este lado del mundo.
03/09/2018:
http://www.diariocontraste.com/2018/09/breve-nota-sobre-venezuela-y-colombia-por-luis-barragan-luisbarraganj/
Fotografía: https://www.elnuevodiario.com.ni/internacionales/455269-colombia-refuerza-controles-frontera-venezuela-ola/
Luis Barragán
Ha sido tormentosa la relación colombo-venezolana a lo largo del presente siglo, por la naturaleza contrastante de sus gobiernos. En un constante hacer y deshacer de los vínculos diplomáticos y hasta consulares, añadida la orden de trasladar los blindados a la frontera, proferida bulliciosa y televisivamente por Chávez Frías, muy poca ha sido la quietud de Caracas de compararla con la paciencia de Bogotá.
Nuestra salida de la Comunidad Andina de Naciones, preferido Mercosur por un régimen de rumbos caprichosos, como inciertos, en el ámbito de la integración regional y subregional, promoviendo sendos aparatos o instancias de una visible y endeble vocación e interés político, dice restarle significación al entendimiento bilateral. La tal revolución bolivariana prefiere a otros vecinos en el Palacio de Nariño, no ahorra epíteto alguno en relación a sus actuales ocupantes y vocifera, acá, la atención dispensada a más de cinco millones de neogranadinos a los que también los tienta huir de la dictadura: ésta los trata como si nunca se hubiesen asimilado al país, compartiendo sentimiento e identidad.
La atención privilegiada que dispensamos, es hacia las fuerzas irregulares del vecino país. E, incluso, muy poco o ninguno ha sido el contacto de sus corporaciones castrenses, las constitucionalmente reconocidas en Venezuela y Colombia, a pesar de actuar en un común ámbito geopolítico que, sencillamente, obliga.
Podrá alegarse que no hay razones para una mínima vinculación entre ambas entidades castrenses, pues, la nuestra la prefiere con las FARC, por ejemplo, aunque haya que esperar un largo tiempo para que hipotéticamente ella asuma el poder. Olvidan que la otrora Cuba, exportadora de la insurrección continental, ya derrotada, trató de normalizar sus relaciones con los vecinos, interpretándose en una ineludible realidad geopolítica, abanicando la posibilidad de reinsertarse en la OEA, hasta que el prospecto Chávez Frías pisó el Palacio de Miraflores, macerando otras condiciones que ya no lucen tan promisorias.
La falla está en las posibilidades que ventiló el Foro de Sao Paulo para una propuesta que ya el petróleo no puede financiar y, marcando un regreso arrepentido a la razón, en los tiempos venideros implicará un vasto reacomodo de factores que, por siempre, se dijeron alternativos, así no revelasen novedad alguna, excepto en el historial autoritario que caracteriza a América Latina. El problema reside en la sustentación material, de esos factores, agotada la vía de Obredecht, abierta la puerta maldita de la globalización, no otra que la delincuencial, para el descrédito de la puerta bendita de una era que tarda en llegar definitivamente en este lado del mundo.
03/09/2018:
http://www.diariocontraste.com/2018/09/breve-nota-sobre-venezuela-y-colombia-por-luis-barragan-luisbarraganj/
Fotografía: https://www.elnuevodiario.com.ni/internacionales/455269-colombia-refuerza-controles-frontera-venezuela-ola/
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Venezuela
jueves, 11 de abril de 2013
Y LA OTRA HISTORIA ....
EL NACIONAL - VIERNES 1 DE DICIEMBRE DE 2000 / OPINION
Otro round: Pastrana-Chávez
Jesús Sanoja Hernández
Entre Venezuela y Colombia el punto de máxima tensión en los últimos 35 años fue, sin duda alguna, "el incidente del Caldas", agosto de 1987, y si escojo el período ("los últimos 35 años") se debe a que en 1965 arrancó, con cierta conversación acerca del nuevo Derecho del Mar, "el diferendo del Golfo". Habría que establecer cuatro diferencias entre lo acaecido en agosto de 1987 y lo que ahora desfila ante nuestros ojos.
La primera es que lo del Caldas tuvo como raíz la delimitación de las áreas marinas y submarinas entre ambos países, especie de prolongación de una serie de conflictos territoriales en los que Venezuela resultó perdedora, cuyos hitos fundamentales lo constituyeron el Laudo Español (1891), el Laudo Suizo (1922) y el Tratado de 1941 firmado entre los presidentes López Contreras y Eduardo Santos, mientras los choques verbales de hoy están centrados en las visiones opuestas que los presidentes Chávez y Pastrana tienen acerca de la crisis colombiana: "guerra interna" según aquél, "conflicto interno" según éste.
La segunda es el desarrollo acelerado de lo que José Vicente Rangel -y creo que poco antes de él Uslar- calificó en 1991 como "la quinta frontera": los indocumentados, los secuestros, las vacunas, las incursiones de grupos guerrilleros y el narcotráfico. No que tales fenómenos no existieran antes de 1987, sino que no habían alcanzado las dimensiones de los 13 años corridos entre 1987 y el 2000, introduciendo variantes como la de los "desplazamientos" en el caso de los indocumentados.
La tercera es que la guerrilla colombiana no había escogido a Venezuela -ni tampoco el gobierno del vecino país- como escenario para conversaciones con la anuencia de Miraflores y la Casa Amarilla. Célebres fueron, por ejemplo, los encuentros en el segundo gobierno de Pérez cuando aún existía el M-19, así como también los contactos a lo largo de la administración de Caldera II. De algún modo nuestro país, como anfitrión o como observador en la paz, servía de puente para las negociaciones, algo que continuó con el advenimiento del régimen bolivariano, así el presidente Chávez, de entrada, declarara la neutralidad de Venezuela y abriera las puertas a la sospecha (que, para sus adversarios, es certeza) de que privilegia a "los rebeldes".
La cuarta, y tal vez de más enojoso curso y peligrosos enfrentamientos, es la aprobación del Plan Colombia, alborozadamente recibido en Bogotá y duramente criticado por los ideólogos de la V República, quienes destacan el "componente militar" como desmesurado en comparación con "el componente social", y hasta manejan la tesis de una eventual vietnamización de Colombia e, incluso, califican sus consecuencias como regionales, es decir, con extensión a los países vecinos. Aquí entraría (agregan ellos), antes que ninguno, Venezuela.
Esta cuarta característica implica, asimismo, a Estados Unidos, especie de Gulliver en territorio de pigmeos, y esto dicho sin que se discutan las intenciones que el Pentágono y el Departamento de Estado abriguen, porque, aun siendo buenas, dejan margen para que intérpretes de la izquierda radical y patriotas irredentos revuelvan el pasado, no ya con el monroísmo de la era Mc Kinley-Teodoro Roosevelt, ni siquiera con los episodios de República Dominicana, Granada y Panamá, sino con la manipulación del negocio del narcotráfico, reprimido o estigmatizado y necesario de reprimir en los centros de producción y florecimiento en los centros de consumo, Estados Unidos especialmente.
La cuarta diferencia viene a constituirse así en quebradero de cabeza, tanto para "la oligarquía colombiana" como para el régimen bolivariano. Colombia goza del privilegio de Estados Unidos y el chavismo, por el contrario, es mal visto en "la metrópoli". Pero hay más: en Colombia los medios de comunicación y, en general, los sectores opinantes y, desde luego, el bipartidismo, que allá sí es duro de matar, se solidarizan con la posición de Pastrana y Fernández de Soto, en tanto, en nuestro país las voces críticas hacia Chávez y Rangel por su actuación en "el caso Colombia" parecen ser mayoría. En Colombia hay un bloque de opinión a favor de la política de su gobierno frente a Venezuela, y en Venezuela hay heterogeneidad de opiniones, las más de ellas adversas a nuestra manera de negociar, dialogar o discutir.
En 1987, cuando Colombia quiso probar la reacción del gobierno de Lusinchi, encontró decisión en éste, pero también fortísimo respaldo de la opinión pública y de los partidos, sin importar su ubicación en el centro, la izquierda o la derecha. Al fin y al cabo, el país defendía lo suyo, superando reveses como los de 1891, 1922 y 1941. En este 2000, el "conflicto interno" al que Pastrana le otorga 40 años, a pesar de que comenzó en 1948, pone al rojo vivo las relaciones entre "los países hermanos".
Fotografía y brevísima nota LB : Respuesta de alta circulación digital, suscrita por el ex-presidente colombiano. A la del diferendo colombo-venezolana, existe otra históricamente ininvestigada de los impactos cívicos mutuos, coincidencias y discrepancias, que vayan más allá de las consabidas intrigas grancolombianas.
Otro round: Pastrana-Chávez
Jesús Sanoja Hernández
Entre Venezuela y Colombia el punto de máxima tensión en los últimos 35 años fue, sin duda alguna, "el incidente del Caldas", agosto de 1987, y si escojo el período ("los últimos 35 años") se debe a que en 1965 arrancó, con cierta conversación acerca del nuevo Derecho del Mar, "el diferendo del Golfo". Habría que establecer cuatro diferencias entre lo acaecido en agosto de 1987 y lo que ahora desfila ante nuestros ojos.
La primera es que lo del Caldas tuvo como raíz la delimitación de las áreas marinas y submarinas entre ambos países, especie de prolongación de una serie de conflictos territoriales en los que Venezuela resultó perdedora, cuyos hitos fundamentales lo constituyeron el Laudo Español (1891), el Laudo Suizo (1922) y el Tratado de 1941 firmado entre los presidentes López Contreras y Eduardo Santos, mientras los choques verbales de hoy están centrados en las visiones opuestas que los presidentes Chávez y Pastrana tienen acerca de la crisis colombiana: "guerra interna" según aquél, "conflicto interno" según éste.
La segunda es el desarrollo acelerado de lo que José Vicente Rangel -y creo que poco antes de él Uslar- calificó en 1991 como "la quinta frontera": los indocumentados, los secuestros, las vacunas, las incursiones de grupos guerrilleros y el narcotráfico. No que tales fenómenos no existieran antes de 1987, sino que no habían alcanzado las dimensiones de los 13 años corridos entre 1987 y el 2000, introduciendo variantes como la de los "desplazamientos" en el caso de los indocumentados.
La tercera es que la guerrilla colombiana no había escogido a Venezuela -ni tampoco el gobierno del vecino país- como escenario para conversaciones con la anuencia de Miraflores y la Casa Amarilla. Célebres fueron, por ejemplo, los encuentros en el segundo gobierno de Pérez cuando aún existía el M-19, así como también los contactos a lo largo de la administración de Caldera II. De algún modo nuestro país, como anfitrión o como observador en la paz, servía de puente para las negociaciones, algo que continuó con el advenimiento del régimen bolivariano, así el presidente Chávez, de entrada, declarara la neutralidad de Venezuela y abriera las puertas a la sospecha (que, para sus adversarios, es certeza) de que privilegia a "los rebeldes".
La cuarta, y tal vez de más enojoso curso y peligrosos enfrentamientos, es la aprobación del Plan Colombia, alborozadamente recibido en Bogotá y duramente criticado por los ideólogos de la V República, quienes destacan el "componente militar" como desmesurado en comparación con "el componente social", y hasta manejan la tesis de una eventual vietnamización de Colombia e, incluso, califican sus consecuencias como regionales, es decir, con extensión a los países vecinos. Aquí entraría (agregan ellos), antes que ninguno, Venezuela.
Esta cuarta característica implica, asimismo, a Estados Unidos, especie de Gulliver en territorio de pigmeos, y esto dicho sin que se discutan las intenciones que el Pentágono y el Departamento de Estado abriguen, porque, aun siendo buenas, dejan margen para que intérpretes de la izquierda radical y patriotas irredentos revuelvan el pasado, no ya con el monroísmo de la era Mc Kinley-Teodoro Roosevelt, ni siquiera con los episodios de República Dominicana, Granada y Panamá, sino con la manipulación del negocio del narcotráfico, reprimido o estigmatizado y necesario de reprimir en los centros de producción y florecimiento en los centros de consumo, Estados Unidos especialmente.
La cuarta diferencia viene a constituirse así en quebradero de cabeza, tanto para "la oligarquía colombiana" como para el régimen bolivariano. Colombia goza del privilegio de Estados Unidos y el chavismo, por el contrario, es mal visto en "la metrópoli". Pero hay más: en Colombia los medios de comunicación y, en general, los sectores opinantes y, desde luego, el bipartidismo, que allá sí es duro de matar, se solidarizan con la posición de Pastrana y Fernández de Soto, en tanto, en nuestro país las voces críticas hacia Chávez y Rangel por su actuación en "el caso Colombia" parecen ser mayoría. En Colombia hay un bloque de opinión a favor de la política de su gobierno frente a Venezuela, y en Venezuela hay heterogeneidad de opiniones, las más de ellas adversas a nuestra manera de negociar, dialogar o discutir.
En 1987, cuando Colombia quiso probar la reacción del gobierno de Lusinchi, encontró decisión en éste, pero también fortísimo respaldo de la opinión pública y de los partidos, sin importar su ubicación en el centro, la izquierda o la derecha. Al fin y al cabo, el país defendía lo suyo, superando reveses como los de 1891, 1922 y 1941. En este 2000, el "conflicto interno" al que Pastrana le otorga 40 años, a pesar de que comenzó en 1948, pone al rojo vivo las relaciones entre "los países hermanos".
Fotografía y brevísima nota LB : Respuesta de alta circulación digital, suscrita por el ex-presidente colombiano. A la del diferendo colombo-venezolana, existe otra históricamente ininvestigada de los impactos cívicos mutuos, coincidencias y discrepancias, que vayan más allá de las consabidas intrigas grancolombianas.
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