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sábado, 1 de febrero de 2020

DE UNA A OTRA ANTENA

A propósito de Raúl Amundaray
Luis Barragán

Extrañamos una profunda y sostenida reflexión sobre la televisión venezolana del XXI que, yendo más allá del control ejercido por el Estado, bregue y supere los niveles de análisis del anterior siglo. Vale decir, incursione decididamente en los dispositivos o mecanismos de alienación, perfeccionados por la dictadura, antes de tomar el fácil y simplista atajo de un dominio gubernamental que, por siempre, fue predecible.

Hay y habrá consecuencias irreparables que afrontar, superadas las causas, pero – igualmente – consideraciones estrictamente políticas que discutir con una necesaria franqueza. Graves y definitivas que conciernen a un modelo y estrategia de desarrollo demasiado  pendiente, imposible de postergar.

Por ejemplo, dada la situación catastrófica de la industria petrolera y de los programas energéticos que esperan sencillamente por un plazo en los países desarrollados, luce irrelevante – por muy liberal que sea la prédica – versar sobre la propiedad del subsuelo. Convengamos, no ocurre lo mismo en relación a la señal radiotelevisiva, pues, el poder de dar y de quitar las concesiones nos trajo al extremo de una realidad asfixiante o, mejor, psicológicamente asfixiante.

Por supuesto, fueron muchas las fallas y los vicios de la televisión privada en el ya remoto país que alguna vez vivimos intensamente, pero también los aciertos que bien ilustra la exportación no tradicional de telenovelas que rompió un poco el monopolio estatal de las divisas.  Legos y especialistas pueden escenificar un debate que, tarde o temprano, llegará en la materia.

Semanas atrás, falleció un actor que caló inmensamente en la población, cuya biografía nos parece tentadora para una novela, como también la de una animadora exitosa que decidió marcharse del país muy antes de sus bonanzas dinerarias, como Paula Bellini. El recuerdo de Raúl Amundaray suscita nuestra modesta inquietud sobre la televisión, tratándose de una figura que pasó del acartonamiento propio de la época a papeles que demostraron un talento extraordinario, ya que – puede decirse – tan convincente fue la representación que, puede decirse, alterando el tiempo, Carlos Delgado Chalbaud lo imitaba, tal como Juan Vicente Gómez lo hizo con Rafal Briceño.

domingo, 20 de junio de 2010

Para el desarchivo: Amundaray



No tenemos una opinión favorable hacia don Carlos Delgado Gómez (Chalbaud), aunque puede cambiarla un poco la biografía publicada en Los Libros de El Nacional. Recuerdo el desagrado de leer (¿dónde?) que los Delgados estuvieron muy empobrecidos en París, donde eran dueños de un edificio. O de la escena en la que don Román contó con la simpatía de don Cipriano. Quizá el hecho de resguardar bajo llaves al hijo en el “Falke”, mientras el padre moría en la Calle Larga, según don Ferico Vegas. A lo mejor, contar con el auxilio de don López Contreras al asimilarlo y el cariño de don Rómulo Gallegos, traicionado.

Alguna vez leí, en una edición de ¿El Nacional o Ultimas Noticias?, la entrevista que le hicieron mientras estuvo don Delgado Gómez convaleciente en el viejo hospital militar (donde está hoy la Cruz Roja). Un día del Trienio. Dijo leer (y lo fotografiaron), una obra sobre la II GM. No dudo que lo haya hecho, pero me dejó un cierto sabor a pose. Y, por ello creo, sin que desmienta lo buen actor que es, en la representación que una vez hizo don Raúl Amundaray de don Carlos. Posiblemente, alguien acá nos ilustrará mejor sobre la obra y el año en que la pasó RCTV y otros pormenores. No los conocemos. 0 ¿podrá decirse que don Carlos imitó a don Raúl?.

Creo que, mejor que don Diógenes Escalante, sobre quien escribiera don Francisco Suniaga un texto que personalmente no nos gustó, don Carlos puede ser objeto de una formidable novela. Quién sabe si comenzando por un biznieto que, algún rincón de Europa, se le ocurre indagar sobre los orígenes de un bisabuelo que se dijo presidió un país lejano del Tercer Mundo. Nunca más se supo de la familia….