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miércoles, 26 de junio de 2013

ASOMOS

EL UNIVERSAL, Caracas, 10 de junio de 2013
La eutanasia del petropulismo
ANGEL GARCÍA BANCHS

El próximo par de años de ajuste, devaluación, estanflación, y disminución del consumo y el endeudamiento, serán sumamente duros y dolorosos para la economía nacional, al menos desde una perspectiva de corto plazo. Pero, a mediano y largo plazos habrán significado el período durante el cual se habrán sembrado las semillas de la prosperidad, una prosperidad que durará décadas, muchas, por demás. Serán los años en los que se habrá acabado con un modelo que arrancó a mediados de los 70 del siglo pasado, y que se exacerbó en los últimos 14 años, hasta conducir a su fin por implosión. Serán los años de la eutanasia del petropulismo y el rentismo, los años de la liberación.
Al igual que su economía, la sociedad venezolana en general está en transición; está en el tránsito de un régimen autocrático, voluntarista, oligárquico e irracional, hacia una República en la que imperen los verdaderos valores de la venezolanidad, nuestras normas y principios, la civilidad, los pactos entre partidos, gremios, sindicatos, la Iglesia, los poderes y militares y, en fin, el Estado de Derecho y la Ley.
La razón es sencilla. Ha muerto el árbitro y caudillo para el que, definitivamente, no hay sustitución, y el modelo que sostenía al régimen ya entró en contradicción. Muerto el caudillo, la solución pasa por reemplazarlo con una nueva institucionalidad. Y agotado el modelo, no queda otra, sino su sustitución.
En particular, el modelo petropulista de reparto de la renta externa petrolera para el consumo abaratado de bienes importados y la fuga de divisas al exterior; el modelo de apropiación discrecional e irracional del ingreso y la riqueza; el modelo conflictivo de lucha de clases; el modelo rentista petrolero; el modelo de estatización de la producción de bienes privados y de privatización de la provisión de bienes públicos; el modelo de secuestro institucional; y el modelo socialista petrolero, se agotó a partir de 2012 cuando dejó de crecer el precio del petróleo a un ritmo superior al de nuestro inflación.
Ahora, los desbalances y desequilibrios a los cuales tanto hacíamos referencia los economistas empiezan a ser palpados por el ciudadano. Llegó la hora en que cobra el populismo, aunque ello sea al costo de su autodestrucción. En este y el próximo par de años vendrá más devaluación, inflación, escasez, caída del poder de compra de los salarios, el consumo y la actividad económica en general. Pero, ello coincidirá con un proceso ya iniciado de transición política, que sólo un demente en un manicomio podría negar. Serán estos, entonces, los años de la eutanasia del petropulismo y el rentismo, los años de la liberación.

lunes, 1 de octubre de 2012

REPATRIAR PARA EXPATRIAR: SOBERANÍSIMOS

EL UNIVERSAL, Caracas, 01 de Octyubre de 2012
Chávez y las joyas de la corona
ANGEL GARCÍA BANCHS

El modelo petropopulista, repartista, rentista, autocrático, conflictivo e ineficiente del presidente Hugo Chávez Frías, caracterizado por el ataque a la propiedad privada, el déficit de bienes públicos y la inseguridad jurídica, ha llevado al gobierno nacional a empezar a vender las joyas de la corona. En pocas palabras, las reservas de oro del BCV.
El Banco Central de Venezuela se ha visto en la necesidad de vender parte del oro, porque se quedó sin reservas líquidas. Al 27 de septiembre de 2012, me atrevo a afirmar, el BCV no contaba, sino con poco más de unos 700 millones de dólares estadounidenses en posiciones líquidas o 3% de las reservas totales, buena parte de las cuales están en oro (81%), Derechos Especiales de Giro (14%) y el resto en nuestra Posición Neta en el FMI  (BCV y cálculos propios). Alrededor de 24,440 millones de dólares en reservas del BCV, 97% de las cuales están ilíquidas, dejan a la economía venezolana sin blindaje alguno.
De agosto 2011 al cierre de agosto 2012, el BCV perdió unos 2,1 mil millones de dólares por la caída del oro de 1.813,50$/onza a 1.648,55$/onza; y también de agosto de 2011 al 27 de septiembre de 2012 casi 1 mil millón de dólares por la caída del precio de los 1.813,50$/onza a unos 1.755,25 $/onza. Este es uno de los riesgos que, constantemente, ha alertado Econométrica.
Las reservas del BCV son útiles para hacer política cambiaria (acumular para evitar la apreciación del bolívar o desacumular para postergar las devaluaciones), así como lo son, también, para lidiar contra choques adversos como la caída del precio del petróleo o de la exportación petrolera en barriles.
Que ya no tengamos reservas líquidas no quiere decir que se producirá una crisis, pero, sí, que se produciría inmediatamente si el petróleo cayese. Tal y como lo hemos sostenido, la economía venezolana se parece hoy a la de un hogar que cuenta con un buen ingreso (un buen ingreso petrolero), pero con cero en el banco (sin reservas líquidas en el BCV) y con la tarjeta al límite (con un endeudamiento crónico). Si en ese hogar, el padre o la madre pierde su puesto de trabajo (el ingreso petrolero cae), el tener cero en el banco (cero reservas líquidas en el BCV), y la tarjeta copada (un endeudamiento insostenible), conduciría a un apretón de cinturón (un ajuste cambiario y del gasto).
En un escenario de escasez de reservas en divisas, haber vendido parte del oro del BCV, por más que haya sido un monto pequeño (3,7 toneladas o unos 230 millones de dólares), podría llegar a implicar para nuestros acreedores y prestamistas del resto del mundo el equivalente a vender las joyas de la corona, lo que es malísima señal para los mercados. Será imposible recuperar las reservas del BCV sin un incremento inesperado del petróleo, o un cambio de gobierno, modelo y política económica, pues lograrlo implica, necesariamente, acabar con el riesgo y la inseguridad jurídica y política, la desconfianza, la aversión por el bolívar, la inflación y sobrevaluación cambiaria.

Breve nota LB: No logramos identificar al autor de la ilustración.

lunes, 3 de septiembre de 2012

DOS PERSPECTIVAS


EL UNIVERSAL, Caracas, 3 de Septiembre de 2012
Cómo independizarnos del petróleo
ANGEL GARCÍA BANCHS 

Aunque suene contraintuitivo, no podremos independizarnos del petróleo y diversificar la economía venezolana sin incrementar primero todos los años la actividad petrolera. Pero, tampoco podremos lograrlo sin establecer antes el Estado de Derecho en el país, o garantizar previamente el rescate y la separación de poderes, el respeto contractual, y un ambiente de seguridad personal, jurídica, y cambiaria que facilite la industrialización, la inversión real y el desarrollo de un mercado de valores en moneda nacional.
¿Tiene sentido afirmar que para independizarnos del petróleo debemos, primero, incrementar su producción? Sí. Entiendo que suene contradictorio, pero, hay una razón. La actividad petrolera es el mayor motor o locomotora de la economía nacional; es decir, es la actividad real capaz de generar el mayor efecto multiplicador sobre las restantes; o el sector que cuando crece es capaz de generar una amplia demanda de bienes y servicios provistos por otras industrias como la construcción, la metalmecánica, metalúrgica, la química y petroquímica, la manufacturera en general y las industrias de servicios.
Venezuela debe ir más allá de la visión de la "siembra petrolera", la cual ve al petróleo, básicamente, como medio de financiamiento del proceso de desarrollo y transformación. Independientemente de que esa visión sea superior y, por tanto, preferible a la rentista, la repartista y petropopulista de las últimas décadas, la misma tiene dos puntos débiles. Primeramente, la "siembra petrolera" es per se estatista, puesto que implica liderar el proceso de desarrollo desde el Estado, mientras el sector privado reacciona, y no lidera. Y, segundo, la "siembra petrolera" concentra su atención en el rol del petróleo en la oferta de fondos para el financiamiento del fisco y la oferta de moneda extranjera en el mercado de divisas, preocupándose fundamentalmente por el nivel de precios por barril, en lugar de por la producción de barriles y el rol del petróleo en el mercado de bienes   i.e. el rol de la industria petrolera en la creación de una demanda multiplicada para el conjunto de bienes y servicios generadores de empleo producidos por otros sectores.
Somos un país petrolero y seguiremos siéndolo. No obstante, desde hace unos 50 años, lamentablemente, decidimos desconocerlo. Desde entonces hasta el año 1998 la producción petrolera no creció, y desde 1999 a la fecha por el petropopulismo cayó. Debemos revertir la tendencia y optar por una estrategia de crecimiento sostenido de la actividad petrolera; solo así podrán aparecer nuevos mercados, industrias, productos y puestos de trabajo, estrategia ésta enmarcada en el rescate de las instituciones y el establecimiento del Estado de Derecho, la recuperación de la confianza, y el crédito.


Fotografía: El Universal, Caracas, 21/06/83