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domingo, 16 de febrero de 2020

EL DEBATE COMO UN HÁBITO, AHORA, INCONCLUSO

Del Esequibo y la libertad de cátedra
Luis Barragán

Aludido en un reciente foro realizado  en  la Universidad Central de Venezuela  (UCV),  el reclamo efectivo del Esequibo, convertido en Política de Estado, no se entendió sin el esfuerzo sentido y sistemático de la academia venezolana. E, incluso, como bien lo ejemplifica el reportaje realizado sobre las investigaciones de Hermann González y Pablo Ojer, por cierto, sacerdotes católicos, alcanzamos  una documentación histórica que sorprendió a los propios negociadores británicos (El Nacional, Caracas, 17/06/1966). 

Cerrando el siglo XX, entre otros, ganamos una perspectiva del problema gracias al esfuerzo de interpretación de Rafael Sureda Delgado y Faustino Morales, insignes y sobrios investigadores de una clara vocación universitaria,  como ahora contamos con el persistente Manuel Donís Ríos. Siendo tan sensible la opinión pública, el debate político supo también de las libérrimas posiciones contrapuestas que bien reflejó la sesión celebrada por el Congreso, a propósito de la suscripción del Acuerdo de Ginebra.

Las condiciones son harto diferentes en la presente centuria, cada vez más limitadas las posibilidades para la investigación, publicación y confrontación de posturas en la propia opinión pública. Incluso, el  interés por la materia, nos forzó a estudiarla a profundidad con severas dificultades, desactualizadas varias de las fuentes, lo cual desembocó  en algunos  textos, dos de los cuales supieron del arbitraje académico, quizá algo inusitado para un parlamentario.

Aceptemos, no se explica la autonomía universitaria sin la libertad de cátedra. El régimen pretende desconocer el artículo 109 constitucional que sintetiza toda una conquista histórica, ordenando  un plazo para realización de unos comicios asaz arbitrarios orientados a la liquidación de la noción misma de universidad, trastocadas las casas de estudios – a lo sumo - en referentes para el mero adiestramiento técnico y manual.

De lograrlo, por consiguiente, cancelará toda inquietud sobre nuestra legítima e histórica reclamación, restándole un soporte sustancial, como el académico, e impidiendo la realización aún de las más modestas actividades, como el foro que compartimos en el edificio de FACES de la UCV, con el estudiantado, junto a Jorge Luis Fuguet (coordinador general de Mi Mapa), Juan Francisco Contreras (presidente del Colegio de Internacionalistas de Venezuela)  Maiger Urbina (profesor de la Escuela de Estudios Internacionales).  Por ello, la relación del Esequibo con la autonomía universitaria, frecuentemente inadvertida.

17/02/2020:

jueves, 13 de abril de 2017

¿EL SILENCIO DE LOS HOY INOCENTES?

El fenómeno Ojer
Luis Barragán

Desde principios de los años ochenta del siglo pasado, el consabido problema de delimitación en el Golfo de Venezuela también ocupó poderosamente la atención de la opinión pública. Distintos voceros participaban en una discusión varias veces acalorada en la que, sin complejos de vanidad, participaban los más destacados especialistas en la materia.

Prontamente, nos familiarizamos con el nombre de Pablo Ojer, reconocido experto de una meritorísima trayectoria que no temió a la necesaria polémica respecto a un asunto tan grave y delicado que, importa consignarlo, mantuvo alerta a las propias Fuerzas Armadas Nacionales, como a todos los sectores políticos y académicos.  Confesamos, por aquellos años de juventud, éramos cautelosos frente a los excesos nacionalistas, pero solíamos coincidir con las orientaciones básicas de una postura justa y legítima.

Algo tan natural por entonces, hoy constituiría Ojer todo un fenómeno, al igual que la incursión de otros investigadores que apelaron a la tribuna pública para corroborar sus eruditos aportes.  Presumiéndolo encastillado entre gruesos volúmenes e interminables documentos históricos, al parecer no tendría cupo en el siglo XXI y no sólo por la censura y el bloqueo informativo imperantes, sino por una abstención generalizada de quienes confunden la prudencia con el miedo, pues, no hay otra explicación al constatar que un tema tan serísimo como el de El Esequibo, tiene mejor garantía para un gobierno negligente que ese silencio que los peritos suelen cultivar celando sus confortables predios académicos.

Que un conocedor sobre el Golfo de Venezuela, como Pedro José Lara Peña ventilase sus tesis públicamente, como ocurrió por varios decenios, lucía lógico tratándose de un antiguo dirigente político y parlamentario, no ocurriendo así con Ojer, un académico consumado que, hasta por razones religiosas, procuraba la moderación y parquedad. No obstante, tan agudo se hizo el problema, que sus caros argumentos lo llevaron  involuntariamente a la escena pública, honrando un deber.

A mediados de abril de 2017, estaremos a escasos diez meses de cumplirse el plazo que dio la Secretaría General de la ONU para remitir el caso de El Esequibo a la Corte Internacional de Justicia y, al publicarse las presentes notas, quizá se encuentre ya en Caracas el señor Dag Halvor Nylander, en representación del organismo internacional, sin que nadie diga absolutamente nada; no se sepa oficialmente nada sobre la conducta a asumir por el gobierno venezolano,  después que el guyanés ha divulgado ampliamente la suya; y, mucho menos, con las muy honrosas excepciones, voceros de los partidos, del mundo académico y de la restantes organizaciones especializadas de la sociedad civil digan … nada. Más adelante, volveremos sobre el punto, mas – por lo pronto – diríamos que extrañamos mucho el fenómeno Ojer.

10/04/2017: