Campeones del desastre
Luis Barragán
Consabido, está muriendo la gente por falta de medicamentos. Familiares y relacionados muy cercanos, desesperan por unas pastillas que no encuentran, presintiendo el desenlace fatal a la vuelta de los días.
Hablamos de enfermedades crónicas y sobrevenidas que, antes, no generaban mayor preocupación, por la generosa oferta farmacéutica y sus precios accesibles o relativamente accesibles. Hoy, ni siquiera es posible realizarse una prueba de laboratorio, un ecosonograma y otros exámenes afines para el debido diagnóstico, faltando los reactivos, encareciéndose los equipos médicos, imposibilitándose la importación necesaria, quebrada la industria nacional.
Por cierto, nada podemos agregar respecto al servicio médico-odontológico. O dudamos que viva su mejor momento la llamada medicina homeopática, la acupuntura, u otras alternativas para el trágico cuadro de la salud en Venezuela.
Privilegiados los convenios, acuerdos, tratados o cosas parecidas y de las que muy pocos saben, cierta y específicamente, con la Cuba que sigue recibiendo barrilles constantes y sonantes de petróleo venezolano, es evidente la estafa. Una de dos, o las dos: es un mito o leyenda la existencia y el desarrollo de la medicina e industria farmacéutica isleña y lo poco que tienen no van a traerlo a este lado del mundo, siendo tan monumental el fracaso de los Barrio Adentro.
Hacia 2014, acompañamos a María Corina Machado y a Carlos Berrizbeitia, en una visita a todas luces riesgosa al SEFAR, en La Yaguara. Por entonces, constatamos la fecha de vencimiento de los medicamentos cubanos a distribuir hasta donde pudimos, ya presentes los tristemente célebres colectivos armados o círculos bolivarianos.
Por lo demás, en el siglo XX exhibimos importantes triunfos en materia de salud que este socialismo ha demolido en el XXI, sin pestañar, retrotrayéndonos a etapas que ya habíamos superado. Estamos obligados a reiterarlo, porque la publicidad y la propaganda oficialista desean, por siempre, confundirnos.
Acotemos, antes fue una constante la discusión pública de la situación del sector de la salud, añadida la industria de las medicinas, ahora impedida. Por azar, encontramos un artículo de Aníbal Mestre Fuenmayor que versa sobre la elaboración técnica del Registro y Revisión de las Especialidades Farmacéuticas en Venezuela (El Nacional, Caracas, 17/11/58); o, sin firma, un reportaje de título decidor de un medio de la ultraizquierda, "El“negocio de las medicinas” (Reventón, Caracas, nr. 13 del 01//11/1971), que desautoriza moralmente a sus herederos, hoy en el poder, convertidos en campeones del desastre.
16/07/2018:
http://www.noticierodigital.com/2018/07/luis-barragan-campeones-del-desastre/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=104232
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domingo, 15 de julio de 2018
sábado, 9 de junio de 2018
CONEXIONES
EL UNIVERSAL, Caracas, 9 de junio de 2018Investigación clínica nacional
Rafael Rangel Aldao
La actividad creativa de nuestros médicos tiene su grado de resiliencia ante la crisis histórica de todos los estamentos del conocimiento nacional. Así lo demuestra una revisión de la base de datos de la Biblioteca Nacional de Medicina, PubMed, del Instituto Nacional de Salud (NIH) de Estados Unidos (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed). En los últimos cinco años (2013-2017) aparecen allí 23 artículos de investigación bajo el criterio de búsqueda, “Ensayos clínicos” en “humanos” y el nombre de Venezuela en la afiliación de al menos uno, de la multiplicidad de autores responsables de esos trabajos de investigación.
La búsqueda arroja resultados por demás interesantes cuando se mira en su conjunto. Por ejemplo, se nota que tanto instituciones públicas como privadas originan o participan en las investigaciones, con cifras de 75% y 25%, respectivamente. De las primeras destacan el Banco Municipal de Sangre, el Hospital Domingo Luciani, Hospital J. M. de los Ríos, el Hospital de Lídice, Hospital Clínico de Maracaibo, la UCV, el IVIC, LUZ, y la UDO; mientras que de las privadas sobresalen el Hospital de Clínicas Caracas, el Centro Médico de Caracas, el Centro Médico Docente La Trinidad, el Instituto Médico La Floresta y el Instituto de Clínicas Urología Tamanaco.
Conexiones a prestigiosas
Otro dato de interés es que el 77% de los artículos corresponden a revistas de impacto, con grandes grupos de trabajo (como es común ahora) de alcance global, en los que el país participa a través de importantes conexiones a prestigiosas instituciones públicas (hospitales, universidades y fundaciones) y privadas (farmacéuticas/biotecnológicas) de Estados Unidos, Israel, Alemania, España, Dinamarca, Suecia, Arabia Saudita, Brasil, Chile, Colombia, Uruguay, Paraguay, Costa Rica, India, China y Japón.
Esas conexiones serán importantes para el futuro, así como la participación de empresas privadas en las publicaciones de las mejores revistas médicas del mundo.
Fuente:
http://www.eluniversal.com/el-universal/11488/investigacion-clinica-nacional
Gráfica, tomada de la red: Pinza para tubo de ensayo.
viernes, 11 de marzo de 2016
SISTEMA POLÍTICO Y SALUD
Medicina en revolución
Nicomedes Febes
* como este encaratado tiempo político sigue su curso aguas contaminadas abajo, hablemos de cosas más importantes. Por ejemplo, antier me encontré con un excelente alumno de la Facultad de Medicina que hoy es un destacado profesor de la facultad, se trata de Roberto Ochoa, quien es brillante internista en el Hospital Universitario y en el Hospital de Clínicas Caracas. Roberto me contaba de las vicisitudes que están sufriendo en el Universitario y eso me recordó mis propias vivencias en el complejo mundo académico y laboral de un hospital. Parto del supuesto de las bondades de mi enseñanza como alumno de mis respetados maestros para quien “un hospital es un cuartel”, para indicar la importancia de los valores de la disciplina y la jerarquía dentro de una institución hospitalaria y todas las facetas de ese mundo. Nuestros hospitales eran mejores cuando esa disciplina y jerarquía eran sacro santas. Luego vinieron los profesores y médicos socialistas, unos del mundo subversivo y otros del mundo demagógico democrático que empezaron a hacer populismo con los empleados y obreros. Hubo un tiempo cuando algunos profesores se rasgaban las vestiduras para pedir el derecho a voto paritario de los empleados universitarios para la elección de las autoridades académicas a partir de la idea que eran miembros de la comunidad universitaria. Todo era para tratar de imponer, mediante los votos, a rectores de izquierda a través de ese fraude intelectual. Por supuesto, me enfrenté a esa infamia porque era como argumentar que dentro de una familia, la empleada doméstica podía opinar y decidir sobre la manera de llevar la vida familiar y educar a los hijos. Como por algún extraño destino me ha tocado siempre vivir vidas paralelas, por otro lado presencié negociaciones con sindicatos obreros de la salud. Necesité mucho estómago para soportar como la dirigencia sindical negociaba, por no decir que chantajeaba, mediante privilegios personales la aceptación de normas indispensables para el buen funcionamiento del hospital y eso fue irritante, como por ejemplo: “te permito que metas a las queridas de tres dirigentes como enfermeras del hospital antes de que se formen como tales y pagar por la educación de ellas, mientras están en comisión con goce de sueldo”. Esa negociación permitía que se abrieran servicios necesarios para el hospital y no hubiese huelgas más adelante o sabotaje a los equipos para la atención médica o desaparición de los mismos. Así puedo echar muchos cuentos que me alejaron de la dirección obligada del mundo asistencial, incluso vivir eventos como el suicidio de mi asistente de confianza, un hombre decente que cayó así por haber aceptado irregularidades administrativas por el amor de una mujer al servicio del sindicato. Mientras aquí el sistema político permita a los sindicatos dirigir el reclutamiento y selección del personal, nuestros hospitales nunca mejorarán. Tampoco los médicos podemos ser una casta intocable ni puede aceptarse las solidaridades automáticas a ningún nivel, ni aceptarse los privilegios que gozan estamentos por encima de la plena competencia por los cargos a concurso, cosa que persiste en el mundo académico y que es propia del mundo medioeval. Lo de ahora es más grave, porque la sevicia del régimen contra el conocimiento ha puesto cabeza abajo la dirección del mundo sanitario asistencial y gente como José España, el anterior director del Hospital Universitario, un viejo amigo chavista de izquierda y de quien he denostado en estas columnas, tuvo que renunciar a la dirección del hospital por no poder enfrentar el poder sindical de allí. Por eso el Universitario está como está. Les garantizo: no es lo mismo ver los toros desde la barrera que estar en la arena, frente a los pitones del toro. Se los digo yo, que he toreado en algunas de las siete plazas. Pero en ninguna parte de este país hay tanta reserva moral como en el mundo de los médicos.
Fuente: https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10208199662050010
Nicomedes Febes
* como este encaratado tiempo político sigue su curso aguas contaminadas abajo, hablemos de cosas más importantes. Por ejemplo, antier me encontré con un excelente alumno de la Facultad de Medicina que hoy es un destacado profesor de la facultad, se trata de Roberto Ochoa, quien es brillante internista en el Hospital Universitario y en el Hospital de Clínicas Caracas. Roberto me contaba de las vicisitudes que están sufriendo en el Universitario y eso me recordó mis propias vivencias en el complejo mundo académico y laboral de un hospital. Parto del supuesto de las bondades de mi enseñanza como alumno de mis respetados maestros para quien “un hospital es un cuartel”, para indicar la importancia de los valores de la disciplina y la jerarquía dentro de una institución hospitalaria y todas las facetas de ese mundo. Nuestros hospitales eran mejores cuando esa disciplina y jerarquía eran sacro santas. Luego vinieron los profesores y médicos socialistas, unos del mundo subversivo y otros del mundo demagógico democrático que empezaron a hacer populismo con los empleados y obreros. Hubo un tiempo cuando algunos profesores se rasgaban las vestiduras para pedir el derecho a voto paritario de los empleados universitarios para la elección de las autoridades académicas a partir de la idea que eran miembros de la comunidad universitaria. Todo era para tratar de imponer, mediante los votos, a rectores de izquierda a través de ese fraude intelectual. Por supuesto, me enfrenté a esa infamia porque era como argumentar que dentro de una familia, la empleada doméstica podía opinar y decidir sobre la manera de llevar la vida familiar y educar a los hijos. Como por algún extraño destino me ha tocado siempre vivir vidas paralelas, por otro lado presencié negociaciones con sindicatos obreros de la salud. Necesité mucho estómago para soportar como la dirigencia sindical negociaba, por no decir que chantajeaba, mediante privilegios personales la aceptación de normas indispensables para el buen funcionamiento del hospital y eso fue irritante, como por ejemplo: “te permito que metas a las queridas de tres dirigentes como enfermeras del hospital antes de que se formen como tales y pagar por la educación de ellas, mientras están en comisión con goce de sueldo”. Esa negociación permitía que se abrieran servicios necesarios para el hospital y no hubiese huelgas más adelante o sabotaje a los equipos para la atención médica o desaparición de los mismos. Así puedo echar muchos cuentos que me alejaron de la dirección obligada del mundo asistencial, incluso vivir eventos como el suicidio de mi asistente de confianza, un hombre decente que cayó así por haber aceptado irregularidades administrativas por el amor de una mujer al servicio del sindicato. Mientras aquí el sistema político permita a los sindicatos dirigir el reclutamiento y selección del personal, nuestros hospitales nunca mejorarán. Tampoco los médicos podemos ser una casta intocable ni puede aceptarse las solidaridades automáticas a ningún nivel, ni aceptarse los privilegios que gozan estamentos por encima de la plena competencia por los cargos a concurso, cosa que persiste en el mundo académico y que es propia del mundo medioeval. Lo de ahora es más grave, porque la sevicia del régimen contra el conocimiento ha puesto cabeza abajo la dirección del mundo sanitario asistencial y gente como José España, el anterior director del Hospital Universitario, un viejo amigo chavista de izquierda y de quien he denostado en estas columnas, tuvo que renunciar a la dirección del hospital por no poder enfrentar el poder sindical de allí. Por eso el Universitario está como está. Les garantizo: no es lo mismo ver los toros desde la barrera que estar en la arena, frente a los pitones del toro. Se los digo yo, que he toreado en algunas de las siete plazas. Pero en ninguna parte de este país hay tanta reserva moral como en el mundo de los médicos.
Fuente: https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10208199662050010
miércoles, 26 de agosto de 2015
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