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lunes, 20 de abril de 2020

CUANDO LA TINTA ESTÁ CARGADA

EL NACIONAL, Caracas, 30/06/1985
Juan Carlos Santaella, Escribir, Literatura, Emoción, Roland Barthes, Lectura, Escritor, Especialidad.

domingo, 19 de abril de 2020

NOTICIERO RETROSPECTIVO

-  Juan Carlos Santaella. "El soñador de palabras" (Gastón Bachelard). El Nacional, Caracas, 29/01/1984. Papel Literario.
- Juan Nuño. "Las amenazas de los gramáticos". El Nacional,  28/12/85.
- Antonio Pérez Esclarín. "Marahuaka, ruta sagrada al corazón del mito y del misterio". Resumen, Caracas, nr. 118 del 08/02/76.
- Daniel Salas. "Bajo cifrado: Música y nacionalismo". El Nacional, 19/01/89.

Reproducción: Fotografía de Rafael Mármol para un reportaje de Alfredo Schael. El Universal, Caracas, 26/4/1967.

miércoles, 16 de julio de 2014

EN LOS ALBORES DE ESTE PEO

EL NACIONAL - MARTES 19 DE SEPTIEMBRE DE 2000
"La paja insolvente...
Meyer Vaisman

... Del criollo ha hollado el sagrado sueño de una patria". Por los hediondos vientos que soplan, a los extranjeros y nacionalizados, y a sus hijos nacidos en Venezuela, nos llevan por mal camino. Me enteré hace poco menos de un año por bocota de la encargada de pasaportes en nuestro consulado en Nueva York, quien me afirmó que yo no podía ser venezolano si mi apellido era Vaisman. Imposible, dijo.
Y ahora y aquí, como si la fobia expresada hacia otros americanos por Marjorie Vásquez en su texto sobre educación premilitar no nos fue suficiente, de pronto contamos con la venia de un grupo de sujetos organizados bajo el nombre de Frente Simón Bolívar que proponen someter a los venezolanos de origen europeo (en específico, a españoles, portugueses e italianos) y sus respectivas proles, a la confiscación de bienes, congelación de cuentas bancarias, y a juicios populares. Me pregunto si Pompis Simón Bolívar no sería un nombre más ajustado a la madurez intelectual de dicha junta.
Hay más, un ex guerrillero, secuestrador y líder de encapuchados en la UCV, es un asesor importante del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes en la elaboración del Proyecto Educativo Nacional. Se llama Carlos Lanz y su gran preocupación es la influencia que ejerce lo extranjero en las mentes de los venezolanos, pero se declara gramsciano, marxista y habermasiano. A aquellos que no sepan de dónde provienen los pensadores que tanto han inspirado a Lanz, en su manera de concebir la sociedad ideal, les aclaro lo siguiente: a Gramsci lo parieron en Onoto. A Marx y a Habermas en Guayabal. Eran o son danzarines de joropo, maestros del dominó, catadores de guarapita y-una-sola-joda-.
Pero cuanto más notable el mensajero, más inconsistente el mensaje. No termina el presidente Chávez de deletrearle a los Estados Unidos "!y al mundooo enterooo!" la palabra S-O-B-E-R-A-N-ê-A cuando, de la letrina que hallamos al final del arcoiris de la V República sobresalen algunos de sus mas notables asesores: Norberto Ceresole (torturador argentino), Fidel Castro (dictador cubano), Saddam Hussein (imperialista iraquí)y Muammar Gadafi (fashion victim libio), quienes le imparten, a su aprendiz favorito, lecciones de cómo es que se bate el sable -hay azotes de barrio, mas también los hay de mundo.
Pero estas peligrosas tonterías no son exclusivas del régimen en curso. Recuerdo una entrevista televisada con el presidente del INCE durante el gobierno de Caldera. El tercio afirmaba que "Venezuela era un país muy bello"...zzzzz... "que había que capacitar a jóvenes como guías turísticos" ...zzzzzz... "pero que estos jóvenes tendrían que ser ve-ne-zo-la-nos"...zzzzzzzz... "porque un extranjero no podía conocer este hermoso país"...zzzzzzzzz... "tan bien como lo conoce un criollo" ... Entre bostezo y bostezo y bostezo pensé en von Humboldt, Bonpland y Pittier... hijos célebres de Cagua, Tacagua y Tacarigua -respectivamente.
Estos xenófobos de oficio (también los hay de hobby) redactan sus odiosas diatribas en máquinas de escribir Olympus o en computadoras IBM, magnifican el volumen de su racismo utilizando altoparlantes Altec, reproducen sus panfletos incendiarios en fotocopiadoras Cannon y pare usted de contar. Claro que no todo es en pro de la revolución. También tienen tiempo para degustar un cafecito proveniente de una Gaggia. (El café pareciera ser de rigueur para la gente de zurda. Digo de "zurda" porque de izquierda fueron mis tíos Boris, Berl y José.
De hacerse realidad la voluntad de Lanz, Vásquez y asociados, en Venezuela se leería, cantaría, vestiría, escucharía, escribiría y pensaría sólo arepa.


EL NACIONAL - DOMINGO 12 DE MARZO DE 2000 / LECTORES
Nuevas firmas
Con mi arte tengo
Meyer Vaisman *

¡Tenemos viceministro! -se alegrarán aquellos que rogaron de previos gobiernos un director del Conac que pudiese sentarse entre el ministro de Defensa y el de Cordiplan, a tutearse "¿ïtalavaina campión?" entre partidas y cafecitos. El ni tan nuevo funcionario se llama Manuel Espinoza, pinta y, según su curriculum vitae, luchó contra la previa dictadura (quien no le crea, que le pregunte a un adeco cualquiera).
Pero no sólo eso es novedad en el régimen cínico-militar de Chávez. La cultura ahora tiene rango constitucional. Y así como finalmente puedo dormir tranquilo a sabiendas de que Venezuela es una república bolivariana, así sé que quien quiera ser un artista de renombre tendrá que dedicarse a pintar paisajes de los llanos, o a tocar furruco. Eso lo explica el artículo 100 de la nueva carta blanca, a quien pueda interesar.
En más de un aspecto coinciden los dos hombres fuertes. Ambos se contradicen brutalmente. En una entrevista en este diario, Espinoza explicó que el Conac será reestructurado, palabras después dijo que era partidario de hacerlo desaparecer.
Asimismo, los dos reúnen las cualidades que más desprecio de mi especie: la cursilería y la violencia, pero mientras la violencia de Chávez es frontal y en hora pico, la de Espinoza es por la espalda y de madrugada.
Como a Chávez, a Espinoza se le teme. Se le conoce como el presunto autor intelectual de cuanta cochinada ocurre en las artes plásticas, desde campañas de desinformación hasta la censura de otros artistas. Pero así como no deja huellas de talento alguno en su obra, tampoco las deja cuando comete sus fechorías.
Espinoza es ejemplar, en un país de renombrados oportunistas, en haber logrado exprimir cargos de adecos, copeyanos, convergentes y ahora de chavistas. En noviembre del año pasado, en un excelente artículo, Sergio Dahbar lo reveló como asesor del Museo Carlos Andrés Pérez. Hoy es viceministro de Chávez.
De su obra artística sólo puedo resumir que es insensible en su ejecución, vacua de contenido y tercamente convencional en su plasticidad. Virgilio Trompiz sin musa.
Habla de la necesidad de educar, pero su trasfondo es el adoctrinamiento. Se dice que quien no sabe hacer enseña, y quien no sabe enseñar, instruye Educación Física. Espinoza derrochará físico cuando declara que, en sus manos, "El panorama cultural cambiará completamente", basado en su creencia -errada y peligrosa- de que el Estado puede definir lo que hacen los artistas con decretos de ingeniería social. Así pensaron los fachas del siglo pasado que abogaban por un arte que exaltara su "revolución social", mientras pisoteaban brutalmente a los artistas de vanguardia.
Yo no, funcionario. Yo, con mi arte tengo.
* Artista plástico

EL NACIONAL - MARTES 29 DE AGOSTO DE 2000 / OPINION
Iván y Boris y Yosman y Douglanson y Fernando y Manuel, y así
Meyer Vaisman

Iván y Boris eran vecinos. El primero trabajaba y poseía tres vacas, dos chivas y una docena de gallinas mientras que Boris contaba con poco: una envidia mohosa por las tenencias de Iván, y un colchón de paja que solo abandonaba cuando le era biológicamente necesario. Pasaron los años cuando, durante un luminoso día, se la apareció a Boris su ángel guardián quien le susurró en el oído: "Os he estado observando desde hace mucho tiempo y he decidido otorgar vuestro deseo". A lo cual Boris, arqueando una ceja y sonriendo levemente, respondió: "¿Le vas a matar los animales a Iván?".
El relato que inaugura este articulo fue muy popular en la difunta Unión Soviética pero su contenido no es exclusivo ni de allá ni de entonces. En Venezuela podríamos echar el mismo cuento hoy sin necesidad de buscar muchas variables. Suficiente sería un cambio de reparto estelar: Yosman no buscaba estar mejor, o por lo menos igual que Douglanson. ¡No! Fernando buscaba que Manuel estuviese tan mal como él. Y así.
Venezuela no es ejemplar en haberse suscrito al principio de la igualdad entre los humanos, pero sí puede ser el único país en donde reside una suficientemente abultada masa de bolsas y futuros próceres que se comen, y dan de comer el cuento, como si fuesen chinos. Otras naciones, y en especial aquellas que han resuelto para sus respectivas ciudadanías los problemas de seguridad social, educación, empleo y salud, bien conocen que la clave del éxito está en aceptar que hay ciudadanos que son mas iguales que otros.
Yo, por ejemplo, no tengo problema alguno en aceptar que soy mas igual que otros. Después de todo, soy más inteligente que Mateo, mas divertido que El Zurdo y más guapo que Samuel, como también acepto que soy mas depresivo que Yuribiksaida, mucho mas impaciente que Yelitza y definitivamente menos baboso que Ibsen.
Un comunista de tal explicaría con contundencia que yo no me desarrollé bajo iguales condiciones que alguien de mi edad que nació en Los Erasos, por no irnos muy lejos. Y hay mucho de cierto en esa afirmación -yo fui bien alimentado y educado. Pero el mismo argumento puede ser usado en el caso de mis viejos, quienes llegaron a Venezuela en 1952 -un país desconocido para ellos- sin hablar una palabra de castellano, pobres como el que mas, con dos hijos pequeños y con una educación que les fue truncada demasiado tempranamente por las persecuciones de las que fueron sujeto antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez en Venezuela, ellos tampoco se desarrollaron bajo las mismas condiciones que una pareja criolla en 1952, de breve educación, con dos hijos pequeños, pobres como el que más, pero en su propio país, hablando su lengua natal y sin haber sido víctimas de persecuciones ni de una guerra, sin embargo trabajaron como Iván y se aseguraron que yo y mis hermanos pudiésemos desarrollarnos en mejores condiciones que alguien que nació en Los Erasos, por quedarnos en la parroquia.
Yo quisiera dedicarle este articulo a mi recién fallecido padre de quien aprendí algo mas de lo que me ensenó. Me contaba con frecuencia que mientras estaba en efecto el plan de emergencia de Wolfgang Larrazábal sus vecinos lo tildaban de pendejo por no ir a obtener gratuitamente lo que él pensaba que solo debería obtenerse trabajando. Nunca jugó la lotería, ni hubiese arriesgado el futuro de su familia -o el de su patria adoptiva- jugando Kino.

EL NACIONAL - DOMINGO 19 DE SEPTIEMBRE DE 1999 / LECTORES
Nuevas firmas
De re-nombre
Meyer Vaisman *

Comúnmente pensamos que la vía cumple la única función de posibilitar nuestro traslado de un sitio a otro; sin embargo, una de sus más importantes características es la de estimular el intercambio de ideas, gestos, actitudes de vida, gustos musicales, y hasta de olores. En otras palabras, desde que don Henry Ford inventó el Modelo T, la calle se ha convertido en uno de los principales lugares de socialización humana.
Basta observar la manera de conducir en cada país para conocer lo más intrínseco de su gentilicio. Los alemanes son agresivos pero muy precisos, y así conducen. Los italianos lo hacen operáticamente, los brasileños livianamente, y los gringos -pues- literalmente. Los británicos y los japoneses, porque son isleños, y eso los hace defender sus diferencias a toda costa, conducen en sentido opuesto al de nosotros los continentales. En Venezuela también tenemos un estilo, y no hay mejor lugar en donde poder observar una de nuestras más notables características: el patriotismo. Es por eso que nuestros viriles próceres tienen, cada uno, su vía conmemorativa -la Bolívar, la Sucre, la Páez y la Urdaneta. Es por eso que también, hace pocos años, evidenciamos la más dorada demostración de efervescente nacionalismo cuando compatriotas pegaron, al lado de la calcomanía del oso orinando, una del pabellón tricolor. "Gloria al bravo pueblo que mucho meó", parecía explicar la yuxtaposición.
Y como todo está cambiando, y como es el deseo de nuestro Presidente que le permutemos el nombre al país, y que intercambiemos un descriptivo "niños de la calle" por un utópico "niños de la patria", y un plural Fuerzas Armadas Nacionales por su versión singular pero enriquecida en vitaminas y minerales; yo propongo que sigamos el ejemplo que Barinas dio, y que renombremos la guerrilla, ya que hasta ella está siendo transfigurada. Pronto veremos su metamorfosis de narco-armada a gobierno representativo, Chávez mediante. En ese mismo espíritu sería igualmente justo que dejemos de mentar a Carlos Ilich Ramírez "El Chacal", y lo bauticemos "El Perro". (Por su nobleza y fidelidad, digo).
Entonces, desde hoy el hombrillo será denominado el "canal patriótico". Comerse la luz de un semáforo será conocido como "avanzada bolivariana". Atravesarse a otro motorista como "embestida lateral zamorana". Botar basura como "decoración epónima espontánea". Pararse en medio de la calle como "ocupación marcial". Tocar la bocina en las inmediaciones de un hospital como "eufonía resucitadora" -o en su versión más informal como "cornetazo levanta muertos".
Insultar a otros motoristas como "declamaciones heroicas a la madre". Ir en contra flecha como "derecho a la rebelión direccional". Una tranca como "aglomeración epopéyica". La polución extrema por falta de mantenimiento como "cortina de humo estratégica". El brazo izquierdo guindando o gesticulando incontrolablemente, como "libertad de expresión en reposo" o "activada" -según el caso; y por último, la vuelta en "u" en sitios indebidos como "vuelvan caras".
Quien respete las leyes de tránsito (o cualquier otra) seguirá siendo tildado de "pendejo", "guevón" o "pajúo", dependiendo del grado de transgresión al orden establecido por el soberano.
* Artista plástico

EL NACIONAL - VIERNES 9 DE JULIO DE 1999
Crítica de la opinión pública
Juan Carlos Santaella

Me han llamado profundamente la atención los juicios expresados por algunos lectores referidos a un polémico artículo del artista plástico Meyer Vaisman, publicado en estas mismas páginas, cuyo contenido movió las iras y los desacuerdos de un específico sector de la sociedad civil. El Ombudsman, en la edición del sábado tres de julio, reprodujo algunas de las cartas llegadas a la redacción, en las cuales se expresa el enojo por el "difamante" contenido del texto de Vaisman. La oportunidad luce, en este sentido, apropiada para discutir en torno al carácter de las opiniones y su inmediato efecto en el ánimo de los lectores. Como bien ha quedado expresado en la aclaratoria hecha por Elías Santana, todo diario debe darle cabida a las distintas opiniones y puntos de vista que se generen con respecto a disímiles materias. Sean éstas de origen religioso, político, económico o cultural, el objetivo de un buen medio de comunicación es crear un espacio de discusiones para intentar mover ciertas matrices de opinión. Es un juego perfectamente legítimo y saludable que redunda en beneficio de la participación democrática.
El desarrollo de la opinión pública en los espacios que ofrecen los medios de comunicación es una conquista importante en el orden de los criterios, la pluralidad, la tolerancia y, por supuesto, el libre diálogo que el "medio" permite en una sociedad deseosa de nutrirse de miradas múltiples en torno a muchos temas de actualidad. En el caso del artículo tan duramente cuestionado por ciertos lectores mancillados en su honor, las respuestas al mismo me parecen, con mucho, exageradas y llenas de una peligrosa inclinación a buscar castigo por la vía de la censura, el "perdón", la retracción del periódico y otras ligerezas que no se pueden aplicar bajo ningún modo. En las misivas expuestas por los lectores agraviados, se encuentran palabras como "tristeza", "vergonzoso", "difamando", "desagrado", "desprecio", "irreverencia", "esperpento" y hasta una frase que, en realidad, no sé si llamarla absurda: "sentido del pudor intelectual religioso ajeno". Vaya, pues. Frase, por lo demás, tendenciosa en grado superlativo y que da, sin menoscabo alguno, muestras fehacientes del grado de tozudez y conservadurismo extremo por parte de quien la utilizó.
Es la primera vez -salvo uno que otro caso del pasado- que observo una reacción tan virulenta a un artículo de opinión que sólo tuvo la virtud de hacer uso de cierto coraje para manifestar, según el criterio de su autor, lo que él consideraba pertinente al respecto. Y en esto quiero ser enfático al defender el derecho a ejercer una opinión en los términos que su autor considere oportunos. Opinar no es más que un inteligente y circunstancial ejercicio del criterio. El cómo se ejerce este criterio y de qué formas se explicita en el espacio de la página, es un tópico que compete a ambas partes, es decir, tanto al autor como al medio que le ha dado cabida a la opinión. Otro aspecto que demandaron algunos lectores causa verdadero estupor. Se le pide al periódico, por ejemplo, que "censure" aquellos artículos que puedan ir a contracorriente de una específica idea. Esto, en rigor, va en contra de la libertad de expresión y resultaría contraproducente que un diario le aplique a sus colaboradores o redactores lo que más ha defendido siempre. Para ello existe la réplica y ahora esta estupenda modalidad del Ombudsman, la cual permite una retroalimentación entre lectores e información. Es bueno recordar que no son muchos los medios impresos que aceptan esta cordial práctica. Por lo general, la "opinión" de los lectores no es tomada en cuenta, sintiéndose los mismos indefensos a la hora de rebatir -como en este insólito caso- cualquier diferencia de conceptos.
Mucho más insólito aún, es la amenaza de una persona perteneciente a un vicariato, la cual ha conminado a sus feligreses a no adquirir más el periódico. Esta desconcertante represalia únicamente se insinúa en círculos sociales dominados por un profundo sectarismo. Recuerdo un tanto la actitud fanática de ciertas organizaciones religiosas o políticas. Por lo demás, el hecho implica una conducta infantil que no tiene cabida en los actuales momentos. Es obvio, a todas éstas, que las protestas por el artículo de Vaisman provienen de la comunidad cristiana y católica. Pero, acaso, nos preguntamos si estos mismos católicos no suelen acudir, muchas veces, a criterios que igual ofenden, persiguen y desacreditan la postura de otros cultos y sectas religiosas. En esto existe un tanto de doble moral y de solapada hipocresía. El tono y los reparos que hemos leído recuerdan, en muchos aspectos, al conservadurismo franquista y a la intolerancia inquisitorial de antiguas épocas. El fantasma de Torquemada parece estar todavía presente. En el siglo XV, Vaisman, de seguro, habría ido a parar a la hoguera.
Email:orosant@cantv.net

sábado, 11 de mayo de 2013

NOTAS SOBRE EL FASCISMO (3)

EL NACIONAL - DOMINGO 31 DE OCTUBRE DE 1999 / DEPORTES
Fascismo en las gradas
Juan Carlos Santaella

Cuando muchos ya habían olvidado las atrocidades y los crímenes cometidos por las huestes hitlerianas con su macabro saldo de millones de muertos en toda Europa, pareciera que dicho fenómeno vuelve a resurgir, encubierto ahora bajo diversos ropajes ideológicos. El visible ascenso del fascismo, ocupa buena parte de la atención pública en muchos lugares del mundo y sus efectos devastadores alcanzan verdaderos niveles de repugnancia, al tiempo que las autoridades parecen estar indefensas ante el renacimiento de lo que se denomina la escalada "neo nazista".
La aparición de las bandas neo nazis en Europa y también en América, se remonta a unos cuantos años atrás. Cada vez con mayor empuje, su violenta presencia en ámbitos como la política, la música rock, el esoterismo de la "nueva era" y otros ámbitos de la cultura de masas, expresa elevados grados de aceptación principalmente circunscritos en los medios juveniles.
Este revitalizado fantasma que recorre al mundo, haciendo profundos alardes de destrucción, segregacionismo, racismo, xenofobia y un gran odio hacia lo "extranjero", apela hoy a todos los símbolos, a todo el arsenal ideológico y a toda la iconografía que, en su tiempo, desplegó, con las consecuencias ya probadas, el nacional socialismo alemán, junto a las muecas grotescas del fascismo italiano y, por supuesto, la estupidización al que fue sometido el pueblo español bajo el estandarte obsceno del falangismo franquista. La ideología fascista no ha muerto. Ella continúa activa y es culpable, en los actuales momentos, de desaforadas y criminales conductas, de cuyo macabro esquema los partes policiales reportan asesinatos, golpizas, violaciones y ofensas a la dignidad humana.
Nuevos tiempos oscuros se aproximan con el surgimiento de facciones políticas y sociedades secretas, amparadas sobre la base de criterios ideológicos que huelen a sangre y al más puro desprecio racial. Sólo en Europa, la organización "S.O.S. racismo" reporta, anualmente, miles de casos en los cuales se han violado los derechos humanos. En Estados Unidos y en América Latina, la explosión de estos grupos neo nazis tiene una presencia y una capacidad de respuesta ideológica similar a la de sus pares alemanes, franceses y españoles. De modo, pues, que estamos en presencia de un fenómeno casi indetenible y de efectos desconocidos en el espíritu de las actuales sociedades.
Al fútbol le gusta jugar a los nazis
Los sociólogos y todos aquellos que suelen estudiar el comportamiento humano a partir de los rasgos inmediatos que se producen en cualquier contexto social, no alcanzan a comprender todavía la fuerza ideológica desplegada en los escenarios multitudinarios del espectáculo futbolístico. Si quisiéramos trazar un perfil deportivo amplio y heterogéneo, hallaríamos en el fútbol una extraña excepción con respecto al comportamiento de sus fanáticos, jugadores e hinchas. El fútbol, por encima de cualquier deporte, es la única disciplina que ha logrado ideologizar al máximo sus prácticas en el propio campo de juego. Hablar de fútbol es referirse, por otros medios, a las pasiones políticas, a los odios raciales y a las pugnas fratricidas entre equipos que comparten algo más que el interés por ganar un campeonato.
Lo político y lo ideológico transformaron al fútbol en un verdadero campo de batalla, cuyas manifestaciones pueden ser vistas, durante cada juego, en la conducta atroz que expresan ciertos grupos delirantes y violentos. El fútbol como sutil metáfora de la política, ha ido más allá de lo posible, ha traspasado las fronteras racionales del juego en cuestión, para proponer una tribuna sustentada en diabólicos odios raciales y en inmorales propagandas de corte netamente fascista. En este aspecto, habría que referirse, en estricto sentido, a una especie de transmutación simbólica de dicho deporte, en el cual anidan y prosperan actitudes que tienen un objetivo claro. Un partido de fútbol no es sólo un partido de fútbol. Es la puesta en escena de dramáticas y odiosas posturas ideológicas nacidas al calor de una competencia y al abrigo de un específico club. Detrás de los colores de una camiseta se revelan otros símbolos, se expresan otros lenguajes y convergen conductas deplorables. La iconografía contemporánea del fútbol apela a la cruz gamada y a otros pertrechos célticos; banderines con raras inscripciones haciendo clara alusión a los odios raciales y al desprecio por las minorías, casi todos inmigrantes africanos y "sudacas".
Skinheads, Ultraboys, Ultra Sur, Hoolingans y Tifosi
Los "Skinheads", conocidos popularmente como "cabezas rapadas", configuran la imagen más fidedigna del militante neo nazi. En Europa suelen ocupar el "fondo sur" de los estadios y, desde allí, arremeten contra los hinchas del equipo contrario. Pero su radio de acción no se detiene ahí. Salvajes, groseros y muy violentos, no escatiman en dar fieras palizas a quienes ellos consideran "negros", asiáticos, árabes o latinoamericanos.
El prontuario policial de estas bandas nazis es terrorífico. Después de los partidos de fútbol destrozan todo lo que a su paso se les atraviesa, no quedando ningún ser vivo alrededor. También al lado de los "skinheads" conviven, en el mundillo del fútbol o en sus bajos fondos, las famosas y tristemente célebres "peñas" futbolísticas. En España, concretamente, las "peñas" cumplen un papel aterrador intimidando, con todos los medios, a los seguidores de los equipos contrarios.
Una peña futbolística es el brazo armado del equipo en cuestión. Así ocurre, por ejemplo, con las peñas que pertenecen al Real Madrid, al Barsa, las Brigadas Blanquiazules del Espanyol, las del Real Oviedo, el Atlethic de Bilbao, las Juventudes Verdiblancas del Rácing de Santander, Biris del Sevilla, Peña Catali del Albacete Balompié, Riazor Blues del Deportivo de La Coruña y así sucesivamente.
Según Mariano Sánchez Soler, autor de un importante y reciente libro titulado Descenso a los fascismos, los miembros que integran estas agresivas peñas provienen de barrios marginales, desempleados y toda clase de resentidos sociales. Ellos son, literalmente, unos cazadores. Van en busca del adversario, lo acosan, le destrozan la cara y lo insultan hasta el cansancio. Algunos de sus lemas son: "La caza del seguidor del equipo contrario, del visitante, se practica antes y después del partido" o "es nuestro enemigo todo aquel que no apoya incondicionalmente al Real Madrid, incluso los viejos, a los que insultamos y nos enfrentamos. Llevamos navajas para defendernos de los que nos atacan".
Todos ellos tienen en común el hecho, bien claro, de auspiciar actitudes neonazis y racistas de todo orden, despreciando, con el pretexto deportivo, lo que es distinto a la condición europea. Su odio racial ha quedado documentado en artículos como los que publica la revista Ultras Sur, donde se puede leer lo siguiente: "Es realmente triste cómo este equipo (el Barca) se ha convertido en una auténtica tribu de mandingas, compuesta en su mayoría por jugadores que no han nacido en nuestro país". Agregan luego que "lo que está sucediendo en el fútbol es un reflejo de lo que tarde o temprano sucederá en otros ámbitos de nuestra sociedad, que si no se pone remedio, se verá invadida por una legión de extranjeros, que lo único que conseguirán es que España pierda su identidad y muchos españoles pierdan su puesto de trabajo".
¡Fascistas de todos los partidos: uníos!
De todos los países de Europa, España parece haber desarrollado la mayor conducta neonazista y, en consecuencia, los resultados se observan hoy a la luz de las posturas ideológicas manipuladas a través del fútbol. El odio racial, la xenofobia llevada a sus últimos extremos, la violencia callejera, la desesperación y el fracaso individual estructuran un caldo de cultivo peligroso en el cual se buscan salidas desesperadas a la inconformidad. Un fascismo "revisitado", un culto inaudito a los símbolos que otrora fueron santo y seña de las bandas armadas de Hitler y grupos económicos que apoyan con grandes sumas los desafueros de las cabezas rapadas, nos hace pensar en el advenimiento de tiempos oscuros, radicales e intolerantes.
¿Cuál será el destino del mundo si llegasen a prosperar, otra vez, los implacables fundamentos de la ideología nazi? ¿Por qué el fútbol concentra e irradia todos estos odios? ¿Se convertirá este deporte en una vergonzosa estrategia política, dejando a un lado los principios rectores que animan su espíritu?
Es obvio que el nuevo fascismo difiere del viejo fascismo hitleriano, pues son nuevas las circunstancias históricas que alientan al mismo. Hay, por supuesto, razones políticas, económicas y existenciales que pudieran estar incidiendo en el florecimiento de un fascismo de cara al próximo siglo. Por lo pronto, allí están sus expresiones mejor acabadas: en el fútbol, en la música, en el culto que manejan algunas sectas religiosas y en otros espacios de la vida pública.
Imagen: Brian Oldham.

sábado, 12 de febrero de 2011

varias veces marta sosa (dos)


EL NACIONAL - JUEVES 14 DE SEPTIEMBRE DE 2000 / OPINION
Los extravíos de la libertad
Juan Carlos Santaella

No considero necesario que se deban producir las condiciones históricas de una revolución, para intentar actualizar el papel de los intelectuales en cuanto seres capaces de insertarse en un proceso que exija su natural y crítica participación social dentro de él. Más allá de las formas de gobierno que un país elija y más allá de las coyunturas ideológicas que un determinado cambio genere en el ámbito de las estructuras políticas, el trabajo intelectual debe sostenerse, nutrirse y examinarse para, en consecuencia, alcanzar un digno espacio creador.

Creo, sin duda, que en la medida en que podamos generar un inteligente "espacio intelectual" cargado, a su vez, de profundas resonancias éticas, en ese mismo momento el oficio de pensar podrá sostenerse de una manera libre y autónoma.

Parte del arrojo intelectual implica, a la hora de proponer ciertos debates, citar, con nombre y apellido, las opiniones de quienes, legítimamente, tienen puntos de vista contrarios. Por ello me permito hacer referencia a los puntos expresados por el doctor Marta Sosa en un artículo reciente, los cuales, a mi justo parecer, no se corresponden con lo que en más de una oportunidad he querido abordar a propósito del tema de los intelectuales y la actual situación política que enfrenta Venezuela.

Nadie pone en duda que, entre otras misiones que un intelectual tiene, figura la de "prestar sus argumentos" a las demandas de una sociedad. Tal vez Marta Sosa ironice con esta expresión, intentando restarle méritos prácticos. Sin embargo, cuando desglosamos esta idea y la ponemos en su preciso contexto, constatamos que ese "prestar" ideas, conceptos o argumentos a un particular proceso político, no quiere decir, de ningún modo, que la "utilidad" del intelectual se subordine a los rigores y mediatizaciones del poder.

Me parece, por otra parte, que aplicar la vieja y retrógrada acepción cubana que demanda un grado incondicional dentro de la revolución, no tiene, dentro del proceso de cambio que hoy experimenta la nación venezolana, ningún tipo de conexión. Mucho menos se puede utilizar alegremente el concepto de "intelectual orgánico" con el objeto de calificar lo que, desde la perspectiva de Marta Sosa, sería el prototipo de un intelectual vendido, "utilizable" y manipulable por el gobierno de Chávez. Esta posición no es la más coherente que se pueda racionalizar, puesto que uno de los principios sobre los cuales el nuevo régimen funda su razón de ser es, justamente, la tolerancia y la plena libertad de conciencia. De otro modo pienso que estaríamos perdiendo nuestro tiempo con unas disquisiciones que podrían apuntar hacia un soberano fraude en esta materia.

Me parece prudente señalar que los cambios políticos, sociales, económicos y culturales que se pretenden llevar a cabo, comienzan a ocurrir dentro de un clima de máxima libertad. Esta libertad, que tanto pondera Marta Sosa, se inscribe en un orden dentro del cual las libertades civiles y el estado de derecho, constituyen una sólida plataforma sin la cual jamás se produciría la verdadera transformación. Estoy de acuerdo en que el compromiso intelectual sólo es posible en un marco de absoluta libertad y de total incondicionalidad al régimen.

También sostengo que el compromiso político del escritor no rebaja, de ningún modo, el hecho de que él pueda producir magníficas obras de creación. La supuesta "pureza" del intelectual es un mito que ha sido desmontado a lo largo de la historia y ningún pensamiento es, por lo mismo, inocente. Si nos quitamos las máscaras y nos atrevemos a expresar lo que en verdad sentimos, veremos que no existe tal grado de ingenuidad. Aún y sosteniendo posturas conservadoras, siempre habrá un pensamiento que delate sus propias suspicacias y ponga en evidencia opiniones específicas nacidas de una forma de ver los procesos políticos. Toda irreverencia comienza por admitir que es preciso darle un vuelco completo al viejo sistema injusto y oprobioso. Esto es lo intelectualmente honesto. Lo contrario es hacerse cómplice del error.
orosant@cantv.net

EL NACIONAL - JUEVES 28 DE SEPTIEMBRE DE 2000 / OPINION
Servidumbres intelectuales
Juan Carlos Santaella

Es extraño que un prominente intelectual, cuyos servicios retóricos fueron puestos a la orden de un cuestionado ex Presidente de la República, quiera ahora desmontar las iniquidades y perversiones del poder político. Si al caso vamos, las afinidades electivas de muchos intelectuales de renombre, prestaron su pluma y sus ideas para respaldar la ideología socialdemócrata y socialcristiana, sin que ello les haya causado, internamente, serios remordimientos de conciencia. Muy a su pesar, estos escribas de Miraflores se convirtieron no en intelectuales "útiles", sino en perfectos aduladores del poder y muy lúcidos exponentes de lo que, contradictoriamente, Marta Sosa llama intelectuales "utilizados" por aquél.

Que yo recuerde, ni el propio Marta Sosa ni algunos de quienes sirvieron, en forma incondicional, a los gobiernos de Luis Herrera, Carlos Andrés Pérez o Lusinchi, adoptaron la franca posición de "contradecirlos" abiertamente. Jamás se opusieron a los desmanes del poder, a sus abusos bien documentados, a la censura que ejercieron, solapada y vulgarmente, contra medios de comunicación, instituciones privadas y también hacia personas incómodas al régimen. De modo que mal se puede hacer una apología de los excesos del poder político, cuando se ha tenido una actitud sumisa y complaciente con éste en otros momentos; cuando, en suma, le hemos proporcionado inteligencia, rigor, moral y palabras para sostener las mismas bases de ese poder que todo lo corrompe. Los intelectuales que participaron, a guisa de bien pagados asesores, en la conformación de planes estratégicos para la nación y los que asumieron cargos importantes en las pasadas administraciones, no le hablaron nunca en voz alta al poder. Al contrario, este poder los embelesó hasta el punto de que sus voces no fueron más que sutiles murmullos, íntimas complicidades palaciegas de las cuales sacaron un generoso provecho personal. Entonces, a qué cuento viene lo del "temple" y el arrojo intelectual cuando la autonomía del pensamiento ha sido comprada con un alto puesto, una jugosa presidencia o unos viáticos pagados en relucientes dólares.

Marta Sosa, ciertamente, desafina. Pienso que él, en su debido momento, no sólo habló en nombre del poder sino -algo más significativo- le escribió al poder. Y le escribió con franqueza, sin contradecirlo, sin poner en duda su legitimidad, sin meditar en la mala conciencia que ello generaba porque el poder, seguro, aplacaba sus dudas. Dice Marta Sosa en su artículo "Intelectual es quien desafina", publicado en estas mismas páginas, que la "democracia aspira a una sociedad decente y civilizada". ¿Acaso -me interrogo- la democracia representativa que gobernó a Venezuela en los últimos 40 años fue absolutamente decente y civilizada? ¿No se humilló lo bastante al pueblo venezolano gracias a un poder envilecido, tramposo y populista? ¿Dónde estuvo el estado de derecho? ¿En que instante salieron los intelectuales de la democracia "perecista" a cuestionar la matanza del 4 de febrero? ¿Pusieron sus cargos y sus embajadas a la orden? Yo creo que ninguno de los gobiernos de la llamada Cuarta República puede, en justicia, pasar la prueba de la verdadera democracia, ni mucho menos puede superar la prueba de la decencia y la dignidad. Entonces el poder fue arbitrario y los intelectuales que lo respaldaron se hicieron la vista gorda, ocultaron sus desmanes, maquillaron sus vicios y le sirvieron con harta benevolencia. Llegaron a ser tan útiles que se les podía comprar con una beca o un subsidio y a cambio les escribían los discursos a los presidentes de turno.

Las moradas del poder suelen estar habitadas por sesgados intelectuales proveedores, en algunos casos, de versos tristes y melindrosos y en otros por escribas, correctores de estilo, articuladores de frondosos discursos. No existe cuestión más perversa que el poder y dentro de sus perversiones se hallan aquellos que fingen haber estado inoculados contra sus terribles efectos. Quien le ha servido al "príncipe" no puede pretender escabullir el bulto arguyendo peregrinas razones que intentan salvarlo de su desazón intelectual. El resto es pura retórica.
orosant@cantv.net

EL NACIONAL - JUEVES 12 DE OCTUBRE DE 2000 / OPINION
Perros argumentos
Juan Carlos Santaella

No quisiera, en honor de una discusión que juzgo necesaria y oportuna, convertir mis divergencias ideológicas con Joaquín Marta Sosa en una suerte de terapia cognitiva, en la cual salgan a relucir, de manera mordaz, cuestiones que atañen más a la fe que a la razón. Ni Marta Sosa es el canónico Abelardo ni yo soy Albert Camus, a quien sus camaradas de partido consideran un militante seducido por los encantos de la revolución. Tampoco pretendo parecer, a los ojos de muchos partidarios de la "resistencia" chavista, como un defensor a ultranza del nuevo proyecto político. Mucho menos caería en la infeliz tentación de convertirme, según las peregrinas conclusiones esbozadas por Sosa, en "comisario político del régimen". Ciertamente esta ridícula conclusión no se correspondería jamás con mis principios, ni tampoco con los ideales de libertad de conciencia que todo intelectual honesto debe profesar consigo mismo.

Para concederle a Sosa el beneficio de la duda, debo hacerle saber que no me siento, de ningún modo, un escritor incontaminado o un intelectual curado de espantos. Los únicos que pretenden asumir una postura antiséptica son, con certeza, aquellos espíritus bendecidos por la estupidez o la imbecilidad de sus frágiles criterios. De estas flaquezas y miserias del pensamiento, es de donde surge la verdadera incondicionalidad a un régimen específico y si, al cabo, yo fuera un ser políticamente incondicional, de seguro estaría caminando por las alfombras del palacio y tal vez le escribiría los discursos al Presidente.

El hecho de apoyar un "proceso" de renovación política no invalida, de hecho, la posibilidad de convertirnos sus críticos. Tengo la impresión, a la luz de todo lo que está pasando en el país, que, en efecto, es mucho más fácil y más cómodo amurallarse en una posición fanáticamente adversa al Gobierno, que proponer, desde la lucidez y la racionalidad, una "oposición" inteligente. No es inteligente afirmar que este Gobierno es fascista y antidemocrático. No se es, por otra parte, honesto apelar a lugares comunes estableciendo falsas conexiones con un supuesto "fascismo ordinario" que, a la sazón, caracterizaría al Gobierno de Chávez. Acudir a estas burdas mentiras significa desconocer un proyecto que, más allá de sus torpezas, busca una salida a la inocultable crisis social acumulada durante varias décadas.

Tampoco estimo verdadero el argumento según el cual nos estamos dirigiendo hacia un pensamiento único y, lo que es peor, un "no pensamiento", en palabras exactas de Marta Sosa. Justamente el "no pensamiento", el no querer pensar la realidad de los hechos y las transformaciones que es preciso hacer, es una condición ya habitual en el pensamiento ultra conservador de figuras como Marta Sosa y de otros acólitos del pesimismo ilustrado enconchados, unos en su proverbial frivolidad y otros haciendo uso recurrente de su elocuente acidez mediática, como es el caso de Marta Colomina.

El único "tufillo inquisitorial" que yo, al menos, he podido constatar, no ha provenido de las huestes militarizadas sino, muy por el contrario, de los defensores de la sociedad civil y de la institucionalidad democrática. Para nadie es un secreto que en los gobiernos de la democracia representativa, se instalaron, a su gusto y poder, intelectuales y políticos que atropellaron los más elementales derechos civiles. La libertad de expresión ha quedado muy mal parada en otros momentos de la democracia venezolana.

Yo mismo he padecido la intolerancia y la arbitrariedad de algunos de mis jefes y la consecuencia fue el despido como castigo al ejercer el derecho a la crítica. Estos señores todavía son los amos de una buena parte del territorio cultural venezolano y nadie, por lo visto, desea impugnarles sus intereses feudales. ¿Cuál es alma reaccionaria del régimen? Los reaccionarios, en todo caso, son los que diariamente apuestan al fracaso, los que le sacan jugosas ganancias a la pesadumbre, los que conspiran en la sombra, los aduladores del régimen, los mediocres que se hacen pasar por revolucionarios. Esta reacción es la que gruñe y muerde. ¿Será Marta Sosa un comisario político de la reacción?
orosant@cantv.net

EL NACIONAL - JUEVES 9 DE NOVIEMBRE DE 2000 / OPINION
Futuro imperfecto del verbo comer
Juan Carlos Santaella

Quisiera, en respeto de los lectores, dar por concluida esta suerte de polémica que comienza a dar visibles muestras de agotamiento conceptual. Los argumentos que, tanto el sospechosamente bien ponderado Marta Sosa ha esgrimido a su favor, como los míos, apenas son el comienzo de lo que podría ser, sin duda alguna, un capítulo más en este complejo, dinámico y difícil proceso político por el cual atraviesa nuestro país.

No me parece, como afirma Marta sosa, que mis artículos sean laudatorios ni mucho menos me hallo entre los "encomiadores del oficialismo". El hecho de salir en defensa de un proyecto nacional que juzgo, en términos generales, beneficioso para el país, no implica, de ningún modo, convertirse en un adulante del éste. Al contrario, creo que en la medida en que podamos contribuir a forjar y a cuestionar ideas en torno a las singularidades de este imperfecto proyecto, de seguro estaremos abriendo lúcidos caminos para que puedan transitar todas las corrientes del pensamiento.

No obstante y como apéndice de todo lo ya abordado, me permito pergeñar estas apostillas al último artículo de Sosa intitulado, pervertidamente, La perversa aporofilia. Comencemos con lo más obvio. Cuando un gobierno se propone como legítima meta combatir la pobreza y elevar, en consecuencia, los niveles de prosperidad, de ningún modo se está planteando acabar con el "consumismo" y todo lo que ello significa. Hacer de la sobriedad un principio ético según el cual los pobres deben apegarse en aras de un sacrificio casi franciscano, comporta una concepción equivocada de las aspiraciones sociales e individuales. A mi modo de ver, el combate de la miseria implica, justamente, ofrecerle oportunidades a quienes nunca las han tenido.

Rendirle culto apostólico a los "condenados de la tierra" y aprovecharse políticamente de su situación, es tan reaccionario como pretender someterlos a un estadio de sistemática indigencia. Los pobres siempre han sido utilizados por políticos inescrupulosos e hipócritas con el único objetivo de buscar sus favores electorales. La pobreza, por su parte, es un argumento susceptible de ser manipulado en razón de intereses mercenarios, filantrópicos o seudo revolucionarios. De modo que hay que tener mucho cuidado a la hora de enfocar este problema a partir de ángulos reduccionistas. Ser pobre no es un punto de honor para nadie y tampoco es un valor por sí mismo defendible a instancias de cualquier propósito político.

Decía hace mucho tiempo García Márquez que el socialismo debería ser un modo de vida en el cual cada persona tuviera acceso a todos los bienes de consumo, sin restricciones, sin prohibiciones. Este ideal del socialismo democrático es coherente si, en efecto, logramos que una nación entera deje de estar excluida del buen comer, del buen vestir y del buen vivir. Lo que no parece lógico en un país como Venezuela, cuya riqueza ha sido expoliada por unos pocos, es que apenas un mínimo porcentaje tenga derecho a ese "buen vivir" y mejor yantar. Este es el punto clave que marca la diferencia.

Mientras muchos pueden comprarse un BMW y derrochar frívolamente sus riquezas, existen multitudes que pasan hambre y harta penuria. Esto no es retórica bolivariana. Esta es la pura y simple verdad. Cuando un trabajador tiene que "estirar" su miserable salario para poder sostener a su familia, hay otros que no reparan en llenar sus neveras con agua mineral Perrier. No se trata de acabar con la opulencia, sino establecer un equilibrio racional, justo y digno cuyas bondades pueden estar al alcance de quien así lo desee.

¿Quiénes son, en última instancia, los defensores de la "aporofilia" y los amantes de los pobres? Los que fusionan empresas, los líderes del ultra liberalismo, los que adrede quiebran la economía y echan a la calle a miles de empleados, los que no hacen "economía", sino "negocios" sustentados en la inmoralidad de eso que llaman "competencia". Estos "aporofílicos" no son nada decentes, ni siquiera civilizados y muchísimo menos defienden una ciudadanía basada en la prosperidad. Entonces ¿quiénes secundan estos antivalores? Lo demás son memeces o sandeces.
orosant@cantv.net