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sábado, 28 de octubre de 2017

SE QUEDÓ FRÍO EL NEGOCIO

EL UNIVERSAL, Caracas, 10 de noviembre de 2012
Los Helados Coppelia de Chávez
Jorge Cajías

Una madrugada de enero de 1966 saliendo del hotel Habana Libre, antes Habana Hilton, Fidel Castro medio "prendido", luego de presidir un congreso internacional, se quedó contemplando la esquina diagonal opuesta donde funcionaba un centro recreativo llamado Nocturnal. Allí había estado el hospital Reina Mercedes construido en 1886 y demolido en 1954 para dar paso a un rascacielos de 50 pisos que nunca se erigió. En un arrebato Fidel hizo llamar al arquitecto Mario Girona y lo obligó a diseñar "la heladería más grande del mundo". "Pero Comandante balbuceó Girona- no existen referencias de heladerías tan inmensas como la que usted quiere". La mirada gélida de Fidel fue la respuesta al arquitecto que en tiempo récord construyó la Heladería Coppelia, abierta al público el 4 de junio de 1966. El día de su inauguración se ofreció un menú de 26 sabores y 24 combinaciones, y se vendieron más de 3 mil tinitas de helado durante las doce horas que estuvo abierta, con colas de varias cuadras.

Desde entonces se dieron cita en ese lugar cientos de figuras prominentes del mundo comunista, incluyendo intelectuales. Más tarde aterrizaron también Carlos El Chacal, Gaddafi, Marulanda y todos aquellos identificados con la izquierda mundial. El que no hubiese comido un helado Coppelia -cuyo signo son dos piernas de mujer, en honor al Ballet Nacional de Cuba- no podía haber dicho que era revolucionario ni mucho menos haber estado en La Habana.

Con la llegada del "período especial" -crisis económica que aún perdura en Cuba- que sobrevino por la suspensión de la ayuda soviética y la caída de los gobiernos comunistas de Europa Oriental, el helado se convirtió en un lujo en una isla que arde de calor, con una calidad que mermó y resulta aborrecible. Hoy Coppelia es signo de decadencia en donde solo existen dos o tres sabores y por falta de leche, el helado es aguado e insípido, con excelencia de inframundo.

En 1994, entre extenuados caminantes, estudiantes, trabajadores, jineteras, pingueros, gays, travestis y lesbianas, que pululan a toda hora y hacen cola en la  conocida Catedral del Helado, previamente espantados por los agentes del G2 cubano, una comitiva de Mercedes Benz blindados se acercó en forma repentina a Helados Coppelia. De los carros descendieron Fidel Castro y un exmilitar venezolano conocido como Hugo Chávez. De la nada surgieron diversos  sabores de helados y de excelente calidad inexistentes minutos antes, que fueron degustados con voracidad increíble. "Cuando llegue al poder en Venezuela pondremos también una Heladería Coppelia", prometió Chávez.

En octubre de 2012 en Consejo de ministros Chávez saboreó en cadena nacional los supuestos helados Coppelia producidos en la Planta Alfredo Maneiro del estado Falcón. En noviembre, en cadena nacional también, Chávez se quejaba amargamente porque no se habían producido los helados y cuando pidió explicaciones le dijeron que una máquina se había dañado y no había materia prima. "Que cada quien asuma su responsabilidad. Cuando sea mía que me fusilen", dijo enfurecido golpeando la mesa, no entendiendo que es víctima de la alucinación de unos helados Coppelia que solo existen en la imaginación de un gobierno cuya divisa es la ineficiencia e ineficacia.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/opinion/121110/los-helados-coppelia-de-chavez

domingo, 30 de diciembre de 2012

LEGADO (1)

EL UNIVERSAL, Caracas, 15 de Septiembre de 2012
¿Chávez o guerra civil?
JORGE CAJÍAS

El presidente Chávez ha puesto en una grave encrucijada el futuro inmediato de toda Venezuela y sus casi 28 millones de habitantes al declarar en forma pública que si no lo reelegimos como presidente ocurrirá una guerra civil. Esto no es un simple arrebato electoral. Es otra invocación a la muerte tan parecida a la autoproscrita consigna "patria o muerte", a la cual renunció Chávez al saberse víctima de un cáncer mortal.
No obstante la guerra civil consiste en la destrucción de vidas humanas, para un militar como el presidente no es más que una guerra, donde solo se cuentan las bajas propias y ajenas. Para los civiles se trata de una terrible realidad donde millones de almas son sometidas al escarnio y desgracia de enfrentamientos armados que tienen como protagonistas a parcialidades de tipo político, incapaces de entenderse y resolver diferencias en forma democrática y civilizada.
Venezuela ha vivido guerras civiles y ha sido víctima de esta barbarie: la Guerra Federal (1859 1863), donde se confrontaron federalismo y centralismo, y posteriormente la Revolución Libertadora (1901-1903), en la que una coalición de caudillos intentó deponer a Cipriano Castro. El filo del machete y la pólvora devastaron a Venezuela, empobreciéndola y dejando cientos de miles de mujeres viudas y una cantidad aún mayor de niños huérfanos, en el marco de una gran inestabilidad y funestas consecuencias políticas, sociales y económicas.
En el mundo han ocurrido guerras civiles como la de España (1936 1939): se enfrentaron los partidarios de la República contra los militares sublevados bajo el mando del general Francisco Franco. Miles de vidas se perdieron en tan inútil guerra, perdurando aún las heridas de tal confrontación. También está la Guerra de los Balcanes (1991 1995), crisis que se produjo entre los estados de Croacia, Eslovenia, Macedonia y Bosnia-Herzegovina contra las tropas federales dominadas por los serbios. Los signos de este conflicto fueron masacre, limpieza étnica y violaciones al derecho internacional humanitario. En el 2011 la Guerra Civil Libia durante la Primavera Árabe: fuerzas rebeldes derrotaron a las del régimen de Gadafi tras una cruenta guerra civil, quedando mutilados, exterminados y arrasados por el odio.
En las guerras civiles se lucha contra el hermano, el amigo, el vecino, y las consecuencias marcan en gran medida la historia de los países que las sufren, y son excepcionalmente dramáticas y duraderas, donde se destacan las demográficas, con un aumento de la mortalidad y descenso de la natalidad; las materiales, resultado de la destrucción de las ciudades, la estructura económica, el patrimonio artístico e intelectual; políticas, donde se aplica la represión de los vencedores; y las morales, donde quedan resentimientos.
Chávez en un militarista discurso ha mencionado la guerra civil como una opción en caso de no ser elegido nuevamente. Que venga semejante amenaza de quien comanda fuerzas vigorosamente armadas con tanques y cañones es de preocupar, porque en el marco de un proceso electoral resulta un abierto chantaje a la población de votantes. El mensaje es claro: o elegimos a Chávez o nos lanza por el despeñadero de la guerra civil. Yo por mi parte no voto por él.