Mostrando entradas con la etiqueta Helados Coppelia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Helados Coppelia. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de agosto de 2018

FRÍA REINDUSTRALIZACIÓN

Érase la industria heladera
Guido Sosol
a


Recientemente, ha fallecido Manuel Da Silva. De origen lusitano, lo hizo acá porque era un venezolano como el que más.

Fundador de la legendaria heladería “Coromoto”, ubicada en el estado Mérida,  fueron muy numerosos los sabores que aportó, llegando a casi seiscientas variedades de acuerdo a la certificación del Récord Guinness Cada vez que tocábamos la capital andina, fue visita obligada visitarlo y deleitarse, además de los sabores tradicionales, con los helados de caraotas o de ajo, por citar apenas dos.

De haber sido otra la suerte del país, la suya hubiese sido distinta: por lo menos, en el de antes, mantuvo abierto su  local con la modestia que caracterizaba a Da Silva; ahora, en medio de la trágica situación económica que nos ha dado alcance a todos, a duras penas ofertaba lo que difícilmente alcanzó para la supervivencia. Quizá una promisoria franquicia, generadora de empleos y de un novedoso tren gerencial, nos hubiera permitido darnos a conocer en el mundo con las innovaciones del paladar, más allá del petróleo y de  los concursos de belleza que, siendo astillas de un mismo palo, redundaron en una atroz mentalidad rentista y, a la vez, banalizadora.

Un vistazo rápido a nuestras posibilidades pasadas, acá hubo toda una industria y red de comercialización, extraordinarias, en el rubro de los helados. Sólo por mencionar algunas, EFE y Tío Rico, por siempre se disputaron el mercado masivo local, pero también sintieron la  presencia de Frapé y Crema Paraíso, por no señalar a más antiguas marcas, como Cruz Blanca que igualmente hizo rodar sus carritos por las calles del país.

Irrefutable, con todo esto terminó de acabar el socialismo, aminorando hasta donde le ha sido posible a las empresas que, siendo capaces de crecer y de competir, sobreviven como un hecho registral. El encarecimiento de un producto considerado como no básico en la cesta correspondiente, impide que cualquier hijo de vecina mitigue el calor, siendo la barquilla de una poderosa – aunque disminuida – franquicia hamburguesera, la más barata del mercado, junto a la alternativa callejera que no reporta garantía alguna respecto a su calidad y sanidad.

Los convenios contraídos con Cuba, insuficientemente conocidos a estas alturas del siglo, forzaron a la dictadura venezolana a promover o a propagandizar a  los helados “Coppelia”, facilitándole los recursos a lo que aspiraba la dictadura habanera, añadido uno o más locales en Caracas. En las redes, es fácil constatar la inauguración hacia 2012 de una fábrica en San Juan de Los Cayos (Falcón) y, por los años siguientes, hay registros de una millonaria inversión en dólares (Portuguesa), de lo que hoy nada se sabe.

Es evidente que esta dictadura, expropiadora por excelencia, no quiso meterse en la complejidad de un negocio que hubiese agravado – adelantándose – la situación en la industria heladera nacional, tanto como que ha actuado cual insigne agente de los intereses cubanos para una marca que, por cierto, no es de la tradición insular, pues, fue una vulgar y desmedida ocurrencia de Fidel Castro a mediados de los años sesenta. Marca que nunca pudo rivalizar con la Coromoto de Da Silva, ni con las restantes marcas venezolanas, las que algún día recuperaremos y reimpulsaremos.

01/08/2018:
https://www.lapatilla.com/2018/08/01/erase-la-industria-heladera-por-guido-sosola/
https://apuntoenlinea.com/2018/08/01/erase-la-industria-heladera-por-guido-sosola/
https://venezuelaunida.com/erase-la-industria-heladera-por-guido-sosola/
https://elpregonero.com.ve/index.php/2018/08/01/erase-la-industria-heladera-por-guido-sosola/
http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/1456340
Curioso enlace: https://qoshe.com/yazar/guido-sosola/308462

sábado, 28 de octubre de 2017

SE QUEDÓ FRÍO EL NEGOCIO

EL UNIVERSAL, Caracas, 10 de noviembre de 2012
Los Helados Coppelia de Chávez
Jorge Cajías

Una madrugada de enero de 1966 saliendo del hotel Habana Libre, antes Habana Hilton, Fidel Castro medio "prendido", luego de presidir un congreso internacional, se quedó contemplando la esquina diagonal opuesta donde funcionaba un centro recreativo llamado Nocturnal. Allí había estado el hospital Reina Mercedes construido en 1886 y demolido en 1954 para dar paso a un rascacielos de 50 pisos que nunca se erigió. En un arrebato Fidel hizo llamar al arquitecto Mario Girona y lo obligó a diseñar "la heladería más grande del mundo". "Pero Comandante balbuceó Girona- no existen referencias de heladerías tan inmensas como la que usted quiere". La mirada gélida de Fidel fue la respuesta al arquitecto que en tiempo récord construyó la Heladería Coppelia, abierta al público el 4 de junio de 1966. El día de su inauguración se ofreció un menú de 26 sabores y 24 combinaciones, y se vendieron más de 3 mil tinitas de helado durante las doce horas que estuvo abierta, con colas de varias cuadras.

Desde entonces se dieron cita en ese lugar cientos de figuras prominentes del mundo comunista, incluyendo intelectuales. Más tarde aterrizaron también Carlos El Chacal, Gaddafi, Marulanda y todos aquellos identificados con la izquierda mundial. El que no hubiese comido un helado Coppelia -cuyo signo son dos piernas de mujer, en honor al Ballet Nacional de Cuba- no podía haber dicho que era revolucionario ni mucho menos haber estado en La Habana.

Con la llegada del "período especial" -crisis económica que aún perdura en Cuba- que sobrevino por la suspensión de la ayuda soviética y la caída de los gobiernos comunistas de Europa Oriental, el helado se convirtió en un lujo en una isla que arde de calor, con una calidad que mermó y resulta aborrecible. Hoy Coppelia es signo de decadencia en donde solo existen dos o tres sabores y por falta de leche, el helado es aguado e insípido, con excelencia de inframundo.

En 1994, entre extenuados caminantes, estudiantes, trabajadores, jineteras, pingueros, gays, travestis y lesbianas, que pululan a toda hora y hacen cola en la  conocida Catedral del Helado, previamente espantados por los agentes del G2 cubano, una comitiva de Mercedes Benz blindados se acercó en forma repentina a Helados Coppelia. De los carros descendieron Fidel Castro y un exmilitar venezolano conocido como Hugo Chávez. De la nada surgieron diversos  sabores de helados y de excelente calidad inexistentes minutos antes, que fueron degustados con voracidad increíble. "Cuando llegue al poder en Venezuela pondremos también una Heladería Coppelia", prometió Chávez.

En octubre de 2012 en Consejo de ministros Chávez saboreó en cadena nacional los supuestos helados Coppelia producidos en la Planta Alfredo Maneiro del estado Falcón. En noviembre, en cadena nacional también, Chávez se quejaba amargamente porque no se habían producido los helados y cuando pidió explicaciones le dijeron que una máquina se había dañado y no había materia prima. "Que cada quien asuma su responsabilidad. Cuando sea mía que me fusilen", dijo enfurecido golpeando la mesa, no entendiendo que es víctima de la alucinación de unos helados Coppelia que solo existen en la imaginación de un gobierno cuya divisa es la ineficiencia e ineficacia.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/opinion/121110/los-helados-coppelia-de-chavez