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sábado, 22 de agosto de 2015

SELFIE DE UN RÉGIMEN

Vicisitudes fotográficas
Luis Barragán


Impresiona no sólo la frecuencia de los crímenes más atroces, en un país presuntamente acostumbrado a las noticias de la morgue, sino la inmediata vinculación que las autoridades públicas establecen con la oposición. Por absurdo que parezca, pretendiendo dar un mazazo moral, no tiene reparo alguno en forzar un vínculo inaudito a la vez que el Estado admite implícitamente su incompetencia para combatir el delito.

El protagonista de estos días, es un descuartizador urbano que tuvo por aparente afición la de fotografiarse con los más connotados dirigentes democráticos, algo insuficientemente válido para denostarlos y amenazarlos con las más insólitas e impredecibles implicaciones policiales y judiciales. En la era del selfie, cualquier figura pública es requerida para una instantánea que jamás debe comprometerla, pues, obviamente resulta impensable una selección previa de las personas que se les acercan en los más inauditos lugares y circunstancias; por lo menos, antes podía evitar una exacta rúbrica personal ante el asedio de un avieso cazador de autógrafos.

Criterio contradictorio, se ha dicho con razón que las gráficas (des) conocidas de Walid Makled se convertirían en una fuente probatoria irrefutable para considerar y condenar a justos y pecadores que lo acompañaban, como narcotraficantes, por ejemplo. E, igualmente, luce legítimo presumir que José Pérez Venta, sindicado como el abominable homicida, es un agente de los servicios de contrainteligencia infiltrado exitosamente en los predios libérrimos de una oposición a la que no se le puede pedir siquiera el empleo de un detector de metales, también expuesta al hampa de las más variadas intenciones, incluyendo la política.

A veces, sin posibilidades de constatarlo, hay quienes oyen la advertencia de sitios frecuentados por individuos de dudosa fama y, por muy grato que sea la cafetería, otro ejemplo, el dirigente político no se expone a una trampa de las perspectivas que lo conviertan gráficamente en el animado contertulio del delincuente. Nunca resultan eficaces todas las precauciones, siendo la mejor la de evitar situaciones en la medida de lo posible.

Los regímenes totalitarios suelen urdir casos que generen una masiva conmoción en el orden moral, imponiendo la más arbitraria versión que les sirva para un rápido y dramático contraste, frente a toda disidencia, oposición y hasta militante indiferencia.  Y poco les importa que el más obsceno ardid los delate, ya que economizan ideas y esfuerzos a favor de las más burdas maniobras.

Fotografía: LB, inmediaciones del semanario "La Razón" a media mañana de un día de semana.
Fuentes:
http://www.noticierodigital.com/2015/08/vicisitudes-fotograficas/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1103181
http://www.lapatilla.com/site/2015/08/25/luis-barragan-vicisitudes-fotograficas/ 

domingo, 12 de enero de 2014

MORIR VIVIENDO

Escribe Alfonso Mijares, mostrando las vicisitudes gráficas, en su extraordinario grupo de El Valle:
"Una mañana, cuando unos vecinos de la Mesa de Infraestructura hacíamos un recorrido de inspecciones por el Tamarindo y otros barrios me lo encontré. No lo conocía, primero escuché el ruido amortiguado de una lata arrastrándose por la calle, el sonido se acercaba, voltee hacia arriba, y lo ví.
Venía todavía por allá arriba, arrastrando una gran plancha de zinc llena de bolsas de basura y peroles diversos. Bajando lentamente, en cada casa los vecinos lo paraban y ponían una bolsa más en su gran plancha de zinc, también le pagaban con algún dinero, el montón iba creciendo, pero el bajaba tranquilo, dándose su tiempo, cuando llegó a donde estábamos me presenté y creo que me dijo que se llamaba Jesus, pero no estoy seguro de su nombre, le decían "El Pollo".
La querida Omaira Sanchez, que andaba con nosotros y que tiene su carácter, me dijo que él se encargaba de acarrear toda la basura del barrio hasta el contenedor que está abajo comenzando la calle, que no se metía con nadie, que era un hombre tranquilo y silencioso, ella le brindaba de vez en cuando el almuerzo o el desayuno.
Y él con el dinero ganado se compraba su droga...
Hablé con él, nos tomamos un café y una empanada, sonreía y poco me dijo, hablamos un ratico. Me autorizó para tomarle las fotos.
Le dije a Omaira que en qué podríamos ayudarlo, ella se me quedó viendo, como quien sabe la cosa y me dijo: -"Ya veremos Alfonso, yo al menos le brindo su almuerzo de vez en cuando y a veces lo regaño y hablo con él". Así es Oma.
No lo volví a ver, me dice Jose Rodrigo que se fue a Barquisimeto , que él intentó ayudarlo, que a veces le daba el almuerzo, pero que por la dependencia de la droga, en algunas oportunidades hizo algunos robos pequeños y que mas de una vez se llevó su buena golpiza por eso.
Lo cierto es que ya no está en El Tamarindo, que se fue, que cuando se fue no estaba nada bien.
No sabía esta historia y debo confesar que lo confundí con otro que llamaban "Corroncho", a quien un día lo encontraron muerto en Sta Rosalía, tirado en un puesto de teléfonos públicos. Pero en el fondo, El Pollo y Corroncho, son la misma historia, la misma soledad, los mismos fracasos y los mismos caminos perdidos.
Desgraciadamente aún hay muchos Pollos y Corronchos, a veces pasan y resultan invisibles para muchos, nadie los incorpora a su visión del mundo.
Para ellos no se si existen navidades o felices cumpleaños, solo la noche de la vida tal vez. Solo el silencio y la indiferencia. Nos dicen mucho con sus pasos, son tan valiosos y humanos como cualquiera. Y para el que quiera oir, también enseñan mucho.
Existen. Y con sus andar cansado también hacen historia. Son gente nuestra. Siempre que subo, aunque se que ya no está, mis ojos lo buscan y lo extraño sin haberlo conocido.
El pollo y el Corroncho: Vida dolor caminos perdidos soledad y muerte. Por allá van, subiendo otras calles diferentes. Ellos también son historia nuestra. Gracias a Rodrigo, que me sacó de la confusión que originalmente tenía...."
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