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domingo, 16 de febrero de 2020

¿LA SEÑAL DE COSTUMBRE?

Del buen empleador parlamentario
Luis Barragán

Deliberar, legislar y controlar, explican las competencias esenciales de todo parlamento, aunque gana una mayor especificidad en ámbitos concretos como el de la consideración y aprobación del presupuesto público, la correspondiente autorización de los actos ejecutivos o la designación de sendos funcionarios de alto nivel del Estado.  Al respecto, cuenta la participación organizada de la sociedad civil; y, pormenorizadas las diligencias para la selección correspondiente,  las que son propias de un empleador exigente.

Semanas atrás, sorpresivamente, la Asamblea Nacional acogió favorablemente, por la mayoría de sus miembros, la creación de un Fondo de Litigios por el orden de $ 20 millones, sin la debida discusión de un informe que lo detallara convincentemente. La Fracción Parlamentaria 16 de Julio (F16-J), argumentó su voto salvado en el lapso reglamentario, aunque – igualmente – sorprendió que la de Primero Justicia lo hiciera, aparentemente desinformada sobre la propuesta.

Luego, la corporación legislativa nombró a los integrantes de la Comisión Técnica del Fondo, cuyos nombres se conocieron en el curso mismo de un planteamiento sobrevenido, sin que hubiese debate. Obviamente, la F16-J, fundamentó nuvamente el voto salvado

Algo parecido ha ocurrido con la designación o nombramiento del Contralor Especial, sin que sepamos del procedimiento exacto para arribar a  una única candidatura que debió incluir el derecho de todos y cada uno de los diputados de requerir y recibir la información pertinente, añadiendo – si lo deseara – la posibilidad de entrevistarlo, entre otras tareas cónsonas de un buen empleador. El asunto no es de mayorías o de minorías, pues, valga recordar, en la centuria pasada, por mucha seguridad que hubiese para autorizar el nombramiento o designación de los embajadores o de la promoción misma de la oficialidad superior de las Fuerzas Armadas, ningún aspirante estaba exento del escrutinio de los senadores, fueren o no comisionados, según la Constitución de 1961.

Más allá (o más acá) de lo estrictamente político, pautando nuestras modestas colaboraciones para Caraota Digital, hay una dimensión social  de la Asamblea Nacional que nombra, designa o emplea a los altos funcionarios del Estado, con las consecuencias pedagógicas del caso.  Por mucho  que pueda alegarse el funcionamiento anormal del parlamento, éste no deja de serlo, persistiendo como el legítimo órgano del Poder Público que sobrevive a un régimen indecible.

Fotografía: Tomada de la red, juramentación en la Asamblea Nacional del pasado mandato legislativo. Valga acotar, es a partir de 2005, cuando se consagra en forma absoluta e irrefutable, cada nombramiento parlamentario.

18/02/2020:

sábado, 8 de febrero de 2020

VITRINA

Érase el partido ético
Guido Sosola

Los partidos con propósitos de duración, hicieron del nacimiento un contraste. Distintos a los existentes, procuraron la buena conducta de sus integrantes.

Sólo los sinceró la dura prueba del ejercicio del poder o de las cuotas de poder que dispensaban las  municipalidades y legislaturas, sucumbiendo, pues, por benedictinos que se creyeran, el presupuesto nacional por siempre fue  una tentación inevitable.  Hubo individualidades o, mejor, personalidades que lograron sobrevivir intactos, cuales cátaros, a la fiesta de los excesos petroleros.

El proceso cubano subió los decibeles de la llamada Guerra Fría y cobró una mayor importancia la pedagogía  doctrinaria en  las  organizaciones con aspiraciones históricas, procurando impermeabilizar el techo.  Empero, sobreviviendo la democracia representativa, a la postre, los  propios institutos de formación decayeron, mal administrando sus recursos, y toda la casa se cayó por el torrencial aguacero de dislocación de los principios y valores que únicamente sirvieron de vistosa fachada.

El presente año, en apenas mes y medio, está abarrotado de eventos que hablan de las inconsistencias de los partidos opositores  (viejos y emergentes) que, a modo de ilustración, concursan en las empresas públicas del exterior y hasta en una comisión técnica que se presume rigurosa, específica y especializada para manejar nada más y nada menos que $ 20 millones del denominado Fondo de Litigios, por no citar lo que ocurre con las entidades oficialistas que, de un modo u otro,  muerden el erario público, por ornamentales que fuesen.  Huelga hacer la crónica de las transacciones que desembocaron en una directiva diferente a la encabezada por Guaidó en la Asamblea Nacional, pero no fallará el futuro historiador al hurgar las circunstancias de los partidos dominantes de la escena que aportaron nombres para la subasta, añadida una novel fracción parlamentaria que prácticamente quedó vaciada, comenzando por su jefe, un diputado traidor que antes, el 4 de enero, todo lo refieren, despachó un discurso incendiario contra la dictadura en una reunión vespertina o nocturna, no  precisamos, del G-4.

Érase la escuela ética de los partidos que, mal que bien, trató de sostenerse, fuere el  que acunó a Vinicio Carrero, el que soportó la tempestad del Sierra Nevada o el que aún no explica – espectral - el monto de los reales que recibió y manejó la guerrilla de los sesenta. Hay un desplome monumental de estos otros partidos y sus relacionados, aún en curso,  que, irritando  a no pocos, fuera  y dentro del país, siguen flaqueando a Guidó, olvidando que el Partido Liberal  Amarillo trató de sobrevivir en el XX, como sus equivalentes se esfuerzan por hacerlo en el presente siglo.

Fotografía: Tomada de las redes.la ilegítima directiva de la Asamblea Nacional: Luis Parra, Franklin Duarte y Goyo Noriega.

09/02/2020: