EL PAÍS, Madrid, 12 de julio de 2018
TRIBUNA
La cultura del análisis de datos
El desarrollo de políticas basadas en la evidencia (y no en los prejuicios o las intuiciones) exige la utilización abierta de los registros administrativos. La información está dispersa entre organismos que no se relacionan entre sí
José Luis Escrivá
“¡Datos! ¡Datos! ¡Datos!”, exclamó con impaciencia. “No puedo fabricar ladrillos sin arcilla”. Sherlock Holmes, en El misterio de Copper Beeches, de Sir Arthur Conan Doyle
Poco antes de la huelga por la igualdad de las mujeres que el 8 de marzo movilizó a la población en toda España, EL PAÍS publicó una información con un impactante gráfico que mostraba la influencia de la maternidad en la carrera profesional de las mujeres y cómo con su primer hijo se produce una caída en sus ingresos respecto a los hombres que persiste durante el resto de sus vidas. Este estudio, referido a Dinamarca, fue posible porque este país tiene una política vanguardista de datos abiertos, que ha permitido a investigadores de todo el mundo acceder a los registros administrativos y personales de su población desde los años setenta.
Tanto en Dinamarca como en otros países escandinavos existe una cultura que democratiza entre la comunidad de investigadores el uso de los datos públicos por el bien común. Esta cultura no ha llegado a España todavía.
Las Administraciones públicas contemporáneas son depositarias de una enorme riqueza en forma de datos individuales. Los principales países de nuestro entorno han avanzado en los últimos años en desarrollar “políticas basadas en la evidencia” a partir de la utilización de estos registros administrativos, combinados con avances tecnológicos que permiten estudiar datos masivos, de tal forma que el diseño de políticas públicas basado en meras intuiciones o prejuicios sea cada vez menos aceptable. Por el contrario, la evaluación posterior de las medidas aplicadas debe ser la norma. Los recursos son limitados y su uso eficaz es clave para alcanzar los objetivos deseados con las políticas.
Iniciativas como la Commission on Evidence Based Policymaking creada por Barack Obama, la What Works Network de Reino Unido o el nuevo proceso presupuestario con el que experimentará la Asamblea Francesa, en el que el calendario presupuestario contemplará expresamente una fase de evaluación de políticas, son algunos de los ejemplos, pero no los únicos. Otros países como Alemania o Portugal han avanzado mucho y se aproximan también al estándar nórdico.
Las administraciones depositarias de los datos solo son capaces de extraer de ellos un mínimo de su potencial. El análisis no es su cometido principal y carecen del personal necesario para ello. Y lo que es más importante, dicho potencial solo se revela a partir del cruce de datos. La información está dispersa entre administraciones que no se comunican entre sí y que son muy reacias a cederse información. Es por ello por lo que, normalmente, este tipo de trabajos son encargados a organismos constituidos para este fin.
Hace unos meses, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) recibió el encargo de realizar un ambicioso programa plurianual de revisión de la eficacia y eficiencia del gasto público. Una de las principales dificultades de este Spending Review, en la terminología anglosajona, es el acceso a los datos necesarios, como resultado principalmente de la cultura de nuestras administraciones, poco acostumbradas, con notables excepciones, al uso de registros para la investigación y reticentes a su cesión, al desconfiar del uso que se hará de ellos. Si un mandato del Consejo de Ministros como este Spending Review, en cumplimiento de una recomendación reiterada de las autoridades europeas, se ha enfrentado a tantos inconvenientes, la odisea a que se enfrenta el investigador individual es inimaginable.
La primera recomendación de la AIReF, cuando finalice este encargo, será avanzar en la disponibilidad de estos datos para el conjunto de la comunidad de investigadores, analistas y el propio sector público. Esta apertura de datos conjugará dos principios: la utilidad de su uso por parte de los investigadores y la plena salvaguarda de la confidencialidad de la información, tal y como ocurre en otros países.
Tenemos que aprender de los errores. La ya desaparecida Agencia Española de Evaluación (Aeval) no contó con la necesaria independencia ni con los suficientes recursos, y quizás por ello adoptó un enfoque alejado de las tendencias modernas en evaluación de políticas.
Desde su creación, la AIReF se ha esforzado para que sus recomendaciones estén sustentadas por la mayor evidencia empírica posible y ha hecho de la transparencia uno de sus principios, difundiendo, junto a los resultados de sus trabajos, los modelos utilizados.
Ahora creemos que es momento de dar un paso más y aprovechar la fuerza de la inteligencia colectiva en la evaluación de políticas, abriendo a la comunidad científica los datos cedidos para este Spending Review y ofreciendo la infraestructura de seguridad construida para garantizar la confidencialidad de los datos, así como el tratamiento previo de la información recopilada para facilitar su uso para el análisis.
Con ello, la AIReF quiere contribuir a la consecución de una verdadera estrategia nacional de evaluación de políticas públicas.
Esto sería solo una primera etapa en la creación de un auténtico repositorio seguro de datos registrales de las Administraciones públicas para su uso científico. Este repositorio constituiría un “tercero seguro”, en la terminología de la seguridad informática, al que las distintas administraciones podrían ceder sus datos en la confianza de que serán custodiados adecuadamente y de que solo se usarán para la investigación científica y al que la comunidad científica tendrá acceso en condiciones de confidencialidad y seguridad estrictas.
España está quedándose atrás, significativamente, en esta tendencia mundial y corre el riesgo de perder el tren de esta revolución. La ciudadanía debe ser consciente de que existe un coste por las restricciones de acceso a los datos por parte de la comunidad investigadora y ello se traduce, en la práctica, en forma de peores políticas públicas.
Cuando el presidente Obama decía aquello de Show me the evidence (“Muéstrenme la evidencia”), no estaba sino formulando en román paladino el principio de robustez al que tantos investigadores de las ciencias sociales se adhieren: cuantas más veces se replica un mismo resultado por parte de investigadores, con distintas metodologías sólidas y conjuntos de información adecuados, más seguros estamos de que las recomendaciones para las políticas públicas que se derivan de estos análisis van a alcanzar los fines esperados, con el consiguiente beneficio para el bienestar de los ciudadanos. Este debe ser, al fin y al cabo, el verdadero fin de cualquier política pública.
(*) José Luis Escrivá es presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF).
Ilustración: Nicolás Aznarez.
Fuente:
https://elpais.com/elpais/2018/07/12/opinion/1531387051_341065.html
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viernes, 13 de julio de 2018
sábado, 2 de diciembre de 2017
REALISMO FATAL
La emergencia estadística y Comala
Luis Barragán
Todavía no se sentaban a la mesa de reexploración, diálogo, discusión, negociación, entendimiento o encuentro casual e inadvertido en República Dominicana, cuando el ministro de Salud - Luis López - despachó todo un grandilocuente testimonio anti-imperialista de rechazo a la supuesta ayuda humanitaria, asegurando que la población venezolana es atendida por Maduro Moros. Mentira ésta aparte, es de imaginar la boutade - tan ministerial, no quepa duda - como propia de una maniobra decimal del equipo oficialista o surgida repentinamente de la inspirada ocurrencia sectaria de un funcionario que desea permanecer al frente de un despacho por el que han desfilado numerosísimos titulares.
Lo cierto es que la emergencia humanitaria es cierta, real e irrefutable y no sólo porque los venezolanos la padecemos, sino por las evidencias que legos y especialistas aportan a la opinión pública. De un modo u otro, por vía directa e indirecta, existen cifras que muy bien retratan la tragedia, aunque la censura, el bloqueo informativo y la sistemática campaña gubernamental de confusión, traten de ocultar lo que no pueden.
El Estado, sus distintas instituciones y agencias, en los más disímiles renglones, es el que no publica cifra alguna por mucho que tenga el deber constitucional y legal de hacerlo con la regularidad y la sobriedad tan necesarias. Peor, se sospecha, cuando las da, acarreando la destitución inmediata del funcionario u otras sanciones ejemplarizantes en las que incurren, castigando el instante de lucidez, susceptibles de una posterior manipulación o adulteración.
Significa que el agravamiento e, incluso, muerte de pacientes por inasistencia médica o inexistencia de los medicamentos, pueden aparecer bajo otra clasificación o, simplemente, no aparecer, tal como no se cuenta ni divulga el número de robos violentos u homicidios, confinado a una bóveda. Por supuesto, la más alta burocracia ha de conocer las cifras, pero las sabe con la obligación de esconderlas y, sí esto ocurre frecuentemente, tan reiteradas y progresivas, no tiene ya objeto hacerle un fiel seguimiento.
Símil demasiado facilón, la situación del país dista mucho del pueblo de Macondo de García Márquez o del condado de Yoknapatawpha de William Faulker. Sentimos una mayor y trágica familiaridad con Comala, la localidad espectral de Juan Rulfo que palpó Justo Preciado. Vale decir, sin ni siquiera aparecer en las estadísticas, convertidas también en una emergencia, por demasiado obvia que sean las realidades, éstas resultan fantasmales.
Referencia:
04/12/2017:
Fotografías: LB, afiches de Érika Farías de distintos colores para la campaña a la alcaldía de Caracas, Puente LLaguno (Caracas, 28/11/2017).
Etiquetas:
Adulteración estadística,
Comala,
Estadísticas,
Luis Barragán,
Puente LLaguno
miércoles, 30 de agosto de 2017
domingo, 28 de agosto de 2016
TODA UNA AGENCIA DE FESTEJOS
La Venezuela del Toboso
Luis Barragán
En la intimidad del ámbito oficialista, únicamente los más altos funcionarios del Estado reconocen y discuten con alguna sinceridad y exactitud, la situación real del país, impedido el resto de hacerlo con la franqueza de las dramáticas cifras con las que cuentan y le prohíben revelar. Las consignas, por frágiles y agujereadas que parezcan, por obra de las polillas que invaden a un ya muy largo gobierno, resultan inútiles excepto para las agencias creativas que limpian la olla para intentar la versión idílica de un país, desprestigiando a los propios publicistas que no logran una cuenta en el extranjero para huir.
Los más modestos funcionarios sanitarios, tributarios, policiales, aduaneros o laborales, por citar algunos casos, saben muy bien de epidemias, crímenes, contrabandos o despidos muy verídicos que no llegan a los medios de comunicación y, desde hace un buen tiempo, tampoco al departamento o a la sección de estadísticas correspondiente. El jefe de una inspectoría del trabajo que se respete, sabe muy bien que ha de maquillar sus informes mensuales o anuales a una superioridad que hace algo semejante, pues nadie les pide esa honestidad que resulta arriesgada, como peligroso es que se deslice algún comentario adverso sobre una guerra económica que el cursante de estado mayor no aprecia aun partiendo de la nada nueva doctrina militar impuesta.
Los más altos funcionarios gozan de los informes obtenidos por canales diferentes al procesamiento burocrático y quién sabe a cuánto llega el costo de las consultorías que los prodigan. Nos han referido, sendos y consecutivos estudios de opinión, actualizados a la vez sus costos, orientan las decisiones más atrevidas en las que incurren, tratando de escarmentar el evidente descontento popular por la vía de la represión o la de una mayor privación de alimentos, medicamentos y productos para el aseo personal.
Incluso, hemos sabido de la arbitraria distribución de insumos que, cada vez alcanzan menos, propiciando la corrupción, bajo criterios absolutamente disparatados. A este socialismo de ocasión, se le antoja de caracterizar como áreas de clase media alta a comunidades de un claro perfil popular que, por muchos profesionales universitarios que tenga por residentes, igualmente están condenados por el deterioro económico, la baja calidad de vida, la inseguridad personal y el desempleo, rumbo a la marginalidad social.
Acróbata de las ilusiones ópticas, Nicolás Maduro insiste en una Venezuela del Toboso que ya a pocos seduce, convertido el socialismo en una extraordinaria estafa. Contra toda evidencia, la dice generosa, pacífica, saludable, próspera, justa y hermosa, porque él no tiene que lidiar con una extendida cola en horas de la madrugada, la delincuencia común y política, sin que le alcancen los reales para productos que tampoco se conseguirán.
Captura de pantalla: https://www.youtube.com/watch?v=l_mTs7uF_2Q
28/08/2016:
http://guayoyoenletras.net/2016/08/28/la-venezuela-del-toboso/
http://www.ekla.in/trends/por-luis-barrag%C3%A1n.html
Luis Barragán
En la intimidad del ámbito oficialista, únicamente los más altos funcionarios del Estado reconocen y discuten con alguna sinceridad y exactitud, la situación real del país, impedido el resto de hacerlo con la franqueza de las dramáticas cifras con las que cuentan y le prohíben revelar. Las consignas, por frágiles y agujereadas que parezcan, por obra de las polillas que invaden a un ya muy largo gobierno, resultan inútiles excepto para las agencias creativas que limpian la olla para intentar la versión idílica de un país, desprestigiando a los propios publicistas que no logran una cuenta en el extranjero para huir.
Los más modestos funcionarios sanitarios, tributarios, policiales, aduaneros o laborales, por citar algunos casos, saben muy bien de epidemias, crímenes, contrabandos o despidos muy verídicos que no llegan a los medios de comunicación y, desde hace un buen tiempo, tampoco al departamento o a la sección de estadísticas correspondiente. El jefe de una inspectoría del trabajo que se respete, sabe muy bien que ha de maquillar sus informes mensuales o anuales a una superioridad que hace algo semejante, pues nadie les pide esa honestidad que resulta arriesgada, como peligroso es que se deslice algún comentario adverso sobre una guerra económica que el cursante de estado mayor no aprecia aun partiendo de la nada nueva doctrina militar impuesta.
Los más altos funcionarios gozan de los informes obtenidos por canales diferentes al procesamiento burocrático y quién sabe a cuánto llega el costo de las consultorías que los prodigan. Nos han referido, sendos y consecutivos estudios de opinión, actualizados a la vez sus costos, orientan las decisiones más atrevidas en las que incurren, tratando de escarmentar el evidente descontento popular por la vía de la represión o la de una mayor privación de alimentos, medicamentos y productos para el aseo personal.
Incluso, hemos sabido de la arbitraria distribución de insumos que, cada vez alcanzan menos, propiciando la corrupción, bajo criterios absolutamente disparatados. A este socialismo de ocasión, se le antoja de caracterizar como áreas de clase media alta a comunidades de un claro perfil popular que, por muchos profesionales universitarios que tenga por residentes, igualmente están condenados por el deterioro económico, la baja calidad de vida, la inseguridad personal y el desempleo, rumbo a la marginalidad social.
Acróbata de las ilusiones ópticas, Nicolás Maduro insiste en una Venezuela del Toboso que ya a pocos seduce, convertido el socialismo en una extraordinaria estafa. Contra toda evidencia, la dice generosa, pacífica, saludable, próspera, justa y hermosa, porque él no tiene que lidiar con una extendida cola en horas de la madrugada, la delincuencia común y política, sin que le alcancen los reales para productos que tampoco se conseguirán.
Captura de pantalla: https://www.youtube.com/watch?v=l_mTs7uF_2Q
28/08/2016:
http://guayoyoenletras.net/2016/08/28/la-venezuela-del-toboso/
http://www.ekla.in/trends/por-luis-barrag%C3%A1n.html
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