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sábado, 19 de febrero de 2011

MANUAL DE HEROISMO


EL NACIONAL - Sábado 19 de Febrero de 2011 Papel Literario/2
Mario Vargas Llosa: el sueño del héroe
MIGUEL ÁNGEL FLORES

Al investigar sobre la vida del autor del poema épico El sueño del celta, Mario Vargas Llosa se entera que éste conoció suelo peruano. Quien escribió el poema es la figura central de su más reciente novela: un héroe o antihéroe que encarna muchos rasgos que siempre han interesado al escritor. Al tomar como punto de partida la vida de Roger Casement (1864-1916), irlandés al servicio del Gobierno británico, que viajó primero a África para satisfacer su espíritu de aventura y que luego como cónsul del servicio diplomático inglés descubre, describe y denuncia los horrores que se cometen en nombre de la civilización europea, Vargas Llosa vuelve a demostrar su genio para la construcción de ficciones.

El horror, el horror Las potencias europeas se repartieron el continente africano. Al rey belga, Leopoldo II le tocó en esa lotería el territorio del Congo, rico en la materia prima llamada caucho, fundamental en la producción de un nuevo bien de gran éxito: el automóvil. Leopoldo II hace que el término "civilización", se convierta en sinónimo de horror para la población aborigen africana, expresado en maltratos, humillaciones, castigos que conllevan la mutilación y la muerte. Casement al tomar el partido de los africanos se convierte en un héroe de los derechos humanos. Sus denuncias surten efecto, después será enviado a Perú, al la Amazonia, a la región del Putumayo, donde atestigua que allí se comenten los mismo horrores que en África. Y la vida de Roger Casement, toda una novela en sí, que atrajo el interés de más de un biógrafo, contiene los elementos que han dominado su temático: el héroe o antihéroe que lucha contra hechos que lo rebasan. Para superar los datos de la biografía, el autor se vale de su ya probado poder de persuasión narrativa, nos convence de la verdad de la mentira artística con el toque mágico de su prosa que sabe introducir al lector en los escenarios donde se despliega la trama de los hechos y hacerlo sentir que está en medio de una geografía hostil a la que el hombre, en su codicia, le añade los venablos del horror.

Durante su estancia en el Congo, Casement conoció e hizo amistad con un polaco que con el tiempo devendría en uno de los novelistas de habla inglesa más importante: Josep Conrad. Conversaron junto al río Congo sobre la empresa "civilizadora".

La erradicación de la barbarie justificaba la presencia de los súbitos de Leopoldo II en el Congo, esa era la premisa para los europeos. Para Casement estaba claro que difícilmente podría haber lugar para la civilización en un sistema que sometía a los trabajadores del caucho a jornadas extenuantes, casi de exterminio; un sistema que obligaba a los aborígenes a cumplir cuotas de producción imposibles de alcanzar, y cuyo incumplimiento se castigaba con la tortura, la mutilación y la muerte; se violaba a sus mujeres y se ahogaba a los hijos como escarmiento. Casement y Conrad, durante su estancia en África habían descendido al corazón de las tinieblas. Esa experiencia le sirvió de título al novelista Conrad para su libro sobre África (El corazón de las tinieblas) y a cuyo personaje Krutz, hace exclamar, al concluir su novela: "el horror, el horror".

Crimen y castigo En la novela, Vargas Llosa recurre una vez más a la forma histórica, pero lo que va importar no es la recreación de los hechos sino los pensamientos que cruzan la mente de Casement en vísperas de su ejecución. Se trata de una inmersión en la noche oscura del alma de su personaje, que había fracasado en cumplir el destino épico al que lo destinaba su poema "El sueño del celta". En la prisión la humillación en cuerpo y el alma lo esperan. Roger Casement dejó como única herencia física un diario donde anotó el recuento de sus hazañas eróticas realizadas en los cuerpos de otros hombres. Un diario polémico. Sometido al más estricto escrutinio. ¿Todo cuanto se anotó en él sucedió de verdad o gran parte sólo consigna las fantasías de Casement? Vargas Llosa como novelista recrea los hechos y no los juzga. Para el escritor esos diarios reflejan un tema que ha estado en centro de su narrativa: la compleja desvinculación entre lo que somos y queremos ser: dicho esto en términos bastante resumidos y toscos. Ese fue el caso de Roger Casement.

La novela se inicia cuando se abre la puerta de una celda y la luz deslumbra al prisionero.

Con su maestría, Vargas Llosa dicta ya el tono de la novela, su poder narrativo. El prisionero es Roger Casement, quien se haya confinado en la prisión de Pentonville. El sheriff lo ve con desprecio pues había perdido a su único hijo en la guerra contra los alemanes. Casement espera la muerte pero vive con la leve esperanza de recibir el perdón de las autoridades inglesas por los antiguos servicios prestados. Su delito es la traición que se ve aumentada por haber sido elevado a la categoría de noble. Se le condena por su doble vida: mientras trabajaba al servicio de la Corona Británica conspiraba como patriota para liberar a su patria, Irlanda. Y para agudizar más su compleja situación, su doble vida se extendía a su vida personal: había ocultado muy bien su homosexualismo.

La vida de Roger Casement, toda una novela en sí, que atrajo el interés de más de un biógrafo, contiene los elementos que han dominado su temático: el héroe o antihéroe que lucha contra hechos que lo rebasan

Casement no ignoraba en el momento de ser aprehendido por los ingleses en suelo irlandés, cuando apenas ha abandonado el submarino alemán que la había transportado, que de nada servirían sus galones de héroe de los derechos humanos para salvarlo de la ignominia a la que lo sometería la Corona Británica. Casement, como nadie más, había denunciado las atrocidades cometidas en nombre de la civilización por Leopoldo II. Sus informes habían servido para despojar a éste del derecho concedido sobre el Congo. La misma labor realizó en la Amazonia peruana. En ambos sitios había atestiguado como el poder impune es capaz de instalar el infierno en la tierra. Y también sus denuncias habían provocado la debacle del poderoso Julio C. Arana, quien había visto naufragar su inmensa fortuna al perder la protección de Inglaterra.

El sueño de Irlanda. Casement lo sacrificó todo en el altar de su patriotismo. Y en aras de ese patriotismo fue extraviando el camino. Los cálculos no tuvieron buenos fundamentos. La ingenuidad lo precipitó en el abismo del descrédito. Todo salió mal. Se enamoró de la persona equivocada, el noruego, Eivind Axel Christiensen, que lo denunciaría ante las autoridades británicas a cambio de una recompensa pecuniaria. Sus compañeros de lucha política no confiaban en él, pues se oponía a la realización de un alzamiento armado contra Inglaterra sin esperar la ayuda alemana. Los alemanes lo veían como una pieza inútil en su proyecto bélico; primero, no había sido capaz de convencer a los soldados irlandeses al servicio de la Corona Británica, que se hallaban presos en los campos de concentración alemanes, para que tomaran las armas contra el Imperio británico, tampoco había comprendido la insignificancia geopolítica de Irlanda para los alemanes, quienes nunca le concedieron la importancia que creía tener, lo que se tradujo en las humillaciones a las que fue sometido mientras se encontraba en territorio alemán.

Para Casement la desilusión del colonialismo, como lo conoció en el Congo y en el Putumayo, lo hizo que identificara a su país con la misma situación.

El colonialismo había sido la causa de que se hubiera perdido para los mismos irlandeses el legado histórico y cultural de Irlanda. Ese legado le inspira el poema "El sueño del celta", y se suma a quienes piensa que se puede recuperar el idioma gaélico, que él fracasa en aprender, en una empresa épica que llenaría de esplendor a la sometida Irlanda.

El hilo conductor de la novela es el encierro de Casement en Pentonville Prision. En la celda está sumido a una cuasi total oscuridad. Muy esporádicamente se le permite asearse.

Nadie le dirige la palabra y sólo con muchas dificultades puede recibir visitas. En la cárcel evocará su estancia en el dilatado territorio del Congo y sus trabajos y sus días en la región del Putumayo, sometido a las penurias que provoca un clima insoportable y su diminuta fauna. La opresión de la celda se opondrá una descripción de una naturaleza inabarcable, vasta como el mundo, y al minucioso recuento de los daños que la civilización europea había introducido en los territorios africanos y sudamericanos. Las visitas de la profesora Alice Stopford Green son un gran consuelo; su amiga, experta en el historia de Irlanda, le ayudan a reconstruir un pasado histórico.

Vargas Llosa pone en boca de Casement el argumento de que los europeos son más malvados de lo que podría ser un nativo de África o los indios del Amazonas. No exime a los nativos de la maldad y de las prácticas crueles como el canibalismo, no son tan nobles como se podría pensar, pero no encuentra ninguna justificación a la esclavitud y explotación a la que son sometidos. Para los europeos que blanden esa malvada invención que es el chicote, hecho con piel de hipopótamo y que lacera el cuerpo humano con si fuera una arma blanca, "salvajes" no son en realidad humanos y pueden hacer con ellos lo que les plazca. Para Casement sólo la violencia podría liberar a los indígenas. Y ese era también el camino para la querida patria irlandesa: la rebelión armada. Sólo así se podría expulsar a los ingleses de suelo irlandés. Se aferró siempre a esta idea. Y su perdición fue confiar en los alemanas en auxilio de esta empresa.

Ensueños de la intoxicación patriótica, que le cuesta perder la amistad de su mejor amigo, Herbert Ward, el que lo había acompañado en su experiencia africana.

El hilo conductor de la novela es el encierro de Casement en Pentonville Prision. En la celda está sumido a una cuasi total oscuridad. Muy esporádicamente se le permite asearse. Nadie le dirige la palabra

Ensueño del que descreyó Conrad, que ya famoso como novelista, se negó a firmar una carta de petición de clemencia. ¿Héroe o antihéroe? Su memoria sería reivindicada por la Irlanda independiente, antes tenía que enfrentar la ejecución en la sombría cárcel de Pentonville. Para hacer más atroz su degradación ante quienes se sintieron traicionados, al final de la novela, el Dr Percy Mander, el doctor que atestigua la ejecución, autoriza el entierro de Casement sólo después de que ha examinado con gran cuidado su ano.

Hurga en su anatomía, provisto de una guante de hule blanco, con el fin de comprobar, para su satisfacción, que éste se encontraba dilatado, lo que "confirma" que el traidor se entregaba a prácticas de sodomización, como lo había registrado en sus diarios, a los que se les conoció como Diarios negros.

Diario y vida doble. Vargas Llosa no se aparta de los hechos descritos en la biografía dedicada a documentar la vida de Roger Casement. Lo que constituye el hecho novelístico es la adopción, para narrar la novela, del punto de vista del autor del poema épico, "El sueño del celta", mediante, como se apuntó ya, de una prosa persuasiva, un poder narrativo que nos hace sentirnos en el centro del relato y dentro de las meditaciones de Casement. La novela está construida siguiendo un montaje en el que se van entrecruzando episodios su vida. La prisión se ha convertido en el centro de un universo oscuro desde el que se abre la evocación de tiempos de aventura, de riesgo y de placer. Quizá el único punto vulnerable de la novela sea el hecho de que al final, como epílogo, Vargas Llosa entre en la polémica sobre la autenticidad de los Diarios negros, que fueron sometidos a un intenso escrutinio. Vargas Llosa se suma a quienes manejan el argumento de que tales diarios en verdad existieron pero que lo que se describe en ellos fueron actos surgidos de la fantasía erótica y no práctica consumadas de homosexualismo. En términos de verdad novelística hubiera sido mejor dejar este hecho bajo la luz de ambigüedad.

Vargas Llosa sin duda ha escrito una excelente novela. Lo que el novelista nos logra trasmitir es que a pesar de los equívocos y los yerros de su personaje, su nobleza borra muchas de sus debilidades, una nobleza de espíritu que parece no ser de este mundo.

sábado, 22 de enero de 2011

el pirata vargas llosa


Pequeña nota para un sueño que va más allá del celta
LB


Fotografía tomada de la red, originalmente del diario "El Comercio" de Lima, dando cuenta de la edición "pirata" que está en venta de la última novela de Mario Vargas LLosa. Quizá el pequeño vendedor jamás supuso recorrer al mundo mundo en ochenta servidores, por lo menos.

Lo cierto no es sólo el éxito de librería, sino de impresión y colocación de los ejemplares que desconocen los derechos de autor y otros tributos. Por supuesto, el asunto nos interpela en dos o tres direcciones: la una, quizá por la nacionalidad del autor que aún festejan allá, tiene mayor venta que los de Coelho u otros de auto-ayuda, como ocurre en Caracas. La otra, que en la red de redes ya hay versiones completas de esta u otras de las novelas del peruano-español, ¿inevitable?. Y, por supuesto, lo que está en cuestión es el Estado ineficiente, incapaz, sobrepasado por las realidades: no garantiza derecho alguno, lo cual significa un ¿redimensionamiento, una reconceptualización, un definitivo dislocamiento?.

Nota provisional, okjalá al chamo le dé por comerse la mercancía. Es decir, leer lo que vende.

por los sótanos del sueño


EL NACIONAL - Sábado 22 de Enero de 2011 Papel Literario/1
Vargas Llosa: paleotomografía del poder
CARLOS PACHECO

Cuando un novelista ha acertado en el hallazgo de la materia medular de su ficción --personaje, episodio, conflicto narrativo-- ha recorrido ya más de la mitad de su camino. No nos sorprendería encontrar una afirmación como esa en cua lquiera de los textos clave sobre el género novela, firmada, digamos, por Lubbock o por Kundera, por Booth, por Boves Naves o hasta por el mismo Vargas Llosa de la Carta a un joven novelista.

En El sueño del celta (Alfaguara, 2010), el primer acierto del nuevo Nobel de Literatura es justamente el hallazgo de un personaje histórico extremadamente singular, el irlandés Roger Casement (1864-1916). No es que se trate de un desconocido, pues su biografía, sus reportes consulares y su diario íntimo están a la mano en Internet. Sin embargo, al ficcionalizar su compleja peripecia biográfica, junto con los nudos históricos, económicos, políticos y sociales que la rodean (explotación colonial, imperialismo, eurocentrismo, corrupción, dudosas "verdades" oficiales, homofobia), la novela lo dota de un relieve ficcional inédito como temprano paladín de los derechos humanos, víctima él mismo de la intolerancia y los desafueros del poder.

En ese sentido, la pieza se inscribe con destacados méritos en la tradición ficcionalizadora de la historia dentro de la obra del peruano, al lado de Conversación en la catedral (1969), La guerra del fin del mundo (1981) y La fiesta del chivo (2000), todas invalorables y acuciosas exploraciones narrativas (se podría decir "tomografías") de los intríngulis de la dominación, fundadas en investigaciones sumamente prolijas.

Nacido de una familia protestante del Ulster, aunque de madre católica, Casement se marcha desde muy joven a trabajar, primero a África y luego a Suramérica, como funcionario y diplomático británico, completamente convencido en un inicio de las bondades de la empresa colonizadora e imbuido de celo modernizador. Hasta que la realidad lo golpea de frente y sin apelación, y lo fuerza a retractarse. Se dedica entonces a investigar los innumerables crímenes, abusos y tropelías de las compañías caucheras contra las poblaciones aborígenes en el Congo Belga y en la Amazonía peruana, realizados con la abierta complicidad respectivamente de los poderes coloniales europeos (en especial de la corona belga) y de las autoridades peruanas, que habían abandonado toda la región del Putumayo en manos de la Peruvian Amazon Company, una empresa de capital británico dominada por el "Rey del Caucho" Julio C. Arana. Con notable valentía y abnegación, denuncia estos hechos a través de dos célebres informes (1904 y 1912) que estremecen la opinión pública europea. Esa extrema empresa en pro de los derechos humanos, que con grave riesgo realiza de manera sostenida y consecuente, cambia las condiciones de explotación del caucho, mientras Casement alcanza gran prestigio e influencia y es distinguido con el título de Sir.

Ese nudo de conflictos que es el personaje es aprovechado al máximo por el novelista. Logra desplegarlos a lo largo del relato a partir de una sólida estructura triangular afianzada por el personaje que actúa como el vértice de una pirámide. La gráfica de Pep Carrió en la portada de la primera edición da muy buena cuenta del contenido novelesco y su tratamiento: vemos allí un mapa del Atlántico, con fragmentos de Europa, África y América, donde se destacaban en rojo los tres lugares principales de la acción, correspondientes también a las tres partes de la novela (el Congo, la Amazonía e Irlanda); el contorno de ese mapa corresponde al perfil del protagonista. En la novela, el proceso de dolorosas transformaciones en la vida de Roger es, en efecto, una suerte de lente de aumento que muestra los horrores y pecados de la civilización europea, cristiana y moderna, que se asume sin dudar como redención irrenunciable. Tanto en África como en Brasil y Perú, Casement presencia incontables ejemplos de la cínica razón esclavizadora carente de todo escrúpulo, que naturaliza el pillaje y la corrupción, y sólo se mueve por el lucro. Descubre también que esa hegemonía es ocultada de manera muy eficiente a las buenas conciencias europeas por un cuerpo doctrinario y un aparato de propaganda muy bien lubricado. Se da cuenta finalmente de que esa misma dinámica del poder colonial es la que Inglaterra aplica a su propio país de origen, el tercer elemento del triángulo, su Irlanda natal, a la que niega autonomía política, cultural y religiosa.

Tales descubrimientos van transformando al protagonista en estudioso del gaélico y de las antiguas tradiciones de su patria, católico converso y ferviente militante del nacionalismo irlandés.

Una intrincada circunstancia de la I Guerra Mundial en la que, asociado a los alemanes, se propone aprovechar la debilidad de los opresores ingleses para propiciar la independencia de Irlanda, lo convierte para la justicia británica (y lo que es peor, para sus más queridos amigos) en traidor condenado a la horca.

Una última vuelta de tuerca de la historia es la homosexualidad de Casement, que el novelista no deja de aprovechar con sabias prolepsis y dosificadas citas de un revelador diario suyo, tal vez apócrifo, tal vez fantasioso.

En manos del servicio secreto británico y gracias a la intolerancia dominante en la época, esas notas íntimas sirven de maravilla para desprestigiarlo y despojarlo de toda credibilidad.

El sueño del celta es ciertamente un caso notable de ficcionalización de la historia donde, a través de la figura de Casement, se actualiza la denuncia de la barbarie colonialista europea. Su valor, sin embargo, va más allá: cuando pone en evidencia con máximo detalle los mil y un recursos y triquiñuelas del poder y la opresión, está señalando también la vigencia actual de tales prácticas. La honesta rectificación de Casement frente al oprobio de la explotación colonial disfrazada de redentorismo modernizador no puede dejar de recordarnos la del propio Vargas Llosa ante el revelador caso Padilla en 1969, cuando retira su apoyo a la Revolución cubana.

Ambos debieron afrontar las consecuencias de sus rectificaciones, de atreverse a disentir de las ortodoxias del poder y a argumentar sus posiciones con pruebas en la mano. Entonces como ahora, mutatis mutandis, su disidencia exhibe con irritante eficiencia los abismos que separan la cruda realidad de los paraísos oficiales o "mares de la felicidad".

Fotografía: EFE / El Nacional

martes, 16 de noviembre de 2010

corroborable


http://www.medios24.com/el-sueno-del-celta.html
El sueño del celta
Luis Barragán

Tenemos la impresión que Mario Vargas Llosa acumuló una data muy densa sobre el héroe irlandés, Roger Casement, corroborable en la sección final de la obra, aplicándole su no menos densa, perfeccionada e impecable maquinaria novelística para entregarnos “El sueño del celta” (Alfaguara, Caracas, 2010). Y, aunque formalmente resulta una pieza extraordinaria, acaso no era lo esperado en un autor que cuenta con títulos de una reconocida inspiración creadora.

Las escenas del calabozo patibulario se nos antojan más atractivas, con el periplo de tristeza y depresión del sheriff, añadida la conversión del protagonista al catolicismo o algunos escarceos del levantamiento nacionalista. Raya en el ensayo, la travesía traumática por el Congo y la Amazonía del justiciero que no se contentó con el ascenso social a la nobleza, prendido un profundo sentimiento por la tierra natal, reforzada por las investigaciones ulteriores realizadas en torno a su cultura y tradiciones.

El severo cambio sentimental y político, convertida Irlanda en causa de lucha, devino ingenuidad al pretender un levantamiento facilitado por la invasión de la Alemania enemiga, en plena primera guerra mundial. No obstante, conmueven los episodios de una lucha por la libertad encarnada por la juventud que la sabían “mística a la vez que cívica” e, incluso, el sentido de la religiosidad en el fragor del levantamiento (357, 437), aunque la homosexualidad de Casement ya no aporta la sorpresa que en su momento logró Alejandro Mayta.

Nos aburrió la novela, lo confesamos. Por cierto, sin demeritar a Casement, podría Vargas Llosa novelar en un futuro a Francisco de Miranda.