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sábado, 30 de noviembre de 2019

ARRINCONADOS

En la lona
Luis Barragán

La versión fundamental de todos nuestros sufrimientos, es que somos objeto de un despiadado saqueo de países inescrupulosos y sus poderosas transnacionales.  Siempre ocurrió así y Eduardo Galeano elaboró estéticamente la tesis en un ensayo que todavía recorre al continente, como si fuese toda una novedad. Sin embargo, la experiencia venezolana desmiente el fenómeno.

El imperialismo estadounidense, por ejemplo,  sin que califiquen como tal China y Rusia tan desalmadas, sólo desea con fervor y desesperación nuestros recursos naturales, por supuesto, siendo fundamental el petróleo, como puede ser el hierro, la bauxita, el coltán, etc.  La sociedad competitiva de la información y del conocimiento estratégico, no está hambrienta de nuestro capital humano, sino de la abundancia de una naturaleza privilegiada, biodiversa, que sólo se pelea a través del leninista campo de batalla, pues, el mercado bursátil es un dato ornamental.

Ocurre que cada vez más, Estados Unidos no requiere de nuestro petróleo, sin considerar las fuentes alternas de energía que aceleran su aparición, arrinconándonos.  Poco importa que el discurso a lo Galeano pierda vigencia, pues,  el dogma dice legitimar a la dictadura de estas latitudes.

Surgida de un contundente golpe propagandístico que incluyó el desnudo parcial, la chilena Mon Laferte avaló el saqueo de una panadería que, por sus precios, la robó por años. No sabe o no quiere saber de la suerte del pan de trigo en Venezuela, luego de las masivas y violentas “expropiaciones” que agravaron el problema de consumo, pero ese debate – además, ideológico – es mejor no darlo, acá ni allá.

Lo peor es que, en 1999, la dictadura por entonces enmascarada, recibió a PDVSA como una de las más importantes y eficientes empresas del mundo y, ahora, cuenta con una baja producción diaria de barriles, asfixiada por los aún confidenciales acuerdos con terceros países.  La ha saqueado la propia dictadura y sus prohombres, y no por casualidad está ocurriendo con el oro y otros de los recursos naturales que entran en un circuito criminal de realización de la mercadería, literalmente criminal al escenificar sendas masacres en  las comunidades – faltando poco – indígenas, para dejar al resto de los venezolanos en la lona.

Fotografía: LB (alrededores de RCTV, Caracas, fecha imprecisa).
Lunes, 02/12/2019:
https://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=141545
https://qoshe.com/noticiero-digital-ve/luis-barragan/en-la-lona/57504212

Breve nota LB: Del problema que sufrió ND, aún no sabemos detalles. Lo cierto es qu, al parecer, se perdieron los archivos públicos. Sólo reflejan, por ejemplo, los dos últimos artículos.

domingo, 19 de abril de 2015

IRACUNDIA

EL PAÍS, Madrid, 19 de abril de 2015
OPINIÓN
Galeano y la imaginería económica latinoamericana
La iracundia de la obra del escritor uruguayo ‘Las venas abiertas de América Latina’ fascinó durante décadas a la izquierda de la región
Ibsen Martínez 

¿A quién podríamos llamar intelectual influyente en nuestra América?
El mexicano Gabriel Zaid, al discurrir sobre el papel de los intelectuales en “la región más transparente”, brindó una definición: intelectual influyente es aquel que opina periódicamente sobre asuntos de interés público —en especial, de política económica— y es atendido por las élites. Si no le hacen caso los poderosos, observa Zaid, nuestro hombre no es más que un inconducente opinador, un cantamañanas de página editorial: un inane profeta, un tertuliano.
La verdad, no abunda en América Latina el tipo de intelectual público que ejerza discernible influencia en la toma de decisiones por quienes tienen la sartén cogida por el mango, y menos en lo que atañe a políticas económicas, aunque muchos columnistas, analistas televisivos de horario matutino y, en general, oficiantes de lo que Mario Vargas Llosa llamó “civilización del espectáculo”, se solacen pensando lo contrario.
Sin embargo, se ha registrado el caso, único hasta donde alcanzo a ver, de un distinguido estudioso de la economía latinoamericana, autor de muy sesudos libros, que no sólo fue elegido presidente de su país, sino que ejerció el cargo estupendamente: el brasileño Fernando Henrique Cardoso (Río de Janeiro, 1931), cuya obra, digamos juvenil, fue copiosamente citada por centenares de sus pares a todo lo largo y ancho de América Latina durante los años setenta y hasta bien entrados los ochenta del siglo pasado.
La nuez de sus ideas de entonces es quizá la única indiscutible contribución latinoamericana al pensamiento económico moderno: la celebérrima teoría de la dependencia económica.
Pese a las retractaciones del doctor Cardoso, esta ha tenido un duradero efecto de explicación de nuestras insuficiencias políticas, sociales y económicas. En su versión canónica, la teoría de la dependencia pone énfasis en los desequilibrios entre el centro (los países desarrollados) y la periferia (nosotros) y en los desiguales términos de intercambio entre ambas regiones. Resulta, comprensiblemente, una teoría en extremo atractiva que pronto se hizo muy popular entre muchos escritores, legos en economía pero comprometidos con la región, desde Julio Cortázar, en los años setenta, hasta el colombiano William Ospina, en nuestros días.
No abunda en América Latina el tipo de intelectual que ejerza discernible influencia en la toma de decisiones
Llegar a ser presidente de Brasil puede resultar una experiencia aleccionadora hasta para el profesor de posgrado más inflexiblemente dogmático: cada hemisferio de su yo debe sentirse proverbialmente solitario en la cúspide del poder, pero ¿cuál de los dos buscará la reelección?
Hoy, el expresidente Cardoso es aún festejado en el Foro Económico de Davos por el tino con que supo, en los años noventa, darle eficiencia y rostro humano a profundas reformas macroeconómicas, atentas a desarrollar una economía de mercado, reformas que habían fracasado más o menos estrepitosamente en otros países sudamericanos.
Ciertamente, Cardoso no suscribe ya las martingalas antiimperialistas que como scholar [investigador] propugnó vivamente durante su exilio en Caracas. Es algo que habla mucho y bien de su probidad intelectual, pero sus ideas de hace 40 años aún recorren el continente como algo mucho más tangible que un fantasma: la teoría de la dependencia neocolonial se ha corporeizado en la ola neopopulista que azota a Iberoamérica.
Y su mitología —toda teoría arrastra la suya— tuvo superlativo rapsoda en el uruguayo Eduardo Galeano [falleció el 13 de abril a los 74 años], autor de un libro diabólicamente persuasivo y soberbiamente bien escrito: Las venas abiertas de América Latina. Autodidacta eminente, el interés de Galeano por la historia económica y su fervor de izquierdas lo llevaron, a fines de los años sesenta, tiempo de guerrilleros tupamaros y militares torturadores, a escribir una deslumbrante vulgata guevarista de historia general de las Indias que dio forma a la imaginación económica de todo un continente. Chávez, tan dado a hiperbólicos dislates, dijo alguna vez de Galeano que era “el Bartolomé de las Casas de la economía latinoamericana”.
Desde su aparición en 1971, una florescencia de leyendas urbanas testimonia el estatuto de libro sagrado que le otorgó la izquierda latinoamericana. Un relato, por ejemplo, quiere que una tarde de aquellos años, una joven estudiante de ciencias sociales colombiana, mientras lee fragmentos del libro a su novio, sentados ambos en la trasera de un autobús durante un atasco de tráfico, experimente de súbito un rapto que la lleve a ponerse de pie y leer en voz alta y delirante párrafos incendiarios en obsequio de un auditorio de perplejos lumpemproletarios bogotanos. Su voz alcanza a escucharse en las aceras, en otros colectivos atascados, la gente baja de ellos, se agolpa en torno al primer bus para recibir la pentecostal palabra de Galeano…
Ahora bien, ¿qué clase de libro de historia de economía es este cuyos primeros párrafos destilan misticismo moral, rabioso, puro y duro? “La división internacional del trabajo —catequiza Galeano— consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta”.
El autor concluía por entonces que “no hay más camino para nuestro continente que la violencia”
En un epílogo del autor, escrito en 1977, se lee que se trata de una “historia del pillaje”, escrita para ilustración de las mayorías y que su interés mayor son los mecanismos del saqueo imperial. Deslumbrante modelo de agitación y propaganda, el libro degrada, sin embargo, a fuerza de efectistas sobresimplificaciones sobre nuestras sociedades a medio hornear, la misma teoría que se propone ilustrar.
Galeano concluía por entonces que “no hay más camino para nuestro continente que la violencia”, algo que no estuvo nunca en la cabeza de Cardoso. Por todo ello, la pregunta persiste: ¿de dónde emana la fascinación que este libro colérico ha ejercido durante décadas en tantas e influyentes mentes latinoamericanas?
Creo haber dado con una respuesta en un ensayo del británico Tony Judt: “La atracción que unas u otras versiones del marxismo ejercen en intelectuales y políticos extremistas latinoamericanos, por ejemplo, o en Oriente Próximo, nunca se ha desvanecido: en la medida en que aún pasa como relato convincente de la experiencia local, el marxismo retiene en tales sitios mucho del encanto que obra en los antiglobalizadores del resto del planeta”. “Estos ven en las tensiones e insuficiencias de la economía capitalista de hoy precisamente las mismas injusticias y oportunidades que llevaron a observadores de la primera globalización económica, allá por 1890, a aplicar la crítica de Marx al capitalismo para mejor teorizar de nuevo sobre el imperialismo”. Y añade: “Como nadie más parece ofrecer una estrategia convincente para rectificar las desigualdades del capitalismo moderno, el campo ha quedado libre para quien ofrezca un relato que sea, a la vez, prolijo e iracundo”.
La prolija y mendaz iracundia de Las venas abiertas de América Latina es el ejemplo perfecto.
(*) Ibsen Martínez es escritor.

domingo, 4 de mayo de 2014

UNA Y OTRAS VENAS

La que mentaron una invasión
Ox Armand

Finalizando el siglo XIX,  los andinos llegaron a Caracas para hacerse del poder por 46 años. Asombra la relativa facilidad con la que protagonizaron esa hazaña de la fortuna, como las dificultades de la larga transición del desalojo, aunque no puede imputársele a Marcos Pérez Jiménez tamaña representación, porque propiamente éste inéditamente gobernó en nombre de las Fuerzas Armadas como la definitiva institución del Estado Nacional en la que se convirtió.  De modo tal que el dato de casi medio siglo, no puede pasar inadvertido y, con el ánimo de una versión equilibrada, acudimos a dos autores que, por su prolija producción bibliográfica, añadida una constante actividad académica, influyeron en la versión que los venezolanos cultivamos respecto al curioso fenómeno.  Puede decirse, una influencia más consistente y propicia para los deberes del estudiantado, pues las serísimas versiones de Ramón J. Velásquez y (es necesario incluirlas por sus notas de masificación) de la televisión local, recordando al Juan Vicente Gómez interpretado por Rafael Briceño, con José Ignacio Cabrujas o no como libretista, remontaron la cuesta de un popular anecdotario. Es distinto el caso de Domingo Alberto Rangel y Allan Brewer-Carías y el soporte respectivamente marxista y liberal que concidían para estudiantes y curiosos. Ambos abogados, suelen repetirse en la vastedad de los títulos publicados. Ambos, reclamando la independencia política, de una manera u otra reconocidos en el escenario de la discusión pública.

El 23 de mayo de 1899, encabezando a apenas sesenta mozalbetes, bachilleres desocupados que no cabían en el rincón andino, partiendo Cipriano Castro de la Cúcuta que atestiguó los intensos preparativos y sueños grancolombianos, logró cubrir la larguísima distancia hasta Caracas.  Rangel, abanicando la economía política e intentando el análisis de clases de la región que milagrosamente sobrevivió, apartada, a las crónicas guerras y escaramuzas de caudillos, superando la soledad de las aldeas que moldeó y caracterizó al nuevo liderazgo, advierte la suerte que acompañó a los “invasores”.  En “Los andinos en el poder” (Mérida, 1965),  reseña que, ante la imposibilidad de tomar San Cristóbal, ciudad ocupada por superiores fuerzas militares partidarias del gobierno nacional, prosigue sorpresivamente camino hacia Trujillo. El general Antonio Fernández lo deja interesado más en el apaciguamiento de la entidad habida cuenta de la insólita incertidumbre que emana del crítico poder central, no otro que el caraqueño con un Ignacio Andrade desfigurado políticamente.  De la putrefacción del régimen, sentencia Rangel, que permite apostar porque Castro no pasará más allá de las murallas levantadas por los otros caudillos del camino.  Sin embargo, El Cabito siempre tan grandilocuente, hallará un razonamiento parecido en su itinerario, dispensado por el enemigo que hace el cálculo de la supervivencia en el caso de la definitiva quiebra del sistema. La expedición armada más de estudiantes y contabilistas, arriba a Valencia, donde los Tello Mendoza se esmeran en la lisonja y la alcahuetería. Y, por Caño Amarillo, entablillada la pierna, entra Cipriano para inaugurar un prolongado período histórico que (lo sostenemos) no sospechaba. Representa a la otra Venezuela que se hizo productiva, a la sombra del café y de las grandes operaciones comerciales en la frontera, ese otro tercer país del que habló Arturo Uslar Pietri. Cambiará la naturaleza del caudillaje y la “embrutecedora soledad de una aldea” parirá un prototipo diferente al elenco derrotado conclusivamente en Ciudad Bolívar por 1903: nada dicen ya Amábilis Solognie, Nicolás Rolando, Zoilo Vidal, Juan Baustista Araujo, Domingo Monagas, Nicolás Patiño, Luciano Mendoza, entre otros adalidades resultantes de la Guerra Federal que esperan por estudios históricos y politológicos más profundos, así no pasasen de los teatros regionales que los contentaron o aprisionaron a pesar de sus esfuerzos.

Más parco, Brewer-Carías identifica la llegada de los andinos como el tercer ciclo de nuestra evolución político-institucional, girando completamente todo el panorama institucioal y político del país. No se adentra en las vicisitudes históricas, sino ensaya una interpretación propia del constitucionalista que no ha dejado de ser. La primera constatación es la del final de las guerras civiles con el arribo de los andinos a Caracas el 28 de octubre de 1899. En su estudio preliminar a “Las Constituciones de Venezuela” (Caracas, 2008), la gesta consagra el fin del federalismo, por cierto, pretexto de sus luchas.  Desaparecen los partidos Liberal y Conservador, adoptando decisiones que, voluntariamente o no, le añadimos, provoca el nacimiento del Estado contemporáneo en Venezuela. El autor resalta todas las obras de ingeniería constitucional que permitirán elevar otros puentes hacia la otra Venezuela que, a nuestro parecer, es la de la dictadura del petróleo.

Ahora bien, básicamente, la infelizmente llamada invasión andina tiene tres causas ineludibles: el desarrollo económico y la movilidad social de la región, la quiebra de un régimen político y el azar. Éste departamento es decisivo, porque la suerte acompañó al subestimado Cipriano y, sin que muchos de los caudillos que proliferaron en Venezuela lo adivinasen, acertó con su llegada a la ciudad capital que estaba libre para la intrepidez. Y esto se cuenta y no se cree.

Las venas abiertas …

Eduardo Galeano ha confesado recientemente que no contaba con la adecuada formación en materia económica y política a la hora de escribir y publicar el exitazo editorial del continente: “Las venas abiertas de América Latina”, cuarenta y tantos años atrás; y, además, reniega de la pesada prosa tradicional de la izquierda (http://www.perfil.com/politica/Eduardo-Galeano-No-volveria-a-leer-Las-venas-abiertas-de-Latinoamerica--20140501-0022.html).  Acotemos tres cosas: La una, que el gobierno venezolano la edita e incansablemente, cita. La otra, que el gobierno venezolano ha radicalizado nuestro carácter monoexportador e importa gasolina. Y, por último, la gran atracción de Galeano fue esa prosa extraordinaria que lo colocó a la altura de José Ortega y Gasset, Luis José Lebret, Fernando Savater, Amando de Miguel: limpiamente construida, labrada en maravillosas y oportunas metáforas, y – además – incendiarias cuando así lo quisieron.

Fotografía: La fotografía pertenece a la colección de Nicomedes Febres Luces, quien recientemente la publicó con la siguiente nota: "La foto del día son los esbirros de Cipriano Castro que usaban para reprimir a los estudiantes en 1905. Fueron despedidos por el general Gómez y desincorporados de filas. Los llamaban la Guardia Negra de Castro".

viernes, 2 de mayo de 2014

A CONFESIÓN DE PARTE ...

Eduardo Galeano: "No volvería a leer Las venas abiertas de América Latina"
El escritor uruguayo fue lapidario con su histórico libro. "No tenía conocimientos de economía ni de política cuando lo escribí", afirmó.
01/05/2014
Eduardo Galeano mató a "Las venas abiertas de Latinoamérica"
Una confesión fuerte, un reconocimiento polémico. Eduardo Galeano mató a su obra más conocida: Las venas abiertas de América Latina. Y lo hizo en la II Bienal del libro y la lectura de Brasilia, un lugar donde estaba más que claro que sus dichos no pasarían desapercibidos.
El libro cabecera de todo aquel que adhiera a teorías de izquierda en latinoamérica, se reedita de modo permanente desde su primera edición y hasta fue el obsequio elegido por el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez para entregarle a su par norteamericano Barack Obama.
A 43 años de su edición original, Galeano afirmó que "no sería capaz de leer el libro de nuevo", y agregó que "esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima". Luego, confesó que cuando escribió el libro "no tenía la formación necesaria", y que si bien no está "arrepentido de haberlo escrito", afirmó que es "una etapa que está superada". Por si fuera poco, sostuvo que el libro fue escrito "sin conocer debidamente de economía y política".
La obra. Publicada en 1971, Las Venas Abiertas de América Latina fue prohibida por todas las dictaduras militares del continente y obligó al exilio a su autor. Base de la cultura de izquierda moderna, se hace referencia a ella y a su autor en numerosas canciones, películas y libros. Desde 1997, las ediciones cuentan con prólogo de Isabel Allende.

Fuente: http://www.perfil.com/politica/Eduardo-Galeano-No-volveria-a-leer-Las-venas-abiertas-de-Latinoamerica--20140501-0022.html

Nota LB: No debe asombrar la confesión, pues, 40 y tantos años más tarde, cuando febrilmente la edita y cita el gobierno venezolano, la obra se ofrece como un monumento de la demagogia.  Por ejemplo, el autor alegaba la exportación de materias primas e importación de bienes manufacturados, con un grito de humillación. El socialismo del siglo XXI ha recrudecido la monoexportación e importa gasolina. Y, faltando poco, subsidia una referinería cubana, dejando la de Amuay consumida en la tragedia. Además, eso de no tener la "formación necesaria" nos advierte, complementando el esfuerzo continental, de una gran estafa. Lo único en lo que no tiene razón EG es en torno a eso de la " prosa de izquierda tradicional es pesadísima", la que ciertamente contribuyó a renovar, pues, el atractivo del libro es su magnífica escritura. La prosa de Galeano está a la altura de Ortega y Gasset, Fernando Savater, Luis José Lebret y Amando de Miguel, según nuestro gusto personal. ¿El contenido? A confesión de parte...

martes, 10 de abril de 2012

UN DÍA EN LA VIDA DE LOS HIJOS


CORREO DEL ORINOCO, Caracas, 08 de Abril de 2012
"Los hijos de los días" es su más reciente libro
Actuación de medios en abril de 2002 se retrata en texto que Galeano obsequió a Chávez

La obra literaria reseña, entre muchas otras anécdotas diarias, la historia del pueblo venezolano cuando salió a la calle a enfrentar a los golpistas de abril de 2002 y la actuación de los medios de comunicación en aquel momento

Eduardo Galeano

El escritor uruguayo Eduardo Galeano obsequió al presidente Hugo Chávez su más reciente libro Los hijos de los días, donde se reseña, entre muchas otras anécdotas diarias, la historia del pueblo venezolano cuando salió a la calle a enfrentar a los golpistas de abril de 2002 y la actuación de los medios de comunicación en aquel momento.

El texto fue entregado al mandatario por el ministro de Cultura venezolano, Pedro Calzadilla, en Barinas, a donde Chávez llegó este miércoles procedente de Cuba, donde cumple tratamiento médico.

El texto “está dedicado por Eduardo con un dibujito muy bonito y dice: ‘A Hugo y a sus hazañas hechas y por hacer, hacia los días que vienen, este abrazo, Eduardo, desde Buenos Aires, 2012?, relató el Presidente, quien este viernes llegó al Palacio de Miraflores.

Chávez leyó las referencias que expone Galeano sobre el 11 y 12 de abril, en un texto donde se incluyen referencias y reflexiones sobre cada día del año.

“Miren lo que dice para abril 12: ‘La fabricación del culpable. Un día como hoy del año 33, día más, día menos, Jesús de Nazareth murió en la cruz. Sus jueces los condenaron por incitación a la idolatría, blasfemias y superstición abominable. Unos siglos después, los indios de las Américas y los herejes de Europa fueron condenados por esos mismos crímenes, exactamente los mismos, y en nombre de Jesús de Nazareth se les aplicó castigo de azote, orca o fuego’. ¿Qué les parece?”, dice el Mandatario.

“Ahora les leo esto, abril 11. Dice: ‘Medios de Comunicación. En el día de hoy, en el año 2002, un golpe de Estado convirtió al presidente de los empresarios en presidente de Venezuela. Poco le duró la gloria. Un par de días después, los venezolanos volcados a las calles restituyeron al presidente elegido por sus votos. Las grandes televisoras y las radios de mayor difusión de Venezuela habían celebrado el golpe, pero no se enteraron de que la pueblada había devuelto a Hugo Chávez a su legítimo lugar. Por tratarse de una noticias desagradable, los medios de comunicación no la comunicaron’. Ese es Eduardo Galeano, ¿qué les parece?”, dijo Chávez.
Fuente/AVN