Mostrando entradas con la etiqueta Cumbre de las Américas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cumbre de las Américas. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de abril de 2018

DEBER INDELEGABLE


La una, habla por sí sola. La otra, también: excluyen a la Fracción 16-J. Así andan las cosas.

El deber del parlamentario es sesionar

El diputado Luis Barragán de Vente Venezuela negó que él y otros miembros de la Fracción Parlamentaria 16 de Julio, viajarán a la ciudad de Lima para la consabida Cumbre de Las Américas.

Al respecto señaló: “Cada quien debe cumplir con sus responsabilidades y el que vaya a Lima, en un viaje necesario, que viaje, pero resulta inexcusable o injustificado que los diputados a la Asamblea Nacional lo hagan, más aún cuando sus partidos de adscripción seguramente estarán representados en Perú”.

Agregó: “Lima no es un sarao de ocasión y habrá otras oportunidades para que la diáspora tenga un encuentro exclusivo con los parlamentarios, cuyos problemas regularmente los atiende Oscar Pérez, por ejemplo. De existir, como existe, la preocupación y angustia, por lo demás, legítima, sobre la suerte de la diáspora, será preferible contactarla, programando a posteriori viajes muy puntuales  para encuentros provechosos de apoyo real y efectivo, sin que tengamos que compartir la agenda con otras actividades que ya tiene actores principales de la oposición con definidas responsabilidades”.

Interrogado sobre las posibilidades de que no haya el quorum reglamentario mañana martes 10 para la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional, expresó: “El deber ineludible de cada diputado es el de asistir y sesionar, ya que el parlamento debe honrar la deuda que tiene con el país que reclama respuestas muy específicas y concretas a la crisis, haciendo lo propio, como el del respaldo inequívoco a las actuaciones, diligencias y decisiones del TSJ legítimo que, aunque tarde, lo nombró, extremando todas las formalidades. Por lo que tampoco, el Orden del Día que no suelen consultar previamente con la Fracción 16 de Julio, como ocurriría en cualquier parlamento del mundo democrático, puede servir de una herramienta para la distracción en torno a los problemas vitales de la coyuntura”.

09/04/2018:

domingo, 1 de abril de 2018

EFÍMEROS, SUPERFLUOS Y BANALES

La opereta de muchos centavos
Luis Barragán


La consabida renuncia de Pedro Pablo Kuczynski, contribuye a una mirada pesimista de la política peruana, pues, son varios los mandatarios encausados por manejos irregulares, fuesen políticos o antipolíticos  también de oficio. No obstante, la sola renuncia y el solo enjuiciamiento de las personas, aportan una perspectiva optimista, pues, al menos, existe el aparato judicial capaz de llegar más lejos que el venezolano.

Odebrecht, no precisamente el Bertolt de los dos centavos, sigue estremeciendo  al continente. Luce como una de las consecuencias lógicas del proyecto por el que, anacrónicamente, apostó el Foro de Sao Paulo, en el que propio y extraños licúan las condiciones generadas por una alternativa que resultó peor de las frecuentemente criticadas.

La transnacional ayudó a generar o a encontrar, aprovechándolas, esas condiciones, abriendo el chorro de los sobornos, incluso, allende el chavismo,  kirchnerismo,  moralismo y, por supuesto,  lulaísmo. El delito adquiere visos continentales, abanicando oportunidades muy distintas a los viejos y habituales pillajes de un patrimonialismo aparentemente incurable en América Latina. Sin embargo, da ocasión a la teatralización del juego político.

Nicolás Maduro promete asistir a la octava Cumbre de Las Américas de cualquier modo que lo haga inatajable para la Casa de Pizarro, haciendo entender sus agentes noticiosos que presionó y logró la renuncia de PPK.  Aquél, a quien – faltando poco – le indigna y avergüenza que persigan a los diputados catalanes por sus ideas, le importa más esos lances de coraje, arrebatos verbales de ocasión, que serenar la polémica, afrontando la odebrechtización de un régimen que es tal, porque  da presunto alcance a varios de sus opositores o nominalmente opositores.

Cumbre de una importante trascendencia, le dará material al ocupante de Miraflores para darle continuidad al desarrollo anecdótico, efímero, superfluo y banal del juego político, pendiente de una pieza estelar: los comicios presidenciales. Y éstos, acampanarán a otros, prodigándoles la ventaja de una interlocución interesada y rentable, gracias a una opereta de muchos centavos.

01/04/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/04/01/la-opereta-muchos-centavos/

miércoles, 22 de abril de 2015

ADEMÁS, LA PRENSA CONTAMINADA

EL NACIONAL, Caracas, 22 de abril de 2015
Fidel Castro también sonríe
Aníbal Romero
  
Es su más reciente edición, la revista Time elaboró una lista de las “cien personas más influyentes del mundo”. Esta curiosa compilación, que divide a los allí mencionados según diversos criterios, incluye desde Kim Kardashian hasta el papa Francisco, pasando por Barack Obama y el tirano coreano Kim Jong-un, entre otros. Lo que más sorprende de semejante lista de nombres es la presencia de Raúl Castro, entre los personajes que según Time merecen ser distinguidos dentro de la categoría de “líderes” del mundo actual.
¿Por qué?, cabe preguntarse. Raúl Castro se encuentra al frente del aparato despótico más longevo de América y encabeza los restos de una revolución que, siendo caritativos, constituye el fracaso más patente en la historia moderna de la región. La Cuba que Raúl y Fidel Castro contemplan en las etapas finales de sus vidas es una sociedad postrada, resultado del sacrificio estéril de varias generaciones, persiguiendo quimeras sin destino y aventuras sin rumbo. Cuba no es ejemplo de nada para nadie, excepto, desde luego, cierta izquierda que preserva en sus corazones un recóndito espacio para los sueños inútiles y los resentimientos que genera la ruina ideológica.
Entonces, ¿por qué la revista Time suma el nombre de Raúl Castro a su lista? ¿En qué sentido es influyente este personaje tan astuto como sarcástico? ¿Qué nos dice su inclusión acerca de los rasgos psicológicos e ideológicos dominantes en lo que Vargas Llosa ha denominado “la cultura del espectáculo”, tan extendida en nuestros días?
La reciente Cumbre de las Américas en Panamá proporciona una ilustración elocuente de la confusión entre lo sustantivo y lo simbólico, que aqueja a buena parte de los análisis de la actual situación internacional. Desde el punto de vista sustantivo, Washington logró dos objetivos concretos que perseguía: en primer término, contribuir a estabilizar el régimen cubano ante los peligros que emanan del desastre venezolano. En segundo lugar, darles la oportunidad, tanto a los Castro como a sus súbditos en Venezuela, para que busquen una vía de entendimiento con la oposición “oficial” y sectores económicos privados, de modo de evitar en lo posible una crisis terminal prematura (según la óptica del Departamento de Estado), encaminando la cada día más avasallante anarquía interna dentro de los cauces “constitucionales” que tanto agradan a los estadounidenses, aunque todos sepamos que la Constitución chavista no vale siquiera el papel en que está impresa.
Obama no fue a Panamá a hacer gestos corteses ni obras de beneficencia, sino a resguardar al Estado de Florida frente a la probabilidad de una afluencia masiva de cubanos desesperados, escapando como sea de la isla ante un proceso de desestabilización agudo y acelerado, que podría tener lugar a raíz del impacto del creciente caos venezolano. Ello sin excluir, desde luego, los fuegos artificiales destinados a dar a la prensa globalizada, contaminada a fondo por la “corrección política”, elementos para exaltar a Obama como una mezcla de Metternich, Talleyrand y Bismarck, que “puso fin a la Guerra Fría en el Caribe”.
La Guerra Fría terminó con la demolición del Muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética. Cuba solo tuvo importancia estratégica mientras las superpotencias capitalista y comunista competían entre sí. Lo que se logró en Panamá fue decretar la impunidad de los Castro. Los cubanos no hicieron ni han hecho concesión alguna de importancia sustancial, y el Departamento de Estado ha enfatizado que Estados Unidos no busca un “cambio de régimen” en la isla. Eso es lo clave. Con relación a Venezuela, como dije, a Maduro y su gente se les abre la opción, respaldada por Washington y posiblemente, paso a paso, por La Habana, de negociar arreglos de estabilización política y cambios económicos que les permitan salir del foso en que se han metido, y avanzar con el apoyo de la oposición “oficial” hacia las salidas electorales, así sean una farsa tanto en Cuba como en Venezuela.
Raúl Castro fue acogido como un irreprochable y distinguido caballero en Panamá. Las fibras mentales de izquierda que persisten en Rousseff, Kirchner, Correa, Bachelet (o su representante), Maduro, Morales y el resto vibraron ante la presencia de un símbolo. ¿Un símbolo de qué? ¿Qué se dijo acerca de la permanencia de la cruel dictadura en la Cuba castrista? ¿En qué quedan las decenas de miles de muertos en África, en las montañas de Suramérica, o huyendo de la opresión en el Caribe, en los incontables delirios sangrientos de una revolución que ha significado primordialmente hambre, dolor, expoliaciones, exilios, odio y muerte? Raúl Castro es únicamente símbolo del fracaso de la izquierda latinoamericana, aunque esta última ni se percate de ello.
Numerosos y presuntos expertos han perdido de vista los aspectos sustantivos de la política, tal y como se tramitaron en Panamá, distrayéndose en su lugar con el imaginario de una revolución deleznable, a lo que se añade la sumisión intelectual ante la figura de Obama, cuyos presuntos logros son siempre sacados fuera de proporción por una prensa mentalmente doblegada, cuyo sentido crítico se vuelve gelatina al tratarse de un presidente de color, y además de izquierda.

En cuanto a Raúl Castro, solo cabe suponer su complacencia al verse rodeado de tantos ilusos e ingenuos, y también de cínicos y aprovechadores como él, no pocos de los cuales agitaron banderitas cubanas en su juventud y aún otorgan a los Castro galardones por su “heroísmo antimperialista”. De paso, Raúl Castro debió sentirse halagado, a pesar de todo, al observar los tragicómicos disparates de Maduro, un militante de izquierda radical formado y entrenado en La Habana, a quien seguramente contempla con la condescendencia de un padre hacia un hijo atolondrado pero siempre obediente.
Por su parte Fidel Castro, en la soledad de la almohada, seguramente reconoce que su revolución es un irremediable fracaso. ¿Pero qué importa? En el plano de los símbolos políticos el engaño y la fantasía siguen funcionando. Él y su hermano han controlado Cuba con mano de hierro por más de cinco décadas, y todavía reciben las respetuosas genuflexiones de incontables latinoamericanos, encantados con sus recuerdos sobre “¡Cuba sí, yanquis no!”. Nadie les pide y aparentemente tampoco se les pedirán cuentas a los Castro por los crímenes cometidos. El olvido y la impunidad son ahora el nombre del juego. Washington anda en eso, también con respecto a Venezuela, con la ayuda de la oposición “oficial”. Olvido, impunidad, pactos bajo la mesa, negociaciones a escondidas, consensos sustentados en la desmemoria. No veo razón por la cual Fidel Castro no deba esbozar una sonrisa ante tal mascarada. Yo lo haría en su lugar.

Fotografía: Tomada de la red.
Reproducción: 2001, Caracas, 03/02/1989.