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lunes, 13 de noviembre de 2017

PÓLIZA DICTATORIAL

La dictadura ha conseguido aliados para prolongarse en el poder

"Hay un hecho político, lo suficientemente grave y de impredecibles consecuencias para la ciudadanía, como es el que algunas  individualidades y partidos diligencien y decidan unilateralmente un acuerdo con la dictadura interesada en reconocerlos como voceros exclusivos, tratando de debilitar y menoscabar al resto de la oposición, aún a la más decidida y convincente, como el de comprometer definitivamente la suerte del país para los venideros años”, señaló el diputado Luis Barragán.

Precisó que la experiencia universal de los procesos genuinos de paz y reconciliación, en conflictos tan dramáticos como el de El Salvador, en décadas anteriores, o el de Colombia, por todos años, apuntan a requisitos y  facetas para   para el diálogo y el acuerdo entre las partes que resultan ineludibles en las circunstancias actuales.

Ente varios requisitos y facetas, enunció el parlamentario afiliado a Vente Venezuela, la transparencia y publicidad de los propósitos y procedimientos empleados, el cese inmediato de la violencia y agresiones del poder establecido, la suficiente representatividad de las partes, la mediación de acreditados actores – personalidades e instancias internacionales – objetivamente imparciales, el fiel cumplimiento de las mínimas e indispensables garantías, y la constitución de equipos técnicos  que materialicen   una limpia estrategia para alcanzar los acuerdos reales, comenzando por la inmediata e incondicional liberación de los presos políticos, por  ejemplo.

“Requisitos y facetas evidentemente incumplidas en esta y en las experiencias anteriores, como las de 2014 y 2016 que condujeron a la injusta derrota de las grandes mayorías  del país, ahora sumergidas por la dictadura en una crisis humanitaria que fue suficientemente advertida, como también ocurrió con los recientes comicios regionales y ocurrirá con los municipales,  obviado el   el legítimo reemplazo de los rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE), una deuda contraída por la Asamblea Nacional desde su propia instalación casi dos años antes”.

Agregó diputado Barragán: “La dictadura sabe cuán fraudulento es el origen de la tal constituyente, como necesario y urgente le es reabrir las puertas del financiamiento internacional, por lo que esta ronda de contactos, conversaciones, diálogo, negociación o acuerdo, es un hecho político lo suficientemente grave que no puede esconderse tras los eufemismos en boga, pues la intención y meta de la dictadura es la de prolongarse y conseguir aliados para ello, como los ha conseguido, en lugar de hacer las maletas para irse”.

13/11/2017:
http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacionales/31311-an
https://www.lapatilla.com/site/2017/11/13/diputado-barragan-la-dictadura-ha-conseguido-aliados-para-prolongarse-en-el-poder 
http://www.canaldiez.com/diputado-barragan-la-dictadura-ha-conseguido-aliados-para-prolongarse-en-el-poder 
https://www.sabor809.com/internacionales/111-latino-america/venezuela/658290-diputado-barragan-la-dictadura-ha-conseguido-aliados-para-prolongarse-en-el-pode http://quepasaenvenezuela.com/2017/11/13/diputado-barragan-la-dictadura-ha-conseguido-aliados-para-prolongarse-en-el-poder 
https://www.scoopnest.com/es/user/la_patilla/930033753866502144-diputado-barragan-la-dictadura-ha-conseguido-aliados-para-prolongarse-en-el-poder
Fotografía: Wilmer Tovar (AN, 07/11/2017).

miércoles, 25 de octubre de 2017

LO QUE VIENE

El nuevo Leviatán venezolano: entendiendo el #15OCT 
Michael Penfold

Comprender con exactitud lo que ocurrió el 15-O durante las elecciones regionales en Venezuela constituye para muchos un verdadero misterio. Para otros no existe ninguna sorpresa. Los resultados ya estaban predeterminados pues las condiciones para ir a votar no eran las adecuadas.

Hay quienes piensan que la trampa fue electrónica. Otros mencionan diversas irregularidades tales como las reubicaciones y las sustituciones. Y finalmente hay quienes endilgan la responsabilidad de la derrota opositora en los abstencionistas. También hay quienes prefieren aceptar cualquier explicación –pero en el fondo no quieren entender la verdadera causa detrás del fenómeno– al afirmar que fue una combinación de todos estos factores.

El enredo es ciertamente monumental.

Distintas interpretaciones abren caminos radicalmente diferentes: un fraude clausuraría definitivamente el camino electoral, las irregularidades conducen a incrementar las presiones nacionales e internacionales para mejorar las “condiciones” y la abstención señala que existe un problema de estrategia, organización y liderazgo que debe ser resuelto para poder competir efectivamente con el chavismo.

Los líderes políticos opositores han adoptado distintas posiciones con respecto a este tipo de argumentos, lo cual hace que se dividan entre los que quieren insistir y los que proponen abandonar la participación electoral –no sólo a las venideras elecciones municipales sino incluso a las presidenciales–. Este choque de visiones ha terminado por confundir aún más a todos los ciudadanos que desean promover cuanto antes un cambio político en el país.

El chavismo ve su recuperación electoral de otra manera. Algunos señalan que el 15-O marcó un triunfo de la paz frente a las protestas de los últimos cuatro meses. Otros mencionan que su alta votación fue reflejo de un rechazo a las sanciones, lo cual supuestamente confirma en la mente de la población que el país efectivamente enfrenta una guerra económica. Según esta narrativa, ante la amenaza de ser expulsados del poder por el imperialismo, el chavismo se aglutinó para defender el “bolivarianismo” y salió a votar por convicción: es la confirmación de la más simple de las épicas revolucionarias.

¿Pero qué fue lo que realmente ocurrió? ¿Cuál de estas posibles explicaciones es la verdadera? ¿Cómo es que en un contexto de alta inflación que este año va a terminar en más de 1200 por ciento, con altos niveles de escasez y con la mayor contracción económica de nuestra historia, pudo el chavismo obtener 18 gobernaciones e incrementar su votación en prácticamente todos los estados del país? ¿Qué fue lo que hizo o dejó de hacer la oposición, en unas elecciones en las que sus candidatos enfrentaron todo tipo de irregularidades, para dejar de ganar por lo menos 15 gobernaciones que habían sido proyectadas como seguras? ¿Por qué terminaron tan sólo con 5 entidades? ¿Por qué perdieron una cantidad de votos tan significativa con respecto a las legislativas? ¿Si efectivamente hubo fraude, salvo en el caso de Bolívar, donde existen evidencias físicas de un número de actas que fueron ilegalmente forjadas, cómo es que en el resto del país estas actas terminaron siendo congruentes? Todas estas preguntas merecen ser respondidas.

El tema de la abstención

Uno de los primeros argumentos que se han utilizado para explicar por qué el chavismo obtuvo 18 gobernaciones (independientemente de las irregularidades y los delitos electorales observados) es la abstención. Según esta explicación, la oposición fue derrotada porque la abstención terminó favoreciendo a los candidatos chavistas frente a una sociedad que decidió desmovilizarse.

Algunos reputados analistas y politólogos –e incluso diversos voceros de los partidos de oposición– han recurrido a esta variable como recurso para identificar las razones por las que en algunos estados perdió el candidato opositor mientras que en otros ganó el chavismo. Los mismos se basan en las encuestas previas a los comicios que revelaban que el chavismo estaba mucho más motivado a ir a votar que la oposición. Se ha llegado incluso a esgrimir el argumento de que la clase media se abstuvo de forma significativa, lo cual minó la votación opositora, especialmente en los centros urbanos y por lo tanto en los estados de mayor tamaño e importancia.

Los datos de los resultados electorales, por lo menos a nivel de los estados, no parece respaldar completamente este tipo de argumentos y tampoco favorece abiertamente la idea de aquellos que hablan de abstención georreferenciada. Quizás pueda haber referencia puntual en algunos municipios que reflejen lo que se encontró en los estudios de opinión; pero en términos generales, los resultados arrojan algunas dudas iniciales sobre la utilidad de este tipo de afirmaciones.

La abstención nacional para estos comicios regionales (38.9%) fue mucho menor que la observada en la elección para gobernadores del 2012 (46.1%), y un poco mayor a la registrada en el 2007 (34.5%). La abstención en gran parte de las regiones del país tampoco evidencia una desviación muy alta con respecto a la media, lo que en la práctica sugiere que la abstención no tuvo un claro sesgo político. Curiosamente, la oposición logró obtener un triunfo en el Zulia que fue el estado con la mayor abstención observada en toda Venezuela (44.3%). ¿Si la abstención es la variable explicativa, cómo es que podemos comprender a través de ella el triunfo opositor en este caso tan relevante? Asimismo, la oposición perdió en estados como Cojedes y Lara que presentaron una de las menores tasas de abstención (30% y 36% respectivamente) y en cambio ganó en Mérida (con un 35.2% de abstención) que fue una región que mostró uno de los niveles de participación más alta.

Estos resultados parecieran indicar más bien que la distribución de preferencias entre los que participaron y los que se abstuvieron se distribuyen de una forma similar en los distintos estados. Simplemente, la evidencia empírica inicial no respalda el poder tan fuerte que se le atribuye a este tipo de variable sobre diferencias relativas en la participación por grupo político, tal como apuntaban las encuestas. Es probable que los datos más detallados a nivel municipal e incluso a nivel parroquial contravengan esta afirmación. Sin embargo, en el agregado estadal, la idea de que la oposición perdió en aquellas provincias donde los votantes se quedaron en sus casas luce un tanto débil. Algunos mencionan municipios puntuales para refutar esta idea, tales como Baruta y Chacao. Sin embargo, estos municipios mostraron tasas de abstención elevadas quizás porque fueron territorios que estuvieron sujetos a una dosis muy intensiva de reubicaciones, y a los incrementos muy elevados en los costos de movilización.

En la opinión pública venezolana este tipo de afirmaciones se han afianzado a pesar de ser extremadamente problemáticas: trasladan la responsabilidad de la derrota opositora a la sociedad y no logran identificar sus verdaderas causas. La realidad que muestran las estadísticas que presenta el CNE (que evidentemente deben ser cuestionadas) es que la sociedad venezolana salió a votar y no lo hizo de una forma muy diferente a como lo ha hecho en el pasado.

Al relativizar la abstención como variable crítica, una potencial explicación alternativa podría radicar en variaciones de los patrones de votación entre aquellos ciudadanos que efectivamente decidieron salir a votar. Como veremos, estos cambios son notorios pero también resultan extremadamente complejos de interpretar, en especial porque muestran una elevada efectividad en la votación del chavismo en todo el territorio nacional.

Diferencias relativas en la movilización

Es fundamental partir de una comparación adecuada con otros comicios para poder tener una fotografía exacta de lo que ocurrió el 15-O. Esta comparación permite establecer cómo fue que creció o decreció en número de votantes, con respecto a elecciones anteriores, tanto el voto chavista como el voto opositor en cada uno de los estados durante las elecciones regionales. La única forma de garantizar que esta estimación sea comparable, es normalizando la comparación por el nivel de abstención en todas las regiones. De lo contrario, la comparación puede llevar a conclusiones erróneas debido al potencial efecto negativo que ha tenido la emigración de venezolanos al exterior y podría terminar subestimando o sobrestimando el verdadero esfuerzo de movilización y cooptación del voto de los distintos partidos políticos entre aquellos que decidieron salir a participar el 15-O.

La tabla que a continuación publicamos presenta el crecimiento tanto en votos como en porcentajes de la votación chavista como opositora. Para ello se recalculó la votación de las elecciones legislativas de 2015 por estado, tomando como referencia la abstención observada en las elecciones regionales. Esta comparación de la participación normalizada por abstención permite estimar el crecimiento en términos reales de la votación, así como el esfuerzo efectivo de movilización; dicho de otra manera, captura los verdaderos cambios en la votación de ambos bandos, independientemente de la abstención y de la cantidad de venezolanos que en los últimos dos años se hubiesen mudado al exterior.

cuadro

Los resultados son importantes y muestran cambios significativos en los patrones de votación. En términos generales, con respecto a las elecciones legislativas, el chavismo en las elecciones regionales, logró aumentar su votación en términos reales en todos los estados del país (salvo Apure). Por primera vez desde que se inició el periodo presidencial de Maduro, este crecimiento incluye incluso a todos los estados urbanos más grandes de Venezuela. Existen cinco estados que muestran tasas muy altas de crecimiento, entre 15 a 25 por ciento, tales como Mérida, Miranda, Guárico, Lara, Nueva Esparta, Sucre, Trujillo y Yaracuy. En Amazonas, el chavismo creció en más de un 44 por ciento.

Al analizar estos indicadores, en el papel, la maquinaria chavista fue particularmente efectiva en lograr capturar la votación entre los que salieron a ejercer su derecho al voto en algunos estados urbanos de mayor tamaño y también en los estados rurales más pobres. Este comportamiento refleja un contraste novedoso con respecto a elecciones anteriores, en los que la maquinaria chavista más bien había mostrado una alta efectividad en los estados medianos así como en los estados pequeños.

La oposición, en cambio, muestra un patrón de decrecimiento en todos los estados (salvo Delta Amacuro) con tasas de baja efectividad de votación en los principales estados del país. Los datos también denotan un decrecimiento muy alto de la votación opositora en los estados urbanos que hasta hace poco habían sido su bastión electoral de mayor apoyo.

En principio, la historia que emerge de esta evidencia estadística es una en la que el chavismo fue sustancialmente más exitoso que la oposición en movilizar y cooptar a aquellos venezolanos que decidieron participar en el proceso electoral, especialmente en el cono urbano centro occidental, que es donde se concentra la mayor parte de la población. ¿Cómo logró el chavismo capturar el voto urbano? Muy probablemente esto fue resultado del efecto del gasto clientelar a través de los CLAPS y el uso de mecanismos de control social por medio de los puntos rojos y el carnet de la patria. Aun si aceptamos el efecto clientelar de la compra de votos, los datos también revelan que la oposición dejó de ser competitiva en los principales centros urbanos y que su oferta fue mucho menos exitosa que en las elecciones legislativas. Esta realidad solo hay una forma de explicarla: votantes que habían optado por la oposición en las elecciones legislativas pasaron a votar por el chavismo durante los comicios regionales. En términos reales, es decir, una vez que se controla por la abstención, la oposición perdió más de 2 millones de votos y el chavismo ganó 656.000 votos que solo pudo haber obtenido quitándoselos a su contrincante. Por lo tanto, la oposición dejó de movilizar 1.350.000 votos con respecto a las legislativas aún normalizando por abstención. Estos datos sugieren que la oposición tuvo en estos comicios un enorme problema de organización que no se presentó en las legislativas.

Esta transformación en los patrones de movilización pudo haber ocurrido por varias razones: el votante cambio de preferencias (votaron en contra de las sanciones y las protestas) o el votante le fue comprado su voto clientelarmente (CLAPS, Puntos Rojos y Carnet de la Patria). Otra posibilidad es que la identidad de los votantes haya sido usurpada electrónicamente (lo que en Venezuela llamamos el “voto puyao”).

Todas estas hipótesis son perfectamente legítimas. ¿Pero cómo podemos explicar un crecimiento tan acentuado de la votación chavista y una efectividad en la votación tan baja de la oposición? ¿Cómo es que en los estados Miranda y Carabobo la votación chavista creció en 17.4% y 10% respectivamente?

Resulta un tanto sospechoso que en el contexto de la mayor contracción económica de la historia del país y con un proceso hiperinflacionario en pleno desarrollo, el gobierno obtuviese 54 por ciento de la votación nacional y que el voto castigo no hubiese operado en la mayoría de las entidades. Resulta tremendamente sospechoso, así mismo, que los candidatos de oposición mostraran altos niveles de intención de voto en todos los sondeos de opinión, al menos en los estados de mayor concentración urbana como Miranda, Carabobo, Lara y Aragua. Sin embargo, en todas estas regiones la oposición perdió contra el chavismo, salvo en el caso del Zulia (donde hubo la mayor abstención pero en donde la oposición lideró en los sondeos con una amplia ventaja). Este cuadro electoral plantea un acertijo que tiene que ser debidamente explicado.

De ahí que sea fundamental establecer si el cambio en el patrón de la votación chavista fue resultado de un crecimiento orgánico o si fue inflado por medio de irregularidades y delitos electorales que hayan podido alterar de forma definitiva los resultados en alguna de las regiones. Algunos analistas han dicho que esto se puede explicar por medio de una pequeña sumatoria de efectos (sustituciones, reubicaciones, voto puyao, etc.). Sin embargo, el cambio el patrón de votación del chavismo en todo el territorio nacional es de tal magnitud que solo un efecto muy grande que refleje algún cambio político o incluso de preferencias electorales puede explicar este tipo de fenómeno. El efecto parcial de estos factores luce demasiado pequeño como para explicar el tamaño del cambio observado. Una tesis que puede ayudar a responder muchas de estas preguntas está relacionado con el uso masivo del clientelismo y la intimidación.

Los puntos rojos y el carnet de la patria

La principal diferencia entre las condiciones que rodearon las elecciones legislativas con respecto a las regionales no fueron la conformación del CNE ni el uso clientelar de los CLAPS sino la masificación del despliegue de los puntos rojos el 15-O y la entrega masiva de los carnets de la patria. Otra diferencia con respecto a estos comicios anteriores fueron las sustituciones y las reubicaciones; pero como veremos más adelante, en términos generales (salvo para Bolívar y Miranda) los efectos de este tipo de trucos fueron limitados.

De modo que la verdadera diferencia radica en los puntos rojos y el uso de mecanismos electrónicos para acceder al subsidio alimenticio. Durante la elección legislativa del 2015, el carnet de la patria aún no estaba operativo. En la actualidad estos carnets electrónicos son fundamentales para acceder a los CLAPS y en caso que no hayan sido renovados se les puede limitar a las personas el acceso a su principal fuente de alimentación subsidiado. En la práctica, este plástico electrónico permite ejercer un control social y potencialmente político sobre el acceso de los individuos a los diversos programas del gobierno pero en particular a los CLAPS. Según diversas encuestas, casi el 70 por cuento de la población dice acceder a los CLAPS aunque de forma irregular. Esto supone que por lo menos 3.700.000 hogares pudieron efectivamente ser registrados para utilizar el carnet de la patria. Evidentemente, la mayor parte de estos hogares se encuentra en zonas urbanas y de bajos ingresos. El carnet también es presentado por los líderes nacionales y comunitarios del chavismo como un mecanismo de control electrónico sobre el comportamiento de las familias.

Los puntos rojos fueron instalados el día de las elecciones regionales anexo a múltiples centros en todo el país. Según diversos testimonios opositores, estos puntos rojos tuvieron conexión a Internet inalámbrico para renovar el uso del carnet de la patria el 15-O. Estos mismos testimonios afirman que en muchos puntos rojos, la renovación del carnet estuvo condicionado a que la persona (y por lo tanto la familia) acudiera a votar (aunque en Venezuela el voto no es obligatorio). Si efectivamente esto ocurrió a gran escala, algo que no se puede afirmar a ciencia cierta, el diseño clientelar de este mecanismo le garantizó al PSUV una movilización prácticamente automática del voto a un muy bajo costo (pues debió reducir el uso de despliegues de autobuses y Jeeps para ir a buscar a las personas).

Otros testimonios sugieren que el carnet era dejado en el punto rojo mientras los individuos iban a votar y luego de haber depositado su voto debían pasar a recoger en las afueras del centro la renovación del carnet. El hecho que todo esto ocurriera minutos antes de entrar a los centros de votación –y a través de un mecanismo electrónico que lograba exacerbar el mensaje que los votantes estaban siendo observados– pudo haber condicionado de forma evidente la forma como los ciudadanos en diversos sectores populares y de clase media baja terminaron votando. La posibilidad de perder acceso a los CLAPS por no renovar el carnet de la patria pudo haber llegado a generar un potente condicionamiento del voto y también pudo haber garantizado una mayor movilización.

Al final de la tarde del 15-0, los puntos rojos tenían la capacidad de chequear en tiempo real quienes habían dejado de renovar el carnet de la patria. Estos individuos eran contactados inmediatamente para que asistieran a renovar su carnet y por lo tanto para que salieran a votar. El CNE extendió el horario de votación en algunos centros, sobre todo en los sectores populares, incluso hasta las 9 de la noche, lo cual expandió la efectividad de este mecanismo clientelar. La expulsión violenta que reportan algunos testigos opositores a los que fueron sujetos dejaron que este mecanismo operara con menores controles en los centros en los que se presentó este tipo de problemas.

Contrario a lo que creen muchos, las tarjetas de la patria no fueron entregadas tan solo a los chavistas. Muchos votantes opositores después de las elecciones legislativas recibieron su carnet de la patria por lo que fueron repartidos a diversos grupos de la población indistintamente de su credo político. Sin embargo, la renovación del acceso pudo llegar a responder al cumplimiento de expectativas sobre el comportamiento tanto social como político del beneficiario, sobre todo en momento en los que el gobierno enfrenta un evento electoral. Este fenómeno pudiese explicar cómo fue que el chavismo logró crecer el voto en zonas urbanas de bajos ingresos y en estados de gran tamaño –con altos niveles de descontento social– pero también cómo fue que lograron “voltear” alguno de los votos de la oposición con respecto a las elecciones legislativas. La efectividad de este mecanismo de coerción social, en un contexto hiperinflacionario, es realmente pasmoso.

Si este mecanismo llegó a tener una tasa de efectividad por ejemplo del 30 por ciento sobre el número de votantes que utilizan el mencionado carnet, entonces es posible explicar no solo el cambio en la movilización de la votación chavista, sino incluso por qué no se materializaron las predicciones de las encuestas en cuanto al comportamiento del voto opositor. Pareciera que en las encuestas los ciudadanos revelaron sus verdaderas preferencias pero durante el día de la votación el nuevo sistema los entubó.

El gobierno ha logrado crear una versión 2.0 de las misiones del 2004 (es imposible olvidar la famosa lista Maisanta y la expansión del gasto social a través de diversos programas) pero con unos resultados aún más impresionantes debido a su sofisticación tecnológica y la forma de condicionamiento del voto a través de los puntos rojos. Este mecanismo pareciera ser incluso inmune al descontento social y la inflación. Todavía más importante para el chavismo: este es un mecanismo “limpio” desde el punto de vista de las actas y las auditorias que está obligado a realizar el CNE. Evidentemente, el proceso no es limpio ni justo ni libre desde el punto de vista del votante, pues su voto no solo es sometido a una práctica clientelar cuestionable (que es muy común en todos los países latinoamericanos) sino que es sometido a una forma de coerción social a través del mecanismo de los puntos rojos en el momento de ejercer su derecho al voto (algo que sería impensable en cualquier democracia del hemisferio occidental).

No es exagerado afirmar, después de haber estudiado por décadas estos sistemas en diversas partes del mundo, que hemos llegado a la instauración del clientelismo más desarrollado tecnológicamente de toda América Latina; es además sin duda uno de los más autoritarios. Es indudable que el gobierno pudiese haber logrado generar un cambio en el patrón de movilización de una gran parte de la población por medio de una tecnología de control social que pareciera ser efectiva en el condicionamiento del voto y que es altamente inmune incluso a un ambiente de adversidad económica. El efecto de este sistema es tan grande que en diversos centros electorales de Miranda, el candidato del chavismo, Héctor Rodríguez, obtuvo 50 por ciento más de votación que el mismo Hugo Chávez Frías en su mejor momento. La tasa de participación en algunos de esos centros fue hasta de 85 por ciento. Es posible también que en estos mismos centros operará el “voto puyao” pero para comprobarlo sería necesario auditar los cuadernos y las captahuellas.

El efecto de las reubicaciones

Las reubicaciones fueron diseñadas como un instrumento adicional –una especie de estocada– para definir las elecciones en el margen. En aquellos estados en los que la dosis de puntos rojos y carnets de la patria lograron inflar la votación, las reubicaciones hubiesen permitido hacer la diferencia electoral. La tabla anterior muestra el efecto porcentual de las reubicaciones en cada uno de los estados que fueron sujetos a este tipo de tratamiento. Este cálculo puede estar sujeto a errores pues fue realizado sobre una muestra de centro electorales reubicados en el Estado Carabobo y extrapolado al resto del país. En Miranda el efecto de las reubicaciones debe ser más alta que lo aquí estimado pues fue un estado con una dosis muy alta en este tipo de cambios que afectó a más de 200 mil electores. Sin embargo, la estimación, con todas sus limitaciones, permite ilustrar el punto.

Al analizar el efecto de las reubicaciones, en el contexto de las diferencias porcentuales de la votación, vemos que las reubicaciones quizás no tuvieron un efecto decisivo en los estados en los que perdió la oposición salvo en el Estado Bolívar (en donde el triunfo del candidato del PSUV fue una consecuencia combinada del forjamiento fraudulento de actas así como de las reubicaciones). La diferencia en Bolívar fue tan estrecha que este efecto de las reubicaciones pudo haber impactado.  En el Estado Miranda, las reubicaciones también jugaron un papel fundamental a favor del chavismo; la misma debe ser mucho más alta que el cálculo aquí reflejado pues la intensidad en el uso de este truco fue significativamente más elevado que en Carabobo. Ahora bien, más que las reubicaciones, en casi todos los estados del país pareciera que la variable explicativa del triunfo chavista pudo haber sido el mecanismo de cooptación social que generaron los puntos rojos y el carnet de la patria. El efecto fue tan grande que en la mayoría de los estados en donde se aplicaron –salvo Bolívar y Miranda– no hizo falta utilizar las reubicaciones para cobrar el triunfo.

Táchira y Zulia

Los estados Táchira y Zulia muestran un comportamiento diferente al resto de las regiones del país. Quizás por ser estados fronterizos, la dinámica del tema alimentario y la dependencia de las familias de los carnets de la patria y el acceso a los CLAPS sea un tanto diferente. En la frontera el contrabando provee alternativas que no tienen disponibles la población que habita en otras provincias del país. En estos estados el valor transaccional del carnet de la patria probablemente sea distinta al resto de Venezuela. Pero lo cierto es que tanto en el Táchira como en el Zulia la efectividad de los carnets de la patria parecieran haber sido menor (o porque no funcionaron o quizá no les entregaron los suficientes plásticos) lo cual permitió que los votantes opositores que revelaran sus preferencias con menores restricciones. En todos los sondeos ambos candidatos de oposición lideraban en las encuestas con una amplia diferencia, lo cual les permitió blindarse frente a este tipo de instrumentos. Algo parecido pudo haber ocurrido en Anzoátegui con Aristóbulo Istúriz. Tampoco es posible descartar que la “cultura” tachirense, zuliana e incluso merideña (que es una cultura recia) no les haya dejado a los votantes opositores dejarse chantajear por este tipo de mecanismo clientelar.

Los testigos, las actas y las auditorías

Un último punto a considerar es la capacidad que tiene la oposición de tener testigos en todas las mesas y de recolectar las actas. La importancia de esto se hizo patente en el Estado Bolívar. La ausencia de testigos o su expulsión por medios violentos o coercitivos facilita varios tipos de irregularidades que pueden afectar los resultados de una elección, que no pueden descartarse hayan ocurrido en esta ocasión, aunque nadie haya podido probarlo. En este sentido, una lucha adicional sobre las condiciones electorales debe ser el diseño y la implementación de un nuevo sistema de auditorías que permita minimizar la posibilidad de modificacion de resultados por esta vía. Ha llegado la hora de que se pueda auditar incluso los cuadernos de votación.

Lo que viene

El chavismo pareciera haber mutado a un nuevo mecanismo de coacción y condicionamiento del voto que es altamente efectivo y que luce logística y tecnológicamente muy sofisticado. Los resultados del 15-0 muestran que electoralmente este sistema le funcionó al chavismo pero lo hizo minando tanto las condiciones electorales como los derechos de los votantes. ¿Cómo competir con semejante sistema? Difícil saberlo. No existe ninguna experiencia global que posea un sistema con una tecnología de esta naturaleza. En principio las diversas consecuencias políticas e incluso también electorales que conlleva la introducción y la ampliación de una tecnología clientelar con estas características son las siguientes:

1. Este nuevo sistema clientelar permite explicar cómo fue que el chavismo logró movilizar su base electoral aún en un contexto histórico social, económico y políticamente desfavorable como el que hemos vivido en los últimos años. El costo de movilización del votante cae estrepitosamente gracias a la infraestructura logística (puntos rojos) así como a la infraestructura tecnológica y los mecanismos de control social provistos por el carnet de la patria durante el día de las elecciones, lo cual logra a su vez condicionar psicológicamente el voto a cambio del acceso continuo a los CLAPS.

2. Esta tecnología plantea una asimetría aún más grande entre la infraestructura de movilización del voto que existe entre el gobierno y la oposición. Las tradicionales apuestas del 1 x 10 e incluso la logística de transporte se van a hacer cada vez menos competitivos frente a esta innovación. El clientelismo clásico ha sido definitivamente enterrado por el chavismo.

3. El chavismo se va a sentir cada vez más cómodo, gracias a esta tecnología, en llamar e incluso adelantar elecciones. Es de esperar que la Asamblea Nacional Constituyente decida mover las elecciones de alcaldes para Diciembre y quizás también acelere las elecciones presidenciales para el primer semestre del año entrante. También es de esperar que Maduro apueste a la reelección. Sus probabilidades de obtener un triunfo, luego de este experimento, seguramente van a crecer dramáticamente. Este sistema, una vez que el PSUV pueda organizar más elecciones con este tipo de tecnología clientelar, se volverá cada vez más sofisticado.}

4. En caso que el Presidente Maduro decida no ir a la reelección, especialmente para impedir un escalamiento de las sanciones internacionales, el candidato del chavismo contará con una plataforma formidable para vencer a cualquier candidato opositor.

5. Este sistema clientelar no sólo fue efectivo para movilizar la base chavista sino que también ayudó a cooptar el voto castigo opositor. Los 656.000 votos que se voltearon entre las legislativas y las regionales a favor del chavismo pudieron perfectamente ser un resultado del funcionamiento de este tipo de mecanismos (y en especial el de los puntos rojos). Esto solo se puede impedir con un CNE independiente. Aquellos partidos opositores que bregan por un director adicional lamentablemente se van a quedar cortos pues con 3 directores oficialistas y dos opositores y ninguno independiente es imposible desmontar estos arreglos.

6. Es por ello que para la oposición también es fundamental presionar para que los venezolanos en el exterior puedan ejercer su derecho al voto: no tanto para vencer el tema de abstención sino porque independientemente de su ideología estos votantes no están expuestos a este tipo de tratamiento clientelar. Sin el voto de los venezolanos que viven en el extranjero es aún más cuesta arriba derrotar electoralmente a este tipo de sistema.

7. El gobierno va a fomentar el crecimiento capilar de este fenómeno a través de sus nuevos gobernadores. No es casual que uno de los primeros anuncios del Presidente Maduro, después del 15-O, haya sido descentralizar la distribución del carnet de la patria a las regiones. Es un paso previo que revela que el chavismo ya se está preparando tanto para las elecciones de alcaldes como para las presidenciales.

8. La única forma cómo la oposición puede competir electoralmente con este sistema tan robusto es por medio de un cambio de condiciones tanto electorales como en el uso de los recursos del Estado. Adicionalmente, la oposición requiere urgentemente de una verdadera unidad política que sea capaz de movilizar emocionalmente a toda su base ciudadana de una forma voluntaria. Tan solo un liderazgo altamente carismático en conjunto con una gran alianza social puede llegar a alcanzar semejante objetivo. Aquellos partidos que afirman en privado que pueden llegar a correr en unas elecciones presidenciales de una forma tradicional y sin un relanzamiento de la unidad, que le permita conectar con los sectores populares, viven en una absoluta quimera.

Si esto fue lo que realmente ocurrió el 15-O es indudable que este nuevo Leviatán venezolano es simplemente colosal.

Fuente:

jueves, 12 de octubre de 2017

BLOQUEOS

De la crisis institucional  en  dictadura
Luis Barragán

Asistimos a una crisis institucional del régimen que aspira a su definitiva consolidación como una dictadura – no redundamos – irrefutable que cuente con el reconocimiento de la comunidad internacional, por el mínimo y suficiente cumplimiento de ciertas formalidades democráticas, pues, al fin y al cabo, Cuba tiene las suyas, y – a la vez – le permita diligenciar  los recursos financieros que les son tan indispensables para su mera supervivencia: acceso al mercado de las armas, publicidad gubernamental y puntual cumplimiento del servicio de la deuda externa. Y es que, como ocurre con toda dictadura que ha transitado la etapa bonapartista (*), tarde o temprano tendrá que afrontar el caos social y económico que ha generado y agravado, agotado como una herramienta favorable a sus objetivos tácticos.

Significa zanjar las diferencias, negociando y pactando una convivencia estable, entre las distintas e inevitables corrientes internas del poder establecido, procurado el definitivo del dominio del madurismo que ejerce el mandato real de una tal constituyente ideada como un instrumento algo más que complementario. Se abre paso el potencial relevo de los venideros años, capaz de relegar al ya viejo sector militar del PSUV,  olvidado el que soportó al MVR-200, hoy concedidos determinados poderes de negociación  a quienes, años atrás, desempeñaban roles secundarios.

Relevo que pasa del solo dominio de los resortes ministeriales, velando por una retaguardia burocrática, que ahora se exige como vanguardia política, añadido el pronto regreso al poder, emulando más al sandinismo que al peronismo, en el caso de cualquier eventualidad. Luego, la crisis es la del reacomodo al interior de una tripulación que amplía la cabina para el relegamiento de los otrora copilotos, como sucedió con Luis Alfonso Dávila y sucederá con Diosdado Cabello, ya expulsados Jorge Giordani o Héctor Navarro, so pretexto de una carta de navegación vedada a la discusión.

Además, sin que la hipótesis  implique  desmotivación alguna, pretendiendo  aleccionarnos respecto a la capacidad de incurrir en un masivo e impune fraude, como acaeció el consabido 30 de julio, el relevo dice ostentar un poder originario a través de la tal constituyente, aplaudiendo la faena de los comicios regionales reducidos a la única selección de los gobernadores, luego de empujar a una oposición que decidió concurrirlos inconsultamente. Negada la MUD como una instancia de colegiación, celebradas luego unas  primarias de un curioso carácter censitario, sectores de la oposición probarán suerte en unas elecciones sesgadas, semicompetitivas y, por consiguiente, de resultados no garantizados.

La dictadura que, por siempre, se ha dicho participativa y protagónica, ensaya una modalidad de coexistencia de las propias tendencias que la informan, pues, no ha existido jamás un tránsito inocente por el poder, deseándolas regladas por la tal constituyente que también espera por los recursos que afanosamente buscan en el exterior, aspirando a competirlos gracias a la sobrevenida facultad de sancionar el presupuesto público nacional. Dándole algún piso social, surge el nuevo clientelismo a la sombra de las cajas del CLAP, curioso soviet de  los días que transcurren, afincado más en una modalidad de negocios y de la violencia que en su fuerza y eficiencia movilizadora.

La necesidad es la de mantener un conflicto de distintas intensidades, con los adversarios reales o imaginarios trastocados en el enemigo común del antiguo populismo de movilización, sumados los lacayos del imperialismo; asestarle un duro golpe a la unidad opositora, soslayando la vigencia y consumación de los resultados del plebiscito del 16 de julio próximo pasado; y, a la vez, minimizar los riesgos de una creciente deslegitimación, convidándola a unos comicios que acredite una diplomacia que no cuenta, precisamente, con agentes de una comprobada destreza política.

El reto de la dictadura está en lograr su aceptación resignada, comprometida a no expandirse como la cubana posterior a los ’70 del ‘XX, porque – objetivamente – Maduro Moros dista demasiado de Chávez Frías,  ya no dispone de los recursos petroleros que sorteó en el continente, ni el respaldo militante de los gobiernos de Brasil o Argentina, excepto pise más a fondo el terreno delictivo de la comercialización de las armas, las drogas, la manipulación financiera o el terrorismo mismo. Esa resignación tiene una menor significación interna, revalidada por la feroz censura y represión, aguijoneando las rivalidades de una oposición que ayuda a la superior aglutinación política y, acaso, cohesión social de los sectores oficialistas en una forzada y permanente tregua.

La tal constituyente, cual soviet supremo, multitudinario e inoperante, le confiere al relevo una mejor posición para afianzar la fusión PSUV-Estado, reforzando la esfera ministerial, compacta y presupuestada, cuya promesa es la de moldear una institucionalidad en la que quepan todos los afectos. Nada fácil la fusión definitiva, habida cuenta del rol estelar de la corporación castrense, debilitada la petrolera con sus tecnócratas de ocasión, es de suponer que la encabezará – hasta nuevo aviso – Maduro Moros ad infinitum, junto a sus inmediatos colaboradores o elegidos llamados – de plantearse – a la sucesión, forzando a sus más cercanos seguidores a desempeñar una  influencia similar a la de unos señores feudales que sólo velan por sus intereses e, impedidos de transitar libremente el globo terráqueo para los que le sobra dinero, por su propio pellejo.

La redistribución interna de poderes dista de la que hizo Chávez Frías, heredero de las vetustas prácticas del engranaje clientelar y prebendario que supuso la aceptación e incómoda convivencia con factores o grupos sociales y económicos de presión, hasta amilanarlos sin que  jamás los reconociese como actores públicos.  El actual reparto obliga a una simplificación de las instancias de poder, dejando atrás el inútil, complejo y costo dispositivo de gobierno que bien lo ejemplifica el sistema de vicepresidencias ejecutivas, ministerios y viceministerios, protectorados y empresas diversas, fungiendo las embajadas y consulados como medios de compensación personal.

Los resultados de las próximas elecciones regionales, como de las sucesivas que la experiencia autorice, tenderán a preservar una ficción de equiparación de fuerzas, aunque se diga competitiva la dictadura sobre la cual pesa más del 90% del rechazo de la población. Pudiendo excederse más de lo que efectivamente hizo el 30 de julio, cuidó de la polarización estratégica que, insistimos, la compacta ante los adversarios que terminan confundidos, a la vez que la ayuda a maquillarse en los foros internacionales.

Bastándole la formal selección de un número conveniente de gobernadores de oposición, además, los capacitará para rivalizar con  sus referentes nacionales y, aún no seleccionados, de influirlos decisivamente, pues, saldo de la derrota, los habrá consagrados como interlocutores o líderes regionales que posiblemente probarán a la posterior ocupación de una importante alcaldía.  Desactualizada la representación, la postergación de los comicios para los legisladores regionales y concejales, no sólo asegurarán el adicional control de los futuros gobernadores y alcaldes, sino que facilitarán la emergencia de una dirigencia de la oposición local que, en aprietos, no tendrá adversarios cercanos y calificados en sus propias filas.

Aceptando la antigua jerga, poco importará la dramática separación entre el país nacional y el país político, tras avivar una polarización artificial que se traduzca en un modelo de usos múltiples: la cohabitación que, negociaciones por delante, garantice el predominio madurista y, a la vez, ofrezca garantías de supervivencia a sectores de la oposición que, por ahora, la inhabilitación administrativa ensombrece o puede ensombrecer, torpedeada por la anulación frecuente del pasaporte. El reconocimiento de la tal constituyente con el respeto provisional de la Asamblea Nacional, ofrecen una de las variadas pautas de utilidad para el poder establecido que ha sido eficaz en la administración del conflicto.

La crisis nos remite a la de la propiedad institucionalidad del oficialismo en su definitiva fusión con el Estado, siéndole indispensable una oposición que ayude a moldearla. En la era del post-bonapartismo, sabe muy bien que, salvo la pólvora, carece de los recursos materiales y simbólicos necesarios, desconfiando del soporte social que descansa en un lumpemproletariado que, como todo aquel que se precie, tiene por vocación el oportunismo y la deserción.

sábado, 9 de septiembre de 2017

ATORNILLAMIENTO

Gobernadores del Estado Comunal
Julio César Moreno León

Luego de la derrota sufrida por el gobierno en la fraudulenta elección constituyente del pasado 30 de julio, los partidos políticos  desviaron brusca y sorpresivamente el rumbo de la lucha opositora.
Después de acorralar a la tiranía, demostrar ampliamente su ilegitimidad y de lograr su condena internacional, en vez de proseguir esa política justa y correcta los partidos atienden al canto de sirena de las elecciones regionales.
En los meses previos a la vergonzosa trampa oficialista, las organizaciones políticas lograron interpretar y asumir los sentimientos democráticos de los ciudadanos. Funcionó entonces, por primera vez, la unidad perfecta de líderes políticos y sociedad civil. Y se logró incorporar, también por primera vez, a los más pobres en la protesta activa, decidida y valiente contra el gobierno y sus bandas represivas.
A pesar de la criminal violencia desatada, el proyecto comunista no pudo disimular su debilidad ni ocultar la ausencia de sectores populares que salieran a la calle en su defensa.
Así quedó demostrada la desaparición del PSUV como soporte importante de la dictadura, se fracturó la unidad del Proyecto, y acorralada por la Fiscal General de la República la cúpula militar-civil desluce a la hora de refutar graves denuncias de corrupción formuladas por su antigua compañera de ruta. Y gracias a la guardia nacional, los colectivos y las policías, la represión quedó como única herramienta defensiva de esta caricatura revolucionaria.
Por eso, tenemos derecho a  preguntar qué ocurrió, y por cuál motivo después de ganar esa batalla se va  participar en elecciones que estarán bajo la rectoría dictatorial de esa misma asamblea constituyente que los partidos denuncian como ilegítima, que la ciudadanía repudia, y que la comunidad internacional desconoce.  
Si el país combatió en la forma como lo hizo a la fraudulenta asamblea, la consecuencia lógica de aquel combate era continuar luchando contra su ilegítima instalación, contra sus arbitrarios procedimientos y contra los efectos “jurídicos” de sus ilegales decisiones.
Hoy, nuevamente envuelta en la incertidumbre, buena parte de la opinión pública considera incoherente aceptar la continuidad del mismo CNE que instrumentó el fraude, falsificó groseramente los resultados del truculento proceso, y ratificó luego su incondicional acatamiento a los usurpadores de la soberanía popular.
Tampoco resulta coherente que los partidos, a pesar de denunciar la ilegitimidad de la asamblea oficialista acaten su vigencia, al reconocerle competencias para adelantar elecciones regionales, y para suspender votaciones de consejos legislativos manteniéndolos bajo control de diputados del PSUV con mandato vencido.
En vez de desconocer esas medidas, tomadas en un organismo espurio que cercena derechos electorales y que inutiliza administrativa y políticamente  a los próximos gobernadores, los líderes partidistas van a participar en esta desventajosa contienda haciéndose coparticipes de evidentes violaciones de  las leyes y la constitución. De esa manera, quieran o no quieran reconocerlo,  en este caso, la MUD acepta la nueva y forzada legalidad que impone la dictadura.
Mientras esto ocurre, el totalitarismo no duerme y retoma la iniciativa ante un liderazgo que se baja de su escenario para competir en patio ajeno, y de nuevo acepta las condiciones que impone el enemigo.
Con calculada frialdad los totalitarios permiten que la Asamblea Nacional siga funcionando en el palacio legislativo, pero conforman la “comisión de la verdad” que servirá de tribunal popular para enjuiciar a los diputados y líderes democráticos, y que además decidirá quiénes de los candidatos elegidos en las primarias podrán ser efectivamente aspirantes a las anheladas gobernaciones.
Ya lo dijo Diosdado, “quienes llamaron a la calle no podrán ser candidatos”.
En esa misma asamblea fraudulenta se anunciaron, el pasado 15 de agosto, algunas medidas con las que aspiran liquidar para siempre a la disidencia democrática. En esa oportunidad Maikel Moreno, el insólito presidente del TSJ propuso el aumento de la pena máxima a 50 años de cárcel para terroristas y enemigos de la patria.
Por supuesto en la lista de terroristas enjuiciables se encuentran, entre otros, Julio Borges, Henrique Capriles, Henry Ramos, Tomás Guanipa, Juan  Requesen, Miguel Pizarro… etc; además de los alcaldes perseguidos o encarcelados, y centenares de miembros de la resistencia, hoy en prisión bajo condiciones vejatorias.
Y demás está decir que a la espera del juicio revolucionario están también el general Isaías Baduel, el capitán Juan Caguariguapano Scott, el teniente primero Jefferson García y el grupo de militares y civiles acusados de haber tomado parte en los sucesos del Fuerte Paramacay.
Maikel Moreno anuncio igualmente, el primero de septiembre pasado, la creación de una comisión de “alto nivel” para el aporte constitucional integrada por el ministerio del interior, la fiscalía de Tarek William, el ministerio para las cárceles y la defensoría pública. Esa comisión será la encargada de proponer a los constituyentistas las nuevas leyes que, como trajes a la medida cumplirán la tarea de intentar atornillar al régimen.
Esa comisión definirá también cuales serán las nuevas competencias de los gobernadores de estado, de los consejos legislativos regionales, de las alcaldías y de los concejos municipales. El gobierno se adelanta de esa manera a dejar sin funciones autónomas a los espacios de poder que la democrática oposición pretende conquistar en procesos electorales de antemano viciados. Es la respuesta del oficialismo a quienes afirman con gran simpleza: “si no vamos a votar el gobierno lo toma todo”.
Ocurre que esta ofensiva totalitaria nos muestra a un gobierno acorralado, pero que actúa con rapidez ante el derrumbe económico y el colapso social que amenaza dramáticamente su estabilidad.
Condenados por las naciones democráticas del planeta, y repudiados por el país, Maduro y su equipo necesitan solidificar el control político interno por medio de la total monopolización de las instancias oficiales que en el transcurso de estos 18 años han logrado secuestrar.
Para conseguir sus objetivos la dictadura intenta blindarse con el fin de  enfrentar las amenazas que se ciernen sobre ella. Por esa razón, cuando menos de ingenuos podemos calificar a quienes concurren a unas elecciones regionales previamente diseñadas como parte del proyecto de Estado Comunal rígidamente centralizado, que pretende consagrar la tramposa constituyente.
En su afán de controlarlo todo el régimen no acepta derrotas y si se ve obligado a reconocer alguna aplica medidas correctivas, como el despojo de funciones a Antonio Ledezma luego de ganar éste la Alcaldía Mayor; como las asumidas luego de las  últimas votaciones parlamentarias, cuando se anula a los diputados de Amazonas, se declara en desacato a la Asamblea y se le arrebatan las funciones constitucionales mientras se implementa su disolución definitiva.
Procedimientos igualmente ilegales le fueron aplicados a la Fiscal Luisa Ortega Díaz, sometida a feroz persecución por denunciar la corrupción de la cúpula oficialista, y por anunciar la  muerte del Estado de Derecho en Venezuela.
Mirando esos hechos resulta inexplicable que se acuda a un nuevo proceso electoral fraudulento que permitirá simulaciones “democráticas”, y dará respiro a un gobierno en deterioro terminal. Y es igualmente incomprensible que luego de convertirse el Parlamento en el eje central de la resistencia, la amañada elección de gobernadores le desmonte su ofensiva política, y contribuya a disipar su identidad y vigencia como el único poder legítimo que existe en esta destartalada república.
En ese equivocado camino, las elecciones primarias han restado tiempo y esfuerzos a una oposición cuya fundamental actividad debería ser hoy la reactivación de la calle, bajo condiciones y característica adecuadas a la situación actual, en pleno desarrollo del horror constituyentista, y el redimensionamiento de la protesta nacional. Sobre todo cuando la condena al régimen adquiere dimensión universal, y cuando la terrible debacle económica y social puede llevarnos a un caos inimaginable si no contamos con un liderazgo que sea capaz de señalar camino creíble y confiable, y que esté dispuesto a comprender y a canalizar las terribles sensaciones que desgarran el alma de la población.
Precisamente, el plebiscito de julio pasado en el que participaron más de 7 millones de ciudadanos, fue claro trazando esos rumbos que hoy deberíamos seguir bajo una conducción consciente de sus objetivos, y consecuente en su compromiso y en su acción política.
Ese plebiscito votó por el rechazo a la constituyente convocada por Maduro, porque la fuerza armada acate la constitución de 1999, por democráticas elecciones generales, y  por un gobierno de unidad nacional.  Hasta hoy ningún sector integrante de la MUD ha dado explicación valedera que justifique el abandono de ese solemne compromiso, contraído con Venezuela y apoyado por la comunidad democrática internacional.
Así las cosas los candidatos de la oposición que resulten electos en las votaciones regionales de octubre, si las hubiera, serán gobernadores en el marco de un Estado Comunal que se construye en un ilegítimo orden jurídico, y que será  establecido y tutelado por la misma constituyente que la MUD hasta ahora ha desconocido.

Fuente:
https://www.lapatilla.com/site/2017/09/09/julio-cesar-moreno-gobernadores-del-estado-comunal/

miércoles, 30 de agosto de 2017

¿LA REALIDAD NO MARCA?



Diputados, mientras tanto

Luis Barragán

Redondeando toda una concepción dictatorial del poder público, huérfanos hoy de los diputados regionales y mañana de los concejales,  la elección de los gobernadores,  como más tarde de los alcaldes, actualiza el problema  de un número significativo de los diputados nacionales que aspiran al solio local. Apenas comenzando el período legislativo, los hay en una febril (pre) campaña para los comicios más inciertos, condicionados y falsos en varias décadas.

El asunto no es nuevo (véase, por ejemplo, http://lbarragan.blogspot.com/2015/04/aunque-tiene-sus-bemoles.html), aunque es superior y creciente la indignación de los ciudadanos que cumplidamente votaron y lograron el milagro del triunfo opositor de diciembre de 2015. Están en lo cierto quienes nos dieron un específico mandato y mal puede, con estos u otros comicios,  la Asamblea Nacional convertirse en un vulgar trampolín de las ambiciones personales, pues, en el pasado período  legislativo, siendo indispensable la curul, la perdimos cuando el diputado principal y el suplente aspiraron y lograron sendas alcaldías en el estado Zulia.

Quizá atenuando  - mas no justificando - la responsabilidad personal,  el fenómeno obedece a una deliberada y prolongada perversión del régimen que sólo tiene por epicentro a Miraflores. Perversión que, enunciada, debemos superar para garantizar la transición democrática.

Careciendo de medios institucionales confiables para medir el liderazgo, cualquier certamen sirve de baremo, por lo que hemos sabido de quienes se vieron forzados a aspirar a una diputación demostrativa de su fuerza política para luego dar el paso  firme hacia la inequívoca vocación de gobernante. Por lo demás, el oficio político cada vez es más desespecializado, pues, igual da desempeñarse en el parlamento nacional que en una alcaldía, trepar el favor de un ministerio y despachar desde un tribunal, presidir una empresa pública y diligenciar en un consulado, tener pericia militar y despachar numerosas bolsas de arroz.

Luce incomprensible que, lograda la curul, una superior promoción se vea con una alcaldía o gobernación, ocurriendo también a la inversa, pues, agotada la instancia ejecutiva, se tiene por peldaño siguiente el parlamento nacional. Por supuesto, el criterio depende también el impuesto por los intereses del partido de adscripción.
28/08/2017:
Fotografía: María Cecilia Peña. Ella comentó en Facebook: " comentó: "Hace unos días tuve la oportunidad de visitar y fotografiar los edificios afectados por los cuerpos policiales de la dictadura. Los vecinos me contaban lo que sus familias, abuelos y niños presenciaron: destrozos, amenazas, golpes, robos, gritos y psicoterror. Estos son los restos de la represión" (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10155366155780568&set=a.10152576310995568.1073741845.645395567&type=3&theater).

sábado, 26 de agosto de 2017

COMICIOS, CHORONÍ Y ESEQUIBO



Vente no irá a elecciones regionales, incluida Aragua

Consultado el diputado por el estado Aragua a la Asamblea Nacional  y afiliado a Vente Venezuela, Luis Barragán, reiteró que ésta organización política no acudirá a los comicios regionales, tal como lo anunció su Coordinadora Nacional, María Corina Machado.

“Incluida Vente – Aragua, sobran las razones para no convalidar esta dictadura a través de unas elecciones que, faltando poco, deja intacto el cuadro de los cinco rectores principales y sus suplentes que el parlamento aún no reemplaza”.

Inmediatamente, el parlamentario llamó la atención sobre la tragedia de Choroní que “demuestra un mayor esfuerzo de la propia ciudadanía por salvarse en medio del desastre, dada la precariedad y, puede decirse, inexistencia de un Estado que sea tal para garantizar el debido y oportuno socorro, ayuda y asistencia”.

“Así como la Asamblea Nacional – dijo – debe abrir las investigaciones necesarias, los diputados regionales de la oposición deben hacer lo propio”.

Recordó el diputado Barragán que faltan  menos de cuatro meses para que el Secretario General de la ONU remita el reclamo del Esequibo al Tribunal Internacional de Justicia, “bajo el silencio cómplice de la dictadura venezolana que lo perderá”.

Observó: “Comprobado por organizaciones de la sociedad civil, como Mi Mapa, también la prensa guyanesa se hace eco de falsas noticias de aviesas intenciones, como la supuesta captura de un soldado venezolano que buscaba  alimentarse allende las fronteras, sin que molestase siquiera a la embajada que tenemos o decimos tener en Georgetown. Demuestra cuán vulnerables somos en esta material, tal como lo hemos denunciado a cámara plena en el parlamento”.