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martes, 28 de marzo de 2017

EL RECONOCIDO CORAJE DE ALMAGRO



La canciller desprecia absolutamente la verdad
“Novedad alguna reportó el discurso de la canciller en la OEA al atacar personalmente a Luis Almagro y ofrecer una versión idílica del país”, enfatizó el diputado opositor Luis Barragán al comentar el reciente discurso de Delcy Rodríguez en la sede de la organización.

“Quizá creyéndose Ernesto Guevara en Punta del Este, cuando intervino en una reunión de la OEA para esgrimir un documento logrado a  través del secuestro de un funcionario diplomático estadounidense en Venezuela, en los remotos sesenta, apeló al relato anacrónico de un anti-imperialismo que se reduce al miserable ataque personal de sus adversarios. Relato que dice relevar a este gobierno de su inequívoca responsabilidad en torno al hambre y la miseria que ha generado en Venezuela y los índices anuales de muertes injustas y prematuras que nos confirman en una guerra civil no declarada contra 30 millones de venezolanos”.

Agradeciéndole la valentía de sus esfuerzos, refirió el parlamentario de Vente Venezuela que Luis Almagro ha reivindicado a la OEA, después de la gestión de José  Insulza.

“Reconocemos el inmenso coraje y consecuencia democrática de Luis Almagro, frente a quienes mienten patológicamente sobre la situación real del país. Por cierto, la cancillerísima, solamente habla cuando se pasea por el exterior, pero es obvio que ha abandonado sus tareas fundamentales con un absoluto desprecio por la verdad. No sabemos de ella en Nueva York ni en Caracas para defender nuestros justos y legítimos derechos sobre el Esequibo, arrollados por el gobierno guyanés, pero sí para esas sandeces de  una flagrante extemporaneidad que pasarían por un chiste si no dibujaran toda una tragedia como la que vivimos acá”.

28/03/2017:
Fotografía: Tomada por la diputada María Gabriela Hernández, en el fondo del hemiciclo, los diputados Carlos Bastardo, Juan Pablo García, Omar González y LB, esperando el inicio de sesión (Caracas, 28/03/2017). 

domingo, 26 de marzo de 2017

ENCLAUSULADOS

De los pusilánimes que temen a la Carta Democrática: necedad y necesidad
Luis Barragán


Asistimos a una breve y reciente reunión de trabajo, en la que un colega parlamentario quiso enfrascarnos en el necio dilema que dijo resolver, pues, Luis Almagro es quien nos apoya, en lugar de nosotros hacerlo con él.  La necedad  olvidaba la necesidad de respaldar inequívoca y claramente  la corajuda iniciativa del Secretario General de la OEA e, igualmente, evidenciaba que no toda la dirigencia opositora tiene por empeño inmediato el de salir del presente régimen.

Consabido, hubo el respaldo de la Asamblea Nacional a un acuerdo que hizo énfasis en el artículo 20 de la Carta Democrática, diluyéndose el artículo 21, con la sorpresiva aparición de un integrante de la bancada oficialista que quiso hablar, sin firmar la lista de asistencia. A pesar de todos los discursos vespertinos, quedó en el ambiente la impresión de un apoyo débil, no convencido, titubante frente a las decididas diligencias que se hacen en Washington, permitiéndonos recordar las páginas finales de un ensayo de Emilio Nouel V., “La cláusula democrática. La soberanía externa frente a los derechos fundamentales” (IEPFT, Caracas, 2014): “La aplicación de la cláusula democrática está íntimamente ligada a los principios morales, va más allá de los fríos textos de los tratados, de las decisiones negociadas de los organismos internacionales y de las complejas interpretaciones judiciales, y apunta a la convicción profunda de que se tiene una responsabilidad y unos deberes que cumplir en el mundo actual respecto de la democracia en general, que no sólo atañe a los gobiernos sino también a los líderes políticos y sociales, incluidos los empresarios y los ciudadanos en general” (152).

A veces, por no llamarlo de otro modo, nos asombra la ingenuidad de una oposición que, a lo Carlos Raúl Hernández,  asegura que la aplicación de la Carta Democrática sólo le conviene al gobierno, obviamente deseoso de emular a la Cuba de los años sesenta del XX: inferimos, nos convendría más que la Carta no existiese, abusando del precedente histórico que, además, rápidamente reseña Nouel, al faltar Fidel Castro a la Carta constitutiva de la OEA, victimizándose artificialmente por muchos años  (68 ss.).

Las condiciones históricas actuales, contrastan largamente con las décadas anteriores, convertida toda imitación en una ridiculez monumental y, agreguemos, por más que se crean ciertas individualidades y sectores de una formal oposición muy hábiles pontífices de una democracia que nadie ve por ningún lado, la aplicación de la Carta  no equivale al rápido aislamiento del país, a una inmediata invasión militar o a cualesquiera otras de las calamidades que la sola y modesta exigencia de libertad acarrearía de acuerdo al chantaje gubernamental.  Nouel, incursionando conceptualmente en el golpe de Estado (124 ss.), opta por los hechos que lo asemejan, como el de la persecución del liderazgo político y social, la anulación práctica de principios, como el de la división y autonomía de los poderes públicos, el servilismo de los órganos de justicia, la violación de los lapsos de los procesos electorales, la inhabilitación  ilegal de candidatos, y la propia denuncia de la Convención Americana de los Derechos Humanos. Por consiguiente, existe un legítimo instrumento demasiado pertinente para la coyuntura actual.

Hay sectores de la oposición que no se ayudan, desaportándole a la tarea titánica del Almagro que deja demasiado atrás al pusilánime José Insulza, quien convirtió la Secretaría General en una instancia torpe,  temerosa y vacilante que degradó a la propia OEA.  Complejos mecanismos y procedimientos institucionales y políticos, explican la implementación de la cláusula democrática, pero – concluyamos – la peor diligencia es la que no se hace.
27/03/2017:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/29440-barragan-
https://class987fm.com/2017/03/27/de-los-pusilanimes-que-temen-a-la-carta-democratica-necedad-y-necesidad-escrito-por-luisbarraganj/

PROYECTILES INMORALES


Hielera tropical
Luis Barragán


El linchamiento moral es el arma por excelencia de un régimen que clama por su pureza, aunque la palabra y los hechos lo desmientan. Empero, merecedor del denuesto, degrada a quien la empuñe en ese torbellino infinito de la descomposición por la que apuestan los prohombres del gobierno, ilusionados por el futuro exilio dorado, cuando  acá  todo acabe.

Propicia la ocasión, cualquier resentimiento vale para inculpar y arremeter contra el tercero que, por su entero proceder, nos condujo al actual desastre. Fuera o dentro de Venezuela, urgen del espantapájaros que ya no asusta a nadie, en el país petrolero en el que falta la gasolina.

La Carta Democrática, corajudamente invocada por Luis Almagro, con mayor convencimiento y determinación que muchos de los venezolanos que sólo se acercan a Washington para la fotografía, sugiere otra campaña oficialista para identificar y fusilar, por lo menos, en el paredón verbal, a los adversarios. Cual Ernesto Guevara en Punta del Este, quien ventiló una documentación lograda tras el secuestro de un funcionario diplomático estadounidense en Caracas, la cancillerísima Rodríguez hablará en la OEA para denunciar toda una conspiración universal, deletreando a los vende-patria y traidores, hurgando en las fibras más bajas de los venezolanos que, simplemente, pasan hambre y miseria y ya les importa un bledo tan huecas palabras, las mismas que se oyen en esas inútiles y deasistidas jornadas traganíqueles del anti-imperiaiismo que aún los tiene enfermos de la lejana guerra fría.

El llamado proceso de validación de los partidos, supuso una oportunidad para arremeter contra los históricos y los más recientes, descalificándolos, aunque poco o nada pueden los funcionarios del régimen hacer, saliéndoles el tiro por la culata, siendo deudores del revocatorio y de los comicios regionales. Vimos cosas curiosas, pues, donde el gobierno no metió su punzada, ocupado en la angustiosa  supervivencia por la iniciativa Almagro, surgen los necios pretendiendo enjuiciar a los partidos, inventariándolos: por ejemplo, el lunar de Lusinchi invalida que se haga por la organización que tuvo a Ruíz Pineda o a Carnevalli en sus filas. Y, aunque el suscrito tampoco cree en el ardid de la validación, lo cierto es que, en los últimos fines de semana, a los propagandistas de la dictadura se les quedó el arma engatillada de sus histéricas acusaciones.

¿Cómo llevar la Carta Democrática y la validación de los partidos al terreno del resentimiento tan urgido de explotar? Le es difícil al gobierno, cada vez que se mueve, porque la hiel que acumula, bajo la luz tropical, pone en demasiada evidencia una quiebra ética, una tal incineración moral, que sólo promete – al remover sádicamente la fibra ajena – el descalabro y la flatulencia de unas cenizas que el añorado exilio dorado nunca disipará.
Gráficas: Rodney Castro.
27/03/2017:
http://www.noticierodigital.com/2017/03/luis-barragan-hielera-tropical/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=63959
http://www.envenezuela1.com/content/blog/nd-luis-barrag%C3%A1n-hielera-tropical
http://noticiasvenezuela.info/2017/03/luis-barragan-hielera-tropical/
https://class987fm.com/2017/03/27/hielera-tropical-escrito-por-luisbarraganj

viernes, 24 de marzo de 2017

ESCUPITAZO VERTICAL

Coniuratio
Guido Sosola


Nos tienta una consideración estrictamente jurídica, pero muy bien sabemos de la utilidad (anti) política adquirida por el artefacto verbal.  Antes era bueno apelar a la muy engañada comunidad internacional que supuso que el llamado chavismo redimía socialmente a los venezolanos y, ahora, es malo hacerlo,  convirtiendo  en traición a la patria el mero intento de preservar las más básicas libertades públicas y garantizar literalmente, la vida misma.

La sola apreciación de los elementos constitutivos del delito, apunta a un gobierno que tiene la desfachatez de invocarlo, deslizando la amenaza de emplear al TSJ para una extravagante decisión.  Atisbamos una necesaria cooperación, complicidad u otra evidencia de culpabilidad compartida, porque es el mismo gobierno que, a principios del presente siglo, irremediablemente, suscribió la Carta Democrática Interamericana, haciéndola un instrumento de su política exterior, en resguardo de los países aliados que materialmente sostuvo, pillando el propio Maduro Moros en reuniones que excedían sus competencias como canciller, por los lados del otrora Paraguay.

Versan los más apuntalados voceros del régimen, descubriendo un árido continente conceptual para sus maniobras de oportunidad, en torno a  los traidores que diligencian la  implementación de los artículos 20 y 21 de la Carta. Faltando la imaginación en los caminos de la antipolítica, cuyo uso tiene límites, pintan el injerencismo, el aislamiento del país y hasta la inmediata  invasión militar, con ánimo de aterrorizar a  la población, aunque ya no será fácil retirarse de la OEA en el caso de pretender la emulación de Fidel Castro en  las vísperas de los ’60 del siglo XX al colarse entre los resquicios de la guerra fría.

Nombrando la soga en casa del ahorcado, escaseando el mínimo talento que demanda el ejercicio del poder, quienes permitieron la ocupación cubana de Venezuela, subvencionando a la dictadura caribeña, rasgan sus vestiduras calificando de traidores al resto de la humanidad. Por no citar la consagración de una agricultura de puertos, añadida la putrefacción de los alimentos; la astronómica multiplicación de la deuda externa, ocultas  las condiciones impuestas por China; la exportación de capitales de dudosa procedencia, en la era del control de cambio; la manifiesta indiferencia respecto al Esequibo, aprovechada Guyana de nuestras dramáticas vulnerabilidades; la práctica expulsión de los venezolanos, apareciendo una diáspora de cotas inéditas; la actuación de fuerzas irregulares de la vecina Colombia en nuestro territorio, convertido el Arco Minero en un desagüe para el futuro venezolano, entre otros ejemplos de una infinita acumulación de causas.

Burda táctica con ínfulas de estrategia, cachicamo no puede decirle a morrocoy conchúo. Así de simple.

24/03/2017:
https://www.lapatilla.com/site/2017/03/24/guido-sosola-coniuratio/
http://www.hoyenvenezuela.com/2017/03/24/guido-sosola-coniuratio/ 
http://www.scoopnest.com/es/user/la_patilla/845361863663734784
Reproducción:  Ignacio Luis Arcaya. Elite, Caracas, 31/12/1960. Otrora canciller venezolano que desobedeció la línea del presidente Betancourt, en la OEA.

lunes, 23 de mayo de 2016

Y SI LOS MATA ES POR DESCUIDADOS



Dictadura avisada

Luis Barragán

Hace más de dos años atrás, estuvimos entre quienes advertimos, denunciándolo, que presenciábamos y sufríamos una dictadura. Otros la negaron tozudamente, recurriendo a las definiciones más simples que les permitieran concurrir a los medios de comunicación – sobre todo audiovisuales – sobrevivientes a los latigazos de la censura y del bloqueo, incluyendo las citas electorales pendientes.

En lugar de interrogar al régimen, apuntando a sus contradicciones, los acomplejó que   autorizara la actuación en algunos espacios que nos dejase al azar de ciertas libertades necesarias para una muy mínima legitimación, pues, un símil del que gustaba Ortega y Gasset, la moneda falsa no circula sin la verdadera. Por supuesto, hubo – por decirlo de alguna manera – una severa deficiencia respecto a la interpretación de las realidades, como si los gobiernos de un Juan Vicente Gómez o un Marcos Pérez Jiménez, se hubiesen declarado formalmente dictaduras para tenerlos por tales y la historiografía así no los hubiese ponderado por la sobrada elocuencia de los hechos.

Además, tiempo atrás, nos identificamos con los que alertaron sobre la crisis humanitaria que se nos venía encima, la nacionalidad de Maduro Moros, el colapso eléctrico, la incineración de fármacos importados desde Cuba, las consecuencias de la tragedia de Amuay o la nada circunstancial, como directa y feroz represión ejercida con morbo. Por supuesto, trabajar en los aludidos espacios, los que quedaban y de los que, de un modo u otro, caracterizaron también al gomecismo o al perezjimenismo, comportaba y comporta, un riesgo inmenso, teniendo por tribuna principal e inexorable la calle, porque no se podía esperar un comportamiento del gobierno con fiel cumplimiento de lo indicado en el manual de urbanidad y buenas costumbres de Manuel Carreño.

El caso no está en recriminarlo, ahora que claman a los cielos y rasgan las vestiduras ante las evidencias, sino en recordar y afrontar la situación con entereza, ya que la sola invocación de la Carta Democrática Interamericana tiene importantes consecuencias. Sin embargo, un dato por siempre fundamental, significa preservar la unidad de lo diverso, propio del esfuerzo opositor, a través de una conducción política confiable y efectivamente concursada por todos.

Hacemos nuestra la sentencia:  dictadura avisada no mata ciudadanos y si los mata …No es tiempo de reproches y, mucho menos, retaliaciones (la historia más adelante se encargará), sino de actuar juntos frente a esta dictadura del nuevo siglo.

domingo, 16 de enero de 2011

el dardo sobre los consensos







EL NACIONAL - Domingo 16 de Enero de 2011 Opinión/9
Diez años
A partir del año 2000, fueron posibles nuevos consensos
ELSA CARDOZO

El espíritu político dominante en la década que termina podría quedar resumido en la acumulación de reiteraciones falsamente democráticas por parte de los gobiernos. Ha sido así en nuestro vecindario a pesar de que, cerrando el año 2010, fueron acordadas tres declaraciones sobre la protección de la democracia: dos en la Unasur y una en la Cumbre Iberoamericana.

Esos documentos, en lugar de evidenciar la fortaleza del consenso democrático, son parte de una incesante renegociación de sus términos. Se ha retrocedido en el trecho andado con más de una docena de textos, entre la Carta de Conducta Democrática Andina (1980) y el Protocolo Adicional al Tratado Consultivo de Unasur sobre Compromiso con la Democracia (2010), para sólo citar dos importantes hitos regionales. Ese largo camino significó hasta hace pocos años encomiables avances. Entre ellos destaca la Carta Democrática Interamericana, el más ambicioso compromiso hasta entonces alcanzado, que cumplirá una década el próximo 11 de septiembre.

En los primeros años de ese tránsito, la OEA y los acuerdos de integración regional tenían como exigencia que sus miembros contaran con gobiernos democráticamente elegidos e irrestrictamente respetuosos de los derechos humanos. En la década final del siglo XX, aparte de la plena vigencia de las instituciones democráticas como condición para hacerse y mantenerse como miembro de tales acuerdos y sus foros, se incluyó como sanción la suspensión de la participación y el disfrute de sus derechos y beneficios. El Gobierno de Venezuela, amenazado por los intentos de golpes militares de 1992, fue entusiasta promotor de estos pasos, tal como lo había sido antes: desde la creación de la OEA y tras la ominosa década militar.

A partir del año 2000, fueron posibles nuevos consensos entre gobiernos dispuestos a fortalecer un régimen internacional que protegiese las más o menos recientes reconstrucciones institucionales. Así nació la Carta Democrática, ante el nuevo tipo de amenazas representadas por gobiernos legítimos en su origen que, como el de Alberto Fujimori ­con su trama de engaños, corrupción, violencia y artificios formales­, desmantelaran la democracia. La Carta no sólo caracterizó muy explícitamente los elementos fundamentales de la vida democrática, sino que la estableció como un derecho de los ciudadanos que los gobiernos están obligados a garantizar.

En adelante, aunque el Comunicado de Brasilia (2000) y la Declaración del Cusco (2004) la citaron como uno de los sustentos para lo que habría de ser la Unasur, las cancillerías acabaron optando por meras alusiones a compromisos previos, hasta regresar al viejo planteamiento de la protección de los gobiernos ante golpes de Estado tradicionales, y se dejó de lado la protección de los ciudadanos frente a gobiernos seudodemocráticos.

Venezuela, que entre 2002 y 2004 fue el primer caso de aplicación de la Carta Democrática (caso que nunca debió cerrarse), es hoy inocultable evidencia del abandono regional de los compromisos democráticos.

Valga repetir que es responsabilidad esencial de los venezolanos resistir frente al avance acelerado e implacable de la demolición del país, pero también es cierto que el pragmatismo y el silencio internacional ante nuestro descalabro nos complican aún más la vida.

Ojalá que en el transcurso de este año encontráramos razones para celebrar la primera década de la Carta Democrática.

Ilustración: Carlos Cruz Diez