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miércoles, 21 de mayo de 2014

VERSE EN LA CORNISA

Reseñas
"El espejo astillado"
Reseña del libro de José Antonio Rivas Leone, En los bordes de la democracia. La militarización de la política venezolana, prólogo de César Cansino, Mérida (Venezuela), Universidad de Los Andes, Centro de Investigaciones de Política Comparada/Consejo de Estudios de Postgrado, 2010, 212 pp.
José Araque Calderón*

El declive del sistema de partidos y la llegada de Hugo Chávez Frías al poder en 1998, marcaron indiscutiblemente un quiebre o parteaguas en la historia política contemporánea de Venezuela, país que, además de ser importante productor petrolero a nivel mundial, es también un rico laboratorio en fenómenos y procesos en el orden político, social y económico. En este sentido, se reseña en estas páginas la propuesta requisitoria del politólogo José Antonio Rivas Leone sobre la evolución política de Venezuela en la segunda mitad del siglo XX y la primera década del XXI. Los bordes de la democracia. La militarización de la política venezolana (coeditado por el Consejo de Estudios de Postgrado (CEP) y el Centro de Investigaciones de Política Comparada (CIPCOM) de la Universidad de Los Andes (en Mérida, Venezuela)), es una radiografía del deterioro de los partidos así como de las reiteradas distorsiones y crisis de gobernabilidad que el sistema venezolano ha padecido en sus dos últimas décadas, desde el abordaje del populismo radical y revolucionario que encarna Chávez hasta militarización de la política en la Venezuela contemporánea, procesos que el autor caracteriza, cualifica y cuantifica.
La prosa de Rivas Leone está sustentada académicamente hablando en herramientas teórico metodológicas surgidas de su sólida formación en ciencia política, además de poseer sencillez en la escritura pero sin sacrificar, para nada, rigurosidad en la investigación. Estas características son respaldadas, además, por un fuerte soporte estadístico y de datos que refuerzan las ideas que el autor esgrime sobre el deterioro institucional y procedimental de la democracia y le sirve magníficamente para analizar la instauración del pretorianismo y el militarismo en la Venezuela actual.
Otro de los aspectos peculiares de esta investigación es que puede ser leída no sólo por politólogos y cientistas sociales, sino por todo ciudadano deseoso de encontrar un tratamiento serio, objetivo y crítico del fenómeno Chávez y de los diversos procesos que experimenta el país andino en sus últimas décadas.
Estamos de acuerdo con César Cansino (autor del prólogo de la obra) quien precisa que
    "[...] los ensayos aquí reunidos se mueven pues, en una tensión curiosa. Por una parte, tratan de ser lo suficientemente prudentes a la hora de calificar los hechos; y por la otra, resultan implacables a la hora de describirlos. Quizá por ello, Rivas Leone se cuida de juzgar al chavismo como una tiranía personalista, pero al mismo tiempo demuestra que la democracia venezolana terminó sucumbiendo en manos de una nueva clase política, encabezada por Chávez, que supo imponerse hábilmente sobre la clase precedente, concentrada en los dos partidos históricos de la era de mayor estabilidad. En otras palabras, nuestro autor prefiere que sean sus lectores los que "califiquen" los hechos que analiza, pero la exposición que hace de los mismos, apoyado en las teorías más importantes y actuales sobre partidos políticos, crisis política, gobernabilidad y populismo, no deja mucho espacio a la divagación o la aquiescencia ideológica (p. 14).
En los dos primeros capítulos, Rivas Leone lleva a cabo un periplo analítico –que comprende desde el nacimiento de la democracia en Venezuela a partir del Pacto de Punto Fijo hasta nuestros días–, donde sobresale el manejo que hace de variados enfoques y teorías académicas sobre diversos tópicos de la realidad política de la República Bolivariana como el comportamiento de sus elites, el papel de los partidos, el rol de algunas instituciones, la cultura política y, de manera especial, el debilitamiento de la democracia venezolana bajo el liderazgo de Chávez, proceso que ha implicado no sólo un vaciamiento institucional y el desprecio del Estado de derecho, sino también una profunda corrupción pública y la modelación de un Estado sui generis caracterizado por instituciones y poderes paralelos (con fuerte presencia del sector militar) en toda la administración pública estatal y para estatal.
En el desarrollo del capítulo III, "Antipolítica y populismo autoritario", Rivas Leone examina cuidadosamente el populismo latinoamericano desde el clásico de la primara mitad del siglo XX–conformado por Juan Domingo Perón, Getulio Vargas o Lázaro Cárdenas, pasando por el neopopulismo como versión reelaborada en los años 80 y 90 representado por Carlos Saúl Menen, Alberto Fujimori, Fernando Collor de Melo y Abdala Bucaram– hasta la emergencia de un populismo radical o revolucionario de reciente data encarnado por Rafael Correa, Evo Morales y Hugo Chávez Frías. Todos ellos tienen en común, como lo categoriza Rivas Leone, el "ser promotores de una democracia participativa y de un liderazgo altamente carismático, paternalista y mediático, [además de promover] el desarrollo de un discurso confrontacional, nacionalista, anticapitalista y antiimperialista y [defender] la promoción del vago e inconsistente 'socialismo del siglo XXI'" (p. 98).
En el capítulo siguiente, el doctor en Ciencia Política por la Universidad del Zulia correlaciona el largo proceso de decadencia partidista con la tendencia de militarización de la política en Venezuela, su premisa gira en torno a que la emergencia del militarismo y el pretorianismo en el Estado andino ocurre paralelo al proceso de pérdida de protagonismo, presencia e institucionalidad no sólo de los partidos sino de la propia institucionalidad democrática. El proceso de militarización de la política venezolana se inicia, de acuerdo al autor, con el Plan Bolívar 2000, transita por la incorporación de militares en situación de actividad o de retiro a la política nacional como gobernadores o diputados a la Asamblea Nacional y finaliza con la inclusión de personal castrense en el servicio exterior y en puestos claves de la administración pública.
En el penúltimo capítulo, intitulado "Asedio y transfiguración de la democracia", el autor describe las mutaciones que el país ha registrado en su última década, donde hay una claro proceso de deterioro de la institucionalidad democrática, una recentralización del Estado y, por ende, un atropellamiento a lo local, un desconocimiento de derechos y libertades y la inobservancia de la Constitución de 1999. En este marco, Rivas Leone caracteriza al régimen político venezolano como un "sistema híbrido" donde convergen paradójicamente algunos elementos democráticos, otros de orden autoritario y la presencia también de elementos totalitarios, donde destacan: el intento de establecimiento de un régimen de partido único; la promoción de una ideología exclusiva (socialismo del siglo XXI); la sobredimensión y la concentración de atribuciones y funciones en manos del presidente de la República; el desconocimiento de derechos elementales y garantías constitucionales (tránsito, trabajo, pluralismo, asociación, alternancia, propiedad privada, opinión y expresión); criminalización de la política de oposición y de la disidencia (represión policial, judicial y mediática); ausencia real de la división de poderes públicos; no rendición de cuentas (acountability); culto y exacerbación a la personalidad del líder asumiendo rasgos cuasi religiosos (Chávez); ejercicio arbitrario del poder en manos de un grupo reducido (militares, miembros del psuv, etcétera); pluralismo político limitado; legitimación del poder, sistema e ideología invocando la patria, el orden, la familia, el bolivarianismo, el socialismo del siglo XXI y movilización alta y permanente sostenida o basada a través del partido único (PSUV) y la ideología antes mencionada.
Rivas Leone cierra su obra con una análisis, sugerente en hipótesis y críticas, del último bienio venezolano que tiene a bien titular "Venezuela actual: en los bordes de la democracia". En este capítulo, el politólogo pasa revista a los procesos de reforma constitucional (2007), a la Enmienda Constitucional (2009), a la travesía al militarismo y al pretorianismo y a la reforma de la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas, aspectos todos ellos que, a su juicio, hacen del autoritarismo militarista esponja que amaga con absorber lo que queda de la democracia, de la calidad de vida, de la economía y de la propia cotidianidad de los venezolanos.
Escrito con sentido crítico y hasta pedagógico, Rivas Leone adereza su penetrante análisis con cuadros, tablas y una bibliografía amplia, actualizada y especializada sobre democracia, partidos y procesos políticos, gobernabilidad, militarismo y, en fin, diversos temas y categorías en perspectiva latinoamericana y venezolana. Todo ello hace de ésta, una lectura obligada para todo aquél que desee verse en el astillado espejo venezolano.... y prevenirse de la experiencia.
(*) Politólogo e historiador. Doctor en Educación por la Universidad Interamericana de Panamá y maestro en Ciencia Política por la Universidad de los Andes (ua) (ambas en Mérida,Venezuela). Es profesor del Instituto Tecnológico de Ejido (iute) e investigador asociado al Centro de Investigaciones de Política Comparada de la ua. Sus principales líneas de investigación son: políticas públicas, movimientos populistas, gobernabilidad, democracia y ciudadanía. Entre sus diversos trabajos, cabe mencionar: "Aventuras y desventuras del populismo en América Latina" (2008); "El Estado de bienestar"( 2007) y "Desventuras del neopopulismo" (2005).

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-19182011000100007

lunes, 24 de marzo de 2014

PRECISIONES

EL NACIONAL, Caracas, 24 de marzo de 2014
Montaje: Desborde militarista
Diómedes Cordero

César Cansino, en el prólogo a En los bordes de la democracia. La militarización de la política venezolana (Mérida: Centro de Investigaciones de Política Comparada y Consejo de Estudios de Postgrado, Universidad de Los Andes, 2010), del politólogo y académico, escritor, ensayista y editor, José Antonio Rivas Leone, excede, desborda, la definición de la lista de para sinónimos del prefacio, de la que forma parte el prólogo: “toda especie de texto liminar (preliminar o posliminar) autoral o alógrafo, que constituye un discurso producido a propósito del texto que sigue o que precede”, como señala Gérad Genette. Cansino no sólo asegura “al texto una buena lectura”, sino que a partir de las condiciones del contexto de la escritura del texto: “De entrada me queda claro que escribir con objetividad sobre la Venezuela de hoy y desde Venezuela es una tarea complicada y arriesgada, sobre todo para un venezolano, pues los tiempos no son favorables para el pensamiento crítico y honesto”, reconoce el rigor y el carácter académico y la valentía intelectual de Rivas Leone: “no dudo que el presente libro sea señalado por los partidarios del régimen chavista como un panfleto reaccionario, y su autor, como un enemigo de la revolución y el pueblo”, independientemente de que Rivas Leone “no hace más que presentar, con las herramientas que le provee su sólida formación científica, los resultados de sus investigaciones sobre la realidad política de su país”. Cansino destaca el celo científico de la escritura de Rivas Leone, al tiempo que observa la paradoja de la verdad develada: “Rivas Leone se cuida, quizá demasiado, de utilizar adjetivos o expresiones altisonantes para descalificar o denostar a ciertos actores o acciones. En ese sentido, su prosa no puede ser más mesurada y aséptica. Es la prosa de un científico. El problema está en que el científico no puede renunciar a buscar la verdad, y en esa búsqueda Rivas Leone exhibe una instantánea de la Venezuela de Chávez sin concesiones ni retoques, una fotografía que muchos preferirían no ver y que otros simplemente negarán antes que perder su fe ciega en el caudillo providencial”.
Los seis ensayos que conforman En los bordes de la democracia: El Pacto de Punto Fijo y la formación de la democracia en Venezuela; Gobernabilidad e ingobernabilidad democrática en Venezuela; Antipolítica y populismo autoritario. Hugo Chávez Frías (1998-2009); Decadencia de los partidos y militarización de la política en Venezuela;  Asedio y transfiguración de la democracia en Venezuela; y, Venezuela actual: en los bordes de la democracia; “leídos en conjunto” –según Cansino– permitirían esclarecer las interrogantes como las causas que pudieran hacer inteligible “el ascenso al poder de un personaje tan controvertido como Hugo Chávez, las razones que explican su permanencia en el gobierno, las implicaciones devastadoras que su paso por la presidencia ha supuesto para la democracia venezolana, las características de la creciente militarización que ha experimentado el país andino en la última década, los cambios culturales que la sociedad venezolana ha sufrido como consecuencia de la crisis de los partidos tradicionales y del inicio de una nueva era populista y personalista del ejercicio del poder, los cambios constitucionales destinados a apuntalar al nuevo régimen y asegurar su continuidad, entre otros muchos aspectos del presente político venezolano”.
Exhortado por Rivas Leone, Cansino ensaya su “propia caracterización de los hechos por él (Rivas Leone) analizados, y así intentar con humildad cerrar un círculo que el autor deja abierto deliberadamente”. Esta especie de metaprólogo de Cansino tendría la justificación en lo que el propio Cansino define como una tensión curiosa en la que se mueven los ensayos de Rivas Leone: “Por una parte, tratan de ser lo suficientemente prudentes a la hora de calificar los hechos; y por la otra, resultan implacables a la hora de describirlos. Quizá por ello, Rivas Leone se cuida de juzgar al chavismo como una tiranía personalista, pero al mismo tiempo demuestra que la democracia venezolana terminó sucumbiendo en manos de una nueva clase política, encabezada por Chávez, que supo imponerse hábilmente sobre la clase precedente, concentrada en los dos partidos históricos de la era de mayos estabilidad”. Cansino procede a calificar, “con mis propios adjetivos, lo que el autor prefiere, quizá para evitarse descalificaciones viscerales por parte de los aduladores de Chávez, describir con conceptos”; es decir, a completar o suplantar la razón académica de la neutralidad, el poco espacio que “a la divagación o aquiescencia ideológica” deja el enfoque politológico de Rivas Leone, por una mirada más política, comprometida y pasional, sostenida en la diferencia en que Cansino, al no ser venezolano, no tendría temor alguno por la recepción que pudiera hacer el chavismo de sus criterios y juicios. Donde Rivas Leone escribe correcta e ilustradamente: “la democracia venezolana experimenta en la actualidad una situación de bloqueo y postración institucional”, para Cansino significa “que la democracia venezolana simplemente feneció con la llegada de Chávez al poder, quien se encargó de sepultarla y crear en su lugar un régimen autoritario y tiránico de corte populista y personalista, disfrazado de decretismo plebiscitario”. Donde Rivas Leone afirma que “las reformas promovidas por Chávez afectan no sólo la gobernabilidad y funcionamiento de la democracia en Venezuela que se encuentra asediada y bordeando formas y estilos atentatorios contra su esencia y preceptos”, Cansino dice “que al buscar perpetuarse en el poder por todos los medios, Chávez se cargó la democracia, las instituciones y el Estado de derecho”.
Cansino en los comentarios de su metaprólogo a los seis capítulos de En los bordes de la democracia crítica y juzga, como complemento o suplantación, en un diálogo entre iguales, cada uno de los ensayos de Rivas Leone. Considera “correcta pero insuficiente”, en el capítulo sobre la crisis de representatividad de los partidos políticos venezolanos, en la última década del siglo XX, la correspondencia que Rivas Leone hace de esta con una tendencia global de una crisis de la representación, al no develar la importancia de “la corrupción desmedida y voraz de las cúpulas de los dos partidos venezolanos, AD y Copey, y como tal selló su virtual muerte política, abriendo el camino al régimen autoritario y personalista de Chávez”. En el capítulo sobre gobernabilidad e ingobernabilidad que Rivas Leone se explica mediante el análisis de “indicadores precisos” que permiten medir “la eficacia  y el desempeño del gobierno federal antes y durante el chavismo”,  Cansino prefiere estudiar el problema dentro de las teorías de las transiciones: del colapso de la democracia al inicio de una transición de un régimen democrático a un régimen autoritario, mediante el ascenso de Chávez al poder por la vía del sufragio. En el capítulo sobre el populismo, Cansino reconoce el impecable estudio de Rivas Leone de “los resortes antipolíticos y mesiánicos del discurso de Chávez”, pero resalta que Chávez “inaugura para América Latina un nuevo tipo de populismo, una síntesis de posiciones antipolíticas y nacionalistas y de posiciones socialistas, antiimperialistas y antineoliberales, quizás alentado por los problemas que ha dejado a su paso el neoliberalismo en la región”. Finalmente, en los tres capítulos restantes sobre el desborde de la militarización, los rasgos autoritarios del chavismo y las reformas constitucionales centradas en la reelección indefinida, Cansino sin desconocer la importancia y los resultados de la investigación de Rivas Leone, opta por unos apuntes personales en los que considera “un momento crucial que marca el fortalecimiento de Chávez y su afianzamiento en el poder: el efímero y muy sospechoso golpe de Estado del que presuntamente fue víctima en 2002”.
El relato personal de Cansino, enmarcado en la tensión entre democracia y tiranía, populismo y sociedad civil, servidumbre y libertad, civilismo y militarismo, recobra en el postchavismo –devenido tras la desaparición de Chavéz– una insospechada actualidad: al manifiesto desborde militarista del gobierno de Nicolás Maduro y su estela de represión, tortura y muerte, la sociedad venezolana representada en la vanguardia de sus jóvenes estudiantes y en la sociedad civil y en los partidos de la alternativa democrática le opone, democrática y pacíficamente,  sus deseos y voces y aires legítimos de libertad. En los bordes de la democracia, de José Antonio Rivas Leone, “un demócrata y un ciudadano”, se prefigura la misma preocupación: “Es la hora de que los ciudadanos decidamos nuestro futuro”.

lunes, 13 de diciembre de 2010

... el (en) de un suceso tergiversado


De la hipótesis prolo (n) gada
Luis Barragán


Prestigioso y convincente politólogo mexicano, César Cansino atinó al prologar una reciente obra de José Antonio Rivas Leone: “En los bordes de la democracia. La militarización de la política venezolana” (CIPCOM/ULA, Mérida, 2010). Ejercicio crítico que realza la obra del politólogo venezolano, aporta interesantísimas consideraciones sobre el chavismo de ineludible trascendencia internacional. Sin embargo, deseamos nada más llamar la atención sobre una hipótesis y una convicción que, algo generalizadas, se resisten a la dilución.

En efecto, el prologuista que declara “por no ser venezolano, no tengo nada que temer” (15), menciona un “autogolpe perfectamente planeado” (18), al referirse a los consabidos hechos de Abril de 2002. De sospechoso, misterioso y supuesto, trata el golpe de Estado en las páginas siguientes.

Desde el instante inicial, nunca descartamos la gigantesca temeridad de una operación tan acorde con el espíritu, sentido y sentimiento de aventura de Hugo Chávez, igualmente inescrupuloso a la hora de ordenar la inmediata represión desdoblado como “Tiburón 1”, y acordar la interesada e injusta amnistía de los protagonistas de Puente LLaguno y versionar los acontecimientos con un cinismo insondable. Incluye la masiva y calculada confusión con la que bañó toda la investigación, impidiendo que los parlamentarios conformaran una Comisión de la Verdad como la que universalmente se ha conceptualizado e implementado a raíz de los más grandes y dramáticos sucesos de la humanidad.

General Lucas Rincón aparte, toda la documentación por ahora disponible sobre el 11-A, también permite armar o ensamblar los datos de un modo diferente. Objetiva y quirúrgicamente, superada la irresponsable conducta de los promotores y aplaudidores del llamado “carmonazo”, podemos ocupar los extensos espacios de la sospecha, concluyendo en una extraordinaria operación u operativo de altísimo riesgo, pero que contribuyó a legitimar un teatral reascenso al poder con toda la carga y profundidad de un metarrelato ajustado a los mitos de una asombrosa utilidad en este lado del mundo.

Pretendidamente cancelado, todo lo acaecido en 2002 puede saber de futuras investigaciones especializadas que desmientan la versión oficial, incluyendo el uso de una documentación que sobrevive a la limpieza que se hace del más íntimo patrimonio de inteligencia del Estado. De igual manera que aquellas figuras descollantes, celebérrimas y fulgurantes de la otrora oposición, ahora anónimas, silentes y cautas, pudiendo deparar ingratas sorpresas, las habrá del oficialismo que no soportarán una mirada más microscópica, por sus acciones u omisiones.
Cansino ha redactado una suerte de memorándum para que no olvidemos la presunción en cuestión, aunque puede orbitar una muy válida preocupación académica señalando rumbos metodológicos para una incursión a la verdad. No todo está escrito sobre el 11-A, es la primera de las verdades a reivindicar.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/librosyautores/6630-del-obrar-escrito-de-manuel-caballero