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domingo, 3 de mayo de 2020

GUERRA NO CONVENCIONAL

Del Estado y la sociedad fallidos
Luis Barragán

Recordamos dos viejos y contrastantes reportajes sobre la realidad penitenciaria venezolana: uno, a finales de los ’50 del ‘XX, publicado por la revista Élite o Momento, destacando las fotografías de reclusos de limpio uniforme en ambientes ordenados; y el otro, a mediados de los ’70, por la revista Resumen, con una encendida denuncia y sobria interpretación del infierno carcelario.  En tiempos de libertades púbicas o no, por siempre la opinión ciudadana fue sensible al problema y solían concurrir los especialistas a los medios para dirimirlo, orientándola sobre bases ciertas.  Sin embargo, ahora que el país ostenta un ministerio pretendidamente experto, e, incluso,  forzado el parlamento a crear la comisión permanente correspondiente, como vemos, el asunto no estriba en el diseño institucional, sino en la propia e íntima naturaleza del actual desorden establecido.

La matanza de más de 40 personas en el centro penitenciario de Los Llanos, en la ciudad de Guanare, ilustra muy bien la suerte de los sectores radicalmente empobrecidos de una sociedad que, por lo demás, ha visto y padecido el ascenso del pranato, una excrecencia que, al igual que la llamada boliburguesía, constituye el aporte histórico del socialismo rentístico en franco proceso de descomposición que nos arrastra o pretende arrastrarnos a todos.  Por lo demás, actualiza aquella sentencia de Georgio Agamben sobre el Estado que decide sobre la vida y la muerte de la población, más aún al tratarse del acto de absoluta disposición física que tiene y dice tener respecto a los reclusos, en abierto y claro desafío a los derechos fundamentales.

E, igualmente, más allá de la lamentable noticia, avisa de la condición o carácter de Estado Fallido que ha ganado, pasando aún por las distintas concepciones teóricas que el término sugiere. Una de ellas, la  incapacidad manifiesta de proteger la vida e  integridad personal de los habitantes, desbordado por las improvisaciones; o, peor, impotente para encarar las consecuencias de sus decisiones, esta vez, presenciamos una deliberada incapacidad de protección, enteramente privilegiada la suerte de los prohombres del régimen.

Siendo otra faceta del biopoder, ante el  temible avance del general Covid19, semanas atrás, fue decidida la excarcelación de centenares de procesados o reos por delitos comunes, sin que trascendiera la más modesta información sobre las causas que así lo autorizaban. Negada toda ponderación en torno a la peligrosidad de los ex – presidiarios comunes, obviamente,  lució más fácil descargar los espacios físicos que se suponen especializados para el tratamiento de quienes tienen o pueden tener cuentas pendientes con el Estado de una exclusiva responsabilidad  punitiva, no lo olvidemos, transfiriéndole al resto de la sociedad la lidia con un problema añadido a todos los consabidos.

Luego, tanto o más grave que el coronavirus, el Estado Fallido que pareció no serlo en sus etapas de incubación, persigue como objetivo el logro de una sociedad fallida a la que impúdicamente contamina, comenzando por el lenguaje, intentando una definitiva capitulación y resignación ante el feroz asedio. Y, a la vez, en el contexto internacional, cree  solaparse, confundiendo el propio motivo de una oportuna intervención humanitaria.

Referencias:
Cfr. 
https://lbarragan.blogspot.com/2020/05/y-ahora.html
05/06/2020:
https://www.caraotadigital.net/opinion-1/del-estado-y-la-sociedad-fallidos
Breve nota LB: En la misma edición de Caraota Digital, el dip. Rafael Veloz aborda la tragedia de Guanare (https://www.caraotadigital.net/opinion-1/en-el-gobierno-de-emergencia-nacional-es-urgente-reformar-el-sistema-carcelario). Lo creemos ilustrativo de la posibilidad no sólo de asumir el tema por la dirigencia política, sino de hacerlo desde perspectivas distintas. En un caso, resueltamente político (o de política inmediata), y, en el nuestro, propio de las entregas que hacemos al medio desde una perspectiva más social,  acaso un poco más metapolítico (o de política mediata). En todo caso, precisamente, el intento es el de buscale una diferente perspectiva a la que suele estilarse.

domingo, 12 de abril de 2020

LOS EJES DE LA CARRETA

De los límites de la narrativa coronoviral
Luis Barragán


“Una formación discursiva no ocupa, pues,
todo el volumen posible que le abren por 
derecho los sistemas de formación de sus
objetos, de sus enunciados, de sus conceptos;
tiene, por esencia, lagunas, y esto por el sistema
de formación de sus elecciones estratégicas”
Michel Foucault (*)


En otra etapa de la vida republicana, el nombre de los directores nacionales de Epidemiología y de Defensa Civil, por ejemplo, serían familiares a los venezolanos que no atinan siquiera con el de los ministros del ramo, porque la pandemia ha sido ocasión para la reivindicación extrema de la cúpula del  poder que arbitra sobre la vida y la muerte  mismas. Constituye una reafirmación piramidal de la usurpación, traducida en un órgano rector para administrar al peligroso huésped,  dependiente directamente de las decisiones presidenciales y vicepresidenciales, con un solo ministro aventajado como vocero; y una reafirmación kelseniana de sus resoluciones, mediante un decreto de Estado de Alarma imposibilitado de cualquier debate parlamentario, de la opinión pública y de los expertos que la accedan.

Más allá de su obvia  pertinencia, la cuarentena ha agudizado el control social habitualmente ejercido por la delincuencia común, la precariedad y encarecimiento de los servicios médico-asistenciales, o las consabidas faenas represivas de la dictadura socialista.  El confinamiento es, prácticamente, el único recurso preventivo que emplea una población desasistida y, además, forzosamente auto-disciplinada,  aunque intuye o sabe que no lo vive igual o parecido a los países de una caracterizada democracia liberal, acercándose más al silencio resignado de aquéllos regímenes totalitarios que ocultan celosamente sus tragedias.

Puede aseverarse, hasta nuevo aviso, las redes digitales todavía ayudan a la conformación de una comunidad cada vez más amplia, espontánea y heterogénea para el intercambio necesario de información y de pareceres, capaz de ejercer una orientación y también una resistencia formidable ante el biopoder en auge. Susceptible de toda desviación, conciliando tácitamente la inquietud, la convicción y el pensamiento político con el antropológico, luce como una veta extraordinaria para el estudioso sobre el discurso común que está emergiendo, ojalá alternativo, con sus dificultades, truncamientos, desarrollos y promesas.

Inevitable digresión, nada fortuita o circunstancial  fue la  denuncia fundada que hizo María Corina Machado sobre la  inminente crisis humanitaria, por 2014, comprobada las generosas posibilidades que ofrece un pensamiento, una actitud y un compromiso de ruptura. Comprobando los límites angustiosos de una narrativa, por siempre temeroso de revelar las propias, Maduro Moros suele invocar las cifras del contagio y de la muerte de otros países que libremente las divulgan, como si bastara para convencernos  de su intención antes que de su diligente voluntad por salvar al país de esta y de otras tragedias. Sin embargo, imponiéndose,  otra vez constatamos la íntima naturaleza de un régimen que se realiza con el tráfico ilícito de la gasolina y de otros bienes escasos, como del asedio inconcebible de los llamados colectivos armados contra la dirigencia social y política de numerosas localidades, negado el combustible y el salvoconducto a los profesionales independientes de la salud.

Por consiguiente, no tratamos sólo de la biopolítica que lidia con el biopoder, según los términos consagrados por la literatura especializada, la que dispensó sus mejores atenciones al mundo occidental y el capitalismo avanzado, sino de una prolongada guerra no convencional que le ha asignado un papel al coronavirus, instrumentalizándolo para la supervivencia misma del régimen.  Sugiere, por lo pronto, el hallazgo, la apropiación y la maduración  de un discurso que está  lejos de agotarse, a favor de las libertades públicas y de la reivindicación de la condición humana, generador de múltiples estrategias que superan la sola interconectividad.

(*) “La arqueología del saber”, Siglo Veintiuno Editores, México, 1979: 110 s.

13/04/2020:
Ilustración: Ghee Beom Kim (no es un coronavirus).

lunes, 16 de marzo de 2020

DE LA GRIPE ESPAÑOLA AL CORONA VIRUS: EL BIOPODER

De la biopolítica
Luis Barragán

La indeseable recepción del coronavirus,  ojalá auspicie una discusión en torno al modelo biopolítico del poder establecido en Venezuela.  En contadas ocasiones leído, Michel Foucault arroja luces en una materia escasamente conocida por la opinión pública, aunque sabemos de destacados académicos e, incluso, amigos columnistas que lo dominan, al igual que a Giorgio Agamben o Byung-Chul Han, pero quizá la barrera  (¿infranqueable?) de la pusilanimidad generalizada no permite ir más allá del simple enunciado.

Versamos sobre autores que escrutan la realidad de los países capitalistas avanzados, con observaciones y juicios valederos y puntuales. Empero, inicial impresión personal, olvidan algo más que las vicisitudes experimentadas en aquellas latitudes que están bajo regímenes totalitarios, realizando la barbarie, como ocurre en este lado del mundo.

En una ocasión, en el curso de una intervención ante la plenaria de la Asamblea Nacional relacionada con la detención inconstitucional de varios diputados, equiparando a La Tumba con La Rotunda que algunos colegas, después, consideraron exagerada, nos referimos a la inaudita y absoluta disposición corporal de los prisioneros comunes y aún más políticos, como si la sola aprehensión autorizara al Estado para desconocerles los más elementales derechos humanos.  Admitimos, fue quizá una convicción o intuición que afloró al calor del debate que, luego, le encontramos sentido y pertinencia acaso por algunas de las viejas y dispersas lecturas referidas al llamado biopoder.

El asunto nos remitió al mundo real de las exclusiones de un régimen que orwellianamente ha predicado la inclusión, pues, a los suyos, portadores activos y notorios del Carnet de la  Patria, únicamente les llegan los alimentos y, además, de mala calidad (las cajas CLAP como sublimación de las tarjetas cubanas de racionamiento); gozan de cualesquiera bonos orientados al aplacamiento de los ánimos, subordinándolos; cuentan con la transportación segura y confortable de los “Yutong” para las movilizaciones partidistas, mientras que el resto del país está condenado a unidades tan antiguas, precarias como inseguras; o, aleatoriamente, pueden privilegiarlos con algún tipo de asistencia médico-hospitalaria, a la vez que se ha hecho habitual la muerte de neonatos o niños en los centros públicos, encarecidos los privados.

Nada casual que la literatura no llegue físicamente  al país,  días atrás descubrimos, pendientes de releer, un título de   Agamben (https://tac091.files.wordpress.com/2008/12/agamben-giorgio-homo-sacer.pdf),   cuya definición de la nuda vida (“la vida a quien cualquiera puede dar muerte”), nos condujo a los escandalosos indicadores de muertes violentas o callejeras en Venezuela.  Útiles las redes sociales o digitales, a propósito del COVID-19, nos interesamos por una de las pestes que padecimos en el siglo XX, atentos a los aportes de Ramón Alberto Rivero, Jerjes Meléndez Núñez y Luis Heraclio Medina Canelón para Facebook. Y hasta – receptiva – consultamos a un contacto de Twitter, Ingrid Lares, quien se identifica como sociólogo foucaultiana, haciendo caso de su recomendación: “Vigilar y castigar”,  del autor francés.

Reproducción: Tomada de la cuenta facebookeana de Ramón Alberto Rivero.
16/03/2020:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/36558-biopolitica

viernes, 1 de mayo de 2015

BIOPODER

EL NACIONAL, Caracas, 01 de mayo de 2015
Estopa en la garganta
Abraham Gómez

“Todo el texto es esa gota de dolor que hay que colocarse en la lengua, hasta que de tanto arder, entendamos que mientras nos creamos al margen, no tendremos las manos limpias y que seremos culpables hasta que podamos hablar de la última masacre del hombre contra el hombre. Esto no es literatura…”.
Jaime Vàndor. Nunca Korczak llegó a Jerusalén. 1984


En los tiempos que transcurren resulta impensable que alguien, por bastante osado que llegue a ser, pueda convocar (tal vez contaminar) a una multitud con sus ideas totalitarias y salir ileso. Aunque la humanidad venga de padecer los horrores del Holocausto, las conflagraciones mundiales, las excentricidades de los “iluminados”, de quienes se dicen ungidos para rescatar a la especie humana y re-crear un “hombre nuevo”; aún persiste en cualquier latitud el germen larvario de los regímenes atroces, sin mayores disimulos, que violentan y persiguen hasta la aniquilación de la condición y la dignidad humana. A pesar de las contenciones jurídicas que los conciertos de países pactan y arreglan para someter los ímpetus deleznables, los detentadores de la ignominia política consiguen resquicios para regustarse al percibir que hay una “masa poblacional” que le prodiga adoración perpetua: in extremis dispuesta a entregar su vida en aras de concretar un ente centralizador, que hegemonice la existencia de los ciudadanos, sus actuaciones, por mínimas que parezcan.
Los distintos estudios que aproximan una taxonomía de la categoría “totalitarismo” coinciden en algunas características indispensables para que propiamente logremos la calificación de un sistema socio-político de este tipo: cuando el Estado tiende a regimentar todo cuanto representen las relaciones sociales, que se suponen pertenecen más al orden de los ciudadanos. Al punto de hacer dependiente la civilidad de modo absoluto. Por añadidura, el Estado ostenta rango preeminente tanto en el plano axiológico (los valores sociales serán siempre en función de la preservación de los intereses estatales), como en la estructura de la sociedad, incluso en los designios de cada individuo en particular. Lo que Foucault estudió en la década del setenta como el biopoder hoy en día va haciéndose, en nuestro país más evidente. La vida y lo viviente constituyen los retos de las luchas políticas en la Venezuela contemporánea. Ha venido este régimen  haciendo uso de los manuales de medios típicos para el control ciudadano: acortamiento de las libertades, abierta o sibilinamente, de expresión, de información, taponar con crudeza y sin escrúpulos bocas y oídos para que no digan, para que no escuchen. Obturar las conciencias. Constreñir las libertades en el ejercicio de la educación, de la propiedad privada, de producción, de comercio, de decisión de movilidad, de la participación social en condición de ciudadanos independientes. Todo en nuestro país pretenden sellarlo con los tintes de partido único, oficializado, a cuyo frente se construye la figura de un “jefe absoluto” con poderes ilimitados, siendo él mismo el superior jerárquico de la estructura estatal. Lo anterior anudado bajo la estricta vigilancia de un cuerpo civil-militar con una lógica y discurso cuartelario, aterrorizante con la finalidad de asegurar la imposición sectaria de una ideología. Los planos trazados por regímenes de idénticos talantes en el mundo nos permiten discernir la cartografía en ciernes para preservarse ante cualquier contingencia. Que con seguridad vendrá. Tan pronto como los pueblos dejen a un lado las cargas de temor y se dispongan a hacer justicia por las muchas tropelías soportadas, por tantas actitudes ominosas padecidas. Habíamos pensado que con el derrumbamiento del Muro de Berlín también se hacía posible el descalabro estrepitoso de teorías anacrónicas (comunismos, socialismos de baja ralea, fascismos, totalitarismos, populismos, militarismos, personalismos, absolutismos, estatismos, y todo ismo que se atreva a condicionar las libertades humanas) cuyo propósito viene dado para escindir a los seres humanos, indoctrinarlos de manera imbécil y ubicarlos forzosamente en posiciones dicotómicas para desatar luego las riendas a detestables maniqueísmos irreconciliables. La realidad desde siempre ha estado llena de contradicciones, plena de complejidades, escurridiza para pretender encerrarla en un sistema socio-político que impone sus propios fetichismos.

Fotografía:
http://elpoderdelciudadano.blogspot.com/2008_01_01_archive.html