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miércoles, 6 de noviembre de 2019

POL

Pol: Quid pro quo
Guido Sosola

A nadie le importó la premiación nacional de Cultura del octubre reciente, porque se sabe a la dictadura como el  confín de todos los caprichos  sectarios. Y, menos en un ámbito en el que, resueltamente, ha quebrado si es que alguna vez tuvo una política y unos resultados, excepto el viaje propagandístico  que hizo  el ministro Ernesto Villegas a México, quien sigue enredado con los viceministros que le impusieron y le pasan – además – por encima.

Dos concesiones llamaron la atención: una, aceptada y celebrada, como la del padre de Winston Vallenilla, otrora éxitoso empleado de toda la vida de Venevisión que ahora tiene también como propio el predio de Tves, sin que sepamos todavía de dónde sacó Chávez o saca aún Maduro que el solo reemplazo de RCTV en un dial, era o es garantía de rating.  La otra, rechazada y condenada por el mismísimo Santiago Pol, diseñador con oficio desde hace medio siglo, con el que estamos familiarizados no sólo por el libro de Historia del Arte de bachillerato que hicimos, harto diferente al actual, sino por un ingenio que competía sagazmente con el cinetismo en auge de décadas anteriores.

Con bombos y platillos, el artista fue premiado en el renglón de diseño 2016-2018, pero tuvo la suficiente dignidad y coraje de un rechazo que desmiente aquel dicho popular de que “a nadie le amarga un dulce”. Por ejemplo, refirió a los cuatro vientos, superando por su contundencia, claridad y también representatividad al flamante parlamentario de turno  que se dice opositor: "Como diseñador, como artista, como docente y como ser humano estoy totalmente en contra de este régimen de terror que se ha dado a la tarea de destruir sistemáticamente a Venezuela.  Por esta razón y muchas otras rechazo el  Premio Nacional de Cultura 2016 -2018 en Diseño" (El Nacional, Caracas, 17/10/19).

Esto, que no llamó la atención de casi nadie, tratándose de un diseñador de un vanguardista  forzado al exilio, permite el latinazo oportuno: una cosa por  la otra. Bienvenido el artista a falta del pronunciamiento de  la Asamblea Nacional o, al menos de su Comisión de Cultura, ahora ensimismada en la ilusión candidatural de Guiadó, en un país donde corre el rumor del último libro del Vargas Llosa que siempre nos fue familiar, ilustrando un terrible aislamiento del acontecer de la inteligencia y de la sensibilidad.

Apartando el propio testimonio de dignidad de Pol, concluimos, por una parte, que la sobresaturación de noticias nos conduce siempre a la polarización artificial entre la cúpula de la dictadura y  la de la oposición que controla a un parlamento que dejó de ser expresión cabal de la pluralidad ahogada del país, como si aquí no hubiese una inmensa mayoría desarmada ante  una ínfima minoría que masca el chimó de la pólvora y nos escupe cuando le viene en gana. Y, por la otra, expropiado de nuestro patrimonio espiritual, relegados a la más vulgar supervivencia, el sector cultural no está definitivamente decidido a confrontar al régimen y ofrecerse como una alternativa válida: incluso, ese mismo sector que sobrevive en el medio académico, además de hablar pendejadas, poco o nada hace en defender pública y abiertamente la autonomía universitaria, aferrado a las cuotas burocráticas que jura garantizadas por prestar la pluma a un Plan País que lo saben únicamente como ocasión de meterse en la cola de una promesa ministerial. Sin embargo, agreguemos una circunstancia.

A los funcionarios culturales y demás asomados del Estado, se les ocurrió el nombre de Santiago, quizá porque recordaron el mismo texto escolar, y lo imaginaron conmovido y agradecido en el acto de premiación, tomando un autobús de Sarría a Carmelitas con toda la familia. Y, por supuesto, aportando el esfuerzo a las fotografías del ministerio de Comunicación o como se llame,  supusieron a Maduro estrechándole feliz la mano, sólo para las cámaras, pues ni la menor idea de quién es el tipo que ha dejado sus huellas  en nuestra historia cultural.

Vale decir, el chantaje no funcionó, porque no necesita de la dictadura para ser Pol y hacerse Santiago con una creatividad que necesita respirar aires de libertad.  Operan hasta mal pues, ni siquiera le encomendaron a una secretaria ubicarlo y llamarlo, palabrearlo y convencerlo, ya que – ella – todavía no entera de quién se trata.

Imágenes: https://santiagopol.wordpress.com/category/cartel-venezolano/page/2/
Declaración de SP: https://www.elnacional.com/entretenimiento/santiago-pol-rechaza-premio-nacional-de-cultura/

06/11/2019:
https://www.lapatilla.com/2019/11/06/pol-quid-pro-quo-por-guido-sosola/
https://newstral.com/es/article/es/1139108794/pol-quid-pro-quo-por-guido-sosola

sábado, 9 de noviembre de 2019

ATENTOS A NOSOTROS MISMOS


De una fingida normalidad (o la lección de Santiago Pol)
Luis Barragán

"Recordó la súbita sensación de inseguridad al
notar que sus pies resbalaban, que el suelo se
movía y ese ruidito ronco y amenazador que subía
de las entrañas de la tierra. A su alrededor la
gente seguía conversando y caminando como si
nada pasara"
Mario Vargas Llosa
[“Tiempos recios”, Alfaguara, 2019R: 106]

Nadie, en su sano juicio, puede aseverar que es normal que haya hambre y miseria masiva en Venezuela, conculcadas todas las libertades, ni que la juren producto del embargo y las consabidas sanciones internacionales. Sobre todo, en lo que fue, hasta pocos años atrás, una potencia petrolera para la más monumental de las paradojas.

Excepto que asuman como normalidad  la fuerza de la costumbre, resignados a soportarla en la propia vida cotidiana y, además, íntima, luego de veinte amargos años. En tal caso, versaríamos en torno a una catástrofe psíquica sin precedentes, ahogados en los antivalores que apuestan a una definitiva disolución social.

Al circunstancia avisa, por una parte, del extraordinario desafío político que impone una transición y reconstrucción del país que ni siquiera afrontaron los fundadores de la República.  Y, por otra, de la oferta ideológica de una dictadura que, aún depuesta, alzará banderas que enarbolarán sus enfermos seguidores, por disparatadas que fuesen.

Algo curioso ocurre con la violencia desatada en Ecuador y Chile, por ejemplo, porque Miraflores alega un contraste y, en lugar de normalidad, emplea un eufemismo malicioso: estabilidad. Mientras que otros pueblos están alborotados, acá se dice de una tranquilidad y de un orden público que, todos lo sabemos, es fruto de una represión sin escrúpulos.

El terror, cansancio, hastío y hasta la locura, puede llevarnos a la capitulación desesperada frente a la dictadura que nos diga vivir en un mundo irresistible, normal o estable, por fingido que sea.  Es lo que ocurrió con el pueblo cubano, sojuzgado hasta en la propia y radical intimidad de sus convicciones. Por ello, apreciamos y mucho el gesto de rechazo, en octubre próximo pasado, del Premio Nacional de Cultura, por Santiago Pol: creyeron que lo irresistible, normal o estable, era premiarlo con su inmediata y festejada aquiescencia, pero – sencillo – no aceptó el chantaje, pues, ampliamente reconocido, no necesita de la consagración de un régimen ágrafo e insensible.


Ilustración: Cartel de Santiago Pol.
11/11/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/35907-barragan-l

domingo, 16 de febrero de 2020

DEL REFERENTE MORAL

Universidad: Sucre y Cadenas
Luis Barragán

Cierto, corremos siempre el riesgo del referente moral tan propenso a la prefabricación, al espectáculo y a las manipulaciones políticas, pero no menos lo es que la sociedades que sufren una debacle indecible, urgen del testimonio auténtico, espontáneo, comprometido, a contracorriente que sea inspiración, acicate y guía para avisar de un distinto imaginario social. Los hay muy genuinos, discretos y decisivos a la vez, en nuestras relaciones cotidianas o los capaces de aguijonear a la opinión pública, a veces, escandalizándola, al lado  de otros artificiosos, afamados y hasta solemnes que, cumplen – voluntariamente, o no – la función política y social del referente devenido inmoral.

Por supuesto, nos contentó muchísimo el Doctorado Honoris Causa concedido a  Guillermo Sucre y a Rafael Cadenas, reconocidos como portadores de una rica trayectoria y tradición literaria ahora vapuleada por el régimen, aunque lamentamos que el acto correspondiente lo empeñaran las autoridades de la Simón Bolívar, incapaces de defender la autonomía universitaria.  Sin embargo, esperábamos algo más de ambos para transmitir un inequívoco mensaje al país sumergido en las circunstancias de las que nunca sospechó al abrirse el presente siglo.

Concurrieron a la cita académica y pronunciaron palabras encomiables a favor de la libertad y de la propia universidad venezolana, ya en inminente peligro de desaparición,  recibidas con el cínico aplauso de los colaboradores de la dictadura, como si no fuese con ellos.  De los poetas, al que más conocemos es a Cadenas, cuya obra ha gozado de una mayor  difusión de varias décadas, dejando impreso unos versos personalmente inolvidables: “Eres para raptos más vehementes / No para esta entreluz / que seca, agota y cansa”.

Nadie osa restarle méritos a Sucre y a Cadenas, menos,   por  la conocida militancia política que tuvo el autor de “Derrota”, víctima de viejas persecuciones y exilios, pero no entendemos por qué no postergaron el acto en cuestión, no lo protestaron y rechazaron, consumándolo para beneficio del régimen que encarna a la anti-universidad, prefiriéndose sólo como referentes literarios que esperarán por algún cronista, ensayista o biógrafo que reivindique esas palabras de vacilación de las que igualmente pueden valerse aquellos que atentan contra la supervivencia de la misma República. Bastaba la profunda convicción y  el mensaje urgido de una negativa protocolar que impidiese que las palabras se las llevara el viento,  como no hace mucho hizo Santiago Pol al rechazar vehementemente el Premio Nacional de Arte.

Hábito tan peligroso como revelador, habrá aquellos que pretenden  justificar una relación a título de  inventario con el poder establecido, dejando constancia de las ideas que no se traducen en actos dignos de imitar. Despuntando la sociedad de la extorsión, el Estado, o lo que queda de él, administra sus recursos simbólicos y todos felices, aplaudidos y aplaudidores. 

Cfr.

lunes, 27 de diciembre de 2010

problemario















"Los objetos de (Santiago) Pol son, en definitiva, la ambigüedad misma como protagonista. Si fuéramos a guardar (conservar, 'embalsamar') estos objetos ¿en qué lugar lo haríamos: museo de arte, de antropología, de historia, museo de la sociedad industrial, museo del diseño, del afiche, de la comuniación? ¿Departamento creativo publicitario? ¿taller de materiales de alguna escuela de arte? ¿sitio de reunión de vigentes surrealistas? ¿Cuáles criterios de forma, función, volumen, manipulación, materiales, usaríamos? ¿Cumplen acaso, o podemos hacerles cumplir, aquella antigua teoría de los objetos que indica que los más pesados estarán más cerca del suelo mientras los livianos, aéreos o simplemente colgables, estarán cerca del techo? (...) Es, por cierto, el campo de las asociaciones, zona especialmente propicia a lo imaginario"

María Elena Ramos

("Pistas para quedar mirando. Fragmentos sobre arte". Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1991:135)


Ilustración: http://www.bienalcartel.org.mx/expo_siglo_XX/images/071%20santiago%20pol%201992%20%20copy.jpg

domingo, 12 de marzo de 2017

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Luis Lozada Soucre. "La terca libertad de Manuel Cabré". El Nacional, Caracas, 27/01/1980.
- Guillermo Meneses. "Cualquier tiempo pasado fue mejor". El Universal, Caracas, 19/06/66.
- Con fotografías de Félix Gerardi, Moraima Guanipa entrevista a Santiago Pol: "(El afiche) Un puñetazo en el ojo, el morado en el cerebro". El Globo, Caracas, 18/06/92.
- Fernando Báez. "La respiración de la memoria: La muerte de Angel J. Cappeletti". El Universal,  17/12/95.

Reproducción: Eva Moreno. Élite, Caracas, nr. 1906 del 07/04/1962.

domingo, 10 de mayo de 2015

ESPACIALIDAD VIRTUAL

Objeto y espacio en Julio Pacheco Rivas
Más de 30 años avalan la trayectoria de uno de los artistas venezolanos más destacados
Inés Carolina Yanes

Para Julio Pacheco Rivas (1953), el espacio representado en sus obras no es totalmente imposible como podría serlo el del surrealismo. El crítico Roberto Montero decía que lo que hay en sus trabajos son situaciones “contrafácticas” en las que solo falta un dato, una señal o un código para explicar lo que pasa en la obra.
Nos cuenta que antes de trabajar con la computadora “las cosas se daban de una forma como sonámbula, una línea me llevaba a la otra y a medida que eso se acumulaba, en una serie de referencias espaciales, se convertían en un discurso; luego, en pos de ese discurso, tomaba otras acciones. Rara vez supe específicamente lo que quería hacer ... se iba dando mediante el trabajo continuo”. Posteriormente, con las herramientas digitales, surgieron otros procedimientos que le permitieron definir el trabajo, primero técnicamente, para después pasarlo a la tela. Los programas 3D lo ayudaron muchísimo respecto a la proporción, al color, etc., haciendo primero un “justo equilibrio” entre la parte sensible y creativa para amoldarla a esta nueva herramienta.

En el Arte
Algunos de sus trabajos describen una crítica a la modernidad, la cual Julio Pacheco ve como un discurso paralelo que desprende unas consecuencias que la tocan, incluyendo, en ocasiones, a la posmodernidad. Estos temas están planteados casi como una obsesión que desembocó en un lenguaje alrededor del espacio arquitectónico. Posteriormente, aparecieron los objetos cotidianos en sus pinturas: sillas, tobos, escaleras, cepillos… algo que paradójicamente no abandona la idea de perspectiva y monumentalidad propias de la arquitectura porque nos asegura que “los objetos pueden ser las maquetas de esos grandes espacios y viceversa... el manejo del objeto tiene todo que ver con el espacio aunque se trate de dos magnitudes diferentes”.
Esta relación no se aparta de la idea del hombre en la obra, pues aunque no se trata de una montaña o un paisaje, sí de una construcción racional, en donde “están presentes las construcciones del hombre a través del manejo de la perspectiva”. Tal vez por eso el espectador suele preguntarse por qué no hay nadie, o por qué no está representada la figura humana, pero “allí está… en su propia construcción”.
Esta inquietud “nació en el tiempo en que viví en San Cristóbal (Mérida), en los años 50, una ciudad con edificios recién hechos, intactos, limpios, perfectos, rectilíneos… eso para mí tenía mucho protagonismo. Mis primeros recuerdos tienen que ver con espacios arquitectónicos, con escaleras, pasillos, vigas y columnas”.
En la escuela

Inicialmente el trabajo de Emerio Darío Lunar fue la más importante influencia de Julio Pacheco Rivas. Dice que muy sinceramente asumió esta influencia "hasta que el tiempo me fue dando mi propio camino. Empecé a hacer mis trabajos como dibujos de torres de papel en espacios que estaban indefinidos, y poco a poco empecé a darles una ubicación más certera agregándoles fondo o piso. Estas torres de papel se fueron complejizando hasta que un día desaparecieron y el espacio fue el protagonista principal en la obra”. Ana Mercedes Hoyos, artista colombiana, también fue una gran influencia en su momento cuando vio su trabajo en los años 70, en una colectiva de artistas.
Cuando llegó al Taller de Arte Experimental, fundado por el conocido Víctor Varela, ya era otro momento, estaban los reconocidos artistas locales Santiago Pol, Oscar Vásquez, Víctor Hugo Irazábal, Luis Ludert, los cuales “eran un poco mayores que yo, pero de igual forma fue una experiencia de taller en la que no existía la figura de maestro-estudiante”.
Por otro lado, su experiencia artística fuera del país, en París, le dio la oportunidad de exponer a los dos años de haber llegado allá, en la Bienal de París y en algunos salones importantes como el Montrouge. “Fue muy enriquecedor y esos diez años que estuve allá fueron muy provechosos. Mi carrera en Caracas fue muy rápida y endiosada y corrí el riesgo de pensar que ya había logrado mucho. En Europa me di cuenta de que no era así, de que me faltaba mucho por aprender para lograr algo de verdad. Tenía que esforzarme para no repetir esquemas de trabajo que vienen con el éxito del mercado que muchas veces te presiona para producir siempre lo mismo, como una fórmula”.
En la calle

“Uno siempre tiene la duda de si de verdad puede hacer algo para las personas con su trabajo, algo que trascienda”. En este sentido el proyecto Pedagogías Sensibles, en el año 2012, de la Feria Iberoamericana de Arte de Caracas, sirvió para medir el alcance que tiene la obra de arte y “me hizo creer más en las posibilidades del arte para hacer cosas por la sociedad. El feedback que tuve en esa escuela en particular, en un barrio caraqueño, en donde se cree que el arte a veces no tiene cabida, me llenó mucho y creo que esto es lo más importante que he hecho en toda mi carrera”.
Sin embargo, afirma que hoy se le han cerrado un poco las puertas a muchas exposiciones importantes que refresquen y den nueva información. “Todo lo estamos obteniendo de revistas y de la web, pero no es suficiente. No ha habido el estímulo para los jóvenes, ni espacios para mostrarlos de una manera digna, digo: ambiciosa. Hoy en día no se puede montar una obra en la pared y pensar que eso basta, se requiere otro tipo de cosas que en la mayoría de los casos necesitan dinero. Las cosas se hacen en pequeña escala y no es significativo. Las galerías han tenido que tomar el papel de los museos para esto porque, por ejemplo, sus colecciones no tienen una completa representación del arte joven de los últimos diez años. Esta situación ha obligado a muchos artistas a salir solos al exterior de una manera más radical que cuando uno salía con una beca, apoyado por una institución. Esto ha superpuesto muchos obstáculos en la carrera del artista joven, que hoy no tiene nada garantizado”.
De esta forma nos acercamos a las aparentes arquitecturas irreales de Julio Pacheco Rivas, en la que palpamos su imposibilidad de ser en el espacio tridimensional. Son obras en las que ahora vemos espacios prácticamente virtuales, que sin embargo no escapan a la racionalidad, o a la perspectiva, al espacio y al tiempo; conceptos racionales aunque abstractos.

Fuente:
http://wsimag.com/es/arte/14862-objeto-y-espacio-en-julio-pacheco-rivas

jueves, 23 de enero de 2020

LAS DACTILARES DE UN TIEMPO

Desintegración
José Rafael Herrera

A José Luis Villacañas,
colega y amigo

Una sociedad que se ha autoimpuesto como única verdad la verificación de proposiciones empíricas a través de la cuantificación instrumental, rebajando el pensamiento a positividad, compendiada en slogans publicitarios descontextualizados y carentes de vida, que solo sirven para decorar o rellenar las carteleras de los centros educativos o de las oficinas públicas, no solo ha encontrado la forma de neutralizar la verdad, reduciéndola a “patrimonio cultural” o, en última instancia, a “filosofía de la empresa”, sino que, con ello, le ha abierto las puertas de par en par a los demonios de la superchería y el fanatismo, punto de partida indispensable para que una sociedad deje de serlo y se convierta en conglomerado, en una multitud carente de virtudes públicas. Nec ridere nec lugere. Sin pensamiento no hay ethos y sin ethos no hay sociedad.

La instrumentalización del conocimiento no solo no está en capacidad de sustituir la actividad del pensamiento, sino que, lejos de reconciliar al sujeto y al objeto, al ser y la conciencia sociales, al individuo y la sociedad, entiende -no comprende- su oficio como sometimiento y dominio, como ejercicio absolutista del poder, como miedo sublimado. Y mientras mayor es su miedo mayor es la esperanza de quienes, pasivos e impotentes, esperan que un rayo de luz divino traspase las tinieblas “en algún momento”.

Ratio instrumental y misticismo son caras de una misma moneda. Son la reacción ante el miedo convertida en el dominio generador de miedo hipostasiado. El terror revestido de esperanza en el más hondo interior de los individuos. De hecho, el narcotráfico es eso: la última y más acabada e inescrupulosa expresión del terror como contracara de una vida impotente. No solamente es un negocio, es un negocio que tiene por finalidad la instauración del imperio del terror a través de la venta de esperanza en gramos. En todo caso, la separación no solo se pone como presupuesto de sí misma sino que sirve de combustible -incendiario- para la inminente desintegración de toda la sociedad.

El despotismo, la sociedad del miedo sublimado, nace y se nutre ahí donde ni hay ideas ni -por ende- civilidad. La instrumentalización del conocimiento triunfa cuando los fines prácticos más inmediatos se convierten en motivo de una lejana fe como objetivo crucial de vida. Recibir la pensión o la caja de alimentos se convierte en el fin final de la existencia misma, en la realización del paraíso en la tierra.

El propósito de la ratio instrumental y ordenadora consistía en liberar a la humanidad del dominio de los misterios de la naturaleza entera mediante su sometimiento, conjurando el miedo. Hoy, que la ratio instrumental ha triunfado definitivamente sobre los misterios de la naturaleza, el miedo, devenido terror, reina más intensamente sobre toda la humanidad.

El fraude ha sido consumado y la sociedad entera paga las consecuencias, sometida a mafias -auténticas corporaciones totalitarias- que han convertido los insondables misterios del terror en una vida en y para la desintegración, apta para su completo dominio. Sin saberlo, la ratio técnica -brazo armado del entendimiento abstracto- ha realizado el sueño dogmático: transmutar la sociedad en medroso y obediente rebaño.

En el fondo, Pitágoras tenía razón: la mistificación sustenta los números tanto como los números sustentan la mistificación. La matematización de la vida cotidiana ha terminado retrotrayendo sus parajes más oscuros, más sombríos, al servicio de la irracionalidad de los tiranos. Como dice Hegel, “en el conocimiento matemático la intelección es exterior a la cosa, de donde se sigue que con ello se altera la cosa verdadera. De ahí que aún conteniendo sin duda proposiciones verdaderas, el medio, la construcción y la demostración, haya que decir también que el contenido es falso”.

La realidad concreta ha sido sustituida por proposiciones formales fijas, inmediatistas, previsibles, carentes de vida. Y así, la tristeza de una vida que no lo es abre las puertas al sucedáneo de la narcodependencia que condena a la humanidad a la inminente estupidización colectiva. El fascismo está de vuelta.

El socialismo del siglo XXI es el opio del pueblo. El llamado terrorismo internacional no consiste solo en las voladuras criminales de los “atendados”: está en los horrores sembrados en el espíritu de la gente. Como nunca antes, el terror de un mundo de borregos dóciles, sin voluntad, adaptados para el ejercicio pleno de la dominación absoluta, ha dejado de ser una simple amenaza contra la inteligencia. Occidente sustituyó el pensamiento pensante por la instrumentalización y, con ello, sembró los cimientos para su propia destrucción.

Es verdad que, como dice Hölderlin, “donde hay peligro crece lo que nos salva”. Sin embargo, en Venezuela las espantosas “presencias” andan sueltas desde hace mucho tiempo, ocupando in der praktischen todos los espacios. Y ya han llegado al cerebro del cuerpo: la universidad.

Durante los últimos años, la desintegración ha pasado a ser el “plan piloto” mundial de semejantes fines, la punta de lanza del terrorismo narcotraficante en América. Poderosos intereses internacionales están detrás del escenario. No se trata de una desintegración política, cabe decir, de la posibilidad de que se desintegre el país en dos o en más estados, como en su momento sucediera en la Europa central -lo cual tampoco es improbable, dadas las actuales circunstancias-. Pero en todo caso, se trata de algo mucho más hondo y doloroso, que ya es mucho decir, respecto del eventual desmembramiento de un país. Es, más que un desgarramiento, una desintegración interior, que lo contamina y corrompe todo. Es mucho más que la venta de un grupo de diputados “por un puñado de dólares”. Es la ruptura progresiva de los individuos -del “núcleo atómico”, dirían los científicos- como sociedad, en la cual el “sálvese quien pueda” se ha transformado en el santo y seña de su sentido común.

La situación es alarmante. El país que existió ya no existe más, y será necesario reconstruirlo desde sus bases para que pueda llegar a ser, en alguna medida, lo que en algún momento llegó a ser. No serán unas elecciones las que curen estas heridas. La ratio instrumental -con toda la irrelevancia de su “tormenta de ideas” y sus “think tanks”-, lejos de comprenderlo, insiste en sus formulaciones “técnicas” -tautológicas-, al tiempo que crece y se expande la noche de la desintegración. Para Venezuela, restituir la eticidad es cosa de vida o muerte. Todo depende de la comprensión de la porosidad: de la necesidad de la constelación del concepto.

Fuente:
https://www.elnacional.com/opinion/desintegracion/
Ilustración: Santiago Pol.