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jueves, 23 de enero de 2020

LAS DACTILARES DE UN TIEMPO

Desintegración
José Rafael Herrera

A José Luis Villacañas,
colega y amigo

Una sociedad que se ha autoimpuesto como única verdad la verificación de proposiciones empíricas a través de la cuantificación instrumental, rebajando el pensamiento a positividad, compendiada en slogans publicitarios descontextualizados y carentes de vida, que solo sirven para decorar o rellenar las carteleras de los centros educativos o de las oficinas públicas, no solo ha encontrado la forma de neutralizar la verdad, reduciéndola a “patrimonio cultural” o, en última instancia, a “filosofía de la empresa”, sino que, con ello, le ha abierto las puertas de par en par a los demonios de la superchería y el fanatismo, punto de partida indispensable para que una sociedad deje de serlo y se convierta en conglomerado, en una multitud carente de virtudes públicas. Nec ridere nec lugere. Sin pensamiento no hay ethos y sin ethos no hay sociedad.

La instrumentalización del conocimiento no solo no está en capacidad de sustituir la actividad del pensamiento, sino que, lejos de reconciliar al sujeto y al objeto, al ser y la conciencia sociales, al individuo y la sociedad, entiende -no comprende- su oficio como sometimiento y dominio, como ejercicio absolutista del poder, como miedo sublimado. Y mientras mayor es su miedo mayor es la esperanza de quienes, pasivos e impotentes, esperan que un rayo de luz divino traspase las tinieblas “en algún momento”.

Ratio instrumental y misticismo son caras de una misma moneda. Son la reacción ante el miedo convertida en el dominio generador de miedo hipostasiado. El terror revestido de esperanza en el más hondo interior de los individuos. De hecho, el narcotráfico es eso: la última y más acabada e inescrupulosa expresión del terror como contracara de una vida impotente. No solamente es un negocio, es un negocio que tiene por finalidad la instauración del imperio del terror a través de la venta de esperanza en gramos. En todo caso, la separación no solo se pone como presupuesto de sí misma sino que sirve de combustible -incendiario- para la inminente desintegración de toda la sociedad.

El despotismo, la sociedad del miedo sublimado, nace y se nutre ahí donde ni hay ideas ni -por ende- civilidad. La instrumentalización del conocimiento triunfa cuando los fines prácticos más inmediatos se convierten en motivo de una lejana fe como objetivo crucial de vida. Recibir la pensión o la caja de alimentos se convierte en el fin final de la existencia misma, en la realización del paraíso en la tierra.

El propósito de la ratio instrumental y ordenadora consistía en liberar a la humanidad del dominio de los misterios de la naturaleza entera mediante su sometimiento, conjurando el miedo. Hoy, que la ratio instrumental ha triunfado definitivamente sobre los misterios de la naturaleza, el miedo, devenido terror, reina más intensamente sobre toda la humanidad.

El fraude ha sido consumado y la sociedad entera paga las consecuencias, sometida a mafias -auténticas corporaciones totalitarias- que han convertido los insondables misterios del terror en una vida en y para la desintegración, apta para su completo dominio. Sin saberlo, la ratio técnica -brazo armado del entendimiento abstracto- ha realizado el sueño dogmático: transmutar la sociedad en medroso y obediente rebaño.

En el fondo, Pitágoras tenía razón: la mistificación sustenta los números tanto como los números sustentan la mistificación. La matematización de la vida cotidiana ha terminado retrotrayendo sus parajes más oscuros, más sombríos, al servicio de la irracionalidad de los tiranos. Como dice Hegel, “en el conocimiento matemático la intelección es exterior a la cosa, de donde se sigue que con ello se altera la cosa verdadera. De ahí que aún conteniendo sin duda proposiciones verdaderas, el medio, la construcción y la demostración, haya que decir también que el contenido es falso”.

La realidad concreta ha sido sustituida por proposiciones formales fijas, inmediatistas, previsibles, carentes de vida. Y así, la tristeza de una vida que no lo es abre las puertas al sucedáneo de la narcodependencia que condena a la humanidad a la inminente estupidización colectiva. El fascismo está de vuelta.

El socialismo del siglo XXI es el opio del pueblo. El llamado terrorismo internacional no consiste solo en las voladuras criminales de los “atendados”: está en los horrores sembrados en el espíritu de la gente. Como nunca antes, el terror de un mundo de borregos dóciles, sin voluntad, adaptados para el ejercicio pleno de la dominación absoluta, ha dejado de ser una simple amenaza contra la inteligencia. Occidente sustituyó el pensamiento pensante por la instrumentalización y, con ello, sembró los cimientos para su propia destrucción.

Es verdad que, como dice Hölderlin, “donde hay peligro crece lo que nos salva”. Sin embargo, en Venezuela las espantosas “presencias” andan sueltas desde hace mucho tiempo, ocupando in der praktischen todos los espacios. Y ya han llegado al cerebro del cuerpo: la universidad.

Durante los últimos años, la desintegración ha pasado a ser el “plan piloto” mundial de semejantes fines, la punta de lanza del terrorismo narcotraficante en América. Poderosos intereses internacionales están detrás del escenario. No se trata de una desintegración política, cabe decir, de la posibilidad de que se desintegre el país en dos o en más estados, como en su momento sucediera en la Europa central -lo cual tampoco es improbable, dadas las actuales circunstancias-. Pero en todo caso, se trata de algo mucho más hondo y doloroso, que ya es mucho decir, respecto del eventual desmembramiento de un país. Es, más que un desgarramiento, una desintegración interior, que lo contamina y corrompe todo. Es mucho más que la venta de un grupo de diputados “por un puñado de dólares”. Es la ruptura progresiva de los individuos -del “núcleo atómico”, dirían los científicos- como sociedad, en la cual el “sálvese quien pueda” se ha transformado en el santo y seña de su sentido común.

La situación es alarmante. El país que existió ya no existe más, y será necesario reconstruirlo desde sus bases para que pueda llegar a ser, en alguna medida, lo que en algún momento llegó a ser. No serán unas elecciones las que curen estas heridas. La ratio instrumental -con toda la irrelevancia de su “tormenta de ideas” y sus “think tanks”-, lejos de comprenderlo, insiste en sus formulaciones “técnicas” -tautológicas-, al tiempo que crece y se expande la noche de la desintegración. Para Venezuela, restituir la eticidad es cosa de vida o muerte. Todo depende de la comprensión de la porosidad: de la necesidad de la constelación del concepto.

Fuente:
https://www.elnacional.com/opinion/desintegracion/
Ilustración: Santiago Pol.

domingo, 27 de octubre de 2019

TERRAPLANISMO

Los banales en dictadura
Luis Barragán

Inculpar solamente a las redes digitales por la banalidad del debate político, permite soslayar a los banales que copan o dicen copar la escena pública, pues, al fin y al cabo, son los hechos los que se  imponen.  Acostumbran  deslizarse por debajo de la mesa, cuando se les cuestiona con severidad, o – simplemente – son omitidos, pretendiéndonos en un ambiente de feria para una crisis tan seria y prolongada, propi del colapso.

Los hay absolutamente inofensivos, colocadores de una mensajería de retaguardia, pues, nunca se meten directamente en la candela. Por lo general, refuerzan o ayudan a reforzar los telegramas e otros más decididos. Sin embargo, contamos esos otros son – peligrosos -  calculada y deliberadamente banales, con precisos objetivos tácticos o estratégicos.

En este  último departamento, personas, incluso, con reconocidas credenciales académicas, suelen hacer el coro de los muchos yerros que circulan en las redes. Por supuesto, cada quien tiene derecho a opinar como le venga en gana, aunque existen percepciones y posturas francamente falaces que delatan al emisor calificado y, al tratar de ensamblar las piezas, atisbamos o descubrimos que, por lo menos, tienen el interés y la esperanza de alcanzar alguna posición burocrática de apostar por el apoyo militante e indisimulado de aquellos que pueden proveerlos.

Preocupa el porcentaje significativo de los banales adrede, porque jamás pueden defender los resultados de Oslo  y sus derivados y, a falta de argumentos, prefieren estigmatizar, atacar y descalificar a los críticos de cuanto diálogo incondicional surge en el horizonte.  Se llega al extremo de conformar sendos laboratorios de opinión, por lo que el asunto va más allá de la polémica estéril que abren en Twitter o las distintas aplicaciones telefónicas.

Inteligentes, sin duda alguna, inventan fórmulas de desprestigio y una de ellas, consiste en acusar de “conspirativistas” a quienes tenemos la convicción de una ofensiva estratégica en el continente  del Foro de Sao Paulo que, apenas recientemente reunido en Caracas, se hace sentir en la desestabilización de Chile y Ecuador, o en los comicios de Bolivia  y Argentina. Vale decir, lo que ha ocurrido y ocurre siempre respecto a los regímenes totalitarios, consolidados o en vías de consolidación, irresponsablemente lo asocian con la creencia de los seres extraterrestres infiltrados en el planeta, la negación de que el hombre haya pisado la Luna o la convicción de que la Tierra es plana.

El problema no está en que el  diputado Stalin González jure que la dictadura venezolana no está en capacidad de influir maliciosa y malignamente en los países vecinos, sino en – apenas – un balbuce de la postura, sin ocasión de argumentar y contra-argumentar. Señal suficiente para que los militantes de la banalidad  orquesten la campaña y refuercen el ambiente de feria en un país sumergido en la catástrofe humanitaria, la censura y la represión.

¿Quién dijo  que toda dictadura es “mocha”? Sobre todo, la que  cuenta con  veinte años adueñada de Miraflores y, empleando cualesquiera recursos, tiene enormes cifras invertidas en armas y servicios de (contra) inteligencias, con una clara vocación transnacional.

jueves, 2 de abril de 2015

DESARCHIVO: PRESOS POLÍTICOS, RELIGIONES SIN PIEDAD, UNA HERRAMIENTA PARLAMENTARIA

Creemos conservar - apenas - dos de los textos publicados en El Periódico Popular, hacia 1987. Una primera entrega, estuvo relacionada con la situación de los indígenas en el país. Una segunda, harto significativa, la dedicamos a  otra situación: la de los presos políticos. Como se verá, la prédica no es nueva. Esto, con independencia de cualesquiera posturas ideológicas.  E, inevitable, consterna que buena parte de quienes sufrieron ayer la persecución, por la que también nos pronunciamos, ahora sean los carceleros que se afincan principalmente en la juventud. Ahí está La Tumba, ofreciendo un testimonio tenebroso. Ahí están las cárceles para delincuentes comunes, con venezolanos cuyo único y pretendido delito sea el de disentir políticamente. Por lo que vemos, este socialismo que llaman vanidosos del siglo XXI, no tiene ninguna autoridad moral. Constituye una verguenza.

La otra referencia fue una larga declaración que apildoró El Nacional y otros medios, sobre la banalidad que también reinaba en los sectores de oposición. Por una parte, día jueves, sale la nota y hubo quienes, propios y extraños, se irritaron. ¿Cómo era posible semejante postura?
Creímos que se iba a armar la de "san-quintín", en la venidera reunión de la dirección nacional del partido, donde éramos minoría cada vez más relativa. El domingo, salió en el citado periódico un texto de Coll que, posiblemente, neutralizó las críticas. Nadie hizo mención de la declaración que parecía saludada por el articulista, en la reunión de la dirección del lunes, excepto - y es necesario reconocerlo - Eduardo Fernández, quien la presidía y, al finalizar la sesión, halagó que un autor de prestigio se ocupara de un dirigente socialcristiano. Por cierto, la fotografía del suscrito, todavía sin saber el nombre del fotógrafo del periódico, es la que empleamos para nuestros textos destinados a Noticiero Digital desde sus inicios. Y se ha quedado, originalmente publicada en 2005.

Contribuimos con la creación y desarrollo de la Sala de Cibermedios, a mediados de los noventa. Fue una constante preocupación la relación de la política y la red de redes. Por ello, sin pretendernos expertos, no ha sido extraña la materia cuando de proyectos legales se trata en la actual legislatura a punto de culminar, si el gobierno decide realizar las elecciones en el presente año. Por supuesto, el que mucho abarca, poco aprieta. Son varios los proyectos y los textos sancionados, originados en la Comisión Permanente de Ciencia y Tecnología de los que nos enteramos solamente al llegar a la sesión plenaria, ocupados por completo en la Comisión de Cultura e, inconsultamente tranferidos, en la de Administración y Servicios, donde cursa un proyecto sobre el comercio electrónico que hemos atendido.

El Nacional - Domingo 08 de Enero de 2006 A/6
Esas religiones sin piedad
Armando Coll

Animan estas líneas a continuar (o subrayar, que no es lo mismo que suscribir) el argumento que en días pasados ensayara el subsecretario general de Copei, Luis Barragán, ante ese muro de los lamentos que parece ser el futuro político de la oposición democrática en Venezuela. Trataba Barragán de la necesidad de los partidos que han quedado excluidos del juego político de hacerse de “una sólida perspectiva ideológica”. Apuntaba el dirigente la impertinencia de insistir con “señalamientos banales y pendencieros” como forma de oponerse a un gobierno inconmovible ante la crítica pertinaz, incuestionable como está con tanto poderío.

No le falta razón al prominente copeyano si, como muy visto está, no hay insuficiencia gubernamental (o mala gestión) que no sea rápidamente subsanada por el excesivo carisma del mandamás; la última instancia, ese Presidente salvador que nunca se entera de lo mal que lo hacen sus funcionarios, de lo mal que van las cosas muy a su pesar, tan ocupado como anda en repartir la revolución por todo el continente, tal como asienta la creencia popular.

En un país en que ese intangible, “el carisma”, es la mayor entre las virtudes que a un político puedan adornar, donde ese intangible se eleva sobre las necesidades más urgentes de las masas (recuérdese el estribillo aquel: “Con hambre y sin empleo, con Chávez me resteo” ), pues la realidad tangible queda neutralizada como una gran banalidad. ¿Cómo contrastar las cifras de damnificados por las lluvias con ese atributo inmensurable que es el carisma del líder?
“Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad”, es la segunda acepción que le otorga el Diccionario de la Real Academia Española al, en apariencia inexplicable, carisma.

Y da la impresión de que es así. Haberlo sabido antes, que bastaba con ese don gratuito, esa gracia por la que ninguna deidad reclamará esfuerzo, ni mucho menos sacrificio, para que la gente se estuviera quieta y se complaciera con que todo lo que acontece a su alrededor, ese cataclismo continuado en que deviene la vida de la mayoría de los venezolanos, y tanto afecta sus miserables existencias es completamente banal. Viéndolo bien, el chavismo (como, tal vez, todo fanatismo basado en el carisma de alguien) es una suerte de gnosticismo. Recuérdese que los gnósticos, al menos en la vertiente cátara que tanto persiguieron los dominicos en la Edad Media, se resignaban a la idea de que este mundo material es el verdadero infierno y que lo bueno está en el más allá.

A estas alturas, se creerá que lo que aquí se propone es que el chavismo es una religión. Y no.

Tal vez en ese chavista ingenuo que hacía bulto en la avenida Bolívar opere la fe o algún sucedáneo; pero cabe sospechar que la nación, más que de un fervor ciego como el que animan las religiones, está a merced de una ideología, ramplona, inconsistente, oportunista y todo lo que se quiera, pero ideología al fin.

“Esas religiones sin piedad” las llamó a las ideologías el novelista Roberto Bolaño, poco antes de su muerte temprana. La explicación que los voceros del poder dan a las incesantes fatalidades que acosan a la ciudadanía no llegan a ser tan esotéricas como aquello de que “los caminos de Dios son impredecibles”.

Nada de eso: en el mundo de Chávez todas las desgracias tienen por autor el neoliberalismo, vale decir, una ideología que se opone a la de él, que se podría definir llanamente así, como lo opuesto al neoliberalismo.

Así, el caso del Viaducto 1 de la autopista Caracas-La Guaira, desde la perspectiva ideológica del chavismo podría ser una banalidad que, en todo caso, se debe a las torrenciales lluvias incitadas por el desorden climatológico que ha dejado tras de sí el imperio del neoliberalismo.

Ante los desmanes del neoliberalismo hay cosas que ya no se pueden hacer, según tal perspectiva ideológica, y se deja ver entre el establishment revolucionario cierto dejo también de resignación: “Se acabaron los veinte minutos de Caracas a la Guaira”, se solaza el ministro de Interior en el mal de muchos.

Lo que no toma en cuenta la perspectiva ideológica es el padecimiento muy concreto de los venezolanos que con resignación de cátaros ya van aceptando que su país no es sino un gran desastre continuado y sin remedio.

Barragán parece lúcido al proponer mayor consistencia ideológica a los partidos democráticos, pero ante la impiedad de la ideología del poder, ante su inapelable voluntarismo, su énfasis y su violencia, ¿podrá enfrentarse al gobierno con una racionalidad que no reconoce?
Entiéndase, la racionalidad de la convivencia democrática, que admite diferencias ideológicas.

Cabe sospechar que la nación, más que de un fervor ciego como el que animan las religiones, está a merced de una ideología, ramplona, inconsistente, oportunista y todo lo que se quiera, pero ideología al fin.


lunes, 4 de noviembre de 2013

AL MAL SE RESPONDE CON EL MAL

EL NACIONAL - Viernes 25 de Octubre de 2013     Escenas/2
Incoherencias de izquierda y derecha
LA VENTANA INDISCRETA
CINE
SERGIO MONSALVE

La ciencia ficción pura y dura es historia. La banalidad política también se la devoró. No hay futuro para ella en el engranaje de dos artefactos averiados de la cartelera: Elysium y Amenaza roja . El ying y el yang de un mismo inconveniente. Es decir, la prosaica involución del relato distópico, al transportarlo de regreso al período de la Guerra Fría. Con la primera cinta de la dupla, el realizador Neill Blomkamp filma un panfleto bolchevique de anticipación, financiado por un estudio de la meca.
El discurso socialista rinde dividendos en taquilla.
Es la cruel verdad de la izquierda divina afincada en Hollywood. La conocen de sobra Oliver Stone y Michael Moore, explotadores de las miserias del neoliberalismo tardío. Comunistas de palabra pero capitalistas en la acción. Se les atribuye el hecho de haber inventado el blockbuster de corazón marxista. Pero ellos no son los padres de la criatura. El populismo progresista nace en las barracas de feria y luego lo adoptan innumerables negociantes del discurso revolucionario. Rusos y cubanos patentan la fórmula en clásicos como Octubre y los documentales de Santiago Álvarez, antes del establecimiento de la censura. La industria reconstruye el filón para aliviar las tensiones de la crisis, ofreciéndole circo a las masas necesitadas de pan.
Hoy la lucha de clases es moneda corriente de la cultura del espectáculo. Vean el ejemplo de Elysium , una secuela devaluada de Sector 9 , aquella obra maestra sobre el drama del apartheid en Suráfrica. El director de la película sigue siendo un virtuoso de la composición multimedia. La potencia indiscutible del filme radica en la médula espinal de sus efectos especiales. Asumiendo la perspectiva subjetiva de un videojuego, el emisor sumerge al receptor dentro de una cápsula virtual con la óptica de un guerrillero cibernético. La misión del héroe mesiánico es liberar a los pobres del planeta de la opresión de los ricos esnobistas alojados en un hotel espacial y hermético de lujo. Alusión a las divisiones y discriminaciones actuales de la polis. En tal sentido, el mensaje del largometraje es oportuno para sembrar conciencia. Sin embargo, la credibilidad se derrumba en el desarrollo de la trama. Amputados y caricaturescos, los protagonistas preparan un combo de McGuevara para el gusto de los Che Donalds. En términos menos rebuscados, el personaje principal, interpretado por Matt Damon, derrota a los villanos del poder blanco, con el objetivo de implantar el Obamacare. Al final la cursilería paternalista baja el telón en las favelas del globo. Irónicamente, Elysium llenará los bolsillos de los mentados usureros, de los chivos expiatorios de la pieza. Momento de invocar a Amenaza roja , un remake de pocas luces o el reverso del caso anterior.
La versión original contaba la absurda invasión de Estados Unidos por parte del bloque soviético. Unos muchachos oponían resistencia desde las trincheras, provocando la emancipación del país. Ahora los norcoreanos encarnan al ejército invasor y los chicos de otra tonta película juvenil organizan la gesta de independencia. La legítima defensa es justificada, hasta con actos terroristas, a la hora de recuperar la soberanía. Me pregunto si no es un boomerang para el Pentágono en el Medio Oriente.