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miércoles, 22 de diciembre de 2010

aniversario (olvidado) de una juventud políticamente organizada


Rara fecha para fundar una juventud política
Luis Barragán


El 24 de Diciembre de 1947, nació la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC). Es un dato extraño, porque no sólo se trata de una juventud políticamente inquieta, sino que se compromete y organiza a partir de una fecha tan extraña para fundarse.

Hoy, las juventudes políticamente organizadas no se parecen, ni de lejos, a lo que fue y significó la JRC, la Juventud Comunista, la Juventud de Acción Democrática o Vanguardia Juvenil Urredista, por citar otros ejemplos. Una decisión de estructurarse y extenderse, en defensa de un ideario y el desarrollo de una estrategia, exigiendo cada vez más a sus militantes, en contraste con un presente donde predomina la antipolítica, toda una vocación para el suicidio ciudadano.

La JRC (también Juventud Demócrata-Cristiana), por lo pronto, fue una decidida propulsora del debate ideológico en el partido, realizadora de trayectorias que generaban confianza en la convicción y habilidad de un liderazgo, y – aunque a veces tormentosa – cumplió con las pautas esenciales de la democracia interna. Sin embargo, desde ¡1994!, no conoce de una legítima innovación de sus autoridades internas, por lo menos para elegir a sus conductores, secretarios juveniles o secretarios generales como lo fueron – desde 1958 – Hilarión Cardozo, Eduardo Fernández, Abdón Vivas Terán, José Ramón Solano, Julio César Moreno, Donald Ramírez, Agustín Berríos, César Pérez Vivas, Vadimir Petit o Gregorio Graterol, destacando la transitoriedad de Oswaldo Alvarez Paz.

Tratamos de una tradición histórica frecuentemente desconocida por los jóvenes socialcristianos de ahora, Y que, en momentos, el desconocimiento ha sido criminal, a juzgar por los que aportaron sus pretendidas luces a Wikipedia al elaborar una lista caprichosa de los dirigentes “importantes” (y que sectariamente había desconocido a Pérez Vivas). He acá un reto, pues los que orgullosamente nos hicimos en la JRC debemos insistir en lo que fue y ayudar en lo que será.

Rara fecha fundacional, ciertamente. Sin embargo, Rodolfo Cárdenas insistió en ella, sin desmentidos, en uno de los gruesos tomos que dedicó al trienio adeco. Por lo demás, ofrecemos un par de notas alusivas, publicadas añales atrás.

Nos valemos de la ocasión para desear una Feliz Navidad a nuestros amables lectores, ojalá anuncio de una mayor paz, concordia, libertad y equidad en Venezuela. Recordemos perdonar y, más aún, que el perdón no significa olvidar la justicia.

http://www.geocities.com/CapitolHill/Congress/5642/

50 años
Luis Barragán


En la primera parte de la década de los sesenta, gracias al peso de los conflictos sociales y jalonado por su breve participación en el gobierno de Betancourt, COPEI experimentó el tránsito de un partido doctrinario –enunciador abstracto de principios – a un partido ideológico, cuyas energías esencialmente juveniles se invertirían en el desarrollo de un conjunto de creencias con el objeto de materializarlas en nuestro particular contexto sociohistórico. Y es la Juventud Revolucionaria Copeyana, el escenario por excelencia de un debate del que nacen distintas corrientes, la ortodoxa y las heterodoxas.

Una de las pistas indicadoras de la emergencia de un pensamiento renovador entre los socialcristianos, la ubicamos en el proceso de aprendizaje de las pautas de integración de los sectores desfavorecidos al sistema de conciliación nacional (acomodación de tipo utilitario) que tiene en el Estado (y en la abundancia de sus recursos), un eximio realizador del ideario populista. Esto es, todavía reciente los acontecimientos de 1958, vivo el ambiente de una polémica (y de un lenguaje) en torno a los asuntos fundamentales del país, había plena sintonía con los niveles de politización de la sociedad global.

Las juventudes políticas, en general, estaban lo suficientemente sensibilizadas y animadas para competir con el liderazgo adulto. Gracias a un esfuerzo no exento de posiciones efectistas y de radicalismos verbales, contaban con real audiencia pública. La J.R.C. protagonizaba uno de sus ciclos más fecundos. Fundada el 24 de Diciembre de 1947, libraba una intensa lucha en las calles y aulas, contribuyendo enormemente a la estabilización de la democracia a la par de ofrecer un combate frontal, en las ideas y en los hechos, ante la subversión leninista. Era inevitable que germinara la reflexión de una práctica militante hoy desconocida. A veces, generando un oportunismo impropio de la edad. Más de las veces, en el curso de un sentido de autenticidad que emociona aún. Decía Jean Lacroix en su obra de largo título "Marxismo, existencialismo, personalismo (presencia de la eternidad en el tiempo)": "Se ha hablado mucho de pensamiento comprometido sin advertir tal vez que otro nombre muy antiguo y muy bello, que es precisamente el de creencia. Pues si lo creencia es todo del hombre, es claro que implica primero, y ante todo, esta actividad laboriosa por la cual transformaremos el mundo. El que no trabaja no cree: si la creencia auténtica supone en el hombre una purificación continua de su pensamiento, es que sólo puede ser una reflexión sobre su acto. Del mismo modo, es en la íntima relación de la duda y la creencia que deberá comprometerse todo personalismo que sabe únicamente puede alcanzar su fin trascendente en y por una aventura mundana".

El fenómeno, en el seno de la JRC, no se produjo por azar. Por una parte, lo ideológico era una de las dimensiones legitimadas de la pugna política de entonces. Y, por otra, hubo razones teóricas y sociales que sustentaban un contenido y un estilo de militancia.

El debate parte primordialmente de una militancia universitaria de clase media, con acceso a la cultura y educación sistemática y capacidad para organizarse políticamente. Es beneficiaria directa de la expansión educativa, la burocracia y vivo reflejo del proceso de urbanización. Se impone la "identidad etaria", un nuevo reconocimiento social de los jóvenes, so pretexto de la "brecha generacional" o saldo inequívoco de la crisis institucional de la familia. Recordemos también el profundo impacto del Concilio Vaticano II y de Encíclicas como "Mater et Magistra", "Pacem in Terris" y luego la "Populorum Progressio". La influencia determinante de autores como Maritain, Mounier, Teilhard, Lebret, Suavet, Perroux, Lepp, La Pira. Y, evidentemente, la necesidad de repensar la realidad nacional.

Una década, representativa del historial jotaerecista, que supo de dos libros cuyo lenguaje y contenido conmocionó a todos: "El combate político" de Rodolfo José Cárdenas y "El reto revolucionario" de José Rodríguez Iturbe. E igualmente de documentos de significación histórica que ponían sus acentos sobre la propiedad comunitaria, para respaldarla como un proyecto inmediato o para sugerirla como fruto de sucesivas etapas: "Materiales para una discusión que concluya en el trazamiento de una política correcta para el desarrollo de la JRC" y "Una juventud para el cambio" (1965), de astronautas y avanzados, recogidos si mal no recuerdo en la compilación de Tarsicio Ocampo; o el que presentaron los araguatos en abril de 1970. La experiencia alrededor de "Venezuela Urgente" y, precursores de efímeros partidos marxistas que no resistieron los embates electorales subsiguientes, la Izquierda Cristiana. La aparición de otros grupos como los auténticos, cuyos voceros se identificaban simplemente como socialistas. De todos modos, contamos con la ventaja de la perspectiva histórica para apreciar la pertinencia y viabilidad de antiguas posiciones que, naturalmente, evolucionaron.

Quienes fuímos parte de los cuadros de dirección de la JRC, sentimos muy de cerca un nuevo aniversario. Significa no sólo reflexionar en torno a las tareas que la Democracia Cristiana tiene pendientes, sino también pensar, calibrar y responder a la necesidad que tienen los jóvenes de superar la infrapolítica, una adulteración más que los contamina al imponer el cálculo trepador frente al reto de trascender.

(Publicado en el diario "El Globo", Caracas, 18 de Diciembre de 1997, Nr. 2.585)


http://www.geocities.com/CapitolHill/Congress/5642/

Papeles de la J.R.C.
Luis Barragán


Unos meses atrás, una persona amiga me obsequió la copia de unos documentos que dijo haber encontrado en el cesto de la basura de una universidad pública. Hablamos de los borradores de la posición escrita que un sector radicalizado, empleado a fondo un lenguaje tercermundista, casi resumen del conocido libro de Fanon, llevó a la convención nacional de la juventud socialcristiana en 1970, así como de una carta suscrita en 1966 por Rafael Iribarren, connotado líder de una corriente interiormente múltiple que se dio en llamar los astronautas. El hallazgo obliga a la obvia observación en torno al destino de un patrimonio documental que, a la vuelta de tres décadas, está al borde del servicio urbano de aseo, ya alterados los parámetros, los ambientes, las referencias y, puede decirse, el actorazgo.

Transcurrido el tiempo, disminuyó progresivamente la cantidad y calidad, el prestigio y la utilidad, la atracción y la bondad de las posiciones políticas documentadas en el terreno de las juventudes políticas. No obstante, ha sido grato constatar la difusión reciente, en el marco de la convención copeyana, de "Los jóvenes reclaman su futuro", fruto de una reflexión sobre la crisis que padecemos. Constituye una buena noticia, sobre todo por el llamado que hacen para reivindicar la política, pues, no hay otra opción que recorrer los espacios públicos, dirimir colectivamente los problemas, reconocernos en un destino inevitablemente común, repensarnos en el marco de un proyecto que se teje de las más variadas y complejas vicisitudes personales. El fagocitaje petrolero, la renta que ya no alcanza, no puede relevarnos de tamaña necesidad así haya quienes digan tener la vara mágica para golpearnos y, a lo Houdini, escapar de sus responsabilidades históricas.

Está implícito el llamado a un esfuerzo político y no publicitario. El relevo generacional de los partidos, a juzgar por el reclamo hecho, está en la calle y en el aula, en el reencuentro de la costumbre militante del hacer y del pensar. No en los parapetos que surgen frecuentemente bajo el pretexto de sistemática la reflexión que, inflados, armados de la consigna del tuerto en el país de los ciegos, facilita el (a) salto a las instancias formales de los partidos delatando la precocidad de los jóvenes respecto a un grosero utilitarismo, a un pragmatismo hueco, a una orfandad nauseabunda de utopías. Hay manifestaciones auténticas, genuinas, refrescantes en el mundo cultural, deportivo y religioso tan urgidas de llevar al terreno de la política.

Los papeles de la Juventud Revolucionaria Copeyana y, en particular el suscrito por toda la dirigencia regional juvenil y un muy reducido número de dirigentes nacionales, como el que comentamos, marcan el croquis de la Venezuela pasada y presente. Ojalá que en otras tendencias juveniles partidistas haya y se exprese una inquietud similar para ver con un poco más de optimismo nuestro futuro.

(Publicado en el diario "El Globo", Caracas, 1ro. de Julio de 1998).

Fotografía:
Histórica IV Convención Nacional de la JUventud Revolucionaria Copeyana, a mediados de 1965. Dos documentos la conmovieron y un discurso: éste, de Rafael Caldera, y -entre los papeles - "Una juventud para el cambio" (Avanzados) y "Documento para un correcto desarrollo de la JRC" (Astronauta). De ella, resultó electo Secretario General, Abdón Vivas Terán, acompañado en la Subsecretaría por un joven dirigente obrero: Rubén Darío González.
Puede verse:
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/3421353.asp

domingo, 4 de octubre de 2015

VEREDA DE PECES

De las razones de un debate
Luis Barragán



Comprensión de una etapa – Lo que se dice – Fuentes de una inquietud – Una juventud política – Lo que se hacía al decirlo – Efectos – A contracorriente Referencias metodológicas


“ ... Las ideas no están por azar en la
mente de los hombres. Y mucho menos en
la mente de los hombres políticos. Las
ideas responden a una realidad y a la
ubicación en esa realidad cuyo influjo
deben modificar, o mantener, según el caso”
Elías Pino Iturrieta [1]



Nota de exclusivo interés histórico, el 31 de octubre de 1965, al celebrarse la IV Asamblea Nacional de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), el país supo de un documento que marcó el historial partidista y el de las mismas juventudes políticas venezolana. “Una Juventud para el cambio” – el texto en cuestión – avaló la elección de Abdón Vivas Terán y Rubén Darío González, como secretario y subsecretario juveniles nacionales de COPEI.


Ejercicio de precisión, una mirada a los planteamientos realizados por la juventud socialcristiana en la década de los sesenta, nos lleva a un elenco de razones teóricas y sociales distinguiendo lo que se dijo (enunciados locutivos), la intención de lo que se dijo (enunciados ilocitivos) y los efectos de lo dicho (enunciados perlocutivos), apretando así los enfoques de Diego Bautista Urbaneja  [2]  y Fernando Vallespín [3] sobre la historia de las ideas políticas. El espacio disponible impide abundar en los ricos matices de una experiencia de la que no supimos personalmente, pero –de un modo u otro- sintió nuestra promoción generacional.

Comprensión de una etapa

El país se reencuentra al caer la dictadura de Pérez Jiménez. Emergen con desenfado distintos problemas y tabúes, como la corrupción administrativa, la represión del Estado, la tenencia de la tierra o la explotación petrolera, en el marco de una democracia naciente que moviliza a los más variados sectores, en la difícil implementación de la tan deseada “unidad nacional”. La conflictividad del sistema populista en construcción, en los términos expuestos por Juan Carlos Rey en su “Problemas socio-políticos de América Latina” (Ateneo, Caracas, 1980), inmediatamente dará cuenta –por una parte- de la violencia de izquierda y de derecha que severamente lo amenazan y –por otra- del consenso que encontrará garantías mediante iniciativas como el llamado “Pacto de Punto Fijo” (o, en propiedad, “Puntofijo”), precedido por el Avenimiento Obrero-Patronal y, más concretamente, el desarrollo de líneas políticas como la “Autonomía de Acción” de COPEI.


No menos importante será el debate sobre la libertad de expresión y, siendo un dato inevitable, el reordenamiento del contexto hemisférico. Lo cierto es que las circunstancias de la Venezuela de los sesenta obligaba a un exigente ejercicio de la militancia política de la que, posteriormente, no se sabrá por  el impacto psicosocial de las célebres bonanzas, entre otras causas.


Militancia que bien ilustra la juventud socialcristiana, portadora de un conjunto de creencias que, por entonces, constituían una novedad política por su naturaleza e implicaciones. Y es que sus indicios sociales y teóricos nos ubican en una etapa de abierta politización y creatividad, marcando pautas que inevitablemente contrastarán con el actual  desempeño de una entidad que no reclama ni –al parecer- quiere saber de  una significativa herencia histórica.

Lo que se dice

La propuesta comunitaria será el planteamiento estelar, acompañada de la polémica distinción de la propiedad privada como derecho natural y como derecho positivo. Las demandas políticas tendían a simplificarse a través de sendos proyectos históricos (sólo) en la medida que agudizaban las contradicciones existenciales del sistema.


Partimos de la generalización conceptual ensayada por Rafael Caldera, ejemplificada por una entrevista concedida a Ma. Elena Páez (El Nacional, 01/10/67) o un artículo de prensa donde  reclama las directrices de la Organización Demócrata-Cristiana de América (ibidem, 06/10/67), por no citar el programa presidencial (“Hacia la sociedad que queremos”), hasta llegar a formulaciones que tocan el marxismo (en su vertiente camilista), a través de un quincenario de breve duración como “Venezuela Urgente” y su principal prédica: la revolución sin signo. Más tarde, el Centro de Estudios Comunitarios publicará obras como “Pensamiento comunitario”, decisivo en nuestra otrora adscripción demócrata-cristiana, convertida Mérida en epicentro de una inquietud que se hará exclusivamente académica.

No hay mejor retrato de la aceptación  final de la tesis que el ofrecido por la  VI Asamblea Nacional Juvenil, realizada en 1970, aunque median las distancias entre la documentación expuesta por Rafael Isidro Quevedo y Delfín Sánchez, dos de los candidatos a dirigir a la organización, previo reconocimiento, adaptación y adscripción de los grupos anteriormente reacios a ella (El Nacional, 05/04/70), zanjada por el triunfo electoral interno de Julio César Moreno.  Se ha arraigado una visión tercerista que bien expresa José Rodríguez Iturbe: “Nosotros somos –digámoslo de entrada- radicalmente anticapitalistas y anticomunistas” (“El reto revolucionario”, Nueva Política, Caracas, 1969: 37),  sugerida la aceptación formal de todos los sectores internos de un mensaje que el tiempo (des) hilvanará.

Al tomar como referencia el pequeño ensayo de Rodolfo José Cárdenas, “Hacia la sociedad comunitaria” (El Nacional, 30/10/66),  apuntamos a las disputas juveniles provisionalmente resueltas, el peso político específico del autor y la importancia misma del medio empleado, en el marco de una competencia que el ajedrecista menos connotado sabrá intensa, variada y –a veces- sorpresiva, administrada la relativa ambigüedad de la propuesta.  Dirá de “detalles indefinibles  como todas las realizaciones que pertenecen al porvenir”,  comprensibles en una primera fase donde coexistirán las propiedades privada, cooperativa, estatal, mixta y comunitaria, seguida de otra de “alta socialización, racionalización y organización”, prevaleciendo la comunitaria: “sociedad eminentemente científica y tecnológica” empeñada en la democratización empresarial y la abolición de las diferencias artificiales de la sociedad burguesa.

Más allá o más acá, ha fondeado los ánimos de las corrientes ortodoxa (“araguatos”)  y heterodoxas (“astronautas” y “avanzados”), surgidas al calor de la IV Asamblea Nacional Juvenil de 1965, cuyos documentos hablan de un proceso continuo y mínimo de reflexión originado en 1958, con la discusión y aprobación de sendos Manifiestos.  Los medios de comunicación se hacen eco de las denuncias formuladas en el evento, invocada la democracia formal y los congresantes, concejales y legisladores que comercian con sus credenciales en la “quincalla vergonzante de la componenda” (“Una juventud para el cambio”, multigrafiado, Caracas, 1965), o afincada en  la contundente afirmación que trae el “Documento político” sobre el fracaso de la institucionalidad democrática (Tarcisio Ocampo, “Venezuela: ´ Astronautas´ de Copei. 1965-67”, CIDOC, México, 1968: 5/58). 

La nacionalización de la industria petrolera, la nueva división político-territorial o la penetración del populismo, sensibilizados por la invasión estadounidense a República Dominicana, figuran entre los papeles heterodoxos.  Caldera insistirá en  que “no podemos ofrecerle al pueblo nada que no podamos realizar”, con el peligro de  “lanzarnos por el camino de una literatura tremendista” (ibidem: 4/17 s.), y proclamará los principios que tres años más tarde concitarán el apoyo de todas las corrientes, concluida en San Felipe la V Asamblea Nacional Juvenil, luego de la expulsión de los sectores más intransigentes y radicales.  Valga consignar la posterior impresión que las ya maduras diferencias grupales suscitaría en el órgano oficial del PCV, destacando “cierta unidad” en sus actitudes anticomunistas (Tribuna Popular, 19 al 20/02/70).

Fuentes de una inquietud

Las faenas de construcción de una experiencia diferente obligan a la justificación de la democracia misma en sintonía con los problemas cruda y esencialmente planteados. La rivalidad política supone un básico esfuerzo de comprensión de lo que acontece,  adquirido un cierto sentido plenario y fundacional de la militancia que autoriza  la inquietud ensoñadora.

La enseñanza social de la Iglesia Católica ha echado piso gracias a la labor emprendedora de un sacerdocio que llegaba a los jóvenes y los obreros, por obra de los círculos de estudio y otras iniciativas que incluían al laicado organizado. Juan XXIII despertará entusiasmo en la ruta que completará Pablo VI, señalando un precedente en la recepción de las encíclicas en Venezuela de acuerdo a Jesús Sanoja Hernández (El Nacional, 04/04/67).

El Concilio Vaticano II constituye un desafío para el redimensionamiento del compromiso político cristiano, aunque la realidad advierte de otros acontecimientos más próximos y encontrados que urgen de respuestas. De un lado, la subversión leninista fuerza al conocimiento y superación de los postulados propiamente marxistas, desembocando –a veces- en un anticomunismo feroz y –otras- sucumbiendo a sus atractivos, no sin generar la búsqueda extraordinaria de un tercerismo que Anatoli Shulgovski  creerá emparentado con el socialismo utópico cristiano de Fermín Toro en Venezuela o de Manuel Murillo en Colombia (Revista América Latina, Progreso,Moscú, 1982, Nr. 3/51: 59). Y, por el otro, encontramos el reto de una opción aparentemente más débil, la liberal, que reporta una creciente influencia en el medio universitario gracias a la – relativamente representativa -  prédica de Arturo Uslar Pietri, sintetizada en su “Hacia un humanismo democrático” (FND, Caracas, 1965). Por consiguiente, privarán los retos políticos e ideológicos más inmediatos, estando en trámite la noticia de la venidera etapa postconciliar y su acento pastoral,  el reencuentro con el pueblo de Dios y la asunción del mundo moderno, conforme a la caracterización de  Baltazar Porras Cardozo (El Globo, 04/07/96).

Numerosos cuadros de la juventud socialcristiana acceden a una bibliografía predominantemente francesa: Maritain, Mounier, Lebret, Teilhard de Chardin, Lepp, Suavet y Perroux o los protagonistas de las “Semanas Sociales” como Folliet, Lacroix o Remond,  en competencia con los italianos Sturzo, La Pira o De Gásperi, incursionando algunos en Fromm. Los textos chilenos emocionan y un sector específico de la juventud promueve uno crucial: “Desarrollo sin capitalismo. Hacia un mundo comunitario” de Julio Silva Solar y Jacques Chonchol (Nuevo Orden, Caracas, 1964), sin olvidar la precursora edición castellana de Paulo Freire.

Al correr los años, terciando en la polémica de Joaquín Marta Sosa y Abdón Vivas Terán, José Ma. García Escudero deslindará la política de una “actitud de fe” (Revista Summa, Caracas, Nr. 42 de 1971).  Apuntemos la enorme  dificultad de innovar el pensar y el hacer políticos en forma simultánea, subrayando lo ideológico como un proceso en “ebullición” o en “elaboración” que guarda exacta correspondencia con lo dicho por Jacques Maritain en torno al Ideal Histórico Concreto, “una imagen prospectiva significando el tipo particular y específico de la civilización que tiende a una cierta edad histórica”, jamás realizado como término, sino en “vías de realización y siempre por realizar” (“Humanismo integral”, Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1966: 132 y 195).

Una juventud política

La razonabilidad social la hallamos en una militancia de clase media, principalmente universitaria, capaz de organizarse políticamente y de ofrecer un proyecto cuya elaboración está vedada a los sectores que beneficia. Los problemas de la juventud remiten a un contexto cada vez más global, aunque exhiben rasgos muy particulares que –de un lado- los ejemplifica  fenómenos como el de las “patotas” y hasta una desviación de naturaleza neonazista (Alicia Briceño: Momento, 03/10/65; y también las investigaciones adelantadas por el comisario Molina Gásperi: El Nacional, 01/06/66), y –por el otro- reclama una atención más sistemática de los especialistas, como el foro realizado en la UCV por febrero de 1965 (J.F. Reyes Baena: El Nacional, 12/09/79).

El doble proceso de urbanización y expansión educativa con el saldo de una mayor movilidad social, expresará fielmente al país que ha salido de la dictadura. Según el Instituto de Estudios de América Latina (IEPAL), COPEI cuenta con una influencia extraordinaria en las clases media, con predominio de la alta, y medianamente en la obrera y campesina del interior (“Venezuela: hacia una integración democrática”, Arte, Caracas, 1965).  La ampliación de sus bases sociales contrastará con el partido de las décadas anteriores,  reorientado el discurso fundamental.

El movimiento estudiantil está en todo su esplendor,  convertidos los socialcristianos en la primera fuerza individual de estratégicos establecimientos, como la citada universidad, a juzgar por las cifras de Orlando Albornoz (“Ideología y política en la universidad latinoamericana”, Societas, 1972: 234). E, incluso, siguiendo al mismo autor, ofrecen la posibilidad de un escenario político nacional que compensa la actitud antipartido generada en el ámbito (“Estudiantes y política en América Latina”, Monte Avila, Caracas, 1968: 225 s.).

Estaba legitimada la existencia de las juventudes políticas y, específicamente, la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC) había sobrevivido al desmantelamiento de la Juventud de Acción Democrática (preocupando a cronistas como Juan David González: La Esfera, 21/03/60), al desvanecimiento de Vanguardia Juvenil Urredista y al sacrificio de la Juventud Comunista en la aventura guerrillera. Aquélla, realizaba sus comicios internos aproximadamente cada dos años y no votaba en el máximo cuadro de conducción del partido, promediando sus dirigentes más destacados la veintena de edad  y en el marco de una organización con líderes que no alcanzaban la cincuentena, cuyas modestas dimensiones tendían presumiblemente a facilitar las relaciones interpersonales.

La aparición de tres tendencias en su seno dibuja una dinámica que otras entidades similares no ofrecían, adicional a una ambientación mística derivada de la lucha de calle e ilustrada en los variados cantos o himnos, siendo el más conocido el de Régulo Arias Moreno. Luce significativa la promoción de Rubén Darío Santiago a la subsecretaría juvenil nacional, proviniendo de los cuadros obreros. Por lo demás, es evidente el optimismo generacional que se ensaya como una opción frente a cierta actitud en boga que se dice no progresista ni cristiana, sino simple penetración del marxismo: “Somos, pues, los integrantes de la Juventud Revolucionaria Copeyana, los únicos que con puridad pueden llamarse representantes de esa generación política del 58, de la generación de la libertad” (Rodríguez Iturbe, op. cit.: 186  y 202).

Lo que se hacía al decirlo

Surgieron iniciativas destinadas a la formación de los cuadros, como el IFEDEC y el Instituto Pro-Pueblo Jacques Maritain. Gonzalo Alvarez destacará la labor realizada por el llamado Grupo de Arquitectura, la editorial y librería “Nuevo Orden”  y el papel desempeñado por Julio González en la promoción de las ideas (Revista Momento: 16/06/67, cuyos argumentos serán repetidos anónimamente en la Revista Semana: 01 al 08/05/69). Se mencionan iniciativas impresas como la revista Vértice, amén de otros medios que directa o indirectamente manifestaron la preocupación por el estudio.

Los “cuadros pensantes” de la organización, a juicio de Enrique Jubes, lo conformaron Arístides Calvani, Hilarión Cardozo, Rodríguez Iturbe, el Padre Cardón,  Alvaro Páez Pumar (implementador de los cursos de formación por correspondencia), Enrique Pérez Olivares, Joaquín Marta Sosa,  José Curiel, Abdón Vivas Terán y Rodolfo José Cárdenas.  Coincidiendo parcialmente,  Joaquín Pérez-Ordaz R. (El Globo, 13/03/01), incluye a González, José Vitale, Pedro Bello, Nestor Coll, Saúl Rivas, no sin insistir en la brillantez de Marta Sosa. Y es que la relación de los jóvenes con el partido exigirá de puentes virtuosos, sirviendo de baremo al reconocimiento dirigencial, sin que olvidemos un importante sesgo tremendista: Cárdenas, por ejemplo, exhibía en su despacho la fotografía de Lenin en la Plaza Roja, vecina a  la de Teilhard (El Nacional, 29/10/67).

El surgimiento de decisivas tendencias en la JRC, propicia para toda suerte de especulaciones, está avalado por la férrea adscripción y acatamiento de los postulados de la organización o a su abierta y pública discusión, suscitando problemas disciplinarios. Documentos como “Una juventud para el cambio” y “Materiales para una discusión que concluya en el trazamiento de una política correcta para la JRC”, no se entienden sin las abundantes declaraciones y artículos, como los de Marta Sosa sobre la propiedad y Vivas Terán sobre la industria petrolera que acarrearán sanciones expresas o tácitas (Bohemia, 19/06/66).  Oswaldo Alvarez Paz, sucesor en la secretaría juvenil nacional, dirá compartir las tesis de avanzada de Vivas Terán, reiterando el respeto y la necesidad de expandir la propiedad privada (El Nacional, 10/06/66 y Bohemia, 26/06/66): aquél venía de presidir la federación de centros de la Universidad del Zulia y éste alcanzaría la vicepresidencia de la federación de la Universidad Central, en medio de una campaña que se resintió por la confusa medida adoptada, infiriendo así la sustentación real del liderazgo en pugna.

Aparecerán dos obras de considerable impacto por la fuerza de sus argumentos y  el lenguaje empleado: “El combate político” de Rodolfo José Cárdenas (Doña Bárbara, Caracas, 1965) y  “El reto revolucionario” de Rodríguez Iturbe, ya citado. No exageramos al  incluirlos entre los clásicos venezolanos  que, en su momento, tuvieron una resonante incidencia, acaso cercana a “Checoeslovaquia, el socialismo como problema” de Teodoro Petkoff o “Del buen salvaje al buen revolucionario” de Carlos Rangel, en los extremos de una literatura política que hoy extrañamos.

Efectos

Los planteamientos ideológicos expresan las naturales disputas políticas externas e internas. El foro televisado con Robert Kennedy los protocolizará ante el país, aunque Carlos Ramírez McGregor, director de un importante semanario, diga de “dirigentes jóvenes, viejas ideas” (Momento, 12/12/65), o un órgano legal de la insurgencia marxista hable de “una farsa no bien montada” (Qué Pasa, 15/12/65). Recordemos lo observado en aquellos años por Juan Páez Avila sobre las líneas editoriales establecidas en torno a los problemas y vicisitudes de la juventud, en un trabajo realizado para el Instituto de Investigaciones de la Prensa (UCV), luego reeditado por la Universidad de Carabobo.

Se decía que los planteamientos y actos jotarrecistas esbozaban un viraje hacia la extrema izquierda (Bohemia, 14/11/65), debido a las no escasas connotaciones socialistas de la documentación heterodoxa y la inusitada relevancia política adquirida a propósito de la visita del senador estadounidense que superó todas las expectativas (El Mundo, 29/11/65), permitiéndole demostrar su franqueza, llaneza y puritanismo frente al panel estudiantil (Rafael Valera: Elite, 15/06/68).  No obstante, lucirán claras y frontales las manifestaciones de rechazo a la subversión castrista que “so-pretexto de un caudal doctrinario marxista leninista (ha) devenido ciertamente en equipos de asalto donde es difícil precisar que influye más o que los caracteriza”, como refiere “Una juventud para el cambio”,  vivenciada la diaria y directa y difícil defensa de la democracia en liceos y universidades. Además, mayor sospecha y desconfianza cobrarán declaraciones como las del presidente de la Asociación Venezolana de Ejecutivos (AVE), Iván Lamberg, al afirmar: “... Cuando no queda otra alternativa sino entre la libertad y el orden, el orden es preferido para llenar el deseo previo de la libertad”  (El Nacional, 02/11/65.

Lucen crecientemente favorables las perspectivas electorales, al igual que la sensibilidad e interés hacia la JRC. Se comentará el parcial descontento de Caldera con los resultados de la IV Asamblea Nacional Juvenil,  apreciada la intensa promoción que significó unida a su escogencia como individuo de número de la Academia (Bohemia, 28/11/65).

Versiones encontradas se dan cita en 1968: Germán Borregales denunciará a los verdes como facilitadores de la implantación del comunismo en Venezuela, identificando a los portavoces en su “Copei, hoy, una negación” (Garrido, Caracas, 1968), y Ramón Díaz los calificará de fascistas (Semana, 27/09 al 04/10/68). Discreparán  Uslar Pietri y Jorge Olavarría en torno al programa presidencial (El Nacional, 08 y 09/09/68). Olvidaron la observación de Carlos Rangel: “El izquierdismo socialcristiano inquieta a algunos empresarios, pero otros, convencidos que algún tipo de socialización es inevitable, están dispuestos a asirse de COPEI como de una tabla de salvación” (Momento, 21/01/68).

Ahondará la polémica en los comienzos del primer gobierno de Caldera, sin que sorprenda Orlando López, subsecretario juvenil nacional, al afirmar a secas que “somos socialistas” (El Nacional, 21/09/70). La lenta y, a la vez, rápida decantación de posiciones igualmente sabe de la cancelación y el diferimiento. Al proponerse la JRC celebrar un congreso ideológico que incluye la invitación al ministro de Educación del régimen de Velasco en Perú,  Luis Herrera reclama su posposición hasta que el partido haga el suyo (Elite, 22/01/71), como en efecto lo hizo, pero quince años después y sin deparar sorpresas.

La realidad del poder impone los parámetros y, en  todo caso, a guisa de ejemplo, nos servimos de Domingo Alberto Rangel cuando afirma que “derrotar a COPEI, el partido que defraudó a la más alta burguesía por sus veleidades reformistas, era empresa millonaria”  (“Elecciones de 1973: El gran negocio” Vadell Hermanos, Valencia, 1974: 60). Quizá por descuido de sus editores gubernamentales, Steve Ellner ha tenido el coraje de reconocer una propensión hacia la izquierda del primer gobierno de Caldera (“El fenómeno Chávez: sus orígenes y su impacto”, Tropykos – Centro Nacional de Historia, Caracas, 2011: 91 ss., 135), contrariando la fácil satanización de estilo.

La juventud socialcristiana cerraba un ciclo caracterizado por la innovación de un discurso que hallaba audiencia en el sistema político, suscitaba una más consistente promoción de sus cuadros y alentaba una mística que tardaría en desaparecer. Las circunstancias objetivas, resueltas las amenazas existenciales cernidas sobre el sistema, contribuyeron al capítulo final, aunque también las experiencias de gobierno confirmaron las flaquezas en la formación teórica y práctica de una militancia extraviada ya en la Venezuela de las megabonanzas.

Asistiremos a una diversa evolución de “aragüatos” y “avanzados” en el seno del partido, mientras salen (y regresan), voluntaria e involuntariamente,  figuras descollantes de los “astronautas”: el marxismo será puerto inmediato de sus inquietudes, a veces guevarista y otras gramsciano. Marta Sosa rendirá un elocuente testimonio a Dinorah Carnevalli, en un libro que –por cierto-  fue objeto de nuestras modestas observaciones críticas  (El Globo, 23/12/92; y Economía Hoy, 26/01/93) : “Con toda probabilidad, si el astronautismo hubiese nacido hoy, cuando tanta agua ha corrido bajo el puente y tantos aportes intelectuales han llegado al campo de la política, de la politología, de la economía, ya quizás nosotros tendríamos respuesta en fuentes distintas a la marxista ...  Estamos a principios de los sesenta, donde el avance ideológico y la cultura política, era poco menos que precaria”  (“Araguatos, avanzados y astronautas. Copei: conflicto ideológico y crisis política en los años sesenta”, Panapo, Caracas, 1992: 135).

Sobran los testimonios de prensa de varias décadas, emblemáticos de una tenaz lucha de Vivas Terán por lograr la conversión del partido, añadidos los señalamientos y denuncias por motivos que, a muy largo plazo, contribuyeron a su colapso.  Por cierto, COPEI constituye un fenómeno bastante particular en el concierto de los partidos, con una prolongada coexistencia de tendencias tácitas y explícitas que todavía amerita de un estudio consistente, acaso esbozada por una circunstancial nota de Manuel Rojas Poleo (Sanoja Hernández):  "Partido dialéctico Copei, donde Abdón y Oswaldo escenifican la lucha de los contrarios" (El Nacional, Caracas, 12/07/86).

A contracorriente

No hay mejor lugar para el pasado que el pasado mismo, lo que sugiere un esfuerzo de interpretación incontaminada: suelen trasladarse mecánicamente las categorías del presente a un tiempo en  el que, a veces, tímidamente se anunciaban [4]. Hay una importante experiencia histórica acumulada que exige una reinterpretación más allá de las predisposiciones que generaron, dominantes aún, mas no debemos reemplazarlas por las actuales, por las actuales cada vez más banales: necesitamos de adecuados criterios para mirar hacia el atrás ya transitado, urgidos de otros superiores para transitar el adelante impostergable y, faltando poco, indelegable.

Ciertamente, hoy, otras son las voces y las emociones. No obstante, adquiere relevancia el carácter y el alcance de la adscripción a un determinado mensaje que solía superar los linderos del partido político en los momentos de su definitiva formalización, como fue el caso de COPEI, y en el marco obligado de un sistema en construcción, dato suficiente para comprender los bemoles de un compromiso que intentaba explicar y modificar el todo y a la mayor brevedad posible. Nos referimos a una militancia de sentido pastoral que ahora probablemente no tenga  equivalente en cuanto a las razones teóricas y sociales que la distinguieron en las citadas décadas.

Militancia que, en definitiva, estuvo dispuesta a nadar a contracorriente –como dijo Maritain- en procura de un porvenir, más allá o más acá de los remolinos y las tormentas que dijo domesticar el período dinerario de una sociedad mil veces apesadumbrada  al sentarse sobre la tumba de un específico modelo de desarrollo.  Otras son las realidades que ameritan del testimonio eficaz de los cristianos, inevitablemente roto – puede llamarse -  el convencionalismo copeyano.

Referencias metodológicas

[1]     “Las ideas de los primeros venezolanos”.  Fondo Editorial Tropykos, Caracas, 1987: 91 s.
[2]     “Consideraciones sobre metodologías en la historia de las ideas políticas”. Revista Politeia. Universidad Central de Venezuela. Caracas. 1976, Nr. 5.
[3]     “Aspectos metodológicos en la Historia de la Teoría Política”, en: AA. VV. “Historia de la teoría política”. Alianza Editorial. Madrid. 1995, tomo I.
[4]    “La preocupación por ´situar´ los textos del pasado dentro de las convenciones del habla propias de la época contrasta curiosamente con la correspondiente falta de indagación intersubjetivas y preconcepciones que informan nuestra misma capacidad de reflexión actual”. Ibidem, p. 45.

Reproducciones: La IV Asamblea Nacional de la JRC (1965), según Justo Molina (Momento, Caracas), y legada del candidato a la FCU-UCV, Abdón Vivas Terán, para una asamblea en las elecciones de 1966, según ¿Dimas? (El Nacional, Caracas). No se entiende la citada convención y su hstórico documento, sin otras dos circunstancias: a finales del mismo año, el programa televisivo con Robert Kennedy para protocolizar las posturas, y - al año sigue - reafirmación del liderazgo estudiantil.

Fuentes:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/23986-de-las-razones-de-un-debate
http://www.entornointeligente.com/articulo/7089429/VENEZUELA-De-las-razones-de-un-debate

Breve nota LB: A objeto de afinar nuestras notas aniversarias, buscamos infructuosamente el texto original en los archivos de analitica.com, publicado en 2002 o en 2003. Y decidimos reajustarlo.
Para una cronología de la época: http://lbarragan.blogspot.com/2015/10/cronologia-1965.html 

domingo, 23 de diciembre de 2012

UNA JUVENTUD PARA EL CAMBIO


De una juventud política (y postdata navideña)
Luis Barragán


Nostálgicos más por el futuro que por el pasado, suscribimos estas notas sobre una juventud política que hizo historia en Venezuela. Consagrada la fecha como el día definitivo de su fundación, un 24 de Diciembre de 1947 fue bautizada como Juventud Revolucionaria Copeyana por Luis Herrera Campíns, Rodolfo Cárdenas, Valmore Acevedo, Eduardo Tamayo y Rafael Alfonzo.

Fue tal la importancia, significación y magnitud de la movilización de las juventudes venezolanas, que paulatinamente los partidos las canalizaron en un abanico indispensable de especialización funcional, ahora francamente pulverizado. Fundamentalmente, canalizaron y desarrollaron el liderazgo estudiantil, probando y consolidando vocaciones, frecuentemente de cara a sus específicas, dramáticas como intransferibles circunstanciales, fallando únicamente cuando pretendían decretarlo.

Fueron varias las etapas de la juventud socialcristiana y muchos sus protagonistas, los cuales torpemente no logra atisbar la ridícula y desinformada nota de Wikipedia. Digamos, por una parte, la de su larga travesía durante la dictadura de Pérez Jiménez, hasta que se institucionalizó definitivamente a partir de 1958, marcando un extraordinario  crecimiento cuantitativo y organizacional que derivó en una intensa y trascendente polémica ideológica, acumulando una hoy asombrosa fuerza electoral, hasta que se hizo manifestación de la crisis del partido y de los partidos; y, por otra, celebrando sus convenciones o asambleas, como las denominaban los estatutos, la militancia tuvo ocasión de elegir a sus secretarios generales o secretarios juveniles, como los fueron – en orden de sucesión -  Hilarión Cardozo, Eduardo Fernández, Abdón Vivas Terán, José Ramón Solano, Julio César Moreno, Donald Ramírez, Agustín Berríos, César Pérez Vivas, Vladimir Petit y Gregorio Graterol, destacando las encargadurías de Alvaro Páez Pumar y Oswaldo Alvarez Paz, junto a centenares de dirigentes juveniles municipales, regionales y nacionales de innegables méritos.

Suele ocurrir en toda entidad seria, surgieron sendas tendencias por obra de los planteamientos ideológicos y estilos de conducción, en una cordial y respetuosa competencia en la que, por lo general, la trayectoria política era decisiva para la promoción dirigencial. Hubo continuidad y perfeccionamiento de generaciones y procedimientos, hasta de orden administrativo, como ahora no lo imaginan los jóvenes y adultos que creen inventar el agua tibia de la política ya contaminada por eso que se ha dado en llamar la antipolítica. Sin embargo, a pesar de las demoliciones de la última década, quedan algunas expresiones de una juventud rebelde y cristianamente comprometida.

Acotemos, la última convención de la juventud demócrata-cristiana se hizo en 1994, dándonos una pista segura de su crisis. Hay quienes desean hacerla el venidero año, pero – irremediable – urgen de un debate de absoluta franqueza , por lo pronto, para avizorar tres perspectivas.

 De un lado, la necesarísima, atrevida e innovadora actualización ideológica de cara al consabido proyecto totalitario en curso. La pobreza político-cultural puede superarse gracias a una honestísima interrogación sobre la otra sociedad deseada que fuerce a la reflexión creadora, que ha de ser privilegiada antes de sumergirse en los esporádicos cursillos o talleres que pretenden adiestrar y decretar ese liderazgo huérfano de principios y valores, excepto los utilitarios: no hay un dirigente juvenil que  tenga idea del reto doctrinario de estos tiempos.

De otro, sólo concedido por una fuerte convicción, el compromiso político real y realista, mas no ese vulgar pragmatismo de la viveza efímera del relacionista público, intrigante y arribista. Este momento exige un dirigente juvenil de coraje e imaginación, capaz de concitar – ante todo – un compromiso moral para la travesía de los días duros que vienen, dispuesto a encabezarla, y que nunca concederán los esporádicos,   improvisados y necios talleres que convierten a la política en un mero fenómeno mercadotécnico.

Finalmente, el saberse en una dimensión intergeneracional. Quienes tuvimos responsabilidades dirigenciales en la JRC, lo comprendimos pronto, aunque es necesario precisar que es tan peligroso creerse generacionalmente autosuficientes, como rendir culto exclusivo y clientelar a los representantes de una generación anterior que tiene por única oferta facilitar y literalmente regalar aquellas responsabilidades que deben conquistarse por esfuerzo propio. Vale decir, aprendiendo a separar el trigo de la cizaña.

Hemos escrito en distintas ocasiones sobre la historia de la juventud socialcristiana en Venezuela, pero más interesa ahora – de salvarse – la que los muchachos puedan escribir siendo hijos de su tiempo. Condición ésta irrenunciable de tomar en serio el compromiso político e ideológico,   recordando por siempre que hay mundo nuevos que crear.

Post-data

Una feliz Navidad y mejor año 2013. Difícil coyuntura la que tenemos por delante. No hay destino personal absolutamente divorciado del colectivo. De modo que no ha de ser un sálvese quien pueda.

Fotografías: Reseña de la protesta reprimida ante el refinanciamiento de la deuda externa, protagonizada el 26-F por la JRC, quizá la última gran manifestación de calle que propulsó. 2001, Caracas, 27/02/1986. Y escena de la histórica IV Asamblea Nacional de la JRC ´de 1965, en la que, formalizándose las tendencias, resultó electo Abdón Vivas Terán, secretario juvenil nacional, y Rubén Darío González, precoz dirigente de los trabajadores, en subsecretario, según la gráfica de Justo Molina (Momento, 1967).

domingo, 4 de octubre de 2015

ALGO MÁS QUE UN EVENTO

Una Juventud para el Cambio: 50 años
Luis Barragán


Nota de exclusivo interés histórico, cincuenta años atrás la juventud socialcristiana incurrió en un  acto de trascendencia mediante un documento intitulado “Una juventud para el cambio” (UJC), condensando - así - sus esfuerzos, reflexiones y emociones al calor de un vivido compromiso político.  Impactando formidablemente al país, lo hizo en el marco de la IV Asamblea Nacional de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), en la que resultaron elegidos Abdón Vivas Terán y Rubén Darío González como sus máximos conductores.

Una juventud política, progresivamente organizada, celebraba regularmente sus comicios internos, dándose cita tres tendencias: los araguatos (ortodoxa), los avanzados y los astronautas (heterodoxas), denominación circunstancial luego consolidada con el tiempo, el 31 de octubre de 1965.  Los astronautas plantearon un largo texto de implicaciones más domésticas ("Materiales para una discusión que concluya en el trazamiento de una política correcta para la JRC "), mientras que los avanzados profundizaron en un modelo alternativo de sociedad que, al actualizar las fuentes cristianas, desafiaron la propuesta programática formal del partido.

UJC, mecanografiado a varias manos, clamó por un cambio social inmediato, reivindicó la revolución personalista y comunitaria, denunciando la democracia formal, con propuestas – por entonces – muy osadas, como la de nacionalizar la industria petrolera y otras del sector energético, la reforma del Congreso Nacional y la eliminación de las Asambleas Legislativas, una audaz reforma agraria o la modificación de nuestra división político-territorial.  La versión multígrafa que un buen día tuvo a bien obsequiarnos el otrora delegado Rafael Domínguez Daly, cobrando una superior e insospechada audiencia pública, motivó uno de los discursos de mayor  cuidado quirúrgico de Rafael Caldera, secretario general del partido, planteada la sociedad comunitaria, quien prefería – dijo – un par de aspirinas para el dolor de cabeza, antes que liquidar a la JRC.

Enunciado sociológico, versamos en torno a una juventud predominantemente de clase media, con un objetivo soporte político en los liceos y universidades, capaz de afrontar abierta y claramente al marxismo-leninismo y sus afanes guerrilleros. El doble proceso de urbanización y de expansión educativa, con una creciente movilidad social, apuntará a una organización juvenil convincentemente representativa en el universo estudiantil  y – valga añadir – timidamente en el obrero, explicando la elección de González como subsecretario juvenil.

Organización que sabrá de un desarrollo institucional, tendiendo a estabilizarse, camino a sentarse con voz y voto en la dirección nacional del partido, entendido como institución. Infructuoso esfuerzo, la tesis generacional ha procurado explicar un fenómeno que rompió con la propia concepción que se tenía de las juventudes políticas en Venezuela, contextualizadas directamente en las propias vicisitudes del país.

Enunciado politológico, UJC dijo, la opinión pública juzgó sus intenciones y generó consecuencias en el partido (COPEI ya no será el mismo), en sus adversarios (la confrontación con el marxismo tendrá otra dimensión), y en el país (se impondrá de una alternativa ideológica), adquiriendo la jerarquía de una noticia renovada en el tiempo, gracias a los nuevos elencos dirigenciales que, naturalmente, reafirmarán o tomarán rumbos diferentes en el futuro. Un sistema en construcción, intentando pasar de la conflictividad existencial a la agonal,  tiene por fresca memoria la rebelión en Acción Democrática (AD) que originó al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), mas la iniciativa de los veinteañeros socialcristianos que forzaba a una constante alianza del MIR y la Juventud Comunista (JC) en las casas de estudios, tuvo otra naturaleza e implicaciones ciertas y duraderas.

Acontecido en un partido integrante de la coalición puntofijista, quizá de una sobreviviente fama de conservador, evidenciaba el peso que la representación estudiantil adquiría al asumir también una perspectiva partidista de sus luchas, yendo más allá de las vicisitudes gremiales, como lo protocolizó la célebre entrevista televisiva, realizada en Caracas, de Robert Kennedy frente al joven panel en el que destacaron Vivas Terán (avanzado)  y Joaquín Marta Sosa (astronauta). Cobra importancia el planteamiento doctrinario e ideológico y, si bien es cierto que hubo los efectos del Concilio Vaticano II, coincidimos en que los más decisivos estaban por darse, enfatizando los debates que propiciaba la Iglesia Católica respecto a los autores innovadores a los que se resistían ciertos sectores de su  jerarquía.

Enunciado histórico, el arqueo hemerográfico y el testimonio de muchos de sus actores y oponentes, aunque – sostenemos – la academia todavía está en deuda con una interpretación más sólida de lo acaecido, convirtió la IV convención juvenil (*) en un hito que marcó a la JRC, agotada ya – definitivamente - a principios de la década de los noventa del XX. Enriqueció la dinámica interna partidista (sistema parapolítico), irradiando al país que los urgía comprometidos con el cambio social (sistema político), un producto necesitado de una mayor precisión ante la obvia aparición de otros elencos dirigenciales.

Enunciado pedagógico, corren otros tiempos, nos convocan otros desafíos e intenciones, pero mal podemos olvidar un documento como UJC, surgido de los hornos de altas temperaturas cuando la política, como vocación y servicio, prende – incluso – prematuramente, en el rehacer y quehacer continuo de las coincidencias y discrepancias. Hoy, los más jóvenes, deben soñar un país diferente que sólo se hace a punta de realidades, con disciplina, ideas, acción, imaginación y coraje: ya no basta con atreverse.

(*) Refiere el diario El Nacional (Caracas, 02/11/1965): Pactaron los avanzados y astronautas, frente a los araguatos. De votación nominal y secreta de 169 de los 172 delegados principales,  , quedó integrada por Vivas Terán (secretario general) y González (subsecretario general), con un directorio compuesto - con predominio araguato - por Rafael Peña, Alfredo Rojas, Erick Becker, José González Puerta, Germán López Méndez, Carlos Rivas, Rafael Blanchard, Pedro Nikken, empatados en la novena vocalía Marta Sosa y Guillermo Betancourt. La avanzada propuso originalmente, además, a: Adel Muhamad, José Ramón Solano, Miltón Granados, Carlos Julio González, Julio César Pineda, Julio César Moreno, Gema Belandia, Domínguez Daly y Oliver Belisario. Los araguatos postularon a Alvaro Páez Pumar (secretario general) y a Osealdo Alvarez Paz (subsecretaio general). Los astronautas nominaron originalmente a: Joaquín Marta Sosa (secretario general) y Saúl Rivas (subsecretario general), con Rafael Iribarren, Germán Ahrensburg, José Vitales, Gustavo Escobar, Pedro L. Castellanos, Antonio Barroeta, Ibrahín Sáchez, Alejandro Alfonzo, Rubén Colina.

Reproducciones: Robert Kennedy ante el panel estudiantil (Venevisión, Caracas, 1965). Y portada de un breve ensayo sobre la citada convención juvenil y la visita de Kennedy que protocolizó las posturas de la JRC ante la opinión pública. Al respecto, desde muy a principios de la década de los '80 del XX, el folleto estuvo listo, sin la suerte de su impresión (excepto, el intenso fotocopiado para el llamado Consejo Consultivo de la JRC de Caracas, 1980). Por cierto, para una cronología política de aquellos tiempos, puede verse: http://lbarragan.blogspot.com/2015/10/cronologia-1965.html

Fuentes:
http://www.noticierodigital.com/2015/10/una-juventud-para-el-cambio-50-anos/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?f=15&t=770
http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/234351
http://www.iberoamerica.net/venezuela/prensa-generalista/noticierodigital.com/20151005/noticia.html?id=2Vgku7z
http://titles.ws/venezuela/ve2015100526285235165423.php

domingo, 20 de noviembre de 2016

UN DÍA 21

La huelga universitaria 21 de noviembre de 1957. El plebiscito había producido honda irritación en el sector juvenil
José Rafael García
25/04/2014

El Frente Universitario, nace espontáneamente, dentro de la unidad en la acciòn que, sin interrupción, se había dado en la Universidad Central, entre los dirigentes políliticos estudiantiles, desde 1952. Cada grupo politico conservaba, asì fuera de manera precaria, su propia dirigencia. Entre la jefatura de las distintas juventudes partidistas existía el contacto natural que se da entre compañeros de estudio. En el caso de la UCV, la dirigencia política esos años, estuvo concentrada de manera principal en la Facultad de Derecho. El Frente Estudiantil de Resistencia (FER) que había realizado sus primeras acciones a raíz de los sucesos del Fermìn Toro, el 56, se transformò en el parapeto unitario que se conocería como Frente Universitario. Cada juventud política conservo siempre su propia entidad. Coincidían en la acción. Y la acción se centraba en el àmbito de la Universidad Central.
El anuncio del plebiscito había provocado tan honda irritaciòn que, en el àmbito juvenil,s e plantearon de inmediato acciones de protesta.
La huelga universitaria fue decidida en reuniones que sostuvieron dirigentes juveniles universitarios de COPE, AD Y EL PC. URD no tenía liderazgo conocido en la Universidad Central.
Las conversaciones originales son llevadas adelante, por parte de la Juventud Revolucionaria Copeyana, por Enrique Aristigueta Gramcki y Remberto Uzcàtegui, por la juventud de AD participan, fundamentalmente, Jesùs Carmona y Jesús Petit Da Costa; y por juventud Comunista, Faustino Rodríguez Bauza y Mercedes (Mecha) Vargas Medina.
Se escogió aceleradamente, el 21 de noviembre por dos motivos. En primer lugar, se celebraba en la CIudad Universitaria el Congreso Mundial de Cardiología. Asistían cardiòlogos de renombre internacional. El cardiólogo personal del Presidente norteamericano Eisenhower, estaba allí. Pensaban los dirigentes juveniles que realizar la protesta de manera paralela al evento facilitaría la difusión extra-fronteras del rechazo a la comedia gubernamental. En segundo lugar, empezaba a funcionar, por entonces, tambièn la Ciudad Universitaria, la Comisión Preparatoria del Congreso de la Organización Internacional de la Aviación Civil (OACI), y tal circunstancia facilitaba también, la repercusión externa de las demostraciones politicas universitarias.
El 21 a partir de las 7am, dirignetes de las diversas juventudes hablarìan en Facultades distintas de las suyas llamando al paro y a la protesta. A decir verdad, actuaban un poco a la desesperada, pués, en expresión de uno de ellso, "pensábamos que nadie se iba a parar ". Buscaban inicialmente, " una hora de paro ". Contactaron a los profesores de Derecho. La mayoría se comprometió, o a no asistir aquel dìa a la Universidad, o a enfocar, en las primeras horas de clase, temas relacionados con el estado de derecho, la libertad, los derechos humanos, el respeto a la Constitución, etc. Entre los profesores comprometidos estaban, por mencionar algunos, Gustavo Planchart Manrique, Andrés Aguilar, Arístides Calvani, Oscar Palacios Herrera y Juan Pastor Farías.
El 21, efectivamente recorrieron las distintas Facultades llamando al paro de protesta contra el plebiscito y se organizaron distintos mítines-relàmpagos en los pasillos y jardines.
La acogida del estudiantado a la protesta anti-dictatorial, en los momentos iniciales, fue de tìmida indecisión. Al poco rato, cualquier càlculo temeroso estaba en el olvido. La oratoria encendida, los voces roncas, el gesto decidido, la mirada brillante... y el coraje, contagió el coraje! Nada hubo ya que contuviera,la muchachada en creciente, que era la naciente del desbordar del pueblo. El 21 de noviembre de 1957 la juventud universitaria volvió a ser lo que había sido, solitaria pero erguida, en 1928 y 1952, albacea de la esperanza del pueblo... Despúes el grueso de la manifestaciòn salió de la Universidad hacia la Plaza Venezuela. Allí quemaron un retrato de Pérez Jiménez, lanzaron consignas contra el régimen y  tuvieron los primeros choques con la policía.
La policía actuó con lentitud. La huelga del 21 estuvo prevista inicialmente, para el lunes de esa semana. Se pospuso dos veces. Quizá por eso la delaciòn del 20 no fue atendida: al llegar la fecha anunciada, en dos oportunidades, no había pasado nada.Sòlo cuando en la salida de la Plaza Venezuela se produjeron incidentes entre los estudiantes y un vehìculo militar, la Seguridad Nacional procedió, primero a bloquear la salida hacia la Plaza Venezuela y, luego, a rodear también por la Plaza de las Tres Gracias. Desde ese entonces, el 21 de noviembre serìa el Día del Estudiante Universitario.
Los aocntecimientos de la Central resultaron, sin duda alguna, de un gran impacto: era la mayor demostraciòn de repudio politico que la dictadura había contemplado desde 1952.
El 21 de noviembre fue un jueves. El régimen impuso estricta censura sobre los sucesos en la prensa, radio y televisión. Sin embargo, el hecho fue conocido. Incluso la censura resultò adversa porque las versiones enfebrecidas aderezaban los relatos con buena dosis de imaginaciòn. Transcurrieron, en medio de rumores de cierre de la Universidad Central de Venezuela.

Fuente: https://www.facebook.com/notes/jose-rafael-garcia-garcia/la-huelga-universitaria-21-de-noviembre-1957-el-plebiscito-hab%C3%ADa-producido-honda/712888522087165

martes, 28 de febrero de 2012

26-F


Hay un "cuento chino" sobre la absoluta complacencia de nuestra promoción generacional en torno al orden de cosas previo a 1998. Puede decirse, quedando el testimonio documental del caso, que la otrora muchada socialcristiana elevó persistente su voz de inconformidad. Puede decirse que las cosas estaban tan malas que la respuesta fue peor: el chavezato. Sin embargo, frente al fracasado modelo en curso, somos consecuentes con un ideario, pues deseamos fundar otro orden social.

El 26 de Febrero de 1986, el gobierno de Lusinchi suscribió un acuerdo de refinanciamiento que movió todos los bombos y platillos de la publicidad oficial. Destaquemos dos importantes notas: una, que siempre existía la posibilidad de derrotar al gobierno porque - sencillamente - el período culminaba de manera inevitable al cumplir !cinco años!; y, la otra, quienes hoy están en el poder rasgándose las vestiduras, en los '80 no pudieron mostrar mayor quietud y confort. Fue la juventud socialcristiana la que tomó las calles, siendo reprimida.

Protesta de la Plaza Caracas, 26/02/86. Detenidos en Cotiza. Protesta de la Juventud Socialcristiana. En la gráfica, miembros del Directorio Nacional Juvenil de COPEI (DNJ, electos por los jotarrecistas), del Secretariado Nacional Juvenil (SNJ,seleccionados por el directorio), de la Democracia Cristiana Universitarias (electos por los universitarios), de la Democracia Cristiantiana Estudiantil (liceista). Hoy, pocos advierten lo organizada que estaban las juventudes partidistas, muchas veces enfrentadas a las líneas de los comités nacionales de los partidos. Con ideas, iniciativas y presencia propia. La Juventud Socialcristiana se denominaba por entonces Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC).

En la gráfica, el entonces jefe de la Fracción Parlamentaria de COPEI, Abdón Vivas Terán, se mueve a Cotiza. Inevitable, debió hacerlo el comandante general de la Policía Metropolitana. Entre otros, la gráfica recoge a Juan Carlos Apitz, César Pérez Vivas, LB, José Hernández, "Mosquito", Orlando Gonçalvez, Zulay Otorrealba, Jesús Aguilera, Carlos Alberto Arismendi, José Francisco Contreras, Rogelio Carrera, Freddy Torres...

domingo, 4 de octubre de 2015

A CONTRA-CORRIENTE, SEGÚN LA VIEJA COSTUMBRE

Río arriba
Luis Barragán


Hubo experiencias políticas,  tenidas por remotas o muy remotas, que hoy sorprenderían dramáticamente a las nuevas generaciones. Con todas sus fallas y aciertos, convertidos en el eje de una sistema que reclamaba un superior estadio, los partidos fueron seguros escenarios del más variado, rico y profundo debate del que ni siquiera sospechan – principalmente – los que ahora pretenden monopolizar el poder, descompuestos al confundirse con el Estado, como ocurre con el PSUV y sus entidades subsidiarias.

Nota de exclusivo interés histórico, a modo de ilustración, medio siglo atrás, la juventud adscrita a COPEI celebró su IV Asamblea Nacional de la que resultaron electos Abdón Vivas Terán y Rubén Darío González, como secretario y subsecretario generales nacionales. Se llamaba Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), con propio soporte en liceos y universidades, capaz de afrontar el asedio del marxismo-leninismo que se adentró en la lucha guerrillera, al igual que de impulsar una propuesta ideológica sintetizada por la sociedad comunitaria, entre otras atrevidas para un partido integrante de la coalición puntofijista, recogidas en un documento intitulado “Una juventud para el cambio”.

A finales de octubre y principios de noviembre de 1965, surgió el escándalo. Ya la muchachada  socialcristiana y el partido mismo, no serían los mismos dándole otro giro a la democracia cristiana: vencían en los comicios internos, a través del voto nominal y secreto de 172 delegados, Vivas Terán y González (avanzados), frente a las alternativas representadas por Alvaro Páez Pumar y Oswaldo Alvarez Paz (araguatos) y Joaquín Marta Sosa y Saúl Rivas (astronautas).

Incontables fueron las discusiones, incidencias, malentendidos, aciertos, yerros,  conquistas, motivaciones, en torno al compromiso político de un largo período histórico que sintetizó COPEI, surgiendo – puede decirse – la otra tradición entre sus militantes, de las varias que pueden entenderse en una organización compleja: la del avanzado, marcado por el estilo de una tendencia con algunas particularidades. Complejidad que acepta los obvios matices de una inquietud duradera a la que todavía la academia ha de estudiar con hondura y precisión, como puede ocurrir con las intimidades del resto de los partidos llamados – por comodidad – históricos.

Fueron muchas las veces que conversamos alrededor de algunos documentos, el recordado Rafael Domínguez Daly, figura descollante entre los socialcristianos, y el suscrito, quien – por cierto – hoy  ensaya otros derroteros que estima más cónsonos con el nuevo siglo.  Con Rafael logramos el acopio de una data que, apenas, se expresó en la “tripa” de un folleto que  nunca supo de la imprenta, muy a principios de los ochenta, intentando el relato de un suceso ya cincuentenario que puede resumirse en las frases de Jacques Maritain, tomada de uno de los muy juveniles documentos que prosperaban en una diferente juventud partidista: “Se puede nadar contra la corriente. Es más, las corrientes se hicieron para nadar en contra de ellas. Y todos estaríamos perdidos si no fuéramos capaces de nadar río arriba".

Reproducción: Información - presumimos - aparecida en "Summa" (¿1969?). Sobrevive la fotocopia de muchos años. Tiempos en lo que no había otro medio reproducir las piezas, con una máquina que fallabaen la vieja sede de la Hemeroteca Nacional (Mucubají).

Fuentes:
http://www.diariocontraste.com/rio-arriba-por-luis-barragan-luisbarraganj/
http://www.lapatilla.com/site/2015/10/05/luis-barragan-rio-arriba/
http://hoyennoticias.com.ve/luis-barragan-rio-arriba/
http://titles.ws/venezuela/ve2015100511934984196857.php

jueves, 28 de marzo de 2013

CUADERNO DE BITÁCORA (1)

De las cosas que no se prestan
Luis Barragán


Militantes de una causa de fe, nuestro tránsito por la juventud socialcristiana supuso una constante interrogación sobre el ideario histórico concreto. E, incluso, todavía liceístas, llegamos a ella cuando se apagaron los últimos resplandores de una extraordinaria conflictividad ideológica que nos cautivó, intentando reconstruirla.

A principios de los ochenta, entre los círculos de estudio sobre Medellín y Puebla, desplegamos una modesta investigación que se tradujo en un folleto nunca publicado y numerosas fichas – por cierto -  todavía sobrevivientes. Procurábamos sensibilizar  a algunos compañeros sobre la materia y, olvidando cómo lo logramos, contactamos a Joaquín Marta Sosa.

Quien suscribe, junto a Alirio Materano y Jesús Cuyo-apellido-ya-ni-recordamos, compartimos un largo café con quien fue uno de los líderes más destacados de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), en los sesenta, hasta que se marchó traumáticamente para cumplir otro itinerario político. Además de los libros que compramos y leímos (aunque acá cabe decir “compré” y “leí”, sincerando un poco más el estilo), ejemplificando las claras inquietudes del entrevistado, tomamos (“tomé”) la precaución de empuñar un aparato portátil de grabación que él aceptó.

Una estupenda entrevista,  Marta Sosa fue muy elocuente al reflexionar sobre la historia de la JRC y, concretamente, señalar a los responsables del escándalo que provocó su salida del partido demócrata-cristiano,  finalizando la década de los sesenta. Aportó magníficos detalles sobre el caso, además de esbozar las condiciones que hicieron posible y pertinente el debate ideológico, extendiendo el periplo cumplido en el movimiento estudiantil.

De un trato cordial y amistoso, reñido con la fama de “intragable” que sus coetáneos dibujaban, el suyo fue un ejercicio de pedagogía política al que sumó la recomendación de  un artículo de Henry Kissinger, publicado en  El Nacional de Caracas ese día (21/01/83), cuya edición nos acompañaba. Alegaba que era imperdonable que los jóvenes no repararan en la diaria prensa, dejándose inquietar por textos de importancia y profundidad que ayudaran a la “costumbre militante del hacer y del pensar”, la que – desde ese día – convertimos en nuestra personal consigna.

Concluyó el largo café vespertino y autografió tres de sus libros que llevamos, uno de los cuales, el de arte, adquirido con nuestros (o “mí”) ahorros de liceísta (s), añales atrás. Posteriormente, perdimos todo contacto y será en los noventa que cabalgaremos su obra poética.

En medio de las periódicas remociones de libros y papeles en casa, emergió el ejemplar autografiado de una obra que nos trenza a la nostalgia de ese otro país que fuimos, desenfadadamente desconocido por las nuevas generaciones que lo creen desechable. Y, superada la rabia que el tiempo provocó, nos remitimos a Jesús Cuyo-apellido-ya-ni-recordamos, a quien le confiamos la transcripción de la grabación y, como una gracia, algún tiempo después confesó que uno de los hermanos regrabó la música de moda en los tres cassettes que le prestamos. Sin embargo, hay otra curiosidad sobre el personaje.

Era un activista de Petare, con sonora voz de locutor, que solía también llamarnos a casa. Pronto se hizo sospechoso de un ingenuo y torpe oportunismo, porque su interés fue el de relacionarse con los – por entonces – miembros del secretariado nacional de la JRC, adscritos a una tendencia que vivió grandes dificultades en el otrora partido de gobierno. Por ello, nunca fue específico y convincente su compromiso, demostrándolo cuando la derrota de COPEI en 1983 lo hizo resueltamente  inlocalizable.

Por casualidad, a mediados de los diez del siglo XXI, nos tropezamos con Cuyo-apellido-ya-ni-recordamos,  en uno de los pasillos del Multicentro Empresarial de Chacao e, inevitable, simuló una respuesta a nuestro irónico saludo. Lo abordamos en la mesa donde se sentó y  preguntó si todavía nos molestaba la pérdida de una grabación, pasados más de veinte años, con una incómoda y forzada cordialidad: llegó la persona que esperaba con la casi esponjosa franela chavista y comprendimos cuán inútil, innecesario y morboso era señalarlo expresamente como aquél copeyano de la juventud, pues, siendo los días en los que dábamos algunas ruedas de prensa, como subsecretario general del partido,  bastó ese “lo he visto en alguna parte” que el recién llegado telegrafiaba entre las cejas.

Una vieja página autografiada, nuevamente enseña que hay cosas que no pueden prestarse con facilidad, agregada la señal de alerta frente al oportunismo.  Más importante todavía, que hubo un país, ese otro país donde unos muchachos citaban al autor de un libro y, aceptando darle la vuelta al mundo con unas tazas de café,  intercambiaban ideas sobre el pasado y presente con la esperanza del hombre nuevo.

http://opinionynoticias.com/librosyautores/14577-de-las-cosas-que-no-se-prestan

jueves, 19 de diciembre de 2013

JRC

La Juventud Revolucionaria Copeyana cumplirá aniversario el venidero 24 de diciembre.  Luego de derrocada la dictadura de Pérez Jiménez, Hilarión Cardozo la liderizó, y por dos veces consecutivas fue su secretario general nacional.  Época harto intensa que también supuso la insurgencia de la juventud venezolana, configurada como una generación: la de1958. Cardozo salía de la cárcel.  Y juventud políticamente organizada y cárcel, seguramente, sorprenderá a la muchachada de hoy.  Incluso, no más ayer, Germán Carrera Damas, en un acto navideño, recordaba que él también formó parte de la República, porque fue electo en el Centro de Estudiantes del Liceo Fermín Toro que presidió Hilarión., con quien discrepamos – no importa decirlo – en la vida partidista del XXI, en un ciclo que ya ha concluido y no viene al caso citar.

LB

Ilustración tomada de El Universal, Caracas, 28/08/1963.

sábado, 1 de enero de 2011

extrañas vicisitudes


Del interés radicalmente histórico
Luis Barragán


Historiadores, sociólogos y politólogos, son grandes deudores respecto a los partidos políticos venezolanos. Excepto el magnífico trabajo sistémico publicado a finales de 2009 por Juan Carlos Rey en la materia, o uno u otro aporte como el de Angel Alvarez o José Antonio Rivas Leone, la habitual y suicida denostación se convierte en indiferencia absoluta respecto a la suerte de los partidos y, todavía más, sobre las juventudes que los adscribieron.

Extrañas vicisitudes en los tiempos que corren, la Juventud Revolucionaria Copeyana experimentó una rica polémica ideológico entre los '60 y '70, incluso, políticamente creadora con todos sus aciertos y yerros. De radical interés histórico, aleccionadora situación imposible de reeditar, la situación en el seno de la JRC se tornó difícil, compleja y - diría - hasta arriesgada. Tratamos de los sismos de precisión y también de confusión de la época, por cierto, un poco - apenas - distante de la primera, curiosa y decisiva - como la actual - bonanza dineraria de 1973.

En la gráfica se encuentran tres de los líderes juveniles socialcristianos, protagonistas de la crisis de entonces. Uno, Carlos Eduardo Febres, astronauta procedente de la ULA, fue sancionado con la expulsión; el otro, Alexis Ortíz, renunció a COPEI en 1973 para apoyar a José Vicente Rangel, ingresó al MAS, después renunciará, hará causa común con Jorge Olavarría, se separan, apoya a Eduardo Fernández en 1993 (¿o luego es que está con Olavarría?), en estos años es alcalde de Lechería (Anzoátegui), vive ahora en Miami.

El tercero, Rafael Domínguez Daly, caso interesantísimo de un intelectual, rebelde existencial, electo como Sub-Secretario General Nacional de la JRC en la Asamblea o Convención Nacional Juvenil de COPEI en 1970, pero destituido como tal por el comité nacional, quedándose como primer vocal de la dirección juvenil. Quien se acerque, por cierto, a la prensa de la época, hallará postura de Domínguez Daly muy fundadas y progresistas (incluso, tenemos unos artículos publicados en la revista SIC del Centro Gumilla a finales de los '60, esclarecedores del debate demócrata-cristiano de entonces). Desapareció físicamente a finales de los '90, y es necesaroio decir que fueron muy gratas las conversaciones que muchas veces sostuvimos con él.

Hay una riqueza periodística aún a la espera de los investigadores, aunque ya son escasos los documentos. Falta todavía andandar el camino bibliográfico sobre las juventudes políticamente organizadas de nuestra contemporaneidad, aunque hay trazos como el libro de Dinorah Carnevalli (en su momento, modestamente lo cuestionamos), sendos inventarios generacionales como el recogido en "El combate político" de Rodolfo José Cárdenas o "La generación de los 70. El pensamiento político de Pedro Pablo Aguilar" de Jesús Delgado, añadiendo la antología de discursos con motivo del Día de la Juventud, pronunciados por socialcristianos, al que tuvimos el honor de presentar, siendo Valentín Pérez el compilador: "Juventud Victoriosa".

Además, si mal no recordamos, apenas dos eventos relacionados se han hecho: un coloquio histórico sobre la JRC de 1978 y un ciclo testimonial, como el de 1988, promovido por la dirección juvenil por entonces encabezada por César Pérez Vivas. Finalmente, agún día tendré que disciplinarme, pues, tengo en la gaveta los borradores para un ensayo del cual únicamente publicamos una suerte de síntesis: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/3421353.asp#

Fotografía: Bohemia, Caracas, 18/05/70.

jueves, 30 de mayo de 2013

TIEMPOS DE JUVENTUD

Tres notas pueden deducirse de esta fotografía: 1) la propia existencia de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), como institución estable del partido; 2) la identidad demócrata-cristiana, allende la frontera; 3) la paciente formación del relevo político, lo que frecuentemente evita la improvisación.  Con la vista puesta en el país de hoy, emergiendo el régimen dizque novedoso que le tocó abrir las puertas del siglo XXI, todavía asistimos a un grave quebrantamiento. Y esto ha significado, un no menos grave retroceso que obligará a refundar la política en Venezuela (y quien dice política, dice política democrática), con el correspondiente relacionamiento y la obligada redimensión del compromiso ético.

LB

Fotografía: Con su venia, tomada del Facebook de Gehard Cartay, quien escribió: "Una vieja foto de mi archivo personal: Rafael Llorens del Toro, Gehard Cartay Ramírez, Ramón Guillermo Aveledo y José Miguel Fritis, de la Juventud Demócrata Cristiana de Chile, cenando en el restaurant 'El Pollo Dorado', en Santiago de Chile. Agosto de 1972".

viernes, 15 de febrero de 2013

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Enrique Castellanos. "Borradores: La nueva generación". El Nacional, Caracas, 06/07/1986.
- "La juventud en la Basílica de Santa Teresa: La Iglesia de los ricos". Deslinde, Caracas, 15/06/69.
- Destituído Abdón Vivas Terán. El Nacional, 08/06/66.
- Eva Feld entrevista a Federico Brito Figueroa sobre la juventud de los '80. El Nacional, 23/02/82.
- Gilberto Alcalá y las sanciones en la Juventud Revolucionaria Copeyana. El Nacional, 11/09/70.

Fotografía: Momento, Caracas, nr. 224 del 28/10/1960.

Breve nota LB: La fotografía, por una parte, dibuja la difícil situación de orden público que vivió el país y provocó la susensión de las garantías constitucionales. Y, por otra, a pesar de ejercer como presidente de la Asamblea Legislativa del estado Miranda y como diputado suplente al Congreso Nacional, lo difícil que era y es acceder al reconocimiento público inmediato. El cronista del magazine, no logró identificar a Teodoro Petkoff.

lunes, 21 de enero de 2013

COCHEZ: FE DE VIDA

Réquiem y memorándum

Luis Barragán

Nos enteramos de la existencia de Guillermo Cochez, gracias al consabido y corajudo discurso pronunciado en defensa de la democracia, respondido fastidiosa y lastimosamente  por Roy Chaderton.  Éste, no sólo quedó en evidencia  por su ya acostumbrada  misa de difuntos, la que siempre ha deseado grácil e ingeniosa, sino por las declaraciones posteriormente emitidas por aquél, despedido inmediata e injustamente  por el presidente panameño.

Refirió el ahora ex – embajador del istmo, en una entrevista televisada, la relación de varias décadas que tuvo con el alto funcionario venezolano, rindiéndole a la vez un merecido y contrastante tributo a Arístides Calvani. Demócrata-cristiano, aunque aparentemente desvinculado de la dirigencia copeyana, por la precisa mención que hizo de la amistad sostenida con líderes de una diferente procedencia ideológica,  Cochez se hizo parte de un pretérito e inmenso esfuerzo de democratización continental, criminalmente olvidado, que condujo a la paciente y larga formación de especialistas comprometidos en América Latina.

Formación de varias décadas que generó una viva y fundada solidaridad ante las distintas  vicisitudes dictatoriales de la extensa región, ejemplificada por los gobiernos venezolanos que no abandonaron a su suerte a quienes lucharon por reivindicar la libertad más allá de las fronteras. Varias veces, neutralizando e impidiendo las guerras civiles con diligencias concretas y la habilidad diplomática necesaria;  sorteando inmensas dificultades y – también – contradicciones para llevar la paz donde reinaba la pólvora, cuando el autoritarismo y el totalitarismo abrían sus grandes hocicos; o prestando refugio y protección a los perseguidos, deseosos de volver a sus países para continuar la faena cívica.

Además, encontrándose el partido en la oposición democrática, fueron muchas las ocasiones en las que condenó y rechazó la dictadura entronizada en Panamá. Y, aún cuando parecía políticamente inconveniente hacerlo con Omar Torrijos, confundido su prestigio con la propia reivindicación del Canal, la Juventud Revolucionaria Copeyana – a mediados de los setenta -  protagonizó tales jornadas de denuncia contra la dictadura, la que finalmente degeneró con Manuel Noriega,  que al general no le quedaba más remedio que responderle para intentar sorprendente indiferencia, por decir lo menos.apaciguar las consecuencias.

Revelando asimismo  el calado de un converso como Chaderton,  quien se inventa un pasado que sus coetáneos desmienten,  navegando las mismas feas aguas del apostador político que todavía es, Cochez ha asumido una posición responsable ante la historia que no concluye.  Y, yendo al grano, rinde testimonio de una conducta que contrasta con la de muchos que ayer fueron recibidos fraternalmente, haciéndonos parte de sus tristezas y urgencias, y – hogaño – nos responden con indiferencia, por decir lo menos.

Hubo escuela de lucha por la libertad y la democracia, necesitada hoy de reivindicar. Ocurre que, frecuentemente, la oposición compra la satanización que ha hecho el régimen del pasado ofreciendo ese otro … chavismo sin Chávez.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2013/01/requiem-y-memorandum/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=935935