domingo, 26 de enero de 2020

DEVALUACIÓN INSTITUCIONAL DEL SIGLO XXI

De las fracciones parlamentarias
Luis Barragán

Existe una larga y, a veces, inútil diatriba sobre la naturaleza e implicaciones de la  representación política relacionada con la inevitable configuración de los grupos parlamentarios de trabajo, bloques, bancadas o fracciones específicas que realmente dinamizan a la institución por sus legítimas afinidades temáticas, ideológicas o de  intereses que pugnan por agregase. Acotemos, Antonio Castagno (*), en una investigación ya de vieja data referida a la corporación argentina, aporta valiosas precisiones que ayudan un poco más a comprender el mandato nacional recibido por la oposición democrática venezolana de la que también se ha hecho un uso abusivo por partidos e individualidades, en 2015. No obstante, por siempre orbita el artículo 201 constitucional.

El presente siglo no se aproxima al carácter y desarrollo autonómico o de relativa autonomía que adquirieron las fracciones parlamentarias (FP) en el anterior, respecto a los partidos o movimientos de adscripción que obligó a determinadas soluciones institucionales. La propia distribución física en los hemiciclos del Senado y de Diputados, nucleadas por la afinidad o adscripción, creyó romperla el régimen que iniciaba al pretenderla únicamente por cada entidad federal representada hacia 2000, aunque – luego – la sinceró por partidos, afianzando la polarización,  desconocidas o negadas las bancadas realmente independientes, hasta acentuar  la fanática compactación oficialista con la reincorporación a la cámara en 2019, contrastante con la anarquía opositora, ya que el afán de ocupar las curules dependió más de la proximidad de las cámaras de televisión que la propiamente partidista.

Las FP supieron de una desigual evolución institucional, dependiendo del número de sus integrantes:  a veces, con una mera jefatura y subjefatura y, otras, replicando el diseño congresional, añadiendo sendos directorios y coordinaciones,  asambleas y sesiones  regulares, secretaría y cuerpo de asesores de variadas especialidades, con un funcionariado técnico y administrativo.  Cada FP, conformada más allá de las circunstancias, gozaba de representación, peso y prestancia en las direcciones de los partidos o movimientos de adscripción que también la hicieron objeto de reglamentación,  suscitando no pocos conflictos en las entidades más complejas o sencillas, que ameritó el nombramiento de Carlos Canache Mata como jefe de los numerosos senadores y diputados de AD o, curiosamente, ratificó el divorcio entre el diputado principal y el suplente, los dos únicos parlamentarios del MEP, en clara disputa por la oficina o sede del edificio administrativo de Pajaritos, a mediados de los’80 del ‘XX.

Señalemos, la FP de COPEI tuvo un interesante desarrollo que la llevó, incluso, a fundar la única y sostenida biblioteca especializada, abierta al público,  en todo el Congreso de la República, escenificando una sonada asamblea que debió elegir al nuevo directorio entre las ternas encabezadas por Gustavo Tarre / Luis Corona y Paciano Padrón / Gehard Cartay, sujeta a la confirmación del comité nacional, a finales de la citada década.  Hablamos quizá de la bancada que cuidó más de su tradición histórica, con altas competencias administrativas y técnicas de compararla con otras que tendían a imitarla estructural y organizacionalmente.

A finales de enero de 1999, luego de la dura convivencia con la constituyente que deseó cerrarlo desde sus inicios, se extinguió el Congreso y, con él, clausuradas sus sedes, la noción misma de FP, además, acusadas de ostentosas para ocultar el sesgo antipartidista y antiparlamentario de la dictadura -  paradójicamente ultrapartidista -  en ciernes que celebraba  a las asociaciones con fines políticos.  Algún día escribiremos pormenorizadamente sobre nuestra modesta experiencia de veinte años atrás que los desavisados creyeron apenas momentánea, rota – además – las inveteradas prácticas administrativas de lo que fue el parlamento.

(*) CASTAGNO, Antonio (1972) “Las bancas parlamentarias. Su pertenencia”,  Editorial Astrea, Buenos Aires, 1972.

Fotografía:
LB,  antes de comenzar la sesión (Caracas, 05/01/2020).

TIRARSE LA PARADA

Salto de prisioneros  (ya sin pértiga)
Luis Barragán

Conjetura personal, lo ocurrido en la sesión matutina y fallida  del 5 de los corrientes en el hemiciclo de trabajo de la Asamblea Nacional, corregida en la vespertina y consumada de la sede de El Nacional, nos remite a un fenómeno quizá propio de nuestra mentalidad rentista: la parada o, mejor, el de tirarse una parada, a todo evento y en cualesquiera ámbitos que se nos ocurra, constituye algo más que una tentación.  La  cotización y elevación del triunvirato de la traición (Parra/Duarte/Noriega), respecto a las engañosas jerarquías del régimen que también hizo su apuesta, penosa aunque inevitable y emblemática de los días que corren, apunta al fin de la política que espera por un ciclo distinto de reivindicación y realización.

Demasiado obvio, el triunvirato no tenía posibilidad alguna de triunfar en una votación de la cámara,  aún impedido el acceso de numerosos parlamentarios, incluyendo a Juan Guaidó, por lo que le hubiese contentado una derrota que diera por satisfechos los extremos del contrato, convenio o pacto contraído con la dictadura, añadida la resistencia pasiva al posterior rechazo,  desprecio  y  retaliaciones de los antiguos compañeros de bancada. Sin embargo, comenzando por el despliegue táctico del oficialismo que literalmente cercó,  ocupó y copó la presidencia hasta violentar las más elementales normas reglamentaria, le fue adjudicado un triunfo absolutamente írrito, yendo mucho más allá de lo posiblemente antes calculado.
Reconocido por Maduro Moros, el triunvirato mismo inexorablemente debe huir hacia adelante, aunque sean escasas sus capacidades políticas para la maldad que los compromete, siendo insuficiente el poder de compra. Públicamente, se les recomendó recurrir al TSJ oficial para diligenciar el levantamiento del “desacato” asambleario, lo que implica disponer de algo más que un abogado de formulario y taquilla; deben nombrar los presidentes y vicepresidentes de las comisiones permanentes para “regularizar” o “normalizar” la situación, pero no disponen siquiera de treinta nombres para ello, absteniéndose el chavismo de concursarlas; o designar al funcionariado administrativo de alto y mediano nivel que exige un poco más de competencia profesional, esperando por candidatos que necesitan de la venia de los dueños del circo.

Entonces, los maletinazos orientados a la absurda incorporación de los parlamentarios proclamados en 2015 por el organismo electoral, aunque nunca juramentados y menos incorporados, ya que no hay ausencia absoluta de aquellos que ejercen como principales y suplentes efectivamente juramentados y proclamados, se ofrece como una alternativa precaria. Y es que, para hacer el mal, hay que tener talento y no basta ni se pierde la condición de malvado en el trance amargo de sobrevivir como prisioneros que también saben de cómplices que huyeron o están por huir, sabiéndose todos desechables a la vuelta de la esquina.

Siendo miles las vicisitudes vividas por el parlamento venezolano, probablemente jamás pasó por la tragicomedia del triunvirato en cuestión, retrotraído a la etapa de las viejas paradas de las guerras y escaramuzas civiles.  Excepciones que confirmaron la regla, hubo apuestas de mayor calibre como la invasión de sesenta andinos que llegaron a la Plaza Bolívar de Caracas a amarrar sus mulas y caballos o la de Chávez Frias que cobró seis años después de fracasada la aventura.

Fotografía inicial: Tomadas e las redes.
Fotografías restantes LB, AN (Caracas, 05/01/20).

HOY, ¿POR QUÉ TANTA QUIETUD?

Balza y la autonomía universitaria
Luis Barragán

Peor que antes, la autonomía y la propia noción de universidad están al borde de la extinción. Los viejos encapuchados, empinados en la Venezuela dineraria de entonces, asoladores del campus, ahora ejercen el poder cebándose contra la independencia de toda casa de estudios.

No prevén otro futuro que el de la conatelización, pedevalización y, por supuesto, militarización del adiestramiento superior en un país que menosprecie el conocimiento y la búsqueda misma de la verdad.  Sospechan y atemorizan frente a toda referencia moral que se les resista, encontrando complicidades tácitas y descaradamente expresas en un ámbito que ha de ser de natural diversidad y rebeldía.

Antaño, la autonomía universitaria encontraba voces consistentes y persistentes que la defendieran; hogaño, resultan escasas para la trágica posibilidad de una pérdida definitiva que se hará sentir con prontitud en el país que marcó un hito histórico al bregarla y conquistarla.   Quizá porque ya no cuenta con los medios que difundan sus juicios y opiniones, como ocurría desde aquellos sísmicos ’60 del ‘XX, o quizá porque obra – pertinaz – la prudencia política que lo caracterizaba, no sabemos de una sentencia contundente de José Balza en torno a los peligros que confronta la universidad venezolana. No obstante, extendiendo la celebración de sus ochenta años de edad, rápidamente nos referimos al breve ensayo en el que exaló el “talento autónomo” y la “decidida independencia ética ante su realidad” del presbítero y doctor José Moreno, rector de la Universidad de Caracas entre 1787 y 1789, atraído por los sucesos estadounidenses, promotor de una campaña contra la viruela en la ciudad y quien, en nada ajeno a las acciones de Picornell, Gual y España, murió antes de las estelaridades de 1810 [“Pensar a Venezuela”, Bid&Co Editor, Caracas, 2008: 199-217].
La reseña del novelista invoca las inquietudes que suscitaba la autonomía entre los intelectuales que denunciaban el acoso, sin relevo en la escena actual con las muy contadas excepciones de rigor. Intenta una definición de la que pudiera apropiarse la dictadura socialista del siglo, adulterándola: “La autonomía es el espíritu ilimitado del conocimiento, ya que debe atravesar las sugerencias del pasado, el fermento del presente y la proposición de un futuro posible”.

Aceptemos, los eufemismos no caben en la solidez de los enunciados que prometen una profundidad por siempre temida, siendo más expedito eliminar a la universidad tal como universalmente se le entiende, reivindicando el pleonasmo.  Y esto lo sabe Balza, quien llamó la atención sobre Asdrúbal Baptista (“nuestro Freud matemático”) y el oculto tramado histórico del rentismo, quejumbroso ante  la “estéril gesticulación de los políticos” para recordar a los hacedores de la Independencia y la sabiduría de Simón Rodríguez, festejar a nuestros artistas plásticos, las ciudades pujantes, el humor y la inventiva del lenguaje cotidiano, deslizándonos sobre gasolina por los paisajes [“Ensayos crudos”, Monte Ávila Editores, Caracas, 2006: 58] : sólo queda el trauma rentístico, ya sin renta, el “árbol de las tres raíces”,  el pincel deshilachado, las ruindades metropolitanas, la gasolina dolarizada, los políticos a la medida y, obviamente, la universidad a ultimar para encubrir absolutamente todo.
Fotografía: Tomada de Google Imágenes.

27/01/2020;

sábado, 25 de enero de 2020

ALGO MÁS QUE LIDERAZGO

Evangelio Dominical: Pescadores de hombres
José Martínez de Toda, S.J.

Reflexión dialogada del P. José Martínez de Toda, S.J. (Venezuela) sobre el Evangelio que se proclama el III Domingo del Tiempo Ordinario A, que corresponde al domingo 26 de enero. La lectura es tomada del evangelio según San Mateo 4, 12-23.

"Les haré pescadores de hombres"

¿Eres líder?


Al cabo de un rato el párroco cogió unas tenazas y sacó una brasa brillante del fuego. Y la colocó sobre el suelo. La brasa comenzó a apagarse poco a poco y a convertirse en cenizas, mientras las otras brasas ardían y brillaban, y sus llamas bailaban alegres.

El párroco permanecía en silencio. Al cabo de un rato, el feligrés dijo:

- "El próximo domingo estaré en la iglesia".>

Hoy Jesús elige a pescadores, futuros líderes, que puedan mantener esas brasas juntas, que somos nosotros, en las celebraciones eucarísticas, para no morir llenos de ceniza. Así podremos estar siempre brillantes y vivos.

¿Dónde eligió Jesús a los pescadores?

Jesús, después de ser bautizado por Juan el Bautista, comienza su carrera, su ministerio. Desde las orillas del Jordán, sube al norte en tres o cuatro jornadas a pie. Va a Galilea, donde manda el mismo Herodes Antipas que arrestó a Juan; por lo que debe andar con cuidado. En Galilea está Nazaret, donde Jesús pasó toda su juventud y adolescencia. Isaías había profetizado grandes cosas para Galilea unos 700 años antes de Jesús.

¿Qué dice Isaías?

La llama "Galilea de los gentiles". Y anuncia que les llegará una gran luz. Esa luz es Jesús, que ahora va a Galilea a comenzar su misión.

Galilea es pequeña, pero densa en población; tiene mucha gente que puede escuchar el mensaje de Jesús. Muchos de sus residentes son gentiles, y está rodeada de ellos.

Por Galilea pasan importantes rutas de comercio, y ha sido invadida a menudo. Los galileos, por lo tanto, tienen más trato con los gentiles y están más dispuestos a recibir nuevas ideas que los judíos de Jerusalén.

La pesca en Galilea junto al lago Tiberíades era propia de los sectores más bajos.

Jesús se instala en Cafarnaún, la ciudad más importante de Galilea.

¿Y qué hace Jesús en Cafarnaún?

Predicar. Repetía: "Arrepiéntanse. Cambien sus vidas. El Reino de Dios está muy cerca". Se pueden ver como tres etapas en su mensaje:

1. Arrepentirse de los pecados

2. Conversión o cambio de mentalidad, es decir, dar vuelta y mirar en una nueva dirección. Pero no es sólo cambiar de costumbres, dejar a un lado las esclavitudes de la carne, la seducción del mundo y las tentaciones del demonio.

3 La conversión en positivo es encontrar el motor del cambio, y este motor sólo es Cristo. La conversión, que pide Jesús es seguir sus pasos: "Vengan y síganme".

¿A quiénes llama Jesús?

A gente común y corriente, gente ordinaria y trabajadora sin ninguna preparación especial. Cristo no necesita nuestra habilidad, sino nuestra disponibilidad, como María.

Jesús llama a dos hermanos, 'Pedro y Andrés'. Andrés había escuchado a Juan el Bautista decir que Jesús era el Cordero de Dios, y se fue tras Él, pasó la tarde con Él, y lleno de entusiasmo había ido a buscar a su hermano Simón Pedro para contarle su hallazgo. Y ellos seguían en contacto con ÉL. Y un día les llegó la llamada definitiva: "Vengan y síganme". Lo mismo pasó con Santiago y Juan, otros dos hermanos pescadores.

Esta llamada de Jesús es rara en la cultura de entonces. Los rabinos no suelen buscar estudiantes. Más bien, los estudiantes buscan a los rabinos para estudiar con ellos. Jesús, como siempre hace Dios, ¡toma la iniciativa!, nos busca, nos habla, se comunica con nosotros. Ser discípulo es dejarse encontrar, es dejarse hacer, no es conquistar sino ser conquistado, es dejar los ídolos para seguir a Jesús.

¿Y cómo aprenden de Jesús?

Pero después Jesús hace como los rabinos de su tiempo. El discípulo rabínico tenía contacto diario con el maestro; así se formaba su carácter y aprendía la ley tanto por el ejemplo del rabino como por sus enseñanzas doctrinales.

Eso sí es ser discípulo de alguien. No simplemente sentarse a escuchar la clase.


-"Enrique me dice que es uno de tus estudiantes". Y el otro le contestó:

- "Enrique está en mis clases, es verdad, pero no es uno de mis estudiantes".>

Jesús les ofrece a estos hombres la oportunidad de observarle de cerca a diario.

Escucharán sus comentarios sobre todo lo que ocurría a su alrededor. Porque Jesús no se callaba. Aprovechaba cualquier oportunidad para plantear su posición.

¿Y qué quiere Jesús que hagan sus discípulos?

Los llama no simplemente para salvarse a sí mismos, sino para salvar a los demás, para transformar el mundo y convertirlo en el reino de Dios. Nos llama a ser pescadores en el mar de la vida. En el anzuelo ponemos la carnada, que es la buena noticia del amor de Dios y su reino. Y Jesús nos dice que el reino de los cielos está cerca.

Podemos entreverlo en las vidas de los santos que han sabido acoger la llegada del Reino. Vemos su fuerza callada y sentimos su toque amable. Al decirnos que el reino se acerca, Jesús nos dice que, si queremos, podemos vivir en este reino. Solamente tenemos que arrepentirnos – alejarnos de los ídolos que abundan en nuestras vidas – y dejar a Dios reinar.

¿Cómo responden los que llamó Jesús?

"Y ellos, dejando inmediatamente, las redes, el barco y a su padre, le siguieron". No era mucho, pero era TODO lo que tenían:

- Las redes y el bote representan su bienestar – la manera de ganarse la vida.

-Su padre representa la conexión con su familia, con sus responsabilidades, pero también con su seguridad. Si estos pescadores estuvieran enfermos o sin empleo, sus familias les ayudarían a recuperarse.

Fuente:
https://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-pescadores-hombres-2
Ilustración: Gordon Jameson,

BITÁCORA

El líder opositor venezolano, Juan Guaidó, saluda a sus seguidores en la Puerta del Sol, en la capital española de Madrid, el 25 de enero de 2020. © Susana Vera / Reuters
https://elpais.com/politica/2020/01/24/actualidad/1579879659_216822.html
https://800noticias.com/guaido-desde-espana-primero-hay-que-hacer-la-tarea-para-luego-regresar-a-venezuela
https://www.france24.com/es/20200126-guaid%C3%B3-cierra-su-gira-europea-en-espa%C3%B1a-sin-reunirse-con-pedro-s%C3%A1nchez
https://alnavio.com/noticia/20283/actualidad/pablo-iglesias-se-equivoca-con-guaido-y-en-el-gobierno-de-sanchez-nadie-lo-desmiente.html
https://www.youtube.com/watch?v=1e1n1oZb7o0
https://www.youtube.com/watch?v=OHNn3iRL42M
https://www.youtube.com/watch?v=CBWv4fLx53I
https://www.vtv.gob.ve/pueblo-guaido-brusela/
https://www.telesurtv.net/news/juan-guaido-visita-madrid-protestan--20200125-0008.html
https://www.youtube.com/watch?v=2fVHy0QMdjw

EL OBSCURO ARSENAL DE BOLÍVAR

Las cien caras (y cruces) de Bolívar
La biografía del legendario Libertador escrita por Marie Arana recurre a cartas y documentos para reconstruir el contexto de su controvertida figura
Miquel Alberola
Simón Bolívar (1783-1830) es una de las figuras que más espacio llena en el imaginario latinoamericano. La que personifica la emancipación de los pueblos coloniales del “yugo intolerable” de España. También la que todavía agitan e instrumentalizan políticos para sacralizar sus acciones y darse brillo con el resplandor de su sable. Su trayectoria atraviesa tantas luces como sombras, fluctúa, según autores, entre George Washington y Maximilien Robespierre. La escritora y periodista estadounidense Marie Arana (Lima, Perú, 70 años) acaba de publicar la traducción española de Bolívar. Libertador de América (Debate), un libro que concitó el elogio de la crítica anglosajona tras su aparición en 2013 y que el solvente biógrafo Walter Isaacson ha calificado como la biografía que merecía el personaje.

Arana, que durante años fue responsable de la sección de libros de The Washington Post, lo describe como un hombre que fue amamantado por una negra, que mide un metro sesenta y siete, pesa 59 kilos y tiene una mirada inquietante. De raíz vasca y vocación cósmica, desborda magnetismo, poder de convicción. Es un jinete tan resistente que los llaneros lo llaman “culo de hierro”. Puede recitar a Rousseau en francés y a Julio César en latín, admira a Voltaire y Montesquieu, fascina a Lord Byron y es un mujeriego tenaz. Pero también, como un hombre muy imperfecto, impulsivo, testarudo, lleno de contradicciones. Intolerante con las críticas, sin paciencia en las discrepancias. Elocuente con la justicia, aunque no siempre capaz de impartirla en el caos de la revolución. Con todo, la autora pondera su “irreprimible generosidad, sus profundamente arraigados principios de libertad y justicia”.

Tras años de carnicerías y adversidades (incluido un intenso terremoto que la Iglesia manejó como castigo de Dios al independentismo), Bolívar recibió todo el crédito de haber concebido, organizado y liderado solo la liberación de seis naciones (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia, que entonces integraba a Panamá), con una población que superaba en un 50% a la de América del Norte. Pero el Libertador viviría para ver cómo se demolía esa gloria. La política en esos países se insubordinó, sus detractores se expandieron. Bolívar, señala Arana, “llegó a creer que los latinoamericanos no estaban preparados para un gobierno verdaderamente democrático: abyectos, ignorantes, recelosos, no comprendían cómo gobernarse a sí mismos”. Entre el Libertador y el dictador apenas quedaba espacio. El sueño ilustrado de la América Latina unificada a semejanza de la del Norte se estrelló contra la realidad.

El libro de Arana, minucioso con las afirmaciones y las fuentes, ha suscitado críticas en el sector más sensibilizado contra la leyenda negra del imperio español, que le imputa un excesivo enfoque criollista y novelesco (su lectura es amena). Había abonado el terreno un libro previo: El terror bolivariano (La esfera de los libros), cuyo autor, el exsenador venezolano e historiador Pablo Victoria, plasma al Libertador como “artífice de un antecedente claro del Holocausto judío”.

Arana defiende que su biografía del Libertador “captura el momento de una forma más completa y, tal vez, más humana que algunas de las existentes”. Señala que recorrió a las fuentes primarias (las cartas de Bolívar, los relatos de sus soldados, los comentarios contemporáneos, las crónicas españolas) “en busca de fragmentos de color que no había visto en otras biografías e historias” por todas las bibliotecas del continente americano. Ese “material original”, afirma, “está lleno de drama y detalles” que contienen un “sentido de urgencia y viveza” que ella no percibió en otras biografías. “Quería transmitir los olores, los sonidos, la sensación de la selva y la montaña, el sudor de los caballos. Sondeé fuentes primarias para esos detalles. También reuní pormenores y observaciones perspicaces de obras de escritores en español que nunca se habían leído ampliamente en todo el mundo y que parecían suspendidas en una especie de limbo”. La autora empleó varios años en la documentación por diversos países y cuatro escribiendo el libro.

Tras la liberación que impulsó Bolívar, proliferó la fragmentación, las guerras civiles, las “traiciones de capa y espada”. A Bolívar no le quedó otra salida que la renuncia, la pobreza, la enfermedad y el exilio. “Pocos héroes en la historia han recibido tanto honor, tanto poder y tanta ingratitud”, sentencia la biógrafa, que mereció la distinción de Los Angeles Times Book Award en su versión original inglesa.

Casi dos siglos después de su muerte, su gesta sigue empañada por episodios oscuros como su decreto de guerra a muerte (para los españoles que no combatieran por la independencia); la ejecución del general Manuel Piar, uno de los próceres de la emancipación venezolana; la traición a Francisco de Miranda, considerado el precursor de la liberación de la América meridional; la matanza de 800 prisioneros españoles en Puerto Cabello ante el riesgo de un motín, y, sobre todo, su imperiosa acción como gobernante de Perú, Bolivia y Venezuela, que llevó a Gabriel García Márquez a calificarlo como el prototipo casi mítico de los dictadores latinoamericanos.

Contra líderes, no contra masas

El catedrático de Historia Moderna Carlos Martínez Shaw defiende que “la historia es siempre entreverada y es imposible dar solo una visión positiva o negativa de nadie”. “Todos tienen una cara doble: Bolívar, Cortés…”, esgrime. Para el miembro de la Real Academia de la Historia, no hay un Bolívar con varias caras sino “un solo Bolívar con muchas luces y sombras”, algo que ya reflejaban las biografías “más fiables” anteriores: la de Nelson Martínez (Historia 16, 1986) y la de John Lynch, (Crítica, 2007), ambas con el nombre del Libertador como título. Un Bolívar que transmite a la vez poca simpatía y carisma. Y también gran valor y energía, como su propósito de “crear una América con los valores de la Ilustración, con separación de poderes, que no consigue porque la estructura regional está muy consolidada”. El historiador destaca su “energía tremenda” como catalizador de su triunfo, en la que detecta alguna similitud con Robespierre.

Martínez Shaw no considera que Bolívar fuese “particularmente sanguinario”. “Aquella no fue una guerra de exterminio casi nunca. La violencia de Bolívar fue contra líderes, no contra masas. De hecho, sus rivales fueron más brutales, como Pablo Morillo”, a quien, sin embargo, llamaron El Pacificador. “Bolívar sabía que tenía que ganar y destruir al ejército enemigo”, añade. El historiador remarca que se libraba simultáneamente una guerra civil y una de independencia, “con criollos y españoles en ambos bandos” para complicar más la situación. Respecto a su condición de dictador, apunta que no se trataba tanto de “una ambición de poder” como de “espíritu de liderazgo de quien se sabía conocedor de los fines mejor que nadie en un momento tan revuelto de dirigentes. Estaba convencido de que llevaba razón”. “Se declaró dictador para conseguir una república latinoamericana unitaria”, argumenta.

Marie Arana, que tiene antepasados en los dos frentes del conflicto, mantiene que “el líder de una revolución duramente ganada puede ser visto como un héroe por los vencedores y un asesino genocida por el bando perdedor”. “Bolívar no era un hombre truculento, pero recurrió a medidas sorprendentemente violentas. Y, por supuesto, había una carnicería atroz en ambos lados”, confronta.

Desde Washington, donde desempeña el cargo de directora literaria de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, la autora asume que “con el tiempo, Bolívar ha llegado a tener cien caras”. “No solo en pinturas o grafiti, donde se lo retrata simultáneamente como negro, indígena, blanco u oriental, según el artista o el mensaje”. “De su imagen”, apunta, “se han apropiado oportunistas de todas las tendencias: dictadores de derecha, revolucionarios de izquierda, reaccionarios, comunistas, hombres fuertes militares, estadistas distinguidos. Desde Fidel Castro hasta Augusto Pinochet, y desde Hugo Chávez hasta Franco, los líderes han querido envolverse en su gloria”. “Esto”, advierte, “puede sugerir una personalidad de camaleón, pero no se parecía en nada a ninguno de esos hombres”. Quizás porque el personaje tiene una gran significación para muchos y porque la fama distorsiona, la biógrafa mantiene que “no vemos a Bolívar como realmente era”. Ella lo ha buscado “en sus cartas, su lenguaje extraordinariamente preciso, su idealismo, sus amargas decepciones y su pesimismo absoluto sobre la América Latina en la que nos convertiríamos”. También “en sus logros históricos, así como en sus espectaculares fracasos”. “Puedes elegir ver a César como una cima del imperio o como el comienzo de un declive. Lo mismo que con Napoleón. Bolívar no es diferente”, consigna.

Una revolución racial

Una de las tesis de Bolívar. Libertador de América es que la revolución latinoamericana no hubiese sido posible sin la bomba racial que se estaba formando con los esclavos y el sistema de castas. Marie Arana deplora que los libros de texto en América Latina no aborden este aspecto. “La revolución puede haber sido iniciada por aristócratas blancos, pero fue ganada por las razas más oscuras, por antiguos esclavos. Esto es cierto no solo para Bolívar, sino para las fuerzas que se unieron a San Martín”, observa. Ella considera que fue precisamente esta la causa por la que los Estados Unidos de América negaron toda ayuda a la revolución de Bolívar. “Bolívar empleó la división racial para su ventaja, y el incipiente gobierno de los Estados Unidos no podía permitirse el lujo de ayudarlo. La esclavitud era la institución más rentable en los Estados Unidos en ese momento”, precisa. Una de las objeciones que se le han hecho al libro es que los esclavos se sentían mejor tratados por la Corona que por los independentistas, algo que la biografía de Arana refleja en casos puntuales. “Al principio, las fuerzas coloniales españolas también intentaron reclutar esclavos negros e indígenas para sus ejércitos, con mucho menos éxito. La raza fue, en última instancia, el arma más poderosa en el arsenal de Bolívar”, indica.

Fuente:
Fotografía de la autora: 
Última fotografía: Miguel Gutiérrez (EFE): "Un hombre sostiene un cuadro de Simón Bolívar durante una manifestación en Caracas (Venezuela) en 2019". 
Cfr.
https://www.theguardian.com/books/2013/jun/15/bolivar-marie-arana-review

Respuestas desde La afición histórica (comunidad facebookeana)

Fernando Falcón:"El Texto de Arana es una mezcla entre novela y biografía, casi más la primera que la última, eso si, entretenido y en base a fuentes secundarias. El de Pablo Victoria, un bodrio mal intencionado, escrito para buscar 15 minutos de fama. Poca y parcializada investigación, uso de términos anacrónicos, selección arbitraria de fuentes etc...lo que un libro de Historia y menos una biografía NO deben ser".
Dario Perez: Todavía hay muchas personas que ponen en duda que Bolívar muriera en pobreza total, y admiten que él aún poseía muchos bienes entre estos las minas de Aroa, pero obvian, que él había sido considerado proscrito, se le había desterrado, su situación es comparable hoy día, a alguien que tenga cualquier cantidad de dinero ahorrado en una entidad bancaria, y que al momento de requerir cierta cantidad de su dinero para cubrir una necesidad, esta entidad se halle intervenida".
Dario Perez: "BOLÍVAR Y LAS INGRATITUDES HUMANAS
Los últimos meses de 1830, la vida de Simón Bolívar es una serie de humillaciones, contrariedades y decepciones. todo es frustración y dolor físico y moral. No pudo siquiera realizar su proyecto de ausentarse de Colombia, su carencia de recursos económicos y el deplorable estado de salud se lo impedían. El 8 de mayo de 1830, después de despedirse de manuela Sáez, abandona Bogotá camino a Cartagena; un grupo de exaltados se alinea en una de las calles de la capital para gritarle frases ofensivas y soeces: nunca imaginó el libertador semejante ultraje. El 1 de julio, por correo de Bogotá, se entera que el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, el más amigo fiel y el más noble general de Colombia, había sido asesinado en la montaña de Berruecos, por oscuros malhechores pagados por ambiciosos e inescrupulosos políticos "¡Dios excelso; se ha derramado la sangre del inocente Abel!". Así exclamó Bolívar, horrorizado. El Congreso de Valencia, convocado por Páez, desata un odios contra el libertador; todos los diputados con la honrosa excepción del sabio José María Vargas, son presa de una fobia contra el grande hombre. Miguel Peña y Ángel Quintero fueron los más intrigantes y miserables cabecillas de la conspiración. Se llega a proponer: "que siendo el general Bolívar un traidor a la patria, un ambicioso que ha tratado de destruir la libertad, el Congreso lo declare proscrito de Venezuela". De Quito llegaron Noticias de que había un movimiento para declarar la independencia de los departamentos del Sur y elegir presidente al general Flores. Ya Santander había hecho lo suyo el 25 de septiembre de 1827. La Gran Colombia se desintegra. La vida se apaga. El libertador Exclama: ¡Mi gloria! ¡Mi gloria! ¿Por qué me la arrebatan? ¡Páez! ¡Páez! Un hombre destruido moral y físicamente. La ingratitud y la incomprensión de quienes tanto le debían, Santander, Páez, Flores, Mariño y otros, lo hacían presa del más grande sufrimiento.
Sucre muerto; Manuela Sáez, la amante inmortal, lejos; Simón Rodríguez, abandonado en el Sur; ¡Y Caracas! Por la que había hecho todo ignorando la desgracia de su hijo predilecto. ¿Su salud? Así nos las describen: "La respiración anhelosa, languidez de su mirada, hondos suspiros que salían de su pecho oprimido, todo manifestaba la debilidad de su cuerpo y el dolor del alma, inspirando compasión y respeto" ¡Que terrible es ser grande hombre!
Cuenta Gil Fortoul que en las conversaciones con su médico, Dr Reverend, combinaba la frase espiritual con la amarga ironía: ¡Doctor, ¿Qué vino a buscar usted a estas tierras? ¡La libertad! ¿La ha encontrado? Si, mi general. Es usted más afortunado que yo. Vuélvase a su bella Francia en donde ya está flameando la gloriosa bandera tricolor: aquí en este país, no se puede vivir; hay muchos canallas..."Un reducidísimo número de fieles amigos lo acompañan hasta el final. La Quinta del hidalgo Español Don Joaquín de Mier - San Pedro Alejandrino--, en Santa Marta, ofrecería su último refugio. Como afirma el historiador Indalecio Liébano Aguirre: "Terminó su vida bajo la amorosa protección y refugio de un español, cuando los pueblos libertados por él se confabularon para destruir su obra". En la historia de las ingratitudes humanas, las humillaciones hechas a Bolívar no tienen precedente...
(Fragmento del libro "GUAMA" 1997 (José Miguel López Pinto)",

Fuente:
https://www.facebook.com/Hereditatis/photos/a.157223417763453/1505727532913028/?type=3&comment_id=1506161639536284&force_theater=true&notif_id=1580042459276857&notif_t=photo_comment

ADEMIA

Sobre algunas aporías de la democracia actual (I)
Nelson Chitty La Roche

“La democracia en Chile se acabó. Desde mediados de octubre de 2019 se ha hecho patente que yacía muerta desde mucho antes de lo que pudimos percatarnos y que nos encontrábamos habitando el putrefacto cadáver de un orden en descomposición. El fin de la democracia, tal como la hemos conocido desde hace no más de dos siglos, se ha instalado como un quiebre rotundo de las instituciones decimonónicas, las tecnologías políticas que en ellas pululaban y las formas de gestionar y comprensión de lo social”. Carlos Ramírez,  Christopher Yáñez-Urbina e Iván Salinas

La situación chilena no cesa de sorprender e impactar. Un destacado columnista incluso se permitía admitir que no lograba entender sin ayuda de expertos psicólogos y psiquiatras toda una fenomenología que parecía contraria a los elementos objetivos que rodean a la sociedad del hermano país, como aquella que lo presenta como el más fuerte económica y socialmente del continente y, sin embargo, da cabida a esta erupción inconforme y violenta, con tendencias esquizoides.

La universidad chilena no escapa del estupor que produce el movimiento que, por cierto, se radica fundamentalmente en la capital, aunque hubo episodios en otras latitudes, pero de una vez conjeturan sobre la etiología del malestar, apuntando al agotamiento del modelo, aun y a pesar del éxito que anunciarían los guarismos y mediciones convencionales, en un escenario de bienestar aparente y disminución de la pobreza. Así, señalan a la democracia y a la Constitución como los agentes, víctimas y victimarios de estos episodios de explosión societaria. Demasiado pronto y demasiado convencionales me lucieron esas apuradas especulaciones.

Igual que en la Venezuela de 1992, o la Colombia de 1990, pensaron algunos que en el pacto político con sanción jurídica, como denominaremos a la Constitución, obra la explicación y la respuesta de los capítulos inesperados que se viven, cuando el orden no cumple su cometido, ni la racionalidad atina a explicarse lo que pasa. En el camino se oye una sentencia severa de que la democracia como sistema de coexistencia pacífica que se postula como la mejor forma de gobierno se muere o acaso la panacea para los males debe encontrarse en la revisión de la Constitución.

Así, pues, se avanzan hipótesis que advierten el fin de una época, pero todavía anuncian la caducidad de la cultura democrática y ello incluye las organizaciones, vale decir, los partidos políticos e incluso las movilizaciones, manifestaciones, protestas que terminaban asimiladas por el discurso del liderazgo, siempre seguido y concluyente. Pareciera que el cataclismo ha puesto a prueba las formas y las maneras como otrora reaccionaba la comunidad política.

En nuestro criterio, el asunto es mucho más hondo, mucho más ininteligible y más gaseoso al mismo tiempo. Con el respeto y la prudencia debida, sentimos a la clase política chilena e incluyo a todos, gobierno y oposición, chocados, turbados, superados y sin asir la naturaleza del tsunami que los bañó de desencuentros, desengaños y desventuras. El estallido prescindió de un tajo de la representación y precisamente, desnudó arrasándolo todo, su talante iconoclasta, impío, bárbaro.

Con motivaciones distintas, pero compartiendo el elemento económico social en positivo, Bolivia hizo su gesta, su inesperada epopeya, su faena libertadora. Como Chile, las estadísticas evidenciaban que Bolivia mejoraba, pero la procesión iba por dentro y al contrario que en Chile, la cultura democrática ajustó el aparato y con el ariete de la unidad ciudadana le abrió un boquete tan grande al muro de Evo que se le fue el control y la confianza a un orden confiado, arrogante y soberbio.

Por años, los estudios y seguimientos de los comportamientos de la ciudadanía suramericana, y en ello coincidían todos los organismos especializados de las distintas agencias de naciones unidas o del escenario regional, denunciaban una peligrosa tendencia presente en la consulta que confesaba sin vacilaciones la disposición a sacrificar democracia por estabilidad y mejoría económica por asistencia pública masiva.

Pero y entonces, ¿qué está pasando? Aunque se adujo el malestar en Chile por un aumento mínimo del transporte, la secuencia convoca otros análisis, pesquisas e investigaciones para comprender la racionalidad de la revuelta o la irracionalidad tal vez describe mejor el asunto.

No pienso que sea posible hacerlo, sin ponderar otros aspectos que han acompañado o se han mostrado en la escalada chilena. Me refiero a las reacciones de la gente, del común, de los que se sumaban al asalto, saqueo, profanación y vulgarización de sectores que no por tolerados o respetados se sintieron obligados con el statu quo y por el contrario, creyendo a todo evento reafirmarse lo desafiaron.

No pretendo ni remotamente aparentar que conozco a Chile y menos que puedo a lo lejos hacer diagnósticos ni proponer terapias. Solo sigo atento las noticias y leo con interés los artículos de opinión y de la academia que he podido encontrar, pero intento darme una explicación o, al menos, señalar para el análisis las anotaciones frecuentes y las inferencias que de ellas nos podemos hacer.

Sin embargo, es menester atreverse, buscar, indagar y conjeturar para acercarse a la verdad y haciéndolo, usamos el instrumental epistemológico disponible y ensayamos algunas construcciones como referentes metodológicas.

Nos interrogamos también y en la procura de las respuestas también hacemos interesantes hallazgos que soportan la consecuente aparición y decantación de la argumentación.

En esa dinámica, nos atrajo una de las siempre nutritivas reflexiones del filósofo italiano Giorgio Agamben y especialmente su texto titulado, “Stasis. Civil War as a Political Paradigm” y del cual hemos hecho abordaje repetido. En efecto, en las cavilaciones y afirmaciones de Agamben atrajo nuestra atención para esta ocasión aquella que comienza con el aserto según el cual el Estado moderno exhibe un cuadro de ademia.

Se trataría de constatar y definir una situación en la cual el escenario público societario carecería de pueblo como resultado de la captura en la representación de aquel y desde luego, el eclipse del susodicho dejando únicamente a la estructura constituida ocupar los espacios, suplantar la deliberación y conculcar la decisión.

Giorgio Agamben, según Pere Durán
(Girona, 2014).
El paisaje social entonces estaría sujeto a un cortocircuito, por así llamarlo, separada la gente, el común, interrumpida la comunicación entre la representación y aquellos a los que debe representar. El ejercicio comenzaría al cesar la acción constituyente que vio operar una delegación o quizá, más bien, una transferencia de soberanía que luego se oligarquizaría y provocaría una disfunción entre ciudadanía y representación.

La gente sería, como afirma Gian Giacomo Fusco, un estudioso de Agamben, una masa cuasi ausente, pasiva, distraída en sus necesidades biológicas, y no obstante, y es esa la paradoja, la constituyente de su propia negación y no necesariamente para otra cosa que su bien en la perspectiva del Estado.

El tema de suyo arisco, complejo, confuso y un tanto inasible sustenta un evidente interés académico, pero también sociológico y ciudadano, que trabajaremos más, Dios mediante, la próxima semana.

Fuente: 
https://www.elnacional.com/opinion/sobre-algunas-aporias-de-la-democracia-actual-i/


Sobre algunas aporías de la democracia actual (II)
Nelson Chitty La Roche

“Se sugiere la reinvención normativa de la democracia sin pérdida de sus referentes esenciales, pero adecuándolos a las realidades distintas que plantea el siglo XXI, comenzando por lo esencial: el restablecimiento del tejido social bajo un denominador común que sea sensible a los valores democráticos, en modo tal que se refleje en las nuevas categorías constitucionales que deban ser formuladas”. Asdrúbal Aguiar

Es ya más que frecuente, una certeza regular y presente, en cada uno de los recientes análisis sobre la democracia y aquellos raros sobre la teoría de la democracia, encontrar críticas sobre la marcha del sistema, su nomos y su eficacia. Tal vez sea tiempo de admitir que muchas preguntas quedan sin respuesta, habida cuenta de las carencias u obsolescencias epistémicas que derivan del cosmos social actual y de las dificultades para advertir su especificidad y los elementos que lo descubren e integran. El mundo, la sociedad, los valores, el hombre, mutaron y cambian aceleradamente si es que podemos captar el movimiento en esta ecuación existencial empapada de instantaneidad.

Y no es sencillo hacerlo porque, como recuerda Sartori, los conceptos que como herramientas utilizamos para comprender en ellos los fenómenos que observamos se han estirado tal vez demasiado y no logran los susodichos albergar en su seno racional, el compendio de sus distintos e incluso nóveles elementos en  sus inevitables límites.

Acontece entonces con la democracia, como pasó a mediados del pasado siglo XX con el vocablo poder, que ya Arendt o Aron, entre otros, lamentaban percatarse de la falta de cohesión o elaboración y tal vez, desnudando en considerable atraso epistemológico pero lingüístico de la ciencia política para proporcionar sustento a las reflexiones que sobre ese constructo se postulaban. Cuesta bastante definir hoy a la democracia y, se hace más importante no solamente definirla sino seguirla, hallarla, precisarla, siendo que un elevado nivel de incertidumbre la rodea.

Los parámetros de las sociedades de este momento tienen en común la fascinación por el espectáculo y la mimetización de las personas en un ambiente en el que las individualidades coadyuvan por una definición que además aporte una identidad, una suerte de imagen de marca que tendría cada cual y ello, en detrimento de los referentes societarios que otrora servían para distinguir unos de otros. Me tocó presenciar en una ocasión una marcha de zombies y confieso que un lote importante se sentían tales, ni más ni menos.

El resultado conlleva igualmente una conducta que se particulariza, afectando a la comunidad democrática que antes se homogeneizaba en la vastedad de la noción de ciudadanía pero que ahora carece de empatía, reduciendo su desempeño en el espacio de su pretendida diferenciación, en el cuadro de su personalidad que no es habitual sino en cuanto es diferente.

Nunca como ahora la democracia, sistema social y valoración compartida, se muestra más apartada en el pretendido ejercicio de la libertad que se encierra más bien en construcciones sociales en las que la presencia es limitada y mínima la participación. Segmentaciones de diversa naturaleza, origen, denominación se perciben y se reclaman suficientes como para no requerir de otros concurrentes o acaso para, ante ellos, fijar distancias.

Todas esas agrupaciones tales como el feminismo, LGBT, gamers, ecologistas radicales, xenófobos por citar algunos, no se asumen como miembros de ninguna expresión social distinta a esa que los reuniría y definiría. Es un mundo que a nombre del valor social de la igualdad ha tallado un espacio para el colectivo de las individualidades, la membresía política tropieza con auténticos antagonismos. Lo que la diferencia es lo único que los une. Una suerte de solipsismo compartido dibuja las distintas figuras de una geometría social que atinaría solo como parte de un rompecabezas, un puzzle, en el que si bien se admite un común denominador no supone nada ante aquel que en la excepción los define y amasija.

La llamada generación millenial asume su entorno como un lastre con el que y a pesar de ello, debe transitar su búsqueda de la novedad que la totaliza y fascina. El presente no es más que la expectativa del futuro que se mide por las convincentes innovaciones que no por tales, menos rutinarias. La democracia que conocemos no metaboliza cómoda esos giros que la desbordan y la dejan siempre, aún en las sociedades más permisivas, varios pasos atrás.

Le falta pericia a la propuesta democrática para convencer, para atraer simplemente. La ecuación vital conoce una novación permanente, ante la compulsiva demanda del imperativo comunicacional que no por ello es otra cosa que el establecimiento de vasos comunicantes en el mismo continente social, político, económico pero no en el mundo que los rodea.

La búsqueda democrática colisiona en sus movimientos porque ofreciendo libertades culmina cediéndoles los espacios al individualismo de esos grupos y segmentaciones refractarias a los otros y al conjunto que incluye a todos. Es una auténtica aporía la que la democracia del momento exhibe y muy a su pesar debe asumirlo.

Paralelamente debe la democracia percatarse que vivimos y lo he repetido antes, el tiempo de la mentira, la tergiversación, la deformación, la adulteración e incluso, de la osada e impúdica sustitución ante todos de la verdad por la versión oficial de algunos y por si fuera poco, hay que agregar al menos, dos elementos más; la ideologización del espectáculo y, la admisión del relativismo que lo debilita todo. Nada es lo que dicen que es, hay que recordar y lo he hecho a menudo, que frente a ese discurso difundido solo podemos ripostar con la verdad, susceptible también de contrariar a los mercaderes del falso consenso que todo lo matizan.

Unas breves consideraciones sobre lo que es la teoría democrática y para ello invitamos, acotamos a nuestros comentarios, a partir de un interesante trabajo que además lleva ese título y cuya autoría corresponde a politólogos norteamericanos. En efecto, ab initio se resalta una interesante constatación que evidencia, en el estado del arte correspondiente a la temática, una sorprendente inactividad que se remonta a 1979 con la publicación de un texto de James Alfred Pennock en el que no se responde a la pregunta sobre qué es la democracia, pero responder esta pregunta resulta ser bastante más difícil que plantearlo. Pennock (1979) no responde la pregunta por sí mismo; deja esa labor a la posteridad, solo afirmando que “la frase [teoría democrática] se usa a menudo como si representara un cuerpo de doctrina claramente delimitado y acordado; pero eso está lejos del caso. Incluso la cuestión de qué temas debería incluir es objeto de un amplio “desacuerdo”.

Robert Dahl (Wikipedia).
Quizás lo único que los teóricos democráticos podrían estar de acuerdo sobre la teoría democrática es que es diversa, incluso de naturaleza incipiente. Robert Dahl (1956), por ejemplo, argumentó que «no hay una teoría democrática, solo hay teorías democráticas». También hay una letanía de reclamos rivales, ahora principalmente históricos, en el corazón de la democracia, y hasta ahora se han documentado más de 22 descriptores adjetivos de democracia (Gagnon 2018). Además, muchos teóricos democráticos contemporáneos comparten una ética pluralista preocupada por evitar un cierre autocrático en torno a lo que constituye la teoría democrática (ver, por ejemplo, Bader 1995; Blokland 2011; Erman 2009; Held 2006; Martí 2017; Moscrop and Warren 2016;). Sin embargo, el simple hecho de reconocer y abrazar esta diversidad por sí solo nos lleva tan lejos. (What Is Democratic Theory? Rikki Dean, Jean-Paul Gagnon, and Hans Asenbaum 2019).

Advierto que una materia tan atractiva desde el punto de vista del conocimiento y la academia, apenas deje, como lo afirma el estudio citado, testimonios mínimos de examen y, por cierto, ningún intento de problematización que hubiera servido al menos para desentrañar parangones que nos asistieran hoy en la tarea, convoca y glosa una dinámica que nos ayudará de algún modo y que trabajaremos, Dios mediante, la semana próxima.

Fuente:
https://www.elnacional.com/opinion/sobre-algunas-aporias-de-la-democracia-actual-ii/