jueves, 29 de marzo de 2018

(DES) AFINACIÓN

EL NACIONAL, Caracas, 29 de marzo de 2018
La barbarie de la reflexión
José Rafael Herrera

Los “tiempos oscuros”, dice Vico, son característicos de los “estados ferinos”, esos estados primitivos de ignorancia y salvajismo, de hombres bestiales y voraces, que parecieran no haber abandonado jamás la prehistoria de la humanidad, porque, al igual que aquellos primeros bestioni –tal como dicen los versos de Lucrecia–, insisten en “llevar la vida según el modo de vagar de las fieras” (volvivago vitam tractabant more ferarum). Es la guerra hobbesiana de “todos contra todos”. Poco importa la tonalidad del barniz de entendimiento abstracto que, a lo largo de los más diversos corsi e ricorsi de la historia, los recubra –cuando los recubre– y que, a veces, les sirve de camuflaje. A pesar de los blasones de comando, la estrellas en los hombros o las medallas en el pecho. A pesar del traje de Boss, de los tacones de patente Vuitton, del último iPhone, del Mulco de oro guayanés fundido o de la lujosa, misteriosa, hermética y blindada camioneta oficial. Se les nota por encima, pero no a primera vista sino, más bien, con el primer juicio “claro y distinto” que resulta de la civilidad: el del conocimiento profundo del lenguaje “no humano”: el de los signos y las metáforas. No se puede ocultar tan facilmente en “ellos” la ya no tan “natural” inclinación por el despotismo.

Más allá de las linealidades, propias de una representación de la historia periodizada de “menor a mayor”, Vico demuestra que la historia de la humanidad ha sido mucho más compleja que la que muestran los esquematismos característicos de los positivistas. Más compleja y más diversa, como resultado de su meticuloso estudio sobre los tiempos oscuros, los mismos que, por ejemplo, hicieron pensar a Bolívar en la construcción de un centro de estudios superiores capaz de combatir las oscuridades del persistente 'estado de naturaleza'. Una Casa de Luz para vencer la oscuridad, la sombra proyectada por los mitos de los “héroes” y “caudillos”, justamente porque detrás de esa oscuridad se ocultan las ferocidades del salvajismo. No pocas veces detrás de la sombría hojarasca se oculta la serpiente, dice, más o menos, un adagio popular. Y la verdad es que, durante estos últimos años, la oscuridad ha arremetido con toda la brutalidad de sus fuerzas contra esa Casa –y contra todas las otras Casas que le son afines–, con el premeditado objetivo de retornar a la oscura noche de la ignorancia y la opresión. Hacer morir de mengua, por asfixia mecánica, la enseñanza, investigación y extensión universitarias es un crimen de lesa humanidad, un crimen contra la civilización, contra la verdad y contra el más sagrado de todos los derechos: la libertad. La universidad venezolana está siendo asesinada desde afuera y desde adentro por la barbarie de la reflexión, como la llama Vico.

Pero, ¿qué es y en qué consiste esta barbarie de la reflexión? En una reedición histórica y cultural, mucho más elaborada, aunque no por ello menos vil y lacerante, que la primitiva barbarie del sentido, previamente descrita por Vico. La compradora de huevos le reclama, no sin justicia, a la bachaquera: “Vieja, estos huevos están podridos”. La bachaquera le responde: “¡Qué! ¿mis huevos podridos? A mí me parece que usted es la que está podrida. ¿Me va a venir a decir algo de mis huevos?, ¿usted?, ¿no estuvo su padre comiéndose un cable en el llano, no se escapó su madre con el portugués de la panadería y no se murió su madre en un hospital por falta de medicinas? ¡Quién sabe Dios de dónde estará sacando los dólares para comprarse la ropa que lleva puesta! Si no fuera por ciertos “enchufados” uniformados muchas no estuvieran tan bien arregladas, dándoselas de grandes señoras”. En pocas palabras, la bachaquera del relato es una digna representante de las abstracciones propias de la barbarie reflexiva. Detrás de la simple transacción ovípara, el reclamo por la –tal vez aparente– podredumbre del cartón de huevos, se pone al descubierto la infinita incapacidad de cabal raciocinio y comprensión; pero con ello, y al mismo tiempo, se pone al descubierto la infinita capacidad de acumulación de prejuicios, mediada, justamente, por un lenguaje cosificado por la agresión, que va desde “Lusinchi es como tú” hasta “Todos somos Chávez” y del “Yo soy” al “Nosotros somos”. Y es que las abstracciones, propias de los extremismos –incluyendo las tangenciales “medianías” de los Snugs nuestros de cada día–, ponen en evidencia el predominio de una formación social y cultural determinada por el morbo característico de la barbarie de la reflexión.

No se aplaude ni, mucho menos, se llora la muerte del viejo creador de todo un sistema orquestal, porque lo importante no es que haya alcanzado indiscutibles y meritorios éxitos en la promoción y divulgación masiva de la juventud en beneficio de la música académica: lo importante es que se plegó dócilmente a un régimen tiránico, gansteril y corrupto, un régimen que ha hecho del terror y la manipulación las más eficaces armas para mantenerse, a toda costa, en el poder. Un régimen, además, que ha conducido directamente a la ruina a uno de los países más prósperos del continente. No se le imputa al viejo maestro que haya terminado instrumentalizando y descontextualizando los contenidos del arte musical en sí mismo, transmutando la educación estética en una auténtica cadena de montaje, y que, a consecuencia de ello, haya promovido el regresus de la comprensión de la música académica varios pasos atrás respecto de la síntesis a priori kantiana, al escindir las formas de sus contenidos, generando así un enorme daño para las nuevas generaciones musicales.

En suma, no se comprende que su incorporación a las filas de la barbarie del sentido es el efecto directo de su profunda sintonía con la causa de la barbarie de la reflexión. Es como si el presidente de un gremio profesoral exigiera elecciones nacionales dentro de los lapsos correspondientes y una nueva directiva del CNE, para poder participar en unas elecciones libres, transparentes, debidamente supervisadas por veedores internacionales y por organismos que den garantías de pulcritud en el proceso. Un justo reclamo, por cierto. Aunque en su gremio las elecciones estén vencidas desde hace años, la comisión electoral le sea tan favorable como el tribunal disciplinario, y no esté dispuesto ni a libertades ni a transparencias ni a supervisiones que pudiesen llegar a poner en grave peligro su absoluta hegemonía y control del gremio. Cosas, en fin, propias de la imbricada y tupida trama de los corsi e ricorsi que siguen las naciones.    

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/barbarie-reflexion_228650

"CABLES PELAOS"

Los hilos que sostienen el poder
Alberto Ray

El empeño del régimen de huir hacia adelante cuando la realidad lo presiona ya no sorprende a nadie. Llama poderosamente la atención, sin embargo, saber qué los impulsa a avanzar cuando el grado de devastación de la república ya toca la frontera de la africanización.

Resulta a primera vista paradójico que siendo el objetivo mantenerse en el poder, destruyan aquello que podía sustentarlos; la imagen de Chávez, la producción de PDVSA, la popularidad entre los marginados y ahora, lo que quedaba del Ejército.

Si bien, esta revolución no tiene precisamente vocación suicida, no pareciera que en el mapa de ruta que marca el avance tengan planeado correr hacia un precipicio. Es claro que con la destrucción todos se debilitan, pero el que acumula más poder incrementa sus oportunidades de reinar por un tiempo más. El gobierno es ahora víctima del efecto de la bicicleta, si para de pedalear, así no le quede energía, se cae.

Algo cierto es que el costo de la tiranización del régimen se pagó durante el 2017 con 120 días de protesta, de los cuales el país opositor terminó con más de un centenar de muertos y la aparición de una Asamblea Constituyente negada por 7.5 millones de venezolanos. En lo sucesivo, Maduro y su banda han hecho y desecho dentro y fuera del país sin importarles en lo más mínimo la corrupción, la violación de DDHH y por supuesto, el apuñalamiento repetido de los restos de democracia.

Vista la realidad, y en medio de este caos por diseño vale preguntarse ¿Qué sostiene a Maduro en el poder?
Son varios los hilos, aunque finos, aun suficientemente resistentes para no solo aguantar sino sostener de manera más o menos estable un periodo más de destrucción.

En primer lugar, está la mermada producción petrolera. Aun el régimen recibe dólares provenientes de la venta de crudo, que luego de descuentos, pago de deudas y compromisos algo queda para gastar y comprar comida que alcanza sólo para el 25% de la población. En esta dinámica participa activamente Rusia, China y Turquía como financistas de corto plazo en operaciones de intercambio de petróleo por alimentos.

La segunda fuente de financiamiento es el nuevo modelo de Estado Criminal que opera en el país. La explotación indiscriminada de recursos de la minería en combinación con el masivo tráfico de cocaína proveniente de Colombia, ambos negocios operados por grupos irregulares binacionales y bandas criminales, en un proyecto de gran escala gerenciado desde Cuba, produce dinero para mantener una estructura de poder en la FAN y en cuadros políticos afiliados al régimen.

Luego está el binomio FAN – Cuba. Una relación simbiótica de amor odio que se sostiene a fuerza de espionaje y contrainteligencia. Maduro por un lado aun necesita a la Fuerza Armada para administrar (malamente) el gobierno y controlar el poder de fuego que lo puede derrocar, por el otro, los cubanos entendieron que era mejor ideologizarlas antes que hacer una milicia paralela, y a pesar de la desconfianza, les sirven muy bien en la logística operativa de la droga, la explotación minera y la extracción de petróleo. Los rusos también contribuyen en esta dimensión con equipos de inteligencia destinados a interceptar comunicaciones de militares y civiles tanto en el gobierno como en la oposición.

Más atrás, pero con mucha fuerza y ganando posiciones está el vicepresidente El Aissami y su grupo con conexiones en Siria y el Medio Oriente, con una agenda de largo plazo para la desestabilización regional y la facilitación de actividades terroristas en el continente.

En quinto lugar, se encuentra el poderoso grupo económico político de enchufados que sin escrúpulo alguno succionan lo poco que le queda el país y al mismo tiempo sirven de barniz legitimador para los juegos electorales del régimen. El dinero que acumulan les ha servido para pagar lobby internacional, comprar medios, industrias y algún liderazgo que se dice opositor, pero que no resisten el más mínimo examen de sus vínculos con el gobierno.

En una sexta posición y no por ello despreciable está la MUD. Sus líderes enarbolando buenas intenciones se han convertido en el desfibrilador de Maduro. Ante cada ataque terminal, aparecen a salvarle la vida con iniciativas de diálogo y negociación que logran extender por un tiempo más la agonía dramática que vive Venezuela.

Aun falta por mencionar la pieza de mayor efectividad en este ajedrez, se trata del maquiavélico aparato diseñado para el sometimiento de la población a través del hambre, el miedo y la represión. El régimen ha sabido capitalizar el caos de la misma manera que un secuestrador se vale de su posición de poder sobre su víctima. Es una suerte de Síndrome de Estocolmo en el cual los más desposeídos protegen al que les da de comer, a pesar de los maltratos que reciba. Es la explotación de la supervivencia del más débil en un mecanismo primario de control. Queda por mencionar la acción represiva que los cuerpos de seguridad ejercen sobre la población que alza su voz de protesta contra las atrocidades del régimen. A esta represión debe sumarse el trabajo que hace el hampa en la toma de los espacios, replegando y encerrando al ciudadano en las paredes de sus hogares.

Como se aprecia, los hilos que sostienen a Maduro son múltiples y están interconectados en un entramado complejo. Es una red que se ha tejido al mismo ritmo que lleva la destrucción institucional. Más allá de las apariencias, esta malla se encuentra en su punto histórico de mayor debilidad. El mundo entero ha despertado frente al horror venezolano y está avanzando para forzar al régimen a aceptar una salida. Aunque lo disimulan muy bien, aún quedan dentro de la Fuerza Armada venezolanos dispuestos a acompañar una solución de cambio, siempre que se le plantee al país un proyecto de restitución democrática acompañado de medidas urgentes para al menos, detener la gravísima crisis humanitaria.

El ciudadano venezolano, más allá de la dolorosa diáspora y el sometimiento que lo presiona día a día, reserva energías para la lucha. Lo demuestra constantemente en su irreverencia frente al poder, en la denuncia de la injusticia y en la solidaridad con aquellos más desfavorecidos. Sólo es necesario que se abra una mínima rendija creíble con la luz del cambio, para que veamos materializarse una unidad verdadera galvanizada para terminar de derrumbar algo que por sí solo se debió haber caído hace tiempo atrás.

Fuente:
https://www.lapatilla.com/site/2018/03/24/los-hilos-que-sostienen-el-poder-por-alberto-ray/

HOMO SOVIETICUS

EL PAÍS, Madrid, 29 de marzo de 2018
 EL ACENTO
Putin y la nostalgia por el pasado imperial
José Andrés Rojo

Cuando se va viendo que las redes sociales son un magnífico instrumento para intervenir en ellas hasta el punto de condicionar el voto de sus usuarios en una cita electoral, las democracias occidentales pueden ponerse a temblar. Siempre han existido millares y millares de ciudadanos a los que las urnas les han resultado indiferentes. Gente tocada por circunstancias adversas y marginada de la vida política y social. Supervivientes que han sido empujados a los estercoleros de la historia pero que, efectivamente, cualquier día pueden animarse y acudir a un colegio electoral. ¿Por quién terminarán inclinándose, a quién van a darle su confianza? ¿Al político que explica su programa y que, de alguna manera, tiene un plan, un proyecto de país? ¿O más bien al que ha sido capaz de entrar en sus paranoias y miedos, en sus carencias y anhelos frustrados, en sus frágiles y marchitas esperanzas, y que les ha prometido salir de ahí, dejarlo todo atrás y recuperar el esplendor perdido?

Vladímir Putin ha vuelto a ganar en las últimas elecciones rusas con un 76,7% de votos, un porcentaje que marearía a cualquier político occidental. Son unas elecciones de aquella manera, en las que no participa la oposición porque ha sido apartada, y en las que no hay verdaderas garantías. Pero hay urnas, y la gente sale de su casa y deposita su papeleta. Putin lleva tiempo amarrado al discurso de recuperar la gloria perdida. Y es un discurso que, por lo que se ve, ha calado. Son muchos los que lo apoyan.

En El fin del Homo Sovieticus, Svetlana Alexiévich, la escritora bielorrusa que ganó el Nobel de Literatura en 2015, ofrece un puñado de largas conversaciones que permiten asomarse a lo que significó el tremendo cataclismo que produjo el final de aquel enorme imperio que latía detrás de una bandera roja. “Me pregunto qué nos hicieron a los soviéticos, cómo consiguieron taparnos los ojos para que echáramos a correr como bólidos hacia el jodido paraíso capitalista”, le comenta una de las personas que entrevistó en la Plaza Roja en diciembre de 1991 y que simplemente se definió como “patriota”.

Luego le dijo: “Soñábamos con que nos abrieran aquí un McDonald’s para comer hamburguesas calentitas, con comprarnos Mercedes y reproductores de vídeo, y con que nos vendieran películas pornográficas en cada quiosco...”. Y añade: “Rusia necesita de una mano firme que la sujete. Un puño de hierro”.

Quizá Putin sea la respuesta que reclamaba aquel hombre frente a su rabia. También Ryszard Kapuscinski salió zumbando hacia la Unión Soviética cuando se estaba yendo a pique para entender qué diablos había pasado. En Moscú, se refirió a un enorme proyecto que no llegó a construirse, el Palacio de los Soviets. Debía ser más alto que el Empire State Building e iban a levantar una estatua de Lenin tres veces más alta que la Estatua de la Libertad. “El bolchevismo es, evidentemente, otro impostor, pero es un impostor que va más lejos: ya no solo es la encarnación terrestre de Dios. Es el mismo Dios”, apuntó el periodista polaco.

No es difícil, por eso, imaginar el tamaño de la frustración de los que asistieron impotentes a la caída de aquel extraño dios. E igual no es tan complicado entrar en sus redes sociales para hurgar en sus miserias y prometerles un nuevo salvador. Putin es su nombre.

Fuente:
https://elpais.com/elpais/2018/03/28/opinion/1522262144_358040.html
Fotomontaje:
https://www.elespanol.com/mundo/20180114/putin-comunismo-cristianismo-parecen-lenin-reliquia-religiosa/277222752_0.html

NO ESTÁN TODOS LOS QUE SON, NI SON TODOS LO QUE ESTÁN

EL NACIONAL, Caracas, 28 de marzo de 2018
El candidato necesario
César Pérez Vivas

La naturaleza caudillista de la sociedad y de la política venezolana, el modelo hiperpresidencialista de nuestro sistema político, reforzado severamente en estos veinte años de hegemonía del militarismo castrochavista, ha incidido de manera determinante en la ausencia a esta fecha (25 de marzo de 2018, cuando escribo esta nota) de un candidato unitario de la sociedad democrática venezolana, para presentar en el proceso electoral que apegado al orden constitucional debería efectuarse a finales de este año 2018.

Esta situación de desarticulación política de la oposición orgánica, el estado de anomia presente en la ciudadanía y la estampida humanitaria que ha producido una huida de más de 3 millones de electores ha llevado al régimen a lanzar “la emboscada electoral” del 20-M para buscar la división, desmovilización e inhibición de la oposición política, y así tratar de darle cierta legitimidad a su desgastada presencia en el centro del poder nacional.

Desde finales de 2017 venimos insistiendo en la necesidad de una unidad superior por parte de los diversos factores de la sociedad democrática. Expresé la urgencia de que partidos y liderazgos nos desprendiésemos de nuestros proyectos personales y grupales para poder recuperar la democracia.

Ese    reclamo       está    plenamente  vigente. Aún, a la fecha de hoy, es menester definir una candidatura presidencial de la unidad democrática nacional, e integrar un comando de acción política y electoral que haga frente al desafío de un proceso de tal magnitud.

Adicional a su selección, la sociedad democrática debe definir las bases de un acuerdo para impulsar un proceso de transición política, para lograr la restauración del Estado de Derecho, y el inicio de un programa de reconstrucción material y espiritual de nuestro país. No podemos esperar el surgimiento de un acontecimiento que ofrezca la seguridad de un proceso electoral confiable y transparente para presentar la plataforma requerida.

No se requiere para encabezar esa plataforma de un líder carismático, de un caudillo mesiánico, de una dama de hierro, o de una imagen atractiva a la pasarela y a las cámaras.

Se requiere, en primera instancia, de un compromiso sincero y patriótico, de todas las organizaciones y actores políticos, de aunar esfuerzos y voluntades para derrotar la dictadura, y recuperar la democracia.

Ello supone un pacto de respeto, tolerancia, aceptabilidad y acción política entre todos.

Pacto que nos permita seleccionar a un venezolano, a quien le encarguemos la tarea de coordinar este inmenso esfuerzo, de representar el sentimiento de cambio de la inmensa mayoría de ciudadanos que anhelamos el cambio y de conducir el programa de transición acordado previamente.

Cuando he formulado este tema, interlocutores del mundo político, académico, económico y comunicacional han mostrado su escepticismo. Bien porque no ven la plena disposición de partidos y actores políticos, o bien porque consideran que no existe “el perfil” requerido para semejante tarea.

A título meramente enunciativo, he asomado en algunos escenarios una lista para mostrar que sí podemos conseguir a una persona en la que podamos depositar la confianza de buena parte de los diversos sectores.

Con toda la amplitud que el caso y la circunstancia aconsejan, y dejando expresa constancia de que podemos considerar otros tantos nombres, presento una lista de personalidades de la vida nacional para la consideración de quienes estamos en el deber de contribuir a la construcción del consenso. Ninguno de ellos es perfecto, siempre habrá quien tenga una reserva u objeción. Pero como lo señalase recientemente un destacado dirigente democrático del país, “el mejor candidato será el que más consenso aglutine”.

Esta lista incluye personalidades del mundo político, académico y económico, de diversos matices ideológicos y de diversas trayectorias. Todos con una vida bastante conocida y por lo tanto susceptible de ser evaluada. Y de eso se trata, de evaluar y armar un consenso.

Personalidades como estas podrían formar la lista que debemos examinar:

Del mundo político

Marco Tulio Bruni Celli, Américo Martín, Rafael Simón Jiménez, Liliana Hernández, Arnoldo José Gabaldón, Enrique Colmenares Finol, Humberto Calderón Berti, José Ignacio Moreno León, Abdón Vivas Terán, Eduardo Fernández, Oswaldo Álvarez Paz, Ramón Guillermo Aveledo, José Curiel.

Del mundo empresarial

Lorenzo Mendoza, Jorge Roig, José Luis Betancourt.

Del mundo académico

Román José Duque Corredor, Cecilia Sosa Gómez, Alberto Arteaga Sánchez, Pedro Nicken, Carlos Ayala Corao, Carlos Leáñez, Cecilia García Arocha, Francisco Suniaga, Ángel Lombardi, Elías Pino Iturrieta, Diego Bautista Urbaneja, José Mendoza Angulo, José Machillanda Pinto, Benjamín Scharifker.

Hay quienes me han presentado la observación de  lo inconveniente de una propuesta de esta naturaleza, sin tener la seguridad de poder contar con una elección medianamente legal y segura. Así como la determinación de la cúpula roja de realizar “su elección” lo más temprano posible; precisamente para impedirle a la oposición articularse, y para poder evitar un mayor deterioro de su base de votación, como consecuencia de la catástrofe económica y social que su política ha generado.

Pienso que el candidato es necesario como muestra de la voluntad política, de los partidos y de los liderazgos, de hacerle frente a la maniobra del régimen; y como el testimonio de su decisión de restaurar el Estado de Derecho.

Una plataforma claramente establecida convierte a una oposición desarticulada y sin rostro nítido en una alternativa de poder.

Alternativa que a la vez ofrece confianza no solo a nuestros ciudadanos, sino a la comunidad internacional, que observarían una seriedad y un sentido de responsabilidad en nuestra clase política.

Lograr “el candidato necesario” es lograr la unidad. Es ofrecer la alternativa. Es abrir el camino más serio y creíble al cambio.

Lograda la restauración democrática, habrá espacio y tiempo para que partidos y líderes podamos hacer política de manera normal y natural.

Insistir en jugar a la democracia normal cuando vivimos una dictadura es una irresponsabilidad que no podemos seguirnos dando el lujo de cometer.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/candidato-necesario_228451

LA DIGNIDAD DE LOS VENCIDOS

EL MUNDO, Barcelona, 24 de marzo de 2018
LOS INTELECTUALES Y ESPAÑA
Arcadi Espada
"Los políticos pagan como es debido por sus errores, los periodistas no"
Rafa Latorre
   
Francisco Camps fue un político de éxito, de los que se bañan en masas. A Arcadi Espada (Barcelona, 1957) no le interesó hasta que yació (políticamente) a dos metros bajo tierra. El periodista ya se había ocupado de otros apestados, como unos franquistas buenos que salvaron judíos o unas familias acusadas de vender a sus hijos en el Raval. Un buen tío es la revisión de una condena perpetua que no fue dictada por un juez.

¿Le gustan las historias de perdedores?
    Hoy la mayor parte de los periodistas son ñoños, es un oficio dominado por la corrección política, por el que dirán. Acabo de cumplir sesenta años y yo quiero recordar que hubo una vez en la cual, se hacía peor periodismo que ahora pero no era un periodismo ñoño y un periodista no habría entendido que le hicieran esta pregunta. Porque un periodista habría ido a contrapelo de la vida. Se habría ocupado de los losers, de los desheredados, de los humillados, de los ofendidos.
Usted escribió hace 20 años que: "No siempre los perdedores llevan razón, o no la llevan en todo lo que defienden, pero estar con ellos te evita muchos quebraderos de cabeza (...) Si a uno le abandona la razón objetiva, siempre le quedará la razón moral". Era en realidad una advertencia.
    Ahí más que la razón moral debería haber dicho la razón estética. Un perdedor es algo con lo que hay que tener mucho cuidado, porque es muy seductor. Cuando la gente me dice, 'pero ¿cómo se atreve a escribir sobre Francisco Camps?', yo reacciono airadamente pero en el fondo tengo una enorme satisfacción, pues qué dandismo más extravagante escribir sobre una persona que tiene tan poco que ver conmigo. Aunque a lo mejor tiene más que ver de lo que yo pienso. Ocuparse de los perdedores, de los vencidos es lo que los periodistas hacíamos porque ahí estaba buena parte de la razón moral, ahí estaba la razón estética y ahí estaba lo más extraordinario de nuestro oficio. Hay un plus muy interesante en el trabajo sobre el caso Raval, los franquistas que salvaron judíos [En nombre de Franco] o sobre Francisco Camps. Toda esta gente está en un rincón de la cochiquera y tú vas allí y hablas con ellos, te das cuenta de que son gente vencida y de que conservan una dignidad que no tiene nada que ver con su derrota. Francisco Camps lleva razón, los franquistas que salvaron judíos llevan razón, las familias a las que arrebataron sus hijos en el Raval llevan razón y llevan razón en Cataluña todos los que se han opuesto a la desagradable dictadura del nacionalismo.
Da la sensación de que quien menos le comprende son los demás periodistas.
    Es que los periodistas somos una gente extraordinaria. Nos pasamos la vida poniendo de vuelta y media a todo dios, hasta que llega alguien y se ocupa de un pequeño error, sintáctico o moral, y entonces ponemos el grito en el cielo, empezamos a odiarle y decimos que perro no come perro y esas sandeces que forman parte de lo peor de nuestro oficio.
Sin embargo usted se sigue tomando muy en serio los periódicos. Ha hecho casi un género de tomarse en serio los periódicos.
    En las primeras páginas de este libro digo con una cierta ironía que casi soy un personaje patético porque tal vez sea el último hombre que se tomó en serio los periódicos. Cómo no me los voy a tomar en serio si yo todo lo he aprendido de los periódicos. Yo me leo los periódicos hasta el final, además, como Noam Chomsky [La verdad está en el último párrafo"]. Debería haber más gente que se ocupase de los periódicos porque los periódicos son cada vez más importantes. Si usted sale ahora a la calle y pregunta: ¿usted se acuerda de un presidente que se llama Francisco Camps? Sí, claro que me acuerdo, un corrupto de Valencia. ¿Usted sabe que fue juzgado? Y tanto que fue juzgado: fue condenado... esa es la percepción que la gente tiene sobre Camps. ¿Quién ha creado esa percepción completamente devastadora y errónea? Los periódicos. Siguen organizando el guion del mundo. Las televisiones les ponen a los periódicos un poco de hígado, algunos fluidos, bilis, lágrimas... esas cosas, pero el guion es el de los periódicos. También organizan la conversación de Twitter sin que se les pague derechos de autor. Los periódicos siguen siendo fundamentales en la vida de los hombres aunque como negocio estén a punto de desaparecer. Ocuparse de ellos es una obligación intelectual de primer orden.
¿Usted lee Twitter? ¿Le interesa lo que dicen de usted ahí?
    Yo estás cosas me las sé porque tuve un blog que tuvo mucho éxito a partir del año 2004. Duró tres años. Ahí se hacían muchos comentarios y vi el nacimiento de cuestiones como el anonimato o los trolls. Luego salió Twitter y durante una época lo miraba, me di cuenta de que era todo aquello que ya conocía y lo dejé. Eso sí, hice una antología durante algunos meses de la cantidad de insultos que me dedicaban. Pero por cuestiones extraordinarias. Porque a mí que me insulten los nacionalistas me parece casi obligatorio, que me insulten los católicos también me parece obligatorio, que me insulten las mujeres también me parece normal, yo soy un carcamal perfecto. Lo que me sorprendió muchísimo es que me insultaran los partidarios de Fernando Alonso, por ejemplo, porque una vez se me ocurrió decir que siempre perdía, cosa que no era una opinión sino un hecho. Eso me costó una serie de insultos tal que me llevó a hacer unos PDF que por cierto tiene la Guardia Civil y que estoy esperando que hagan algo respecto de algunas amenazas de muerte.
Uno lee Twitter y da la impresión de que usted es un psicópata. Bueno, quizás le consuele saber que también da esa impresión de Javier Marías.
    Las personas que escribimos con nuestra lengua, y Javier lo hace en sus artículos, tenemos unos graves problemas, porque ahora hay que escribir con la lengua del otro. No lo van a conseguir. Yo me moriré o dejaré el oficio antes de escribir con la lengua de los otros. Ni la lengua de las mujeres, ni la lengua de los políticos, ni la lengua de los futbolistas. Yo escribo con mi lengua, que es como deberían escribir todos los periodistas, porque las palabras que hay que utilizar para hacer periodismo no son las palabras de los gremios, ni físicos ni morales, son las palabras de todos y no pueden estar ceñidas, dictaminadas y judicializadas por lo que cada gremio diga. Hoy [martes 20 de marzo] hay una carta en nuestro periódico en la que le reprochan a Raúl del Pozo que utilice el asperger como metáfora. Yo contestaría: mire, yo pongo esto porque me da la gana. Cuando a alguien lo acusan de hacer metáforas están muy cerca de que se te hinchen las pelotas.
Cuando los periódicos se ocupan del caso de los trajes de Camps estamos en los albores de las redes sociales. No tenían la influencia de hoy.
    Hay una cosa en este libro que es muy extravagante. Porque nos pasamos la vida diciendo: claro, el periodismo de ahora está mal pagado, los becarios están subyugados... No digo que no sea cierto que el periodismo se ha proletarizado. Los responsables de estas 400 y pico de páginas [señala su libro] son periodistas muy bien pagados, veteranos, alguno de ellos premiado, y no me consta que haya ningún becario entre ellos. El periodismo de hoy es mucho mejor que el de hace 20 años pero en el periodismo se siguen cometiendo gravísimos errores y al contrario de lo ocurre con los jueces o los médicos o los políticos, esos gravísimos errores no se pagan como es debido.
A la hora de explicar el tratamiento mediático de su caso, Camps, hombre religioso, cree en una teoría del diseño inteligente. Una conspiración, vamos. Usted tiene una teoría más profana donde operan la pereza, el sectarismo y también algún componente personal.
    Los componentes personales son difíciles de analizar. Pero cómo puedo yo soslayar que la peculiar posición de Valencia en el mundo, esa especie de doble desprecio madrileño y catalán, está en el origen de buena parte del trato que Camps recibe en el periódico. Los titulares que escribe El País sobre Camps jamás se habría atrevido a escribirlos sobre Pujol. Es más, no se ha atrevido a escribirlos sobre Pujol. No estoy hablando de una ucronía sino de algo que es comprobable.
Pero el director de El País de entonces, Javier Moreno, es valenciano.
    Claro. Cómo puedo yo sostener, si no es mediante un juicio de intenciones, que Javier Moreno representa una Valencia que es contradictoria con la Valencia que representa Francisco Camps. Por razones sociológicas, estéticas, políticas e ideológicas. Es una hipótesis. Por eso le escribí una carta a Moreno, para preguntarle cómo es que le dedicó 169 portadas durante tres años a un hombre que se había comprado cuatro trajes. ¿Por qué el señor Moreno no contesta a mi carta? Es director de la Escuela de Periodismo de El País. Mi amigo Juan Abreu me dice que lo que debe hacer Francisco Camps es sentarse con un montón de libros en la puerta de la Escuela de El País y darle uno gratis a cada alumno que entre. Tome usted, este es el libro del curso. Un buen tío. Cuando me detallen los errores de este libro los corregiré. ¿Por qué El País no ha pedido perdón en un editorial por haber defendido durante tres años algo que era falso?
En el caso de Camps, y también lo he visto en el caso de Jordi Cañas, ni siquiera la dimisión redime.
    ¿Sabe usted lo que escribe El País el día de la absolución? Que el jurado ha tomado una decisión política, es decir, que han votado no en razón de la verdad sino en razón de la ideología. Esto dice El País en un editorial. Y luego le reprocha que tiene faltas de ortografía. A Llarena no se lo reprocha, claro. Ni a Garzón.
Usted asegura que Camps no es más que un concepto pero en su escritura percibo cierto cariño hacia él. Algo que va más allá del respeto y por supuesto de la frialdad del concepto.
    Sí, me cae bien, Camps. Pero es irrelevante. No debería notarse en el libro. Si se nota en un exceso que oscurezca el análisis, habrá sido un error. Pero es el momento de decirlo: Camps me cae bien. Porque me parece un político inteligente, honrado y trabajador. Y un hombre tocado a veces de un humor negro que me lo hace bastante agradable. Como cuando dice que cuando tiene que rellenar un formulario tiene siempre la tentación de poner en el campo de la profesión: imputado. Ah, y porque considero que es un completo inocente. Hay que decir una cosa. Yo he conocido al loser. Al Camps perdedor, a un hombre vencido. Al hombre de los éxitos, del entusiasmo, no lo he conocido.
El método de análisis que usted utiliza para este caso también se puede aplicar a otros casos serializados por la prensa, ¿verdad?
    Hombre, ¿usted se imagina aplicar esto que he hecho con Camps a las informaciones de El Mundo sobre el 11-M? ¿Sobre los agujeros negros? Sería un ejercicio maravilloso. ¿Y se imagina hacerlo con lo que publicó El País sobre el Prestige? [Arcadi Espada asume que el estilo es una cuestión moral. Cuando está llegando al final del libro, el lector de Un buen tío experimenta una sensación parecida a la que experimenta el lector de Moby Dick, aquel tedio infinito y degradante con el que Herman Melville pretendía acercar el ambiente que se vivía a bordo del Pequod. El lector de Un buen tío llega a exclamar: "¡Otra maldita portada!", mientras que la voz del narrador se va desesperando cada vez más.]
En su método narrativo hay una segunda voz que relata los hechos sin citar la fuente de la que proceden. Sin trazabilidad, como si le pidiera a los lectores una cuestión de fe.
    ¡Fíjese usted lo que me está diciendo! ¡Es maravilloso! ¡Una cuestión de fe! Éste es un punto clave. Los periódicos eran antes aduanas y hoy son orinales. Ahora está todo junto. Da igual que sea la UDEF, que sea Pujol, que sea Espada con sus locuras... ¿Sabe usted que hay periodistas que cuando los llama un juez se escudan en que lo que han escrito se lo ha dicho la UDEF? ¿Y? ¿Por qué la UDEF no escribe un artículo y lo firma? No, mire, el que firma una información se responsabiliza de esa información desde la primera comilla hasta la última. Yo quiero que esa responsabilidad vuelva a estar en el centro de la participación del periodismo en la construcción de lo real. A mí me pasa como a Jordi Pujol cuando decía aquello de ¿quién coño es la UDEF? Porque en eso Pujol tenía mucha razón. ¿Sabe cuál es el problema de los periodistas que no son sectarios? Que Jordi Pujol tiene razón a veces y que nosotros, los periodistas, hemos publicado informaciones absolutamente vejatorias y falsas sobre él, que no es, como comprenderá, de las personas más simpáticas del mundo para mí. Cuando yo sé algo, lo escribo y me responsabilizo de ello.
¿La confesión de Ricardo Costa no le ha hecho cambiar su percepción de Francisco Camps?
    Este libro se ocupa de los trajes de Camps. De nada más. Pero yo me ocupo de lo que me da la gana y por supuesto me puedo ocupar de Ricardo Costa y de su confesión. Vamos, su supuesta confesión. Porque al final esa confesión consistía en la obediencia debida. Patético. No cambiaré mi percepción sobre la honradez de Francisco Camps, en todo lo que yo conozco de Francisco Camps, incluida la financiación supuestamente ilegal del PP. Porque he llegado a formarme una idea sobre ese asunto. La obligación del señor Ricardo Costa, al igual que la del señor Álvaro Pérez era haber presentado pruebas sobre lo que estaba diciendo. No lo hicieron y yo soy muy sensible a las pruebas.
Usted dice que la mentira es seductora mientras que la verdad es menos combativa.
    Yo le recriminaba una vez a Camps una estrategia mediática [su abogado le aconsejó no contestar a los medios] en la que yo creo que se equivocó y él me decía: "Admito que puedo haberme equivocado pero usted no sabe la vergüenza que yo pasaba, al plantearme la posibilidad, al principio de los tiempos, de que un presidente de la Generalidad tuviera que ir a hablar en una rueda de prensa de cuatro trajes. Me daba una vergüenza infinita". Yo lo comprendí la noche en que me lo explicó. El pudor.
¿No cree que el proceso mediático de Camps es indisociable del estallido de la crisis?
    ¿Usted recuerda aquella portada en la que El País abre con una información que dice que Costa llama a Camps o al revés [cuatro columnas]? Ese mismo día, al lado, en pequeño [una columna], informa de una reunión decisiva para el futuro del euro. A mí el caso Camps me ha interesado por muchas razones y una de ellas es que para mí el nacimiento del populismo judicial y mediático está ahí. Se pueden buscar precedentes, claro. Garzón es la cuna del populismo judicial. Pero la pena del telediario en su acepción más brutal y más ruda es este caso. Y esto no se hubiera producido en las mismas circunstancias [sin la crisis]. Aquí ha habido un ajuste de cuentas. Las sociedades derrochadoras, dilapidadoras, teníamos que ajustar las cuentas en el sentido del balance, de que teníamos que pagar lo que debíamos, pero también debíamos ajustar las cuentas a los presuntos malvados como Camps. Este libro se podría haber titulado, en lugar de Un buen tío, El ajuste de cuentas.
Todo lo que tuvo la comunidad valenciana lo tuvo Cataluña. Quiebra y corrupción. Es más, en Cataluña sí que hay una sentencia por la financiación ilegal del partido en el gobierno. Pero la clase dirigente catalana no sólo no fue el chivo expiatorio de la crisis sino que se regaló una república a sí misma.
    Una de las características del nacionalismo en Cataluña es que no ha pagado nunca por nada. Es el culpable desde hace 40 años de haber llevado a una sociedad bastante interesante a la decadencia y todavía es la hora de que pague un ápice. Es más, ahora estamos observando una maravillosa exhibición de la típica sinvergonzonería catalana. La exhibe una persona como Mas Colell. El típico sinvergüenza catalán. Una de esas personas de las que se ha exagerado mucho su competencia científica. Admitamos que es un buen economista, que su manual de microeconomía está bien y que es un punto de referencia para muchos estudiantes. Es un sinvergüenza. En vez de ponerse de hinojos, de pedir humildemente perdón, arrodillado, con las rodillas llagadas y hechas sangre putrefacta; todavía es la hora de que se quite esa mirada soberbia de la cara y dé explicaciones de por qué puso su prestigio al servicio de una causa infame. Y él es el paradigma, pero hay cientos de personas así en Cataluña. De Mas Colell a Rosa María Sardá, por recorrer todo el espectro.
Usted se fue a visitar al sastre José Tomás, clave para imputar a Camps, en un viaje penoso a Villaviciosa. La cosa terminó de una manera algo desagradable. ¿Mereció la pena?
    Mereció la pena. El caso Camps se sostiene en un hombre: el sastre José Tomás. Ese hombre había mentido cuatro veces antes y a pesar de ello se atiende a su testimonio. Él había dicho primero ante Garzón que Camps se pagaba los trajes y luego dijo que no. En el juicio oral vuelve a decir que no se pagó sus trajes y eso es lo que permite llegar al juicio. Años después, voy a visitarle y, en el colmo de su labor de insider, me dice que Álvaro Pérez se acostaba con él [Francisco Camps] y con ella [Isabel Bas, la mujer de Camps]. Con él y con ella. Él y ella. Cualquiera que llegue al final del libro y lea esta escena puede ver cómo se desmorona todo.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2018/03/24/5ab506d622601dfe2c8b4666.html
Fotografía: Antonio Heredia.

CORRUPCIÓN DEL LENGUAJE

La dictadura aspira a la infinita repetición del sainete de República Dominicana

“Maliciosa propuesta, la Fracción Parlamentaria 16 de Julio rechaza todo diálogo incondicional con una dictadura que aspira a repetir  infinitamente el sainete de República Dominicana”, señaló el  diputado Luis Barragán.

“Todo lo que toca el régimen que, al fin y al cabo,  lo es cuando nos desea partícipes de su anticultura, lo corrompe, incluyendo el lenguaje. Ya ha cumplido con su perverso objetivo de envilecer el término ‘diálogo’, adulterando su significado, descomponiéndolo de acuerdo a sus tácticas de terrorismo psicológico, pretendiendo confundir a la oposición convincentemente democrática y claramente firme en sus luchas cívicas”.

Comentó el parlamentario que el diálogo tuvo y tiene otro alcance real, en el contexto universal de los procesos de paz orientados al saneamiento político respecto a los pueblos que padecen las más duras dictaduras, sufren o están al borde de las guerras civiles.

“Sobran  los ejemplos históricos de procesos muy sobrios y eficaces para la solución de los conflictos más cruentos que exigen un mínimo de  requisitos que le conceaen una necesaria credibilidad, como la plena representatividad de las partes que mutuamente acuerdan una mediación internacional resueltamente imparcial, las cuales asumen cabalmente sus responsabilidades al rendir inmediata cuenta de sus diligencias. Lo que ha ocurrido en República Dominicana, ha sido un sainete que ha agudizado la emergencia humanitaria, la censura y la represión en Venezuela, y – ahora – pretenden replicarlo hasta el infinito subastando y perdiendo las oportunidades para afrontar la irremediable dictadura que padecemos, flotando cuales corchos en las aguas más turbias”.

Recordó el diputado Barragán que  la Fracción 16 de Julio tuvo sobradas razones al oponerse al diálogo de República Dominicana, ahora superiores al plantearse otro en cualquier isla del Caribe.

“So pretexto de sendas giras internacionales, voceros que hablan en nombre de sí mismos y no de la oposición, antes y ahora se esmeran en plantear falsos diálogos que seguramente ya están de antemano acordados con la dictadura. Propuestas que, más más allá de un globo de ensayo, unilateralmente son lanzadas, arrastrando a su suerte a la oposición desavisada, a la larga se convierten en un modo de vida para los voceros que tanto desean cotizarse en la opinión pública, sin el menor reparo sobre las gravísimas consecuencias para una ciudadanía que exige – ante todo – respeto”.

Aludió al retroceso que evidencian los promotores del llamado diálogo, porque no cuentan ni les interesa contar con las convicciones y habilidades políticas necesarias para consultar siquiera a los integrantes de una oposición que va más allá de los partidos que lideran o dicen liderar.

Finalmente acotó el parlamentario de Vente Venezuela: “Creyentes o no, nos encontramos en una semana de profunda reafirmación de la esperanza compartida: superaremos el calvario del falso diálogo de mantenernos firmes en la fe hacia un país libre y democrático que nos espera, por el que luchamos día a día aún desde el testimonio del más modesto ciudadano”.

Fotografía: El archivo la data de 2012.
28 y 29/03/18:
https://www.lapatilla.com/site/2018/03/28/luis-barragan-la-dictadura-aspira-a-la-infinita-repeticion-del-sainete-de-republica-dominicana/
http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacionales/32253-barragan#.WrzD117yyTw.twitter
http://www.diariocontraste.com/2018/03/diputado-barragan-la-dictadura-aspira-a-la-infinita-repeticion-del-sainete-de-republica-dominicana/
https://noticiasvenezuela.org/2018/03/28/luis-barragan-la-dictadura-aspira-a-la-infinita-repeticion-del-sainete-de-republica-dominicana/
https://www.scoopnest.com/es/user/la_patilla/979255338850537472-luis-barragan-la-dictadura-aspira-a-la-infinita-repeticion-del-sainete-de-republica-dominicana-
https://newstral.com/es/article/es/1090931978/luis-barrag%C3%A1n-la-dictadura-aspira-a-la-infinita-repetici%C3%B3n-del-sainete-de-rep%C3%BAblica-dominicana

martes, 27 de marzo de 2018

IMPRESIONES ANARCO-COTIDIANAS

"La mujer del anarquista" de Marie Noelle y Peter Sehr (2008): Fruto de la difícil cacería cinematográfica en las redes, es susceptible de un inventario, pues, la primera parte, aunque tributa a la mirada convencional del Madrid asediado por Franco, todo un universo, cuenta con muy pocas escenas interesantes. La madre que canta en la sala de cine, abrazando a su pequeña hija, para atenuar el efecto de la tenebrosa sirena de emergencia que frustra las risas provocadas por la comedia; la niña muerta en los brazos de su madre, poco antes jugando a la rayuela, tras el bombazo que desorganizó la cola; el edificio destruido, con el pestañazo mortal.  Todo un universo que, a pesar de la tragedia, lucha por instantes de normalidad, con personajes oportunistas, sujetos al pistoletazo infame del fascismo, como al del agente vengador en las filas republicanas o revolucionarias. Ya la segunda parte, desmaya. Hay estupendos recursos desaprovechados, resuelto el drama, varias veces, de un modo expedito. El  libreto dio para afinar un poco más las secuencias que hablan de una convicción: la pretendida transitoriedad de Franco, candidato a un atentado urdido más allá de las fronteras, disponibles un avión y una piloto. La mujer del anarquista comprometido, abogado de estable éxito, si puede deducirse de sus condiciones de vida, no quiso huir a Francia y dejarlo a solas, pero - luego - lo encuentra y, una manera de protegerla, es ocultarle la actividad terrorista que desarrolla, porque ella, que bien lo conoce, lo aspira retirado y normalizado. Por cierto,  hay situaciones que quedaron muy redondas, como la del secretario del abogado que, después de prometer velar por su familia, se apropia de la casa y hace promesas de un franquismo que le dio  ascenso social, si es que la colocación burocrática del vástago así lo garantizó. Pobreza actoral por delante, aunque acreedora de varios premios, desde entonces, no econtramos diferencia etre la María Valverde de "Las flaquezas del bolchevique" (Manuel Martín Cuenca, 2003), y la de ahora. Quizá una exageración de nuestra parte  (https://www.youtube.com/watch?v=ODoXlf348Ho).

"Derecho de familia" de Daniel Burman (2006): Interesante, aunque siempre esperábamos algúna situación o suceso que marcara el drama o la chispeante comedia. No ocurrió, pues, la muerte de Perelman (padre) fue casi un trámite, encontrándose fuera de casa la esposa de Perelman (hijo), como así lo quiso el director al simplificar el asunto. Se dirá que faltaba guión, pero no lo creemos, pues, se nos antoja, se trata de estas películas de la absoluta cotidianidad en la vida de las personas de la clase media a las que, por cierto, por muy vapuleada que haya sido la  Argentina que supo de las dictaduras y de la hiperinflación, prefiere moverse en el transporte público que es seguro, limpio y confortable. Es, luego, un filme de la normalidad que, por una parte, a nadie podrá sorprender por aquellos lares, pero, al pasar el tiempo, incluyendo la comparación con otros países, como el nuestro, tarde o temprano lo hará al aproximarse a un registro sociológico importante. Y, por otra, quizá una característica del género que, a falta de mayor conocimiento, llamamos de la normalidad o del transcurrir cotidiano, deja al espectador con el asomo de algunos problemas o conflictos que no hace falta desarrollar en la película, al diferirse o resolverse: cada quien los  imaginará, sin perder de vita la vivencia de lo rutinario. Es de suponer que, en su momento, trajo tempestades que el hijo fuese un funcionario público y dedicado profesor de recursos didácticos "deshonestos", frente al programado y eficaz padre de los tribunales de cada día que emplea a un testigo falso para distintas y contrastantes situaciones; los celos que suscitará la profesora de pilates o la secretaria que pudo formalizar con el padre; algún negocio del padre que saliese mal; la constitución de un matrimonio entre judío y cristiana; alguna faceta escolar, etc. Interesante, aunque ¿por qué esperar alguna situación o suceso que se tragase la película? Se le agradece al director la correcta administración de las escena, balanceando la obra: pudo dedicarle un tiempo al campamento de pilates, extrafronteras, pero marco la rutina con los referentes: oficina, aula, tribunales, casa, colegio ... Por cierto, excelente el trabajo del niño, por lo demás, hablador. Magnífico título de la película  (https://www.youtube.com/results?search_query=Derecho+de+familia). 

"Güelcom" de Yago Blanco (2011): Un a comedia que pisa los terrenos de la cursilería, pero - en fin - cuenta con situaciones interesantes de una ironía que, desde el título mismo, pega o comenzará a pegar más duro a los venezolanos. Quizá una de ellas, asestando más duro el golpe, es el de los recolectores de basura en España que ganan más que el oficinista en Argentina, por no citar - claro está - a la protagonista tan experta en la cocina que, en lugar de tener o dirigir un restaurante, es mesera. Tonterías aparte, como las vicisitudes del trauma amoroso del psicólogo acosado, relevado por su superior jerárquico en la faena, hay alrededor de nueve principios o conclusiones sobre el argentino que se marcha del país en la búsqueda de otros derroteros. Por supuesto, ya es tiempo de abodar literaria y cinematográficamente, el caso venezolano (https://www.youtube.com/watch?v=XHgPLg0OJhs)

"Nueve reinas" de  Fabián Bielinsky (2000): Estafador que estafa a estafador tiene mil años de perdón. Buena actuación. Me pareció divertida y, además, en lugar de un guión, hubiese sido estupenda la trama para una novela (escrita). Bien articulado el filme, la lección "moral"  es al hermano inescrupuloso que  la entregó y, después, resultó estafado. El final deshizo todo infelizmente, pues, aunque resultase "grata" la solución, era innecesario concebir todo como un gran y perfecto teatro, además, para facturar a Marcos (https://www.youtube.com/watch?v=wc8mvJvpfUw).

Por cierto, vimos "Un día en el paraíso" de Juan Bautista Stagnaro (2003). Si "ver" es adelantar, desde la mitad, la pelícua, a trancos. Compendio de cursilería infecto-contagiosa (https://www.youtube.com/watch?v=y7l0PV6myA4). "Un amor en tiempos de selfies" de  Emilio Tamer  y. Federico Finkielstain (2014), tiene un momento insigne: la invasiva y su ataque de malcriadez (María Soledad Zamarbide). Pudo ser mejor, pero "somos todos bolcheviques" en una comedia romántica para las redes (https://www.youtube.com)./watch?v=HHxl_RQVISE