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lunes, 20 de abril de 2020

CONTADICTIO IN TERMINIS

Un uniforme oculta un célebre oxímoron
Rodolfo Izaguirre

La ropa, el vestido, el traje que llevamos puesto, los collares, aros, zarcillos y pulseras son prendas manifiestamente visibles y exteriores y, no obstante, son símbolos de una presencia espiritual. Ofrecen la visión de un ser interior. Puede entonces atinar aquel que dice: ¡Dime cómo vistes y te diré quién eres! El alma se descubre en la manera de vestir y de lucir la ropa que se lleva. El color y calidad de las telas, los pliegues y la caída de la falda corta o larga; la línea del pantalón; la combinación de durezas, suavidades, sedas y algodones y la capacidad para reconciliar el gusto con el placer que tuvo el diseñador al esbozar las líneas del traje complacen a la vida.

Pero ese símbolo se desvanece o simplemente desaparece o se degrada cuando el uniforme desconecta la personalidad de quien lo lleva. Contrariamente, los adornos o alamares, los hilos de oro y un pecho profusamente condecorado revelan en el uniforme de gala  altivez y soberbia.

El uniforme disciplina, iguala, establece conformidad, semejanza; hace que perdamos talante y personalidad. Mao Tse-tung obligó a millones de chinos a vestir el mismo traje que lleva su nombre. Niveló, borró, eliminó al ser individual para inventar un ser colectivo sumiso y obediente. Pero en el diseño, el astuto Mao se cuidó de establecer diferentes tonalidades de color de acuerdo con las jerarquías políticas. El traje readquirió un poder simbólico absolutamente negativo.

Los militares son la evidencia máxima del oxímoron cada vez que se escucha la expresión «inteligencia militar». Una contradicción de términos que los documentaristas cinematográficos Hainowsky y Scheuman, de la extinta República Democrática Alemana, fijaron para siempre en los documentales que realizaron en Chile durante el golpe militar y la caída de Salvador Allende. Uno de estos cortos se refería al hecho de que, sobre los billetes de banco, los chilenos escribían frases ofensivas contra Pinochet y los miembros de la Junta Militar. Los cineastas entrevistaron al general que ocupaba un alto cargo en el Banco de Chile. Trajeado con un impoluto uniforme y con severidad prusiana el hombre, molesto, mostraba a las cámaras uno de los billetes en el que se podía leer: «¡Pinochet, asesino!» y otras verdades. «¿Cuántos cómo este se han recogido?», preguntaron los cineastas con fingida inocencia. «¡Muchos!», respondió el general. «¡Vea!». Y mostró a las cámaras montones de billetes ofreciendo así una valiosa información sobre el número y carácter de los opositores al régimen autoritario y criminal.

La secuencia más impactante de aquellos documentales es la que da inicio a la entrevista con el general Augusto Pinochet. Este, vestido de gran gala con sus inevitables y siniestros anteojos oscuros, cae fácilmente en la trampa de la cámara “sin película”, tendida por los cineastas alemanes: “¡No, general, no estamos filmando todavía!”, un tiempo que aprovechó el edecán para quitar de los hombros del caudillo invisibles motas de polvo y para que el propio Pinochet, preocupado ostensiblemente por la línea del pantalón del uniforme, pulcro y blanquísimo con lujosos arreos militares lo revisara con extremada y concentrada atención, pero la obsesión del general por alisar una y otra vez la línea del pantalón ponía al descubierto un ceremonial neurótico de evidente color fascista que navegaba dentro de él. Era, nuevamente, el traje como símbolo, esta vez, de una presencia detestable que vive dentro del ser.

Cuando finalmente Hainowsky y Scheuman dieron luz verde, el general se irguió en su asiento y para asombro del mundo entero comenzó su discurso diciendo: “¡No puede decirse que lo hayamos hecho todo! ¡El comunismo es como un fantasma!”, lo que aprovecharon los cineastas para hacer corte directo, mostrar las primeras líneas del Manifiesto Comunista e insertar un doloroso documental sobre la explotación del salitre chileno como introducción a la visita que hicieron al campo de concentración de Pisagua.

Allí fueron los alemanes. Nunca dijeron que se trataba de la RDA, pero bastó con el simple hecho de que fueran alemanes para obtener la orden de vuelo, sellada y firmada por el propio Pinochet, pero no la autorización para entrar a Pisagua. Plastificaron sus credenciales adosando la orden firmada por el general y las mostraron al alcalde del campo de concentración. Al ver tan solo el sello y la firma del general en jefe, el alcalde los dejó pasar. Las entrevistas con los prisioneros son una demostración suprema de sagacidad e inteligencia.

Temiendo un nuevo engaño de los militares y sin saber cuáles eran las intenciones que se movían detrás de las cámaras, ni la nacionalidad o identidad de los cineastas, los prisioneros designaron a los más comprometidos, a los que se sabían condenados a muerte, para que declararan. Bajo la constante vigilancia de los carceleros, surgían las preguntas y llegaban las respuestas: ¿Cuál es su profesión? “Soy médico y estaba en el Palacio de La Moneda”. ¿Usted ejerce acá? “Sí”. ¿Qué población atiende?” y el médico daba una cifra: el número de reclusos. Y así, a medida que se desarrollaba la entrevista se iban produciendo las informaciones precisas que los cineastas buscaban y los guardias no detectaban. “¿Cuál es la enfermedad más recurrente?”, preguntaban los alemanes mientras la cámara encuadraba a uno de los presos sentado en el suelo, con las piernas abrazadas y la mirada ausente: “¡La melancolía!”.

Cuando se proyectaron estos y otros documentales en la Cinemateca venezolana, la Embajada de la RDA ofreció un cocktail a Heinowski porque Scheuman no vino a Caracas y todos los que estábamos allí vimos cómo un ángel agitó sus alas y revoloteó sobre los asistentes cuando uno de los invitados se acercó al cineasta alemán diciendo: “¡Usted me entrevistó en Pisagua! ¡Yo era el médico de La Moneda!”.

¡Fue un momento de gloria!

19/04/2020:
https://www.elnacional.com/opinion/un-uniforme-oculta-un-celebre-oximoron/

viernes, 20 de diciembre de 2019

LA CURUL VESTIMENTADA

 Alexandria Ocasio-Cortez. CORDON PRESS.
El fenómeno de Ocasio-Cortez y otras políticas jóvenes que alquilan la ropa para ir al Congreso
Alexandria Ocasio-Cortez ha reconocido utilizar el servicio de suscripción Rent the Runway, una plataforma a la que cada vez más congresistas son fieles. Analizamos qué hay detrás de 'boom' por el alquiler de moda en el universo político estadounidense.
Clara Ferrero
19/01/2019

Hacía un año que Alexandria Ocasio-Cortez había dejado su trabajo como camarera cuando su nombre irrumpió con fuerza en la política estadounidense y empezó a copar titulares. En tiempo récord, la neoyorquina de origen puertorriqueño ganó las elecciones primarias del Partido Demócrata por el escaño del distrito 14 de Nueva York (noviembre de 2018) y se convirtió en la mujer más joven elegida en el Congreso. Así, de la noche a la mañana, tuvo que cambiar el uniforme del restaurante mexicano en el que trabajaba en Union Square por los conjuntos de chaqueta y pantalón que suele llevar ahora. El escrutinio al que están sometidas las mujeres políticas –al que por supuesto sus homólogos masculinos logran escapar– pronto se tradujo en dispares críticas hacia su forma de vestir. Primero que si repetía mucha ropa, después que si se gastaba en una prenda más de lo que cuesta el alquiler mensual de un apartamento en Washington. Recibió reproches, incluso, por posar para Interview con un traje de 3000 euros. Ella salió al paso de la polémica respondiendo con un tuit en el que, tras hacer algunas aclaraciones sobre cómo funciona el estilismo en las revistas, concluía: «Acostúmbrate a que borde mis estilismos porque soy buenísima en las tiendas de segunda mano».

Siga invirtiendo en vintage o no, la solución al ‘¿qué me pongo?‘ mañanero la ha encontrado en alquilar su ropa en vez de comprarla. La joven de 28 años, natural del Bronx, admitió en una entrevista con la edición estadounidense de Vogue que, desde que una amiga le regalara una suscripción a Rent the Runway, la plataforma se había convertido en su principal suministro de moda. La empresa de alquiler de ropa es pionera en este modelo y lleva funcionando diez años. Su negocio está ahora valorado en mil millones de dólares y ha servido de inspiración a otras muchas compañías que, a cambio de un pago mensual fijo, ofrecen acceso a prendas de distintas marcas. En el caso de Rent the Runway, la opción más popular es la que ofrece cuatro prendas al mes por 89 dólares, aunque cada vez gana más adeptas la cuota de 159 dólares, que permite acceso ilimitado a su catálogo y que probablemente sea a la Ocasio-Cortez está abonada. Stella McCartney, Victoria Beckham o Reformation son algunas de las firmas que se pueden lucir suscripción mediante. Una vez utilizadas, basta con devolverlas (online o en una de sus tiendas físicas) y la propia empresa se encarga de limpiarlas antes de que pasen a manos de la siguiente usuaria.

El modelo, que no deja de ganar popularidad y promete alcanzar altísimas cotas la próxima década (las suscripciones a Rent the Runway aumentan un 40% anualmente, según Second Measure) no solo ha conquistado a la joven congresista latina. Según muestra en su cuenta de Twitter Natalie Andrews, periodista política de The Wall Street Journal, el departamento de mensajería de las oficinas del Congreso y del Senado está atestado de las características bolsas negras en las que Rent the Runway envía sus prendas. Tal y como ha recogido The Washington Post, el alquiler de ropa es la nueva fórmula favorita de las jóvenes congresistas para renovar armario sin un coste excesivamente elevado (aunque no apto para todos los bolsillos) y evitando el consumo desmesurado de ropa con el consiguiente impacto medioambiental. No es que transportar ropa de un domicilio a otro, con su correspondiente paso por la lavandería, no contamine, pero sí lucha contra la acumulación de prendas que jamás volverán a salir del armario y permite mayor variedad estilística.

Tal y como María López Villodres recogía en un artículo titulado Alquilar la ropa que llevas a diario: ¿una alternativa sostenible frente al ‘low cost’?, el público objetivo de estas plataformas son las mujeres de entre 30 y 40 años y, según la fundadora de Ouh Lo Lá, una de las alternativas nacionales, la ropa para ir a la oficina es la más solicitada. Ambas descripciones encajan a la perfección con las congresistas estadounidenses que se han sumado a la fiebre por arrendar ropa. Algunas de estas usuarias prefieren mantenerse en el anonimato, pero otras como Stephanie Murphy, presidenta del House’s Future Forum, un grupo que incluye a casi 50 de los miembros más jóvenes del Congreso, se han declarado públicamente fans del servicio. «Utilizo Rent the Runway porque proporciona diversidad a mi armario, sobre todo, en una ciudad que resulta un poco aburrida en lo que respecta a la moda», apuntó según recoge The Washington Post. Otra, de forma anónima, ha explicado a la misma publicación que «las mujeres políticas son fotografiadas y escrutadas en lo referente a su apariencia, y esta es una de las herramientas que les permite sentirse más empoderadas en el trabajo».

GETTY.
Tras las elecciones de noviembre de 2018, 82 mujeres entraron en el Congreso, uno de los más diversos de la historia, y con ellas ha llegado una «independencia del traje pantalón, las perlas y otros clichés del uniforme político», como defendió Vanessa Friedman en The New York Times. Estas nuevas figuras, de distintos orígenes y estratos sociales, rechazan los atuendos más conservadores y buscan encontrar su sitio, también a través de la imagen. Pertenecientes a clases sociales, en muchos casos, alejadas del establishment político dominante hasta ahora, el alquiler de ropa se presenta como una alternativa útil e inteligente para no dejarse el sueldo en sus looks de trabajo. Algunas de ellas han citado el «presupuesto» como una de las razones por las que prefieren alquilar ropa a comprarla, aunque el precio de la suscripción tampoco sea apto para salarios modestos.

La suscripción, en ámbitos tan dispares como la moda, los coches o la las plataformas audiovisuales, parece que será un modelo dominante en la próxima década. El sentido de posesión pasa a un segundo plano y priman valores como el ahorro de espacio y tiempo, aunque el bolsillo siga haciéndose cargo de un gasto fijo cada mes. El de las congresistas estadounidenses ronda los 150 euros en ropa y promete contribuir a una imagen menos encorsetada, más fresca, actual y adecuada a las nuevas mujeres que ponen en jaque el, hasta ahora, perfil preponderante de los miembros del Congreso estadounidense (80% hombres, 78% blancos y de 58 años). ¿Se atreverán las nuevas políticas españolas a seguir su ejemplo?

Fuente:
https://smoda.elpais.com/moda/actualidad/alexandria-ocasio-cortez-alquilar-ropa-jovenes-congresistas/

Indumentaria parlamentaria
Juan José Feijóo
22/01/2016

La sesión constitutiva de la XI Legislatura de las Cortes Generales pasará a la historia más que por la solemnidad de la misma, que debe ser lo habitual y tradicional, por su peculiaridad anecdótica y que ha sido reflejada hasta la saciedad en los medios de comunicación.

La irrupción en el sistema del poder por parte de representantes de formaciones comúnmente conocidas como “antisistema” (aunque parece una contradicción) o populistas ha permitido presenciar en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo o la Plaza de las Cortes unas escenas hasta ahora poco frecuentes en dicho espacio parlamentario.

El decoro parlamentario se entiende principalmente por la observancia de unas normas básicas de comportamiento y de respeto y trato. Lo de la vestimenta, sin estar obligado, se sobreentiende que cada cual vestirá en consonancia con el lugar y el grado de ceremonia. No obstante, es oportuno traer a colación las normas establecidas sobre vestimenta "decorosa" para acceder al Congreso que acordó la Mesa de la Cámara Baja el 21 de junio de 2011, impulsadas el entonces presidente del Congreso, José Bono. En ellas se indica que "el acceso y la circulación por los edificios del Congreso de los Diputados deberá efectuarse con la vestimenta adecuada al decoro exigible". Las mismas se sustentan en "unos criterios, mínimos pero claros, que permitan compatibilizar la propia imagen que cada ciudadano quiera tener con el respeto a la dignidad y decoro de la Cámara".

La etiqueta de la Cámara exige en los actos solemnes traje oscuro los caballeros y vestido corto las damas. La cuestión es quién determina la solemnidad: la institución o queda a criterio de cada parlamentario. Una sesión constitutiva obviamente siempre es solemne.

Por cierto, en las aludidas normas se especifica que los ujieres serán los encargados de velar por su cumplimiento e "impedirán la entrada a quienes no se adecúen a las mismas". Lo tienen claro… y difícil de ejecutar.

Fuente:
https://www.laregion.es/opinion/juan-jose-feijoo/indumentaria-parlamentaria/20160122074736594724.html

Vestimenta parlamentaria en Venezuela
Alvaro Rafael

En la década pasada a un fallecido diputado del MVR le fue impedido el acceso al Parlamento italiano porque no llevaba corbata. Hay una fábula china que habla de no juzgar a las personas por sus vestimentas, pero llegar al Parlamento vestido con tanto desorden, como en la foto se ve a los diputados del PPT, me resulta una muestra de improvisación, dejadez e indiferencia para quienes tienen la tarea de crear las leyes que van a regular el comportamiento de la sociedad (aunque bueno, estamos en Venezuela y las normas acá no las hace el Legislativo sino el Ejecutivo y, de paso, esas leyes son peores que las vestimentas de quienes pueblan la Asamblea Nacional).

En los Parlamentos de los países estables no hay una sola alteración en la manera de vestir y, cuando las hay, son titulares de prensa. En otros países, en especial los de tradición anglosajona, a determinados actos se acude con toga. Si bien los uniformes pudieran parecer una muestra de sumisión a la autoridad y anulación de la individualidad, en el caso parlamentario (así como en el judicial) la uniformidad destaca la igualdad ante la Ley que debe regir en los países que pretenden ser serios. No se puede pretender asumir que el descuido sea progresista o revolucionario, ni podemos esperar que la Ley sea firme, solemne y rigurosa cuando quienes la crean dan la impresión contraria. Cada vez que miro a nuestros diputados, siento vergüenza de la falta de solemnidad que demuestran. No es para menos que tengamos el país sumido en tal desorden cuando quienes tienen el poder de gobernar dan tan mal ejemplo.

Fuente:
https://www.planetaenfuego.net/reglamento-vestimenta-asamblea-nacional-venezuela/

La congresista ha generado interés: https://www.noticierodigital.com/2019/12/ocasio-cortez-trump-se-siente-amenazado-por-mujeres-de-color-latinas-o-musulmanas/

domingo, 22 de marzo de 2015

ALGO BANAL

Fashion dirigencial
Ox Armand


Disculpen la banalidad pero me parece ilustrativa. Con mucha frecuencia vemos a los grandes y medianos dirigentes de la oposición con una indumentaria curiosa. Costosas camisas o guayaberas, prohibitivas para los más modestos, con el símbolo de sus partidos cuidadosamente bordado a un lado del pecho y, vanidosamente, al otro, con su nombre y un torpe complemento: “diputado”, “concejal”, “alcalde”.  Se deja constancia del rango dirigencial y como pieza propagandístca ambulante, de la organización de la cual son prominentes voceros. De un exquisito corte y tela, en algunos casos, no hay sarao, rueda de prensa y quizás una pijamada, donde la ostentación marque también una diferencia adquisitiva al lado del humilde militante o del simple espectador. Trato de comprender el asunto. A lo mejor es la moda impuesta por los gladiadores más distinguidos del  régimen, los que exhiben su cara vestimenta roja-rojita como empleado de un ministerio o ministro, activista de calle o diputado, digna de imitación.  No se compadece la sifrenería con un gobierno que dice lidiar con los pobres y tampoco con una oposición que (pareciera lógico) está fuera del gobernó y (Ludwig Wittgenstein por delante) se supone que está pelando bolas. pelando bolas. pelando bolas.

En un país de vacas flacas, muy flacas, el gobierno se da lujos en materia de propaganda y publicidad, copando los muros. La oposición no apela a los recursos más humildes y artesanales. Es distinto hacerse conocer en el medio urbano, por lo que cualquier aspirante a una diputado que sea respetable debe invertir en las nadas baratas vallas y demás gigantografías que, innecesarias, porque se impone el radio-bemba, se ven en pueblos y caseríos más apartados como si emparaguaran las carreteras. Un toque de urbanidad en el medio rural, se dirá. Por supuesto que están las franelas estampadas, baratonas y masivas, pero es el oficialismo el que las tiene apartadas, encargándolas  de antemano. Podría uno de estos augustos dirigentes del gobierno y de la oposición, exponerlas al exponerse. Vale decir, promover su propio nombre con un medio modesto. Pero no, lo importante es el status dirigencial, la delicada bordadura de su suprema vanidad, que se convierte en prestancia publicitaria.

Fashionados los dirigentes, la estética de los partidos está por el suelo con la excepción de los sets de prensa. Uno visita sus sedes y parecieran surgidos de los recordados años sesenta del siglo pasado con su afán de propagandizar los interiores. Líder popular, pero eso sí (a falta de Clement que antes los distinguía con una distraída formalidad), con clase aún en la ropa de ocasión. Camisas, chaquetas, guayabera y ¿medias? Elegantes a toda prueba, pues.