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jueves, 3 de septiembre de 2020

METEORITO BIOLÓGICO


De una redefinición demográfica

Luis Barragán

 

Pensionados y jubilados concurrieron a la llamada Plaza de la Moneda, a un costado de la sede del Banco Central de Venezuela (BCV), para dejar constancia de sus inconformidades. Objeto de una ilimitada campaña de manipulación propagandística en el pasado, como si hubiese sido una graciosa concesión del chavismo, en lugar del justo reconocimiento de un Estado al que incansablemente han cotizado y tributado, ahora fungen como terribles enemigos en el marco de la pregonada guerra asimétrica.

Apenas llega a dos dólares el ingreso real que perciben,  a una edad que la suponemos presta para la merecida tranquilidad, respeto y sosiego que,  además, se suma a las truculencias más variadas del procedimiento bancario. Ni siquiera disponen de la atención indispensable, de cajeros automáticos, o de la reposición de sus ta jetas, sin entender todavía el intrincado fraude criptomonetario del que han sido víctimas.

La primera noticia que recibimos  del evento, fue la corajuda denuncia de la periodista Esteninf Olivarez (https://twitter.com/VzlaUfo/status/1286333743326781440),  colocada en perspectiva por PROVEA, como una evidente violación de los derechos humanos (https://twitter.com/_Provea/status/1286330572852404226). Nada casual, por estos días que corren, así como los más jóvenes – al otro lado de la ciudad -  fueron desalojados por la fuerza de una residencia aun siendo partidarios del régimen (https://twitter.com/luisbarraganj/status/1287076182865981440), a los más viejos – al otro lado -  se lo hicieron nada más y nada menos que de un espacio público. No obstante, es necesario consignar dos notas  que caracterizan al régimen socialista.

La una, obvia, es el desconocimiento de los más elementales derechos constitucionales a la protesta de un grupo etario tan pacífico, por definición y condiciones físicas, que no encuentran formas, maneras, medios o mecanismos legítimos para hacerse escuchar por quienes juegan con su suerte. Desafiando la pandemia, se atreven abierta y frontalmente a manifestar cívicamente una situación agravada al extremo, sin posibilidades reales de atención económica y hasta sanitaria, condenados a la búsqueda del medicamento incomprable.

La otra, no menos obvia, el ejercicio elocuentemente asimétrico de la represión inmediata y sin el menor rubor, por agentes de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), quienes le abrieron el paso a los colectivos armados para empujar y golpear a los ancianos, disolviendo brutalmente la protesta, prepotentes y aventajados de una guerra social. Un vecino del lugar, quien casualmente lo transitaba para comprar pan, nos contó los pormenores de la clara demostración de una indecible brutalidad, por cierto, propia de los regímenes inequívocamente comunistas, que apuestan por una redefinición de la demografía que beneficie a las camarillas del poder.

28/07/2020:

http://www.ventevenezuela.org/2020/07/28/de-una-redefinicion-demografica-por-luis-barragan/

https://www.caraotadigital.net/opinion-1/luis-barragan-de-una-redefinicion-demografica

https://qoshe.com/yazar/por-luis-barrag-n/2707671

https://www.scoopnest.com/es/s/luis%C2%A0barrag%C3%A1n

Ilustración: Ghee Beom Kim.

lunes, 30 de marzo de 2020

TIEMPOS DE PANDEMIA

La pobreza de calle
Luis Barragán

Los espacios públicos durante los esplendores petroleros, exhibieron una pobreza de diferentes bemoles que, en no pocas ocasiones, estuvo asociada al consumo de los licores y drogas de la peor calidad, pero al más bajo costo. Una situación supuestamente escondida, participó de la rutina urbana hasta agudizarse ya en la era de la debacle rentista.

Confundido con la mendicidad extrema, hubo un determinado hábito de vida en las calles que, por cierto, reemplazaron o dijeron reemplazar el debido y especializado tratamiento de quienes huyeron de sus hogares o sufrieron del abandono de los familiares. Por ejemplo, de la clásica solicitud de limosnas o la paciente recolección callejera de cartones, pasando por la ocupación y adecuación de lugares para pernoctar, llegamos a la feroz competencia por los desechos orgánicos o el asalto con arma blanca del descuidado transeúnte, aunque – fácil de constatar a simple vista – cada vez se hicieron y hacen menos los que tiene por domicilio la intemperie: la dictadura socialista ha acabo literalmente con los más pobres.

Desde hace aproximadamente veinte años, conocemos visualmente a una persona que tuvo  por costumbre recorrer el asfalto con un carro de supermercado de una característica sombrilla, en el que colocaba todo lo que conseguía para el consumo e, incluso, distracción, siempre andante con uno o dos perros que lo celaban.  Para echarse un trago de la pequeña botella del bolsillo trasero, se detenía e interpretaba como pudiera una canción mexicana, quizá  imaginándose en un escenario de charros o frente a una vieja rocola para el aplauso ocasional  o la indiferencia de la gente.

Después de mucho tiempo sin verle, ha reaparecido en tiempos de la cuarentena por el coronavirus y, por fin,  logramos tomarle una fotografía felizmente impresionista a quien ha ganado el paso lento para recorrer la avenida, anciano y desasistido, prendado al carro y a una sombrilla que no le cubre, apagado quizá por la falta de licor, expuesto y desamparado, resignado a una muerte que ojalá espere a muchísimo después de la cuarentena. Atizada toda indignación, impotentes para auxiliarle, apañados por la tristeza, frecuentemente lo observamos para elevar nuestras oraciones al Dios que le abrirá campo en la eternidad, aunque – más acá – recordamos y lamentamos la realidad  hospitalaria que nos aqueja y a sabiendas de la respuesta que hallaremos al indagar sobre el otrora célebre psiquiátrico de Lídice o de Bárbula.

La escena puede motivar al cientista social o al novelista que, por cierto, casi todos llevamos por dentro al intentar reconstruir la vida de las personas que vemos frecuentemente fuera de casa, en un ejercicio de curiosidad y distracción personal así no tengamos trato alguno con ellas. Hablamos de una familiaridad involuntaria que ahora entristece y, agreguemos, mutuamente entristece,  porque también el señor que empuja pausadamente el carro de supermercado constatará que los otros le dieron alcance en la ruindad.

Fotografía: LB (Caracas, 26/03/2020).
30/03/2020:
http://guayoyoenletras.net/2020/03/30/la-pobreza-calle/

Post-data LB: En una de estas mañanas de excursión por los alrededores para los insumos de casa, vimos pasar al señor del carrito de supermercado.  Igual, a paso muy lento, empujaba un cesto de mimbre y un cuñete. Extremadamente paciente, casi sin parpadear, lo supusimos concentrado en sus recuerdos o quizá imaginándose en otro lugar. No hablaba a viva voz consigo mismo. Nos pareció irrespetuoso e intimidante, fotografiarlo de frente. Inusual, no quisimos saber cómo reaccionaría y, mucho menos, cuál sería la respuesta inmediata de la delincuencia que acostumbra a sorprendernos en la vía pública.  Nos faltaba camino por recorrer con el teléfono celular en el bolsillo, exclusivamente sacado de casa para algunas tomas del pavimento quebrado de la avenida por una ballena fumigadora que, antes y siempre, tiene por mejor vocación la de reprimir. Optamos por dejarlo pasar, girar repentina y sigilosamente para fotografiarlo (11/04/2020).

martes, 11 de septiembre de 2018

UN TEXTO VERGONZOSO

¡Muerte a los pensionados!
Néstor Francia
09/09/2018

Estoy muy feliz de que varios escribidores estén poniendo a estos viejos usureros en su lugar ¿Qué culpa tienen el Gobierno y los bancos de que esos decrépitos no sepan usar las redes sociales por medio de las cuales se les informó debidamente que el sábado 1° de septiembre no abrían los bancos? ¡Qué aprendan esos loros viejos! ¿Qué quieren, que les rindamos pleitesía? ¿Qué han hecho para querer merecer tanta atención, más allá de trabajar toda una vida para que hoy tengamos lo que tenemos? Acepto que levantaron con sus manos la industria petrolera, que construyeron los edificios, que dejaron la vida en las fábricas y los campos para enriquecer a los poderosos, que hicieron posible que muchos de sus hijos estudiaran, fuesen hasta la universidad y hoy sean señoritos académicos, técnicos, intelectuales que escriben artículos para defendernos de su avaricia y su traición. Okey, le echaron bolas, es verdad, pero eso es porque tuvieron la suerte de nacer, eso lo hubieran hecho otros si hubieran nacido.

Viejos contrarrevolucionarios ¿De qué se quejan? ¿De tener que pararse de madrugada, hacer colas bajo el sol y la lluvia, sin nadie que les acerque ni una botellita de agua, sin desayuno muchos de ellos? ¿De qué se quejan, si los viejos de todas maneras casi ni duermen? ¿Qué culpa tiene la Revolución de que les duelan las rodillas y las espaldas, y les den vahídos? ¿Acaso son culpables el Gobierno y los bancos de su deterioro físico, de su degeneración celular? ¿Por qué no pagan en los puntos de venta? ¿Cómo es eso de que quieren efectivo porque en esos puntos de venta cobran hasta tres y cuatro veces más caro que en dinero contante y sonante? ¿Qué culpa tienen el Gobierno y los bancos de que los comerciantes se burlen de ellos? ¿Qué culpa tiene la Revolución de que cuando reclaman, los comerciantes los maltratan y los mandan a llamar a Maduro? ¡Viejos peseteros, pichirres!

Malagradecidos, deberían callarse y estar sumisos, ya que la Revolución está gastando ese poco de real en ellos, que ni siquiera se lo han ganado, la mayoría no son más que obreros y campesinos que trabajaron toda la vida echando pico y pala, manejando herramientas, lavando pocetas y otros trabajos palurdos que no aportaron nada al país, como sí lo hicieron los empresarios, los técnicos y los universitarios, esos sí, brillantes e inteligentes, con razón ganaron siempre cuatro y cinco veces más que ellos, y hoy algunos están muy bien jubilados o disfrutando de los bienes que adquirieron con el sudor de esos viejos inútiles.

Y algunos de esos viejos, que hasta se fueron jovencitos a las montañas a luchar contra los gobiernos de la cuarta, hoy quieren que se les trate con guantes de seda ¡Avaros, roñosos, capitalistas!

Yo voy a proponer la semana que viene en la Constituyente un decreto para que se acabe con esa plaga de los vejestorios. Que organicemos a la juventud para que los empujen a los rieles del Metro, donde hacen años que no pagan pasaje ¡Aprovechados, oportunistas! Que los echen al Guaire, que los eliminen. De todas formas afean la calle con sus arrugas, sus bastones, su lentitud, viven atravesados mientras los que andamos siempre apurados (¿?) tenemos que calárnoslos.

¡Muerte a los pensionados!

¡Chávez vive, que se mueran los viejos!

¡Se morirán y venceremos!

¡Independencia y Patria sin viejos!

Fuente:
https://www.aporrea.org/actualidad/a269038.html
Fotografías:
http://www.elpolitico.com/tag/protesta-de-pensionados/
https://www.telemundo51.com/noticias/destacados/Protesta-de-pensionados-en-Venezuela_TLMD---Miami-492041791.html 

Breve nota LB: Fallido humorísta, con un programa que quiso ser tal hasta que se lo quitó  Mario Silva para encumbrarse en los elencos del poder con la burla y sistemática delación de los demás, Francia suscribe un texto vergonzoso. Nadie podrá elegar que está jodiendo, ni que el porta de publicación es ajeno a sus disparates. Es elmismo autor de viejos artículos laudatorios del movimiento de renovación universitaria de años ha, toda una máscara de un sector anti-histórico de la izquierda marxista venezolana.