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domingo, 19 de junio de 2016

DEL TIEMPO IRREVERSIBLE


Teoría de la relatividad
Luis Barragán

Siendo López Contreras capaz de reducir su mandato de siete a cinco años, se hizo hábito que el período constitucional cubriese el lustro bajo la Constitución de 1961. Sabiéndolo un mal pertinaz en la historia continental, por lo menos, la no-reelección inmediata atenuó parte de las distorsiones que el solo planteamiento continuista ocasionaba.

La alternancia en el poder fue una inmensa conquista y, por más que la nieguen so pretexto del  bipartidismo inaugurado – acaso - tardíamente, en 1973, lo cierto es que explotó en 1993 para abrir la senda novedosa del multipartidismo, junto a la descentralización, ambos fenómenos desconocidos y violentados por las aspiraciones y realizaciones hegemónicas que sellaron las décadas siguientes. Por cierto, suele olvidarse la complejidad adquirida por el referido bipartidismo que, concursado además por los gremios e intereses de la más variada naturaleza, incluso, bipartidismo que trastocó en una situación normal el disenso y hasta la ruptura del partido de gobierno con el mismo gobierno al que le servía de soporte (y no al revés, como acaeció luego).

De haberse respetado el período quinquenal,  contaríamos con un cuarto mandatario nacional en el presente siglo, conscientes de la cantidad de años transcurridos desde que iniciamos la centuria. Tenemos 17 años con un mismo y deplorable gobierno y, aparentemente, ya no recordamos que, desde la etapa inaugural, apostó – mínimo – por el 2021.

Para los privilegiados del poder, añadidos los que lo festejan en el exterior después de saqueadas las arcas públicas, 17 años no son nada anhelando la eternidad de sus goces e, incluso, dicen requerir de medio siglo más – Rafael Ramírez lo dijo – a fin de remediar nuestros males y, faltando poco, desmontar el perverso capitalismo: tememos que, muy antes, ya no habrá país en cumplimiento del escatológico propósito. Sin embargo, para  las inmensas mayorías del país que sufren al régimen, ya es demasiado y, superando la ilusión óptica que generó el extinto mesías, vuelven a la realidad – la que jamás se fue - con el hambre, las enfermedades, el desempleo, la inseguridad personal y el miedo inoculado, palpables, constantes y sonantes.

Una teoría de la relatividad, no sabemos si general o especial, aplicada al medio político, a la vida cotidiana y al drama  personal, la entendemos con la más didáctica explicación que nos concedió Einstein: son muy largas y penosas las horas si compartimos un café con una persona detestada, convertidas en muy breves e insuficientes si lo hacemos con la persona amada. Diecisiete años, equivalentes a cuatro períodos constitucionales de los de antes, constituyen un fardo insoportable porque nos mata de hambre, de un atraco callejero, de la falta de medicamentos y, encima, de la ausencia las libertades hasta para quejarnos, mientras las minorías del poder prosiguen festivas y despiadadas.

sábado, 7 de mayo de 2016

CON EL CABLE "PELAO"



Del cortador insigne de la electricidad (y una teoría de la relatividad especial)

Luis Barragán

Publicitada en los cuarenta del XX, como la alternativa energética más segura, limpia y barata, en un país encaminado a su inevitable urbanización, en las décadas siguientes surgió la figura también temible del cortador de la luz eléctrica en hogares y locales por falta de pago. Después de la construcción definitiva del Complejo Hidroeléctrico de Guri, avanzando en la equidad de las tarifas que tendía al subsidio de los sectores más pudientes a favor de los más necesitados, el funcionario se convirtió en una excepción de finales de centuria.

Pocos hubiesen adivinado que, en el nuevo siglo, gracias a la destrucción de la industria, sospechosamente deliberada por todas las numerosas advertencias anticipadas, reiteradas y oportunas que se plantearon, el cortador tendría la jerarquía, arrogancia y desfachatez que concede el ejercicio presidencial. Esgrimiendo la habitual lógica, así como es preferible cerrar una escuela antes que capturar y castigar a los delincuentes que la asedian, igualmente lo es cancelar el servicio o incumplir el horario de racionamiento antes que implementar las decisiones correctivas que se esperaban en los años, meses y hasta días anteriores.

Elocuente anuncio que refleja toda una concepción del poder oscurecedor de la propia Constitución, Nicolás Maduro amenaza con el corte de  energía a la propia Asamblea Nacional, prohibiéndole trabajar como ha hecho con el resto de los venezolanos.  Nada le importa la independencia de un legítimo y relegitimado órgano del Poder Público, cuyas funciones  están generando claros efectos pedagógicos de un republicanismo olvidado, pues concibe la jefatura de Estado, con sus relacionados, como el único ámbito privilegiado para el disfrute de la electricidad en lugar de un hospital, por citar un único ejemplo.

Deshecha la industria eléctrica en más de década y media de un XXI todavía distante, el régimen nos conduce a una nueva ruralidad, afantasmando las ciudades en las que escasea una modesta vela y el kerosene, otrora símbolo de la vieja pobreza, es toda una extravagancia. Faltando poco, pretende que cada quien intente una propia planta eléctrica, como si sobraran las divisas, luego de acabar con la más grande y compleja que alguna vez heredamos gracias al esfuerzo de las varias generaciones de especialistas que la levantaron, ahorrándole tiempo a las nuevas que la debieron perfeccionarla.

Actualizando una suerte de teoría de la relatividad especial que un poco abona y distorsiona a la ideada por Einstein, por obra de la enunciada concepción del poder político, el gobierno juega con el tiempo de los venezolanos, tomándose todo el que necesita para preservar y extender sus prerrogativas, condenándonos a la lentitud del suplicio, mientras que se aceleran las exigencias de una ya mera supervivencia impuesta en esta otra era de la Venezuela Saudita. Podrá Maduro aducir cualesquiera razones, como – en su momento – lo hizo el predecesor, pero la medida que vuelve a la ficción legal adoptada por el presidente Leoni en 1965, nos antojamos, acarrea alguna dislocación en la agobiada psiquis colectiva que ya repara en un triple absurdo: concebido y defendido como un breve lapso, después de un larguísimo gobierno, éste promete hacer lo que no pudo ni quiso en un plazo inmediato; adelantar otra vez media hora en los relojes,  lo convierte – más allá de una medida que no tiene implicaciones estacionarias, como en otros  países – en dador y administrador de un tiempo en el siglo que, por siempre, presumimos de una mejor calidad de vida; e, induciendo la clausura o dificultad de acceso a un servicio de emergencia hospitalaria en las horas más aciagas, en vez de perseguir y atrapar a los hampones que aspiran a asaltarlo, le impone una agenda aún a nuestros más elementales afanes por sobrevivirle.

02/05/2016
Fotografías: LB (04/2016).

domingo, 6 de septiembre de 2015

EL MOVIMIENTO DEL VAGÓN EN REPOSO

EL IMPULSO, Barquisimeto, 01 de septiembre de 2015
El reposo del vagón en movimiento
Carlos Mujica

Mientras el vagón conserve su movimiento rectilíneo-uniforme, la relatividad mantiene la validez de que el vagón se encuentra en reposo. Del reposo del vagón en movimiento trata el capítulo 18 de la relatividad que permite el movimiento rectilíneo-uniforme del terraplén. El vagón, pues, es el punto de referencia que admite que el terraplén sea el que se encuentre en movimiento.
Pero cuando debido a un frenazo del vagón se interrumpe la condición de reposo del vagón en movimiento, entonces las condiciones que permiten que sea el terraplén el que se mantenga en movimiento, también se interrumpen. Ahora el terraplén disminuye progresivamente su movimiento rectilíneo- uniforme. Este suceso en el cual es el vagón en reposo el que determina que sea el terraplén, de acuerdo con la ley de la relatividad, el que se mueva.
El frenazo del vagón descubre a Einstein que la ley de la relatividad deja de funcionar. Debe regir para la desaceleración del reposo del vagón en movimiento y consecuencialmente, advertimos, para el terraplén también la desaceleración del movimiento. En el capítulo 21, Einstein sugiere una solución apelando a la aparición de un campo gravitatorio, sin considerar el campo gravitatorio de la Tierra. El reposo del vagón en movimiento se rige, como todas las cosas en la Tierra, por el campo gravitatorio que es común y general, de modo que no es permisible que en un campo gravitatorio general se genere, de buenas a primera,un campo gravitatorio adicional.
La razón por la cual el pasajero observador del vagón siente, debido al frenazo del vagón, que su cuerpo experimente un fuerte impulso hacia adelante, es originada, más bien,por la ley general de la naturaleza que consiste en el rechazo al vacío. Tenemos el aire, un actor que Einstein parece obviar, pero que está presente junto con el terraplén, y que como el terraplén, a pesar de la resistencia que opone el aire al reposo del vagón en movimiento, también se desplaza en el mismo sentido en que lo hace el terraplén. Y en el instante del frenazo el espacio entre el observador y parte de la cabina del vagón que está frente a él, se produce, en fracciones de segundo, un momentáneo vacío. El impulso hacia adelante que experimenta el observador tiene como finalidad llenar ese vacío, pero como el aire, en esta situación, se mueve a la velocidad del vagón, ocupa de inmediato ese vacío y todo vuelve a la normalidad, permitiendo que, el cuerpo del observador asuma su natural posición. De modo que lo ocurrido al vagón en movimiento, no es otra cosa que un desequilibro de las factores que participan del reposo y del movimiento.
Ilustración: Enrique Guillamón (http://cargocollective.com/guillamon/Albert-Einstein).