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miércoles, 17 de diciembre de 2014

TRAPOS AL AIRE

EL NACIONAL, Caracas, 17 de diciembre de 2014
La revolución del buen salvaje
Aníbal Romero

Esta pasada semana el presidente venezolano aseveró que las nuevas tecnologías de explotación del petróleo van a producir un terremoto en Estados Unidos. Afirmó además que pronto todas las escuelas y liceos del país serán equipados con sus respectivos “huertos escolares”, en los que diligentes alumnos cultivarán hortalizas y recibirán los beneficios de la presencia de una vaca y de numerosas gallinas, siempre listas para suministrar leche y huevos a las nuevas generaciones revolucionarias. No suficientemente contento con estas fábulas, el cada día más extraviado líder socialista confirmó que su revolución agrícola implica el retorno al cultivo en los llamados “conucos”, es decir, pequeñas parcelas en las que se espera que felices familias, comprometidas con la preservación del medio ambiente, producirán sus vegetales; todo ello en función del avance del hombre nuevo y mientras se entretienen cantando loas al Che Guevara y al “comandante eterno”, Hugo Chávez.
Traigo a colación estos pronunciamientos para destacar un punto que ha sido en otras oportunidades señalado, pero que merece reconsideración. El proceso político que ha experimentado Venezuela estos quince años ha estado impregnado, entre otros aspectos, por la confusa pero palpable visión de una utopía arcaica, por el impulso hacia un pasado imaginario en el que se conjugan el ansia de reivindicar al buen salvaje latinoamericano, personaje que se vislumbra como siempre oprimido por diversos enemigos foráneos y domésticos, con la ambición de recuperar una sociedad cuasi-primitiva, cerrada, autárquica y amurallada frente a un mundo al que se percibe ajeno y hostil.
Sería un error subestimar el papel de lo que acá denominaré la “ideología del escape”, que junto a la del buen salvaje ha influido en el desarrollo del proceso político venezolano los pasados tres lustros. Me refiero al escape con respecto a la modernidad.
En efecto, como en su momento apuntó Popper, el socialismo en general es un proyecto regresivo, anti-moderno, anclado en el colectivismo de ancestrales períodos tribales de la historia. Para Carlos Marx, soñador sin escrúpulos, el socialismo se ubicaba más bien como punto culminante de un rumbo de cambios hacia adelante, en los que el más avanzado capitalismo cedería su lugar a un paraíso de ilimitada abundancia. En el caso venezolano, el grupo de izquierda radical –guiado por Cuba– que tanta influencia ha ejercido en la conducción de la revolución bolivariana, ha puesto de manifiesto el verdadero rostro regresivo del socialismo, entremezclado con el elemento propiamente latinoamericano del buen salvaje. En lugar de la quimérica abundancia socialista de Marx nuestros revolucionarios visualizan una sociedad de pobres.
En modo alguno, insisto, debe subestimarse el peso del factor ideológico sobre lo que acontece en Venezuela. Lo que Nicolás Maduro expresa en sus grotescos discursos constituye un ingrediente fundamental de un proceso con honda raigambre en las tradiciones, mitos, cultos, sueños y fantasías de una parte significativa de la izquierda en América Latina. La izquierda delirante que actualmente predomina en Venezuela, combina una amplia ignorancia sobre las realidades del mundo actual con el apego a una fantasía descabellada, a una utopía gaseosa y destructiva cuyo efectivo logro sólo puede concretarse mediante una permanente violencia.
A todo lo anterior se suma la más sólida incapacidad por parte de nuestros revolucionarios para entender las implicaciones de lo que dicen y hacen, o para realizar la más mínima autocrítica sobre los resultados de sus pesadillas. Para sólo indicar otro caso ilustrativo del delirio, hace también pocos días Elías Jaua, el “ministro de Comunas” del gobierno bolivariano, sostuvo con total desparpajo que el pueblo venezolano “tiene resueltos los problemas básicos de alimentación, educación y salud”, y ello en un país donde la escasez de alimentos y medicinas constituye el pan de cada día, donde escuelas y liceos generan lástima por su condición deplorable, y donde cunden sin control enfermedades tropicales que se creían eliminadas hace décadas.
La utopía arcaica del buen salvaje y la ideología del escape son elementos cruciales de la ecuación que resume el caos, retroceso y tragedia en que se ha transformado la vida de la sociedad venezolana. La nueva víctima de la utopía arcaica es el IVIC, el cincuentenario Instituto de investigaciones científicas del país, que ahora los revolucionarios aspiran convertir en un ente “cercano a los pobres”, lo que sin duda significará la destrucción de lo logrado en el pasado, el abandono de cualquier empeño académico razonable, el imperio de la mediocridad y la búsqueda quimérica de una “ciencia popular”, sustentada en lo que algunos presumen es la “genuina esencia del pueblo”.
La revolución del buen salvaje incluye la ideología del escape. Por un lado, esta ideología presenta a ese imaginario buen salvaje, que es desde luego el pobre en nuestras sociedades, como un ser eternamente expoliado, engañado y vilipendiado por algún malvado imperialista y oligarca de turno. Por otro lado, esta ideología se basa en una crasa ignorancia acerca del contexto internacional y las fuerzas externas que de un modo u otro repercuten en la conducta de todos los países, conformando el marco en que toman sus decisiones. En tal sentido, es evidente que Maduro y sus colaboradores fueron tomados de sorpresa por las nuevas realidades del mercado petrolero mundial, realidades que han clavado una daga en las entrañas del régimen. Y esto no es lo peor, pues las sorpresas son comunes en ese ámbito. Lo peor es que el gobierno revolucionario no comprende las implicaciones profundas de las transformaciones en el panorama energético global, y pretende repetir las ya agotadas maniobras dentro de la OPEP, maniobras que pertenecen a épocas y relaciones de poder que no retornarán.
La estrechez mental y enciclopédica ignorancia de la izquierda delirante, así como la depredación castrista, están empujando a Venezuela a un dramático destino. La geopolítica de nuestros gobernantes consiste en quejarse por las consecuencias de sus desatinos, de su ceguera, de su patética incompetencia, de su entrega y subordinación a los intereses de Cuba, sin jamás considerar siquiera la posibilidad de que sus desgracias no sean el producto de una conspiración de quienes les adversan, sino de sus ideas absurdas, de su incapacidad, corrupción e incurable resentimiento.
¿En qué punto dejan a Venezuela la revolución del buen salvaje y la ideología del escape? Explorar una respuesta exige cierto contexto. Avanzaré citando lo que en una entrevista de hace pocos días, sostuvo el presidente de una de las empresas encuestadoras establecidas en Venezuela. Según esta persona, “en Venezuela durante 15 años han gobernado las palabras y las emociones… durante 15 años en Venezuela hubo un discurso muy poderoso del liderazgo del presidente Chávez que cambió la identidad nacional cultural. Ha surgido un nuevo repertorio de significaciones, nociones, metáforas, contenidos, símbolos y gramáticas que en este momento atraviesan a los todos sectores sociales. Hoy el país es chavista aunque no vote por Chávez, porque las ideas que durante 15 años fueron comunicadas de manera incesante y permanente cambiaron los significados culturales de la sociedad venezolana en general”.
Estas afirmaciones son muy discutibles. A mi manera de ver, en Venezuela no ha habido un cambio de la cultura política anterior a Chávez, sino una profundización de los peores rasgos de la cultura política ya vigente previamente a Chávez, y caracterizada por la creencia en que Venezuela es un país inmensamente rico debido tan sólo a sus recursos naturales, por la ruptura del vínculo entre trabajo y bienestar, por la dependencia con respecto al Estado, el populismo y el caudillismo. No tenemos una “nueva” cultura política, sino una predominante cultura política aún más distorsionada y fracasada de la que ya teníamos, una cultura política de izquierda populista que impide a los venezolanos entender la realidad que les rodea, y lo que se requeriría para prosperar en el mundo actual. De allí que ni siquiera Chávez y Maduro se hayan atrevido a aumentar el precio de la gasolina, que las llamadas “misiones” se hayan convertido en programas permanentes para la dependencia de millones, y que hoy tantos se pregunten por qué, si somos tan ricos, Venezuela se encuentra sumida en el foso de subdesarrollo en que de hecho la vemos.
En síntesis, la revolución del buen salvaje y la ideología del escape dejan tras de sí una nación postrada y en última instancia controlada por la Cuba comunista, una sociedad perpleja que no logra armonizar las fantasías transmitidas durante años de propaganda oficial con las realidades ante las que choca a diario, y un sistema político invertebrado, en el que los poderes públicos escenifican una perenne pantomima en medio de la invertebración del Estado. La sociedad venezolana se asoma al que podría ser un año decisivo de su evolución histórica con sus energías vitales disminuidas, sus recursos morales desgastados, y sus fuerzas políticas democráticas dispersas pero no finalmente destruidas. De allí que, a pesar de todo, sigo apostando a que llegará el amanecer para Venezuela. No queda otra opción.

Fotografía: LB, Caracas, 2013.

sábado, 13 de julio de 2013

¿JUGANDO CARRITOS?

Propuestas del PCV para la Asamblea Patriótica Nacional del GPP

Tribuna Popular Nº 223.- En julio de 2006, el 12º Congreso del Partido Comunista de Venezuela (PCV) resaltó la “necesidad de darle forma orgánica al bloque amplio de fuerzas sociales y políticas, en un Frente Amplio Nacional Patriótico, que asuma la dirección unitaria de la actual fase de la revolución. (…) Es necesario insistir en que la naturaleza de esa nueva instancia debe ser diferente a la de sus predecesoras, en cuanto debe ser permanente y no coyuntural, con visión estratégica y no restringida a la arena electoral.”
Esta insistencia fue reiteradamente expresada de manera pública y privada por el PCV, encontrando comúnmente poco eco en los hechos reales y concretos.
Luego de que en enero de 2011 el Presidente Chávez se pronunciara a favor de lo que denominó “Gran Polo Patriótico” (GPP), el 9 de abril de ese año el Comité Central del PCV, producto de más de dos meses de sistematización de sus análisis internos, aprobó y dio a conocer sus propuestas para la conformación del GPP, en un documento que denominó “Unidad de las fuerzas patrióticas para profundizar la revolución”.
Ratificando su compromiso con lo que debía significar el GPP, los comunistas expresaron que “no basta con identificar correctamente a las clases, capas sociales y organizaciones que objetivamente están llamadas a conformar este instrumento en virtud de que sus intereses coinciden con los de la patria venezolana en la lucha contra el imperialismo y por la plena liberación nacional. Se requiere además que esa coincidencia alcance a tener expresión política organizada.”
Sin embargo poco se logró avanzar, hasta que el 23 de febrero de 2012 el Presidente Chávez anunció la conformación del Comando de Campaña Carabobo para las elecciones presidenciales del 7-O, en el que designó a Blanca Eekhout y Yul Jabour como coordinadores de la Comisión de enlace con las organizaciones políticas y sociales llamadas a conformar el Gran Polo Patriótico.
A partir de allí, aunque muy mediatizado por la campaña electoral, se empezaron a constituir Consejos Patrióticos, el primero de ellos el de Partidos Políticos, el 2 de junio.
En esos meses se alcanzó, al menos, a posicionar el planteamiento de las diferentes “vertientes” que debían estructurarse en el GPP, a saber, la de Partidos Políticos, la de los Movimientos Sociales y la del Movimiento obrero y sindical, a las que después se le adicionó la de intelectuales.
Luego de la gran motivación que generaron estos incipientes pasos, y de haber cumplido una fundamental tarea para el contundente triunfo popular que significó el resultado 7-O, se le volvió a bajar la atención oficial al GPP y sus Consejos Patrióticos.
Ahora, acertadamente, el Presidente Nicolás Maduro asume el planteamiento de relanzar el GPP, y anunció en la reunión con el Consejo Patriótico Nacional de Partidos Políticos, el pasado 21 de mayo, que se denominará Gran Polo Patriótico “Simón Bolívar”.
Así, se ha avanzado aceleradamente en la instalación de los Consejos Patrióticos Estadales de Partidos Políticos y en Asambleas de los 26 Consejos Patrióticos de movimientos sociales, además de esfuerzos por consolidar el Consejo Patriótico de Trabajadores y el Foro de Intelectuales.
Con motivación y activismo revolucionario se ha convocado la Asamblea Patriótica Nacional, para el 22, 23 y 24 de julio, en Caracas, con delegados y delegadas de cada Consejo Patriótico, llamados a dar una discusión política de fondo, que le dé sustento y contenido concreto a esta gran experiencia unitaria.
Como una muestra más del compromiso profundo que tiene el PCV con la consolidación del Gran Polo Patriótico “Simón Bolívar”, publicamos algunas de las propuestas específicas que las y los comunistas ofrecen para el debate de la Asamblea Patriótica Nacional.
CARÁCTER
El Frente Amplio Nacional Patriótico (denominado “Polo Patriótico”) debe fundamentarse sobre la base del respeto a la autonomía e independencia de todas las organizaciones políticas y sociales que lo conformen, bajo el principio de unidad en la diversidad. Debe ser una instancia orgánica que permita coordinar los distintos y heterogéneos sectores patrióticos, para impulsar una política colectiva que oriente la lucha por la Revolución venezolana.
Debe constituirse como instancia unitaria y colectiva de articulación de las organizaciones del proceso revolucionario venezolano, enmarcado en el impulso de una doctrina integral de liberación y desarrollo soberano de la Nación y en la cual confluyan todos los partidos políticos y organizaciones de masas comprometidos con el proceso en curso en nuestro país, que asuman el Programa Mínimo.
Debe ser de carácter nacional, estadal y municipal, desarrollando sus actividades con base a una planificación nacional, contextualizándola en correspondencia con las realidades locales. (…)
OBJETIVOS
    1.   Impulsar la unidad de acción política de todas las fuerzas patrióticas comprometidas con las luchas antiimperialistas y de liberación nacional, a los fines de defender y profundizar la actual fase del proceso revolucionario, con miras a su desarrollo como dirección colectiva y unitaria de la Revolución venezolana.
    2.   Continuar la creación y fortaleciendo el Poder Popular, como expresión organizada de las fuerzas políticas y sociales revolucionarias del país.
    3.   Profundizar el papel protagónico de la clase obrera y de los trabajadores y trabajadoras, a través de la construcción y fortalecimiento de los Consejos Socialistas de Trabajadores y Trabajadoras (CSTT), las organizaciones sindicales y el movimiento de las y los delegados de prevención.
    4.   Incidir en la superación del actual modelo rentista venezolano mediante el establecimiento de un nuevo modelo productivo.
    5.   Profundizar la formación político-ideológica, especialmente de la clase obrera.
PROGRAMA MÍNIMO
El Gran Polo Patriótico “Simón Bolívar” debe guiar su actuación en el marco de un Programa Mínimo, discutido y aprobado por todas las organizaciones, que permita adelantar las tareas políticas y económicas que demanda la fase de liberación nacional, basado en:
1.- AVANZAR en la CONSTRUCCIÓN de un ESTADO DEMOCRÁTICO POPULAR REVOLUCIONARIO
-     Constituido por las fuerzas revolucionarias, democráticas y progresistas, teniendo como tarea central generar unas justas relaciones sociales, económicas y políticas, basadas en la soberanía nacional y en una economía democrática e independiente, al servicio del pueblo trabajador, para lo cual es necesario liquidar la dominación del imperialismo y de los monopolios locales.
-     Este Estado debe ser la expresión institucional del Poder Popular, basado en la dirección política de la clase obrera, en alianza con las y los trabajadores en general, de la ciudad y del campo, y las capas sociales históricamente excluidas, desarrollando una auténtica democracia participativa.
-     Se debe combatir –mediante el control social– con todas las herramientas necesarias: el burocratismo, la ineficiencia, el despilfarro, el nepotismo, el asistencialismo y la corrupción.
-     Se debe garantizar el disfrute de los derechos y exigir el cumplimiento de los deberes a todas y todos los ciudadanos. Estimular el ejercicio de la crítica popular a través de las organizaciones políticas revolucionarias y de masas, para corregir los errores en la administración pública y la conducción del Estado. Las y los trabajadores deben estar incorporados de manera efectiva a las instancias de dirección del Estado, de la economía y de los servicios públicos.
-     Despliegue de una amplia revolución cultural, que tenga como centro la ideología revolucionaria, y sustituya paulatinamente los valores de la moral burguesa.
-     Mientras las elecciones –incluso en su modalidad de democracia representativa– sean una de las principales formas de lucha de masas, deben hacerse los mayores esfuerzos para lograr triunfos aplastantes, garantizando la marcha cohesionada, coherente y unitaria de las diversas fuerzas políticas y sociales revolucionarias, con una amplia política electoral, que reconozca las particularidades de cada organización.
2.- DESARROLLO PLANIFICADO de la ECONOMÍA y de las FUERZAS PRODUCTIVAS, SOBRE la BASE SOBERANA de su DIVERSIFICACIÓN, MODERNIZACIÓN e INDUSTRIALIZACIÓN
-     Sentar las bases de un nuevo modelo económico, productivo, soberano y justo, basado en un Sistema Nacional de Planificación, con participación directa de las y los trabajadores, desarrollando la industrialización con soberanía, para una economía diversificada, con alta capacidad productiva, estableciendo simultáneamente una agricultura sustentable, tecnificada y de gran productividad, al servicio del interés nacional y popular.
-     Impulso de la socialización de la propiedad sobre los principales y fundamentales medios de producción y a formas de producción sustitutivas del capitalismo, con un nuevo modelo de gestión basado en el control obrero y social sobre la producción, administración y distribución de bienes y servicios.
-     Garantizar el papel predominante del Estado en todos los aspectos de producción, tecnológicos, de comercialización y transporte en la industria pesada, mediana y ligera, y de las riquezas naturales, prohibiendo el capital imperialista y el de los monopolios a él asociados, manteniendo control estricto de capitales internacionales que se inviertan en aquellas industrias y ramas de la producción que expresamente se determinaren.
-     Nacionalizar, con participación protagónica y control de las y los trabajadores, todo el sistema financiero y de comercio exterior, así como los monopolios de producción y comercialización de los productos de consumo masivo, y eliminar el latifundio, para garantizar el abastecimiento a la población, el control de los precios y la soberanía alimentaria
-     Impulsar un reordenamiento del país, a fin de adaptar la división político-territorial a las necesidades de la población, la economía y a los ejes y polos de desarrollo científicamente ubicados en el territorio nacional.
3.- LUCHA INTRANSIGENTE por los DERECHOS INTEGRALES de las y los TRABAJADORES y de TODOS los SECTORES SOCIALES OPRIMIDOS y EXPLOTADOS por el CAPITALISMO
-     Consolidar un Sistema de Seguridad Social universal, integral y eficiente, como servicio público no lucrativo, que garantice y asegure al pueblo protección en las diversas contingencias.
-     Impulsar la formación de un Sistema único nacional de Salud, integrado al Sistema de Seguridad Social, regido por los principios de gratuidad, universalidad, integralidad, equidad, integración social y solidaridad, y una industria nacional de producción de insumos para la salud.
-     Impulsar (…) la Ley Especial de Consejos Socialistas de Trabajadores y Trabajadoras, el fortalecimiento del movimiento obrero y sindical clasista, y apoyo consecuente con la lucha por la defensa de la salud y la vida en los centros de trabajo, fortaleciendo el papel de las y los delegados de prevención.
-     Reformar integralmente el sistema tributario, con eliminación del IVA, elevación del pago de impuestos de los grandes capitales y de las ganancias súbitas.
-     Luchar para garantizar el incremento de la inversión social y la institucionalización y regularización de las Misiones que no constituyan asistencialismo, como programas de Estado en la administración pública nacional.
-     Mantener la defensa irrestricta de los derechos de las y los trabajadores y de todo el pueblo, impulsando los procesos de concientización revolucionaria, organización autónoma y movilización.
-     Garantizar los derechos de la juventud al estudio, al trabajo, al deporte, la cultura y a una vivienda digna.
-     Crear las condiciones necesarias para cumplir y hacer realidad los justos anhelos por igualdad política, económica, social y jurídica de las mujeres.
4.- DEFENSA IRRESTRICTA de la PATRIA y de la REVOLUCIÓN ANTE los ENEMIGOS INTERNOS y EXTERNOS
-     El Estado profundizará el desarrollo de una concepción integral de defensa de la Nación, promoviendo la formación, organización y movilización consciente de todo el pueblo, ante las amenazas intervencionista y de agresión imperialista.
-     La Fuerza Armada Nacional, la Reserva Militar y las Milicias territoriales, estarán al servicio de los intereses populares y de las transformaciones económico-sociales del Estado Democrático Popular Revolucionario, garantizando la integridad territorial de la Nación y su soberanía.
-     Impulsar que los medios de comunicación social estén al servicio de la formación cultural del pueblo, de la educación y del desarrollo independiente del país.
5.- UNIDAD de los PUEBLOS LATINOAMERICANOS y CARIBEÑOS SOBRE la BASE de la IGUALDAD, la SOLIDARIDAD y el RESPETO MUTUO, y la COMÚN DEFENSA CONTRA el IMPERIALISMO
-     Profundizar los procesos de unidad e integración en América Latina y el Caribe, sobre la base de la defensa eficaz de los intereses nacionales comunes de nuestros pueblos frente al poderío de las transnacionales y de las diversas agencias económicas del imperialismo, tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y otros.
-     Impulsar el desarrollo de relaciones con todos los países y pueblos del mundo, sobre la base de la coexistencia pacífica, el respeto mutuo y la autodeterminación de los pueblos, con una activa política a favor de la paz mundial, del desarme y de la distensión internacional.
-     Rechazo a las injerencias del imperialismo y el sionismo, y de sus cuerpos policiales, radicalizando la denuncia de esta política intervencionista que realiza a través de agencias como la USAID, la NED y supuestas ONGs en los asuntos internos del país.
-     Desarrollar una activa política de solidaridad con los movimientos de liberación nacional y las luchas de los movimientos obreros y populares por sus justas reivindicaciones.
Desde el PCV entendemos que la consolidación de estos avances y su desarrollo ulterior en fases superiores de progreso económico, bienestar material, participación política, arraigo de los valores éticos, despliegue cultural, equidad e igualdad social, se encuentran condicionados a su vinculación orgánica con la construcción de la sociedad Socialista. La fase revolucionaria de liberación nacional tiene su razón de ser histórica en cuanto aporta las bases materiales y espirituales para avanzar en la transformación revolucionaria de la sociedad.

Los Partidos políticos y los movimientos sociales
Editorial de TP Nº196 (28 de octubre de 2011).
(…) No de ahora sino desde hace varios años, el PCV ha planteado la necesidad de generar un espacio de articulación, de construcción colectiva de una instancia orgánica que sirva para la evaluación y alimentación de las políticas de Estado y de la gestión de gobierno, que sea una estructura que permita relacionar –con criterio representativo de las diversas realidades sociales y operativo para su ejecución– las distintas expresiones organizadas del pueblo, con el objetivo común de avanzar en la lucha por la liberación definitiva de nuestra Patria de las cadenas de dominación imperialista.
Enfática y reiteradamente el PCV ha manifestado su disposición de participar y aportar para esto que entiende es una necesidad histórica para la profundización de la actual fase del proceso revolucionario venezolano y para su trascendencia en el tiempo.
(…) Pero no puede dejarse de tener claro que sí hay diferencias en las características, alcances y carácter entre los Partidos políticos y las organizaciones o movimientos sociales o de masas.
Los primeros, para ser tales –representando los intereses de una clase social–, deben contar con una ideología que los guíe, una política que aplicar, una estructura de funcionamiento, una instancia de Dirección, y, claro, luchar por el Poder político.
Los segundos, son agrupamientos de personas con algún interés particular en común que desean lograr o impulsar, bien sea para un sector social (mujeres, trabajadores, estudiantes, indígenas, intelectuales, etc.) o para un ámbito geográfico (calle, vereda, barrio, urbanización, etc.) o para una forma de expresión humana (cultura, música, graffiti, etc.) o para objetivos más o menos específicos (la paz, armas nucleares, ecología, derechos animales, etc.).
Lo más importante, es que todos son necesarios, todos tienen un papel que jugar. ¿Cómo? ¿Dónde? ¿De qué manera? Tiene que surgir de un espacio de articulación, de construcción colectiva, de unidad en la diversidad.

http://prensapcv.wordpress.com/2013/07/11/propuestas-del-pcv-para-la-asamblea-patriotica-nacional-del-gpp
Fotografías: Una, tomada del blog ya citado. La otra, reseña del diario El Nacional, Caracas, 13/07/13.