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sábado, 9 de junio de 2018

CRISIS REPUBLICANA

De la (s) inmunidad (es) parlamentaria (s), ahora

Luis Barragán

Recientemente, fueron excarcelados los diputados Gilber Caro y Renzo Prieto, quien finalmente pudo incorporarse a la Asamblea Nacional, después de la juramentación de rigor. De acuerdo al texto del artículo 200 de la Constitución de la República, gozan de inmunidad parlamentaria desde la misma proclamación – firme e inatacable - hecha por el organismo electoral, por lo que no debieron soportar, ni por un instante, el secuestro y la tortura del régimen que no logrará silenciar el vivo testimonio de sus sufrimientos.

Por todos estos años, la precaria situación de la citada inmunidad que, por cierto, la creemos un complejo de inmunidades, autoriza a una mayor y más extendida reflexión sobre la institución, decididamente pedagógica, considerando que el propio parlamento ha perdido identidad y visibilidad política en los estudios de opinión. La (re) construcción de un Estado Constitucional exige una urgente reivindicación que solemos olvidar, entre los  pliegues de las circunstancias convertidas en amargas anécdotas.

Por lo pronto, cualquier caución o parecido documento, suscrito bajo coacción por los diputados Caro y Prieto, carece absolutamente de validez y, en todo caso, puede alegarse un evidente estado de necesidad. Lo acaecido se integra a una misma convicción y conducta partidista del oficialismo que no sólo reniega de la propia naturaleza de un  parlamento que lo desea en franca involución, teniendo por fijación el cubano, sino que lo emplea como un mecanismo para el revanchismo político, añadida la creación de artefactos paralelos como la tal constituyente [1].

Valga acotar, a pesar de la gravedad del problema, son pocos los títulos relacionados editados por estos años, quizá porque es poco lo que puede aportarse a un instituto y a una institución de larga y consistente elaboración teórica; quizá porque, subestimados, los hechos todavía no logran asimilarse y explicarse en el marco de las nuevas incursiones al totalitarismo.  Lo cierto es que, en el caso venezolano, hemos olvidado una tradición de muchas décadas en materia parlamentaria.

Indudablemente que, en los casos de Caro y Prieto, como el de Gilberto Sojo, Wilmer Azuaje o Rosmit Montilla, aún en el falso supuesto de un enjuiciamiento por delitos que quedó pendiente, sencillamente ha de suspenderse, respondiendo a un criterio  suficientemente firme, establecido desde principios de los años cuarenta, como lo refiere ALMOSNY a propósito  de las envidiables lecciones dictadas por Luis Jiménez de Asúa, en la Universidad Central de Venezuela [2]. Huelga comentar de los beneficios que reportó la curul a personas que estuvieron involucradas en decididos delitos comunes u ordinarios, como el secuestro de William Niehous, por los setenta, que no se compadecen con el castigo revanchista urdido contra los jóvenes dirigentes, sumado el caso de Freddy Guevara, diputado principal y primer-vicepresidente de la Asamblea Nacional, gracias a la insólita noción de flagrancia cultivada por el Tribunal Supremo de Justicia.

Hay demasiada claridad en el texto constitucional sobre (el complejo de las) inmunidad (es) parlamentaria (s) que no distingue entre diputados titulares y suplentes, aunque no luzca convincente en trabajos sobrios,  fundados y concisos, como  el de VISO CARTAYA  [3]. Seguramente, hay y habrá diligencias procesales que los diputados en cuestión no están obligados a atender, por la (s) inmunidad (es) favorable (s) al cuerpo que integran, aunque deben esgrimir preventivamente sus mejores habilidades en atención al criterio de una magistratura reemplazada por la misma Asamblea Nacional.

La materia compite con las muy numerosas que conforman la crisis republicana que padecemos, pero es necesaria ventilarla. A modo de ilustración, ya no se trata del abusivo esfuerzo de intimidación e imposición del Ejecutivo ante el Legislativo, para el diletante que sólo ve un conflicto constitucional, sino de todo un régimen que emplea los medios más heterodoxos para liquidar la institucionalidad democrática, incluyendo en la confabulación al terrorismo de Estado por delegación.

[1]        Ha sido recurrente la alusión a los abusivos allanamientos de la inmunidad en los años sesenta del siglo anterior. Objeto de una discusión hoy histórica, antes que política, existen evidencias de la realización de una línea insurreccional paralela al aprovechamiento de las instituciones por entonces nacientes de la democracia representativa, en contraste con las ideas y el comportamiento de la oposición democrática en la presente centuria. Puede verse, por ejemplo: SÁEZ MÉRIDA, Simón (2004) “Domingo Alberto Rangel parlamentario”. Vadell Hermanos Editores, Caracas: 73 ss.; y MARTÍNEZ UBIEDA, Alejandro (2018) “La séparation des pouvoirs affaiblit l’État”. Les Temps Modernes, París, nr. 697 de enero, en: https://www.cairn.info/revue-les-temps-modernes-2018-1.htm
[2]        ALMOSNY, Jacobo (1945) “Actualidades: La inmunidad parlamentaria y el curso de dogmática jurídico-penal”. El Universal, Caracas, 16/03.
[3]        VISO CARTAYA, Ángel (2015) “La inmunidad parlamentaria en la Constitución de 1999”, en: AA. VV. (2015) “Libro homenaje a la Academia de Ciencias Políticas y Sociales en el centenario de su fundación 1915-2015”. Academia Ciencias Políticas y Sociales, Caracas: I, 214.

Fotografías: Vista del Capitolio Federal desde la sede administrativa de la Asamblea Nacional (Caracas, 06/06/2018). 
11/06/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/32832-barragan-ll 
http://www.ventevenezuela.org/2018/06/11/de-la-s-inmunidad-es-parlamentaria-s-ahora-por-luis-barragan/

domingo, 17 de agosto de 2014

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Pablo Azuaje y las pifias históricas de Robert Alexander, Raymond Crist y Eduard Leahy; acierto de Robledo Simón: el libro de Manuel Caballero sobre Rómulo Betancourt. El Nacional, Caracas, 15/03/1977.
- Luis Beltrán Prieto Figueroa. "Las ideas no se deguellan". El Nacional, 17/03/80.
- Rafael Caldera. "Claraboya: La experiencia democrática". El Universal, Caracas, 29/09/77.
- Simón Sáez Mérida. "La democracia oligárquica". El Nuevo Venezolano, Caracas, 10/04/81.

Reproducción: Martín Márquez Añez, Prefecto de Caracas desplazado. Élite, Caracas, nr. 1703 del  17/05/1958.

Nota LB: Período de la Junta de Gobierno encabezada por Wolfgang Larrazábal, a escasos meses del derrocamiento de Pérez Jiménez hay cambios.  La gráfica ofrece a Márquez Añez, quien ejercía la Prefectura de Caracas, una relevante responsabilidad por varias décadas en Venezuela. Todavía faltan estudios sobre la gobernabilidad durante la transición. Recordamos, por ejemplo, la importante y constante movilización política y los referentes partidistas, sindicales, empresariales y gremiales, añadidos los medios de comunicación. El protagónico papel de las Fuerzas Armadas que ostentaron hasta  un programa de televisión que, por cierto,  reportó algunos problemas. Hay algunos  datos que destacan en la historiografía   tradicional, como el alzamiento de Castro León, la política petrolera, la autonomía universitaria o, no olvidemos, el Plan de Emergencia. Empero, falta relacionar las actuaciones del gobierno que, sin  parlamento, tenía por foro los aludidos referentes, en tensión permanente ante las conspiraciones, incluyendo la proveniente de República Dominicana. Falta por contrastar los informes y estadísticas oficiales. Si mal no recordamos,  hay títulos olvidados como uno  de Numa Quevedo, otrora ministro de Relaciones Interiores, que da cuenta de su gestión.

domingo, 10 de agosto de 2014

ASAMBLEARIOS

De una reseña parlamentaria
Luis Barragán


En días pasados, tuvimos ocasión de leer – al fin – un pequeño libro de Simón Sáez Mérida relacionado con la trayectoria parlamentaria de Domingo Alberto Rangel. Corroboramos algunas de nuestras modestas impresiones al explorar los viejos Diarios de Debates, sobre todo en los difíciles, duros y complejos inicios de la democracia representativa, caído Pérez Jiménez.

Independientemente de nuestras diferencias políticas e ideológicas, el autor hace justicia a la elocuencia y profundidad del tovareño, a quien calificamos de político ilustrado con motivo  de la discusión del acuerdo que le tributó la Asamblea Nacional. Un tribuno que, en nuestra intervención, recordamos como un interlocutor válido en la polémica parlamentaria que ha de  interpelar al oficialismo, aunque Chávez Frías interrumpió la transmisión televisiva d la citada sesión  para encadenarse e insultar a Capriles, con la resignada anuencia de sus diputados.

El viejo Domingo Alberto sustentaba su labor proselitista y diputacional en el estudio, como ocurría con buena parte de sus colegas. E, incluso, citaba los más recientes boletines del Banco Central, poblados de cifras, junto a los teóricos de la economía que lo animaban, cumplimentando a la cámara con una metáfora que parecía dinamitarla, como ocurría igualmente con otros oradores que frontalmente lo adversaban. Sin embargo, algo ha pasado con los herederos de una curul que homenajearon fatigosamente.

En efecto, las características de Rangel en el uso del micrófono asambleario, ya no goza de equivalente alguno en quienes se reclaman como los más socialistas del planeta. Frecuentes despachadores de los créditos adicionales, festejadores de los acuerdos que la sola ocurrencia parece dictar y negadores de todo debate que le interese al país que los sufre, suelen agolpar el hemiciclo de procacidad, combinada con el gesto soez de los envalentonados: muy raras veces hay un asomo de  convicción y hondura, favorecidos el desplante y la saña que siembran en el terreno de la descalificación personal.

Algo pasó con el marxismo venezolano que tuvo voceros muy superiores a los actuales, y esto es necesario reconocerlo. Sáez Mérida y su “Domingo Alberto Rangel  parlamentario” (Vadell Hermanos, Caracas, 2004), se nos antoja como un escrito de cargos para los que – además – lo proclaman, sin haberlo escuchado o leído jamás.

Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/20200-de-una-resena-parlamentaria