Mostrando entradas con la etiqueta San Pablo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Pablo. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de junio de 2020

CAZA DE CITAS

"A Pablo se le pemitió alojarse en una casa, tenía el brazo derecho esposado al brazo izquierdo del soldado que era su vigilante. Pero aún no se concede descanso y sigue anunciando el Evangelio a todos sus visitantes. Libre de tantas actividades con un ritmo de vida menos intenso, el Apóstol tuvo más tiempo paa orar y meditar. Dócil al impulso de Espíritu, escribe a sus cristianos y - y a los cristianos de todos los tiempos - tres maravillosas cartas: a los Colosenses, a los Efesios, a Filemón. Podemos considerarlas como las cartas de la madurez"

Derno Giorgetti

("Pablo, el apóstol", Ediciones Paulinas, Caracas, 1982: 4

Ilustración:  Óleo atribuído a Valentón de Boulogne, 1619

domingo, 17 de diciembre de 2017

SE REALIZA, REALIZÁNDOSE

La fracción parlamentaria #16-JULIO y el buen combate
Luis Barragán

La sola fe no basta, pues, debe traducirse en obras; si no, está muerta. Propicio este período del  año para una profunda reflexión personal capaz de enriquecerse con la  del otro y los otros, luce oportuna la cita de la carta de San Pablo a Timoteo, llamando a luchar “valientemente, conservando la fe y la buena conciencia”, aunque parece más atractiva la traducción empleada por la Biblia Latinoamericana: “… Pelear el buen combate con la fuerza que te da  la fe y la buena conciencia” ( 1º Timoteo, 1 – 18). 

Consumado el martirio de Pedro y Pablo en Roma, por el año 64, algunas de las comunidades cristianas requerían de una mayor y mejor orientación, por lo que Timoteo, como Tito, difundió las misivas que tanto ayudaron a disipar la confusión, atajándola y revirtiéndola.  Apelaron a la palabra heredada para enderezar el camino, supieron rectificar para echar las bases de la iglesia duradera que somos todos, sabiéndose en un combate permanente.

Los venezolanos no nos rendiremos y, alumbrado por nuestra fe y conciencia, el camino es y será de los más variados y contradictorios retos. Y la premisa muy bien aplica frente al proyecto totalitario en curso, asumido ingenuamente como un problema momentáneo de la supuesta democracia que refundó, hasta hace muy poco tiempo, que apela al terrorismo psicológico para redondear sus faenas de hambre y de miseria, pretendiendo sojuzgarnos desde la propia intimidad personal.

Por ello, además de plantear uno de los problemas fundamentales que atraviesa el país, la fracción parlamentaria del 16-JULIO, a la que está adscrita Vente Venezuela, con motivo de la finalización del segundo período de sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional, no podía cerrar su declaración sin un mensaje inspirado en la epístola de San Pablo (https://www.youtube.com/watch?v=ocmy75OtMU8). Creyentes e, incluso, no creyentes,  dispuestos a dar el buen combate.

En las vecindades de la Navidad que no podrán ultimar las camarillas del poder establecido, debemos reiterar nuestro llamado a no desmayar, sino a empinarnos por encima de toda adversidad, afincados en nuestras más firmes, legítimas y profundas convicciones. Significa profundizar en la confianza que ha de suscitar el propósito de alcanzar la libertad plena, la solidaridad y la reconciliación justa: un propósito que va más allá de su enunciación y se realiza, realizándose.

17/12/2017:

jueves, 22 de diciembre de 2016

GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR

EL NACIONAL, Caracas, 22 de julio de 2016
Navidad en tiempo de SSXXI
Ovidio Pérez Morales

Una invitación muy singular es la de un preso, quien, desde la cárcel y ante una previsible ejecución, exhortaba de modo insistente a la alegría a sus hermanos en la fe. “Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito, estén alegres”. El preso se llamaba Pablo y escribía a los cristianos de Filipos, ciudad de Macedonia, bajo el imperio romano. Motivo de esa alegría: “El Señor está cerca” (Flp 4, 4-5). El Apóstol habla de sus sufrimientos por el Evangelio como un regalo de Dios.

Este llamado a la alegría lo tengo presente en la actual Navidad venezolana, en la que la gente –que somos nosotros– y especialmente la más necesitada, sufre el rigor de la escasez de alimentos y medicinas, de la disminución de sus recursos devorados por una desaforada inflación, de la inseguridad reinante, de la angustia ante la incertidumbre, de la opresión política. En esta circunstancia no sólo no creyentes sino también muchos que se identifican como cristianos no perciben razones para celebrar estas fiestas decembrinas.

Algo que también me ayuda a discernir la alegría es el hacer memoria de la primera Navidad. La de Belén en tiempos de la dominación romana en Palestina y el reinado de Herodes. Éste, hacia el año en que nació Jesús, hizo quemar vivos a dos maestros de la ley y a 42 jóvenes, acusados de haber destruido el “águila imperial” colocada en el templo. Y siendo Jesús niñito el gobernador de Siria, Varo, hizo crucificar a unos 2.000 judíos en las afueras de Jerusalén, y sus soldados destruyeron Séforis, a 6 kilómetros de Nazaret y arrasaron las aldeas del entorno.

Lo que los Evangelios nos cuentan acerca de la Navidad integra aspectos dramáticos de la existencia humana, que el Hijo de Dios asumió al hacerse hombre de verdad y correr la suerte de los humanos, especialmente de los pobres. José y María en apuros no encontraron donde alojarse, y experimentaron carencias básicas en momentos de particular necesidad. Ciertamente ratos de reconocimiento y congratulación hubo, con la visita de los pastores y la llegada de los “magos del Oriente”; pero lo trágico no tardó en llegar con la matanza de inocentes decretada por Herodes, celoso de su poder ¿Consecuencia? El trío de José, María y Jesús se convirtió en el primer grupo de cristianos que tuvo que exiliarse, para salvar la vida del pequeño y probablemente la de ellos también. La primera Navidad no fue novela rosa ni cuento de hadas.

La Navidad actualmente se ha globalizado, con la consiguiente pérdida de la identidad que tiene para los cristianos. Santa Claus es un personaje que la sociedad de consumo confecciona para todos los gustos. Pero dentro de todo hay valores que son apreciables en las fiestas navideñas mundializadas como son los encuentros familiares, los tejidos amistosos y un ambiente favorable a la sonrisa y la paz (pongamos entre paréntesis la superficialidad, los abusos y los excesos).

Para el cristiano la Navidad genera una alegría insobornable y sólida, pues se funda en la verdad fundamental subrayada por Pablo: la cercanía del Señor. El nacimiento de Jesús significa que Dios se ha hecho prójimo (proximus) de los seres humanos, compartiendo todo, menos el pecado. Se ha aproximado para liberar, salvar. No estamos solos en la historia; y pase lo que pase, el Señor está al lado en y al final de nuestro peregrinar por el tiempo. “No teman”, es una palabra divina que recorre toda la Escritura santa.

Pero la Navidad es también seria interpelación. Y esto no lo deben diluir ni ocultar los fuegos artificiales ni el intercambio de regalos. Jesús nos interpela a gestar una convivencia a la medida de su “mandamiento máximo”, el amor. A edificar una “nueva sociedad”, libre, justa, solidaria, pacífica, fraterna. Sin marginaciones, odios, exilios, dominaciones, ni herodes.

La Navidad para los venezolanos y de modo particular para los cristianos es hoy una exigencia de cambio nacional, hacia una convivencia digna de hijos de Dios y de ser presentada ante el Señor Jesucristo cuando regrese glorioso.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/navidad-tiempo-ssxxi_72322
Fotografía: http://runrun.es/nacional/venezuela-2/263362/murio-oliver-sanchez-el-nino-que-protesto-para-conseguir-medicinas-para-su-tratamiento.html

lunes, 4 de abril de 2016

LEGADO

El camino de Damasco
Alirio Pérez Lo Presti

Existe una larga tradición apegada a lo civilizatorio en la cual los grandes actos humanos o las más importantes transformaciones sociales, se hallan vinculadas con un evento, con un acontecimiento en particular que en muchos casos es interpretado de manera mística, cuando no es literalmente una tragedia. Esa tradición humana de asociar lo trascendente con un hecho o una serie de circunstancias negativas específicas, se repite independientemente de los tiempos y de las más disímiles culturas.
Lo vemos en la manera en la cual Buda hace su transformación personal cuando puntualmente descubre “la vejez, la enfermedad y la muerte” o cuando la desventura de una condena carcelaria modifica todo el ideario de Nelson Mandela. Es una difundida tradición en la cual se asume que es a través de la trascendencia propia que da el sufrimiento personal o colectivo, como se logra alcanzar un nivel “espiritual” más elevado.
Esa visión, en la cual sólo a través del sufrimiento es que se puede llegar a trascender, tiene su ícono universal representado en la imagen de Jesucristo y la cruz como simbología de identificación entre los cristianos. Pero Jesucristo no hubiese podido llegar a ser lo significativo que es para la cultura universal si no es por la existencia de San Pablo, que pone en marcha un proyecto de expansión de las ideas que cultivaba un grupo de judíos en un rincón apartado del Imperio Romano.
El 25 de enero de cada año se conmemora lo que espiritualmente se considera el proceso de “conversión” hacia la fe cristiana. Todo el episodio es de una simbología de gran riqueza, que se basa en el momento en el cual Saulo (su nombre hebreo) o Pablo (su nombre romano), cuando se hallaba persiguiendo cristianos camino a Damasco, se topa con un resplandor celestial que le hizo caer del caballo dejándolo enceguecido, mientras escuchaba una voz que le decía –“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”, y él pregunta –“¿Quién eres?”, y le responden –“Soy Jesús Nazareno”. La impresión no podía ser mayor; sufriendo Saulo una crisis personal en la cual de manera abrupta pasa a creer en lo que no creía y abandona lo que eran sus convicciones hasta ese momento. 
A raíz de este hecho, una pequeña secta judía, internada en la ciudad de Jerusalén, marginada del Imperio Romano, llegó a convertirse en una religión universal. Nada de esto hubiese sido posible sin la extraordinaria labor política (acciones) de San Pablo o Saulo de Tarsos, quien desde el momento de su conversión va a dedicar los treinta años de vida que le quedan a la misión de contribuir en un grado incomparable a transformar las ideas religiosas de la secta judía en la devoción general que llegó a ser más tarde el cristianismo.
A raíz de este incidente extraordinario, un hombre que estaba persiguiendo cristianos con una violencia aviesa y una pasión inaudita, que incluso presencia el martirio de San Esteban y participa espiritualmente en su crimen, pues guarda las ropas de los que le arrojaron piedras, se transforma, se “convierte” e interviene en las grandes decisiones que hicieron que la fe cristiana se expandiera por el orbe. Durante tres décadas, luego de ganarse la confianza de los viejos apóstoles, recorre prácticamente todo el mundo conocido de su tiempo, de poblado en poblado, luchando, sufriendo persecuciones y sembrando infinitud de iglesias a su paso. Su habilidad verbal es tal que convence a Pedro, a Santiago el Mayor y a Juan y logra que se permita “ser cristiano sin ser judío”, lo cual es el empuje imprescindible que requería la secta para transformarse en una religión universal.
La obra de San Pablo está vinculada con persuadir. No sólo para convencer desde lo estrictamente religioso, sino para modificar la cultura y modos de vida de su tiempo hasta el presente. Cuando una idea es planteada, de alguna manera sólo queda a nivel de recreación intelectual, pero lo que San Pablo hace es un acto solemnemente político de carácter proselitista en el cual no sólo ha de modificar la manera de pensar sino de actuar. 
A veces las sociedades han de pasar por situaciones de penurias en donde aparece lo luminoso luego de transitar el camino del sufrimiento. Es propio de la tradición cultural que se tienda a pensar que una cosa implica la otra. La existencia de hombres que padecen tragedias personales y de grupos que cargan con las privaciones propias de su tiempo, inexorablemente se terminan concatenando para precipitar los cambios colectivos. A estos fenómenos, en los cuales participa un conglomerado, guiado por un liderazgo personificado en “alguien”, le atribuimos el nombre de “historia”.
La vida de San Pablo no podía terminar de manera diferente a como finalizó. Hacia el año 67 fue preso y condenado a muerte. Muere decapitado en Roma, pues como era ciudadano romano gozó de este “privilegio” y no fue crucificado. Su legado político-religioso y su misión católica-ecuménica forman las bases del mundo que conocemos.

Fuente: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/camino-damasco_247501
Ilustración: Dumont.

domingo, 3 de febrero de 2013

INSUPERABLE PERSPECTIVA

"El amor es comprensivo, el amor e servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es mal educado ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, soporta sin límites. El amor no pasará jamás" (1 Co, 12).

lunes, 18 de abril de 2011

EL GRAN CAMUFLAGE


¿Qué significa, hoy en día, anunciar a Cristo crucificado?

Cristo sigue siendo crucificado: en los pobres, en los oprimidos, en los marginados. Los opresores y verdugos se camuflan y se presentan como benefactores, incluso como mesías. Falsos mesías, desde luego. ¿Cómo hacer que las víctimas identifiquen a sus depredadores? ¿Cómo sacar de su inconsciencia a los que son seducidos y manipulados por la astucia de los zorros de este mundo?

Estos días de la Pasión del Señor, y muy especialmente el Triduo Sacro, son ocasión muy propicia para anunciar cómo somos salvados por la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Que Jesús murió en una cruz significa que vivió una vida humana con todo lo que ella trae: alegrías y tristezas, conflictos y enfrentamientos… por causa de su mensaje. Su muerte no fue un accidente, un hecho desconectado de lo que hizo y predicó. No fue el final puro y simple de una historia particular. Su muerte es una acción del Señor mismo, actuando con plena libertad. “Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre” (Jn 10,18). La libertad es un absoluto. O se es libre o no, no se puede ser libre a medias. Aquí entra en juego el amor de Dios. En el supremo instante, él pone todo en manos de su Padre. Habiendo cumplido la obra que se le encomendó, confía en que su Padre no permitirá que se pierda para siempre. De la aparente derrota, Dios sacará el triunfo más completo de su Causa.

¿Qué significa, hoy en día, anunciar a Cristo crucificado? Significa empeñarse para que haya amor, fraternidad, entrega a Dios y a los hermanos; señalar situaciones y prácticas que deshumanizan; desenmascarar estructuras, valores e ideologías que alimentan el enfrentamiento, la mentira, el odio, el ateísmo. Tenemos que apoyar activamente las iniciativas y organizaciones (económicas, sociales, religiosas) que hagan posibles la justicia y la verdad. Si así vivimos y actuamos seguramente sufriremos persecución.

Cargar la cruz significa solidarizarse con los crucificados de este mundo: con los que sufren violencia, con los empobrecidos, los deshumanizados, los ofendidos en sus derechos. En esta sociedad no existen reales derechos a un trabajo seguro y bien remunerado, a una recta administración de justicia, a un sistema de salud pública bien dotado y prestado por profesionales idóneos, a una educación humanizante y a un aprendizaje de las tecnologías actuales…

Los pobres de América Latina claman por la justicia social. El militarismo y el caudillismo no pueden ser garantes de las libertades públicas y de los derechos ciudadanos. Es un militarismo patriótico que enmascara un capitalismo salvaje de Estado. Las instituciones se vacían de contenido real, son mamparas que funcionan por la lealtad incondicional al caudillo. Desaparecen el Estado de derecho y la separación de poderes. Se impone una mezcla de fidelidad ideológica y personalista, así como el clientelismo y el parasitismo. Desaparece el concepto de ciudadanía. La gran tarea política, también de los cristianos, es la construcción de la nación y su democracia.

Son violados los derechos del hombre, que son derechos de Dios. Es un producto del odio. Es la cruz, con su peso de muerte, que los dueños del poder cargan onerosamente sobre los hombros del pueblo. No podemos permanecer resignados y silenciosos, cuando el dolor y la muerte son el resultado de la injusticia que desgarra el corazón, cuando no hay salida. Aun así tiene sentido, contra todo cinismo, resignación y desesperación, hablar de la cruz.

Jesús transformó el dolor y la condena a muerte, los hizo un acto de libertad y de amor, de entrega de sí mismo. Se puso en manos de su Padre y perdonó a los que lo rechazaban. El perdón y la confianza no permiten que el odio y la desesperación tengan la última palabra. Es el gesto supremo de la grandeza del ser humano.

En la cruz palpita una vida que no puede ser absorbida por la muerte. La vida que es amor, entrega y solidaridad. Con esta muerte se revela el poder y la gloria de Dios. La hora de la pasión es la hora de la glorificación. Hay una unidad entre pasión y resurrección, entre muerte y vida. Ser crucificado por causa de la justicia y por causa de Dios, es vivir.

Predicar la cruz es asumir el compromiso para hacer cada vez más imposible que unos seres humanos sigan crucificando a otros seres humanos. Es vivir a partir de una Vida que la cruz no puede extinguir. Seguir a Jesús es pro-seguir su causa y con-seguir su victoria.

Somos portadores del misterio de la cruz, para generar vida allí donde reina la muerte, amor donde se manifiesta el odio. Hay una libertad que se rebela contra Dios y, entonces, la cruz es símbolo del ser humano caído, del no-ser humano; es símbolo del crimen. Pero la libertad del cristiano es compromiso para superar la cruz; no sólo la soporta, sino que la combate. Se hace profeta, mártir, discípulo del Crucificado. Transfigura la cruz, haciendo de ella sacrificio de amor por los otros.

La cruz puede ser cerrazón de lo humano sobre sí mismo hasta el punto de crucificar a Dios o bien ser un acto de amor al extremo en que el Padre entrega a su propio Hijo. Dios no es impasible ante el dolor de los crucificados de la historia.

Esta es la paradoja de la cruz. Así es el mensaje de Pablo a los corintios: “Nosotros anunciamos a un Mesías crucificado. Esto les resulta ofensivo a los judíos, y a los no judíos les parece una tontería; pero para los que Dios ha llamado, sean judíos o griegos, este Mesías es el poder y la sabiduría de Dios. Pues lo que en Dios puede parecer una tontería, es mucho más sabio que toda la sabiduría humana; y lo que en Dios puede parecer debilidad, es más fuerte que toda fuerza humana” (1 Cor 1,23-25).

Para apropiarnos de esta lógica es necesario asumir la cruz y la muerte. Si luchamos contra el mal, la cruz dejará de parecernos un absurdo, y nuestras vidas comenzarán a tener sentido, el sentido que Dios quiere que tengan.

Como dijo y vivió Pablo:

"Atribulados en todo, mas no aplastados;

perplejos mas no desesperados;

perseguidos más no abandonados;

derribados mas no aniquilados.

Como desconocidos, aunque bien conocidos;

como quienes están condenados a la muerte, pero vivos;

como tristes, pero siempre alegres;

como pobres, aunque enriquecemos a muchos;

como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos"

(2 Cor 4,8-9; 6,9-10).

En el drama de la cruz y de la muerte se oculta el sentido último y la Vida.

Padre Miguel Galindez

Ilustración: "Gateway Tangier", Henry Ossawa Tanner

Nota LB:

La homilía reseñada circuló en Facebook, gracias a Elizabeth Pérez Hands.