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lunes, 3 de septiembre de 2018

ACLARATORIAS

Homilía: San Marcos 7, 1-8, 14-15, 21-23
José Martínez de Toda (SJ)
30/08/2015

Pregunta 1 – ¿Cuál era este problema de ‘no lavarse las manos’ antes de comer?

Los fariseos acostumbraban a lavarse las manos antes y durante las comidas. Pero no era sólo una medida higiénica.

Ellos querían hacer como los sacerdotes, que estaban obligados a estos lavatorios cuando se acercaban al altar. (Éxodo 30:18-21 y 40:31). Era una manera de demostrar su devoción a Dios – y de tener como un marcador que los diferenciara de sus vecinos paganos, considerándose los predilectos de Dios y «los santos».

He aquí algunos ejemplos de aquellos lavatorios rituales:

- La mayoría de las casas de Jerusalén tenían un espacio destinado a los baños y lavatorios rituales.

- Usaban agua de lluvia, que no fuera transportada.

- Preferían recipientes de metal, piedra y vidrio, porque no son materiales absorbentes, y así no necesitan de la limpieza ritual después de ser usados.

- “Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen.”

- Lavaban la ropa u otros objetos que habían tenido contacto con animales (Levítico 11:28-38).

- No mezclaban “carne” y “leche” (Éxodo 23:19).

Otros ejemplos de ritualismo y rigorismo: 39 normas para el sábado y 613 mandatos derivados de la Ley Mosaica (Shökel, Lc 6, 1-5 y Lc 6, 6-11). Fueron acusados los discípulos de triturar espigas en sábado para comerlas, y Jesús fue acusado de curar en sábado.

Los fariseos y los maestros de la ley se dieron cuenta de que algunos discípulos de Jesús comían sin haberse lavado las manos, y le preguntan a Jesús:

- “¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de los ancianos, sino que comen con las manos impuras?”

Pregunta 2 – ¿Qué responde Jesús?

Él los llama “hipócritas”. En la literatura clásica griega, la palabra “hipócrita” (hypokriton) se aplica a los que actúan en el escenario de un teatro.

Y Jesús continúa:

“Enseñan como doctrinas de Dios lo que son mandamientos de hombres” (vv. 6b-7).

Es decir, los fariseos habían inventado cosas que no venían de Dios.

Ya lo advirtió Isaías: “El día de ayuno buscáis vuestro interés; ayunáis entre riñas y disputas, dando puñetazos sin piedad.” (Is 58, 3b-4).

Y Jesús, para desenredar los errores de los fariseos, hace dos aclaratorias.

1ª aclaratoria: Recomienda no actuar por rutina y costumbre, sino pensar por qué se hacen las cosas. Hay una experiencia muy conocida hecha con unos monos.


Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo el nuevo mono fue comenzar a subir la escalera para comer cambures, pero fue bajado rápidamente por los otros, quienes además le pegaron. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera.

Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido.

Entonces se vio que los monos, aun cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a quien intentase llegar a los cambures o bananos. Si les preguntaran por qué pegaban a quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería: "No sé, las cosas siempre se han hecho así, aquí..." >

A veces somos como esos monos. Hacemos muchas cosas simplemente porque así se han hecho siempre, sin preguntarnos por qué lo hacemos así.

“Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio” (Albert Einstein).

Jesús dice:

Los fariseos le daban más importancia a las tradiciones de los hombres que a los mandatos de Dios (o la Torá). Lo que realmente importa es hacer la voluntad de Dios, aumentar nuestra fe, esperanza y caridad.

Pregunta 3 – Entonces, ¿Jesús condena las tradiciones, como inventos humanos?

Jesús no condena toda tradición. Condena el ponerlas al mismo nivel o por encima de lo mandado por Dios. Hemos heredado procesiones, novenas, celebraciones, fiestas. Todas son hermosas y buenas, pero… no hay que confundirlas con lo esencial.

Todas esas tradiciones son medios para un fin.

Y el fin es dar gloria a Dios, y formar la iglesia de Cristo, que es vivir juntos el amor y compartirlo con los hermanos. Somos una sola familia, unida en lo esencial que es buscar la salvación para todos. El fin siempre será caminar juntos hacia Dios.

Jesús nos aclara qué es lo importante y qué lo secundario.

Pregunta 4 – ¿Cuál es la segunda aclaratoria?

Jesús añade: “Lo que hace al hombre malo es lo que viene del corazón”.

Lo que viene de fuera, no afecta al hombre, no lo hace malo, no lo mancha.

Lo malo es lo que viene de su corazón y consiente a ello. Es decir, los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, el narco, la droga, los asesinatos, la avaricia, la corrupción, los adulterios, la codicia, las maldades, el engaño, los vicios, la envidia, los chismes, el orgullo, la falta de juicio. Todas estas cosas malas salen de dentro y hacen impuro al hombre.

Lo demás es pura hipocresía: De nada sirve vestirse elegantemente e ir así a la Iglesia, si la conducta es mala, perversa e impura. “Aunque el mono se vista de seda, mono se queda”. Lo que importa es purificar el interior. De nada sirve rezar muchas oraciones, asistir a muchas procesiones, si mis obras no siguen los mandatos de Dios.

Jesús viene a recordarnos que lo importante no es lo que dicen los labios, sino lo que dice el corazón.

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Ahí, aprendemos qué es lo importante en nuestras vidas, que es amarnos unos a otros, como Jesús nos amó."

Fuente:

https://jesuitas.co//guion-para-la-radio-1361
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.notitarde.com/revisar-el-interior
Sergio Córdova: http://es.catholic.net/op/articulos/6200/cat/331/la-tragedia-de-una-mascara.html#modal
Ilustración: Robert McIntosh.

domingo, 30 de agosto de 2015

DESENREDO

Evangelio Dominical: No al ritualismo
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el vigésimo segundo Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 30 agosto 2015. La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23
"Me honran con los labios; pero su corazón está lejos de mí"
¿Cuál era este problema de 'no lavarse las manos' antes de comer?
Los fariseos acostumbraban a lavarse las manos antes y durante las comidas. Pero no era sólo una medida higiénica. Ellos querían hacer como los sacerdotes, que estaban obligados a estos lavatorios cuando se acercaban al altar. (Éxodo 30:18-21 y 40:31). Era una manera de demostrar su devoción a Dios – y de tener como un marcador que los diferenciara de sus vecinos paganos, considerándose los predilectos de Dios y «los santos». Por ejemplo:
La mayoría de las casas de Jerusalén tenían un espacio destinado a los baños y lavatorios rituales.
Usaban agua de lluvia, que no fuera transportada.
Preferían recipientes de metal, piedra y vidrio, porque no son materiales absorbentes, y así no necesitan de la limpieza ritual después de ser usados.
"Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen."
Lavaban la ropa u otros objetos que habían tenido contacto con animales (Levítico 11:28-38).
No mezclaban "carne" y "leche" (Éxodo 23:19).
Otros ejemplos de ritualismo y rigorismo: 39 normas para el sábado y 613 mandatos derivados de la Ley Mosaica (Shökel, Lc 6, 1-5 y Lc 6, 6-11). Fueron acusados los discípulos de triturar espigas en sábado para comerlas, y Jesús fue acusado de curar en sábado
Los fariseos y los maestros de la ley se dieron cuenta de que algunos discípulos de Jesús comían sin haberse lavado las manos, y le preguntan a Jesús:
"¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de los ancianos, sino que comen con las manos impuras?"
¿Qué responde Jesús?
Él los llama "hipócritas". En la literatura clásica griega, la palabra "hipócrita" (hypokriton) se aplica a los que actúan en el escenario de un teatro. Y Jesús continúa:
"Enseñan como doctrinas de Dios lo que son mandamientos de hombres" (vv. 6b-7).
Es decir, los fariseos habían inventado cosas que no venían de Dios.
Ya lo advirtió Isaías: "El día de ayuno buscáis vuestro interés; ayunáis entre riñas y disputas, dando puñetazos sin piedad." (Is 58, 3b-4).
Y Jesús, para desenredar los errores de los fariseos, hace dos aclaratorias.
1ª aclaratoria: Recomienda no actuar por rutina y costumbre, sino pensar por qué se hacen las cosas. Hay una experiencia muy conocida hecha con unos monos.
Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo el nuevo mono fue comenzar a subir la escalera para comer cambures, pero fue bajado rápidamente por los otros, quienes además le pegaron. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera.
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido.
Entonces se vio que los monos, aun cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a quien intentase llegar a los cambures o bananos. Si les preguntaran por qué pegaban a quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería: "No sé, las cosas siempre se han hecho así, aquí..." >
A veces somos como esos monos. Hacemos muchas cosas simplemente porque así se han hecho siempre, sin preguntarnos por qué lo hacemos así.
"Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio" (Albert Einstein).
Jesús dice: Los fariseos le daban más importancia a las tradiciones de los hombres que a los mandatos de Dios (o la Torá). Lo que realmente importa es hacer la voluntad de Dios, aumentar nuestra fe, esperanza y caridad.
Entonces, ¿Jesús condena las tradiciones, como inventos humanos?
Jesús no condena toda tradición. Condena el ponerlas al mismo nivel o por encima de lo mandado por Dios. Hemos heredado procesiones, novenas, celebraciones, fiestas. Todas son hermosas y buenas, pero... no hay que confundirlas con lo esencial.
Todas esas tradiciones son medios para un fin.
Y el fin es dar gloria a Dios, y formar la iglesia de Cristo, que es vivir juntos el amor y compartirlo con los hermanos. Somos una sola familia, unida en lo esencial que es buscar la salvación para todos. El fin siempre será caminar juntos hacia Dios.
Jesús nos aclara qué es lo importante y qué lo secundario.
¿Cuál es la segunda aclaratoria?
Jesús añade: "Lo que hace al hombre malo es lo que viene del corazón".
Lo que viene de fuera, no afecta al hombre, no lo hace malo, no lo mancha.
Lo malo es lo que viene de su corazón y consiente a ello. Es decir, los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, el narco, la droga, los asesinatos, la avaricia, la corrupción, los adulterios, la codicia, las maldades, el engaño, los vicios, la envidia, los chismes, el orgullo, la falta de juicio. Todas estas cosas malas salen de dentro y hacen impuro al hombre.
Lo demás es pura hipocresía: De nada sirve vestirse elegantemente e ir así a la Iglesia, si la conducta es mala, perversa e impura. "Aunque el mono se vista de seda, mono se queda". Lo que importa es purificar el interior. De nada sirve rezar muchas oraciones, asistir a muchas procesiones, si mis obras no siguen los mandatos de Dios.
Jesús viene a recordarnos que lo importante no es lo que dicen los labios, sino lo que dice el corazón.

Fuente: http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-no-al-ritualismo

Ilustración: Sam Vanni.

LAVADURA Y MANIPULACIÓN

NOTITARDE, Valencia, 30 de agosto de 2015
“Caminando con Cristo”
Lo puro y lo impuro (Mc. 7,1-8.14-15.21-23)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este domingo nos presenta la escena de unos fariseos que preguntan a Jesús el porqué sus discípulos comen sin lavarse o purificarse las manos.
Los fariseos eran personas muy ritualistas, fanáticos que distorsionaban el verdadero sentido de la Palabra de Dios. Entre tantos rituales que tenían estaba el lavarse las manos y los brazos ritualmente, exageradamente, y al ver que los discípulos de Jesús no hacen este rito lo cuestionan sobre el asunto. No se trata aquí de un caso de higiene (como podemos hacer nosotros antes de comer), se trataba de un rito largo antes de comer y al mismo tiempo sin sentido, que en nada afecta a los mandamientos de Dios.
Para los fariseos este acto significaba estar puro ritualmente y se había convertido en una tradición intocable. Las palabras de Jesús a la interrogante de sus interlocutores son categóricas: “Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrinan que enseñan son preceptos humanos”. Jesús condena el tradicionalismo farisaico que mata la ley de Dios.

En la segunda parte del evangelio, después que Jesús echa en cara a los fariseos el cómo manipulan la Palabra de Dios con tradiciones humanas, habla acerca de lo que es puro e impuro a los ojos de Dios, no en sentido ritual (los fariseos prohibían ciertos alimentos como por ejemplo carne de puerco, porque los consideraban impuro), sino moral y personal; es decir, en lo que respecta a la conciencia del hombre creyente frente a Dios. Jesús dice que lo que entra por la boca (los alimentos) no hace impuro al hombre, sino lo que sale de su corazón (malos deseos y malas acciones).

IDA Y RETORNO: Oración, conciencia y acción por Venezuela.

Fotografías: Desaparece y reaparece en la red de redes. Es el rostro de Jesús, publicado años atrás de acuerdo a los especialistas. No constituye herejía alguno imaginarlo de una forma diferente a la versión bizantina, por ejemplo. La "pinta" del Salvador no es decisiva.

lunes, 3 de septiembre de 2012

MASCARIDAD

San Marcos, 7: 1-8, 14-15, 21-23

Hemos traspapelado el nombre del Padre que ofició ayer en la Iglesia de La Coromoto (El Paraíso),  quien se refirió a las cosas que están prohíbidas y encuentran un fiel cumplimiento de las personas, aunque perdiesen el sentido original. Los ritos producen normas que carecen de sentido, como aquello de no hacer absolutamente nada el sábado a tal punto que se pierde el sentido de la fraternidad, de la solidaridad, de la experiencia profunda. Amar es libertad, ayudar a alguien. Si no fuese así, ¿cuál vida vivimos, cómo es nuestra fe? E, incluso, tratamos de asegurar nuestra salvación personal, pero nos olvidamos de los otros: ¿es mejor la fe egoísta, egocentrista? Nuestra gloria a Dios no es con los símbolos, las efusiones, sino con el servicio, la fraternidad, el modo o estilo de vivir nuestra fe.

Dt 4, 1-2, 6-8
Salmo 14
Stgo 1, 17-18, 21-22.27

Tomado del grupo Homilías / Facebook:
Luis Miguel Tarrazzi Cariel
En la misa de hoy esta palabra del evangelio me llamó muchísimo la atención: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres" (Marcos 7). Al oírlo me pregunté: ¿Será esta una radiografía de Venezuela?

Nota LB: Por coincidencia, no tenemos el nombre a la mano del sacerdote. A veces, se muestran indiferentes respecto al conocimiento que la feligresía tenga de ellos, pues importa más la prédica. Sentimos que algunos son cautelosos o, por los menos, al preguntar por sus nombres, así se muestran sus más cercanos colaboradores.  Hay también razones que les asisten, por los peligros de la Venezuela actual. E, incluso, hubo uno al que, luego de oficiar la misa, le preguntamos y quizá quiso hacerse el gracioso por aquello de "no me llamo, me llaman", etc. para evadir. Sin embargo, no sólo por las actividades que los sacerdotes generen, las que probablemente nos permiten ganar el derecho a llamarlos por sus nombres de pila, al compartir el esfuerzo, sino por las reflexiones quie suscitan ameritan de la identidad. Más adelante continuaremos sobre el tema....

domingo, 2 de septiembre de 2012

DOBLECES

NOTITARDE, Valencia, 2 de Septiembre de 2012
El amor y la impureza (mc. 7,1-8.14-15.21-23)
Joel Núñez Flautes

El texto del evangelio que leemos hoy, nos presenta a los fariseos y algunos maestros de la ley (Estudiosos de la Torá judía= Antiguo Testamento), venidos de Jerusalén, porque Jesús estaba predicando en Galilea y lo confrontan, le preguntan la razón por la cual sus discípulos comen sin lavarse las manos antes de comer y aquí hay que recordar que a lo que están haciendo referencia los jefes religiosos es a las abluciones o purificaciones rituales que ellos hacían durante el día para sentirse purificados, para declarar que no se contaminaban con las cosas paganas, con las cosas externas que tocaban, con algunos alimentos, por ir algunos sitios o por el contacto con algunas personas. Estas purificaciones consistían no sólo en lavarse como lo hacemos nosotros por higiene antes de comer, se lavaban hasta los codos, los brazos y se iban haciendo algunas oraciones y ellos pensaban que por el simple hecho de hacer aquello estaban purificados y se sentían con la moral de condenar como impuros a los que no vivieran como ellos o no hicieran lo que ellos hacían; es esta actitud la que los mueve a enfrentar a Jesús, aparte de manifestarle en su cara que trasgredía la ley judía o distorsionaba su sentido o enseñaba otras cosas que eran contrarias a las tradiciones farisaicas o de los maestros judíos. Ante tal actitud Jesús responde de una manera contundente y conociendo la vida y el corazón de aquellos hombres, porque Dios sabe mirar lo profundo del corazón del ser humano, les llama hipócritas por quedarse sólo en rituales, en tradiciones y cosas impuestas por los hombres, manipulando la Palabra de Dios y olvidando los mandamientos de Dios, sobre todo el mandamiento principal del amor. Porque quien ama y dice creer en Cristo y amar a Cristo no desprecia a nadie, no condena, no clasifica entre puros e impuros, porque delante de Dios todos somos pecadores y es a Dios a quien le toca juzgar y decir que es impuro o lo que hace impuro al hombre.
Jesús, aparte de llamar hipócritas a los fariseos y maestros de la ley, por su incoherencia de vida, por olvidar y no practicar el amor que es la norma de vida y donde se resume la ley de Dios (esto le puede suceder a muchos cristianos hoy), les responde que lo que hace impuro al hombre no son las cosas externas, el lavarse o no lavarse ritualmente, el comer o no comer tal alimento (porque también los fariseos no comían carne de cerdo por considerar que era un animal impuro), por hablar o entrar en contacto con “una persona pecadora” (impura), lo que hace impuro al hombre es lo que sale de su corazón; es decir, lo que lleva dentro de sí y planifica en su mente o lo que hace a partir de eso que piensa y siente y Jesús clasifica muy bien ese tipo de impurezas que si manchan al ser humano y son peores que no cumplir con un ritual, ya que aparte de ir en contra de la misma persona que las comete, afectan a otro ser humano que puede ser “víctima” de eso que una persona planifica o lleva dentro de su corazón, un propósito desviado y, por supuesto, ofende a Dios, ya que Dios es amor y un hijo de Dios necesita y debe vivir en el amor y el amor auténtico o lo que por experiencia humana conocemos por amor es todo lo bueno y noble que podemos brindar a otra persona, a nosotros mismos y a Dios mismo.
Lo que hace impuro al hombre, dice Jesús, son los malos pensamientos (de todo tipo), la inmoralidad sexual (hoy vivimos en una cultura hedonista que ha desvirtuado el sentido de la sexualidad y genitalidad humana, quitándole su dimensión “sacra”, al punto de banalizarla), los robos (hoy en día la corrupción se ha hecho “norma” de conducta para muchos, sin importar el daño que se hace a muchas personas y la delincuencia no mide las consecuencias por apropiarse de lo que es del otro), los asesinatos (las estadísticas de muertes diarias por la violencia e inseguridad son algo escandaloso), los adulterios (la infidelidad anda de moda, no se respeta el valor del hogar y la pareja), la codicia ( el tener para muchos es norma de vida por encima del ser o del amar), las maldades (de todo tipo, la trampa), el engaño (las mentiras son normales para muchas personas), los vicios (drogas, alcohol, son fuentes de violencia en muchos hogares), la envidia (impulsa a muchas personas a hacer daño a otros), los chismes (el quitar la fama a alguien es común para muchos), el orgullo (personas que no son capaces de perdonar), la falta de juicio (el no medir las consecuencias de los actos). Estas cosas si manchan al hombre y desdicen del amor verdadero y puro.
IDA Y RETORNO: Desde el 5 al 9 de septiembre se realizará en Valencia el IV Congreso Nacional Misionero para revisar la marcha de la Misión Continental en Venezuela, cómo se está llevando el mensaje de Cristo en todas las parroquias del país. En varias parroquias de nuestra Arquidiócesis se recibirán a muchos hermanos de distintas partes del país, el Seminario recibirá a 60 sacerdotes de otras diócesis. Dios bendiga a nuestra Iglesia Católica y bendiga a nuestra patria con la Luz del evangelio.

Fotografía: César López, AK47