Mostrando entradas con la etiqueta San Lucas 7: 36. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Lucas 7: 36. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de junio de 2016

DEL DESPRECIO DE LOS DÉBILES Y DESAFORTUNADOS



Domingo 12 de junio de 2016
José Martínez De Toda, S.J.
“Al que mucho se le perdona, mucho ama” (Lc 7, 36 – 8, 3)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy presenta a una prostituta, que se acerca a Jesús. ¿Cómo reacciona Él? Escuchémoslo.
Lectura del santo evangelio según San Lucas (Lc 7, 36 – 8, 3)
NARRADOR/A – En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo:
FARISEO – Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.
NARRADOR/A – Jesús tomó la palabra y le dijo:
JESÚS – Simón, tengo algo que decirte.
NARRADOR/A – El respondió:
FARISEO – Dímelo, Maestro.
NARRADOR/A – Jesús le dijo:
JESÚS – Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?
NARRADOR/A – Simón contestó:
FARISEO – Supongo que aquel a quien le perdonó más.
NARRADOR/A – Jesús le dijo:
JESÚS – Has juzgado rectamente.
NARRADOR/A – Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
JESÚS – ¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies: ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.
NARRADOR/A – Y a ella le dijo:
JESÚS – Tus pecados te han sido perdonados.
NARRADOR/A – Los demás convidados empezaron a decir entre sí:
INVITADOS – ¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?
NARRADOR/A – Pero Jesús dijo a la mujer:
JESÚS – Tu fe te ha salvado, vete en paz.
Pregunta 1 – Una prostituta arrepentida se acerca a Jesús. ¿Qué ocurrió con ella?
Un fariseo invitó a comer a su casa a Jesús. Pero, a pesar de que lo llama Maestro, no tuvo los mínimos detalles de cortesía. A los huéspedes se les ofrecía agua para lavarse los pies, se les besaba y se les ungía la cabeza con ungüento. Nada de eso hizo con Jesús.
Seguramente la noticia de la cena con Jesús recorrió la ciudad, y la gente se asomaba al sitio de la cena.
Los invitados se sentaban en almohadas con la cabeza junto a la mesa y los pies extendidos hacia atrás.
“Y he aquí que una mujer, que había sido pecadora en la ciudad, trajo un frasco de perfume, y colocándose detrás junto a los pies de Jesús, regaba sus pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume”.
Pregunta 2 – ¿Cómo reacciona Jesús ante aquella mujer?
Ve que sus lágrimas son lágrimas de gratitud por su redención. Su presencia en la cena y su aceptación por parte de Jesús sería una confirmación pública de su cambio de vida.
Antes Jesús había sido criticado como “un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.” Este relato confirma que Jesús es verdaderamente amigo de los pecadores.
Jesús rompió muchas veces las costumbres de su pueblo con respecto a los leprosos, los mendigos, los endemoniados, los enfermos, y en general con los rechazados socialmente.
Y trató con especial preferencia a las “malas mujeres”, despreciadas por quienes aparentaban ser puros.
Pero Jesús no hace caso de los hipócritas y de quienes desprecian a los débiles y desafortunados. Él prefiere ver a cada uno como persona necesitada, que anhela respeto y comprensión, y trata al excluido como ser humano. En todo conflicto Jesús se pone del lado del necesitado. Lo hizo con la adúltera, con los leprosos, con los mendigos.
Simón se considera “puro,” y le molesta el comportamiento público de la mujer pecadora, precisamente en su misma casa.
Simón no ve en la prostituta a una persona arrepentida y cambiada, y piensa para sí:
- “Éste, si fuera profeta, sabría quién es esta mujer, que lo está tocando: una pecadora”.
Pero Jesús no responde con un discurso, sino directamente con una parábola en forma de adivinanza y con un interrogante:
Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía dos meses de paga y otro diez veces más. Pero el acreedor perdonó a los dos. ¿Cuál de éstos le estará más agradecido y le amará más?” (v. 42).
Y Simón contestó: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”.
Jesús le dijo: “Has juzgado rectamente”.
Pregunta 3 – ¿A quién representan estas dos figuras de la adivinanza?
A la prostituta y al fariseo.
A la prostituta se le había perdonado más que al fariseo. Por eso estaba mucho más agradecida, y explotaba de alegría y cariño por encima de toda consideración. A ella no le importaba llamar la atención; había sido perdonada y tratada dignamente delante de todos.
Y Jesús se lo dice claramente al fariseo, contrastando el comportamiento de ambos:
“¿Ves esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies: ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, por eso tiene tanto amor; en cambio al que poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te han sido perdonados. Tu fe te ha salvado, vete en paz”.
Pregunta 4 – ¿Cuál es la mayor diferencia entre la prostituta y el fariseo?
La gran diferencia entre la mujer y Simón es que ella, llena de amor confiado, se reconoce pecadora y el fariseo no. Peor aún, la critica.
Jesús le dice a la mujer, “Tu fe te ha salvado, vete en paz” (v. 50). La fe impulsó a la mujer a venir a Jesús, y le abrió la puerta del perdón y de la salvación.
Pregunta 5 – ¿Qué es lo más importante para estar cerca de Dios?
Lo más importante y el primer paso es sentirse pecador, ser humilde y confiar sin condiciones.
Por eso en la Misa comenzamos siempre pidiendo perdón.
Dos amigos iban por el desierto. Discutieron y uno le dio una bofetada al otro. Éste adolorido, pero sin decir palabra, escribió en la arena:
“HOY MI MEJOR AMIGO ME DIÓ UNA BOFETADA”.
Continuaron caminando, llegaron a un oasis y decidieron bañarse. El que había sido abofeteado estuvo a punto de ahogarse, y su amigo lo salvó. Cuando se repuso, escribió sobre una piedra: “HOY MI MEJOR AMIGO ME SALVÓ LA VIDA”.
- ¿Por qué escribiste antes en la arena y ahora en la piedra?
El amigo le respondió:
-Cuando alguien nos hiere, eso se puede escribir en la arena, para que los vientos del perdón lo puedan borrar. Pero cuando alguien nos hace el bien, debemos grabarlo en piedra, para que ningún viento lo pueda borrar y nos lo haga olvidar.
Jesús perdona las ofensas y se alegra mucho con los favores.
(Jesús nos invita a no dar mucha importancia a las ofensas que uno recibe y a suprimir de nuestro corazón el deseo de venganza.
Jesús siente compasión, que no es lástima, sino cercanía, comprensión. Y cumple la misión para la que ha sido enviado por el Padre: perdonar, pagar nuestra deuda.)
Pero sólo puede perdonar el que olvidándose de su perfección, se pone en lugar del otro, se mete en sus zapatos y se identifica con él.
La firma auténtica del cristiano es el perdón.

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Ahí todos nos sentimos pecadores, pero también nos sentimos perdonados y queridos con mucho cariño por Dios. Y nos sentimos todos como hermanos perdonados, que queremos hacer crecer nuestra mutua amistad al calor del amor de Jesús.
Fuente:
http://www.jesuitas.org.co/homilia.html?homilia_id=1628
Cfr.
Mons. Antonio José López Castillo: http://www.elimpulso.com/correos-diarios/a-esta-hora/notas-pastorales-domingo-xi-tiempo-ordinarioc
Ilustración: Andrew Bick. 

DE LA PUREZA



NOTITARDE, Valencia, 12 de junio de 2016
“Caminando con Cristo”
Joel de Jesús Núñez Flautes 

El evangelio de hoy habla del amor y la misericordia de Dios que perdona al pecador que se arrepiente de sus pecados. El hecho de que en el evangelio Cristo perdone a la mujer de mala vida que se acerca llorando a lavarle los pies y ungirlo con aceite, desvela y hace cercano a los hombres y mujeres de todos los tiempos el verdadero rostro de Dios que es amor y misericordia, que se muestra cercano y se acerca al marginado, al pobre y al pecador para ofrecerle la salvación y realización como ser humano. La escena del evangelio de hoy, presenta a tres personajes: El fariseo Simón, que invita a Jesús a su casa, reconociéndolo como maestro judío, para compartir una comida; era costumbre en Israel invitar a un maestro que venía de otras ciudades y sobre todo después de haber compartido en la sinagoga la liturgia del sábado, a compartir la comida y seguir profundizando en temas afines y de interés particular. El interés del fariseo Simón y de sus otros compañeros era conocer más de cerca la vida y doctrina del joven maestro judío de Nazaret; al que mucha gente y unos discípulos en particular seguían. Hay que decir, que los fariseos en Israel eran un grupo religioso-político muy influyente, se presentaban como conocedores y escrupulosos observantes de la Torá o de la Escritura conocida hasta entonces que era el Antiguo Testamento (la llamada Ley); un apodo que tenían entre la gente era el de “los puros”, porque se separaban de los demás, considerándolos impuros. El otro personaje que aparece en la escena de hoy, aparte de Jesús que representa a Dios, que muestra y demuestra el amor del Padre eterno, que va al centro de la Escritura y recuerda cual es la esencia de la vida cristiana que es el amor, aparece la mujer sin nombre, que era doblemente marginada en la sociedad judía de entonces; por ser mujer y por el oficio que tenía, el de prostituta. Muestra fe en Jesús. IDA Y RETORNO: Oremos por las familias en dificultad.
Fuente:
Cfr.
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/465675

lunes, 17 de junio de 2013

¿HUIR?

San Lucas, 7: 36-8, 3
En su homilía de hoy, el Padre Alí Villegas (Redentorista), partió de una reflexión de Juan Pablo II: la pérdida de la noción del pecado lleva a la pérdida de la noción de la gracia. Añadió las varias veces que caemos en los eufemismos, por ejemplo, frente al aborto; y también a un exceso de conservadurismo que lleva a condenar de antemano a herramientas como internet, entre otros aspectos. Dios es misericordioso con los pecadores, que somos todos y, por ello, no debemos escondernos o huir de Él.

Ilustración: Adrián Orduño.

FE QUE SALVA

La fe, el perdón y el amor de Dios (Lc.7,36-8,3)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de hoy, así como las lecturas que se proponen en este domingo para la celebración de la Eucaristía, hablan del amor y la misericordia de Dios que perdona al pecador que se arrepiente de sus pecados. El hecho que en el evangelio Cristo perdone a la mujer de mala vida que se acerca llorando a lavarle los pies y ungirlo con aceite, desvela y hace cercano a los hombres y mujeres de todos los tiempos el verdadero rostro de Dios que es amor y misericordia, que se muestra cercano y se acerca al marginado, al pobre y al pecador para ofrecerle la salvación y realización como ser humano.
La escena del evangelio de hoy, presenta a tres personajes: El fariseo Simón, que invita a Jesús a su casa, reconociéndolo como maestro judío, para compartir una comida; era costumbre en Israel invitar a un maestro que venía de otras ciudades y sobre todo después de haber compartido en la sinagoga la liturgia del sábado, a compartir la comida y seguir profundizando en temas afines y de interés particular. El interés del fariseo Simón y de sus otros compañeros era conocer más de cerca la vida y doctrina del joven maestro judío de Nazaret; al que mucha gente y unos discípulos en particular seguían. Hay que decir, que los fariseos en Israel eran un grupo religioso-político muy influyente, gozaban de mucho prestigio entre la gente, se presentaban como conocedores y escrupulosos observantes de la Torá o de la Escritura conocida hasta entonces que era el Antiguo Testamento (la llamada Ley); un apodo que tenían entre la gente era el de "los puros", porque se separaban de los demás, considerándolos impuros. El otro personaje que aparece en la escena de hoy, aparte de Jesús que representa a Dios, que muestra y demuestra el amor del Padre eterno, que va al centro de la Escritura y recuerda cual es la esencia de la vida cristiana que es el amor, aparece la mujer sin nombre, que era doblemente marginada en la sociedad judía de entonces; por ser mujer y por el oficio que tenía, el de prostituta. Dicha mujer, movida por la fe en Jesús, sin importarle que donde entraba era en la casa de un fariseo, que en aquella mesa habían sólo hombres que se podían llamar puros, entra y de rodillas, llorando, se pone a lavar los pies de Jesús con sus lágrimas y a ungirlos con perfume y echa aceite a Jesús en su cabeza. Como lo pensó Simón, el fariseo, sabía que aquella mujer era una prostituta y pensaría que estaba acostumbrada a mostrarse tan cercana así a un hombre; por eso, piensa que Jesús no era realmente un profeta, pero Jesús conociendo sus pensamientos, escrutando su corazón, trae a la mesa, a aquella casa, el tema que hay que debatir: la dignidad de la mujer y sobre todo el amor y la misericordia de Dios que sobrepasa cualquier pecado y que se muestra cercano y compasivo a quien se arrepiente de sus errores; como ésta mujer que ya con sus lágrimas está pidiendo perdón; reconociendo en Cristo a Dios que la puede perdonar y restablecer su dignidad como persona y mujer. Jesús con la parábola de los dos deudores alecciona a Simón y sus invitados: a quien más deuda se le perdonó, más ama; como aquella mujer que sintiendo el perdón; sabiendo de la actitud de Jesús con los pecadores y marginados, ahora corresponde a su acción con amor y el amor más puro que ella quizás no había dado a hombre alguno; porque al que tiene delante la ha amado de una manera diferente y al mismo tiempo auténtica y real; no la instrumentaliza, sino que la valora como mujer. Ante el asombro de los que allí estaban, al escuchar que Jesús le decía a la mujer: "tus pecados te han sido perdonados", el mostraba y se mostraba delante de ellos como el Hijo eterno de Dios Padre que perdona los pecados del mundo y que el hombre y la mujer que por la fe se acercan a Él, encuentran el amor y el perdón de Dios que renuevan la vida del ser humano.
IDA Y RETORNO: Feliz día del Padre a todos los buenos padres. Bendiciones a mi papá Juan Ramón.
En el marco del Año de la Fe, que finaliza el 24 de noviembre, en nuestra Arquidiócesis, nuestro Arzobispo ha dispuesto que el próximo domingo 23 de junio, los fieles y sacerdotes que hayan sido bautizados en una parroquia de nuestra Arquidiócesis de Valencia, peregrinen ese día a esa parroquia, participen de la misa, hagan la profesión de fe y celebren que allí fueron bautizados; es decir, que iniciaron allí su vida cristiana, su seguimiento a Cristo; ganen indulgencia plenaria por los pecados cometidos; habiéndose confesado y orado por las intenciones del Santo Padre. Todos los sacerdotes estarán dispuestos y preparados para recibir a los fieles y otros sacerdotes que fueron bautizados en esas parroquias para que juntos, como Iglesia de Valencia, renovemos nuestras promesas bautismales y decidamos, una vez más, seguir a Cristo en fe, esperanza y caridad y hacer el compromiso de ser sus testigos en medio de nuestra sociedad.

Talla en madera: http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2013/03/13/apuntes-para-un-nuevo-papa-en-clave-de-mujer-iglesia-religion-emma-martinez-crucificada-cristo-cuerpo-no-reconocidas.shtml

SUPREMA INTUICIÓN

Defensor de las prostitutas. El amor no es ciego
José Antonio Pagola

Jesús se encuentra en casa de Simón, un fariseo que lo ha invitado a comer. Inesperadamente, una mujer interrumpe el banquete. Los invitados la reconocen enseguida. Es una prostituta de la aldea. Su presencia crea malestar y expectación. ¿Cómo reaccionará Jesús? ¿La expulsará para que no contamine a los invitados?
La mujer no dice nada. Está acostumbrada a ser despreciada, sobre todo, en los ambientes fariseos. Directamente se dirige hacia Jesús, se echa a sus pies y rompe a llorar. No sabe cómo agradecerle su acogida: cubre sus pies de besos, los unge con un perfume que trae consigo y se los seca con su cabellera.
La reacción del fariseo no se hace esperar. No puede disimular su desprecio: “Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer y lo que es: una pecadora”. El no es tan ingenuo como Jesús. Sabe muy bien que esta mujer es una prostituta, indigna de tocar a Jesús. Habría que apartarla de él.
Pero Jesús no la expulsa ni la rechaza. Al contrario, la acoge con respeto y ternura. Descubre en sus gestos un amor limpio y una fe agradecida. Delante de todos, habla con ella para defender su dignidad y revelarle cómo la ama Dios: “Tus pecados están perdonados”. Luego, mientras los invitados se escandalizan, la reafirma en su fe y le desea una vida nueva: “Tu fe te ha salvado. Vete en paz”. Dios estará siempre con ella.
Hace unos meses, me llamaron a tomar parte en un Encuentro Pastoral muy particular. Estaba entre nosotros un grupo de prostitutas. Pude hablar despacio con ellas. Nunca las podré olvidar. A lo largo de tres días pudimos escuchar su impotencia, sus miedos, su soledad... Por vez primera comprendí por qué Jesús las quería tanto. Entendí también sus palabras a los dirigentes religiosos: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que vosotros en el reino de los cielos”.
Estas mujeres engañadas y esclavizadas, sometidas a toda clase de abusos, aterrorizadas para mantenerlas aisladas, muchas sin apenas protección ni seguridad alguna, son las víctimas invisibles de un mundo cruel e inhumano, silenciado en buena parte por la sociedad y olvidado prácticamente por la Iglesia.
Los seguidores de Jesús no podemos vivir de espaldas al sufrimiento de estas mujeres. Nuestras Iglesias diocesanas no pueden abandonarlas a su triste destino. Hemos de levantar la voz para despertar la conciencia de la sociedad. Hemos de apoyar mucho más a quienes luchan por sus derechos y su dignidad. Jesús que las amó tanto sería también hoy el primero en defenderlas
".
EL AMOR NO ES CIEGO
Probablemente, nadie ha planteado con tanta clarividencia como E. Biser el cambio de expectativa que se ha producido en la persona moderna de cara a la religión. Lo que hoy se espera de la fe no es la revelación de «misterios sobrenaturales», ni siquiera -directamente al menos- la salvación que lo arranque del pecado.
Lo que el ser humano de hoy busca en el misterio de Dios es «apoyo, morada y seguridad» para entenderse y vivirse a sí mismo con paz.
Los que se interesan de nuevo por Dios lo hacen desde su necesidad de buscar una salida a su desgarro interior, su soledad y, sobre todo, su pérdida de identidad. Observa el profesor de Munich que la cultura moderna está generando un «vacío interno» que lleva a no pocos a preguntar por Dios. Lo que buscan en él es «suelo firme» para vivir; lo que anhelan es conocer una confianza básica» donde poder sustentarse.
Este nuevo contexto está originando una forma diferente de plantearse la cuestión de Dios. Las nuevas generaciones no se interesan por «las pruebas de la existencia de Dios». Está desapareciendo «la necesidad de probar», que tanto ha obsesionado en años pasados. Lo que, desde su inseguridad y desgarro interior buscan hoy no pocos, es que Dios se les comunique y puedan rastrear, de alguna forma, su presencia amistosa.
Y es aquí donde, de nuevo, cobra toda su importancia y centralidad el «amor a Dios». Se suele decir que el amor es ciego, pero la verdad es que el amor ayuda a percibir en la persona amada lo que se escapa a una mirada indiferente. Así sucede con Dios. Quien se coloca ante él en una actitud de amor confiado comienza a percibirlo de forma diferente. De ahí la importancia del mandato de Jesús, que puede parecer «pura abstracción», pero que es capaz de transformar la historia interior de la persona: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.»
Este amor a Dios es lo primero. Dios habita allí donde se le deja entrar, y la puerta por la que entra en la vida del ser humano es siempre el amor. Por otra parte, éste es el camino para que el hombre moderno, «audaz y desvalido, prepotente y decadente», descubra que es «hijo de Dios» y encuentre ahí su «centro de identificación» (E. Biser).
Estoy convencido de que todo el que mira a Dios, no con mirada indiferente sino con amor confiado, por muy perdido que se sienta o muy indigno que se vea, puede decir desde el fondo de su corazón aquellas palabras de Anselmo de Canterbury:
«¡Qué lejos estoy de ti y qué cerca estás de mí!
¡Cómo escapas a mi mirada y qué presente estoy yo en la tuya!»
Es significativa la escena de Jesús en casa de Simón el fariseo. Este hombre no es capaz de descubrir el misterio encerrado en Jesús. La mujer, sin embargo, pecadora pero con una gran capacidad de amor, intuye que Jesús es su salvador y se acerca a él confiada. Jesús capta lo esencial: esta mujer «tiene mucho amor»; por eso escucha las palabras decisivas: «Tus pecados están perdonados.»

http://creereenti.blogspot.com/2013/06/jose-antonio-pagola-evangelio-16-junio.html
http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Motivo gráfico: Dino Valis.