NOTITARDE, Valencia, 14 de agosto de 2016
“Caminando con Cristo”
Acumular riquezas en el cielo (Lc.12, 32-48)
Joel de Jesús Núñez Flautes
El título de este artículo puede parecer para muchos utopía, evasión de la realidad, expresión vacía, un “opio” para que algunos calmen sus penas y carencias del presente… pero no es así; es Palabra de Dios que mira a lo más profundo del ser humano; es una visión que completa la integralidad del hombre que es una unidad de cuerpo y alma, que es horizontalidad y verticalidad; que necesita de lo material, pero también, al mismo tiempo, de lo espiritual, que el hombre no necesita de cosas para ser feliz, sino de razones y valores para vivir y formar comunidad. Es esto, lo que Jesús nos transmite en el evangelio que hoy se nos propone para nuestra reflexión, unido al tema de la vigilancia, teniendo en cuenta que este mundo es pasajero y que nuestra patria definitiva está en el cielo; es decir, en la visión y unión perfecta con Dios, nuestro Padre y Creador.
El pasaje de este domingo va en sintonía con el evangelio del domingo pasado que nos hablaba del peligro de las riquezas y que proponía que para evitar la avaricia y el egoísmo teníamos que aprender a compartir con los hermanos, ser generosos y desprendidos. Lo mismo nos vuelve a exigir el Señor en esta ocasión: dar limosna, es decir, compartir nuestros bienes con los más necesitados, trabajar con honestidad para que todos los bienes de la tierra alcancen a todos los hombres y así vivan con dignidad; que no exista la pobreza ni la miseria; que se puedan satisfacer las necesidades básicas de un ser humano. Esto es lo que garantiza la vida eterna; quien vive en el amor, quien sabe compartir lo que tiene con los demás, ese alcanzará el cielo. Esa es la inversión que Dios nos pide que hagamos; invertir en la vida eterna “donde no llega el ladrón ni la polilla corroe”.
Jesús es enfático en decir que “donde está tu tesoro, allí estará tu corazón”.
IDA Y RETORNO: Pronto al aire: “La Voz de Dios” 97.5 FM.
Fuente:
http://www.notitarde.com/Acumular-riquezas-en-el-cielo-Lc12-32-48/Columnistas-del-Dia/2016/08/07/1014646/
Cfr.
Marcos Rodríguez: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-12-32-48_MR-C.htm
Pieza: Detalle de una obra de Julio Pacheco Rivas.
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domingo, 14 de agosto de 2016
lunes, 8 de agosto de 2016
"DOCTOR, ESE PAYASO SOY YO"
Evangelio Dominical: Tu tesoro
José Martínez de Toda, S.J.
Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el 19° Domingo del Teimpo Ordinario, Ciclo C, corespondiente al domingo 7 agosto 2016. La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 12, 32-48
"Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón"
Ante acontecimientos catastróficos, como terremotos, tsunamis, crisis financieras y otros, ¿qué nos dice Jesús?
Hoy, hay un sinfín de amenazas a la seguridad nacional y mundial: las fluctuaciones en el mercado y la moneda, la corrupción, la falta de mantenimiento, el calentamiento global, el terrorismo, la inflación, Ante todo esto, Jesús nos dice:
- "No teman, pequeño rebaño': aquí hay una referencia a Dios, llamado muchas veces 'Pastor' de los fieles y que conoce nuestras necesidades (v. 30; Salmo 23). El 'pequeño rebaño' representa a los discípulos y, por medio de ellos, a la primera iglesia cristiana.
Jesús continúa: - "Den limosna", sean generosos y muestren simpatía.
Y Jesús nos llama a estar preparados: - "Tengan ceñidos sus lomos" (v. 35a), es decir, estén listos para viajar, como cuando los israelitas tuvieron que salir de noche de la esclavitud de Egipto.
Y por fin, - "Tengan sus antorchas encendidas" (v. 35b): una antorcha mal cuidada no se encenderá cuando se necesita.
En muchas circunstancias, estar preparado es cuestión de vida o muerte. Los bomberos, los técnicos de emergencias médicas, y los soldados han de estar preparados con herramientas en mano cuando llegue el momento de actuar. No pueden llegar cinco minutos más tarde.
Para ilustrar lo que quiere decir, Jesús nos presenta tres parábolas:
1ª – La primera es "La vuelta del banquete de boda" (vv. 35-38), que promete bendiciones para el vigilante.
Sabemos que Dios viene, pero no sabemos cuándo. Él viene a través de acontecimientos y gente que encontramos.
Pero el momento definitivo de su llegada es la muerte, "mientras aguardamos la gloriosa venida de Jesucristo, nuestra esperanza". Y debemos estar preparados a reconocer al Señor y a encontrarlo en el momento y circunstancias menos pensadas.
¡En esta parábola los amos son los que sirven, al revés de la vida real!
Esto es lo raro. Lo normal es que los siervos ayudan al amo a sentarse junto a la mesa para servirle la cena, pues viene cansado y hambriento. Pero aquí Jesús dice que el amo invitará a los siervos a sentarse a la mesa y que él les servirá.
¿Ocurrió esto alguna vez en realidad?
En la Encarnación, "el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate de muchos" (Marcos 10:45). En la Última Cena les sirve lavándoles los pies.
También María lo había predicho en el Magníficat: "Derriba del trono a los poderosos, y eleva a los humildes" (Lc 1, 52). Al servir a aquéllos que son siervos, el señor que regresa eleva a los humildes, dando la vuelta a las normas socio-políticas y religiosas.
2ª – La segunda parábola, que cuenta Jesús, es "Un ladrón entre desprevenidos" (vv. 39-40).
"Comprendan que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo ustedes, estén preparados, porque a la hora que menos piensan, viene el Hijo del hombre".
¿Cuál es la tercera parábola?
La tercera parábola de Jesús es "El administrador fiel y el administrador abusador" (vv. 41-48):
< ¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el administrador abusador piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los muchachos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese administrador el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. >
El administrador fiel recibirá una promoción; el tramposo será castigado y despedido.
También hay otro cuento de más actualidad: "El psicólogo superficial"
- "Doctor, siempre me siento deprimido. Haga lo que haga, la depresión me puede. Ya no sé qué hacer". El psicólogo lo miró y le dijo como encontrando la solución:
"Venga aquí junto a la ventana... ¿Ve aquella carpa? Es de un circo y es muy bueno. Son muchas las actuaciones bonitas que hay que ver, pero especialmente están las de los payasos. Y hay uno que es buenísimo. Le hará reír y reír. Vaya y véalo y le aseguro que ya no tendrá más motivos para deprimirse de nuevo".
El hombre se volvió hacia el psicólogo y le dijo con sus ojos tristes:
"Doctor, ese payaso soy yo".> (Félix Jiménez, escolapio)
El psicólogo hizo el ridículo con aquel pobre payaso, demostró su superficialidad: debe profundizar su análisis del payaso para quitarle su depresión. Esta vez su misma clientela lo condena.
Debemos ser fieles y profesionales para con aquellos que acuden a nosotros en busca de ayuda.
Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Ahí Jesús se pone a servirnos dándonos de comida su propio Cuerpo, nos reúne a todos como hermanos, y hace que nos fijemos en los más necesitados para ver cómo les podemos ayudar.
Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-tu-tesoro
José Martínez de Toda, S.J.
Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el 19° Domingo del Teimpo Ordinario, Ciclo C, corespondiente al domingo 7 agosto 2016. La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 12, 32-48
"Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón"
Ante acontecimientos catastróficos, como terremotos, tsunamis, crisis financieras y otros, ¿qué nos dice Jesús?
Hoy, hay un sinfín de amenazas a la seguridad nacional y mundial: las fluctuaciones en el mercado y la moneda, la corrupción, la falta de mantenimiento, el calentamiento global, el terrorismo, la inflación, Ante todo esto, Jesús nos dice:
- "No teman, pequeño rebaño': aquí hay una referencia a Dios, llamado muchas veces 'Pastor' de los fieles y que conoce nuestras necesidades (v. 30; Salmo 23). El 'pequeño rebaño' representa a los discípulos y, por medio de ellos, a la primera iglesia cristiana.
Jesús continúa: - "Den limosna", sean generosos y muestren simpatía.
Y Jesús nos llama a estar preparados: - "Tengan ceñidos sus lomos" (v. 35a), es decir, estén listos para viajar, como cuando los israelitas tuvieron que salir de noche de la esclavitud de Egipto.
Y por fin, - "Tengan sus antorchas encendidas" (v. 35b): una antorcha mal cuidada no se encenderá cuando se necesita.
En muchas circunstancias, estar preparado es cuestión de vida o muerte. Los bomberos, los técnicos de emergencias médicas, y los soldados han de estar preparados con herramientas en mano cuando llegue el momento de actuar. No pueden llegar cinco minutos más tarde.
Para ilustrar lo que quiere decir, Jesús nos presenta tres parábolas:
1ª – La primera es "La vuelta del banquete de boda" (vv. 35-38), que promete bendiciones para el vigilante.
Sabemos que Dios viene, pero no sabemos cuándo. Él viene a través de acontecimientos y gente que encontramos.
Pero el momento definitivo de su llegada es la muerte, "mientras aguardamos la gloriosa venida de Jesucristo, nuestra esperanza". Y debemos estar preparados a reconocer al Señor y a encontrarlo en el momento y circunstancias menos pensadas.
¡En esta parábola los amos son los que sirven, al revés de la vida real!
Esto es lo raro. Lo normal es que los siervos ayudan al amo a sentarse junto a la mesa para servirle la cena, pues viene cansado y hambriento. Pero aquí Jesús dice que el amo invitará a los siervos a sentarse a la mesa y que él les servirá.
¿Ocurrió esto alguna vez en realidad?
En la Encarnación, "el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate de muchos" (Marcos 10:45). En la Última Cena les sirve lavándoles los pies.
También María lo había predicho en el Magníficat: "Derriba del trono a los poderosos, y eleva a los humildes" (Lc 1, 52). Al servir a aquéllos que son siervos, el señor que regresa eleva a los humildes, dando la vuelta a las normas socio-políticas y religiosas.
2ª – La segunda parábola, que cuenta Jesús, es "Un ladrón entre desprevenidos" (vv. 39-40).
"Comprendan que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo ustedes, estén preparados, porque a la hora que menos piensan, viene el Hijo del hombre".
¿Cuál es la tercera parábola?
La tercera parábola de Jesús es "El administrador fiel y el administrador abusador" (vv. 41-48):
< ¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el administrador abusador piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los muchachos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese administrador el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. >
El administrador fiel recibirá una promoción; el tramposo será castigado y despedido.
También hay otro cuento de más actualidad: "El psicólogo superficial"
- "Doctor, siempre me siento deprimido. Haga lo que haga, la depresión me puede. Ya no sé qué hacer". El psicólogo lo miró y le dijo como encontrando la solución:
"Venga aquí junto a la ventana... ¿Ve aquella carpa? Es de un circo y es muy bueno. Son muchas las actuaciones bonitas que hay que ver, pero especialmente están las de los payasos. Y hay uno que es buenísimo. Le hará reír y reír. Vaya y véalo y le aseguro que ya no tendrá más motivos para deprimirse de nuevo".
El hombre se volvió hacia el psicólogo y le dijo con sus ojos tristes:
"Doctor, ese payaso soy yo".> (Félix Jiménez, escolapio)
El psicólogo hizo el ridículo con aquel pobre payaso, demostró su superficialidad: debe profundizar su análisis del payaso para quitarle su depresión. Esta vez su misma clientela lo condena.
Debemos ser fieles y profesionales para con aquellos que acuden a nosotros en busca de ayuda.
Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Ahí Jesús se pone a servirnos dándonos de comida su propio Cuerpo, nos reúne a todos como hermanos, y hace que nos fijemos en los más necesitados para ver cómo les podemos ayudar.
Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-tu-tesoro
GENEROSIDAD Y DESPRENDIMIENTO
NOTITARDE, 7 de agosto de 2016
“Caminando con Cristo”
Acumular riquezas en el cielo (Lc.12, 32-48)
Joel Núñez Flautes
El título de este artículo puede parecer para muchos utopía, evasión de la realidad, expresión vacía, un “opio” para que algunos calmen sus penas y carencias del presente… pero no es así; es Palabra de Dios que mira a lo más profundo del ser humano; es una visión que completa la integralidad del hombre que es una unidad de cuerpo y alma, que es horizontalidad y verticalidad; que necesita de lo material, pero también, al mismo tiempo, de lo espiritual, que el hombre no necesita de cosas para ser feliz, sino de razones y valores para vivir y formar comunidad. Es esto, lo que Jesús nos transmite en el evangelio que hoy se nos propone para nuestra reflexión, unido al tema de la vigilancia, teniendo en cuenta que este mundo es pasajero y que nuestra patria definitiva está en el cielo; es decir, en la visión y unión perfecta con Dios, nuestro Padre y Creador.
El pasaje de este domingo va en sintonía con el evangelio del domingo pasado que nos hablaba del peligro de las riquezas y que proponía que para evitar la avaricia y el egoísmo teníamos que aprender a compartir con los hermanos, ser generosos y desprendidos. Lo mismo nos vuelve a exigir el Señor en esta ocasión: dar limosna, es decir, compartir nuestros bienes con los más necesitados, trabajar con honestidad para que todos los bienes de la tierra alcancen a todos los hombres y así vivan con dignidad; que no exista la pobreza ni la miseria; que se puedan satisfacer las necesidades básicas de un ser humano. Esto es lo que garantiza la vida eterna; quien vive en el amor, quien sabe compartir lo que tiene con los demás, ese alcanzará el cielo. Esa es la inversión que Dios nos pide que hagamos; invertir en la vida eterna “donde no llega el ladrón ni la polilla corroe”.
Jesús es enfático en decir que “donde está tu tesoro, allí estará tu corazón”.
IDA Y RETORNO: Pronto al aire: “La Voz de Dios” 97.5 FM.
Fuente:
http://www.notitarde.com/Acumular-riquezas-en-el-cielo-Lc12-32-48/Columnistas-del-Dia/2016/08/07/1014646/
Ilustración: Antonello da Messina.
“Caminando con Cristo”
Acumular riquezas en el cielo (Lc.12, 32-48)
Joel Núñez Flautes
El título de este artículo puede parecer para muchos utopía, evasión de la realidad, expresión vacía, un “opio” para que algunos calmen sus penas y carencias del presente… pero no es así; es Palabra de Dios que mira a lo más profundo del ser humano; es una visión que completa la integralidad del hombre que es una unidad de cuerpo y alma, que es horizontalidad y verticalidad; que necesita de lo material, pero también, al mismo tiempo, de lo espiritual, que el hombre no necesita de cosas para ser feliz, sino de razones y valores para vivir y formar comunidad. Es esto, lo que Jesús nos transmite en el evangelio que hoy se nos propone para nuestra reflexión, unido al tema de la vigilancia, teniendo en cuenta que este mundo es pasajero y que nuestra patria definitiva está en el cielo; es decir, en la visión y unión perfecta con Dios, nuestro Padre y Creador.
El pasaje de este domingo va en sintonía con el evangelio del domingo pasado que nos hablaba del peligro de las riquezas y que proponía que para evitar la avaricia y el egoísmo teníamos que aprender a compartir con los hermanos, ser generosos y desprendidos. Lo mismo nos vuelve a exigir el Señor en esta ocasión: dar limosna, es decir, compartir nuestros bienes con los más necesitados, trabajar con honestidad para que todos los bienes de la tierra alcancen a todos los hombres y así vivan con dignidad; que no exista la pobreza ni la miseria; que se puedan satisfacer las necesidades básicas de un ser humano. Esto es lo que garantiza la vida eterna; quien vive en el amor, quien sabe compartir lo que tiene con los demás, ese alcanzará el cielo. Esa es la inversión que Dios nos pide que hagamos; invertir en la vida eterna “donde no llega el ladrón ni la polilla corroe”.
Jesús es enfático en decir que “donde está tu tesoro, allí estará tu corazón”.
IDA Y RETORNO: Pronto al aire: “La Voz de Dios” 97.5 FM.
Fuente:
http://www.notitarde.com/Acumular-riquezas-en-el-cielo-Lc12-32-48/Columnistas-del-Dia/2016/08/07/1014646/
Ilustración: Antonello da Messina.
domingo, 11 de agosto de 2013
ACUMULAR, DESACUMULANDO
NOTITARDE, Valencia, 11 de agosto de 2013
"Caminando con Cristo"
Acumular riquezas en el cielo (Lc.12, 32-48)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
El título de este artículo puede parecer para muchos utopía, evasión de la realidad, expresión vacía, un sin sentido, un "opio" para que algunos calmen sus penas y carencias del presente… pero no es así; es Palabra de Dios que mira a lo más profundo del ser humano; es una visión que completa la integralidad del hombre que es una unidad de cuerpo y alma, que es horizontalidad y verticalidad; que necesita de lo material, pero también, al mismo tiempo, de lo espiritual, que el hombre no necesita de cosas para ser feliz, sino de razones y valores para vivir y formar comunidad. Es esto, lo que Jesús nos transmite en el evangelio que hoy se nos propone para nuestra reflexión, unido al tema de la vigilancia, teniendo en cuenta que este mundo es pasajero y que nuestra patria definitiva está en el cielo; es decir, en la visión y unión perfecta con Dios, nuestro Padre y Creador.
El pasaje de este domingo va en sintonía con el evangelio del domingo pasado, que nos hablaba del peligro de las riquezas y que proponía que para evitar la avaricia y el egoísmo teníamos que aprender a compartir con los hermanos, ser generosos y desprendidos. Lo mismo nos vuelve a exigir el Señor en esta ocasión: Dar limosna, es decir, compartir nuestros bienes con los más necesitados, trabajar con honestidad para que todos los bienes de la tierra alcancen a todos los hombres y así vivan con dignidad; que no exista la pobreza ni la miseria; que puedan satisfacer las necesidades básicas de un ser humano. Esto es lo que garantiza la vida eterna; quien vive en el amor, quien sabe compartir lo que tiene con los demás, ese alcanzará el cielo. Esa es la inversión que Dios nos pide que hagamos; invertir en la vida eterna "donde no llega el ladrón ni la polilla corroe".
Jesús es enfático en decir que "donde está tu tesoro, allí estará tu corazón", porque quien pone su fe en las cosas que posee, pierde o se cierra al camino de la esperanza, de la fraternidad y al compartir con los demás.
Como ya lo dijimos el domingo pasado, sin duda, necesitamos de lo material para vivir, tenemos necesidades básicas y reales; pero esas cosas no son la base de la vida, de la felicidad y no determinan el que seamos persona. Porque solo el que vive en el amor, en solidaridad y apertura a los demás hermanos, abriendo su corazón a Dios y al prójimo, encuentra el sentido de la vida y la felicidad verdadera, porque sabe que este mundo es efímero, pero hay una vida después de esta vida.
Hay personas que no le encuentran sentido a su vida, que pierden la belleza de este mundo por caer en el consumismo exacerbado, porque ya no hay nada más que experimentar y por eso caen en el sinsentido o vacío existencial. En cambio, quien abre su corazón a Dios y al hermano encuentra la luz que le da sentido a la existencia.
No hay que hacer grandes esfuerzos para ver gente infeliz, que "teniéndolo todo" no encuentran razones para vivir, mucha gente se suicida, muchos son presa del alcohol o las drogas… todo esto nos revela que no solo es lo material lo que llena el corazón de un ser humano; existen valores trascendentales que le dan sentido a la vida del hombre. Nuestro Señor, Jesucristo nos ha señalado el camino de la felicidad que consiste en el seguimiento de su persona y la apertura al amor.
Ni el capitalismo salvaje, ni el comunismo o socialismo intrascendente, que ve solo en la producción la razón de ser de la vida, han dado respuesta al vacío existencial de una gran parte de la humanidad que se ve encerrada en las propias cárceles del consumismo o del mundo sin Dios que se ha creado. El ser humano necesita de Dios, ese es su origen y es la meta de su existencia; quien prescinde de Dios, "teniendo todo lo material" se hace el hombre más pobre y limitado que puede existir.
Jesús nos dice: "Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos". Quien sabe vivir sin apegos a las cosas de este mundo, quien aprende a ser generoso y compartir, ese encuentra el secreto de la vida y está garantizando la vida que no termina y que tiene como meta la contemplación del rostro de Dios; el vivir para siempre junto a Él. Esto no tiene precio.
IDA Y RETORNO: Como Capellán de la Universidad de Carabobo y miembro del clero de la Arquidiócesis de Valencia, agradezco a las autoridades universitarias, encabezadas por su rectora Jessy Divo de Romero, el haber organizado un justo homenaje, en el marco del centenario de su nacimiento, al Excmo. Mons. Dr. Luis Eduardo Henríquez Jiménez, quinto obispo y primer arzobispo de Valencia, quien fuera un insigne y preclaro predicador del evangelio de Cristo y a quien tuve la dicha de conocer y ser uno de sus últimos seminaristas cuando estuve en el Seminario Menor y luego Seminario Mayor en la casona de la Pastora. Que Cristo nos siga regalando pastores santos, doctos y diligentes, como reza el escudo de nuestro Seminario de Valencia.
Ilustración: Claudio Gallina.
"Caminando con Cristo"
Acumular riquezas en el cielo (Lc.12, 32-48)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
El título de este artículo puede parecer para muchos utopía, evasión de la realidad, expresión vacía, un sin sentido, un "opio" para que algunos calmen sus penas y carencias del presente… pero no es así; es Palabra de Dios que mira a lo más profundo del ser humano; es una visión que completa la integralidad del hombre que es una unidad de cuerpo y alma, que es horizontalidad y verticalidad; que necesita de lo material, pero también, al mismo tiempo, de lo espiritual, que el hombre no necesita de cosas para ser feliz, sino de razones y valores para vivir y formar comunidad. Es esto, lo que Jesús nos transmite en el evangelio que hoy se nos propone para nuestra reflexión, unido al tema de la vigilancia, teniendo en cuenta que este mundo es pasajero y que nuestra patria definitiva está en el cielo; es decir, en la visión y unión perfecta con Dios, nuestro Padre y Creador.
El pasaje de este domingo va en sintonía con el evangelio del domingo pasado, que nos hablaba del peligro de las riquezas y que proponía que para evitar la avaricia y el egoísmo teníamos que aprender a compartir con los hermanos, ser generosos y desprendidos. Lo mismo nos vuelve a exigir el Señor en esta ocasión: Dar limosna, es decir, compartir nuestros bienes con los más necesitados, trabajar con honestidad para que todos los bienes de la tierra alcancen a todos los hombres y así vivan con dignidad; que no exista la pobreza ni la miseria; que puedan satisfacer las necesidades básicas de un ser humano. Esto es lo que garantiza la vida eterna; quien vive en el amor, quien sabe compartir lo que tiene con los demás, ese alcanzará el cielo. Esa es la inversión que Dios nos pide que hagamos; invertir en la vida eterna "donde no llega el ladrón ni la polilla corroe".
Jesús es enfático en decir que "donde está tu tesoro, allí estará tu corazón", porque quien pone su fe en las cosas que posee, pierde o se cierra al camino de la esperanza, de la fraternidad y al compartir con los demás.
Como ya lo dijimos el domingo pasado, sin duda, necesitamos de lo material para vivir, tenemos necesidades básicas y reales; pero esas cosas no son la base de la vida, de la felicidad y no determinan el que seamos persona. Porque solo el que vive en el amor, en solidaridad y apertura a los demás hermanos, abriendo su corazón a Dios y al prójimo, encuentra el sentido de la vida y la felicidad verdadera, porque sabe que este mundo es efímero, pero hay una vida después de esta vida.
Hay personas que no le encuentran sentido a su vida, que pierden la belleza de este mundo por caer en el consumismo exacerbado, porque ya no hay nada más que experimentar y por eso caen en el sinsentido o vacío existencial. En cambio, quien abre su corazón a Dios y al hermano encuentra la luz que le da sentido a la existencia.
No hay que hacer grandes esfuerzos para ver gente infeliz, que "teniéndolo todo" no encuentran razones para vivir, mucha gente se suicida, muchos son presa del alcohol o las drogas… todo esto nos revela que no solo es lo material lo que llena el corazón de un ser humano; existen valores trascendentales que le dan sentido a la vida del hombre. Nuestro Señor, Jesucristo nos ha señalado el camino de la felicidad que consiste en el seguimiento de su persona y la apertura al amor.
Ni el capitalismo salvaje, ni el comunismo o socialismo intrascendente, que ve solo en la producción la razón de ser de la vida, han dado respuesta al vacío existencial de una gran parte de la humanidad que se ve encerrada en las propias cárceles del consumismo o del mundo sin Dios que se ha creado. El ser humano necesita de Dios, ese es su origen y es la meta de su existencia; quien prescinde de Dios, "teniendo todo lo material" se hace el hombre más pobre y limitado que puede existir.
Jesús nos dice: "Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos". Quien sabe vivir sin apegos a las cosas de este mundo, quien aprende a ser generoso y compartir, ese encuentra el secreto de la vida y está garantizando la vida que no termina y que tiene como meta la contemplación del rostro de Dios; el vivir para siempre junto a Él. Esto no tiene precio.
IDA Y RETORNO: Como Capellán de la Universidad de Carabobo y miembro del clero de la Arquidiócesis de Valencia, agradezco a las autoridades universitarias, encabezadas por su rectora Jessy Divo de Romero, el haber organizado un justo homenaje, en el marco del centenario de su nacimiento, al Excmo. Mons. Dr. Luis Eduardo Henríquez Jiménez, quinto obispo y primer arzobispo de Valencia, quien fuera un insigne y preclaro predicador del evangelio de Cristo y a quien tuve la dicha de conocer y ser uno de sus últimos seminaristas cuando estuve en el Seminario Menor y luego Seminario Mayor en la casona de la Pastora. Que Cristo nos siga regalando pastores santos, doctos y diligentes, como reza el escudo de nuestro Seminario de Valencia.
Ilustración: Claudio Gallina.
VIAJE AL CENTRO MISMO DE NUESTRA EXISTENCIA
Un tesoro inagotable en el cielo...Lc 12, 32-48
Vivir en minoría ¿Dónde poner el corazón?
José Antonio Pagola
VIVIR EN MINORÍA
Lucas ha recopilado en su evangelio unas palabras, llenas de afecto y cariño, dirigidas por Jesús a sus seguidores y seguidoras. Con frecuencia, suelen pasar desapercibidas. Sin embargo, leídas hoy con atención desde nuestras parroquias y comunidades cristianas, cobran una sorprendente actualidad. Es lo que necesitamos escuchar de Jesús en estos tiempos no fáciles para la fe.
"Mi pequeño rebaño". Jesús mira con ternura inmensa a su pequeño grupo de seguidores. Son pocos. Tienen vocación de minoría. No han de pensar en grandezas. Así los imagina Jesús siempre: como un poco de "levadura" oculto en la masa, una pequeña "luz" en medio de la oscuridad, un puñado de "sal" para poner sabor a la vida.
Después de siglos de "imperialismo cristiano", los discípulos de Jesús hemos de aprender a vivir en minoría. Es un error añorar una Iglesia poderosa y fuerte. Es un engaño buscar poder mundano o pretender dominar la sociedad. El evangelio no se impone por la fuerza. Lo contagian quienes viven al estilo de Jesús haciendo la vida más humana.
"No tengas miedo". Es la gran preocupación de Jesús. No quiere ver a sus seguidores paralizados por el miedo ni hundidos en el desaliento. No han de perder nunca la confianza y la paz. También hoy somos un pequeño rebaño, pero podemos permanecer muy unidos a Jesús, el Pastor que nos guía y nos defiende. El nos puede hacer vivir estos tiempos con paz.
"Vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino". Jesús se lo recuerda una vez más. No han de sentirse huérfanos. Tienen a Dios como Padre. Él les ha confiado su proyecto del reino. Es su gran regalo. Lo mejor que tenemos en nuestras comunidades: la tarea de hacer la vida más humana y la esperanza de encaminar la historia hacia su salvación definitiva.
"Vended vuestros bienes y dad limosna". Los seguidores de Jesús son un pequeño rebaño, pero nunca han de ser una secta encerrada en sus propios intereses. No vivirán de espaldas a las necesidades de nadie. Será comunidades de puertas abiertas. Compartirán sus bienes con los que necesitan ayuda y solidaridad. Darán limosna, es decir "misericordia". Este es el significado original del término griego.
Los cristianos necesitaremos todavía algún tiempo para aprender a vivir en minoría en medio de una sociedad secular y plural. Pero hay algo que podemos y debemos hacer sin esperar a nada: transformar el clima que se vive en nuestras comunidades y hacerlo más evangélico. El Papa Francisco nos está señalando el camino con sus gestos y su estilo de vida.
¿DONDE PONER EL CORAZON?
La persona actual está perdiendo su fe ingenua en las posibilidades ilimitadas del desarrollo tecnológico.
Aumenta cada vez más el número de los que toman conciencia de que el mismo poder que permite al ser humano crear nuevos estilos de vida, lleva consigo un potencial de autodestrucción y degradación.
Y por si fuera poco, la grave crisis económica que estamos sufriendo ha terminado de desconcertar a los más optimistas.
No es extraño, entonces, que crezca el escepticismo, la falta de fe en las ideologías, la desconfianza en los grandes sistemas. Al hombre actual se le hace difícil creer en algo que sea válido y verdadero para siempre. No sabe ya dónde «poner su corazón».
Son muchos quienes viven «a la deriva» sin esperanza ni desesperación. Víctimas pasivas e indiferentes de un mundo que les resulta cada vez más dislocado.
Entonces, la vida se vacía de sentido. Perdemos la fuente de nuestra propia creatividad. No sabemos para qué trabajar. El vivir se reduce a una cadena de sucesos, situaciones e incidentes, sin que nada realmente vivo nos dé sentido y continuidad.
En medio de este «comportamiento errático» lo importante parece ser disfrutar de cada fragmento de tiempo y buscar la respuesta más satisfactoria en cada situación fugaz.
R. Lifton considera que el problema central de la persona contemporánea es la pérdida del sentido de inmortalidad. Esa conciencia de inmortalidad «que representa un estímulo irresistible y universal a conservar un sentido interior de continuidad, más allá del tiempo y del espacio».
Y, sin embargo, quienes formamos la sociedad de hoy, como la de siempre, necesitamos poner nuestro corazón en un «tesoro que no pueda ser arrebatado por los ladrones, no roído por la polilla». ¿Cómo encontrarlo?
Desde la fe cristiana, no existe otro camino sino el de penetrar hasta el centro mismo de nuestra existencia, no evitar el encuentro con el Invisible, sino abrir nuestro corazón al misterio de Dios que da sentido y vida a todo nuestro ser.
Esto que a muchos puede parecer, desde fuera, algo perfectamente estúpido e iluso, es para el creyente fuente de liberación gozosa que le enraíza en lo fundamental, central y definitivo.
A veces, una palabra hostil basta para sentirnos tristes y solos. Es suficiente un gesto de rechazo o un fracaso para hundirnos en una depresión destructiva. ¿No tendremos que preguntarnos dónde tenemos puesto nuestro corazón?
http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Ilustración: Omar Rayo.
Vivir en minoría ¿Dónde poner el corazón?
José Antonio Pagola
VIVIR EN MINORÍA
Lucas ha recopilado en su evangelio unas palabras, llenas de afecto y cariño, dirigidas por Jesús a sus seguidores y seguidoras. Con frecuencia, suelen pasar desapercibidas. Sin embargo, leídas hoy con atención desde nuestras parroquias y comunidades cristianas, cobran una sorprendente actualidad. Es lo que necesitamos escuchar de Jesús en estos tiempos no fáciles para la fe.
"Mi pequeño rebaño". Jesús mira con ternura inmensa a su pequeño grupo de seguidores. Son pocos. Tienen vocación de minoría. No han de pensar en grandezas. Así los imagina Jesús siempre: como un poco de "levadura" oculto en la masa, una pequeña "luz" en medio de la oscuridad, un puñado de "sal" para poner sabor a la vida.
Después de siglos de "imperialismo cristiano", los discípulos de Jesús hemos de aprender a vivir en minoría. Es un error añorar una Iglesia poderosa y fuerte. Es un engaño buscar poder mundano o pretender dominar la sociedad. El evangelio no se impone por la fuerza. Lo contagian quienes viven al estilo de Jesús haciendo la vida más humana.
"No tengas miedo". Es la gran preocupación de Jesús. No quiere ver a sus seguidores paralizados por el miedo ni hundidos en el desaliento. No han de perder nunca la confianza y la paz. También hoy somos un pequeño rebaño, pero podemos permanecer muy unidos a Jesús, el Pastor que nos guía y nos defiende. El nos puede hacer vivir estos tiempos con paz.
"Vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino". Jesús se lo recuerda una vez más. No han de sentirse huérfanos. Tienen a Dios como Padre. Él les ha confiado su proyecto del reino. Es su gran regalo. Lo mejor que tenemos en nuestras comunidades: la tarea de hacer la vida más humana y la esperanza de encaminar la historia hacia su salvación definitiva.
"Vended vuestros bienes y dad limosna". Los seguidores de Jesús son un pequeño rebaño, pero nunca han de ser una secta encerrada en sus propios intereses. No vivirán de espaldas a las necesidades de nadie. Será comunidades de puertas abiertas. Compartirán sus bienes con los que necesitan ayuda y solidaridad. Darán limosna, es decir "misericordia". Este es el significado original del término griego.
Los cristianos necesitaremos todavía algún tiempo para aprender a vivir en minoría en medio de una sociedad secular y plural. Pero hay algo que podemos y debemos hacer sin esperar a nada: transformar el clima que se vive en nuestras comunidades y hacerlo más evangélico. El Papa Francisco nos está señalando el camino con sus gestos y su estilo de vida.
¿DONDE PONER EL CORAZON?
La persona actual está perdiendo su fe ingenua en las posibilidades ilimitadas del desarrollo tecnológico.
Aumenta cada vez más el número de los que toman conciencia de que el mismo poder que permite al ser humano crear nuevos estilos de vida, lleva consigo un potencial de autodestrucción y degradación.
Y por si fuera poco, la grave crisis económica que estamos sufriendo ha terminado de desconcertar a los más optimistas.
No es extraño, entonces, que crezca el escepticismo, la falta de fe en las ideologías, la desconfianza en los grandes sistemas. Al hombre actual se le hace difícil creer en algo que sea válido y verdadero para siempre. No sabe ya dónde «poner su corazón».
Son muchos quienes viven «a la deriva» sin esperanza ni desesperación. Víctimas pasivas e indiferentes de un mundo que les resulta cada vez más dislocado.
Entonces, la vida se vacía de sentido. Perdemos la fuente de nuestra propia creatividad. No sabemos para qué trabajar. El vivir se reduce a una cadena de sucesos, situaciones e incidentes, sin que nada realmente vivo nos dé sentido y continuidad.
En medio de este «comportamiento errático» lo importante parece ser disfrutar de cada fragmento de tiempo y buscar la respuesta más satisfactoria en cada situación fugaz.
R. Lifton considera que el problema central de la persona contemporánea es la pérdida del sentido de inmortalidad. Esa conciencia de inmortalidad «que representa un estímulo irresistible y universal a conservar un sentido interior de continuidad, más allá del tiempo y del espacio».
Y, sin embargo, quienes formamos la sociedad de hoy, como la de siempre, necesitamos poner nuestro corazón en un «tesoro que no pueda ser arrebatado por los ladrones, no roído por la polilla». ¿Cómo encontrarlo?
Desde la fe cristiana, no existe otro camino sino el de penetrar hasta el centro mismo de nuestra existencia, no evitar el encuentro con el Invisible, sino abrir nuestro corazón al misterio de Dios que da sentido y vida a todo nuestro ser.
Esto que a muchos puede parecer, desde fuera, algo perfectamente estúpido e iluso, es para el creyente fuente de liberación gozosa que le enraíza en lo fundamental, central y definitivo.
A veces, una palabra hostil basta para sentirnos tristes y solos. Es suficiente un gesto de rechazo o un fracaso para hundirnos en una depresión destructiva. ¿No tendremos que preguntarnos dónde tenemos puesto nuestro corazón?
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Ilustración: Omar Rayo.
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San Lucas 12: 32-48
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