Mostrando entradas con la etiqueta San Juan 14: 23-29. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Juan 14: 23-29. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de mayo de 2016

MIL ROSTROS EN UNO



Evangelio Dominical: Me voy
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el sexto Domingo de Pascua, Ciclo C, correspondiente al domingo 1° de mayo 2016.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 14, 23-29

"La paz les dejo, mi paz les doy"

En este evangelio Jesús parece que se está despidiendo. ¿Qué les dice a los Apóstoles?
Eso fue en la Última Cena. Había un ambiente tenso. Jesús dice que alguien lo va a traicionar..., y que su muerte es inminente. Pero Él se preocupa más de sus discípulos que de sí mismo. Jesús les había dicho:
- "Ya no les llamaré siervos, sino amigos". (Juan 15:15). "No les dejaré huérfanos." (v. 18).
Ahora les concretiza cómo responder a ese amor. Y les dice:
-"El que me ama, guardará mi palabra".

¿Y qué es lo más importante en la Palabra de Jesús?

El amor. El nos dijo: "Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros".
Amor es el centro de la palabra de Jesús. Guardar la palabra de Jesús significa, al mínimo, amarse uno a otro.
Y nos promete a Alguien, que nos ayuda a amar, a actuar según su Palabra y a actuar como Jesús actuaría en nuestro lugar. Él es el Espíritu Santo:
"Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho."
Jesús ha enseñado mucho a los discípulos, pero ellos solo lo comprenderán por completo después de la resurrección. Entonces el Paráclito, el Espíritu Santo, les ayudará a recordar las enseñanzas de Cristo y a interpretar esas enseñanzas según la situación que se presente. El Paráclito, que está a su lado día y noche, clarificará todo. Esto no significa que hará nuevas revelaciones, sino que les recordará a los discípulos todas las cosas que Jesús les había enseñado.

Pero, en un grupo de cristianos, habrá opiniones diversas. ¿Cuál será la del Espíritu Santo?
Jesús no habla aquí a individuos en singular, sino en plural: a la comunidad, a la Iglesia. El Espíritu Santo ha sido dado en primer lugar a la comunidad, a la Iglesia, y a través de ella a cada individuo en el bautismo.
La 1ª Lectura de hoy nos dice cómo se resolvió el primer conflicto de la Iglesia primitiva. La pregunta era: ¿Se debe circuncidar a los paganos, que se conviertan al cristianismo?

¿Qué es la circuncisión?

Es remover la piel que cubre la punta del pene. Se hacía generalmente a todos los niños judíos. En el Antiguo Testamento era el signo de la Alianza de Dios con su Pueblo.
La discusión surgió, porque muchos no comprendían todavía que, en el Nuevo Testamento ya no funcionaban leyes como la de la circuncisión, pues Dios nos había dado la salvación en su Hijo Jesús, a quien recibimos por la fe independientemente de las obras de la Ley. Por eso exigían a todo el que quisiera convertirse a la fe en Jesús que fuera circuncidado.
Por ejemplo en Antioquía, lejos de Judea, crecía el número de paganos, que se convertían al cristianismo. Y estos nuevos cristianos lo que querían era ser de Cristo, no hacerse judíos.
Para complicar las cosas, .
En aquella Iglesia de Antioquía estaban Pablo y Bernabé, que se oponían a tales planteamientos, y no se llegaba a un acuerdo.
Entonces la Iglesia de Antioquía decidió enviar a Jerusalén a Pablo y Bernabé, que defendían la no circuncisión, y a algunos de los que la defendían. Allí consultarían a los Apóstoles y presbíteros para resolver la cuestión.

¿Y cuál fue la respuesta?

En Jerusalén se celebró lo que se conoce como el "Concilio de Jerusalén".
Después de fuertes discusiones, hicieron oración y respondieron así:
"Es decisión del Espíritu Santo y nuestra también no imponer ninguna carga innecesaria".
Y la circuncisión de la carne quedó abolida como obligación para siempre entre los cristianos.
Eso pasó hace casi dos mil años. Y de ahí podemos concluir que, en los conflictos, lo importante es buscar siempre la unidad en lo esencial. Y lo esencial es Cristo. Él es el fundamento de nuestra vida y la piedra angular de nuestra comunidad.
Si eliminamos a Cristo, todo el edificio se viene abajo. Cristo es la cabeza del cuerpo, de la iglesia, dice San Pablo.

¿Cómo resolver hoy día en la Iglesia los desacuerdos?

Antes que nada no asustarse de que haya diferentes opiniones en la Iglesia. Y se acude a la oración humilde, al discernimiento comunitario, al respeto mutuo, al diálogo y a la paz.
En la Iglesia no puede haber odio, división... Eso no es cristiano.
El mismo Jesús nos trae la paz: "La paz les dejo, mi paz les doy".
Es parte de su testamento. Jesús tenía poco que dejar. Hasta sus ropas pronto se las sortearán los soldados durante la crucifixión. Pero había una cosa que sí podía dejar: la paz, un regalo verdaderamente poderoso.
Pero no es una paz de los sepulcros, una paz impuesta.
En tiempo de Jesús, en el mundo estaba la Pax Romana. Pero era una paz fundada en la fuerza militar y en la represión. Y el pueblo se callaba por miedo, se hacía autocensura, porque, si decía lo que pensaba, era encarcelado o eliminado.
En cambio, Cristo ofrece la paz verdadera; una paz fundada en la justicia, una paz que realmente promueve la dignidad de la persona y que se construye mediante la verdad y su expresión libre.

Fuente:
Iustración: "0 Proyecto juvenil con abate Nicolas Jouy" (Google Imagen). 

PEREGRINAJE EN LAS MÁS DIFÍCILES CIRCUNSTANCIAS



NOTITARDE, Valencia, 01 de mayo de 2016
Amar, enseñar, recordar y crecer (Jn.14,23-29)
Joel de Jesús Núñez Flautes

El texto del evangelio de este domingo, tomado del evangelista San Juan, entra dentro de la categoría de los llamados “discursos de despedida”, que Jesús dirige a sus apóstoles antes de ascender al cielo y antes de enviar al Espíritu Santo sobre la comunidad apostólica y sobre toda la Iglesia naciente (Que tendrá la misión de continuar su obra en el mundo).
El texto de hoy hace referencia a cuatro verbos claves: amar, enseñar, recordar y creer. Jesús afirma que quien lo ama escucha su palabra y la pone en práctica; por el contrario quien no lo ama no hace caso a sus palabras. Quien lo ama tendrá la dicha de convertirse en morada del Padre y del Hijo, que por medio del Espíritu Santo vendrán a hacer presencia, a colocar su estancia en la vida del creyente que se abre a la experiencia de amor al Dios Uno y Trino, manifestado en la persona de Jesús; porque las palabras que ha enseñado Jesús a lo largo de su existencia terrenal no son palabras suyas, sino del Padre eterno y será el Espíritu Santo el que ayudará al creyente a recordar y hacer vida todas las enseñanzas del Divino Redentor. Palabras que se resumen en el amor; porque quien ama a Dios y al prójimo vive al estilo de Cristo y es realmente discípulo suyo. Jesús sabe que ya su misión de salvar y rescatar al hombre del pecado y de la muerte ha sido cumplida; con su resurrección la muerte ha sido vencida; ahora el vuelve al seno del Padre, no para abandonarnos, sino para prepararnos un lugar y manifestarse de nuevo al final de los tiempos y llevarnos junto con Él al Padre. Mientras dura este período de peregrinación (tiempo de la Iglesia en medio de mundo), nos envía el Espíritu Santo, llamado el Defensor, que brinda consuelo para que nos enseñe y recuerde de nuevo sus palabras, que son palabras de vida eterna.
IDA Y RETORNO: Feliz día a todos los trabajadores.

Ilustración: Descubierta en la red, desafortunadamente no logramos identficar a su autor. 

lunes, 6 de mayo de 2013

CANTO

NOTITARDE, Valencia, 5 de mayo de 2013
"Caminando con Cristo"
Amar, enseñar, recordar y creer (Jn.14,23-29)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El texto del evangelio de este domingo, tomado del evangelista San Juan, entra dentro de la categoría de los llamados “discursos de despedida”, que Jesús dirige a sus apóstoles antes de ascender al cielo y antes de enviar al Espíritu Santo sobre la comunidad apostólica y sobre toda la Iglesia naciente (Que tendrá la misión de continuar su obra en el mundo).
El texto de hoy hace referencia a cuatro verbos claves: amar, enseñar, recordar y creer. Jesús afirma que quien lo ama escucha su palabra y la pone en práctica; por el contrario quien no lo ama no hace caso a sus palabras. Quien lo ama tendrá la dicha de convertirse en morada del Padre y del Hijo, que por medio del Espíritu Santo vendrán a hacer presencia, a colocar su estancia en la vida del creyente que se abre a la experiencia de amor al Dios Uno y Trino, manifestado en la persona de Jesús; porque las palabras que ha enseñado Jesús a lo largo de su existencia terrenal no son palabras suyas, sino del Padre eterno y será el Espíritu Santo el que ayudará al creyente a recordar y hacer vida todas las enseñanzas del Divino Redentor. Palabras que se resumen en el amor; porque quien ama a Dios y al prójimo vive al estilo de Cristo y es realmente discípulo suyo. Jesús sabe que ya su misión de salvar y rescatar al hombre del pecado y de la muerte ha sido cumplida; con su resurrección la muerte ha sido vencida; ahora el vuelve al seno del Padre, no para abandonarnos, sino para prepararnos un lugar y manifestarse de nuevo al final de los tiempos y llevarnos junto con Él al Padre. Mientras dura este período de peregrinación (tiempo de la Iglesia en medio de mundo), nos envía el Espíritu Santo, llamado el Defensor, que brinda consuelo para que nos enseñe y recuerde de nuevo sus palabras, que son palabras de vida eterna. Así el Espíritu Santo viene a ser “Maestro interior” dentro de la vida del creyente, aquel que en silencio, pero de manera efectiva va guiando al creyente a vivir de acuerdo a la Buena Noticia que el Hijo eterno del Padre Dios vino a traer al mundo. Jesús pide a sus discípulos que no tengan miedo ni se angustien, que Él les deja su paz; esa paz que sólo el Espíritu Santo de Dios puede dar al ser humano; no es la paz del mundo ni como la da el mundo; es ese sosiego, fortaleza y serenidad interior que sólo Dios con su infinito amor puede brindar a cada uno de sus hijos. Para que esto pueda ser realidad en la vida de cada discípulo, de cada creyente; necesita tener fe, creer en las palabras de Cristo, creer en sus promesas, aceptar con corazón y mente abierta las enseñanzas del Salvador del mundo. Jesús se va al Padre y nos invita a la alegría, porque Él nos señala el camino, nuestro destino, la meta de nuestra existencia que es vivir para siempre en el amor que tiene su fuente en Dios Padre. El cristiano que cree en Cristo y le cree a Cristo como revelador del Padre y comunicador del Espíritu Santo, está invitado a la felicidad; porque Jesús no miente ni hace falsas promesas, su palabra es verdad. Él que junto al Padre y al Espíritu Santo son un solo Dios; sin embargo, se reconoce inferior al Padre, no en cuanto divinidad; porque el Hijo y el Espíritu Santo tienen igualdad de naturaleza divina con el Padre; es inferior al Padre en cuanto hombre, en cuanto ser humano; no en cuanto Dios.
El texto de hoy sin nombrar la palabra Trinidad hace alusión directa al Padre, el cual Jesús menciona manifestando que quien lo ama, escucha sus palabras y las hace vida entrará en comunión con Él y con el Padre que vendrán a vivir en su corazón, haciendo morada en su vida; Él se reconoce como Hijo eterno del Padre, que procede de Él y a Él regresa después de haber cumplido la misión que le encomendó en el mundo y El Espíritu Santo que vendrá en su nombre para defender, enseñar, recordar y guiar a los creyentes en sus peregrinar hacia la Casa del Padre. Abramos nuestra vida al amor, dejémonos enseñar y guiar por el Espíritu Santo de Dios que dentro de nosotros nos impulsa a creer y vivir en paz y la alegría de sabernos amados y rescatados por Dios en Cristo Jesús.
IDA Y RETORNO: Estamos en el mes de mayo, mes dedicado a Nuestra Madre La Santísima Virgen María; invoquémosla con fe y pidámosle que bendiga de manera especial a Venezuela y que interceda ante su Hijo Jesús por nosotros. Sabemos el valor que tiene una madre y los cristianos auténticos estamos llamados a amar a la Madre de Cristo, Él que es verdadero Dios y verdadero Hombre y que siempre amó y honró a María y no podemos imaginar lo contrario; porque si nosotros siendo pecadores amamos y honramos a nuestras madres, Jesús el Hijo perfecto, supo amar y respetar a su Madre María; que nos dejó como Madre a los pies de la cruz en la persona del joven discípulo Juan. No temamos en acercarnos a María y pedirle que nos bendiga con su amor maternal y que nos acerque siempre a su Hijo Jesús, nuestro Mesías y Único Redentor.

Villegas

En su homilía de ayer, el Padre Alí Villegas se refirió a las descargadas que desea Jesús, por la sobreabundacia de preceptos y ritos que caracterizaban al pueblo judío, como al Concilio de Jerusalén. Nos llamó la atención que, parte de la homilía, finalizándola, colocasen una pista de fondo y cantara, silente la agrupación musical (LB).

Pieza: Luis Araujo ("Selva tropical").

VIVIR DEFENDIDOS

Miércoles, 1. Mayo 2013 - 09:36 Hora
DOMINGO 6º DE PASCUA /C
Jn 14, 23-29
Últimos deseos de Jesús.Hombres empobrecidos Para no olvidar a Jesús
José Antonio Pagola

ULTIMOS DESEOS DE JESÚS
Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y acobardados. Todos saben que están viviendo las últimas horas con su Maestro. ¿Qué sucederá cuando les falte? ¿A quién acudirán? ¿Quién los defenderá? Jesús quiere infundirles ánimo descubriéndoles sus últimos deseos.
Que no se pierda mi Mensaje. Es el primer deseo de Jesús. Que no se olvide su Buena Noticia de Dios. Que sus  seguidores mantengan siempre vivo el recuerdo del proyecto humanizador del Padre: ese “reino de Dios” del que les ha hablado tanto. Si le aman, esto es lo primero que han de cuidar: “el que me ama, guardará mi palabra...el que no me ama, no la guardará”.
Después de veinte siglos, ¿qué hemos hecho del Evangelio de Jesús? ¿Lo guardamos fielmente o lo estamos manipulando desde nuestros propios intereses? ¿Lo acogemos en nuestro corazón o lo vamos olvidando? ¿Lo presentamos con autenticidad o lo ocultamos con nuestras doctrinas?
El Padre os enviará en mi nombre un Defensor. Jesús no quiere que se queden huérfanos. No sentirán su ausencia. El Padre les enviará el Espíritu Santo que los defenderá de riesgo de desviarse de él. Este Espíritu que han captado en él, enviándolo hacia los pobres, los impulsará también a ellos en la misma dirección
El Espíritu les “enseñará” a comprender mejor todo lo que les ha enseñado. Les ayudará a profundizar cada vez más su Buena Noticia. Les “recordará” lo que le han escuchado. Los educará en su estilo de vida.
Después de veinte siglos, ¿qué espíritu reina entre los cristianos? ¿Nos dejamos guiar por el Espíritu de Jesús? ¿Sabemos actualizar su Buena Noticia? ¿Vivimos atentos a los que sufren? ¿Hacia dónde nos impulsa hoy su aliento renovador?
Os doy mi paz. Jesús quiere que vivan con la misma paz que han podido ver en él, fruto de su unión íntima con el Padre.
Les regala su paz. No es como la que les puede ofrecer el mundo. Es diferente. Nacerá en su corazón si acogen el Espíritu de Jesús.
Esa es la paz que han de contagiar siempre que lleguen a un lugar. Lo primero que difundirán al anunciar el reino de Dios para abrir caminos a un mundo más sano y justo. Nunca han de perder esa paz. Jesús insiste: “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”.
Después de veinte siglos, ¿por qué nos paraliza el miedo al futuro? ¿Por qué tanto recelo ante la sociedad moderna? Hay mucha gente que tiene hambre de Jesús. El Papa Francisco es un regalo de Dios. Todo nos está invitando a caminar hacia una Iglesia más fiel a Jesús y a su Evangelio. No podemos quedarnos pasivos.
El Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre

HOMBRES EMPOBRECIDOS
Toda persona vive condicionada por la realidad sociológica e histórica en la que se encuentra inserta. Sin que podamos evitarlo, somos parte integrante de un mundo complejo que incide poderosamente en nuestra manera de ser, actuar y vivir.
El marco sociocultural y psico-social en el que vivimos marca decisivamente nuestra conducta, nuestra actitud existencial y nuestro ser entero.
Por eso deberíamos estar más atentos a aquellos fenómenos sociológicos que están modelando el ser de la persona contemporánea. Fenómenos tales como el cambio cultural, la tecnología, el consumo, la movilidad, el anonimato social, la incomunicación, el pluralismo...
No son pocos los observadores que, al estudiar las posibilidades y los riesgos de la sociedad contemporánea, señalan con tono alarmante el empobrecimiento interior y el vacío que parece amenazar al hombre contemporáneo.
Un ser humano que ha avanzado técnicamente de manera insospechada, pero que vive en dependencia cada vez mayor de aquello que él mismo produce y fabrica.
Un ser humano que, en la mayoría de los casos, se ve obligado a vivir encadenado para siempre a un oficio especializado, sin poder desarrollar adecuadamente más que una parte mínima de su ser.
Un ser humano que vive de manera acelerada, sometido a un ritmo de vida agotador, sin posibilidad de detenerse serenamente ante su propia vida.
Un ser humano abrumado por una información múltiple y variada de noticias y datos, pero sin medios para discernir, reflexionar y formarse su propio juicio con responsabilidad y lucidez.
Un ser humano seducido por los mil engañosos atractivos de la sociedad de consumo, pero «infra-alimentado» espiritualmente.
Un ser humano alienado por diversos eslóganes y distraído por innumerables modas o consignas, pero sin capacidad para enfrentarse a su propia verdad.
Los creyentes entendemos que la fe puede ser la gran fuerza interior que nos ayude a liberarnos de la alienación, la superficialidad, la desintegración y el vacío interior.
Para vivir de una manera más humana y liberada necesitamos una energía interior capaz de animar y dinamizar toda nuestra existencia. Por eso escuchamos hoy con gozo las palabras de Jesús: «El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él».

PARA NO OLVIDAR A JESÚS
La verdad es que los humanos somos bastante complejos. Cada individuo es un mundo de deseos y frustraciones, ambiciones y miedos, dudas e interrogantes. Con frecuencia no sabemos quiénes somos ni qué queremos. Desconocemos hacia dónde se está moviendo nuestra vida. ¿Quién nos puede enseñar a vivir de manera acertada?
Aquí no sirven los planteamientos abstractos ni las teorías. No basta aclarar las cosas de manera racional. Es insuficiente tener ante nuestros ojos normas y directrices correctas. Lo decisivo es el arte de actuar día a día de manera positiva, sana y creadora.
Para un cristiano, Jesús es siempre su gran maestro de vida, pero ya no le tenemos a nuestro lado. Por eso, cobran tanta importancia estas palabras del evangelio: «El Espíritu Santo que os enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».
Necesitamos que alguien nos recuerde a Jesús. Si lo olvidamos, no sabremos quiénes somos ni qué estamos llamados a ser. Nos desviaremos del evangelio una y otra vez. Defenderemos en su nombre causas e intereses que tienen poco que ver con él. Nos creeremos en posesión de la verdad al mismo tiempo que la desfiguramos.
Necesitamos que el Espíritu Santo active en nosotros la memoria de Jesús, su presencia viva, su imaginación creadora. No se trata de despertar un recuerdo del pasado: sublime, conmovedor, entrañable, pero recuerdo. Lo que el Espíritu del resucitado hace con nosotros es abrir nuestro corazón al encuentro personal con Jesús como alguien vivo. Sólo esta relación afectiva y cordial con Jesucristo es capaz de transformarnos y generar en nosotros una manera nueva de ser y de vivir.
Al Espíritu se le llama en el cuarto evangelio «defensor» o «paráclito» porque nos defiende de lo que nos puede destruir. Hay muchas cosas en la vida de las que no sabemos defendernos por nosotros mismos. Necesitamos luz, fortaleza, aliento sostenido. Por eso, invocamos al Espíritu. Es la mejor manera de ponernos en contacto con Jesús y vivir defendidos de cuanto nos puede desviar de él.

http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php

Ilustración: Ejercicio de Luis Araujo, imitando a Martín Tovar y Tovar.