Intentamos, hoy Jueves Santo, actualizar el blog. Ha sido difícil, traspapelándose artículos y declaraciones en el marco de una navegación lenta que va y viene, como de los problemas de una computadora de archivos repletos. Una imagen, corresponde a los magníficos trazos de Régulo Pérez, tomados de la edición nr. 41 de la revista Nueva Sociedad (Caracas), guardada la pieza por muchos años hasta que reapareció entre los archivos. Y, la otra, una fotografía que se hizo viral de los más recientes días de represión, en la que suponemos al operador aquejado por la banalidad del mal (LB).
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jueves, 13 de abril de 2017
domingo, 13 de marzo de 2016
FUERA Y DENTRO
Sobre la descalificación castrense
Luis Barragán
El régimen disfrutó – varias veces, por cierto, cada vez más lejanas – de una favorable conjunción de los astros, como diría algún facilitador de la nueva era en los acostumbrados programas matutinos de televisión. Gozó de una extraordinaria concentración de poderes, los más elevados ingresos petroleros y el beneplácito de las masas que sedujo tan eficazmente. Sin embargo, hoy exhibe un rumbo tan arrogante, como insostenible, tildando de golpista, en última instancia, al constituyente que legó algunas soluciones para una crisis que, paradójicamente, a la postre, produjo tanto como la propia carta constitucional.
Teniendo como vocero al ministro de la Defensa, con temor hasta de las hojas que aletean al correr el viento, asumen que toda movilización pacífica e institucional en reclamo por el desbarajuste nacional, constituye una terrible y temible conspiración satánica, aún cuando ostentan las armas de la República en una no muy clara competencia con las formidables bandas criminales que no tienen precedentes en nuestro historial. Creándose árboles que no dejan ver el bosque, como los de la versión fantástica que esgrime el vicepresidente de esta misma República, festejan como una circunstancia feliz la de hacer enormes colas para el consumo de los alimentos y medicamentos de una existencia en nada garantizada, sometida la población a una humillación que tratan los servicios de inteligencia y los colectivos armados de administrar para evitar un reventón de indignación.
Ciertamente, el descenso en los precios internacionales del crudo contribuye a la desesperada situación, mas no es el único y determinante factor, pues, padeciéndolo, otros países productores no han sucumbido como nosotros. Indicador curioso, la inversión militar venezolana se incrementó por todos estos años y, además de la tentación de compararla con la de otros países productores de petróleo, está la otra, la de extenderse en una circunstancia trastocada en axioma: hay más balas que alimentos y medicamentos.
El otro exceso es el de una imprudencia que pisa el terreno de la temeridad, con la calificación castrense de las iniciativas adoptadas por una oposición comprobadamente democrática que, valga la redundancia, apela a la Carta de 1999, cuya defensa ha de hacerse por ella misma y por lo que expresa e inequívocamente establece, y no a través de una parcialidad política, como la reclamada por el citado ministro. Raras veces y quizá ninguna, al revisar la vieja prensa, hubo algo semejante en una declaración ministerial de las décadas anteriores, cuando actuaban las fuerzas nada recreativas de la insurrección de izquierda y de derecha, por cierto, con una simultaneidad que sorprendería y descolocaría al más avisado cursante de estado mayor.
No hay escenario posible fuera de la Constitución que, si se quiere, luce como la mejor carta astral. Paradójicamente, quienes la defienden acusando a los demás de hallarse fuera de ella, no están precisamente dentro.
Ilustración: Régulo Pérez, "Fábula del F-16 y el Colibrí" (1984). Colección: Museo Contempráneo "Sofía Ímber", Caracas.
Luis Barragán
El régimen disfrutó – varias veces, por cierto, cada vez más lejanas – de una favorable conjunción de los astros, como diría algún facilitador de la nueva era en los acostumbrados programas matutinos de televisión. Gozó de una extraordinaria concentración de poderes, los más elevados ingresos petroleros y el beneplácito de las masas que sedujo tan eficazmente. Sin embargo, hoy exhibe un rumbo tan arrogante, como insostenible, tildando de golpista, en última instancia, al constituyente que legó algunas soluciones para una crisis que, paradójicamente, a la postre, produjo tanto como la propia carta constitucional.
Teniendo como vocero al ministro de la Defensa, con temor hasta de las hojas que aletean al correr el viento, asumen que toda movilización pacífica e institucional en reclamo por el desbarajuste nacional, constituye una terrible y temible conspiración satánica, aún cuando ostentan las armas de la República en una no muy clara competencia con las formidables bandas criminales que no tienen precedentes en nuestro historial. Creándose árboles que no dejan ver el bosque, como los de la versión fantástica que esgrime el vicepresidente de esta misma República, festejan como una circunstancia feliz la de hacer enormes colas para el consumo de los alimentos y medicamentos de una existencia en nada garantizada, sometida la población a una humillación que tratan los servicios de inteligencia y los colectivos armados de administrar para evitar un reventón de indignación.
Ciertamente, el descenso en los precios internacionales del crudo contribuye a la desesperada situación, mas no es el único y determinante factor, pues, padeciéndolo, otros países productores no han sucumbido como nosotros. Indicador curioso, la inversión militar venezolana se incrementó por todos estos años y, además de la tentación de compararla con la de otros países productores de petróleo, está la otra, la de extenderse en una circunstancia trastocada en axioma: hay más balas que alimentos y medicamentos.
El otro exceso es el de una imprudencia que pisa el terreno de la temeridad, con la calificación castrense de las iniciativas adoptadas por una oposición comprobadamente democrática que, valga la redundancia, apela a la Carta de 1999, cuya defensa ha de hacerse por ella misma y por lo que expresa e inequívocamente establece, y no a través de una parcialidad política, como la reclamada por el citado ministro. Raras veces y quizá ninguna, al revisar la vieja prensa, hubo algo semejante en una declaración ministerial de las décadas anteriores, cuando actuaban las fuerzas nada recreativas de la insurrección de izquierda y de derecha, por cierto, con una simultaneidad que sorprendería y descolocaría al más avisado cursante de estado mayor.
No hay escenario posible fuera de la Constitución que, si se quiere, luce como la mejor carta astral. Paradójicamente, quienes la defienden acusando a los demás de hallarse fuera de ella, no están precisamente dentro.
Ilustración: Régulo Pérez, "Fábula del F-16 y el Colibrí" (1984). Colección: Museo Contempráneo "Sofía Ímber", Caracas.
14/03/2016
domingo, 19 de abril de 2015
TESTIMONIO DE VIDA
NOTITARDE, Valencia, 19 de abril de 2015
Aparición de Cristo resucitado (Lc. 24, 35-48)
Joel Núñez Flautes
En la escena que hoy nos presenta el evangelio de Lucas, se describe una de las apariciones que Jesús resucitado hace a los apóstoles. Se presenta en medio de ellos, que todavía tenían dudas de que Jesús había resucitado y Él les desea la paz. La actitud de aquellos hombres era de miedo, ante tal aparición se sobresaltan y creían que estaban viendo un fantasma y Jesús, que sabe que su miedo y duda es más profunda que el susto externo, les hace dos preguntas: ¿Por qué se asustan? Ellos en realidad estaban asustados porque creían que había fracasado la obra de Jesús, que la Iglesia, representada en ellos, ya no tenía sentido, que ahora los judíos vendrían por ellos, que Dios los había dejado solos en aquella circunstancia.
La pregunta vale también para nosotros, cristianos de hoy, ¿qué cosas nos asustan? ¿Qué nos llena de angustias? ¿Cuándo surgen los problemas pensamos o sentimos que ya es lo último y que Dios nos ha abandonado? ¿Cuándo surge una dificultad dentro de la Iglesia, pensamos o sentimos que la obra de Dios fracasó o que no tiene sentido continuar? La segunda pregunta va en esta misma línea: ¿Por qué surgen dudas en sus corazón? La duda es lo contrario a la fe, el que duda no cree o no está convencido del todo. La fe se pierde por decepción, por escándalos o por simplemente no cultivarla o pedírsela a Dios como un don.
Los apóstoles estaban decepcionados, pensaban y sentían que Jesús fracasó, que todo terminó con su muerte, el resto de los discípulos huyeron escandalizados por lo brutal de aquella muerte. Esta pregunta también vale para nosotros. ¿Cuántas veces hemos experimentado dudas en la Iglesia? ¿Cuántas veces hemos sentido dentro del corazón que lo que está contenido en la Palabra de Dios es pura fantasía, imposible de realizar o vivir? Jesús les muestra a aquellos apóstoles asustados y llenos de dudas los signos de su pasión; les invita a tocarlo y verlo y que se cercioren que quien habla con ellos, tiene cuerpo, no es un fantasma, sino Él mismo que ha resucitado, come delante de ellos y con su presencia hacer surgir en ellos la alegría.
Les explica de nuevo las Escrituras, que se cumplen en Él y los convierte en testigos. ¿Testigos de qué? Que Él está vivo, que padeció, murió y resucitó para rescatar al hombre de la muerte y el pecado. Testigos de que Dios no abandona al ser humano, que si en algún momento guarda silencio es para sacar lo mejor de sus hijos y ayudarlos a pasar del infantilismo de la fe a la madurez del hombre creyente que ha pasado por la noche oscura del dolor y ha experimentado la alegría del resurgir a la vida nueva. Testigos de una Iglesia conformada por hombres débiles, pecadores, frágiles y que paradójicamente, por ese ver y palpar a Jesús resucitado se hacen fuertes, santos y firmes en la fe.
Una Iglesia, que a pesar de sus errores y limitaciones dará testimonio de que Dios está vivo. El cristiano de hoy vive de la fe y ésta es la certeza de algo invisible, pero no irreal. Creemos que Cristo está vivo y lo podemos percibir por su Iglesia que tiene más de dos mil años de historia; lo podemos ver en la comunidad de los creyentes que siguiendo su Palabra, viven en la alegría de saberse hijos de Dios, hermanos de Jesucristo y miembros de la gran familia cristiana que es la Iglesia Católica, presente en el mundo entero, asistida por el Espíritu Santo, guiada por un solo pastor (El Papa, representante de Cristo) y sostenida por una fe común que da equilibrio y unidad a quienes forman parte de ella.
Pidámosle a Jesús que avive nuestra fe, que nos regale la alegría que nace de saber que Él está vivo y camina junto con nosotros y que está en medio de su Iglesia para sostenerla y guiarla en medio de sus luchas y afanes cotidianos.
IDA Y RETORNO: La grave crisis moral, económica, política y social que está viviendo Venezuela hace que muchos venezolanos tengan sentimientos encontrados, estén llenos de dudas, desesperanza, rabia, pesimismo y hasta en actitud de derrota; otros viven en confrontación, división y sin aportar nada para que el país cambie. En Venezuela llegó la hora de apelar a los más alto valores morales, cristianos y aportar sin desfallecer, ni amilanarse, para encontrar juntos las soluciones a los graves problemas que afrontamos en el tiempo presente. La fe en Cristo nos invita a no dejarnos vencer por el pesimismo, el miedo o la angustia. Busquemos establecer puentes de diálogo, reconciliación, de reclamar lo que es justo, denunciar las injusticias y la corrupción. Es la hora de la más alta y transparente política, aquella del concepto griego: el bien común, el bien de todos y para todos. Es la hora de los cristianos católicos que con su fe y acción aportan para tener una Venezuela en progreso, paz, justicia, libertad y unidad.
Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-tercer-domingo-pascua
Ilustración: Régulo Pérez, Últimas Noticias (Caracas, 1988).
Aparición de Cristo resucitado (Lc. 24, 35-48)
Joel Núñez Flautes
En la escena que hoy nos presenta el evangelio de Lucas, se describe una de las apariciones que Jesús resucitado hace a los apóstoles. Se presenta en medio de ellos, que todavía tenían dudas de que Jesús había resucitado y Él les desea la paz. La actitud de aquellos hombres era de miedo, ante tal aparición se sobresaltan y creían que estaban viendo un fantasma y Jesús, que sabe que su miedo y duda es más profunda que el susto externo, les hace dos preguntas: ¿Por qué se asustan? Ellos en realidad estaban asustados porque creían que había fracasado la obra de Jesús, que la Iglesia, representada en ellos, ya no tenía sentido, que ahora los judíos vendrían por ellos, que Dios los había dejado solos en aquella circunstancia.
La pregunta vale también para nosotros, cristianos de hoy, ¿qué cosas nos asustan? ¿Qué nos llena de angustias? ¿Cuándo surgen los problemas pensamos o sentimos que ya es lo último y que Dios nos ha abandonado? ¿Cuándo surge una dificultad dentro de la Iglesia, pensamos o sentimos que la obra de Dios fracasó o que no tiene sentido continuar? La segunda pregunta va en esta misma línea: ¿Por qué surgen dudas en sus corazón? La duda es lo contrario a la fe, el que duda no cree o no está convencido del todo. La fe se pierde por decepción, por escándalos o por simplemente no cultivarla o pedírsela a Dios como un don.
Los apóstoles estaban decepcionados, pensaban y sentían que Jesús fracasó, que todo terminó con su muerte, el resto de los discípulos huyeron escandalizados por lo brutal de aquella muerte. Esta pregunta también vale para nosotros. ¿Cuántas veces hemos experimentado dudas en la Iglesia? ¿Cuántas veces hemos sentido dentro del corazón que lo que está contenido en la Palabra de Dios es pura fantasía, imposible de realizar o vivir? Jesús les muestra a aquellos apóstoles asustados y llenos de dudas los signos de su pasión; les invita a tocarlo y verlo y que se cercioren que quien habla con ellos, tiene cuerpo, no es un fantasma, sino Él mismo que ha resucitado, come delante de ellos y con su presencia hacer surgir en ellos la alegría.
Les explica de nuevo las Escrituras, que se cumplen en Él y los convierte en testigos. ¿Testigos de qué? Que Él está vivo, que padeció, murió y resucitó para rescatar al hombre de la muerte y el pecado. Testigos de que Dios no abandona al ser humano, que si en algún momento guarda silencio es para sacar lo mejor de sus hijos y ayudarlos a pasar del infantilismo de la fe a la madurez del hombre creyente que ha pasado por la noche oscura del dolor y ha experimentado la alegría del resurgir a la vida nueva. Testigos de una Iglesia conformada por hombres débiles, pecadores, frágiles y que paradójicamente, por ese ver y palpar a Jesús resucitado se hacen fuertes, santos y firmes en la fe.
Una Iglesia, que a pesar de sus errores y limitaciones dará testimonio de que Dios está vivo. El cristiano de hoy vive de la fe y ésta es la certeza de algo invisible, pero no irreal. Creemos que Cristo está vivo y lo podemos percibir por su Iglesia que tiene más de dos mil años de historia; lo podemos ver en la comunidad de los creyentes que siguiendo su Palabra, viven en la alegría de saberse hijos de Dios, hermanos de Jesucristo y miembros de la gran familia cristiana que es la Iglesia Católica, presente en el mundo entero, asistida por el Espíritu Santo, guiada por un solo pastor (El Papa, representante de Cristo) y sostenida por una fe común que da equilibrio y unidad a quienes forman parte de ella.
Pidámosle a Jesús que avive nuestra fe, que nos regale la alegría que nace de saber que Él está vivo y camina junto con nosotros y que está en medio de su Iglesia para sostenerla y guiarla en medio de sus luchas y afanes cotidianos.
IDA Y RETORNO: La grave crisis moral, económica, política y social que está viviendo Venezuela hace que muchos venezolanos tengan sentimientos encontrados, estén llenos de dudas, desesperanza, rabia, pesimismo y hasta en actitud de derrota; otros viven en confrontación, división y sin aportar nada para que el país cambie. En Venezuela llegó la hora de apelar a los más alto valores morales, cristianos y aportar sin desfallecer, ni amilanarse, para encontrar juntos las soluciones a los graves problemas que afrontamos en el tiempo presente. La fe en Cristo nos invita a no dejarnos vencer por el pesimismo, el miedo o la angustia. Busquemos establecer puentes de diálogo, reconciliación, de reclamar lo que es justo, denunciar las injusticias y la corrupción. Es la hora de la más alta y transparente política, aquella del concepto griego: el bien común, el bien de todos y para todos. Es la hora de los cristianos católicos que con su fe y acción aportan para tener una Venezuela en progreso, paz, justicia, libertad y unidad.
Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-tercer-domingo-pascua
Ilustración: Régulo Pérez, Últimas Noticias (Caracas, 1988).
domingo, 1 de febrero de 2015
ARMARIO
De la punta de una ametralladora
Luis Barragán
Rasgaban sus vestiduras por el solo planteamiento de un ligero aumento de la gasolina, promoviendo las protestas que, luego, derivaban en otras hasta diluirse en la futilidad. Clamaban justificadamente contra la represión, enarbolando banderas en la prensa, en el parlamento u otras instancias que lucharon por sobrevivir. Empero, ahora los acobija un descarado cinismo.
La inconstitucional resolución 8610 del ministerio de la Defensa, tiende a formalizar una realidad: la militarización de una temida sociedad civil que ha anegado las calles, cumplimentando las largas e inéditas colas para alcanzar algún insumo básico, alimento o medicamento. La dirán acostumbrada a las armas de guerra que boquean por las grandes avenidas dizque para combatir al hampa común en su cómodo ascenso, en nada ruborizada por la exhibición, pero también rigurosamente interpelada por el destino de los centenares de miles de millones de dólares que se tragó el gobierno, suponiéndola asfixiada por la censura y el bloqueo informativo.
De consecuencias insospechadas en el marco de una economía alfilerada, incrementar el precio de la gasolina significa hacerlo con la represión, franca y abierta que desespera por una dosis de la juridicidad que no encuentra, habida cuenta de la cívica insurgencia estudiantil del año pasado que las encuestas de sus tormentos no previeron. Casi inadvertidamente, los muros de la ciudad exponen las ya remotas y ajenas desapariciones y muertes de los tiempos insurreccionales, procurando forzar el imaginario social para victimizarse, aún siendo hoy los victimarios.
Ciertamente, hubo casos deplorables como el de Alberto Lovera, aunque fue posible denunciarlo y ventilarlo por la existencia de una irreprimible, combativa e instituida opinión pública y un parlamento útil y eficaz, en nada parecido al de ahora. Podemos apreciar en los viejos Diarios de Debates, los cuales la Asamblea Nacional no publica desde hace más de una década, las numerosas denuncias y prolongadas intervenciones, fielmente transcritas, condenatorias del empleo de las armas de fuego para frenar o neutralizar las manifestaciones públicas, arrojando sentencias que, a modo de ilustración, a propósito de un particular caso, todavía interrogan a voceros como José Vicente Rangel: “No hay cosa peor que pretender detener la historia con la punta de una ametralladora; que pretender paralizar todo el proceso histórico de un país con medidas policiales y represivas. La experiencia en ésto (SIC) es muy larga y elocuente” (Nr. 31 del 27/05/1964: 865).
Disculpándonos por la inelegancia, lo advertimos en la primera discusión de la Ley para Sancionar los Crímenes, Desapariciones, Torturas y Violaciones de los Derechos Humanos por Razones Políticas en el período 1958-1998 (https://www.youtube.com/watch?v=7lZJep-zz-Q), pues, junto a la moneda verdadera de los antiguos excesos policiales, correría la moneda falsa de un instrumento de persecución y estigmatización de opositores, disidentes, inconformes. Suerte de conjunción astral, la resolución y la ley dirán sortear el gasolinazo disparando literalmente al que ose protestar, pretendiendo – desde ya - psicológicamente sojuzgarlo, aunque el otrora diputado tuvo alguna vez razón: los procesos históricos no dependen de la punta de una ametralladora.
Coletilla: Alvin Tofler escribió años atrás un libro sobre las guerras del futuro, ideando recursos para administrar las protestas públicas. Por lo que vemos, pasamos del perdigonazo y la lacrimógena a la eventualidad de un “basukazo”.Eso sí, país petrolero, al fin y al cabo, de exquisito diseño, cuales obras de Peter Gronquist.
Reproducción: Even/Tony. Élite, Caracas, nr. 2057 de 27/02/1965.
Ilustración: Régulo. Últimas Noticias, Caracas, 14/02/1988.
Fotografía: LB, Caracas, 29/01/2015.
Piezas: Peter Gronquist.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/21632-de-la-punta-de-una-ametralladora
http://www.elsoldemargarita.com.ve/posts/post/id:145311/De-la-punta-de-una-ametralladora
Luis Barragán
Rasgaban sus vestiduras por el solo planteamiento de un ligero aumento de la gasolina, promoviendo las protestas que, luego, derivaban en otras hasta diluirse en la futilidad. Clamaban justificadamente contra la represión, enarbolando banderas en la prensa, en el parlamento u otras instancias que lucharon por sobrevivir. Empero, ahora los acobija un descarado cinismo.
La inconstitucional resolución 8610 del ministerio de la Defensa, tiende a formalizar una realidad: la militarización de una temida sociedad civil que ha anegado las calles, cumplimentando las largas e inéditas colas para alcanzar algún insumo básico, alimento o medicamento. La dirán acostumbrada a las armas de guerra que boquean por las grandes avenidas dizque para combatir al hampa común en su cómodo ascenso, en nada ruborizada por la exhibición, pero también rigurosamente interpelada por el destino de los centenares de miles de millones de dólares que se tragó el gobierno, suponiéndola asfixiada por la censura y el bloqueo informativo.
De consecuencias insospechadas en el marco de una economía alfilerada, incrementar el precio de la gasolina significa hacerlo con la represión, franca y abierta que desespera por una dosis de la juridicidad que no encuentra, habida cuenta de la cívica insurgencia estudiantil del año pasado que las encuestas de sus tormentos no previeron. Casi inadvertidamente, los muros de la ciudad exponen las ya remotas y ajenas desapariciones y muertes de los tiempos insurreccionales, procurando forzar el imaginario social para victimizarse, aún siendo hoy los victimarios.
Ciertamente, hubo casos deplorables como el de Alberto Lovera, aunque fue posible denunciarlo y ventilarlo por la existencia de una irreprimible, combativa e instituida opinión pública y un parlamento útil y eficaz, en nada parecido al de ahora. Podemos apreciar en los viejos Diarios de Debates, los cuales la Asamblea Nacional no publica desde hace más de una década, las numerosas denuncias y prolongadas intervenciones, fielmente transcritas, condenatorias del empleo de las armas de fuego para frenar o neutralizar las manifestaciones públicas, arrojando sentencias que, a modo de ilustración, a propósito de un particular caso, todavía interrogan a voceros como José Vicente Rangel: “No hay cosa peor que pretender detener la historia con la punta de una ametralladora; que pretender paralizar todo el proceso histórico de un país con medidas policiales y represivas. La experiencia en ésto (SIC) es muy larga y elocuente” (Nr. 31 del 27/05/1964: 865).Disculpándonos por la inelegancia, lo advertimos en la primera discusión de la Ley para Sancionar los Crímenes, Desapariciones, Torturas y Violaciones de los Derechos Humanos por Razones Políticas en el período 1958-1998 (https://www.youtube.com/watch?v=7lZJep-zz-Q), pues, junto a la moneda verdadera de los antiguos excesos policiales, correría la moneda falsa de un instrumento de persecución y estigmatización de opositores, disidentes, inconformes. Suerte de conjunción astral, la resolución y la ley dirán sortear el gasolinazo disparando literalmente al que ose protestar, pretendiendo – desde ya - psicológicamente sojuzgarlo, aunque el otrora diputado tuvo alguna vez razón: los procesos históricos no dependen de la punta de una ametralladora.
Coletilla: Alvin Tofler escribió años atrás un libro sobre las guerras del futuro, ideando recursos para administrar las protestas públicas. Por lo que vemos, pasamos del perdigonazo y la lacrimógena a la eventualidad de un “basukazo”.Eso sí, país petrolero, al fin y al cabo, de exquisito diseño, cuales obras de Peter Gronquist.Reproducción: Even/Tony. Élite, Caracas, nr. 2057 de 27/02/1965.
Ilustración: Régulo. Últimas Noticias, Caracas, 14/02/1988.
Fotografía: LB, Caracas, 29/01/2015.
Piezas: Peter Gronquist.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/21632-de-la-punta-de-una-ametralladora
http://www.elsoldemargarita.com.ve/posts/post/id:145311/De-la-punta-de-una-ametralladora
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