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sábado, 4 de noviembre de 2017

DE LO DEMASIADO SABIDO

Temario
Luis Barragán

La mayor represión ejercida por las dictaduras, aunque no vomite inmediatamente la sangre de sus torturas, reside en el debate público. La obsesión está en reducirlo al máximo, banalizando los más variados aspectos de la vida ciudadana que buscan copar y controlar. No obstante, por muy subterráneo que sea el drama, éste tiende a reventar en un amplio e, inmediatamente,  insoluble temario.

Hambre, inseguridad personal, hiperinflación, desempleo, insalubridad,  decrecimiento y quiebra económica, deserción estudiantil, retraso tecnológico, entre otros, son aspectos que cobran toda la amargura en el ámbito doméstico, trazando el sendero de la desesperación. Además, la censura y el bloqueo informativo, aparentan, sólo aparentan, la simplicidad de una vida pública en la que únicamente destaca la voz del poder establecido, por siempre efímera, al lado de la complejidad de los regímenes democráticos que hacen visibles y palpitantes los problemas que compiten entre sí para llamar la atención y retar a las instituciones.

Los regímenes de fuerza tienden a ser cada vez de más fuerza, en una dinámica que no tarda en dar alcance a sus cabecillas, en los capítulos postreros, intentando atajar esos temas en los que se reconoce todo un país, conmoviéndolo. Se resignan al inevitable enunciado, a las quejas de una población que busca destinatarios, cortándole toda posibilidad de reivindicación, pues, una cosa son los estudios de opinión y muy otra la posibilidad de solventar todas y cada una de las situaciones que, por profundas y amplias, interpelan la existencia misma del Estado.

Vale decir, quejarse es diferente a actuar, por lo que la dictadura allana, elimina o distorsiona toda la institución capaz de procesar y de responder a las demandas. A guisa de ilustración, todo el mundo sabe que los venezolanos pasamos hambre, pero no es posible abrir un canal de ayuda humanitaria, indagar y alcanzar cifras precisas para la propuesta de alternativas realistas, procesar penalmente a sus responsables, y, menos, acorde a la Constitución, apuntar a la soberanía y  a la seguridad alimentarias; corriendo un inmenso y definitivo peligro la autonomía y la universidad misma en Venezuela, pueden aparecer focos de descontento, mas, lo importante para la dictadura es que los gremios estudiantiles y docentes, las autoridades y el personal administrativo, no concuerden siquiera en el diagnóstico, promoviendo acciones cada vez más contundentes que los relacionen con los partidos y el resto de la sociedad civil organizada; o que la industria petrolera, quebrada, sea objeto de la contraloría ciudadana y de la militante denuncia, escondida en la mar de sus complejidades y secretos, impidiendo el solo planteamiento de respuestas novedosas.

Luego, el asunto no reside en conocer y padecer los problemas, sino en articular a todos los agentes del cambio por el inevitable camino de la política a reivindicar, la que va más allá de los fuegos fatuos de un estudio de televisión o de las redes sociales que tienden cada vez más a acentuar el narcisismo.  Por lo pronto, no se entiende a un partido que sea tal, desligado de todos los ámbitos y vicisitudes sociales que llaman a un compromiso real de movilización, pues, luce distinto, yendo más allá del habitual entrampamiento electorero, el que denuncia y acuerda acciones reales y concretas para revertir la hambruna, defender a la universidad o la industria petrolera, portadores de un temario específico y desafiante.

06/11/2017:
http://www.diariocontraste.com/2017/11/temario-por-luis-barragan-luisbarraganj

lunes, 22 de febrero de 2016

A PROPÓSITO DE UN TWEED YA RESPONDIDO

El Esequibo no es prioritario
Luis Barragán


Estamos acogotados de problemas, porque – el colmo – al alza del precio de la gasolina y sus ya impredecibles consecuencias, se suma el desabastecimiento de alimentos, medicinas, agua, luz, electricidad, e impide que nos dediquemos a otros asuntos como eso que llaman el Esequibo y de esos que ya ni sabemos si son venezolanos o guyaneses.

El territorio en reclamación es cosa de historiadores ociosos que gozan de los favores de seguros bachaqueros que, así, los autorizan para trotar y deleitarse con viejos argumentos. En fin, intelectuales y activistas desocupados que aspiran a imponernos una agenda de prioridades, cuando la principal es – simplemente – sobrevivir. Y, además, total, desde hace más de cien años que perdimos un juicio arbitral y, a duras penas, podemos habitar el casi millón de kilómetros cuadrados que nos sirve de hogar (debidamente enrejada la casa).

A propósito de cumplirse – recientemente – medio siglo de la suscripción del Acuerdo de Ginebra, los párrafos anteriores ejemplifican los supuestos argumentos para referirse a la histórica reclamación esequibana también escuchados. Muy bien, de los indiferentes y hasta rechazantes del tema, puede aseverarse que, de ser consultados por algún encuestólogo en 1811, hubiesen asegurado que 300 años bastan para continuar siendo colonia.

El problema está en que, a la inmediata escasez de los insumos básicos, podemos legitimar – a mediano y largo plazo – la del propio territorio, como ocurrió algo semejante en la Venezuela del siglo XIX que, colmados de guerras y escaramuzas civiles, poco importaba que nos quitaran espacio  y riquezas, ocupados por salvar el pellejo. Nuestro drama, repetido drama, es que, golpeado un elemento existencial del Estado, como es la población, ésta se verá sin territorio, el otro elemento existencial, o quedará reducida al hogar o la casa  que el régimen nos deje, por cierto, mil veces hipotecada – como si faltase poco – con China, entre otros países.

Nadie niega la prioridad de la inmediata supervivencia, cuya solución principal está en el cambio de régimen, pero deben aceptarse otras prioridades (las urgencias admiten el plural). E, igual, nadie trae a la mesa problemas que no nos afecten en lo inmediato: a sabiendas de nuestras vulnerabilidades, Guyana presiona, como no lo hace Colombia con la delimitación del golfo, por ahora, por lo que se puede atender – mascando chicle y caminando a la vez – el asunto esequibano al mismo tiempo que el asunto de la supervivencia de cada día.

22/02/2016

Breve nota LB: El artículo tuvo por orígen un desventurado Tweed. El  autor- bajo pseudónimo de protección - tuvouna ocurrencia que también puede decirse lógica y hasta legítima, porque el debate ha de ser libre y, si no, es un simulacro de debate. Mas, no respondió a nuestro mensaje. Empero, como lo suponíamos (y, en realidad, fue la trampa), resultó peor la mensajería de Noticiero Digital, incluyendo el craso error ortográfico.

Es obvio que el o la autora del segundo mensaje, por breve que fuese, no leyó el artículo y se despachó una interpretación rápida, portátil y grandilocuente. Entonces, si un breve texto no le resultó atractivo, por mucho que molestara su patriótica sensibilidad, ¿cómo imponerse de una complejada reclamación histórica? Cosas veredes, querido Sancho.