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miércoles, 18 de septiembre de 2013

BOLIGRAFARIOS

EL NACIONAL - Viernes 03 de Mayo de 2013     Opinión/9
Plumarios
EDUARDO MAYOBRE

En Venezuela, todos los gobiernos de fuerza han contado con plumarios.
Esto es, con intelectuales que intentaban otorgarles coherencia y legitimidad a regímenes carentes de ideas, cuyo único objetivo era la imposición de la voluntad de un caudillo. El nombre se origina en el hecho de que tales letrados eran quienes manejaban la pluma, hacían los discursos, mientras el hombre fuerte y su círculo íntimo cívico-militar se dedicaban a la represión y al disfrute de las mieles del poder.
La práctica se inició desde los comienzos de la república, cuando los generales victoriosos de la independencia reclamaron el gobierno para ellos y para las espadas que nos habían dado la independencia. Una vez muerto y repudiado Bolívar ­quien fue a la vez prolífico escritor y general exitoso­ se vieron en la obligación de darle a su quehacer político un barniz decoroso y no tuvieron más remedio que convocar a quienes sabían leer y escribir para que les redactaran sus proclamas.
Un caso emblemático es el del general Juan Vicente Gómez. Menos bruto e ignorante de lo que decían sus enemigos, no contaba con muchas ideas. Sabía que su objetivo era paz y trabajo, pero no iba mucho más allá. Por eso recurrió a algunos de los mejores intelectuales de su época para que lo ayudaran a gobernar y cubrieran las áreas que le eran ajenas.
Tuvo plumarios destacados como José Gil Fortoul, Laureano Vallenilla Lanz y Pedro Manuel Arcaya. Años después esta pléyade de lumbreras sería bautizada como "las luces del gomecismo". Más tarde un régimen democratizante como el de Medina se dio el lujo de tener un plumario extraordinario, a la vez escritor y notable: Arturo Uslar Pietri. Fue el líder de lo que se conoció como el "ala luminosa" del medinismo.
Digo lo anterior a propósito del primer gabinete ministerial de Nicolás Maduro. Aunque es una repetición de la herencia que le dejó su padre espiritual, entre numerosos vivos, anodinos y sumisos se dejan colar algunos jóvenes que pudieran llegar a ser plumarios. En su momento Chávez tuvo los suyos, no muy jóvenes, entre quienes destacaron Luis Miquilena, José Vicente Rangel y Alfredo Peña. Pero era tal su narcisismo que se deshizo de ellos.
Maduro ha incorporado algunos profesionales que fáusticamente se allanan a prestar su concurso.
Nelson Merentes, por ejemplo, ha reemplazado al monje obcecado como plumario mayor en el área económica. Difícilmente traerá aires nuevos, porque el desastre económico desatado ya está en curso y se llegó a él con su ayuda.
Pero le dará un toque de elegancia a los insultos que su antecesor descerrajaba cual lavandera de zarzuela. Entre los jóvenes quizás pueda aparecer un plumario inédito que ojalá sea capaz de pasar por el fango sin mancharse.
La necesidad de plumarios es apremiante. Porque el discurso de Nicolás Maduro es de una pobreza que da pena. Cuando le fallan las ideas recurre a la imitación sin gracia de la procacidad del comandante eterno. Y en los pocos momentos cuando asoma posibilidades de un encuentro entre los venezolanos o permite entrever una personalidad que no es prestada no sabe articularla. Más le valdría atenerse al "ajá" con el cual el general Gómez encubría su falta de ideas o su renuencia a escuchar a los otros.
Gómez contó con un Román Cárdenas que le organizó la hacienda pública, con un Vallenilla Lanz o un Arcaya que le inventaron una ideología, con un Gumersindo Torres que supo tratar con firmeza a las empresas extranjeras. Simultáneamente logró una paz de cementerio, que mal que bien fue paz, y mantuvo a Venezuela en el atraso. Maduro cuenta con muy poco. La mayoría de su gabinete no alcanza la dignidad de plumario. Son espadas romas que no han librado una batalla y desprestigian a las Fuerzas Armadas, a los supuestos herederos del Ejército de los libertadores, como lo demostró el lamentable desfile militar de su toma de posesión el pasado 19 de abril, donde fue "reconocido" por sus subordinados como jefe que depende de ellos.
Fue un remedo en el trópico del Berlín nacionalsocialista.
La función de los plumarios consiste en contribuir a que la labor de gobierno sea de menos trotes, de menos gritos, de menos amenazas y en introducir alguna idea, alguna propuesta coherente capaz de dar lugar a un diálogo, a un intercambio entre los venezolanos que evite el descalabro al que parecemos estar encaminados. En inventar una base de legitimidad a un gobierno ilegítimo.
Hasta ahora es difícil vislumbrar un plumario en el gabinete. Pero esperemos que aparezca.

Fotografía: Pedro Mauel Arcaya, según una edición de Élite, 1963.

viernes, 26 de abril de 2013

HIGHTASH # LA PREMIACIÓN MINISTERIAL

Interesante artículo escrito por P.L. Blanco Peñalver para El Universal (Caracas, 01/11/1964). Fueron 25 años de amistad entre Juan Vicente Gómez y Pedro Manuel Arcaya, a quien Coro le quedaba pequeño, aprovechando la ocasión de irse a Caracas y, gracias a su medio-hermano, Ladislao Andara, introducirse en los exclusivos círculos sociales de la capital. Se abre la posibilidad de alcanzar una magistratura en el más alto tribunal de la República y hasta un ministerio, desde los predios de sus investigaciones jurídicas e históricas y el tenaz aprendizaje de idiomas vivos y muertos, señala el articulista.

Arcaya llega a Caracas, haciendo de secretario del general Riera, en los entusiastas tiempos de la Revolución Libertadora que ha animado también a amigos como Luis Francisco Calvani y Gumersindo Torres. Camino distinto al otro modo de forjarse los hombres públicos en Venezuela, pues, "quien no recibió el bautizo de fuego en algún campo de batalla, ni la confirmación en los calabozos de esas fortalezas estaba muy lejos de serseñalado para un destino público de algún relieve o significación nacional": La Rotunda o los castillos Libertador y San Carlos.

Dos veces ministro de Relaciones Interiores (1916 y 1925), realiza un importante aporte para la reforma constitucional de 1926, la que le permitirá a Gómez nombrar a los presidentes de estados, en lugar de lidiar con los parlamentos regionales. Arcaya aspira a la presidencia de la República a lo Gómez, y sus mejores esperanzas están depositadas en una de las tantas maniobras de ocasión:  desde el Congreso, Antonio Pimentel, Rafael Requena, Antonio José Cárdenas y Victorino Márquez Bustillos, piden la renuncia del encargado Juan Bautista Pérez. Sin embargo, por el qué dirán, tocando la sensibilidad nacionalista del hijo de La Mulera, luce desaconsejable nombrar a Arcaya, embajador en Washington.


Blanco Peñalver sugiere una secreta intención de Gómez, como es la de hacer presidente a Pedro Manuel, con la celebrada consigna del cambio de hombres bajo la continuidad política. Quizá es una deducción personal, recoge algún comentario de los encuentros sociales que se hicieron tradición oral, o tiene por orígen alguna nota del cuaderno de Gómez, pues, como pieza valiosísima, de llevar una lista de las mujeres con las que se apareó, igualmente pudo agendar sus propósitos, colegimos.

Finalmente, el autor del artículo,  refiere que la casa de Arcaya, ubicada en El Paraíso, era llamada malintencionadamente como El Vaticano. ¿Acaso pontificaba constantemente,  el mote aludía a la aparente autenticidad de una sotana que escondía terribles ambiciones, o era una simple burla para el quizá tramitador o el más destacado festejador de la Orden Piana, por muy posivista que fuese?; además, nos imaginamos la urbanización como una suerte de zona de seguridad en la que era imposible hacer lo que ahora se llama escrache

Para concluir, Gómez nombraba a los amigos como ministros, una sola vez, y la designación suponía el regalo de un cheque por cien mil bolóvares contra el Banco de Venezuela, luego una casa si no tenía la propia, y - además - un "Cadillac" que Esteban Ballesté colocaba en la puerta del agraciado. Claro, ahora se nombran los funcionarios y la "norma" imperante es el "mientras yo no sepa, lo demás es ganancia", pero - con Gómez, más allá de la magnanimidad - era una advertencia: algo así como el ¿"te doy lo que necesitas para que no robéis"?

LB