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sábado, 26 de octubre de 2019
domingo, 29 de noviembre de 2015
jueves, 12 de noviembre de 2015
viernes, 3 de agosto de 2012
ASFALTO (1)
ECONOMÍA HOY, Caracas, 10 de Febrero de 1992
Fin de siglo
Luis Barragán
Venezuela ha cambiado en cien años. El detalle no luce tan obvio cuando es fácil constatar que otros pueblos no superan sus más elementales problemas, incluso, por un lapso mayor. Además, gracias a un cierto pesimismo de increíbles efectos retroactivos, asumimos que nuestras miserias y penurias se han mantenido intactas por obra de los políticos corruptos, congénitamente incapaces, todavía mezclados en el torrente sanguíneo de una esperanza por siempre defraudada.
Resulta interesante la lectura de "Venezuela 1899", informe patrocinado por la entonces Oficina de las Repúblicas Americanas, con sede en Washington, reeditada por la Presidencia de la República hace cinco años, con una introducción de Pedro Cunill Grau.
Aquél fin de siglo encontró una república asentada en 1.552.741 kilómetros cuadrados, vigente la Constitución del 21 de junio de 1893. Eran los estados: Los Andes, Barcelona, Sucre, Bolívar, Carabobo, Caracas, Falcón, Guárico, Lara, Rivas, Miranda, Zamora, Zulia, Trujillo. Dos Territorios Federales: Colón y Amazonas. Dos Colonias Agrícolas: Bolívar e Independencia. Caracas tenía 8 parroquias: Altagracia, Santa Teresa, Santa Rosalía, Candelaria, San Juan, La Pastora, y San José, junto a las foráneas: El Valle, Antímano, La Vega, El Recreo, Macuto y Macarao. Noventa mil habitantes que registraban a veinte personas mayores de 100 años.
Las Legislaturas regionales, por ejemplo, elegían !tres senadores con sus respectivos suplentes! por cada estado y un diputado por cada 30 mil habitantes. Existían ! nueve Consejeros de Gobierno con sus suplentes ! y los ministerios de Relaciones Interiores, Relaciones Exteriores, Hacienda, Crédito Público, Agricultura con Industria y Comercio, Correos y Telégrafos, Obras Públicas, Guerra y Marina, Instrucción Pública. La reducción de las carteras se creyó una tendencia irreversible, por cierto, pero al asumir su segundo mandato, Caldera los multiplicó apelando, además, a la nómina de los ejecutivos sin cartera. No encontramos la Institución Armada como tal, sino las fuerzas públicas terrestres y navales, compuestas por las milicias organizadas en cada uno de los estados de acuerdo a las rebanaduras del caudillismo.
Había, en la ciudad capital , el Banco de Venezuela, con un capital de 8.000.000 (SIC) bolívares y un fondo de reserva de 97. 733,39 bolívares; y el Banco de Caracas, con un capital de 6,000,000 bolívares y reservas por el orden de 345.928. Dos empresas telefónicas, cuyo tarifado se dijo más barato que el de Estados Unidos.
Los cultivos de café, cacao y caña de azúcar "constituyen principalmente la industria agrícola en Venezuela". La fuente principal de riqueza o el petróleo de aquellos años, el rey café cuya exportación alcanzó, en el bienio 1895-1896, a 52.224.525 kilogramos por un valor de 85.766.157 bolívares, destinada esencialmente a Alemania, Francia y, en menor medida, a Estados Unidos. En el mismo período, el cacao llegó a 8.930.204 kg., representando 10. 091.037 bolívares; y la caña de azúcar a 2. 180 y 91.631, respectivamente. Los cueros y la madera exhibieron cifras más modestas. Y, curiosamente, sde indica que la deuda total (externa e interna), era una de las más pequeñas de América Latina: 201.323.753,95 bolívares (pág. 247).
Este fin de siglo, el de ahora, presenta un escenario cualitativa y cuantitativamente diferente. Las exportaciones no tradicionales (millones de dólares), nos indican 4.629 para 1998, 4.790 para 1997, 4.629 para 1996 (Anuario de "Economía Hoy", 10/12/98). Las petroleras son de una contundencia que cualquiera puede adivinar. Inflación del 37,60%; desempleo del 11,10%; crecimiento (% PIB) de 5,10; déficit fiscal (% PIB) de 4,50 "Economía Hoy", 2/12/98). Una Venezuela que ha cambiado en cien años, con claros e incultables signos de progreso. No obstante, el CECODAP advierte perfiles que angustian, pues, de cada 100 niños que ingresan al primer grado, sólo 38 culminan el ciclo diversificado; hay 1.2 millones de muchachos entre 7 y 14 años de edad con un agudo déficit nutricional; 11 millones de venezolanos en medio de la pobreza crítica, extrema y atroz ( "Quinto Día", 25/12/98 al 8/01/99). Venezuela dedica apenas el 0,86% del PIB a los programas públicos; en 1997, las campañas de vacunación descendieron en 56,6% para la triple, 72% para la antipolio y 86,5% para la BCG ("El Universal", 11/12/98).
Fin de siglo
Luis Barragán
Venezuela ha cambiado en cien años. El detalle no luce tan obvio cuando es fácil constatar que otros pueblos no superan sus más elementales problemas, incluso, por un lapso mayor. Además, gracias a un cierto pesimismo de increíbles efectos retroactivos, asumimos que nuestras miserias y penurias se han mantenido intactas por obra de los políticos corruptos, congénitamente incapaces, todavía mezclados en el torrente sanguíneo de una esperanza por siempre defraudada.
Resulta interesante la lectura de "Venezuela 1899", informe patrocinado por la entonces Oficina de las Repúblicas Americanas, con sede en Washington, reeditada por la Presidencia de la República hace cinco años, con una introducción de Pedro Cunill Grau.
Aquél fin de siglo encontró una república asentada en 1.552.741 kilómetros cuadrados, vigente la Constitución del 21 de junio de 1893. Eran los estados: Los Andes, Barcelona, Sucre, Bolívar, Carabobo, Caracas, Falcón, Guárico, Lara, Rivas, Miranda, Zamora, Zulia, Trujillo. Dos Territorios Federales: Colón y Amazonas. Dos Colonias Agrícolas: Bolívar e Independencia. Caracas tenía 8 parroquias: Altagracia, Santa Teresa, Santa Rosalía, Candelaria, San Juan, La Pastora, y San José, junto a las foráneas: El Valle, Antímano, La Vega, El Recreo, Macuto y Macarao. Noventa mil habitantes que registraban a veinte personas mayores de 100 años.
Las Legislaturas regionales, por ejemplo, elegían !tres senadores con sus respectivos suplentes! por cada estado y un diputado por cada 30 mil habitantes. Existían ! nueve Consejeros de Gobierno con sus suplentes ! y los ministerios de Relaciones Interiores, Relaciones Exteriores, Hacienda, Crédito Público, Agricultura con Industria y Comercio, Correos y Telégrafos, Obras Públicas, Guerra y Marina, Instrucción Pública. La reducción de las carteras se creyó una tendencia irreversible, por cierto, pero al asumir su segundo mandato, Caldera los multiplicó apelando, además, a la nómina de los ejecutivos sin cartera. No encontramos la Institución Armada como tal, sino las fuerzas públicas terrestres y navales, compuestas por las milicias organizadas en cada uno de los estados de acuerdo a las rebanaduras del caudillismo.
Había, en la ciudad capital , el Banco de Venezuela, con un capital de 8.000.000 (SIC) bolívares y un fondo de reserva de 97. 733,39 bolívares; y el Banco de Caracas, con un capital de 6,000,000 bolívares y reservas por el orden de 345.928. Dos empresas telefónicas, cuyo tarifado se dijo más barato que el de Estados Unidos.
Los cultivos de café, cacao y caña de azúcar "constituyen principalmente la industria agrícola en Venezuela". La fuente principal de riqueza o el petróleo de aquellos años, el rey café cuya exportación alcanzó, en el bienio 1895-1896, a 52.224.525 kilogramos por un valor de 85.766.157 bolívares, destinada esencialmente a Alemania, Francia y, en menor medida, a Estados Unidos. En el mismo período, el cacao llegó a 8.930.204 kg., representando 10. 091.037 bolívares; y la caña de azúcar a 2. 180 y 91.631, respectivamente. Los cueros y la madera exhibieron cifras más modestas. Y, curiosamente, sde indica que la deuda total (externa e interna), era una de las más pequeñas de América Latina: 201.323.753,95 bolívares (pág. 247).
Este fin de siglo, el de ahora, presenta un escenario cualitativa y cuantitativamente diferente. Las exportaciones no tradicionales (millones de dólares), nos indican 4.629 para 1998, 4.790 para 1997, 4.629 para 1996 (Anuario de "Economía Hoy", 10/12/98). Las petroleras son de una contundencia que cualquiera puede adivinar. Inflación del 37,60%; desempleo del 11,10%; crecimiento (% PIB) de 5,10; déficit fiscal (% PIB) de 4,50 "Economía Hoy", 2/12/98). Una Venezuela que ha cambiado en cien años, con claros e incultables signos de progreso. No obstante, el CECODAP advierte perfiles que angustian, pues, de cada 100 niños que ingresan al primer grado, sólo 38 culminan el ciclo diversificado; hay 1.2 millones de muchachos entre 7 y 14 años de edad con un agudo déficit nutricional; 11 millones de venezolanos en medio de la pobreza crítica, extrema y atroz ( "Quinto Día", 25/12/98 al 8/01/99). Venezuela dedica apenas el 0,86% del PIB a los programas públicos; en 1997, las campañas de vacunación descendieron en 56,6% para la triple, 72% para la antipolio y 86,5% para la BCG ("El Universal", 11/12/98).
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lunes, 16 de julio de 2012
JUSTO RECONOCIMIENTO
EL NACIONAL - Lunes 16 de Julio de 2012 Escenas/2
La geografía humana de Pedro Cunill Grau
PALABRAS SOBRE PALABRAS
LETRAS
FRANCISCO JAVIER PÉREZ
La reconstrucción histórica de una disciplina científica es siempre una necesidad para el progreso de la propia actividad objeto del estudio. Conocer lo que ha sido y lo que ha aportado un quehacer determinado deviene en la mejor manera de certificar los alcances de las contribuciones tanto como de los asuntos que esperan aún por ser explorados. La historiografía, así entendida, nada tiene que ver con una autobiografía del elogio sino, por el contrario, resulta el oficio de ingresar en el interior profundo de una ciencia para descubrirla, describirla y evaluarla en sus pretensiones y en sus saldos, para proponer otras y para edificarse sobre los otros.
Reflexiones de este tipo son las que surgen frente a la Historia de la geografía en Venezuela. Siglos XV-XX (Consejo Nacional de Universidades/ Ministerio para la Educación Superior/ Ediciones OPSU, 2009), de Pedro Cunill Grau. Los dos tomos que la componen ofrecen una muestra elocuente de lo que han sido y promediado los estudios sobre la tierra venezolana en su situación científica.
El vasto recorrido parte de la primera holladura aborigen y del vislumbre geográfico del paraíso bíblico, para culminar en las realizaciones profesionales modernas de la geografía y de sus adecuadas visiones geo-cartográficas. El pormenorizado viaje se cumple siempre por sus vinculaciones con los cultores de la disciplina descriptiva de la tierra y por las realizaciones de ciencia a que dan pie las miradas territoriales y los dibujos en cartas y números. Los géneros protagónicos serán sin discusión el mapa y el atlas, junto a todo tipo de cuadros de medición en donde se construye la imagen exacta o aproximada de la realidad geográfica (la exactitud aquí es sólo una apreciación espiritual invisibilizada por la ciencia moderna en su intento por convencer de lo contrario).
Geografía humana, son hombres los encargados de referirla, determinarla y contarla y el empeño de esta obra no es otro que el de homenajear a los grandes de la disciplina en la medida en que fueron capaces de humanizar una ciencia sólo en apariencia distante y despersonalizada. Conquistadores, viajeros y misioneros serán los padres de la asignatura. Más tarde, los geógrafos sabios desde la Ilustración y hasta el siglo XIX: Gilij, Humboldt, Codazzi, Dauxion Lavaysse, Bello, Stradelli, Geldner y Gerstäcker. La geografía en manos de diplomáticos como el consejero Lisboa y sir Robert Ker Porter. Finalmente, la modernidad científica de los estudios geográficos en las obras capitales de Alfredo Jahn, Eduardo Röhl, Pablo y Marco-Aurelio Vila, Francisco Tamayo, Pascual Venegas Filardo y Levi Marrero. Magnífico a nuestros intereses es el capítulo dedicado a las entradas venezolanas en los diccionarios geográficos de la Ilustración (el de Diderot y D’Alembert, el de Coleti y el de Alcedo).
Grande y definitiva, como toda obra del erudito doctor Cunill Grau, esta historia de la geografía nacional es ya una cifra imprescindible para la comprensión del país. Autor de obras maestras, deposita aquí la mayor y más impresionante suma de saberes meta-geográficos y al hacerlo manifiesta su pasión profunda por Venezuela. Traspasa el umbral de lo destacado y brillante y se hace arte inigualable.
Fotografía: Violant Muñoz Genovés, Barcelona / Facebook
La geografía humana de Pedro Cunill Grau
PALABRAS SOBRE PALABRAS
LETRAS
FRANCISCO JAVIER PÉREZ
La reconstrucción histórica de una disciplina científica es siempre una necesidad para el progreso de la propia actividad objeto del estudio. Conocer lo que ha sido y lo que ha aportado un quehacer determinado deviene en la mejor manera de certificar los alcances de las contribuciones tanto como de los asuntos que esperan aún por ser explorados. La historiografía, así entendida, nada tiene que ver con una autobiografía del elogio sino, por el contrario, resulta el oficio de ingresar en el interior profundo de una ciencia para descubrirla, describirla y evaluarla en sus pretensiones y en sus saldos, para proponer otras y para edificarse sobre los otros.
Reflexiones de este tipo son las que surgen frente a la Historia de la geografía en Venezuela. Siglos XV-XX (Consejo Nacional de Universidades/ Ministerio para la Educación Superior/ Ediciones OPSU, 2009), de Pedro Cunill Grau. Los dos tomos que la componen ofrecen una muestra elocuente de lo que han sido y promediado los estudios sobre la tierra venezolana en su situación científica.
El vasto recorrido parte de la primera holladura aborigen y del vislumbre geográfico del paraíso bíblico, para culminar en las realizaciones profesionales modernas de la geografía y de sus adecuadas visiones geo-cartográficas. El pormenorizado viaje se cumple siempre por sus vinculaciones con los cultores de la disciplina descriptiva de la tierra y por las realizaciones de ciencia a que dan pie las miradas territoriales y los dibujos en cartas y números. Los géneros protagónicos serán sin discusión el mapa y el atlas, junto a todo tipo de cuadros de medición en donde se construye la imagen exacta o aproximada de la realidad geográfica (la exactitud aquí es sólo una apreciación espiritual invisibilizada por la ciencia moderna en su intento por convencer de lo contrario).
Geografía humana, son hombres los encargados de referirla, determinarla y contarla y el empeño de esta obra no es otro que el de homenajear a los grandes de la disciplina en la medida en que fueron capaces de humanizar una ciencia sólo en apariencia distante y despersonalizada. Conquistadores, viajeros y misioneros serán los padres de la asignatura. Más tarde, los geógrafos sabios desde la Ilustración y hasta el siglo XIX: Gilij, Humboldt, Codazzi, Dauxion Lavaysse, Bello, Stradelli, Geldner y Gerstäcker. La geografía en manos de diplomáticos como el consejero Lisboa y sir Robert Ker Porter. Finalmente, la modernidad científica de los estudios geográficos en las obras capitales de Alfredo Jahn, Eduardo Röhl, Pablo y Marco-Aurelio Vila, Francisco Tamayo, Pascual Venegas Filardo y Levi Marrero. Magnífico a nuestros intereses es el capítulo dedicado a las entradas venezolanas en los diccionarios geográficos de la Ilustración (el de Diderot y D’Alembert, el de Coleti y el de Alcedo).
Grande y definitiva, como toda obra del erudito doctor Cunill Grau, esta historia de la geografía nacional es ya una cifra imprescindible para la comprensión del país. Autor de obras maestras, deposita aquí la mayor y más impresionante suma de saberes meta-geográficos y al hacerlo manifiesta su pasión profunda por Venezuela. Traspasa el umbral de lo destacado y brillante y se hace arte inigualable.
Fotografía: Violant Muñoz Genovés, Barcelona / Facebook
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miércoles, 29 de diciembre de 2010
cuatro veces cunill-grau

- Pedro Cunill Grau. "Desenclave venezolano al Pacífico". El Nacional, Caracas, 13/05/90.
- Pedro Cunill Grau. "Zulia-Táchira: eje geoestratégico". El Nacional, 11/12/91.
- Pedro Cunill Grau. "Venezuela: geo-historia y futuro". El Globo, Caracas, 01/06/96
cunill-grau y la geografía del hambre-y-la-catástrofe

EL NACIONAL - Domingo 26 de Diciembre de 2010 Siete Días/4
entrevista
Pedro Cunill Grau
"La improvisación favorece una geografía del hambre y de la catástrofe"
El investigador reconoce que si no se toman las previsiones frente al cambio climático, no estaremos preparados para la desgracia. Insta a pensar creativamente en la conformación de la grandeza geográfica del país, con la conquista del frente marítimo y la apertura hacia la Venezuela profunda
TAL LEVY
El nacer en zona templada y emigrar a territorio tropical ha afectado, sin duda, su historia personal. Para Pedro Cunill Grau, nacido en Chile y de familia catalana, "vivir en un clima tropical de altura, como el de Caracas, es lo más cerca que uno puede estar del Paraíso. Lo ubérrimo de los paisajes, los colores, los olores, los sabores, esas vivencias tropicales y caribeñas me abrieron horizontes nuevos en mi actividad profesional".
El geógrafo e investigador ha consagrado su vida a educar y a pensar creativamente en la conformación de la grandeza geográfica del país: "Por mi experiencia como geógrafo, tanto en América como en Europa, no veo que haya muchos territorios que tengan las opciones de Venezuela. Obviamente, como toda opción hay que valorizarla, domeñarla, crearla".
Mario Briceño Iragorry escribía: "La Geografía es de indispensable conocimiento para la comprensión de la problemática social. El suelo define en parte el destino de los pueblos". ¿En qué medida la geografía condiciona el país que somos? --Comparto las palabras del doctor Briceño, a quien admiro. En el caso venezolano, la imbricación de tantos paisajes contrastados dentro de la tropicalidad ha abierto posibilidades infinitas, tanto en la Venezuela periférica litoral, donde el país ha vivido hasta hoy día básicamente, como en la Venezuela profunda. Son muy pocos los países en el mundo que tienen esas posibilidades que le ha dado el suelo, el clima, el relieve, a Venezuela.
--En una conferencia que dictó en 1999 usted aseguró: "La carencia de un adecuado aprendizaje geohistórico ambiental climático ha contribuido a influir en la conducta social de coexistir con el peligro". ¿La grave situación actual por las lluvias confirma esa apreciación? --Sin duda y cada vez será más acuciante, dramático y con costos altos sociales, humanos, económicos e inclusive culturales, porque con el cambio climático, que ya estamos experimentando, la improvisación en la conformación del hábitat de infraestructuras de todo tipo ante el riesgo climático sólo favorecerá una geografía del hambre y de la catástrofe. Piensa en lo que significa para los paisajes vivenciales y turísticos los cambios que se producirán en el nivel del mar. Es indispensable la apertura hacia la Venezuela profunda con los debidos resguardos ambientales.
Este año fui al sur del Amazonas, en la parte sur de la Esmeralda, y pude ver allí cómo se destruye gran parte de paisajes que serán indispensables para la Venezuela posible.
--¿Continúa creyendo en la Venezuela posible? Siempre, cada vez soy más optimista de esa Venezuela posible en el siglo XXI porque, dejando a un lado las circunstancias coyunturales, siempre hay que ver las bases geográficas y humanas del país.
--¿Considera, como ha dicho José Ángel Rodríguez, que la tragedia de Vargas de 1999 evidenció que "el poder político en Venezuela desdeña el espacio geográfico que le sirve de sustento".
--Desgraciadamente, así ha sido porque no es un problema ni de la V ni de la IV, es un continuum que puedes ver en el paisaje. Al dominar las fuerzas espontaneístas en el hábitat, no se prevé los desastres geográficos, telúricos. A la geografía de la catástrofe no se le toma en cuenta; se cree que es algo ocasional, pero no. La geografía de la catástrofe tanto natural como social, que están acompañadas, implica el preverlas. Eso obliga a grandes gastos e inversiones.
--Desde la tragedia de Vargas, ¿hemos aprendido algo? --Yo diría que no. La mejor prueba la tenemos con la situación actual. Tanto sequías como lluvias de una alta intensidad, terremotos, sismos, maremotos, posiblemente huracanes, están en la bitácora del navegante mayor en los futuros años. Si no se hace esa bitácora, no estaremos preparados para la desgracia. Es un tema mayor que debe ser abordado sin ninguna exclusión por todos los venezolanos.
--Desde la colonia, nos hemos asentado principalmente en la franja centro-nortecostera del país y los esfuerzos por cambiar ese patrón han sido infructuosos, como la propuesta de Rafael Caldera de crear Ciudad Sucre o el eje Apure-Orinoco promovido por Hugo Chávez. ¿Por qué? --Ha faltado una conciencia colectiva de que el destino del país está en dos grandes frentes. Uno, en el frente marítimo.
Se olvida la gran potencialidad que tiene Venezuela en sus extensas zonas marítimas, que superan los 860 mil kilómetros cuadrados, tanto en el frente caribeño como en el atlántico. Esos espacios son fundamentales. Es necesario iniciar la conquista de ese frente marítimo de manera ambientalmente sostenida y tomando en cuenta los riesgos del cambio climático. Una de las opciones, aparte de la piscicultura, es la turística. El establecimiento de la talasoterapia en las islas venezolanas aportaría grandes ingresos. La segunda opción es fundamental, porque en el temprano siglo XXI en todo el mundo habrá regiones ganadoras y perdedoras. En la Venezuela profunda, al sur del Orinoco, se deben conformar las ganadoras con respeto pleno a las comunidades aborígenes y con opciones a la juventud nuestra de la Venezuela periférica. Ello implica luchar, como por cierto se ha hecho desde antes del actual gobierno, por el eje Apure-Orinoco. Hay que implementarlo, como también hay que fundamentar creaciones de ciudades, no como Ciudad Sucre, porque no hay que repetir errores del pasado, sino pequeñas ciudades que cuenten con todos los avances tecnológicos y con la belleza estética de villas que atraigan a nuestra juventud para poblar la Venezuela profunda. Esto supone cambios culturales y productivos. Uno de los aspectos fundamentales es la movilización de las reservas de productos de la biodiversidad amazónica y orinoquense.
--Ha señalado que ha comenzado el siglo de la sed, el hambre y la penuria alimentaria. ¿Qué hacer en términos de seguridad alimentaria? --No creo en seguridad alimentaria a base de importación de alimentos, sino en la producción. Tenemos un desafío histórico: no podemos cambiar un recurso petrolero agotable por leche, carne, verduras, aves y huevos. Esos recursos petroleros deben servir para crear una nueva infraestructura productiva de todo tipo, de iniciativa pública y privada. Venezuela en su parte agrícola y pesquera puede ser un país exportador.
--Usted defiende la tropicalidad como elemento positivo para el desarrollo económico y social. ¿Cómo recuperar nuestro Paraíso Terrenal, nuestra Tierra de Gracia? --De varias maneras. El venezolano debe tener conciencia y trabajar las opciones geográficas. Da dolor cómo muchas comunidades desdeñan lo que significa para sus ingresos el turismo ecológico.
Cuando uno va a Catia La Mar, a Tucacas, a Puerto La Cruz, a Carúpano, se da cuenta de que son muy pocas las comunidades que salvaguardan ese patrimonio tropical de la belleza. En Galipán vemos la destrucción de un paisaje. No se pueden cercar los parajes naturales porque son nuestro patrimonio para el futuro. Hay que detener el desarrollo salvaje en Los Roques. La fuente de la juventud de Ponce León no existe, pero sí hay buenas aguas termales, buena talasoterapia, que el clima tropical favorece. En los llanos, por ejemplo, hay animales que dan mejor rendimiento y son más rentables que las vacas; vale decir, intensificar la ganadería controlada de chigüires, de babas y otros animales que hoy tienen opción, así como las tienen las frutas amazónicas. Piensa en lo que significó para Nueva Zelanda la habilitación del kiwi como fruta.
Por qué no introducir sabores nuevos a los helados venezolanos. Si no hay conocimiento de la geografía, de sus opciones, ello implicará no sólo caer en la geografía de la catástrofe, sino en la geografía del hambre y de la sed, que son los grandes desafíos del siglo XXI.
Leer el paisaje
La máquina de escribir Olympia que compró con su primer sueldo de ayudante universitario 55 años atrás y que ha sido cómplice de esos 200 textos originales que ha escrito, entre libros, ensayos y artículos, todavía aguarda: "Mi última ilusión, si Dios me da vida, es un trabajo que creo que puede ser una obra mayor: Ver. Oír. To- car. Las sensiblidades de Es- paña en el continente ame- ricano", devela Pedro Cunill Grau. Por lo pronto, concluye La ruta del cacao en la Ve- nezuela colonial, patrocinada por la Comisión Nacional de la Unesco y que será editada el próximo año.
"Mis últimos libros los he escrito después de los 70 años", reconoce el autor de Historia de la Geografía de Venezuela (siglos XV-XX); Geohistoria de la sensibli- dad en Venezuela, diseñado por Álvaro Sotillo y reconocido con La Letra de Oro como "Libro más bello del mundo" en la Feria del Libro de Leipzig; y GeoVe- nezuela, obra colectiva enciclopédica.
Entre las alegrías de su vida están que su hijo menor sea geógrafo y el mayor trabaje en Unicef, con los niños.
También le complace que el ex presidente Ricardo Lagos, como tantos otros chilenos, haya estudiado de la mano de su Geografía de Chile o que entre los geógrafos españoles La América Andina sea un libro de referencia o que en la Universidad de Yaracuy una cátedra lleve su nombre.
Este geógrafo de terreno revela las claves para leer un paisaje: "Primero, hay que respetar, escuchar y aprender del habitante de esos paisajes. No puedes ir allí a dictar cátedra, tienes que escuchar. Además, como soy peatón, porque no conduzco, siempre hablo y sobre todo escucho. Segundo, hay que abordar el paisaje con gran sensualidad: ver, oler, sentir, tocar esos paisajes; y tercero, todo paisaje tiene una historia y uno debe documentarse".
Su nombre se suma al de grandes geógrafos de Venezuela, como Humboldt, Codazzi, Sievers y los Vila, todos por coincidencia nacidos en tierras foráneas.
"No se hace geografía en el verdadero sentido de la palabra de lo que no se conoce y no se conoce lo que no se ama. De una manera u otra, todos los ilustres antecesores y muy modestamente el que habla hemos amado este país, lo hemos tratado de entender, y este país nos ha brindado a todos posibilidades que indudablemente superan las que uno tuvo en su lugar de origen", confiesa Cunill.
Fotografía: Ernesto Morgado.
varias veces cunill uno

EL NACIONAL - Martes 10 de Julio de 2007 Cuerpo U/6
Conferencia "Venezuela no es un país monótono"
Pedro Cunill Grau: En el país contrastan geografía y productos
La variedad de olores y sabores venezolanos sorprende al doctor en Geografía, quien instó a los estudiantes de la Universidad Nacional Experimental de Yaracuy a investigar los alimentos autóctonos
Pedro Cunill Grau lideró el recorrido imaginario por los sabores y olores de Venezuela. El geógrafo, de amplia trayectoria académica dedicada al estudio del suelo venezolano, visitó la Universidad Nacional Experimental de Yaracuy y dictó una charla titulada "Sensibilidad y territorio", que se enfocó en la geografía alimentaria del país.
El auditorio estuvo formado por estudiantes de Ciencia y Cultura de la Alimentación, quienes siguieron el salto histórico desde los tiempos de Cristóbal Colón y Américo Vespucio. Cunill, experto en Geografía Humana e Histórica, describió los atributos de Venezuela, el significado de sus paisajes, su geografía y la capacidad de producir un sin número de artículos, con múltiples ejemplos extraídos de la historia que ha sido poco registrada.
Cunill relató que una de las maravillas que descubrió Cristóbal Colón al pisar esta "tierra de gracia" fue el olor fragante de los indígenas venezolanos, que aunque cambiara de lugar (de los Andes al Caribe) casi siempre coincidía con aromas paradisíacos y naturales.
Sabores para investigar.
El ponente no se limitó a narrar los hallazgos históricos de los productos alimenticios locales, sino que propuso a los asistentes numerosos temas de investigación, de acuerdo con sus objetivos de estudio.
Según Cunill, aún queda por indagar los usos de muchas hierbas, flores y hojas que se emplean como medicamentos tradicionales, y acerca de los diferentes tipos de sales del suelo venezolano, que fueron robadas durante mucho tiempo por los holandeses, quienes se llevaban la sal del país para hacer sus quesos y otras especialidades culinarias propias de su pueblo.
Para Cunill, es imprescindible analizar los cambios de gustos del venezolano, que se han visto influenciados por las condiciones del aparato agrícola nacional. Este es un punto importante para la explotación del turismo, de la cultura y de la historia gastronómica del país, pues la naciòn se promociona a partir de sus productos y de los territorios en los que se encuentran.
EL NACIONAL - Martes 06 de Mayo de 2008 Cultura/4
DISTINCIÓN Ocupará la silla XXIV de la Academia de Ciencias
Cunill Grau: "Es divertido estar en un país donde todo está por verse"
El geógrafo, investigador y docente también es miembro de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela y de la de Chile
DIEGO ARROYO GIL
Excepto su inconfundible acento sureño y su caballerosidad nada forzada, todas las demás características que configuran la personalidad de Pedro Cunill Grau no responden a sus vínculos con Chile –país en el que nació en 1935–, sino con Venezuela, donde vive desde 1976.
Aunque exagerado, el énfasis no es tan irresponsable. Decirlo es convertir a Cunill Grau en un venezolano, como también lo es el que haya sido incorporado la semana pasada a la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales del país como miembro de número de esa institución.
En cuanto a viajes y cambio de residencia, el geógrafo pareciera haber seguido a la inversa los pasos de Andrés Bello, lo que algunos podrían leer como un signo inequívoco de que los dioses propician hasta lo imposible para mantener el equilibrio. Pero ello, aunque interesante, no deja de ser una conjetura.
Cunill Grau, por sí mismo, tiene méritos suficientes para ser reconocido: ha publicado alrededor de 30 libros, ha hecho aportes al estudio de la geografía venezolana y latinoamericana, y ha dedicado buena parte de su vida a la docencia. No hay duda, entonces, de que la Academia se basó en ellos cuando decidió nombrarlo uno de sus titulares: ocupará la silla XXIV que dejó vacante Tobías Lasser al morir.
Sin embargo, parece que nada de esto le pesa demasiado a Cunill Grau. Pocos días después de haber protagonizado la ceremonia en el Palacio de las Academias de Caracas, atiende el teléfono en su casa y conversa sin pose.
–¿Se podría decir que las ciencias han de asumir compromisos con lo humano? ¿Cuáles serían?
–Sin duda. Es uno de los puntos fundamentales para el desarrollo. Deben atenderse, por ejemplo, el grave problema de la carencia de alimentos y de agua potable en el mundo, el calentamiento global, la adecuación de espacios para el mejoramiento de la vida, etcétera. De la pobreza también debe ocuparse la ciencia, que podría ayudar mucho y de manera inmediata. En Venezuela, la labor de los científicos es fundamental para entender las oportunidades que nos brinda la tropicalidad del país, de la cual se pueden sacar muchas ventajas. Asimismo, es fundamental que las ciencias y las humanidades se encarguen de que los recursos naturales no renovables, como los hidrocarburos líquidos y gaseosos, sean utilizados sabiamente. Ello implica tanto educación como investigación y aplicación científica.
–Algunos pretendidos reformadores ven a la investigación reposada y solitaria como una práctica pequeño burguesa. Afirman que así no se atienden las necesidades inmediatas del pueblo. Como investigador, ¿qué piensa usted de eso?
–Me parece un exabrupto.
Tengo el honor de convivir con cientos de científicos y humanistas que no están encerrados en sus oficinas, bibliotecas o laboratorios; que no están extraídos del mundanal ruido y es gente que contribuye a la movilización del país. Es cierto que es una labor no publicitada, pero ellos están allí. Así es como se van formando los nuevos docentes. Para mí es muy grato, por ejemplo, haber podido trabajar con 90 especialistas, todos ellos formados en nuestras universidades, para la elaboración de la Geo-Venezuela, un proyecto editorial de la Fundación Polar del cual se han publicado los dos primeros tomos y faltan ocho
–¿Cómo le ha alcanzado el tiempo para hacer todo lo que ha hecho?
–Lo que pasa es que yo no trabajo: me divierto. Me siento realizado en la aventura de conocer el nuevo mundo de Venezuela. La investigación no es un trabajo para mí, es un placer. Además, con la geografía uno siempre está viajando.
Doy gracias al destino de que me haya dado la oportunidad de terminar mi vida aquí. Es divertido estar en un país donde todo está por verse.
EL NACIONAL - Sábado 08 de Agosto de 2009 Cultura/3
LIBROS Pedro Cunill Grau publica su Historia de la geografía de Venezuela
"Yo me siento muy querido por este país y por eso lo he hecho mío"
La obra, editada por la Oficina de Planificación del Sector Universitario, llegará pronto a las librerías
DIEGO ARROYO GIL
Pocas veces se tiene entre las manos un libro como Historia de la geografía de Venezuela. Siglos XV-XX (OPSU, 2009), de Pedro Cunill Grau, un autor de destacada erudición cuya obra atracará, sin duda, en el puerto de la posteridad como una de las más sólidas que inteligencia alguna haya legado al estudio de las tierras nacionales.
Miembro de la Academia Chilena de la Historia nació en el país austral en 1935 y de la de Venezuela, así como de la de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, con sede en Caracas, Cunill Grau podría ser considerado un hijo de la Ilustración, no tanto por su pensamiento como por su manera de leer e investigar, que es acuciosa, dedicada, casi obsesiva.
Durante la lectura de cualesquiera de sus trabajos, el visitante siente que se encuentra ante un enciclopedista que ha sido trasplantado por el tiempo en la modernidad, de la cual ha adquirido visiones particulares, como la de no concebir el estudio de la ciencia geográfica separada, ya no sólo de la antropología, la sociología, la economía y la política, sino tampoco de la psicología.
"Yo me formé básicamente en la geografía posibilista europea explica el autor, de modo que fui testigo de un momento en el que había unas bodas entre geografía e historia. Para mí tuvieron gran importancia profesores como Braudel y Romano, por ejemplo. Mis estudios de posgrado en Canadá me abrieron a su vez nuevos horizontes y desde entonces he desarrollado un enfoque multidisciplinario, en el que la geografía se nutre de sus ciencias auxiliares, como la cartografía y la estadística, pero también de las ciencias humanas".
A esto se debe, con seguridad, que Historia de la geografía de Venezuela. Siglos XV-XX pueda considerarse un viaje por el territorio y la historia del país, así como por eso que Cunill Grau llama la "antropología cultural del espacio".
En esta obra la tierra siempre tiene sufrientes y celebrantes, cuyas miradas son las que elaboran, en última instancia, el paisaje. Éste sería un paso fundamental para la cultura: si la vivencia del panorama geográfico no se hace sensible, la experiencia se queda en estado embrionario, inhabitable para la imaginación.
Él explica: "Para mí el hombre no se ve determinado por el espacio. Él escoge dentro de la infinita gama del espacio y en esa escogencia están sus sueños, sus amores y sus odios. No habitamos obligadamente nada. Uno va transformando sus espacios recorridos".
Secretamente, en el fondo de estas palabras también se oculta una de las claves del destino personal de Cunill Grau. Cuando llegó a Venezuela, procedente de Chile, hace más de 30 años, tuvo que amistarse con una nueva realidad geográfica y construirse un asiento.
"Yo nací en un paisaje neomediterráneo donde la secuencia estacional se marca de manera muy disímil en el espacio, donde predominan los colores no brillantes y los sabores son tenues. Me refiero, claro, al Chile que no es austral ni desértico. Entonces, cuando me bajé del avión en Maiquetía por primera vez, quedé impactado por los olores. De una manera u otra, el trópico se me fue prendando.
Tanto es así que con los años he ido entrando en comunión con estos paisajes, con su sensualidad".
El exilio también implicó un cambio profesional. "Yo era un geógrafo formado fundamentalmente en los paisajes andinos agrega, así que tuve que reciclarme para entrar en los paisajes antillanos, tropicales, venezolanos. Uno tiene que formarse para los nuevos desafíos. Muchas veces el exiliado no se da cuenta de que debe cambiar de óptica y de temática para no quedarse atrás. Por lo demás, lo que no se conoce no se quiere. He tenido la suerte de ser muy beneficiado. Yo me siento muy querido por este país y por eso lo he hecho mío".
Así, pues, esta Historia de la geografía de Venezuela. Siglos XV-XX es, también, trama y memorial de un afecto.
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EL NACIONAL, Caracas, 17 de Enero de 1996
Geografía: base de la nación
PEDRO CUNILL GRAU
Para quienes seguimos creyendo en el porvenir inmediato de Venezuela es fundamental irradiar a la opinión pública el sentido positivo de su geografía física y humana. Es un don de base que posibilitará con una adecuada conducción estatal, regional, municipal y privada, la consolidación de una de las naciones más promisorias del planeta. La juventud actual debería acceder, a través de la educación formal e informal, a un detenido estudio de las extraordinarias opciones que proporcionan las bases geográficas de la nación para resolver con acierto en pocos años el subdesarrollo nacional. Con arduo trabajo y amplio sentido de equidad socioeconómica el territorio puede dar prosperidad a las actuales gemeraciones y a sus descendientes. No hay ninguna razón para caer en la desesperanza o en estados confusos de ánimo, con alteraciones extremas de la conducta.
No se puede avanzar con la abrumación de absurdos pesimismos, que acoplan a Venezuela a las naciones más pobres del Quinto Mundo, ni con afiebrados mesianismos, que exigen ingentes sacrificios para asegurar una utópica felicidad en espacios celestes imaginarios. Agoreros frustrados se unen a personajes histéricos para predecir anuncios de desdichas inevitables en un territorio que no ofrecería posibilidades, ni por su gente ni por sus recursos. Ante este clímax del desastre sólo quedaría la resignación del impotente o el éxodo rápido a pseudos paraísos de tranquilidad en el extranjero. La incapacidad de engendrar un país dinámico, partiendo de su realidad geográfica, está conduciendo al inmovilismo espacial, donde todo se resuelve en operaciones de sobrevivencia a corto plazo.
No desconocemos que estamos en momentos difíciles; sin embargo, todavía estamos a tiempo de revalorizar las ventajas que ofrece la geografía del país, para convertirla a corto plazo en una potencia media, asegurando a sus habitantes una adecuada calidad de vida, superándose las injustas situaciones de pobreza crítica. Para ello hay que lograr una amplia reconciliación nacional, sumándose esfuerzos de sectores excluidos del poder contingente e incorporando gente joven y mentes lúcidas a la gerencia del ordenamiento y maximización del territorio, a escala nacional, regional y local.
Ello no sería imposible, puesto que aún en los últimos años de este siglo y en los primeros del próximo continuaremos, en el plano mundial, en la era del petróleo, del gas natural y de la energía convencional. A este respecto, Venezuela cuenta con ventajas extraordinarias con promisorias reservas de todo tipo de hidrocarburos y con expectativas notables en hidroelectricidad, carbón, bitúmenes y otras fuentes energéticas. A precios razonables en el mercado interno este capital energético puede contribuir a desenvolver importantes focos de industria manufacturera, de transformación de materias primas, de servicios y de transportes. En palabras muy sencillas y realistas, toda mujer y hombre podrían tener trabajo asegurado y bien remunerado, de movilizarse cuidadosamente sus reservas energéticas y minerales. Más aún, cuando importantes personeros se desvelan en conseguir magros recursos monetarios foráneos, sería conveniente que habilitaran a la brevedad una casa de moneda para amonedar el abundante oro guayanés y depositarlo en el Banco Central de Venezuela.
En estos tiempos transicionales, de ser debidamente preservados los bellos paisajes naturales, en especial, los playeros, andinos, guayaneses y sabaneros, podrían ser la base territorial de una adecuada movilización económica del ecoturismo, que atraería a millones de habitantes de clientes de países industrializados, que ya no cuentan con gratos ambientes silvestres. Obviamente, hay millares de otras opciones especiales, todas las cuales pueden contribuir a enraizar en los diversos terruños regionales a mujeres y hombres innovadores.
Más tarde, en las primeras décadas del siglo XXI, se abrirá un extenso período histórico caracterizado por la crisis de alimentos y agua. Asimismo, en ambos rubros Venezuela cuenta con una sólida base geográfica, expresada en adecuados suelos, abundantes reservas acuíferas e ictiológicas, numerosas asociaciones de cultivos y de ganadería tropical, autóctona e introducida. Estos recursos, acompañados con el manejo sustentable de la biodiversidad silvestre, pueden dar concreción a una plena independencia alimentaria e incluso posibilitar la agroexportación masiva. Todo ello se expresaría simultáneamente en inéditas formas de trabajo para la juventud del temprano siglo XXI, junto a otras actividades innovadoras de biotecnología, industrias de materiales nuevos y varias más que dependenderán de la capacidad tecnológica de las generaciones actuales y del porvenir.
Consideramos que es urgente revalorizar la importancia de la geografía como base de la nación del futuro. En caso contrario, los mejores espacios del territorio servirán sólo como enclaves extractivos o aliviaderos ocasionales para ociosos y desempleados.
EL NACIONAL, Caracas, 7 de Noviembre de 1997
La geografía del optimismo
VANESSA DAVIES
Viajar hasta su apartamento en Caracas es la primera lección de geografía: una calle perdida en Santa Mónica. Escuchar su habitual ``¨no es cierto?'', es la segunda: sabe a un Chile irrenunciable, aun para un venezolano que lo es por decisión propia y no por haber nacido aquí. Su sala, sembradío de tallas y esculturas, es la tercera: rostros de la Isla de Pascua, pinturas de Haití, cachicamos de Amazonas, monos y mujeres de Lara, máscaras de China. Y su lamento por la paulatina vergüenza adquirida contra nuestra artesanía, es la cuarta: ``Hay una degradación del aspecto arqueológico popular. Al avanzar la geografía de la pobreza, al sentirse la gente cada vez más acosada, al fomentarse la migración a la ciudad, tenemos una situación horrible. Casi nadie ha reparado en ello. Se va extendiendo la mentalidad social de hombre o mujer de campamento que extrae y se va''.
¨Qué dependencia existe entre la defunción de la selva tropical y la muerte de los trabajos humildes en madera? Para Pedro Cunill Grau, geógrafo, premio nacional de Ciencia 1997 (mención Ciencias Sociales y Humanísticas) es evidente. ``Al acabarse los bosques se va acabando el arte popular''.
Siempre está acompañado por un pacto con el optimismo que resistió, incluso, al cierre de su cátedra en la Universidad de Chile (1975) por la dictadura. ``La formación de jóvenes dará resultado en el temprano siglo XXI. Soy un convencido de que Venezuela tiene todas las condiciones ambientales de base, de recursos naturales, de paisajes, para ser una potencia media. Nuestra ventaja competitiva es el sol, el agua, ¨no es cierto?''. Las leyes vigentes alcanzan, a su juicio, para proteger nuestro entorno. ``Simplemente hay que hacerlas cumplir. Tan delincuente es el que asalta a una persona como el que acaba con un bosque, un río''.
Su credo: el desarrollo sustentable,``absolutamente necesario para el porvenir inmediato, aunque es pura ciencia ficción en nuestros ministerios. De lo contrario, estamos limitados a una situación de desastre ecológico. Europa se acabó en el Medioevo, y la `artificialización' geográfica domina todo el paisaje''. El anticredo: ``El capitalismo salvaje que estamos viviendo ahora''. El único subsidio social al que apuesta es el poblamiento de fronteras. ``Deben ser ciudades pequeñas o medianas, con pluralidad de actividades, un cine, una biblioteca, un hospital''.
Ya se jubiló de la Universidad Central de Venezuela (donde ocupó, entre otros cargos, la dirección de la Escuela de Geografía). Pero su mismo sentido del espacio físico y cultural lo hace enfatizar que las casas de estudios superiores venezolanas ``están muy por debajo de lo que el país demanda. Es urgente una reforma, con renovación de sus cuadros y estricta evaluación académica para que los dirigentes tengan su doctorado. Una universidad cuyas cúpulas son elegidas por la presión política, no dan la garantía para conformar la Venezuela posible''.
Llegó de España en junio pasado, luego de un año como docente durante el cual ``no supe nada de los diplomáticos criollos, porque no les interesó''. Su utópico plan de gobierno se soportaría en mejorar la educación y la televisión (``que actualmente es de un país del Quinto Mundo'') y en abordar ``la geografía de la violencia''. Y si a Pdvsa le interesa, Cunill quisiera ser uno de los dibujantes del urbanismo de la apertura petrolera en oriente.
El Nacional - Domingo 03 de Octubre de 2004 Todo en Domingo 1/68
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Pedro Cunill Grau
CHILE, 1935
GEÓGRAFO, HISTORIADOR, CIENTÍFICO Y DOCENTE
Geógrafo, historiador, científico y docente, con más de 180 obras publicadas. Llegó a Venezuela en 1964 contratado para organizar la Escuela de Geografía de la UCV y permaneció hasta 1966. Una década después regresó al país para establecerse definitivamente y, desde entonces, contribuyó a formar varias generaciones de geógrafos.
Sus trabajos sobre los cambios en el paisaje venezolano a consecuencia de los procesos históricos en el siglo XIX son “un gran legado en el estudio de nuestra geografía y nuestra historia”, como dijera Ramón J. Velásquez en su bienvenida a Cunill Grau como miembro de la Academia de la Historia de Venezuela, el 10 de junio pasado. Actualmente coordina el proyecto de la nueva Geografía de Venezuela, bajo los auspicios de la Fundación Polar.
EL NACIONAL, Caracas, 19 de Febrero de 2005
El Nacional - Sábado 19 de Febrero de 2005 B/8
Geógrafos del mundo reconocen la labor de Pedro Cunill Grau
Especialistas de Norteamérica, América Latina y Europa concedieron el Premio Internacional Geocrítica 2005 al investigador chileno, figura importante del desarrollo de las escuelas geográficas de Venezuela y Chile
MARJORIE DELGADO AGUIRRE
Cunill Grau: “Sigo consagrando mi vida para apoyar la enseñanza de una geografía que no puede ser vista de manera aislada”
Apegado de corazón a la tierra venezolana, sin perder la añoranza de la que le vió nacer en el sur de este continente (Chile), Pedro Cunill Grau se propuso demostrar, durante más de 45 años de intenso trajinar entre la investigación y las aulas de clase, que la enseñanza de la geografía no puede quedarse sólo en el verbo, pues es necesario sembrarla en la conciencia del individuo. Esta y otras aseveraciones, diluidas con sabiduría en más de 200 publicaciones, lo han hecho merecedor del Premio Internacional Geocrítica 2005, que recibirá en mayo.
Sus múltiples aportes en materia de geografía tuvieron eco no sólo en América Latina, sino en Europa y Norteamérica. Así, los geógrafos de ambos continentes que conforman la Asociación Geocrítica de la Universidad de Barcelona, en España, decidieron otorgarle por unanimidad este premio en virtud, según el acta del jurado, de “su importante labor científica en el campo de la geografía, y en particular de la geografía regional e histórica, además de su contribución al debate de problemas relevantes de los países iberoamericanos y el establecimiento de lazos intelectuales entre dichos naciones.” Cuatro páginas de modesto resumen de su trayectoria justifican no sólo este premio, sino que sus textos sean referencia obligada en las instituciones de educación secundaria y superior no sólo de Chile y Venezuela, sino de otros países que buscan enseñar la geografía abordada desde una mirada interdisciplinaria que combine el estudio de determinadas características de suelos, aguas, floras, entre otros, con las idiosincracia de los pueblos y su contexto, de circunstancias históricas y políticas.
Sus días no se han separado nunca de la reflexión sobre las posibilidades de los países latinoamericanos para ir del llamado Tercer mundo al que supuestamente es primero. Y a su entender el conocimiento de la geografía es fundamental para convertir en realidad tal pretensión. Con un acento chileno perfectamente perceptible, Pedro Cunill Grau conversa con dejo de optimismo sobre lo que resta por hacer para cumplir lo que la sociedad ha venido exigiendo “que el Estado otorgue la debida importancia a la investigación aplicada geográfica para los grandes temas del país.” Después de todo lo escrito y lo enseñado a diario en las aulas de clase, hoy ya lejanas por su jubilación, el investigador señala que, a pesar del paso de los años y de haberlo repetido en numerosas ocasiones, “sigue siendo prioridad enfatizar sobre la importancia que la geografía sea vista como una manera eficaz de producir fuentes de trabajo a las nuevas generaciones, de repensarla como una forma de superar la pobreza crítica; de confiar en que las posibilidades para surgir a partir del conocimiento de la geografía son múltiples y de entender definitivamente, hoy más que nunca, que urge una redistribución de la población que tome en cuenta la irresponsabilidad de seguir manteniendo poblaciones en zonas de alto riesgo, pues si descuidamos la naturaleza, ésta nos la va a hacer pagar caro.” Hoy, como jefe del departamento de geografía de la Fundación Polar, emprende una tarea con la que ha soñado durante muchos años y que define como una de las cruzadas en las que debe luchar el país: hacer que el ciudadano medio; que el educando conozca las posibilidades de su país, que la enseñanza de la geografía trascienda más allá del verbo, y según sus palabras, el aprendizaje tedioso de nombres de ríos y regiones, para convertirse en experiencia viva de manera tal que el hombre entre en contacto con las posibilidades de su entorno”.
Sus estudios y posterior trabajo docente en la Universidad de Chile su especialización en geografía humana y geografía histórica en La Soborna y en College de France, su doctorado en la Univesidad Laval de Quebec, así como su paso largo por la Universidad Central de Venezuela, donde fue coordinador académico de la Facultad de Humanidades y Educación le han hecho merecedor del reconocimiento no sólo de las voces especializadas en materia geográfica, sino por miles de alumnos para los que sus libros han servido como referente por excelencia a la hora de entender la relación indisoluble entre la geografía y el hombre.
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