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viernes, 16 de junio de 2017

¿POR QUÉ NO ES ASÍ?

EL NACIONAL, Caracas, 17 de junio de 2017
La política es para los políticos
Adolfo P. Salgueiro

La política es para los políticos. No es para los militares, ni para los empresarios, ni los científicos ni los artistas ni los deportistas porque tratándose de una actividad para la que se requiere formación y experiencia vale aquello de “zapatero a tus zapatos”. Es por ello que para intervenir quirúrgicamente a una persona se requiere ser médico cirujano como es preciso ser científico para investigar las complejidades de la astronomía. Es cierto, sí, que en algunos casos personas formadas en disciplinas ajenas a la política han podido incursionar en ella con éxito pero para ello hubieron de adquirir una prolongada experiencia que los habilitó para desempeñarse en la difícil tarea de conducir los asuntos públicos. (López Contreras Lula, Lech Walesa, Vaclav Havel, Macri, etc.).

En Venezuela hemos tenido oportunidad de vivir lo que ocurre cuando gente sin experiencia asume la difícil tarea de querer gobernar. Caso al punto es el de Pedro Carmona, quien siendo empresario y un hombre de bien se vio enredado en una madeja que lo atrapó y lo tumbó en tiempo record. Eso no le hubiera ocurrido entonces a un Eduardo Fernández o un Henry Ramos Allup u otro político profesional que no podemos negar tenían y tienen formación aun cuando a algunos les guste o no su trayectoria o su ideología política.

Tan es cierto lo anterior que ahora mismo estamos viendo las dificultades que enfrenta Mr. Trump cuya experticia como empresario billonario no parece estarle sirviendo para poner en marcha su gobierno y por ello mete la pata una y otra vez confundiendo las atribuciones que tuvo como dueño de un conglomerado inmobiliario universal con las limitaciones que le imponen las leyes y prácticas de una cultura institucional madura y además democrática.

En Venezuela tenemos un gobierno militar por más que el mascarón de proa sea un “presidente obrero”. Esos uniformados que han llegado a copar la mayoría de los cargos relevantes de la administración pública llegan a sus oficinas con la formación obtenida en la vida castrense donde el eje rector es la verticalidad según la cual los de arriba ordenan y los de abajo obedecen sin poder ni opinar ni analizar nada. Por tal razón pocos son los militares que tengan ni conocimiento ni respeto por las leyes de la economía, ni noción de lo que es la eficiencia empresarial, el cuidado de la salud pública, ni la interacción de los factores sociales en una sociedad democrática.

A lo anterior agreguemos la muy vernácula condición de la improvisación, la falta de responsabilidad y la impunidad permitidas por una sociedad que se volvió tolerante en la medida en que la renta petrolera daba para disimular todas las arrugas. El resultado está a la vista.

En cambio, en los Estados Unidos, Donald Trump, al timón de la nave mas poderosa del mundo, aun no ha podido fijar rumbo por que no se convence que su cargo está sometido a las limitaciones que fijan las leyes y las interacciones con el factor social que es decisivo en una sociedad democrática como la norteamericana tal como lo experimentaron recientemente algunos de sus antecesores. Nixon mandó incursionar en la sede del partido político opositor y ello le costó la presidencia (Watergate), Clinton tuvo la debilidad de enredarse en los placeres de la carne en plena Oficina Oval y casi pierde el cargo etc.

Hoy día el oxigenado inquilino de la Casa Blanca ha enfrentado por tercera vez el rechazo por parte de distintos tribunales de su decreto de limitación de inmigración a ciudadanos de seis países musulmanes, ha visto como en los cabildeos del Capitolio se le disuelve su plan estrella de abolir el sistema de salud aprobado por el Congreso anterior bajo la administración de Obama, ha despedido al jefe del FBI y con ello ha desatado una controversia por el asunto del espionaje de Rusia en las pasadas elecciones que apunta a investigaciones que para nada le convienen. No ha sido transparente en la separación entre sus intereses empresariales y la cosa pública, ha peleado con varios jefes de Estado extranjeros, con su partido, con la prensa y pare Ud. de contar. El resultado está a la vista: no ha podido arrancar todavía Por eso la frustración general toma volumen y los índices de aprobación de su gestión se desploman rápidamente. En la Venezuela de hoy ninguna de esas minucias ocurriría.

De paso, y para cerrar estas líneas, es interesante tomar nota de parte del razonamiento con que la Corte Federal de Apelaciones del Cuarto Circuito de los EEUU se valió para confirmar la declaración de inconstitucionalidad del decreto presidencial (executive order) de prohibición de inmigración para ciudadanos de ciertos países de mayoría musulmana. La Corte –entre otras cosas– argumentó que la intención de discriminación del decreto impugnado por causa de religión era creíble por cuanto durante la campaña electoral el entonces candidato Trump había prometido mano dura contra los musulmanes y que tal promesa –sin ser un compromiso legal– permitía inferir el fundamento de discriminación religiosa. Tal argumento contenido en una sentencia de un poder judicial auténticamente independiente sirve para que empecemos a reflexionar a ver si las promesas vacías que en nuestro país –y en muchos otros– realizan los candidatos, constituyen o no un compromiso exigible. Imagínense ustedes un país donde un candidato como Churchill, en los peores días de la guerra (1941) ofreció a sus conciudadanos un futuro de “sangre, sudor, lágrimas y trabajo” vaya a conseguir votos. Y sin embargo eso es lo que a nosotros venezolanos nos espera cuando termine esta pesadilla.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/politica-para-los-politicos_188056

domingo, 19 de abril de 2015

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Raimundo Rivas. "José María Córdova". Billiken, Caracas, nr. 28 del 23/05/1925.
- Texto y fotografías de Paco Ortega. "Bolívar se hizo Libertador en Mérida". Élite, Caracas, nr. 2094 del 13/11/65.
- J.A. de Armas Chitty. "Así se integró nuestro pueblo". El Farol, Caracas, nr. 150 de 02/54.
- Teodoro Petkoff. "Actualidad: La crisis militar". El Globo, Caracas, 19/06/92.

Reproducción: Pedro Carmona Estanga, presidente electo de CONINDUSTRIA, según Harold Escalona para una entrevista realizada por Ligia Perdomo. Economía Hoy, Caracas, 30/05/1995.

sábado, 11 de mayo de 2013

NOTAS SOBRE EL FASCISMO (16)

EL NACIONAL - Lunes 19 de Mayo de 2008     Nación/4
Tras el mal ejemplo de Carmona
WILLIAN LARA
guarico47@hotmail.com

Mala inversión fue para los empresarios, mangoneados por Charles Shapiro, embajador estadounidense para la fecha y titiritero de la marioneta parlante que resultó ser Pedro Carmona Estanga, el brevísimo, enredarse en la parada del golpe de Estado de abril de 2002. Esa aventura por la jungla del fascismo dejó lecciones inolvidables. No menos costosa devino la reincidencia golpista del paro empresarial posterior al golpe. Muchas empresas quedaron fané y descangayadas para mal del país en su conjunto, cuya dinámica económica registró la destrucción de medio millón de empleos. Fedecámaras quedó convertida en un partidito de políticos inexpertos, cuya temeridad fue muestra patente de que definitivamente en la Venezuela contemporánea por más abultada que sea la chequera no hace a nadie dueño de la voluntad del pueblo. Como ciudadanos los empresarios tienen derecho, por demás legítimo, a cultivar su corazoncito político. ¡Viva la Constitución bolivariana que les concede tal derecho! Pero reincidir en el error de hacer de un gremio un suprapartido político, que con la ideología del golpe de billete presiona a las organizaciones con fines políticos a entregarles sus tarjetas electorales y cederle su lugar en la conducción de los grupos sociales que les apoyan, es por lo menos un intento de repetir el decreto con que Carmona se declaró presidente, derogó la Constitución y disolvió los poderes públicos el fatídico 12 de abril de 2002. Valga recordar aquel fracaso histórico de empresarios que siempre han soñado con hacer del Gobierno de Venezuela una federación de grandes corporaciones, calco y copia de la administración estadounidense, bajo el manto ideológico del neoliberalismo, hoy desconyuntado incluso en yankilandia con el naufragio que ha terminado siendo la gestión de Bush. Estos empresarios llegaron a controlar el Gobierno, como querían, con la dictadura de Carmona Estanga. En 47 horas los despachó la historia, la auténtica, la construida por las multitudes populares. Pa’ qué más. Zapatero a su zapato. Sabio dicho popular que los empresarios deben tener presente ahora cuando el presidente de su gremio nacional confunde su rol de vocero de los empresarios con el de candidato a gobernador en Guárico, tratando empecinadamente de convertir los capítulos de las cámaras de comerciantes e industriales en comandos de campaña y presionando a directivos gremiales, que ponen por delante su compromiso con la totalidad de sus mandantes, para que acepten convertirse en comunicadores de una candidatura percibida como artificial y elitesca. Mal sacan las cuentas electorales los que olvidan la envergadura de la fuerza roja rojita en Guárico, cuya entidad proyecta un resultado dos veces superior para su caudal de votos en comparación con cualquier otra expresión política del estado llanero, incluyendo las que dicen compartir su visión ideopolítica. Guárico es rojo rojito sin medias tintas ni matices cromáticos. No es posible la mimetización de Fedecámaras ni que ésta logre pasar una candidatura camuflageada hacia el campo de las mayorías guariqueñas, ni siquiera con quinta columnas o caballos de Troya; y ya se sabe quién le hizo carantoñas al Brevísimo el 12 de abril de 2002. No hay camarón dormido. El de Carmona fue un mal ejemplo. El aspirante a ser el clon de Pedrito, el breve, debería renunciar a arrastrar al gremio empresarial en su aventura. Con una carmonada basta.
Composición gráfica: Erik Johansson.