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domingo, 19 de enero de 2020

ACTO DE FUERZA

De la sociedad desparlamentarizada
Luis Barragán 

Nacimos a la vida independiente y republicana a través de sendos actos de deliberación, antes de ganarla definitivamente mediante las armas.  Hoy, desacreditada y combatida por una atípica dictadura que la teme, la palabra ensaya también su supervivencia en el propio parlamento, además, siendo el suyo un “oficio precario y terriblemente disperso”, como diría Sartori.

Por protagónico y participativo que se diga el régimen,  el debate – público y privado – ha descendido a niveles antes impensables, respecto a los distintos medios de comunicación que lo escenificaban vigorosamente, y a las sociedades intermedias que se explicaban por una herramienta insustituible, como los gremios empresariales, sindicales, profesionales, académicos o vecinales. Y ello ocurre no sólo por los hechos de fuerza, la (auto) censura y el bloque informativo,  sino por la decidida contaminación del lenguaje que, más allá del consabido código orwelliano, apela a un enfermizo razonamiento falaz, sintonizando y reforzando los más variados prejuicios, y al  literal, sostenido y desinhibido disparate de los hablantes del poder.

No es otro el contexto para una Asamblea Nacional que se supone domicilio natural de toda deliberación, debate, discusión, polémica y otros términos cercanos, aunque ya hay voces que adquieren una significación de dudosa utilidad y prestancia,  exactamente asociada a los intereses del continuismo oficialista, como “diálogo”.   Muestra ésta de una descomposición que ha dado alcance al  parlamento, pues, todo esfuerzo de persuasión deviene chantaje en la dinámica política del sistema, por descarado que fuese, identificado como una tendencia urgida de revertir.
Puede hablarse del fin de la política, como vocación y quehacer, en espera del otro momento histórico para recobrar plenamente su inspiración y energía creadora. Ante la creciente militarización de la sociedad y sus instituciones, observamos una galopante desparlamentarición que, apenas, siendo irreprimibles, zanja sus diferencias con la extorsión cada vez más descarada, o la brutal imposición de pareceres y conductas, que sintetiza algo más que una metáfora: el maletinazo.

Deliberar obliga a un cuerpo representativo que cultive la palabra, la razón y la emoción, actualizando al propio Estado, satisfecho un mínimo de formalidades, reconociendo la interlocución.  El estallido del parlamento y la resistencia de lo que de él queda, por mayoritarios que sean sus miembros, requiere de una reflexión para la acción inmediata a favor de las libertades pendientes y de la misma noción y sentido republicano en franco peligro.

Fotografías: LB, escenas del hemiciclo, en el curso de la supuestísima sesión de instalación.  Caracas, 05/01/2020,

21/01/2020:

domingo, 15 de diciembre de 2019

CORRER O ENCARAMARSE

La universidad parlamentarizada
Luis Barragán

La universidad es una instancia autónoma y no se entendería que otra igual o superiormente autónoma, como la legislativa, la interfiera. Algo completamente distinto es que la una contribuya a la independencia de la otra, por mandato – faltando poco – constitucional y por exigencia misma de la vida republicana. Por ello, nuestra permanente preocupación y modestas iniciativas con la finalidad de defender toda una conquista histórica, como la autonomía universitaria.

Referido en varias ocasiones, hay o debe haber una orientación moral y conducción política indispensable de la Asamblea Nacional, como deseable dispositivo para el consenso y la transición, en el esfuerzo común por defenderlas frente a la feroz dictadura. Las universidades requieren de un adecuado instrumento legal para afrontar el reto planteado por la tristemente célebre sentencia 0324, a objeto de facilitar  la pronta  realización de sus comicios internos que, en un promisorio oleaje democratizador, permita no sólo renovar a sus autoridades, sino al liderazgo gremial que no lo ha hecho en sus distintos ámbitos ya por años.

Parlamentarizar el problema universitario consiste en auspiciar el debate nacional sobre un drama que no debemos postergar más, dándole soporte y coordinación al esfuerzo de numerosas universidades que, aisladas, no pueden – sencillamente -  defenderse. Por ejemplo, una Ley de Democratización de las Universidades, enunciada por los sectores académicos, luce de oportuna consideración, sanción y promulgación para acelerar los procesos electorales pendientes.

Procesos electorales que debe efectuarse al principiar 2020, preferiblemente el 23 de enero o, mejor, el 4 de febrero para purgar los fantasmas, mitos y artificios que la fecha representa. Por supuesto, existen sectores decididos a las elecciones de acuerdo al artículo 109 constitucional, la Ley de Universidades y el reglamento que se ha dado cada casa de estudios, siendo muy auspicioso que, al mismo tiempo, coincidan en sus jornadas comiciales todas las instituciones. Y sólo esto, le quitaría oportunidades para otros sectores minoritarios que diligencian la comparecencia cohabitadora, bajo las reglas del régimen, o, simplemente, para evadir o escurrir el bulto, escapando o creyendo escapar del desacato que levanta su sombra como una amenazada fría, inminente y  afilada.

Circunstancias recientes, como la designación de un vicerrector administrativo en La Universidad del Zulia por la usurpación, o lo que acontece todavía en la Universidad Simón Bolívar, cuyas autoridades elegidas se reducen sólo a dos (el rector que convalece y el secretario que está de permiso laboral a pesar de lo que se vive), ejemplifica muy bien que la dictadura no está jugando. Y parlamentarizar la materia universitaria, obliga a todos salir adelante con un problema que, al final, nos dio alcance.

16/12/2019:

domingo, 24 de noviembre de 2019

EL DEBATE NECESARIO

Del Foro Parlamentario
Luis Barragán

Convengamos, la deliberación es uno de los elementos más importantes en una sociedad democrática. Cuando ella falla, está contaminada o, peor, es simulada, la conclusión luce demasiado obvia.

Por ello, el debate organizado y formal, convincente y eficaz, explica la existencia del parlamento. Una modesta aproximación al Estado, por lo menos, el constitucionalmente configurado en Venezuela, ratifica el reconocimiento y la jerarquía universales de la palabra compartida que, a su vez, explica a un  órgano – además  – independiente del Poder Público que, faltando poco, cuenta con la llamada irresponsabilidad de opinión de sus miembros.

Al dato sociológico y jurídico, debemos agregar el histórico, pues, hubo discusiones parlamentarias libérrimas y generadoras de consecuencias, por cierto, en leal competencia con las de una sociedad civil organizada que reconocía el valor de las instituciones públicas, como también experiencias fallidas en solfa con la prensa censurada, maniatada, disminuida y hasta inexistente. Hubo etapas luminosas del Congreso de la República del ´XX, todavía sin equivalentes en la Asamblea Nacional del ´XXI, añadido el intercambio constituyente.

Ciertamente, recompensado por las redes digitales, con sus altibajos y limitaciones, hay ya suficientes aportes académicos sobre la escasa calidad y maleada  intensidad de la polémica pública, ahora degradada por lo que es, al fin y al cabo, todo un régimen que vela celosa y agresivamente por sus más íntimos intereses.  Otra obviedad, salvo las excepciones de rigor, ha contaminado la propia polémica parlamentaria que fuerza a la sociedad a escenificar y ampliar la suya.

Por ello, surgen los foros parlamentarios de  la ciudadanía, sin cortapisas. Quizá un antecedente, después de 2005, controlada absolutamente la Asamblea Nacional por la dictadura ya desenmascarada, varios diputados del período inmediatamente anterior realizaron frecuentes encuentros con los medios para darle salida al planteamiento de los problemas nacionales que no contaban con la escena ni el escenario adecuados, replicados prontamente con el llamado parlamentarismo de calle que ordenó Miraflores e, inexorablemente se convirtió o degeneró en sendos operativos asistenciales que se agotaron, como el mismo modelo de negocios que los inspiró.

En la actualidad, divorciada la Asamblea Nacional de los problemas nacionales que no logra traducir y, muchísimo menos, contribuye a solventar,  afectada como instancia de conducción política de la oposición, tienen pertinencia los foros parlamentarios, con un mínimo de condiciones que aseguren su sobriedad, claridad y contundencia.  Así, Vente Carabobo dio inicio, recientemente a la experiencia, en la parroquia  Miguel Peña que contó con el concurso de los afiliados de municipios cercanos y el de una ciudadanía políticamente  independiente.

Hubo discusión, debate o intercambio en los temas considerados más complejos, como el TIAR, el 187, la producción petrolera y las características que ha alcanzado la sociedad venezolana en los últimos años, por ejemplo. Esto ha significa, como lo hemos llamado en nuestras modestas intervenciones de cámara, la creciente parlamentarización de la sociedad que, más allá de las consignas, demanda sensatez, comprensión, racionalidad, argumentación, profundidad, seriedad, por muy modestos que sean los polemistas, a falta de la pertinencia y desarrollo  real del Orden del Día.


25/11/2019:

viernes, 24 de marzo de 2017

FRENTE A LA MILITARIZACIÓN DE LA POLÍTICA

Parlamentarización de la sociedad
Luis Barragán


Una de las más urgidas tareas de la transición democrática, será la de reordenar y devolverle al país las inmediatas posibilidades para el debate abierto, libre y responsable de sus problemas. Vale decir, bajo el imperio de la racionalidad, el respeto, la tolerancia, la concordia y la convivencia que resultan indispensables, añadida la recuperación de un lenguaje público cónsono.

Mal que bien, antes de la llegada del presente siglo, hubo discusión en todos los ámbitos de la vida social. Naturalmente, el parlamentario y el edilicio, mas no había partido político, sindicato, movimiento estudiantil, colegio profesional, gremio empresarial, vecindario, club recreacional o comité de usuarios, que no polemizará generando la noticias en el círculo virtuoso de un dinamismo social que permitía el descubrimiento de actores y roles representativos y ciertamente competitivos.

Podemos citar muchos ejemplos, pero – creemos – uno de los más estelares fue el de la nacionalización del petróleo a mediados de los setenta del XX que hizo de la coincidencia y de la discrepancia, ocasión valedera para que todos versionáramos la materia. Los grandes discursos escenificados en el Congreso de la República, ocupando la atención de propios y extraños, sintetizaron las miles de conferencias, ruedas de prensa, pronunciamientos, los más modestos o grandilocuentes intercambios en los que rivalizaban no sólo las ideas, sino también los intereses cercanos o lejanos que se sentían y presentían dignos de articular y defender.  Acotemos, nos familiarizamos con un vocabulario técnico que aportaron los especialistas, periodistas, gerentes y dirigentes políticos, como puede constatarse en la prensa escrita de la época.

No pretendemos una glosa paradísiaca del país que fuimos, pero – sin duda alguna – luce demasiado el contraste con el de un presente que lo revela tan sometido al terror psicológico del régimen, peor que el de sus efectivos actos de fuerza, deseándolo abúlico, taciturno y resignado, obsceno y trivial, obediente y no deliberante como – paradójicamente – no lo es la Fuerza Armada. Régimen que ha militarizado a la sociedad, en los hechos y en el lenguaje, aspirándolo a la obediencia ciega y vertical, conformista, cumplidora de las órdenes por muy absurdas que fuesen, prisionera del eufemismo, secuestrada en el círculo vicioso de los peores elencos políticos que hemos tenido en nuestro historial republicano.

La parlamentarización de la sociedad, en sentido contrario a su militarización,  valorada y reconquistada la democracia liberal que da el piso esencial para su perfeccionamiento, apunta a un destino inevitablemente compartido. Superar la crisis prolongada, cuyas nefastas consecuencias muy apenas comienzan, obliga a trabajar en torno a las coincidencias  y disidencias que, identificadas como tendencias imposibles de silenciar, permitirán eficazmente allanar el camino para solventar los problemas en paz y en libertad, aprendida – ojalá – la lección de todos estos años de interesada confusión.

19/03/2017:
http://guayoyoenletras.net/2017/03/19/parlamentarizacion-la-sociedad
Fotografías: LB (Caracas, 03/17).