Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Palazuelo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Palazuelo. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de abril de 2016

VACIÁNDOSE DEL EGO, QUEDA EN ÉL LO QUE HABLA DE DIOS



En Jesús no pasó nada, el cambio se dio en los discípulos
Marcos Rodríguez

Lo que los textos del NT quieren expresar con la palabra resurrección, es la clave de todo el mensaje cristiano. Pero es mucho más  profundo que la creencia en la reanimación de un cadáver. Sin esa Vida que va más allá de la vida, nada de lo que dice el evangelio tendría sentido.
Fue la manera más convincente de trasmitir la vivencia de lo que Cristo fue para los primeros seguidores, después de la desoladora experiencia de su pasión y muerte. Lo que quieren trasmitir es la experiencia pascual de que seguía vivo, y además, les estaba comunicando a ellos su misma vida. Éste es el mensaje de Pascua.
Como todos los años leemos este mismo evangelio y ya lo explicamos el año pasado, vamos a referirnos hoy al aspecto general de la experiencia pascual.
Los exegetas han rastreado los primeros escritos del NT y han llegado a la conclusión de que la cristología pascual no fue ni la primera ni la única forma de expresar la experiencia que de Jesús tuvieron los discípulos después de su muerte. Hay por lo menos tres cristologías que se dieron entre los primeros cristianos, antes o al mismo tiempo de hablar de resurrec­ción.
En las primeras comunidades, se habló de Jesús como el juez escatoló­gico que vendría al fin de los tiempos a juzgar, a salvar definitiva­mente. Fijándose en la predicación por parte de Jesús de la inminente venida del Reino de Dios y apoyados en el AT, pasaron por alto otros aspectos de la figura de Jesús y se fijaron en él como el Mesías que viene a salvar definitivamente a su pueblo. Predicaron a Jesús el Ungido, como dador de salvación última sin hacer referencia explicita al hecho de la resurrección.
Otra cristología que se percibe en los textos que han llegado a nosotros de algunas comunidades primitivas, es la de Jesús como taumaturgo. Manifestaba con su poder de curar, que la fuerza de Dios estaba con él. Para ellos los milagros eran la clave que permitía la compren­sión de Jesús. Esta cristolo­gía es muy matizada ya en los mismos evangelios; seguramente, porque, en algún momento, tuvo excesiva influencia y se quería contrarrestar el carácter de magia que podría tener. En los evangelios se utiliza y se critica a la vez.
Una tercera cristología, que no se expresa con el término resurrección, es la que considera a Jesús como la Sabiduría de Dios. Sería el Maestro que conectando con la Sabiduría preexistente, nos enseña lo necesario para llegar a Dios. También tiene un trasfondo bíblico muy claro. En el AT se habla innumerables veces de la Sabiduría, incluso personalizada, que Dios hace llegar a los seres humanos para que encuentren su salvación.
Con el tiempo, todas estas maneras de entender a Cristo, fueron concentrándose hasta cristalizar en la cristología pascual, que encontró en la idea de resurrección el marco más adecuado para explicar de una manera convincente la vivencia de los seguidores de Jesús después de su muerte.
Sin embargo incluso la cristología pascual más primitiva, tampoco hace referencia explícita a la resurrección. La experiencia pascual fue interpretada en una primera instancia, como exaltación y glorificación del humillado injustamente, tomando como modelo una vez más el AT y aplicando a Jesús la idea del justo doliente.
La mayoría de los exegetas están de acuerdo en que ni las apariciones ni el sepulcro vacío fueron el origen de la primitiva fe.  Más bien fueron una forma de comunicar una vivencia que va mucho más allá de lo que pueden expresar fenómenos perceptibles por los sentidos. Los relatos de apariciones y del sepulcro vacío, se habrían elaborado poco a poco como leyendas sagradas, muy útiles en el intento de comunicar con imágenes vivas la experiencia pascual.
Esa vivencia no se logró de la noche a la mañana, sino que fue fruto de un proceso interior en el que tuvo mucho que ver las reuniones de los discípulos. Todos los relatos hacen referencia, implícita o explícita a la comunidad reunida.
En ninguna parte del NT se narra el hecho de la resurrección. La resurrección no puede ser un fenómeno constatable empíricamente; cae fuera de nuestra historia, no puede ser objeto de nuestra percepción sensorial. Todos los intentos por demostrar la resurrección como un fenómeno constatable por los sentidos, están de antemano abocados al fracaso. Todo intento de discusión científica sobre la resurrección es una estupidez.
Cuando decimos que no es un hecho “histórico”, no queremos decir que no fue “Real”. El concepto de real, es más amplio que lo sensible o histórico. Aquí el racionalismo nos juega una mala pasada.
En Jesús no pasó nada, pero en los discípulos se dio una enorme transformación que les hizo cambiar toda su manera de entender la figura de Jesús. Sería muy interesante conocer cómo llegaron los discípulos a ese descubrimiento, sobre todo teniendo en cuanta que en los momentos de dificultad todos le abandonaron a su suerte. Ese proceso de “iluminación” de los primeros discípulos se ha perdido. No sólo sería importante para conocer lo que pasó en ellos, sino porque ese mismo proceso tiene que realizarse en nosotros si queremos entrar dentro de la dinámica de la experiencia Pascual.
Con el concepto de resurrección se quiere expresar la idea de que la muerte de Jesús no fue el final. Su muerte no fue la meta, sino que su meta fue la Vida. Una Vida en Dios. La misma Vida de Dios, como dice el mismo Juan: “El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre”.
Vaciándose del "ego", queda en él lo que había de Dios. No cabe mayor glorificación. “Aquilatar” el oro, quiere decir que se le van quitando las impurezas. 12, 18, 22; hasta llegar a 24 quilates que es oro puro, no le queda nada de la mezcla, ya no se puede ir más allá. Este vaciamiento no supone la anulación de la “persona”, sino su potenciación.
Desde la antropología judía se puede entender muy bien. El ser humano era una realidad indivisible (no un compuesto de alma y cuerpo como en la filosofía griega), pero se distinguían varios aspectos ascendentes: hombre-carne, hombre-cuerpo, hombre-alma, hombre-espíritu.
En la medida que los aspectos que le limitan disminuyen, aumenta lo que hay de plenitud. El hombre tiene que ascender desde la carne al espíritu.
Las apariciones a los doce (comunidad) son el fundamento de la credibilidad de los apóstoles y lo que justifica la misión de predicar a todos los pueblos. Quiere decir que ellos no se sacaron de la manga ese objetivo, sino que fue un encargo expreso del mismo Jesús. Todas las apariciones narradas en los evangelios responden al mismo patrón básico: cinco elementos que conforman un esquema teológico y nos dan la clave de interpretación:
a) Una situación dada. Jesús se hace presente en la vida real. La nueva manera de estar presente Jesús no tiene nada que ver con el templo o con los ritos religiosos. Ni siquiera están orando cuando se hace presente. El movimiento cristiano no empezó su andadura como una nueva religión, sino como una forma de vida. De hecho los romanos los persiguieron por ateos.
En todos los relatos de apariciones se quiere decir a los primeros cristianos que en los quehaceres de cada día se tiene que hacer presente Cristo. Si no lo encontramos en las situaciones de la vida real, no lo encontraremos en ninguna parte.
b) Jesús sale al encuentro inesperadamente. Este aspecto es muy importante. Él es el que toma siempre la iniciativa. La presencia que experimentan, no es una invención ni surge de un deseo o expectativa de los discípulos. A ninguno de ellos se les había pasado por la cabeza que pudiera aparecer Jesús una vez que habían sido testigos de su fracaso y de su muerte. Quiere decir que el encuentro con él no es el fruto de sus añoranzas o aspiraciones. La experiencia se les impone desde fuera desde una instancia superior.   
c) Jesús les saluda. Es el rasgo que conecta lo que está sucediendo con el Jesús que vivió y comió con ellos. La presencia de Jesús se impone como figura cercana y amistosa, que manifiesta su interés por ellos y que trata de llevarles a su plenitud de vida.
d) Hay un reconocimiento, que se manifiesta en los relatos como problemático. No dan ese paso alegremente, sino con muchas vacilaciones y dudas. En el relato de hoy se pone de manifiesto esa incredulidad personalizada en una figura concreta, Tomás. No quiere decir que Tomás era más incrédulo que los demás, sino que se insiste en la reticencia de uno para que quede claro lo difícil que fue a todos aceptar la nueva realidad.
e) Reciben una misión. Esto es muy importante porque quiere dejar bien claro que el afán de proclamar el mensaje de Jesús, que era una práctica constante en la primera comunidad, no es ocurren­cia de los discípulos, sino encargo expreso del mismo Jesús, que ellos aceptan como la tarea más urgente que tienen que llevar a cabo.
Si aplicamos este esquema teológico a la narración que hemos leído hoy, encontraremos una riqueza de significados que va mucho más allá de una crónica de sucesos. Lo específico de este relato es que tematiza de forma exagerada la duda. Se hace recaer sobre una persona concreta, pero sólo para escenificarla y que llegue mejor el mensaje. De hecho, la duda previa al reconocimiento, está presente en todos los casos.
Meditación-contemplación
“Dichosos los que crean sin haber visto”.
La respuesta de Jesús a Tomás parece pertinente,
pero no tiene ninguna lógica interna,
porque Tomás ve al hombre Jesús y confiesa al Hombre-Dios.
...........................
Yo quiero ser ese “incrédulo”,
que hace la confesión sobre Jesús
más profunda, más absoluta, más rotunda y más sublime.
Lo que afirma no se deduce de lo que ve ni de lo que toca,
sino que es la expresión plástica de toda una experiencia pascual.
........................
Sin experiencia, puede haber creencia, nunca fe.
Más allá de todo lo que he oído y aprendido sobre Jesús,
tengo que tratar de descubrirle vivo y dándome esa misma Vida.
Se trata de la misma Vida de Dios, que él tenía en vida.

Fuente:
Cfr.
José Martínez de Toda (15/04/2012): http://www.jesuitas.org.co/homilia.html?homilia_id=75
Ilustración: Pablo Palazuelo. 

domingo, 10 de enero de 2016

VENIR DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU

La prolongada experiencia de oración de Jesús
Marcos Rodríguez

Contexto
Terminado el “tiempo de Navidad”, empezamos hoy el “tiempo ordinario”. El evangelio nos relata el principio de la vida pública de Jesús. Con los conocimientos que yo tengo hoy, me atrevo a decir que, el bautismo de Jesús, es el acontecimiento más importante de toda su vida, desde su nacimiento hasta su muerte.
Los relatos del bautismo son simbólicos y no hacen referencia a un hecho puntual, sino a una experiencia que se pudo prolongar durante mucho tiempo, incluso durante toda su vida. En esos relatos se nos invita a tomar conciencia de cómo vivió él esa experiencia de Dios. Jesús descubrió lo que Dios era para él y lo que tenía que ser él para Dios. Por tanto descubrió el sentido de su vida y la misión que debía realizar de parte de Dios.
Los cuatro evangelistas resaltan, a su vez, la importancia que tuvo para Jesús el descubrimiento de su misión y el encuentro con Juan el Bautista; a pesar de que es un reconoci­miento de cierta dependencia de Jesús con relación a Juan.
Juan no formó ningún grupo estable de seguidores. Todo lo que sabemos de él, nos ha llegado por los escritos cristianos. Si a pesar de que se podía interpretar como una subordinación a Juan, lo han narrado todos los evangelistas, quiere decir que tiene unas posibilidades muy grandes de ser histórico. Es más, sería el primer dato histórico que nos ha llegado de la vida de Jesús
Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús. Él mismo nos dijo que el nuevo nacimiento del agua y del Espíritu, era el verdaderamente importante. Si seguimos celebrando con mayor énfasis el nacimiento carnal, es que no hemos entendido en su justa medida el mensaje evangélico. Nuestra religión sigue empeñada en que busquemos a Dios donde no está. Dios no está en lo material, en lo biológico, en los acontecimientos que podemos percibir por los sentidos. Dios está en lo hondo del ser y allí tenemos que descubrirlo.
El bautismo de Jesús tiene un innegable calado en todos los evangelios, precisamente  porque el relato nos lanza más allá de lo sensible. Recordemos que Marcos y Juan no saben nada de la infancia de Jesús y comienzan su evangelio con el bautismo.
Explicación
El relato de Lucas que acabamos de leer, no da ninguna importancia al hecho concreto del bautismo. Se centra precisamente en los símbolos: cielo abierto, bajada del Espíritu y voz del Padre. Imágenes que en el AT están relacionadas, todas ellas, con el Mesías.
Se trata de una teofanía. Según aquella mentalidad, Dios está en los cielos y tiene que venir de allí. Abrirse los cielos es señal de la cercanía de Dios a los hombres. Esa venida tiene que ser descrita de una manera visible, para poder ser percibida.
Dios garantiza la veracidad del enviado, afirmando su relación con él. Por lo tanto, lo importante no es lo que sucedió fuera, si no lo que vivió Jesús dentro de sí mismo, y que el relato trata de trasmitirnos con esos símbolos.
El evangelio de Juan es todavía más drástico, ni siquiera narra el bautismo, lo da por supuesto y habla directamente de la presencia del Espíritu en Jesús, que es lo importante. Todos están hablando de una experiencia interna de Jesús, porque el Espíritu no tiene que venir de ninguna parte.
El gran protagonista de la liturgia de hoy es el Espíritu. En las tres lecturas se hace referencia directa a él. En el NT el Espíritu es entendido a través de Jesús; y a la vez, Jesús es entendido a través del Espíritu. Esto indica hasta que punto se consideran mutuamente implicados.
Comprenderemos esto mejor si damos un repaso a la relación de Jesús con el Espíritu en los evangelios, aunque no en todos los lugares podemos estar seguros de que la palabra “espíritu” se refieren a la misma realidad.
Marcos:
1,10  Vio rasgarse los cielos y al Espíritu descender sobre él.
1,12  El Espíritu lo impulsó hacia el desierto.
Mateo:
1,18  Resultó que (María) había concebido por obra del Espíritu Santo.
1,20  El ángel a José: no temas, el hijo que espera, viene del Espíritu Santo.
3,16  Se abrieron los cielos y vio el Espíritu de Dios que bajaba como paloma.
Lucas:
1,35  El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con...
3,22  El Espíritu Santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma.
4,1   Jesús salió del Jordán lleno del Espíritu Santo
4,14  Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a galilea.
4,18  El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.
Juan:
1,32  Yo he visto que el Espíritu bajaba del cielo y permanecía sobre él.
1,33  Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, es quien bautiza con E. S. y fuego.
3,5   Nadie puede entrar en el reino, si no nace del agua y del Espíritu.
6,63  El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada.
Está claro que la figura de Jesús no podría entenderse si no fuera por la acción del Espíritu. Seguir entendiendo esa acción del Espíritu referida a su procedencia biológica es desbaratar el sentido de las Escrituras.
Recordemos lo que dice el mismo Jesús a Nicodemo: “Hay que nacer de nuevo” y “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu”.
¡Claro que Jesús es inconcebible sin la acción del Espíritu! Hay que tener en cuenta sin embargo, que cuando hablamos del Espíritu, estamos hablando del mismo Dios como energía, como vida; es lo que significaba espíritu en el AT. También hay que recordar que estamos hablando de la experiencia de Jesús como ser humano, no de la segunda o de la tercera persona de la Trinidad.
Lo que de verdad nos debe importar a nosotros es el descubrimiento de la relación de Dios para con él como ser humano, y la respuesta que el hombre Jesús dió a esa toma de conciencia. Lo singular de esa relación es la respuesta de Jesús a esa presencia de Dios-Espíritu en él.
En contra de lo que siempre se nos ha dicho, el bautismo no es la prueba de la divinidad de Jesús, sino la prueba de una verdadera humanidad. Un ser humano que acepta sus limitaciones y ora.
En el discurso de despedida de Juan en la última cena, Jesús hace constantes referencias al Espíritu que les enviará, pero también les dice que no les dejará huérfanos, que volverá. Sin duda esas dos expresiones hacen referencia a la misma realidad. De la misma manera que también dice que el Padre y él vendrán y harán morada en aquel que le ama. Esto nos indica hasta que punto Jesús se siente identificado con Dios que es Espíritu.
Aunque no tenemos datos suficientes para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación personal. Se atreve a llamarle Abba, (papá) cosa inusitada en su época y aún en la nuestra. Hace su voluntad, le escucha siempre, etc.
Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experiencia de Dios como Espíritu. El único objetivo de su predica­ción fue que también nosotros lleguemos a esa misma experiencia. Aquí podemos encontrar el mejor camino para comprender lo que es el Espíritu para la primera comunidad cristiana.
En el diálogo con la Samaritana lo deja bien claro: Dios es Espíritu y el que quiera adorarlo debe hacerlo en espíritu y en verdad. La comunicación de Jesús con su "Abba", no fue a través de los sentidos ni a través de un órgano especial y portentoso. Se comunicaba con Dios como nos podemos comunicar cualquiera de nosotros, sólo a través de su propio ser. Ningún hilo telefónico especial. Tenemos que descartar cualquier privilegio en este sentido.
Sólo a través de la oración, de la contemplación el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lucas  nos acaba de decir que toda esa manifestación de la presencia de Dios en Jesús se produjo “mientras oraba”.
El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de criatura. Dios como creador está en la base de todo ser creado, constituyéndolo en ser. Yo soy yo porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está comunicando Dios; es el mismo ser de Dios en mí.
Sólo una cosa me diferencia de Dios; mis limitaciones. Esas, sí son mías y hacen que yo no sea Dios, ni criatura alguna pueda identificarse con Dios. Lo importante para nosotros es intentar descubrir lo que pasó en el interior de Jesús y ver hasta qué punto podemos nosotros aproximarnos a esa misma experiencia.
La experiencia de Dios que tuvo Jesús no fue un chispazo que sucedió en un instante. Más bien tenemos que pensar en una toma de conciencia progresiva que le fue acercando a lo que después intentó transmitir a los discípulos.
Los evangelios no dejan lugar a duda sobre la dificultad que tuvieron los primeros seguidores de Jesús para entender esto. Eran todos judíos y la religiosidad judía estaba basada en la Ley y el templo, es decir, en una relación puramente externa con Dios.
Para nosotros esto es muy importante, porque nos advierte que la toma de conciencia de nuestro verdadero ser no puede producirse de la noche a la mañana, sino que es un proceso que dura toda nuestra vida.
Meditación-contemplación
Jesús nació del Agua y del Espíritu (bautismo).
Parir, es “dar a luz. Nacer, es “venir a la luz”
Este segundo nacimiento da a luz mi verdadero ser.
.............................
Jesús era la lámpara perfecta.
El Espíritu la atraviesa y la transforma en luz.
No sólo es luz, sino que ilumina a todos.
..................
La energía que enciende la lámpara, es el Espíritu.
Es Dios en cuanto energía que hace incandescente todo mi ser.
Sigo siendo yo, pero completamente transformado.
....................
No te identifiques con tus limitaciones, con tus fallos.
Descubre que los fallos son ausencia de ser, carencias.
Tú eres lo positivo que hay en ti.

Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-03-15-16-21-22-MR-C.htm
Cfr.
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/buena-nueva-jesus-bautizado
Ilustración: Pablo Palazuelo.

lunes, 4 de mayo de 2015

UNIDAD

NOTITARDE, Valencia, 3 de mayo de 2915
Caminando con Cristo
Jesús nos invita a permanecer en Él (Juan 15, 1-8)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez 

El evangelio del domingo pasado nos presentaba a Jesús diciendo: “Yo Soy el Buen Pastor”, hoy en el texto de Juan que se nos propone, Jesús afirma: “Yo Soy la Vid”. Ambas expresiones afirman su divinidad, su ser Hijo de Dios, su unidad con Dios Padre, recordando lo que desde el Antiguo Testamento significa el “Yo Soy”; es decir, expresión con la que Dios se da a conocer y con la cual se revela al mundo.
Jesús invita al discípulo no sólo a seguirle, como lo pedían también los maestros judíos de su tiempo; les invita a una comunión estrecha con Él, común-unión; a permanecer unidos a Él. Para esto Jesús se compara con una vid (una mata de uvas) y a los discípulos los compara con los sarmientos (las ramas) y les dice: “Yo Soy la Vid y ustedes los sarmientos” e insistentemente Jesús utiliza el verbo “permanecer” para pedir e indicar a los discípulos que sólo permaneciendo unidos a Él podrán dar muchos frutos, sólo en unidad estrecha con Él podrán tener vida, sólo unidos a su persona evitaran marchitarse y secarse con el peligro de ser cortados y quedar fuera del árbol que da vida; sólo en comunión con Él podrán pedir lo que quieran y se les concederá.
Dios Padre tiene la potestad de podar o cortar las ramas de la Vid, porque es el Viñador, otras veces las poda para que den más fruto y en esto está la gloria de Dios Padre, en que los hombres sean discípulos de su Hijo Jesús y den muchos frutos y dar fruto significa poseer la vida divina y a Jesús dentro del alma, como Él mismo lo dice en el evangelio de hoy. La segunda expresión más repetida en el texto del evangelio de hoy es “dar fruto”; permanecer unidos a Cristo para dar fruto, porque sin Él nada puede hacer el discípulo.
Para que una rama pueda dar fruto, necesita la savia del árbol, de igual forma, para que el cristiano pueda dar fruto necesita de la gracia de Dios, de la gracia de Cristo que es el don de su Espíritu Santo dentro del cristiano. Necesitamos de Cristo en nuestros corazones para poder dar frutos de santidad. Sólo unidos a Cristo tenemos vida. El mismo Jesús lo dijo en otra ocasión: “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” y dijo también: “Yo soy la Vida”. Es la Vida y fuente de la Vida porque es Dios.
Por medio de Él fueron creadas todas las cosas y el ser humano; por eso, sólo unidos a Él podemos mantener la vida y dar frutos de vida. Lo contrario a esto es la muerte y Dios quiere la vida de sus hijos; la vida sin fin, vida eterna. ¿Qué sucede en nuestra vida cristiana que sentimos que no damos frutos? ¿Qué sucede que nuestros proyectos pastorales fracasan o no consiguen su fin? La respuesta nos la da el evangelio de hoy: “Sin mí nada pueden hacer”. Para dar fruto necesitamos estar unidos a Jesús. Para que la Iglesia pueda dar fruto necesita estar unida a su Fundador y permanecer en Cristo significa escuchar y vivir sus palabras, es dialogar con Él a través de la oración. La figura Vid-sarmientos representa a la Iglesia, al nuevo Israel.
Jesús es el fundador de la Nueva Viña y las ramas son sostenidas, nutridas por Él. La Iglesia es podada muchas veces por el Padre Dios y necesitamos dejarnos podar como comunidad para no quedar infecundos, para no ser arrojados al fuego eterno. Podar la soberbia, la búsqueda del poder, la vanidad, el tener y las adulaciones. Dios Padre purifica a su Iglesia y no tenemos que sentir miedo cuando viene la prueba o la poda, porque eso a la larga contribuirá para que la Iglesia de más frutos y vengan nuevos retoños, nuevos cristianos y discípulos de Cristo.
A nivel personal necesitamos también ser podados por Dios, que nos quite las ramas secas y nos nutra de nuevo con su Espíritu, pero necesitamos dar espacio a Dios en nuestras vidas para poder tener vida. Permanezcamos unidos a Cristo y daremos frutos en abundancia.
IDA Y RETORNO: A los columnistas del Notitarde se nos ha comunicado que por la falta de papel a partir de mañana los artículos que hacemos para que salgan impresos tendrán que tener 2.100 caracteres, lo que implica que se reducirá más de la mitad de lo que actualmente sale publicado. Así que ya este artículo no lo verán en la extensión habitual y lo podrán ver completo en la página web de este diario, los que tengan internet y no se les vaya la luz. Es lamentable que lleguemos a estos niveles en el país; las preguntas que quedan en el aire son: ¿Qué pasa con el papel periódico en Venezuela? ¿Hasta cuándo será esto? ¿Quién otorga el dinero para que se exporte el papel o a quién le corresponde traerlo? ¿Por qué otros países de Latinoamérica no pasan por esta crisis del papel periódico? ¿Qué se puede hacer para solucionar este grave problema que afecta a la comunicación libre y necesaria en un país?

Cfr.
Homilías del Padre José Martínez de Toda (SJ): http://homiletica.org/JosemartinezdetodaCICLOBPP.htm
Ilustración: Pablo Palazuelo.
BREVE NOTA LB: Adquirimos por curiosidad Notitarde (en físico) y ni siquiera aareció.

martes, 27 de julio de 2010

tonos de travesía


EL NACIONAL - Sábado 17 de Julio de 2010 Papel Literario/4
El cuerpo y el estupor
VÍCTOR BRAVO

En la poesía de Álvarez el árbol se prolonga en el yo al igual que en la poética montejiana STCK.XCHNG

La poesía de María Auxiliador a Álvarez (1956) irrumpe en 1985 con un libro ya emblemático, Cuerpo, que alcanzaba su expresión en el clima de una época donde la poesía venezolana era centro de confluencia de reflexividad y belleza.

Confluencia de una poesía que brota del cuerpo femenino para, desde allí, revelar las inflexiones del cuerpo como lenguaje y el lenguaje como cuerpo; en correspondencias con poemarios fundamentales como Hago la muerte (1987), de Maritza Jiménez, donde concurren el cuerpo femenino abierto, en la herida del parto y en la arista del dolor; en poemarios como De mí lo oscuro (1987), de Patricia Guzmán, en el que hace un profundo reconocimiento del otro a través de lo amoroso; en Restos de viaje (1979) o Épica mínima, (1996) de Márgara Russotto, donde el decir poético desde la condición femenina expande como un manto la sensibilidad sobre el mundo: en una intensa fidelidad a la poesía, desde Cuerpo hasta Paréntesis del estupor (2009), etapas de la poesía reunida por Monte Ávila, bajo el título Lugar de pasaje, y por Editorial Candaya en Las nadas y las noches, antologías de 2009, la obra poética de María Auxiliadora Álvarez, en once títulos, es un profundo viaje del yo por los mundos subjetivos y por el reconocimiento y la resignificación del cuerpo, hasta la salida de sí en el encuentro con el otro y con el mundo por medio de una sensibilidad luminosa y frágil.

El cuerpo intervenido, tocado por las aristas del dolor, caído sobre sí mismo, diluido en lo ominoso de la sangre, se abre en sus más estremecidos pasajes hacia el mundo: el pasaje de la herida, que "se extiende en los bordes, no en el centro", que es "un animal vivo", que "se desplaza sobre sí misma"; la herida que, como se dice magistralmente en un poema de Paréntesis del estupor, "nacida para el encierro de lo abierto". Pasaje desde el dolor, acaso la más alta significación de lo corporal. Pasaje e intensidad que afirma lo que se prolonga en el yo: lo amoroso del hijo, de la madre, del padre; y, en mirada hacia el horizonte, el árbol, como en la poesía de Montejo; y prolongándose desde el árbol al cielo, el pájaro, como en la poesía de Gerbasi.

Desde la sensibilidad de lo amoroso la poeta podrá decir, haciendo de la reconstrucción de la sintaxis una forma esencial del decir poético: "Mi ella; mi él"; podrá expresarse en un hermoso poema de amor y decir: "Di tu nombre suavemente sobre el mío // de modo que mi nombre se vaya borrando / bajo el tuyo /y tu voz / sea el único / sonido de existir". En esta afirmación el pájaro podrá construir "el ideograma de la poesía" y el poema convertirse en la necesidad esencial de Dios, en la más antigua de las intuiciones poéticas que es la identificación de lo estético y lo divino.

Afirmación y pérdida: si el poeta trae los signos de lo que es consustancial con el yo, también trae recados de lo que se desprende de nosotros, como la más contundente paradoja de la vida, para darnos de bruces con la soledad. Así preguntará el poeta: "¿A dónde fue mi río de agua dulce? ¿A dónde mi amanecer?;" así, comprende que la mirada que "la muerte barre lo escrito/seca lo húmedo/ entibia lo frio". La poesía, de este modo, nos da la plenitud y la conciencia de la pérdida, los cielos y el infierno, "las nadas y las noches". Un verso parece describir a la perfección el sentimiento humano, demasiado humano, de la soledad, ante lo entrañable que se desprende y nos deja en la respiración creciente de la herida abierta: "Nosotros en la punta de lo lejos".

San Agustín nos ha dicho: "Cuando San Pablo vio la nada entonces vio a Dios". Quizás el pasaje de la herida, quizás el silencioso desprendimiento, la implacable y recurrente pérdida que es el vivir sea tránsito hacia alguna condición esencial de la existencia. Así dirá el poema: "Todo lo que quiero decirte hijo Es que atravieses el sufrimiento / Si llegas a su orilla si su orilla te llega Entra en su noche y déjate hundir // Todo lo que quiero decirte hijo Es que del otro lado del sufrimiento hay otra orilla".

La noche, como el poema, así lo intuyeron los románticos, albergan en su vientre la plenitud y la nada; la poesía es la lámpara de Diógenes que ilumina y permite la travesía entre los muros de la trascendencia y los desfiladeros del abismo; travesía que parece ser la de la poesía de María Auxiliadora Álvarez.

Ilustración:
http://leiter.files.wordpress.com/2009/06/pablopalazuelootonos3.jpg