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viernes, 28 de octubre de 2016

GUASAPEADOS

EL PAÍS, Madrid, 28 de octure de 2016
 TRIBUNA
La erosión de la verdad
Carles Casajuana

En 1928, George Orwell alertó en un artículo sobre el peligro de una prensa barata, supuestamente popular. El artículo se titulaba A Farthing Newspaper (“Un diario de un cuarto de penique”) y hablaba de un periódico de París, el Ami du peuple,que costaba unos pocos céntimos y se presentaba como amigo de las clases populares, pero que en realidad defendía los intereses de su propietario, un industrial poderoso, con una línea editorial conservadora.
Orwell se preguntaba si un periódico se podía mantener únicamente con los ingresos de la publicidad, especulaba sobre los oscuros beneficios no monetarios que el Ami du peuple proporcionaba a su dueño y concluía diciendo que aquel diario supuestamente amigo del pueblo era un peligro para la libertad de prensa, porque podía dejar fuera del mercado a otros rotativos más serios que se veían obligados a rebajar el rigor informativo para competir en un terreno que no era el suyo.
Ignoro si en vida de Orwell, que murió prematuramente en 1950, The Sun o el Daily Mail, que son baratos y también combinan el sensacionalismo con el conservadurismo, tenían tantos lectores como ahora. Supongo que no, supongo que este espacio lo ocupaban entonces otros periódicos como el Evening Standard, enemigo a muerte del laborismo. Pero me pregunto qué habría dicho el autor de Rebelión en la granja de la proliferación actual de periódicos digitales gratuitos, del protagonismo de las redes sociales y de la caída del nivel de calidad de la información periodística a caballo de las nuevas tecnologías.
La tecnología encierra a los ciudadanos en burbujas informativas que reafirman lo que piensan
Antes, la letra impresa de los diarios dibujaba una frontera clara entre el rumor y la noticia. La noticia publicada podía ser cierta o no serlo, pero si no lo era se desmentía, y mientras tanto todo el mundo la consideraba cierta. Esto creaba una base común de debate. Ahora la Red acoge medias verdades, suposiciones, calumnias, bulos, cotilleos, hechos sin contrastar y noticias contrastadas, en una mezcolanza que pugna por captar la atención de los lectores sin una jerarquía clara ni ningún control de veracidad.
Publicar información falsa es fácil y hacerla circular, aún más. La tecnología no distingue entre los rumores, los infundios y los hechos confirmados, ni frena los contenidos racistas o sexistas: todos pueden llegar en cuestión de segundos a millones de móviles y ordenadores. La verdad —lo escribió Oscar Wilde— raramente es pura y nunca es simple. Las mentiras suelen serlo y por eso se difunden con más celeridad.
La directora de The Guardian, Catherine Viner, ha alertado recientemente sobre el carácter nocivo que pueden tener las nuevas tecnologías, en un artículo que ha merecido una gran atención (How technology disrupted the truth). Estamos atrapados en una confusa batalla entre la verdad y la mentira, entre los hechos y los rumores, entre los ciudadanos conectados y los desconectados, entre la plataforma abierta de la Red tal como fue originariamente concebida y las comunidades cerradas de Facebook y de otras redes sociales, entre una minoría bien informada y una muchedumbre desorientada.
Las redes sociales se han convertido en el principal medio para acceder a las noticias en Internet. El lector puede enviar a sus allegados las informaciones y los artículos de opinión que le gustan y poner en marcha una cascada informativa imparable. Los directores de los diarios y de los programas informativos de la radio y la televisión han perdido el control de la jerarquía y difusión de las noticias, que ahora llegan a muchos lectores a través de unos algoritmos opacos que las personalizan y hacen que cada lector reciba en primer lugar las que se supone que le pueden interesar más, que suelen ser las que coinciden con sus ideas. En vez de ensanchar el campo de visión de los ciudadanos, esto les encierra en burbujas informativas que reafirman lo que piensan.
Antes, el mundo de la información era vertical: la autoridad de los grandes medios de comunicación marcaba la pauta. Ahora, es horizontal. Se ha democratizado, y los lectores, armados con sus móviles y sus ordenadores portátiles, pueden hacer frente al poder de los medios de comunicación. Sobre el papel, esto es positivo —como parecía positivo el bajo precio del Ami du peuple—, pero el resultado práctico es que la calidad de la información se deteriora y que la prensa cada vez tiene más dificultades para desempeñar el papel de fiscalización de los poderes establecidos y de articulación del debate público que le corresponde en una sociedad democrática. Sin una información fiable, sin unos hechos básicos que no sean objeto de distorsión y de disputa, la libertad de opinión opera en falso y la democracia se degrada.
Que una noticia sea o no cierta es secundario; lo que cuenta es que sea retuiteada y guasapeada
Desde hace años vemos que los ingresos de los diarios serios caen y los de las redes sociales suben. En Estados Unidos, de cada nuevo dólar gastado en publicidad en 2016, 85 centavos fueron a los grandes de la Red como Facebook y Google. La caza del clic de los periódicos digitales, la pugna por aumentar las visitas, está empujando a muchas redacciones a prodigar las noticias-basura con títulos atractivos y con contenidos sensacionalistas, con la esperanza de atraer publicidad o financiación, en una carrera hacia las alcantarillas en la que pocos medios pueden permitirse no participar.

Para muchos, la viralidad se ha convertido en el valor supremo. Que una noticia sea o no cierta es secundario; lo que cuenta es que sea retuiteada y guasapeada velozmente por los lectores, que corra como un relámpago de pantalla en pantalla, y ya se sabe que, en el tiempo que la verdad se pone los zapatos, una patraña puede dar media vuelta al mundo. Los medios de comunicación han perdido el control de lo que es aceptable decir o publicar y las mentiras circulan sin que nadie las pueda desmentir, haciendo buena la afirmación leninista de que una mentira contada muchas veces se convierte en verdad.
El daño que esto puede causar lo vimos en la campaña del referéndum sobre la salida de Reino Unido de la Unión Europea, lo estamos viendo en la campaña de las elecciones norteamericanas y me temo que lo vamos a ver con frecuencia a partir de ahora. Tal vez nos tendremos que acostumbrar y los políticos honestos tendrán que tomárselo con buen humor y hacer como Adlai Stevenson, que en la campaña electoral norteamericana de 1952 ofreció un trato a sus oponentes: si dejaban de decir mentiras sobre él, él dejaría de decir la verdad sobre todos ellos.
(*) Carles Casajuana, escritor y diplomático, fue embajador en Reino Unido. Su último libro publicado es Las leyes del castillo (notas sobre el poder).
  
Fuente:
http://elpais.com/elpais/2016/10/11/opinion/1476180358_189684.html
Cfr.
https://www.theguardian.com/media/2016/jul/12/how-technology-disrupted-the-truth
Traducción: 
https://translate.google.co.ve/translate?hl=es&sl=en&u=https://www.theguardian.com/profile/katharineviner&prev=search
Citada obra de C. Casajuana:
http://hayderecho.com/2015/02/05/recomendaciones-de-lectura-carles-casajuana-las-leyes-del-castillo-notas-sobre-el-poder/
http://www.novagob.org/blog/view/113095/carles-casajuana-%E2%80%9Clas-leyes-del-castillo-nota-sobre-el-poder%E2%80%9D-peninsula-barcelona-2014
http://www.forodeforos.org/uploads/notepierdas/f4d4fce3dfa73f40281f4ebb83d7f74d2c63e040.pdf

miércoles, 21 de agosto de 2013

NO SUPO LO OCURRIDO DESPUÉS

EL NACIONAL, Caracas, 29 de septiembre de 1998
A contracorriente
Juan Liscano

Escribí un libro vistoso por la carátula y las ilustraciones sobre, o más bien, contra la revolución tecnológica, que algunos venezolanos -no muchos- leyeron. El título lo decía todo: Nuevas Tecnologías y el Capitalismo Salvaje (Fondo Editorial Venezolano, 1995). Creo que esa obra mía, contentiva de dos textos anexos, "El triunfo del Liberalismo Salvaje" por Vilma Petrásh más el estudio y exposición clarísimos de las teorías de Rupert Sheldrake, por Rowena Hill, profesora en la universidad de Mérida, escritora, autora de traducciones notables de poemas vachanas de la India y de Legado de Sombras, ratifica mi posición frente a los desarrollos del industrialismo, expresado torpemente en 1938, en textos de poemas imprecatorios.
El libro antes mencionado es mínimo aporte crítico al voluminoso pero disperso conjunto de juicios sobre los efectos de la revolución técnica, traída por la corriente del desarrollo materialista, empírico, triunfante desde la imposición gradual del racionalismo, del positivismo, del ateísmo, del economicismo, etc., frutos directos o indirectos de la Reforma y del movimiento filosófico empírico que la culminó.
Los procesos de desarrollo y evolución lenta o a saltos, de nuestra especie, tema consustancial del pensamiento humano, han resultado vertiginosos, indetenibles, productores de hundimiento y catástrofes ecológicas, sociales, culturales, de las que escaparon sólo quienes optaron por la vía de trascendencia religiosa, espiritual y psíquica.
Alcanzados los 80 años y pico, tales reflexiones opacan muchas motivaciones, hasta ayer, vividas con intensidad, aunque siempre en yuxtaposición con la vivencia religiosa, la posibilidad de ascenso del alma, el rechazo al materialismo codicioso de ganancias diversas: dinero, poder, fama, liderazgo, entre otras. Ciertos principios inculcados en la infancia permanecieron respetados por mí.
Asumí una posición a contracorriente cada vez más radical, hasta entrar en oposición abierta con el discurrir del tiempo. Expresé en mi obra poética esa oposición y las valoraciones contrarias con demasiada claridad para insistir en ellas. Mi derrota es completa. El brutal desarrollo capitalista industrial y las tecnologías afines no sólo triunfaron sino impusieron una globalización asfixiante, toda en provecho del puñado de dueños que rigen el mundo. La democracia fue absorbida por ese desarrollo unilateral y perdió sus contenidos sociales y morales. La ética fue olvidada en el crecimiento monstruoso de las cosas y ganancias, en lo que va de los dos siglos últimos, y un mundo de totalitarismo disfrazado de progreso, diversión, libertad, trabajo, invenciones mecánicas, electrónica dominada y usada para los más diversos fines, se apoderó del planeta. Si bien los procedimientos de dominio son los mismos, tienden las oposiciones entre "dueños", a posibles enfrentamientos bélicos de total efecto destructivo.
Un pensamiento minoritario e individualista se abre camino, sin embargo, en la apretada red informativa y comunicativa dominada por los dueños, y acumula sus críticas en todas las lenguas y lugares. Si la ensayista francesa Viviane Forester denuncia en forma vibrante, la desocupación imperante, un argentino fallecido hace poco, deja como última obra, el legado de Juicio ético a la revolución tecnológica (Acción Cultural Cristiana, Madrid, 1994). En Estados Unidos, en Inglaterra, en Francia, se puede oír el vocerío de los indagadores y denunciantes de las aberraciones técnicas en curso. Pero los dueños de todos los medios formadores de opinión, desde el espectáculo hasta la dieta consumista, gracias a la publicidad y a la propaganda, siervas de los amos que la pagan, mantienen un sistema que, día a día, por causa de la automatización, suplanta al trabajador por máquinas electrónicas, lo cual aumenta la ganancia de las agobiadoras corporaciones y transnacionales. El presupuesto de esos emporios de dólares o yenes, destinados a lo social y cultural, educativo y referente a la salud, es ínfimo dentro de las cifras de negocios, especulación, derivados, agregados monetarios y financieros, en gran parte asociados con el negocio más productivo del planeta: el cultivo, mercadeo y tráfico de drogas. Este negocio y los tóxicos tratados ahora químicamente, multiplicados, resulta una consecuencia de la última guerra mundial. La degeneración que producen anuncia inquietantes episodios caóticos del más próximo futuro.
Ya no hay organización alguna que modere el crecimiento neocapitalista. El marxismo fue absorbido por el comunismo soviético y éste se derrumbó solo, por carencia de ética, de productividad otra que la belicista, de ambiciones particulares de la dirigencia. El hundimiento misterioso del imperio soviético no ha sido estudiado. En cambio sobran, desde los más diversos puntos de vista, el humano y ecológico, el científico y religioso, el ético y social, la crítica sistemática del nuevo orden postulado por Reagan, Thatcher, Bush, en la década del 80 al 90, pero en realidad fomentado por la expansión intrínseca del neocapitalismo apoyado en la tecnología electrónica, y favorecido por el fracaso del comunismo, carente de valores universales de esencia ontológica, moral y metafísica.

Ilustración: Daniel Vázquez Díaz.