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domingo, 10 de septiembre de 2017

¿O TENEMOS OTRA COSA?

Dictadorzuela
Luis Barragán


Suelen negar la existencia de una dictadura, a modo de ejemplo, por el solo hecho de existir un portal como Contraste que, además, permite que modestamente nos expresemos cada semana. Apelan a las falacias más elementales, procurando convencer al venezolano común que, por cierto, somos todos, sobre las bondades de un régimen que ha esgrimido   la participación.

Por supuesto, quedan en el imaginario social aquellas férreas, testarudas e inflexibles dictaduras  que caracterizaron nuestra historia antes de 1958, y las que sacudieron a buena parte del continente en la más reciente contemporaneidad, siendo el nuestro un país de excepción que, con todas sus fallas, además, ventiladas (y hasta distorsionadas) libremente, supo de la democracia. Hablamos de dictaduras que no admitían resquicio alguno para una individualidad, grupo o fuerza opositora a la que perseguía, asesinaba  y  exiliaba inmediata e implacablemente.

Entonces, ¿por qué una dictadura cuando existen partidos, incluso, agremiados en fórmulas unitaria que cuentan con la posibilidad misma de unos comicios? ¿Acaso el mejor ejemplo no residió en las elecciones parlamentarias ganadas por sus adversarios en 2015? ¿No viajan y regresan del exterior los directivos de la Asamblea Nacional que contactan a altos dignatarios para denunciarlos?

Las dictaduras militares que tuvimos, contaron con la complicidad de otras que plagaron una región que, por añadidura, no conocía de tratados, acuerdos y mecanismos para defender la libertad y la democracia, los derechos humanos, entre otros relacionados con las políticas sanitarias, medioambientales, etc.; e, incluso, en el marco tan particular  de la Guerra Fría, desempeñaban un importante papel en el  ajedrez geopolítico y geoestraestratégico de la época. A pesar de los esfuerzos de Rómulo Betancourt por defendernos y defender al continente de las otras novedades dictatoriales, como la vivida y sufrida en Cuba desde hace más de medio siglo, emergió la de Castro Ruz luego de traicionar y apuñalar  a las fuerzas democráticas que facilitaron su triunfo, pues sólo la guerrilla de Sierra Maestra no condujo al derrocamiento de Batista.

Demostrando la intención y pretensión, la dictadura venezolana del presente aspira a liquidar a todo disidente y opositor, reduciéndolo a la deliberada humillación del hambre   o a su concreta prisión y desaparición, pero ha necesitado de aparentar hasta donde la sea posible una mínima práctica democrática para convencer a la comunidad internacional – ante todo – y a la nacional – ya despreciada  - de una legitimidad que, desde mucho tiempo atrás, ha perdido. Media no sólo un sistema internacional explicado también por convenios y dispositivos de inequívoco talante democrático y de clara defensa de los derechos humanos que le impiden desnudarse completamente, sino también una básica cultura ciudadana que, entre nosotros, distingue muy bien  los usos y abusos, desmanes y atropellos, y que corajudamente ha llenado las calles, avenidas y autopistas del país para una heroica y pacífica protesta.

Maduros Moros y  sus  directos socios, como el antecesor y  los suyos, por convicción y propia personalidad, bien desearían y desearon, borrar del mapa al más modesto de los discrepantes, pero – la pantalla lo requería y todavía requiere – le es necesaria una oposición administrable, ornamental y flácida, como ocurrió en la Unión Soviética y en la Polonia comunista décadas atrás, pues, minoritaria e insignificante, ocupaba unas curules de mera escenografía.  Hacen, como hicieron, las inevitables concesiones, redondeando el simulacro, permitiendo la existencia de partidos con una validación tan condicionada, sorprendidos con unos resultados parlamentarios demasiado adversos que ahora tratan de revertir por la fuerza, con unos muy circunscritos comicios regionales que pasan por la tal certificación de buena conducta, por decir lo menos, siendo inevitables las ya observadas diligencias del exterior hasta nuevo aviso, apartando  la recurrente anulación de los pasaportes.

La derrota  parlamentaria la resuelven a través de una inconstitucional y fraudulenta asamblea constituyente llamada a reemplazar las funciones de la Asamblea Nacional, sobre todo, por el problema del financiamiento internacional; confabulados los  poderes, el TSJ y el CNE visan cualquier atropello institucional, aplaudiendo la brutal represión desatada; la maniobra de las regionales de indecible y sobrevenido cuño normativo, rinde sus primeros frutos con la ruptura y confusión de la unidad democrática; toda negociación, arbitrariamente programada, tiene por énfasis el descrédito aparente y real de los convocados que, después, abonan a una complicidad palpable por los resultados. O, en otro ámbito, por vía de una sospechosa venta o la inmediata exclusión del espectro radial, ocurriendo algo semejante respecto a la prensa escrita o la televisión, se apropian de los medios, cuando no se les censura y bloquea, y, es por ello, que medios como Contraste, ofrecen un vital testimonio de resistencia frente a  la dictadura.

Fotografía: Marilyn Birchfield.
11/09/2017:
http://www.diariocontraste.com/2017/09/dictadorzuela-por-luis-barragan-luisbarraganj/

lunes, 26 de junio de 2017

URGENTE

EL UNIVERSAL, Caracas, 20 de junio de 2017
El Gobierno de transición
Luis Ugalde

Todo gobierno medianamente democrático si llega a una deslegitimación y fracaso parecidos a los de Maduro, renuncia y convoca a elecciones. La Constitución venezolana para situaciones similares prevé el referendo para revocar al Presidente antes de su término. Maduro tramposamente lo impidió; luego anuló la Asamblea Nacional y aplazó las elecciones regionales; ahora pretende eliminar la Constitución con una “constituyente” no convocada por el único que lo puede hacer, el pueblo.  Es una locura pensar que la actual desesperación, deba y pueda prolongarse hasta fines de 2018. El creciente sufrimiento de la gente pide a gritos cambio ya: cambio de presidente y de régimen, con decisiones inmediatas para no seguir muriendo en la calle con la brutal represión o por hambre y falta de medicinas, a causa de la corrupción e ineptitud gubernamentales. El Ejecutivo se ha convertido en verdugo del pueblo y se ha vuelto tiránico. Cambio ya para rescatar la Constitución y emprender de inmediato el camino de la reconstrucción, evitando más muertes y miseria. Para salir de este régimen sin esperanza hace falta cuanto antes un gobierno nacional de transición que tome de modo excepcional medidas de emergencia y convoque elecciones democráticas, previo saneamiento con remoción de los ilegales magistrados del TSJ y de los miembros serviles del CNE.
Urge hablar públicamente para madurar un gobierno de transición saliendo del  actual Ejecutivo deslegitimado. Sería un grave error pensar en elecciones inmediatas. Antes necesitamos atender con apoyo internacional la creciente emergencia humanitaria propia de una postguerra, liberar a todos los presos políticos, abrir el regreso de los exiliados, convocar a los empresarios a la activación de la emergencia productiva y atraer a los inversionistas con un nuevo espíritu democrático, libre iniciativa y garantías jurídicas. Urgen el refinanciamiento de la deuda y multimillonarios préstamos económicos para insumos productivos y para necesidades vitales de consumo. Nada de esto podría conseguir una nueva dictadura militar y tampoco un frágil ganador de elecciones partidistas con todos los demás (chavistas o no) en la oposición. Es necesario un gobierno de transición con metas claras y tareas concretas, con amplio apoyo nacional por encima de parcelas partidistas. Un gobierno que incluya a opositores y chavistas, unidos  en un esfuerzo de salvación nacional. Tal vez hace un año el gobierno de Maduro hubiera podido abrir este camino, pero ahora es imposible.
El gobierno de transición debe fijar fecha de elecciones libres antes de un año, con condiciones democráticas y transparencia. Mientras ese gobierno responde a la población con medidas urgentes, a los diversos grupos políticos y sociales les corresponde llegar antes de las elecciones a una especie de Pacto de Gobernabilidad, con el compromiso de reconocer y apoyar a quien gane la Presidencia. Pacto con un programa básico de salvación nacional y de reconstrucción, de no menos de 10 años, apoyado por gobernantes y opositores democráticos. Todo ello imposible sin un gran apoyo internacional político, económico y humanitario.

Entraos derrotados a la modernidad del siglo XXI y a la superación de la pobreza. Ahora tenemos que subir una escarpada alta montaña de reconstrucción y no pensar ilusamente que con salir de este gobierno la tarea está hecha. Pero antes de empezar la subida enfrentamos un bloqueo dictatorial que impide avanzar. Quitar ese obstáculo es condición indispensable para seguir, pero, por terquedad de un régimen corrupto y sin esperanza se nos van en ello vidas, tiempo y energía, cuando urge desarrollar negociaciones e imaginación constructiva.  La atención debe centrarse en la difícil subida de mañana y los requisitos para coronarla con éxito. Sin dejar la actual protesta de calle (acción decisiva para desbloquear los caminos constitucionales) debemos simultáneamente empezar a formar un gobierno de transición con hombres y mujeres de diversa procedencia pero unidos con claridad programática y  decididos a no prolongarse en el poder más allá de los meses de transición emergente. Un Gobierno de Transición, con todas las de la ley, con una Fuerza Armada decididamente democrática y defensora de la Constitución. Basarnos en la Constitución y en lo que nos queda de instituciones legítimas; en primer lugar la Asamblea Nacional en alianza con el pueblo sufriente alzado y con la Fiscal convertida en defensora de la democracia y unidos en el rescate del CNE y TSJ. La Fuerza Armada está obligada e invitada a asumir su responsabilidad constitucional y democrática en la difícil reconstrucción del país, con lo que recuperará los perdidos reconocimiento y afecto del pueblo.
La alegría de Venezuela será inmensa cuando veamos aparecer un Gobierno de Transición realmente plural, de gente honrada e inteligente unida en un programa político de interés superior: la salvación del país. Cuanto más se haga esperar,  más grave y dolorosa se volverá la actual agonía.
Maduro usted, al cerrar los caminos de cambio, se convirtió en el eje de un régimen que tortura a Venezuela y ahora quiere perpetuarlo con el fraude de la Asamblea Constituyente. Renuncie y quite el bloqueo que impide el inicio del ascenso  a la montaña de la reconstrucción democrática con rescate de la esperanza y de la unidad nacional.
Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/gobierno-transicion_657722
Fotografías: Marilyn Birchfield.  Protestas en Caracas (2017).