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lunes, 2 de enero de 2017

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- José Félix Rivero. "Los muchachos de COPEI cogieron el monte". El Mundo, Caracas, 05/11/1965.
- Pablo Azuaje, la izquierda y sus dirigentes. El Nacional, Caracas, 02/04/77.
- Carta de Elías Santana: partidos y manipulación de los centros de estudiantes de secundaria. El Diario de Caracas, 02/12/82.
- Leonardo Montiel Ortega. "El ministerio del Deporte". Meridiano, Caracas, 04/03/77.
- Germán Borregales. "El mensaje del Niño Jesús". Últimas Noticias, Caracas,21/12/82.

Reproducción: Últimas Noticias, Caracas, domingo 01/06/1958.

domingo, 6 de noviembre de 2016

DESEMPEÑO DIRIGENCIAL

De la política y antipolítica: vedetismo
Luis Barragán


Un modo perverso de hacer política, el liderazgo antipolítico esta dispensado de cualquier referente institucional. Completamente fulanizado, bastarán las cualidades eminentemente mediáticas del agraciado para desenvolverse.

Digamos, el reconocimiento del liderazgo partió también de la constatación de una trayectoria demostrativa de méritos, avisada parcial o completamente la opinión pública de los planteamientos sostenidos y de los eventos que los sostenían y legitimaban. Algo muy distinto es el de la sobrevenida celebridad que tiene connotaciones muy particulares, pues, deseada y buscada con ansiedad, implica el vedetismo.

Intentando los remotos orígenes de la antipolítica en Venezuela, apartando la gruesa campaña que los más importantes medios – sobre todo, la televisión – adelantaron en la década de los noventa del XX, puede hablarse del gran salto que significó la campaña presidencial de 1973. Extendida campaña, los principales candidatos treparon el mundo del espectáculo para realizarla y, siendo legítima la incursión de sendos asesores que, incluso, revirtieron eficazmente la imagen policíaca de quien resultó triunfador, el debate público se vio severamente afectado por una suerte de farandulización de la política, lo político y los políticos. No obstante, volviendo las aguas a su normal nivel, años más tarde apareció una curiosa apuesta.

El senador Leonardo Montiel Ortega, respetado experto petrolero y a la cabeza de Morena, partido resultante de la división de URD, junto a Pierina España, protagonizó el primer capítulo de la telenovela “TV Confidencial” de Radio Caracas TV al iniciarse noviembre de 1977, generando un inmediato escándalo que, a la postre, siendo un reconocido dirigente, no favoreció sus aspiraciones presidenciales: quizá hubo una nítida consciencia del específico ámbito de la política que, además, contaba con sobrias y merecidas fuentes periodísticas. Agreguemos que, consultado en esos días por el diario 2001 de Caracas,  proveniente del medio televisivo, Renny Ottolina dijo estar anonadado por esa incursión telenovelística,  logrando una crítica a la televisión y a los políticos corruptos, pero – significativamente – aclaró que no todos los políticos lo son, rechazando la generalización.

El vedetismo afanoso y pertinaz de Chávez Frías, más allá de Cannes, no halló equivalente en su sucesor inmediato, aunque puede encontrarlo en los mismos predios de la oposición. Acotemos, farandulizada intensamente la opinión pública en el presente siglo, la que ya despierta ante las amargas realidades, luce recomendable que las aguas vuelvan a su nivel respecto al desempeño dirigencial.
07/11/2016:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/28085-luis-barragan

domingo, 9 de agosto de 2015

NOTICIERO RETROSPECTIVO






- Carlos  Ortega. "Boxeo: Los sucios entretelones del deporte nacional". Momento, Caracas, nr. 594 del 03/12/1967.
- Pedro Beroes. "Luces y sombras de la Fiesta Brava". El Nacional, Caracas, 23/02/50.
- Leonardo Montiel Ortega. "El ministerio del Deporte". Meridiano, Caracas, 04/03/77.
- Alejandro García Maldonado. "Mirador de piedra: La universidad y el deporte". El Nacional,  15/09/54.

Reproducción: Kid Chocolate en Caracas. Élite, Caracas, nr. 481 del 01/12/1934.

domingo, 12 de abril de 2015

INSTRUIDOS PARA TRASCENDER

Del obituario parlamentario
Luis Barragán


Frecuente acto parlamentario, la representación popular suele pronunciarse sobre la irreparable pérdida física de algunos venezolanos, oficializándose – digamos – como  ejemplo para las nuevas generaciones. Naturalmente,  la muerte es un trámite inevitable que obliga al tributo, reparando en la excepcional y trascendente significación de las personalidades que cumplen el adecuado requisito moral para la elevada declaración. Sin embargo, excesos y defectos aparte, hay observaciones necesarias que consignar respecto a lo que podríamos denominar la sección de obituarios de la Asamblea Nacional, considerados y aprobados los proyectos de acuerdo alusivos.

La irreductible pluralidad del cuerpo asambleario, ha de guardar  correspondencia  – bastante inexacta, por cierto  - con la variedad y complejidad de dolientes del país y, por muy arbitraria que sea la selección, debe tenerse el cuidado de una motivación lo suficientemente amplia que permita valorar adecuadamente el aporte de las personas desaparecidas. Pésimo hábito de la bancada oficialista, por lo general, plantea nombres de una radical y sectaria versión histórica, política e ideológica que fuerza a la bancada opositora a afinar sus observaciones, procurando el respeto y la delicadeza que merece todo aquél que haya cumplido el señalado trámite.

Hay un evidente contraste entre los proyectos que ha planteado la unidad democrática, entendiendo como el mejor tributo una motivación que sea válida por encima de las discrepancias, pues, al fin y al cabo le hablamos a todo un país,  y los que animan al PSUV y sus aliados, tercamente empeñados en remitirlos a una exclusiva militancia que no equivale ni representa a la mayoría ciudadana. Tratándose de un nada curioso auto-engaño, la fracción apenas mayoritaria del gobierno impone acuerdos de una sesgada interpretación de las personas, el mundo y las cosas, resueltamente inmodificables así la minoría repare en algunos gazapos gramaticales que los defensores del ponente evaden, como si se tratase de un documento en el que el régimen juega su supervivencia.

Recientemente, fue debatido y sancionado un acuerdo relacionado con Máximo Canales. Monopolizada por el oficialismo la Tribuna de Oradores por tiempo ilimitado, apenas dispusimos de los minutos reglamentarios para replicar la propuesta.

Dejamos constancia de nuestro profundo respeto por el diputado Fernando Soto, convencido de una prédica con la que evidentemente estamos en desacuerdo, referido ya en múltiples ocasiones al  empeñarse en dar una versión épica de la insurgencia de la década de los sesenta,  acaso porque pasaron de largo el inmediato y profundo debate que la derrota produjo. Luego de señalar la imprudencia de aludir a la complicada etapa que también protagonizó Paúl del Río, atendiendo el duelo de sus familiares y amigos, subrayamos su faceta artística, pues, recordamos su primigenia exposición en la galería “Viva México” (por error, dijimos “Viva Zapata”), y un reportaje de la revista “Resumen” de mediados de setenta de hermoso título (“Instrucciones para trascender”); señalamos la breve conversación que sostuvimos dos o tres años con él, al visitar y constatar las condiciones del Cuartel San Carlos, como un ciudadano más; distinguimos entre la prisión cumplida por los insurgentes en esta fortaleza colonial y la que le tocó al diputado Richard Blanco en un centro penitenciario para delincuentes comunes, por no citar La Tumba del SEBIN de los días que corren, pero – también – propiciamos simultáneamente un modesto reconocimiento a otros venezolanos fallecidos días atrás.  Valga la coletilla, de la propuesta oficialista del Orden del Día nos enteramos – in situ -  al inicio de la propia sesión, por lo que no hay ocasión para conocerla y estudiarla anticipadamente, como ocurría con el viejo parlamento, por una lógica organización de las labores, aunque – casualmente – un mes antes nos ocupamos,  por ejemplo, de la reseña de la prensa que versó sobre el secuestro de Alfredo Di Stéfano en agosto de 1963, además, en el contexto de un continuo sabotaje de la subversión (secuestro de personalidades y obras de arte, colocación de bombas en dependencias diplomáticas, incendios en almacenes, voladuras de oleoductos).

Planteamos también un minuto de silencio en homenaje a figuras como Leonardo Montiel Ortega y Guillermo Rodríguez Blanco (o Julián Pacheco), parlamentario y experto petrolero, comediante de una enorme popularidad, respectivamente, sin el menor ánimo de entorpecer el momento para Canales o del Río, aunque hubo una expresa negativa del oficialismo para compartirlo, diluyéndose tan injustamente la propuesta.  Y es que, cuando previamente no se sabe ni se ordena pluralmente la agenda de trabajo, el riesgo es el de la arbitrariedad de la mención y hasta la misma e inmerecida circunstancia de exponer al homenajeado a las más díscolas opiniones, por lo que debemos tener cuidado.

Quizá nuestra primera intervención en una sesión plenaria, hacia 2011 coincidimos en la ofrenda parlamentaria para Cesar Rengifo apuntando al nombre de Simón Díaz, o hacia 2014 nos valimos de la intervención suscitada por una  solicitud de  crédito adicional para señalar a Oswaldo Vigas, logrando que la mayoría enmendara y rindiera el tributo. E, incluso, una rara vez,  a pesar  de las divergencias manifiestas del diputado Earle Herrera, votó junto a sus compañeros de bancada, como señal de respeto hacia el “otro país”, un acuerdo favorable al periodista Oscar Yánes hacia finales de 2013.

Se dirá, con mucha razón, que polemizar sobre el obituario parlamentario es una necedad al cotejarlo con la consabida crisis que padecemos los venezolanos, pero – desde la perspectiva de las señales éticas que la instancia genera – el asunto no luce tan secundario. En la Venezuela que viene cabemos todos, incluso los que ya físicamente no están entre nosotros.

Fuente: http://www.diariocontraste.com/del-obituario-parlamentario-por-luis-barragan-luisbarraganj/

miércoles, 8 de abril de 2015

OBITUARIO (S) PARLAMENTARIO (S)

De un máximo canal
Luis Barragán


En su  sesión de ayer, la Asamblea Nacional consideró y aprobó un acuerdo en homenaje a Paúl del Río o Máximo Canales, protagonista de dos hechos francamente espectaculares, el secuestro de un famoso futbolista y de una embarcación, durante los difíciles años sesenta. Por supuesto, el proyecto dio una versión que, juzgamos, siendo tan excesivamente interesada y sectaria, no refleja al país pural y complejo que somos.

Respetamos – lo dimos – los planteamientos del diputado ponente y creímos innecesario y contraproducente, insistir sobre la significación y las consecuencias de la consabida insurrección armada de décadas atrás. Preferimos comentar sobre el artista que descubrimos, paradójicamente, a través de la revista “Resumen”, cuyo reportaje llevó un hermoso título (“Instrucciones para trascender”, siendo muchachos, o las veces que vimos su obra en galerías (quizá la “Viva Zapata”); y, por supuesto, el Cuartel San Carlos.

Dos o tres años atrás, visitamos la histórica prisión colonial y nos sorprendió la literal ruidad en la que se encontraba, afecta por una remodelación parcial, mas no una debida restauración, imputable a la era de Farruco Sesto. Tuvimos ocasión de hablar con él brevemente, y la escasez de recursos con los que contaba la fundación presidida por Canales.

Obviamente, nos vino a la mente la muy distinta circunstancia que vivió el diputado Richard Blanco, preso en un centro penitenciario ara delincuentes comunes que convierte al San Carlos en casi un rissort. Sin embargo, cuidamos de no empañar el tributo.

Seguídamente, recordamos – cual sección parlamentaria de obituarios – desapariciones físicas recientes como la de Leonardo Montiel Ortega y Julián Pacheco, referentes también ineludibles de la Venezuela contemporánea. No fue posible que la Asamblea Nacional les dispensara un minuto de silencio a ambos, así de simple: sólo hay un máximo canal, el del gobierno que dice sus precursores.

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/22188-de-un-maximo-canal

miércoles, 28 de noviembre de 2012

NOTICIERO RETROSPECTIVO


- Leonardo Montiel Ortega. "¿Necesitamos la Reynolds?". La Esfera, Caracas, 02 y 04/03/60.
- Domingo Alberto Rangel. "La Siderúrgica de Puerto Cabello". El Universal, Caracas, 21/05/70.
- "Intimidades políticas de Américo Martín". Intimidades, Caracas, nr. 3 del 19/08/78.
- Jorge Olavarría. "Con el poder de tu voz: La sombra de  Betancourt". El Nacional, Caracas, 30/07/87.
- Ramón Guillermo Aveledo. "¿Te acuerdas de 'Los Beatles'?". El Impulso, Barquisimeto, 03/01/81.

Fotografía: "Don Rómulo Betancourt, Presidente de la Junta Revolucionara de Gobierno, regresa a Miraflores, después de su primera salida", escribe Alberto Brun. En la gráfica, junto a Ricardo Monilla (Presidente de Guárico) y Adolfo Pinto Salinas (miembro de Acción Democrática). Élite, Caracas, nr. 1047 del 27/10/45.