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jueves, 3 de marzo de 2016

NOSTALGIA



Impresiones de un marciano por naturalización

Labajim

“The Martian” de Ridley Scott (2015): con las nominaciones a los premios Oscar,  entre nosotros hubo un cierto alboroto sobre ésta y las otras películas. Consabido, tarda o no llega nunca la oferta fílmica foránea a las salas sobrevivientes de cine y, además, no existe una crítica frecuente y respetable en los medios convencionales, por lo que – inevitable – la red de redes no sólo la ventila para el interesado, sino que la provee aún a los fines de la venta ilegal de copias.
“Marte”, es una aguda película de humor diluido trastocando el drama en una anécdota potable, de cierto nivel de corrosión – acentuemos – refrescante. El guión convierte al protagonista en un comentarista permanente de sus circunstancias, más allá de lo que debe consignar en el cuaderno audiovisual de bitácora. Incluso, reivindica el desprecio hacia la música-disco que debe soportar el marciano por naturalización (convertido en tal, luego del mucho tiempo que habitó el planeta), con resignación. Celebramos el sentido de humor, aunque más que compensar la tragedia (no otra que la segura muerte que le esperaba en Marte), la desborda.
Si fue el propósito, el guión logra banalizar la tragedia y también colar nociones que pudieran resultar pesadas e inoportunas, entre escena y escena. Por ejemplo, el tratamiento jurídico equiparable a las terrícolas aguas internacionales, concedido a los restantes espacios planetarios de esta galaxia. Parece mentira, por cierto, que a finales de 2015 fue que a Asamblea Nacional aprobó el tratado de regulación sobre la disposición del suelo lunar, después de más de treinta años de acordado internacionalmente. Claro está, un detalle irrelevante en medio de la crisis que soportamos en Venezuela y, en definitiva, ineficaz porque únicamente deben y pueden apelar a él aquellos países que, simplemente, lleguen a la Luna.

La fotografía es muy buena y tanto que casi obliga a consultar aquellos documentales sobre las imágenes oficialmente divulgadas del planeta rojo, como – debe existir – alguno que diga cómo se hizo la película de Scott, barajando sus trucos. Una mirada que se dirá precursora al pasar las décadas,  goza del exacto imaginario que dejó la década de los sesenta del XX sobre las hazañas espaciales y, más que ellas, sobre la estética en cuanto al diseño de la vestimenta, vehículos, etc., algo inevitable (pues, de lo contrario, estaríamos en presencia de toda una revolución de las artes). Valga acotar, por ello la ilustración tomada de una revista de 1966, década que queda en la profundidad de una década de nostalgia para quienes fuimos niños por entonces, respecto a los vuelos hacia la Luna, como – los de más edad – recordarán mejor las revueltas estudiantiles.

domingo, 1 de marzo de 2015

RUDA BATERÍA

Impresiones de una sargentada jazzística

“Whiplash” de Damien Chazelle (2014): con los premios Oscar, llega la noticia y difusión en Venezuela de la película. La tardanza es un dato importante, como la competencia entre filmes de un superior valor en contraste con años anteriores. La vimos y compartimos algunos puntos de vista, siendo ella tan aguda en sus observaciones.  Concluimos que el final no se compadece con la intensidad lograda en el resto de la película y quizá una buena patada en las bolas hubiese sido congruente como solución inicial a la crisis del joven y afanado baterista que, sorprendiéndonos, recibió el repentino impacto de un camión para desarrollar inmediatamente el punto culminante de su obsesión patológica: el talento es natural, no se decreta y, cierto, el esfuerzo adicional importa, mas no a niveles demenciales. No todos los días surge un Charlie Parker, por un decreto docente, ni un Julio Cortázar que  lo tribute. Hay más de morbo que de búsqueda de talento. Aunque, sin revelar la trama,  la venganza del profesor es estúpida, porque también se jugaba la credibilidad de una orquesta que logró poner en escena, después del castigo de tocar en bares baratos.  Sin embargo, en “Whiplash” creemos apreciar un género inadvertido, ya que – más allá del jazz – el consabido sargento mayor de tantas películas, emblemático y endurecido entrenador de sus soldados, tan inhumano como inhumana es la pelea para la cual los prepara, está presente en otros ámbitos. Esta vez, la sargentada jazzística que toca a muchachos que aprendieron a escuchar algo distinto al  heavy metal, rap o reguetón, licúa el sadismo como ha de ocurrir en otras y más variadas  actividades. Por cierto, la atropellada batería merecía una nominación hollywoodense, como un día resultó mejor actor la pelota “Wilson” con la que lidió Tom Hanks en “Cast Away” de Robert Zemeckis (2000) o la cajetilla de cigarrillos en “Hannah Arendt” de Margarethe von Trotta (2012).

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viernes, 12 de diciembre de 2014

ENMADERAMIENTO JAZZÍSTICO DE UN FILM



Impresiones en madera

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Magic in the Moonlight” de Woody Allen (2014): Indispensable, no debemos predisponernos para verla.  No toda es una gran obra a la que debemos – resignados – asistir para descifrar, en lugar de disfrutar. Después vendrán las reflexiones.

La primera constatación: hay una anécdota. No siempre ocurre en el cine actual, pues se quiere tratar de todo y resulta que la película no trata de nada. Acá hay una historia, clara y definida. Eso es todo un mérito.  Una señorita que está a punto de capturar un marido millonario, se hace pasar por médium y el prestigioso mago, el que convoca a toda la prensa con un chasquido de los dedos, pretende desenmascararla cayendo en la trampa del viejo resentimiento de un condiscípulo de la escuela  precursora de Harry Poter. 

Segunda constatación: la película no se entiende sin la música que la trenza toda, continua y casi radialmente. Pareciera trasladarnos a la escena de un salón familiar, alrededor del enorme aparato radial, donde alguien echa un cuento y todos debemos imaginarlo. Esta vez, convencionalmente, lo hace Allen. Y no se mete por los recovecos psicológicos, las disquisiciones existenciales ni simbolización extrema que ha pretendido a Freud en cada milímetro del distraído discurrir. Lo más lejos a lo que llega, ahora, es el conflicto entre la racionalidad y la fe, la razón y la creencia, el mundo terrenal y el que no lo es. Un mago que ha labrado su prestigio en los mejores teatros europeos que parecen no sospechar de la otra guerra mundial pendiente, cita a Nietzsche y logra que la médium sepa de él a lo Reader's Digest. Además, tiene el mago tanto control de sí que, mediando una inoportuna e increíble siesta, con modales victorianos, no experimenta ningún mal pensamiento cuando miran a los astros en un observatorio de pueblo: ni los formales y el frío, pues, que cantase Mario Benedetti.
 
Tercera y última constatación: excelente producción. Frivolidad aparte, nos hace pensar aquél mundo en el que reinaba la madera para cualquier artefacto. Luego, la movilidad de los muebles, por citar un caso, era escasa. Demasiado peso. No como ahora, donde el aluminio y el plásticos resuelven un simple sofá que puede desplazarse cómodamente por toda la casa. Siempre nos llamó la atención aquellas grandes sillas que había en la Biblioteca Rojas Astudillos, en su vieja sede de Gradillas. En una de sus obras, Salvador Garmedia nos transmite el ambiente ocre del mobiliario de madera. E, incluso, hace poco, en la Iglesia de San Francisco ayudamos a cargar, devolviéndolo a su lugar permanente, una enorme pieza de San Ignacio de Loyola que supusimos más ligera, pero cargarla o empujarla fue algo casi inaudito por la solidez de la madera que probablemente vino desde un barco colonial.

Puede verse, sin pretensiones. Y concluir que, a lo mejor, Allen sacó una nevera fiada de Ingeve y necesita pagarla por los próximos meses.

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinioncultural/21282-impresiones-de-madera

sábado, 23 de agosto de 2014

IMPRESIONES



Impresiones de anverso y reverso

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“Matrimonio” de Carlos Jaureguialzo (2013): Filme intimista y fieramente cotidiano, en pocas horas nos muestra una crisis matrimonial que ya tuvo y, seguramente, después, tendrá sus peores momentos.  El planteamiento es el de las cámaras que, desde el inicio, con su propio e intransferible lenguaje, nos ponen en autos y sin prisas innecesarias, sobre la crisis que silenciosamente (SIC) atormenta a la pareja: Cecilia Roth y Darío Grandinetti, insuperables. Hay escenas estupendas como la de la taquicardia que ella, la pianista de notas de lasque  no nos priva para dibujar el conflicto interno,  sufre o dijo sufrir. Conoció a un tercero que el director nunca devela, porque para ella tampoco lo está enteramente: “!acostáte!”, le aconseja la médico y amiga que inmediatamente la auxilia, para saber de él y si hay firmeza real en lo que experimenta. Moral práctica de estos días que está reñida con los escrúpulos de su formación y conformación amorosa. Él, el marido, afectado por la incertidumbre tan extrema que siente, dándole a ella el beneficio de la duda, deambula de la funeraria al terapeuta que aplaza una respuesta. Al final me parece que lo que  hay es una tregua, una tregua del simple llamado carnal. Un armisticio que deja abierta cualquier posibilidad. Pero el mayor mérito se me antoja es estrictamente cinematográfico, como hacer que un franco de perfume hable, tratando de zanjar una crisis creativa del publicista, como dando un código de relacionamiento. Recurso empleado antes que no significa demeritar al director,  gustó mucho la historia, la misma historia contada como dos caras de la misma moneda que inadvertidamente, cual monje zen urbano, lanza y rebota el violinista del subterráneo, anudándolos. La primera parte son los hechos desde la perspectiva de él y, la segunda, los mismos hechos desde la perspectiva de ella.  Él quiso descubrirla en el andén y, sin saberlo, ella lo descubrió al marchar el tren en una situación confusa. Hasta que fue inevitable, tras el pertinaz cigarrillo, alborotarse en las escaleras donde esperaban el nacimiento del sobrino. Quizá un aviso del otro bebé que los puede unir más adelante, al tener un nieto de la hija y su detestable asalta-cunas que toleran por la red. Por lo demás, la calle bonaerense da cochina envidia: sin rejas, sin motorizados, sin atracadores al acecho. Puede verse en: http://www.peliculasflv.co/2013/09/matrimonio-2013-online-latino.html

Fuente: http://opinionynoticias.com/opinioncultural/20292-impresiones-de-anverso-y-reverso

lunes, 9 de junio de 2014

IMPRESIONES DE UNA EXISTENCIA

La grande bellezza” de  Paolo Sorrentino (2013): Incluida en el programa del Festival de Cine Italiano en Caracas. Estupenda película que reúne varios universos, desembocando en la profunda crisis existencial del protagonista.  Crisis que tiende a trivializar, según su estilo de vida, pero ha calado profundamente inquietándole como jamás había ocurrido.
Deliberada fuga hacia lo banal y lo divertido, circunscrito al recuerdo de la ya lejana novela que escribiera (y lo escarmenta), a las conversaciones que le reconfortan con la editora-jefe de la revista, cuya altura es una pegada física es una pegada al glamour y la despreocupación que barniza – solamente barniza – el filme. Éste está lleno de un sarcasmo inteligente del  enunciamos – por ejemplo – el pequeño triunfo de llevarse a la cama a una exquisita dama, como un trofeo efímero, pues, luego, ella va a buscar unas fotografías digitales donde aparece desnuda, pero – trofeo en mano – él opta por no aburrirse, se fuga y proclama que a su edad ya puede hacer lo que quiera o le provoque. Sin embargo, a nuestro juicio, el momento vital es  el d la pelea con otra vieja amiga en medio de una tertulia, previamente avisada de sus palabras hirientes; y finalizando la película, superado el divertimento de herir y ser herido, la reconoce como el referente que le hubiese dado cohesión y otro sentido a su vida: simplemente bailan, en un patio, confiados en un encuentro novedoso (él le preguntó si alguna vez se habían acostado).
El licor, el cigarrillo, la vista de un exclusivo sector de la ciudad,  situaciones ingeniosas y poderosamente irónicas bañadas de una extraordinaria música y hasta coreografía. El excelente humor negro tiene por domicilio la frivolidad: preguntaba al vecino desconocido por el nombre de su sastre, resultando después un peligroso delincuente con el que cohabitaba en la exclusivísima zona residencial.

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Fuente: http://opinionynoticias.com/opinioncultural/19581-impresiones-de-una-existencia

martes, 27 de mayo de 2014

IMPRESIONES VASCAS

Ocho apellidos vascos” de Emilio Martínez-Lázaro  (2014): Nos entretuvo, aunque – viéndolo por primera vez  y pareciéndonos un buen comediante – son varias las veces que nos exasperapor su inseguridad y candidez: Dani Rovira. A  Clara Lugo, vista en un anterior filme (“Tengo ganas de ti” de Fernando González Molina, 2012), quizá le falte la soltura necesaria para el género, tan abundante en el viejo y chauvinista vasco (Karra Elejalde), o en la desesperada sevillana (Carmen Machi ), que alojó por una infinita casualidad al protagonista. Disfrutamos de los paisajes (semi) urbanos y de la música, como el color especial de Sevilla , o las voces de Leire Martínez y David de María .  
No sabíamos de tan duras predisposiciones vascas frente a los andaluces. Y tampoco sabíamos de un filme de tan reciente factura que tardará - si es que viene - en llegar a las carteleras del país, o al celebérrimo pasillo de la UCV. 
Empero, en una de estas noches, tras el cansancio del día, nos aventuramos con una comedia que es - a todas luces - alternativa de confrontarla con la oferta local. Una "chica llena de tópicos", refiere  Rovira; o el director calibra la sátira cruel en contraste con el costumbrimos que hacía, como señala en un programa de televisión . Programa que envidiamos, pues, acá tampoco no lo hay que sea o que tenga aspiraciones críticas.

Labajim

http://opinionynoticias.com/opinioncultural/19419-impresiones-vascas

Nota LB: Las envié a Iván Méndez (Opinionynoticias.com), con la idea de compartir estas impresiones, por aquella vieja costumbre que tenía de apuntar la inmediata percepción que tenía de los filmes en los tiempos de una modesta constante afición y concurrencia, sobre todo a la vieja y meritoria Cinemateca Nacional. Percatándonos de la torpe y apresurada redacción de las anotaciones consignas acá, digamos, será mejor transmitrlas, claro está, sin intentar emular - como una vez quisimos - a los críticos de cine que literalmente nos avisaban de algún importante título, pues, ocurría casi siempre con Alfonso Molina o Rodolfo Izaguirre, pretendiendo remontarnos a las viejas y apasionadas lecturas de Guillermo Cabrera Infante, Oswaldo Capriles, Silda Cordoliani, e - incluso - las viejas crónicas de Juan Nuño en la Hemeroteca Nacional o del mismo Alejo Carpentier que sirvió para un pequeño ensayo (http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero26/ventana.html), no llegó muy lejos ni tampoco autorizan una experticia en la materia. Por cierto, el otro cartel o poster.