EL PAÍS, Madrid, 14 de Diciembre de 2012
COLUMNA
Una boñiga
Nada de lo que inspiró la Constitución del 78, comenzando por su preámbulo, sigue en pie ahora mismo
Juan José Millás
Del mismo modo que los alemanes, según Phil K. Dick, ganaron la II Guerra Mundial haciendo creer a los aliados que la habían perdido, quizá el teniente coronel Tejero, tras fingir que se rendía, tomó para siempre el Parlamento. Fruto de ese golpe de Estado sería la realidad actual, en la que rige una Constitución que es papel mojado en sus máximas aspiraciones, ya que ni los españoles somos iguales ante la ley (y después de Gallardón menos) ni, según la última reforma laboral, tenemos el derecho al trabajo que antes al menos se nos reconocía en la teoría. Todo ello por no hablar de la entelequia esa de la vivienda digna o del acceso a la sanidad y la educación públicas. Nos ha tocado en suerte, por si fuera poco, un ministro de Cultura beato cuya máxima aspiración es parecerse a un toro bravo españolista (no hay toros bravos simplemente españoles). Más aún: se indulta a los banqueros ladrones y a los torturadores declarados mientras se deja escapar con triquiñuelas jurídicas a los capos de mafia internacional. Así las cosas, cuando el PP compara al 15M con Tejero, no hace otra cosa que desviar la atención de sí mismo. Ellos son Tejero. No solo incumplen el programa que los llevó al poder, sino que saquean al ciudadano obedeciendo órdenes de las mafias financieras internacionales. Nada de lo que inspiró la Constitución del 78, comenzando por su preámbulo, sigue en pie ahora mismo. Es cierto que se mantiene la formalidad de votar cada cuatro años, aunque ya el ciudadano ha quedado advertido de que la relación del partido ganador con su programa no es vinculante y que el voto, por lo tanto, vale lo mismo que una boñiga. ¿Quiénes, pues, son los verdaderos okupas, los que están dentro del Parlamento, teledirigidos por intereses foráneos, o quienes son minuciosamente apaleados, y en todos los sentidos, a sus puertas?
Fotografía: Tomada de la red.
"Okupa": http://lema.rae.es/drae/?val=okupa
"Boñiga": http://lema.rae.es/drae/?val=Bo%C3%B1iga
"Ucronía": http://lema.rae.es/drae/?val=ucron%C3%ADa
Nota LB: Los venezolanos pasamos por una semejante etapa. La descomunal estafa bancaria también contribuyó, soliviatando justamente los ánimos, digamos, a la increíble realización de una ucronía como desenlace: la victoria diferida del proyecto insurreccional cubano de los sesenta. Por lo demás, nos permitimos observar, al traer a colación los términos (con el DRAE por delante), una extraordinaria pobreza actual de los venezolanos para nombrar o mencionar las viejas, nuevas y novísimas crisis. De procedencia culta o silvestre (nos gusta mucho la afirmación de "cultura silvestre" que hace J.M. Briceño Guerrero, a quien leemos por estos días), la política fue también - entre nosotros - una capacidad de invención y reivención del lenguaje, destacando el Betancourt que recibió la atención de Angel Rosenblat. Apenas, en el recuerdo, sobreviven términos como "carraplana" o "despelote", manteniendo un vigor intacto el de "barragana" que, por cierto, no lo ponderó el acuñador original, Piñerúa Ordaz, sirvió para gastar bromas a los "barragán" por mucho que Márque Rodríguez aclarase su significado. El caso está en ese retrato hablado de una vieja etapa que oculta las actuales estafas de la banca estatal, múltiple desagüe de recursos....
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viernes, 14 de diciembre de 2012
sábado, 7 de julio de 2012
FALSARIOS
EL PAÍS, Madrid, 7 de Julio de 2012
COLUMNA
Todo falso
Parece mentira que siendo tan buenos en la utilización del falso delantero no hayamos sido capaces de detectar las imitaciones que nos han vendido a precio de marca
Juan José Millás
Dada la rapidez con la que hemos caído en la mendicidad, cabe preguntarse si el euro con el que acudimos a las rebajas de las rebajas no será una pobre peseta disfrazada de señora rica. Nos viene ahora a la memoria la alegría absurda con la que recibimos el advenimiento de la moneda única, pese a los destrozos que produjo en nuestras existencias. La vida se encareció de hoy para mañana en un veinte o un treinta por ciento. Nos hizo más pobres, en fin, porque todo se redondeó hacia arriba y porque teniendo una moneda de millonarios nos daba vergüenza andar con una contabilidad de pobres. Nos vendieron tan bien aquella peseta de cobre con antifaz de oro que salíamos en los telediarios dándonos palmadas en la espalda. Hasta Aznar se vanaglorió durante años, con toda la cara, de habernos metido en ese club en el que ahora nos tratan como a unos apestados o como a ese pariente pobre que intenta guardar las apariencias con unos Levi´s falsos y un Rolex falso y un bolso de Loewe falso y unas Adidas falsas. Y eso que la entrada en el club se hizo a base de sacrificios a los que también entonces llamábamos reformas. Enseguida descubriríamos que nuestro sistema financiero era falso y que nuestras cajas de ahorro, todas falsas, estaban dirigidas por expertos falsos que robaban dinero verdadero sin que ninguno de ellos haya dado aún con sus huesos en la cárcel. Todo falso, incluida esta pobre democracia apenas estrenada. Lo curioso es que en el reciente triunfo futbolístico de España haya sido decisiva la figura del falso nueve, que por lo visto es en realidad un ocho: finge que juega arriba, cuando en realidad juega abajo, para desconcertar al adversario. Parece mentira que siendo tan buenos en la utilización del falso delantero no hayamos sido capaces de detectar las imitaciones que nos han vendido a precio de marca.
COLUMNA
Todo falso
Parece mentira que siendo tan buenos en la utilización del falso delantero no hayamos sido capaces de detectar las imitaciones que nos han vendido a precio de marca
Juan José Millás
Dada la rapidez con la que hemos caído en la mendicidad, cabe preguntarse si el euro con el que acudimos a las rebajas de las rebajas no será una pobre peseta disfrazada de señora rica. Nos viene ahora a la memoria la alegría absurda con la que recibimos el advenimiento de la moneda única, pese a los destrozos que produjo en nuestras existencias. La vida se encareció de hoy para mañana en un veinte o un treinta por ciento. Nos hizo más pobres, en fin, porque todo se redondeó hacia arriba y porque teniendo una moneda de millonarios nos daba vergüenza andar con una contabilidad de pobres. Nos vendieron tan bien aquella peseta de cobre con antifaz de oro que salíamos en los telediarios dándonos palmadas en la espalda. Hasta Aznar se vanaglorió durante años, con toda la cara, de habernos metido en ese club en el que ahora nos tratan como a unos apestados o como a ese pariente pobre que intenta guardar las apariencias con unos Levi´s falsos y un Rolex falso y un bolso de Loewe falso y unas Adidas falsas. Y eso que la entrada en el club se hizo a base de sacrificios a los que también entonces llamábamos reformas. Enseguida descubriríamos que nuestro sistema financiero era falso y que nuestras cajas de ahorro, todas falsas, estaban dirigidas por expertos falsos que robaban dinero verdadero sin que ninguno de ellos haya dado aún con sus huesos en la cárcel. Todo falso, incluida esta pobre democracia apenas estrenada. Lo curioso es que en el reciente triunfo futbolístico de España haya sido decisiva la figura del falso nueve, que por lo visto es en realidad un ocho: finge que juega arriba, cuando en realidad juega abajo, para desconcertar al adversario. Parece mentira que siendo tan buenos en la utilización del falso delantero no hayamos sido capaces de detectar las imitaciones que nos han vendido a precio de marca.
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lunes, 12 de septiembre de 2011
LIMITACIONES

EL NACIONAL - SÁBADO 10 DE SEPTIEMBRE DE 2011 CULTURA/3
LIBRO El cyborg y el doble son los temas de Lo que sé de los hombrecillos
Juan José Millás: "El ser humano es muy limitado también en sus obsesiones"
Como una fábula, la obra invita a reflexionar sobre el problema que representaría ver los deseos cumplidos
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ
Los temas del doble y el cyborg, que antes fundamentaron ficciones góticas como el cuento "William Wilson" de Edgar Allan Poe o el libro Frankestein de Mary Shelley, se reinventan en la novela breve más reciente de Juan José Millás: Lo que sé de los hombrecillos (Seix Barral, 2011).
La prosa lustrosa del columnista del diario El País construye la historia de un catedrático cuya vida apacible se encuentra amenazada por la aparición de un diminuto doble.
Los homúnculos que ha visto toda su vida, y que siempre creyó imaginarios, han hecho una pequeña copia suya, que lo obliga a cumplir sus más pérfidos placeres que (inexplicablemente) comienzan con el consumo de vinos y cigarros y saltan rápidamente a las fantasías homicidas. El dilema moral de la lucha con el doble, que se estructura como una metáfora de la batalla consigo mismo que libra el profesor en el ocaso de su vida, es también la historia de una minúscula comunidad humana utópica en la que la sociedad no parece representar grandes obligaciones.
"Los hombrecillos no buscaban justicia, ni siquiera venganza, pues parecían ajenos a conceptos que implicaran una condición política o moral, sino que se defendían de un intruso al modo en que las avispas protegen su panal de los ataques de un enjambre extranjero", escribe Millás en Lo que sé...
Soñar con Kafka. En noviembre de 2010, cuando presentó la novela en el campus de Humanidades de la Universidad de Oviedo, Millás confesó que su sueño era escribir La metamorfosis de Franz Kafka según reportó la prensa española, obra que considera simultáneamente compleja y sencilla y que se acerca a la perfección formal, por ser cercana a sus emociones, era su fantasía loca, igual que lo era para "aquel personaje de Borges escribir el Quijote".
Para el autor nacido en Valencia (España) en 1946, el estilo de Kafka es su aspiración en la forma, un ejemplo "de complejidad sencilla, o de sencillez compleja".
Pero es justamente en esta aspiración de abstracción por medio de la sencillez en la que la lectura semántica de la obra de Millás se pierde un poco.
Aunque la dinámica brevedad de la novela mantiene el interés del lector en todo momento, parece faltarle más desarrollo a ciertas metáforas, como la correlación entre los huevos de gallina y las ideas del académico o las comparaciones entre la vida económica con la biología, lo que resta fuerza al final de la novela.
Uno de los aspectos más interesantes de la obra son sus personajes femeninos, porque evidencian la sintética escala de valores presentada en la obra. En el mundo cotidiano existe la esposa del académico, agobiada doblemente por sus deberes familiares y su posición política en la universidad donde ambos trabajan. Tiene una relación más bien fría con el protagonista. Pero, en contraste con ella, está en el mundo de la utopía una "mujercilla ovípara" que es capaz de causarle al personaje los placeres más sublimes. También aparece una prostituta adolescente, cuyos avances rechaza el profesor, y que representa el inicio de su degradación moral.
--¿De dónde vino la idea germinal de la novela? Vino de un sueño, de un ensueño más bien, es decir, de esa zona de la realidad en la que tienes un pie en la oscuridad y otro en la luz, la zona del delirio. Soñé (o ensoñé) que un grupo de hombrecillos arrancaba partes diminutas de mi propio cuerpo para hacer con ellas un doble mío diminuto.
Esa misma mañana me puse a escribir la historia.
--¿Qué cree que su novela aporta al tema del doble que ha sido tratado tanto en la literatura? No me lo he planteado, entre otras cosas porque es incuantificable. Nadie se plantea qué aporta una novela de amor a las ya existentes o una novela policíaca a ese género. Con el asunto del doble, en cambio, parece que siempre es preciso dar una vuelta de tuerca. ¿Por qué? --Es interesante el tema de la relación del narrador con las mujeres. ¿Cómo elaboran la esposa, la mujercilla y la prostituta el código de conducta del catedrático que protagoniza su novela? --No lo sé, o está en la novela o no está.
--¿Cree que el mundo, con sus tiempos acelerados y sus egoísmos individuales, ha construido un catálogo de perversiones que si permanecen latentes se deben al control social y a los medios de entretenimiento? --Dudo que el catálogo de perversiones sea hoy mayor que en los primeros siglos de nuestra era, por citar una época. Incluso es posible que haya disminuido. El ser humano es muy limitado también en sus obsesiones. No damos para mucho.
-- ¿Tiene Millás sus hombrecillos? --En la medida en la que los hombrecillos metaforizan las divisiones y las contradicciones de las que somos víctimas, sí, tengo hombrecillos que me enseñan más de lo que aprenden de mí.
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