EL IMPULSO, Barquisimeto, 29 de octubre de 2017
El ocaso del militarismo
Juan Guerrero
El real y verdadero ganador en cada elección venezolana, desde 1998 siempre ha sido el brutal, feroz y primitivo pensamiento militarista que han dado en llamar chavismo-socialismo del siglo XXI.
El militarismo en Venezuela jamás ha abandonado el poder del Estado. Desde inicios del siglo XIX cuando se funda la República y se van creando los espacios para el nacimiento de los partidos políticos, siempre los militares han estado controlando la actividad de los ciudadanos en su cotidianidad.
El espacio entre 1958-1998 fue quizá el único momento cuando la sociedad venezolana pudo avanzar en la construcción de su civilidad de manera autónoma y sin esa aberrante presencia de la mentalidad cuartelaría que tanto daño hace a la consciencia ciudadana.
Dolorosamente desde inicios de 1999 hasta el presente, el avance de la peste militarista, tanto de muchos civiles como de la casi totalidad del estamento militar venezolano, ha construido una muralla que a la fecha hace imposible que el ciudadano ocupe sus espacios naturales en el escenario político-administrativo nacional.
Porque el militarismo no comporta únicamente el disfraz del uniforme militar sino también y más grave, la mentalidad cultivada para la violencia y lo violento de la vida. Es una actitud de vida. Una postura de pensamiento, discurso y acción donde el semejante es visto como enemigo que debe ser eliminado.
Por ello, frente a un poder militarista como el que existe en Venezuela, que además se alía con oscuros grupos paramilitares y se asesora, bien en contrainteligencia con regímenes claramente identificados con la violencia desmedida de Estado, como Cuba, Irán, China, Corea del Norte, Siria, Turquía, que han sido denunciados como trasgresores de los derechos humanos, el gobierno venezolano ha ido perdiendo gradualmente su fuente originaria de legitimidad democrática, hasta convertirse en un régimen claramente militarista, autoritario, totalitario e inevitablemente arbitrario.
Una de las características de todo régimen militarista es la desmedida compra de equipamiento bélico para atender sus fuerzas policial-militares. Y en Venezuela eso es perfectamente demostrable en detrimento de las áreas médico-asistencial, alimentaria, educativa y cultural. Todas ellas en total abandono a tal grado que agencias internacionales ya han alertado sobre la muy inminente tragedia alimentaria y desnutrición infantil.
La presencia de militares activos y en situación de retiro en el escenario político-partidista venezolano, cada vez es más fuerte. Esto es alarmante toda vez que ya es imposible seguir viéndoles como sujetos neutrales en la guarda y custodia de los procesos electorales. Esto por la sencilla razón que candidatos a ocupar puestos en gobernaciones, alcaldías o diputaciones, apenas solicitan su baja y enseguida aparecen saltando en tarimas partidistas. Obviamente sus primeros seguidos son sus subalternos.
Pero además de ello siempre la mentalidad militarista verá al ciudadano, civil, como su enemigo a doblegar. Lo califica como sujeto que le estorba y por tanto, lo desprecia. Esa ha sido siempre la actitud del militar venezolano cuando se enfrenta al ciudadano.
En la Venezuela del siglo XXI la mentalidad militarista persiste y se ha consolidado en una extraña combinación de disfraces ideológicos, que van desde socialismo, bolivarianismo, chavismo, comunismo, junto con ciertas creencias del primitivo sincretismo religioso, que le han cuadrado el cerebro al militar para transformarlo en un sujeto supersticioso, déspota, que humilla, veja, y es capaz de capturar, torturar, asesinar y desaparecer a cualquier ciudadano por lo más elemental, como pensar diferente.
Jamás la mentalidad militarista ni los militares han podido llevar la sociedad a niveles realmente avanzados de progreso socioeconómicos. Por el contrario, todo poder militarista siempre ha llevado a las sociedades al despeñadero de la violencia, la ruina y el dolor generalizado en hambre, enfermedades y atraso educativo y cultural.
Razón sigue teniendo el profesor AmartyaSen, Premio Nobel de Economía 1998, quien indicó que toda dictadura y todo poder militarista es contrario al progreso humano. Su fracaso siempre será evidente.
Fuente:
http://www.elimpulso.com/opinion/opinion-ocaso-del-militarismo
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viernes, 24 de noviembre de 2017
sábado, 23 de agosto de 2014
DESORIENTAR LOS ABISMOS
Alfredo Silva Estrada: Asombro y plenitud
Juan Guerrero
La lectura del poema la hizo en un perfecto y exquisito francés. Mientras leí los versos del poema El barco ebrio (Le bateau ivre) de Arthur Rimbaud, la entonación me introducía en un universo de asombro y plenitud de imágenes que nunca he podido olvidar.
Fue en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, comenzando los años ‘70s. Todos quedamos en silencio mientras las palabras del profesor dibujaban en el poema, las imágenes de una historia oscura, misteriosa y a la vez sensual.
A partir de esa lectura aprendí a amar a los poetas franceses. Después también, mis largas conversaciones con mi maestro y amigo, Alfredo Silva Estrada (Caracas, 1933-2009) se extendieron a otros escenarios. Varias veces nos ocultamos en el bar El Molinero a conversar sobre Italia y la Università per Stranieri, a donde fuimos a estudiar, en tiempos diferentes, literatura, lengua y arte italianos.
Reíamos mientras nos acordábamos de Perugia, la cittá etrusca, donde acuden estudiantes de todo el mundo. La voz del poeta resuena en mis oídos en su cadencia y ritmo mientras recita a su amado poeta de la infinita melancolía, Leopardi.
-Visité Recanati y toqué la cama donde dormía de niño ese ser tan querido por ti, le dije. La mirada encendida de azulísimos cielos crepusculares de Alfredo reflejaba la intensidad en su escritura y esa vida inclinada al ser de la palabra poética. Conocía de memoria, y en italiano, los mejores poemas de Giacomo Leopardi, como L’infinito.
Desde sus iniciales libros, De la casa arraigada, 1953; Cercos, 1954; Del traspaso, 1962; Integraciones. De la unidad en fuga, 1962; Literales, 1963; Lo nunca proyectado, 1963; Transverbales I, 1967, hasta sus últimas publicaciones, Variaciones sobre reticularias, 1979; De bichos exaltado, 1989; Al través, 2002, transita un ser que es luz en la palabra poética que habita, mora en la casa paterna que siempre permaneció en él.
“La Poesía desde el amanecer / Abrir esta ventana / Y celebrar el pan / Y nuestro amor con horizonte”
La palabra poética de Alfredo Silva Estrada está decantada y se abre al mundo desde su purísimo esplendor. Ella se ofrece despojada de toda referencia artificiosa. Muestra su ethos, su intimidad. Para eso vivió el poeta, a ella dedicó su vida. Y sin embargo, puedo afirmar que en modo alguno es fría ni ajena al mundo.
Por el contrario, encuentro en ella una absoluta amorosidad, una íntima sensualidad que es esplendor y asombro de vida. Plenitud en su silencio y a la vez, acaso resonancia mientras se introduce en el lenguaje de sus reticularias cuando aborda la obra de la artista Gego.
De su extensa obra poética menciono Dedicación y Ofrendas, 1986 y su dedicatoria: “Para Juan Guerrero, tan verdad, tan amigo” con su estilizada y amplia firma. Libro editado por la Universidad de Los Andes, y donde Silva Estrada dedica sus textos a relevantes nombres, como Ida Gramcko, Vicente Gerbasi, José Balza, Masafumi Yamamoto, Juan Sánchez Peláez o Andrée Chedid. Esta última poeta de origen libanés y radicada en Francia, a quien Silva Estrada tradujo al español y publicó en su personal Ediciones Vertiente Continua.
Recuerdo que viviendo en Puerto Ordaz y mientras trabajaba en la Siderúrgica del Orinoco, nos comunicamos y de vuelva a la ciudad de entre ríos, traté de vender a los amigos siderúrgicos el libro Sobre-vivencia de soles, 1985, de su amiga y poeta, pero a nadie le interesó. Solo uno lo recibió, y eso porque se lo regalé. De vuelta a la capital y ya en su apartamento de Las Mercedes, entregué el dinero y me quedé con los libros. Aún conservo varios de ellos.
Así escribe el poeta: “Nosotros que nombramos los lugares comunes / Nombrando apenas nacimientos y muertes / Desorientando abismos / Reiterando silencios / Hallamos los extremos rezumantes de voces / Y un sentido infinito en las manos abiertas”
La voz poética de Alfredo Silva Estrada es certera, precisa, clara pero a la vez, deslumbra en su sencillez, en su exactitud al hablarnos. O acaso en sus extensas preguntas que encierran reflexiones existenciales. Esto por su formación en filosofía mientras estudió en la universidad, con maestros como Juan David García Bacca.
La palabra mantiene en su densidad la armonía de cadencia y ritmo que abre a un mundo, el mundo personalísimo de un creador que nunca formó parte de grupo literario alguno ni tampoco puede mencionarse de generación poética alguna.
Poesía atemporal y ahistórica que acaso se acerca al abstraccionismo. La escritura poética de Alfredo Silva Estrada construye su propio universo, su ars poética donde la palabra es luz, exactitud y fervor de existencia en la plenitud de un ser que amorosamente se instala en una vida vivida en libertad y “lejanas cercanías” de quien sigue habitando la casa amada.
Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinioncultural/20268-alfredo-silva-estrada-asombro-y-plenitud
Juan Guerrero
La lectura del poema la hizo en un perfecto y exquisito francés. Mientras leí los versos del poema El barco ebrio (Le bateau ivre) de Arthur Rimbaud, la entonación me introducía en un universo de asombro y plenitud de imágenes que nunca he podido olvidar.
Fue en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, comenzando los años ‘70s. Todos quedamos en silencio mientras las palabras del profesor dibujaban en el poema, las imágenes de una historia oscura, misteriosa y a la vez sensual.
A partir de esa lectura aprendí a amar a los poetas franceses. Después también, mis largas conversaciones con mi maestro y amigo, Alfredo Silva Estrada (Caracas, 1933-2009) se extendieron a otros escenarios. Varias veces nos ocultamos en el bar El Molinero a conversar sobre Italia y la Università per Stranieri, a donde fuimos a estudiar, en tiempos diferentes, literatura, lengua y arte italianos.
Reíamos mientras nos acordábamos de Perugia, la cittá etrusca, donde acuden estudiantes de todo el mundo. La voz del poeta resuena en mis oídos en su cadencia y ritmo mientras recita a su amado poeta de la infinita melancolía, Leopardi.
-Visité Recanati y toqué la cama donde dormía de niño ese ser tan querido por ti, le dije. La mirada encendida de azulísimos cielos crepusculares de Alfredo reflejaba la intensidad en su escritura y esa vida inclinada al ser de la palabra poética. Conocía de memoria, y en italiano, los mejores poemas de Giacomo Leopardi, como L’infinito.
Desde sus iniciales libros, De la casa arraigada, 1953; Cercos, 1954; Del traspaso, 1962; Integraciones. De la unidad en fuga, 1962; Literales, 1963; Lo nunca proyectado, 1963; Transverbales I, 1967, hasta sus últimas publicaciones, Variaciones sobre reticularias, 1979; De bichos exaltado, 1989; Al través, 2002, transita un ser que es luz en la palabra poética que habita, mora en la casa paterna que siempre permaneció en él.
“La Poesía desde el amanecer / Abrir esta ventana / Y celebrar el pan / Y nuestro amor con horizonte”
La palabra poética de Alfredo Silva Estrada está decantada y se abre al mundo desde su purísimo esplendor. Ella se ofrece despojada de toda referencia artificiosa. Muestra su ethos, su intimidad. Para eso vivió el poeta, a ella dedicó su vida. Y sin embargo, puedo afirmar que en modo alguno es fría ni ajena al mundo.
Por el contrario, encuentro en ella una absoluta amorosidad, una íntima sensualidad que es esplendor y asombro de vida. Plenitud en su silencio y a la vez, acaso resonancia mientras se introduce en el lenguaje de sus reticularias cuando aborda la obra de la artista Gego.
De su extensa obra poética menciono Dedicación y Ofrendas, 1986 y su dedicatoria: “Para Juan Guerrero, tan verdad, tan amigo” con su estilizada y amplia firma. Libro editado por la Universidad de Los Andes, y donde Silva Estrada dedica sus textos a relevantes nombres, como Ida Gramcko, Vicente Gerbasi, José Balza, Masafumi Yamamoto, Juan Sánchez Peláez o Andrée Chedid. Esta última poeta de origen libanés y radicada en Francia, a quien Silva Estrada tradujo al español y publicó en su personal Ediciones Vertiente Continua.
Recuerdo que viviendo en Puerto Ordaz y mientras trabajaba en la Siderúrgica del Orinoco, nos comunicamos y de vuelva a la ciudad de entre ríos, traté de vender a los amigos siderúrgicos el libro Sobre-vivencia de soles, 1985, de su amiga y poeta, pero a nadie le interesó. Solo uno lo recibió, y eso porque se lo regalé. De vuelta a la capital y ya en su apartamento de Las Mercedes, entregué el dinero y me quedé con los libros. Aún conservo varios de ellos.
Así escribe el poeta: “Nosotros que nombramos los lugares comunes / Nombrando apenas nacimientos y muertes / Desorientando abismos / Reiterando silencios / Hallamos los extremos rezumantes de voces / Y un sentido infinito en las manos abiertas”
La voz poética de Alfredo Silva Estrada es certera, precisa, clara pero a la vez, deslumbra en su sencillez, en su exactitud al hablarnos. O acaso en sus extensas preguntas que encierran reflexiones existenciales. Esto por su formación en filosofía mientras estudió en la universidad, con maestros como Juan David García Bacca.
La palabra mantiene en su densidad la armonía de cadencia y ritmo que abre a un mundo, el mundo personalísimo de un creador que nunca formó parte de grupo literario alguno ni tampoco puede mencionarse de generación poética alguna.
Poesía atemporal y ahistórica que acaso se acerca al abstraccionismo. La escritura poética de Alfredo Silva Estrada construye su propio universo, su ars poética donde la palabra es luz, exactitud y fervor de existencia en la plenitud de un ser que amorosamente se instala en una vida vivida en libertad y “lejanas cercanías” de quien sigue habitando la casa amada.
Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinioncultural/20268-alfredo-silva-estrada-asombro-y-plenitud
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sábado, 25 de enero de 2014
DISTINTAS FUERZAS
EL IMPULSO, Barquisimeto, 31 de mayo de 2013
Lecturas de papel - Erotismo y política
Juan Guerrero
Cuando una persona está viva, es blanda y flexible. Cuando está muerta, se vuelve dura y rígida. Lao Tse. Tao Te King
El epígrafe que antecede al artículo contiene una verdad que se puede aplicar a nuestra realidad venezolana. Ciertamente que asistimos a la experiencia de presenciar a muchos dirigentes de grupos y partidos políticos, quienes no sólo asumen posturas inflexibles en cuanto se refiere a la no aceptación del Otro diferente en la discusión sobre aspectos de la vida nacional, también presentan una rigidez corporal, kinésica, y básicamente en la formulación de ideas y conceptos que les acercan a una vida inorgásmica extrema.
Y esto es triste porque revela lo castrante que puede ser una acción social donde estos seres humanos adolecen del sentido primario de vida: lo erótico. En ello las sociedades antiguas eran dadas a la atención de lo erótico como manera y actitud de vida, de gozo y de apertura al Otro como muestra de una vida interior que se contrastaba y permitía que los miembros de una comunidad se nutrieran constantemente en la medida que podían expresar, en su kinesis y actos de habla, el lenguaje erótico y el erotismo como formas de vida sanas que permitía al cuerpo develar su ontología, su ser profundo, que se acercaba y mostraba en la piel, en el cabello, en los ademanes del cuerpo, en la voz y en la mirada.
Por lo contrario, a la gran mayoría de los líderes y dirigentes de grupos y partidos políticos de nuestra sociedad les falta sentimiento de erotismo en la práctica de la acción social. Más notoria es su ausencia en los rostros de las mujeres dadas a esta práctica, quienes revelan una faz que progresivamente se va desvaneciendo para caer, peligrosamente, en la noche de la insatisfacción que lleva a la soledad y la enfermedad de la frigidez de los sentimientos ocultos.
Y esto que escribimos en modo alguno debe tomarse como una chanza o burla. Por lo contrario, es una reflexión necesaria para considerar dentro del estado de experiencias que atraviesa el conjunto de la sociedad y que debe atenderse para evitar que sirva de modelo y se generalice. Si usted analiza los rostros de las mujeres, tanto afectas al gobierno: diputadas, ministras, presidentas de institutos, entre otras, como aquellas de la oposición, concluirá aceptando lo que afirmamos.
Por su parte los dirigentes masculinos hace tiempo entraron en un franco deterioro en su capacidad erótica. De rostros casi siempre contraídos y severos, rígidos en sus ademanes, autoritarios y poco dados a mirar de frente al Otro, absolutamente parlanchines y de gestos cuasi atolondrados. Denotan que han accedido a lo que denominamos “la desproporción del lenguaje gestual”.
No tienen gestos de amorosidad en su kinesis y menos en el timbre y tono de voz. Menos aún, un sentimiento amoroso en la práctica de la libertad como modelo para una ciudadanía activa. Es, ciertamente, una oralidad y un lenguaje corporal marcados por un discurso “thanático” de muerte, de frialdad, de severidad, de autoritarismo, de riesgo, que niega el discurso natural que existe en todo ciudadano normal que practica su erotismo y es proactivo en la construcción de su vida individual y colectiva.
La ausencia de un lenguaje corporal cercano a lo amoroso, sin ser empalagoso, ha llevado al nacimiento de discursos cargados de extrema negatividad que generan secuelas físicas en quienes la practican. Es notoria la cadena de enfermedades, padecimientos y muertes de dirigentes políticos en nuestra sociedad.
Lastimosamente en la acción social del discurso erótico, la fuerza destructiva de un lenguaje marcado por la rigidez de pensamiento y palabra, insolente y degradante, está abriendo las compuertas para que se desencadene un tipo de discurso que podría sepultar toda una tradición cultural de una sociedad tan sabia y sagrada como la venezolana, acostumbrada a la expresión de un hecho de vida marcado por los rasgos de erotismo en la construcción de una oralidad que alguna vez nos nutrió y nos dio felicidad.
Lecturas de papel - Erotismo y política
Juan Guerrero
Cuando una persona está viva, es blanda y flexible. Cuando está muerta, se vuelve dura y rígida. Lao Tse. Tao Te King
El epígrafe que antecede al artículo contiene una verdad que se puede aplicar a nuestra realidad venezolana. Ciertamente que asistimos a la experiencia de presenciar a muchos dirigentes de grupos y partidos políticos, quienes no sólo asumen posturas inflexibles en cuanto se refiere a la no aceptación del Otro diferente en la discusión sobre aspectos de la vida nacional, también presentan una rigidez corporal, kinésica, y básicamente en la formulación de ideas y conceptos que les acercan a una vida inorgásmica extrema.
Y esto es triste porque revela lo castrante que puede ser una acción social donde estos seres humanos adolecen del sentido primario de vida: lo erótico. En ello las sociedades antiguas eran dadas a la atención de lo erótico como manera y actitud de vida, de gozo y de apertura al Otro como muestra de una vida interior que se contrastaba y permitía que los miembros de una comunidad se nutrieran constantemente en la medida que podían expresar, en su kinesis y actos de habla, el lenguaje erótico y el erotismo como formas de vida sanas que permitía al cuerpo develar su ontología, su ser profundo, que se acercaba y mostraba en la piel, en el cabello, en los ademanes del cuerpo, en la voz y en la mirada.
Por lo contrario, a la gran mayoría de los líderes y dirigentes de grupos y partidos políticos de nuestra sociedad les falta sentimiento de erotismo en la práctica de la acción social. Más notoria es su ausencia en los rostros de las mujeres dadas a esta práctica, quienes revelan una faz que progresivamente se va desvaneciendo para caer, peligrosamente, en la noche de la insatisfacción que lleva a la soledad y la enfermedad de la frigidez de los sentimientos ocultos.
Y esto que escribimos en modo alguno debe tomarse como una chanza o burla. Por lo contrario, es una reflexión necesaria para considerar dentro del estado de experiencias que atraviesa el conjunto de la sociedad y que debe atenderse para evitar que sirva de modelo y se generalice. Si usted analiza los rostros de las mujeres, tanto afectas al gobierno: diputadas, ministras, presidentas de institutos, entre otras, como aquellas de la oposición, concluirá aceptando lo que afirmamos.
Por su parte los dirigentes masculinos hace tiempo entraron en un franco deterioro en su capacidad erótica. De rostros casi siempre contraídos y severos, rígidos en sus ademanes, autoritarios y poco dados a mirar de frente al Otro, absolutamente parlanchines y de gestos cuasi atolondrados. Denotan que han accedido a lo que denominamos “la desproporción del lenguaje gestual”.
No tienen gestos de amorosidad en su kinesis y menos en el timbre y tono de voz. Menos aún, un sentimiento amoroso en la práctica de la libertad como modelo para una ciudadanía activa. Es, ciertamente, una oralidad y un lenguaje corporal marcados por un discurso “thanático” de muerte, de frialdad, de severidad, de autoritarismo, de riesgo, que niega el discurso natural que existe en todo ciudadano normal que practica su erotismo y es proactivo en la construcción de su vida individual y colectiva.
La ausencia de un lenguaje corporal cercano a lo amoroso, sin ser empalagoso, ha llevado al nacimiento de discursos cargados de extrema negatividad que generan secuelas físicas en quienes la practican. Es notoria la cadena de enfermedades, padecimientos y muertes de dirigentes políticos en nuestra sociedad.
Lastimosamente en la acción social del discurso erótico, la fuerza destructiva de un lenguaje marcado por la rigidez de pensamiento y palabra, insolente y degradante, está abriendo las compuertas para que se desencadene un tipo de discurso que podría sepultar toda una tradición cultural de una sociedad tan sabia y sagrada como la venezolana, acostumbrada a la expresión de un hecho de vida marcado por los rasgos de erotismo en la construcción de una oralidad que alguna vez nos nutrió y nos dio felicidad.
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