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domingo, 16 de agosto de 2015

(DES) EMPLEADOR

EL PAÍS, Madrid, 14 de agosto de 2015
Cambios digitales, cambios estructurales
El problema de las innovaciones tecnológicas es que reducen puestos de trabajo
Joan Subirats 
    
Por aquí y por allá vamos comprobando que muchos de los cambios que Internet y la era digital generan, transforman lo que hacíamos, como lo hacíamos y con quién lo hacíamos. Es una alteración mucho más profunda que la que supuso la implantación de la producción de masas a principios del siglo XX de la mano de Taylor y Ford. Es más profunda ya que va más allá del campo de la producción de bienes (a la que también afecta), para adentrarse sin escrúpulos en el ámbito de los servicios, de las labores intelectuales repetitivas y también, aceleradamente, en las no repetitivas. Sustituye cualquier proceso, ámbito, empresa, entidad o profesión cuyo valor de intermediación, es decir, lo que ingresa por lo que hace, no está suficientemente justificado.
En los márgenes de esa actividad intermediada irán surgiendo iniciativas digitales que ofrecerán hacer lo mismo, mejor, más rápido y sobre todo más barato. Mejor, ya que en muchos casos utilizan el saber (y trabajo) acumulado disponible en la red, y mejor también ya que pueden llamar e incorporar el saber de muchas otras personas o espacios que sin estar físicamente cercanos, pueden complementar, mejorar o enriquecer el asunto de que se trate. Más rápidamente, ya que es ese el punto de partido de la ventaja digital. Y más barato ya que, de momento, una de las grandes ventajas del asunto es que el saber no es un bien rival. No se agota o se deteriora usándolo, sino que, al revés, permite multiplicarse e incluso mejorar y crecer si se comparte y se colabora.
Hemos comprobado ya como han cambiado los sistemas de financiamiento de proyectos a través del crowdfunding. Se está alterando asimismo el mercado financiero de pequeñas y medianas empresas a través de iniciativas vinculadas a lo que ya se denomina crowdlending. Y no olvidemos el gran espacio del crowdsourcing, en el que se consigue incorporar en ejercicios de creatividad e innovación a toda suerte de personas y profesionales, muchas veces arriesgando lo mínimo desde el punto de vista de costes. En todos estos casos, la hipótesis es la capacidad colectiva de generar valor, pero el problema es, como siempre, como se distribuyen costes y beneficios. Quién gana y quién pierde en cada uno de esas nuevas dinámicas.
El problema de muchas de estas innovaciones es que reducen puestos de trabajo. Cada vez hay menos empleos que podamos considerar protegidos de la innovación tecnológica. Esas dinámicas de utilizar “la multitud” para que con su participación en la generación de conocimiento y de innovación, se generen proyectos o se avance en la búsqueda de nuevas soluciones, está poniendo en peligro intermediadores y profesiones que eran remunerados por su trabajo y por su conocimiento experto. Tenemos ejemplos cada vez más numerosos de profesionales, de trabajadores, de creadores, que participan en concursos abiertos, en que compiten y aportan sus ideas, y en los que solo uno o unos pocos consiguen alcanzar una cierta retribución o premio por su labor. No es del todo nuevo, pero sí que lo es la dimensión y el alcance de los convocados. Se trata en definitiva de un sistema de precariado organizado, en el que los trabajadores son una especie de postulantes sin derechos ni seguridad alguna. El magma en el que opera esta “comunidad líquida” de trabajadores crece sin cesar. No hay relación contractual. No hay de hecho empleador y empleado, y por tanto tampoco convenio o negociación sindical posible. Podríamos decir que se trata de una relación “lúdica” en el sentido que toma la forma de divertimento: colabora, participa en el “concurso” y propone si quieres, si te mola. Pasaríamos así, como dice Domenico Tambasco, del trabajo/salario al trabajo/premio.
Estamos pues en el reverso de la medalla de un futuro lleno de innovación basado en la capacidad colectiva de compartir conocimiento y de distribuir riqueza, más sobre la base de la cooperación que de la competitividad. He aquí un tema en el que convendría empezar a encontrar una nueva arquitectura de intervención público-institucional que, sin tratar de detener la innovación, busque redistribuir costes y beneficios, de manera socialmente más justa. Aprovechando el hecho que esos nuevos filones de creatividad usan estructuras de bienes públicos ya existentes, sin que sus beneficios contribuyan adecuadamente a su mantenimiento. He ahí un elemento más para reclamar nueva política, nueva concepción de lo público.
(*) Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB.

sábado, 21 de junio de 2014

EL COMPROMETEDOR HISTÓRICO

EL PAÍS, Madrid, 7 de junio de 2014
Berlinguer y la cuestión moral
Lo importante parece ser proteger al ex monarca de problemas con la justicia y negar consultar a la ciudadanía
Joan Subirats 

Para Marco y Abril Berlinguer
El próximo miércoles, día 11, se cumplirán treinta años de la muerte en Padova (tras un emotivo mitin) de Enrico Berlinguer. El que fuera secretario general del entonces mayor y más influyente Partido Comunista en Europa Occidental, está hoy en Italia de plena actualidad. A partir de la iniciativa de distintos jóvenes que ni lo llegaron a conocer, se ha generado una web (www.enricoberlinguer.it) con miles y miles de seguidores y se prepara un masivo acto de homenaje en Roma en el día del aniversario de su muerte. El ayuntamiento de Roma ha decidido poner su nombre a una de las calles cercanas a la sede de entonces del PCI, y Walter Veltroni ha realizado un documental sobre su figura. Se han asimismo reeditado algunos de sus textos más relevantes, sobre todo los que tienen que ver con lo que se llamó “la cuestión moral”. En 1981 afirmaba: “Los partidos de hoy son sobre todo máquinas de poder y de clientelismo, con un escaso o erróneo conocimiento de la vida y de los problemas de la sociedad, de la gente; con pocas o vagas ideas, ideales o programas; con cero sentimientos y pasión civil (…) los partidos han ocupado el Estado y todas las instituciones (…) Todas las operaciones que las diferentes instituciones y sus dirigentes actuales realizan se hacen básicamente en función de los intereses del partido y del clan al que pertenecen. La cuestión moral en la Italia de hoy está íntimamente unida a esa ocupación del Estado”. Y remachaba: “la cuestión moral está planteada desde hace tiempo, pero actualmente se ha convertido en la cuestión política más importante y esencial ya que de su resolución depende la posibilidad de que se recupere la confianza en las instituciones, la gobernabilidad del país y el mantenimiento de la democracia”.
Otro aspecto que destaca en su trayectoria y que ha sido también puesto de relieve en estos días de recuperación de su figura, fue su gran defensa de la austeridad. Un término que hoy parece prohibido, dada la captura que del mismo han hecho las políticas impuestas por los organismos multilaterales y por la Unión Europea. Pero que tiene una fuerza evidente cuando lo relacionamos con las lógicas de decrecimiento, de sostenibilidad y de resiliencia. El presidente de Uruguay, José Múgica, afirmaba recientemente que el prefería hablar de sobriedad ya que la palabra austeridad había sido prostituida en Europa al relacionarla con el desempleo masivo, los recortes en servicios básicos o la creciente desigualdad. La austeridad era para Berlinguer una filosofía social, una manera de ser y de vivir frente al derroche consumista sin sentido de un capitalismo desbocado, Una forma de relacionar austeridad con justicia social e igualdad: “Una sociedad más austera puede ser una sociedad más justa, menos desigual, más realmente libre, democrática, más humana”.
Decía Norberto Bobbio de Berlinguer, pocos días después de su desaparición, que no tenía los rasgos negativos de tantos dirigentes políticos, como son, decía, la vanidad, el exhibicionismo, la arrogancia o la pura retórica. Estamos en momentos en que este tipo de reflexiones resultan plenamente actuales. Tanto en Italia como en España los casos de corrupción política, la captura del Estado por los grandes partidos o la brutal pérdida de confianza de la gente hacia las instituciones representativas, se han ahondado y recrudecido. Es oportuno constatar como las direcciones del PP y del PSOE han reaccionado a la sacudida que recibieron el 25M con la sensación que ahora más que nunca se necesitan mutuamente. La sinceridad de Rubalcaba en la rueda de prensa del 26 de mayo, reconociendo que la crisis del sistema político español era la crisis del bipartidismo y que lo mismo podía decirse al revés, ha quedado rápidamente amortiguada por la abdicación del Rey que ha provocado un prietas las filas por parte de expresidentes de gobierno (sean del color que sean), representantes de las grandes instituciones, medios de comunicación y grandes corporaciones económicas y financieras. De repente, lo más importante parece ser proteger al ex monarca de posibles problemas con la justicia, mientras se corta cualquier posibilidad de consulta directa a la ciudadanía que pudiera reforzar la legitimidad de un sistema que se autoreproduce y que busca la impunidad. Hay miedo a la gente. Y mientras, adornan con frases huecas lo que es una simple defensa del status quo. Del acuerdo entre élites poco podemos esperar, más que una lógica gatopardesca del tipo que todo cambie para que nada lo haga. De nuevo y de manera dramática, cuestión moral y cuestión política aparecen inextricablemente unidas. Esperemos que los espacios para una política inmoral, en el sentido de incoherente entre lo que predica y lo que practica, en el sentido de justificar cualquier comportamiento por razones de estado, sean cada vez más reducidos. Berlinguer vuelve a ser un referente moral.
(*) Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política e investigador del IGOP de la UAB.

Fotografía: https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=8801738719957987745#editor/target=post;postID=5646823403914480091

Nota LB: Dando noticia de la vieja Venezuela, Berlinguer fue objeto de consideración en nuestra prensa política. Todavía recuerdo de muchacho, la pregunta que Carlos Rangel o Sofía Ímber le hizo a Luis Herrera Campíns en el consabido programa televisivo y, éste, negó que la Democracia Cristiana hubiese hecho suyo el Compromiso Histórico que el secretario general del PCI planteara. Sin dudas, otro país (y otro periodismo televisivo). Por lo demás, la gráfica está tomada del blog Viejo Topo que no sabemos si tiene relación con la otrora reputada publicación marxista, e - incluso - en la versión de junio del presente año, añade a su enfoque de la transición monárquica los "ligues", bodas y amores reales. Una curiosidad.