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sábado, 21 de diciembre de 2019

DEL ANTIGUO INVIERNO PETROLERO

Ficción de navidad
Luis Barragán

En días pasados, asistimos a una extraordinaria reunión de trabajo en torno al presente y el futuro de la industria petrolera venezolana. Siempre hay espacio para la reflexión en medio de las tempestades, lo cual eleva el compromiso adquirido en esta desigual lucha contra la dictadura.

Antes de entrar en la discusión, el ponente culminó con dos oportunas citas: la de Juan Pablo Pérez Alfonzo, relacionada con el V Plan de la Nación, el de la destrucción, y la de Ahmed Zaki Yamani, quien – aseguró – hubiese preferido que los saudíes tuviesen agua antes que petróleo.  No obstante, luego de constatada la inverosímil catástrofe en la que nos encontramos, nos satisfizo conocer las propuestas de sendos expertos en  la materia para el corto, mediano y largo plazo de la era post-socialista.

Inevitable fue el de invocar las cada vez más remotas navidades asociadas a los esplendores petroleros, aunque – fue citada, exhibida y explicada la gráfica – el mayor ingreso per cápita que tuvimos, corresponde a agosto de 1977,  aminorando a través de los años y, en el presente siglo, todavía distante a las cifras históricas, muy apenas recuperado con el barril a $ 100. Dijimos no percatarnos del fenómeno,  prosiguiendo con un despilfarro demencial hasta que el llamado chavismo, propio de una mentalidad ultrarrentista, lo llevó a las dimensiones siderales de un populismo irrepetible por las condiciones históricas que lo produjeron.

Recordamos y encontramos, removiendo viejos papeles en casa, una ilustración de Pancho para El Nacional (Caracas, 06/03/1976), en la que el jeque Yamani refleja el aprovechamiento del intenso  invierno de los países consumidores tan dependientes de la OPEP, como ahora no ocurre. Cada festividad decembrina en Venezuela, significaba el aumento significativo de las colocaciones de un crudo que, más tarde, sufragaba nuestras ilusiones de una infinita prosperidad.

Aquellas insólitas festividades, no se compadecen con las de un presente que las simulan bajo un régimen que celebra la aparición de más de un centenar de bodegones en Caracas, al parecer, libres de impuestos, como ejemplo de un bienestar en el que nadie, absolutamente nadie, añadidos sus directos beneficiarios, cree a la vez que la desnutrición ha alcanzado niveles inauditos, tan impensables como deplorables. Por supuesto que la ficción de navidad intentada por los privilegiados del poder, ha fracasado, obligándonos a aceptar, meditar, imaginar y actuar respeto a las realidades que siguen su curso en un país ya definitivamente post-rentista.

Reproducción: Ilustración de Pancho Graells para un artículo de B. D. / Le Monde, intitulado "Arabia Saudita, sus mercados y su petróleo" (El Nacional, Caracas, 06/03/1976).

23/12/2019:

miércoles, 12 de agosto de 2015

RIESGOS

El futuro de nuestro petróleo
La última de las amenazas se expresa por vía del proyecto de la "Tercera Revolución Industrial"
Alfredo Toro Hardy

El futuro de Venezuela se sintetiza en una palabra: petróleo. Encabezamos la lista de los diez países con mayores reservas probadas en el mundo. Con un factor de recobro del 20% tenemos garantizada la extracción de 300 mil millones de barriles en la Faja del Orinoco. No obstante con los adelantos tecnológicos el factor de recobro podría llegar a 35%, lo cual se traduciría en una capacidad de extracción de 504 mil millones de barriles. Planteado en esos términos no habría razones para no ser optimistas de cara al futuro.
Las cosas, sin embargo, son más complicadas. El petróleo confronta tres conjuntos de amenazas. Primero, los avances en las técnicas extractivas que hacen económico al petróleo no convencional. Segundo, una expansión tecnológica en áreas diversas que converge en la sustitución del petróleo como matriz energética predominante. Tercero, la concepción y desarrollo de una logística que integra a los factores que persiguen la sustitución de la actual matriz energética.
La primera de dichas amenazas se ha materializado ya con la competencia proveniente del petróleo de lulita. En 2014 se estimaba que, en base a este último, la producción petrolera de Estados Unidos podía llegar a 14,2 millones de barriles diarios en 2020. Ello se traduciría en una era de precios petroleros bajos. Para evitar la materialización del escenario anterior Arabia Saudita lanzó un ataque preventivo, por vía de la sobreproducción, en contra de la rentabilidad del petróleo de lulita. El mismo, sin embargo, no solo se ha evidenciado infructuoso sino que está propiciando una mayor racionalización y eficiencia productiva de dicha industria. Lo único que Arabia Saudita pareciera estar logrando es adelantar en varios años la era de los precios petroleros bajos.
El petróleo de lulita constituye, desde luego, la más benigna de las amenazas planteadas. En lugar de propiciar la sustitución de la matriz energética petrolera, busca tan solo repotenciarla. Gracias a la fracturación hidráulica y a la perforación horizontal, la producción petrolera estadounidense podría incrementar entre 100 y 200 por ciento su potencial productivo para 2025. Ello, sin duda, consolidaría a esta fuente energética. El problema para Venezuela es que lo haría sobre la base de precios estructuralmente bajos.
La segunda de las amenazas enumeradas es inmensamente más grave. Allí el salto tecnológico se hace sentir con toda su fuerza por caminos distintos pero confluyentes. Algunos datos pueden dar idea de lo planteado. El costo de la energía solar ha caído en 85% desde el 2000, mientras el de la energía eólica (viento) ha caído en 85% desde finales de los noventa. En ambos casos se está replicando de cerca la Ley de Moore, identificada con la tecnología de la información, doblándose cada dos años la capacidad de la industria de la energía solar y cada dos años y medio la de la eólica. De acuerdo al más renombrado futurólogo de nuestros días, Jeremy Riffkin, ambas industrias avanzan aceleradamente hacia el espacio del cero costo marginal, mientras detrás de ellas vienen las energías de la biomasa, la geotérmica y la de las olas. Estas últimas deberán estar alcanzando su verdadero despegue en una década, proyectando a la energía renovable en una curva exponencial.
El Plan de Energía Limpia lanzado la semana pasada por Obama tiene inmensa significación. El mismo pone el acento en la energía renovable en un país que, hasta este momento, había basado su revolución energética en la industria del esquisto. Pero más allá de la energía renovable el precio de las baterías de litio ha caído en 40% desde 2009, mientras su capacidad de almacenamiento ha aumentado drásticamente. Ello comienza a brindar competitividad a los vehículos eléctricos frente a los de pistón. A la vez, la biotecnología avanza en la sustitución del petróleo para la elaboración de plásticos y fertilizantes. La energía de la biomasa, de su lado, está dejando atrás la fase de fertilizantes intensivos y tierra y agua abundantes, para adentrarse en una segunda generación de biocombustibles mucho más económicos y limpios.
La última de las amenazas planteadas se expresa por vía del proyecto de la "Tercera Revolución Industrial" que desde hace algunos años adelanta la Unión Europea. El mismo se apoya en cuatro pilares. El primero es el desarrollo intensivo de la energía renovable que para 2050 deberá representar 70% de su matriz energética. El segundo sería el de edificios que, en lugar de ser consumidores voraces de energía, se transformasen en plantas autónomas generadoras de energía (vía paneles solares u otras fuentes de energía renovable). El tercero sería el del almacenamiento de la energía obtenida por la vía anterior a través de la tecnología del hidrógeno. El cuarto sería el de una red eléctrica europea bidireccional que funcionase bajo los mismos parámetros de Internet, es decir, que permitiese el intercambio y la interconectividad de la energía generada por infinidad de fuentes autónomas. Esta misma red alimentaría, desde luego, a los vehículos eléctricos.
El reto es inmenso.
Ilustración: Eneko.