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domingo, 26 de febrero de 2017

LA MÁS ELEMENTAL COMPARACIÓN

El curioso caso de una monarquía republicana
Luis Barragán


Desde 2011, las investigaciones del llamado caso Nóos comprometen a Iñaki Urdangarin, esposo de la hija del otrora rey Juan Carlos de España. Recientemente, ha sido condenado a un poco más de seis años de cárcel, afincadas las cámaras noticiosas sobre el regreso de la infanta Cristina a Ginebra, varias veces cuestionada – incluso – por el costo de mantenimiento que su propia seguridad implica en la localidad suiza.

Lejos quedaron las amables reseñas de las revistas frívolas, por cierto, las que fueron tan cotizadas en la Venezuela saudí.  Por mucho que perteneciera al circuito de la realeza, el asunto no escapó del estrado judicial y, además, el propio rey,  igualmente señalado por una divertida cacería de elefantes en África, finalmente abdicó a favor del príncipe de Asturias.

Del hecho estamos astronómicamente más distanciados los que habitamos la República Bolivariana, donde campea la impunidad, admitido el tsunami de la corrupción por los mismos gobernantes de todos estos años. No hay ni habrá juez que se atreva a dar un paso importante y ejemplificador en la materia, como difícilmente un medio de comunicación pueda sobrevivir al referirse aun a la más liviana vicisitud e inquietud que los vástagos del poder naturalmente provocan.

En el Reino de España, por lo visto, existen menos privilegios, una convincente división de los poderes y una mayor libertad de prensa para ventilar los más espinosos problemas que atañen a un destino compartido. Puede decirse, de una curiosa monarquía republicana al compararla con el califato que se ha impuesto de hecho entre los venezolanos, relegada la Constitución a la ornamentalidad de estilo.

Toda una paradoja que también invita a una reflexión actualizadora de los sistemas políticos, pues, no siendo partidarios de la monarquía, sentimos que faltan perspectivas y categorías que sinceren nuestras realidades. Valga acotar, con todas sus fallas, la Constitución ibérica los tienta a una reforma que olvida muchísimas de sus bondades, mientras que, acá, la nuestra, soporta la interpretación realmente constituyente de una Sala Constitucional fruto de los más descarados intereses del poder.  

27/02/2017:
Cfr.
http://elpais.com/elpais/2017/02/19/opinion/1487535872_831624.html

martes, 21 de febrero de 2017

TAMBIÉN UN EFECTO TERAPÉUTICO

EL PAÍS, Madrid, 17 de febrero de 2017
 Columna
Verdad judicial y memoria
Fernando Vallespín

El poder judicial es, desde hace ya tiempo, uno de los principales actores de la política española: en el desvelamiento de las diferentes tramas de corrupción, en la evaluación de los excesos del poder financiero, en el tema catalán. Podremos estar más o menos de acuerdo con unas u otras decisiones, nos gustará o no que así sea, pero lo cierto es que su función reside en “poner orden” en el caos de las opiniones enfrentadas. Fija una “verdad”, la judicial, la única propiamente objetivable, corpórea, dentro de los sistemas democráticos.

Ahora le ha llegado el turno a la trama urdida bajo la sombra de la Casa Real. Al contrario de lo ocurrido en otros ámbitos, aquí sí hubo una anticipación de sus consecuencias mediante la abdicación del rey Juan Carlos. Sería extraño decir que ya se asumieron “responsabilidades políticas”, se supone que es una institución meta-política, pero fungió como tal. Al menos como una forma de apelación al perdón de la ciudadanía. La infanta Cristina pudo haberlo hecho también renunciando a sus derechos de sucesión. No lo hizo.

Los expertos jurídicos serán los encargados de señalar si la sentencia se ajusta o no a la jurisprudencia anterior relativa a la responsabilidad de los cónyuges con respecto a las acciones de sus maridos. Del mismo modo en que nunca sabremos la influencia de consideraciones políticas en una sentencia que ha tardado en producirse. Decir que las decisiones judiciales están exentas de crítica es tan banal como afirmar que la justicia es igual para todos. En un sistema democrático ambas consideraciones se dan por supuestas.

Lo más relevante del caso, a mi juicio, es que este cierre provisional no puede dejarnos indiferentes ante los hechos probados. La verdad judicial no apacigua la indignación; esclarece algunas incertidumbres, pero da paso a la vez al recuerdo de lo ya casi olvidado. Me refiero al hecho de que el caso Urdangarín, en plena coincidencia temporal con el de Bárcenas, en su momento fue la espoleta que abrió a la conciencia pública ese conjunto de prácticas corruptas que nos condujeron a contemplar con nuevos ojos a un orden político que hasta entonces había conseguido ocultar sus vergüenzas.

En este sentido, la verdad judicial tiene también un efecto terapéutico: disciplina nuestra mirada, contribuye a afianzar la atribución de responsabilidades lejos de las pasiones del momento y sirve de antídoto frente al veneno de la desconfianza. Pero no puede evitar removernos por dentro, haciéndonos recuperar la memoria de un periodo que puso a todo el sistema bajo sospecha. Este efecto catártico debería ser aprovechado para incentivar las prácticas de una sociedad vigilante y permitir reconciliarnos con las instituciones que sí funcionan.

Fuente:
http://elpais.com/elpais/2017/02/17/opinion/1487345876_815175.html
Fotografía invertida, tomada de: http://www.antena3.com/videos-online/noticias/espana/acusados-caso-noos-que-delitos-les-imputan_2016011100126.html

domingo, 29 de junio de 2014

QUIZÁ, ¿FELICES Y NO LO SABEN?

De una marcada distancia
Luis Barragán


Motivo para una extensa observación y reflexión, la experiencia política acumulada por la España contemporánea está en el tablero de sus actuales circunstancias.  Además de los acuciantes problemas que atraviesa en el orden económico, como en lo referido a su (cuestionada) integración estatal, surgen otros que va tramitando gracias a una fortaleza institucional que quizá no logra valorar suficientemente el ibérico promedio.

El desprestigio de la corona que intenta atajar la abdicación,  aparentemente ahondado por el caso Nóos, cuenta con sus específicas e independientes instancias para dirimirlo. Éste único dato, aunque el escándalo sea estratosférico, ha de aliviar las tensiones y ratificar la vocación democrática de una sociedad que inevitablemente se … escandaliza y, un primer contraste, ojalá no le ocurra como al venezolano promedio que, en lugar de ponderar la renuncia y el enjuiciamiento de Carlos Andrés Pérez, apostó por el suicidio comicial de 1998.

Incluso, dibujando una cierta profecía, a mediados de los noventa del siglo pasado, Manuel Fraga Iribarne al visitarnos de nuevo, como acostumbraba, comentó en Caracas que la corrupción no había tocado al rey Juan Carlos,  pincelando una crisis del gobierno, mas no del sistema. Consabido,  ahora el asunto de Iñaki Urdangarin ha picado y sigue extendiéndose, asomada  su real (ex) esposa.

Lamentando que ocurran tamañas incursiones en el mundo de los negocios, no lo hacemos con el procesamiento de los nobles o ennoblecidos involucrados.  Apuntando el segundo contraste, de ocurrir en nuestro país, el juez José Castro estaría moral, judicial y políticamente perseguido y aniquilado por atreverse a imputar a la infanta Cristina de Borbón, apresurada y estridentemente reivindicada por el régimen como la heroína de las mejores causas, convertida sorprendentemente en agraviada.

La sola denuncia de Jorge Giordani lo remite al banquillo del desprecio gubernamental y, hasta con alguna ínfula ideológica, en el linchamiento cooperan aquellos que hacen cola para ingresar o reingresar al tren ministerial.  Nadie puede relevarlo de sus responsabilidades, pero – el último contraste que marca la distancia con la península – el objeto fundamental de la denuncia pasa inadvertido, indiferente el Ministerio Público y la mayoría oficialista de la Asamblea Nacional ante la gravedad de una materia que, entre otras consecuencias, ha de acarrear la deshabilitación legislativa inmediata de Nicolás Maduro.

Reproducciones: El Globo, Caracas (mediados de los '90). La tercera fotografía es la del juez español José Castro, tomada de: http://www.lavanguardia.com/politica/20140625/54411277327/infanta-cristina-imputada-juez-castro-noos.html

Fuente:
http://opinionynoticias.com/internacionales/19796-de-una-marcada-distancia

Breve nota LB: Por cierto, traemos a colación la segunda reproducción, pues, se nos parece a Alfredo Pérez Rubalcaba.